- Seis minutos cincuenta y dos segundos. Ay Jimmy, eres tan predecible (1)

- No como tú – le recrimina su amigo mientras se sienta a la silla que queda justo delante de él - Por Dios House, ¿en qué estabas pensando?

- ¿Te refieres a justo antes de verte? En que cuando salga voy a tener que ponerme al día con las pelis porno. Ya sabes como me pone esa nueva rubia buenorra.

- ¡¿Destrozaste el comedor de Cuddy y por poco me atropellas a mí por el camino, y aún así tienes los huevos de bromear? – se altera Wilson.

Sabía que House rara vez se tomaba las cosas en serio, pero en una situación así, el oncólogo pensó erróneamente que tal vez se comportaría diferente.

- Fue de película, ¿eh? Apuesto a que no te lo esperabas.

Eso sí fue un golpe bajo para Wilson, quien se levantó de la silla dispuesto a irse. Después de lo mal que lo había hecho pasar a Cuddy, de lo mal que lo había hecho pasar a él, ninguno de los dos se merecía esto.

- ¿Eso es lo que querías, no? Pues enhorabuena, lo has conseguido House, has acabado de alinear a las dos únicas personas que pensaba que te importaban – le dijo intentado mantenerse firme para no romperse allí mismo - Soy tan imbécil… - susurró finalmente dirigiéndose hacia la puerta, pero rápidamente fue parado por House, quien le había agarrado del brazo impidiéndole moverse.

El más joven se giró hacia él con irritación, pero en ver la expresión del nefrólogo se estremeció tanto que tuvo que hacer un gran esfuerzo por permanecer de pie.

- ¿Estás bien? Me refiero a la mano, ya sé que emocionalmente no mucho – le dijo a su amigo incapaz de mirarle a los ojos directamente.

- No mucho es quedarse corto, House – respondió Wilson mientras se volvía a sentar - La mano no me preocupa en absoluto, eres tú el causante de que esta noche haya tenido que tomarme doble dosis de antidepresivos.

El oncólogo suspiró pesadamente y continuó:

- Eres tan autodestructivo que creí que después de esto quizás…. (2) Yo que sé, House, ya sólo puedo pensar en lo peor. Ya no sé qué hacer contigo – se sinceró el menor.

Ya no sabía qué más podía hacer para que su amigo dejara la miseria a un lado y empezara a vivir con una mínima sensación de felicidad, porque el dolor de House era también su dolor, y no sabía por cuánto tiempo podrían soportarlo.

- Sólo no te alejes – interrumpió de repente sus pensamientos - No te alejes de mí, por favor.

El oncólogo le miró sorprendido ante las sinceras palabras de su amigo que le dejaron un sabor amargo en la boca y un nudo en la garganta que tardaría en desaparecer.

- ¿Cuánto? (3) – dijo finalmente tras haber permanecido varios minutos en silencio.

El ojiazul le miró levemente sorprendido pero enseguida comprendió a qué se refería con ese giro brusco en la conversación.

- Veinte mil dólares.

Su joven amigo cogió la cartera de uno de sus bolsillos del pantalón y comprobó si llevaba la tarjeta de crédito encima.

- En efecto, soy un imbécil – fue lo último que dijo antes de salir de la sala (4) dejando a un House con una extraña pero enternecedora sonrisa en el rostro.

Aclaraciones

(1) Aquí House se refiere a que justo después de que notificaran al hospital que habían arrestado a House, Wilson ya se había presentado corriendo allí.

(2) Por si a alguien no le quedó claro, Wilson aquí se refiere a que temía que House se suicidara.

(3) En mi fic House tiene que pagar los destrozos de la casa de Cuddy, y por eso Wilson le pregunta cuánto dinero necesita ya que si House no paga le van a condenar.

(4) Supongo que se entiende que están en aquella sala de la cárcel en donde los presos pueden hablar con familiares y amigos en persona, sin vidrio que los separe, pero eso sí, vigilados por los guardias.