"ESTARÉ ESPERANDO"…
-21-
Pasó largo tiempo viendo detenidamente aquel sobre, nuevamente quiso dejarlo sin abrir, sin embargo algo dentro de ella le dio fuerzas para sacar aquel CD, una vez más leyó el mensaje numérico en su interior y procedió a meterlo en su equipo de sonido, avanzó hasta la pista #6 y entonces se recostó en el sofá escuchando aquel sonido de piano que era el inicio de esa melodía que tantas veces había escuchado en compañía de él:
Él rompió tu corazón y se llevó tu alma. Estás herida y necesitas algo de tiempo para estar sola, entonces encontrarás lo que siempre supiste: Soy el único que realmente te ama… he estado llamando a tu puerta.
Mientras siga viviendo, estaré esperando, mientras siga respirando, estaré ahí, cuando me llames, estaré esperando, cuando me necesites, estaré ahí.
Te he visto llorando, siento tu dolor…Puedo hacerlo yo mejor? Eres la única persona que he conocido y me hace sentir así…quiero estar contigo hasta que nos hagamos viejos.
Tienes el amor que necesitas justo frente a ti, por favor, vuelve.*
Carol volvió a sentir que el corazón se le oprimía y una lágrima corrió por su mejilla, al tiermpo que se decía:
-Cuando tuvimos nuestra primer cita oficial no logré entender porqué había elegido llevarme a un "Karaoke"...me pareció un lugar poco romántico...hasta que él comenzó a cantar esta melodia para para mí...
Sin embargo su mente volvió a transportarla sin saber porqué hasta el recuerdo de aquel día en que poco después de egresar del Hospital Jacob, Suzette le preguntaba algo aparentemente sin importancia:
-No será que...a ti es a la que le está sucediendo de algún modo lo que una vez me preguntaste?...De aquella vez en que Taylor me preguntó si lo amaba a él por ser quien era...o lo amaba por creer que era Terry...
Pero no solo esa parte de la conversación sacudió su memoria, nuevamente vino la voz de Suzette diciendo poco después:
-Quería ser libre...Libre del pasado y libre para amar a Taylor...Pasé...un periodo de confusión en mis sentimientos...Llegué a pensar que tal vez sí había amado a Taylor solo por creer que era Terry...hasta que comencé a poner en orden mis recuerdos y mis ideas. Cuando descubrí que Taylor no era Terry, me sentí feliz al reconocer que lo amaba aún más que antes...pero saber que Travis sería Terry fue...la prueba final para mí.
-Esta vez...sé quién es Terry sin lugar a dudas... -Se dijo en voz baja-.
Negándose a recordar más, se apresuró a secar aquella lágrima solitaria con el dorso de su mano y simplemente susurró:
-Es mejor así…
Temiendo que al pasar los minutos su voluntad se quebrantara, buscó su celular en el bolso y marcó un número; Después de unos segundos alguien respondió su llamada y ella solo dijo:
-Iré mañana temprano… -Fue lo único que dijo antes de colgar-.
Con estas palabras daba por hecho que su decisión estaba tomada, ya sabía lo que tenía que hacer…o al menos lo que ella consideró más adecuado hacer.
Se dirigió a su recámara y trató de dormir; El día siguiente resultaría probablemente largo y de cierta forma difícil de sobrellevar.
Los primeros rayos del sol se filtraban ya por la ventana de su habitación, tomó un baño y se vistió acorde para la ocasión; Al verse al espejo notó que parecía una princesa, pero en su rostro se reflejaba tristeza en vez de una inusitada alegría. Se acercó hasta la superficie del espejo, acarició su propio reflejo y entonces recordó las palabras que no hace mucho Travis le dijo: "Es tiempo de acabar con la autocompasión".
Al salir del edificio un hombre vestido con uniforme impecable se le acercó y le anunció que lo habían enviado a recogerla. No quiso hacer comentarios y simplemente accedió, dejándose conducir al interior de un vehículo negro.
Poco después había llegado a su destino: La casa de Terrence J. Grant. Al entrar a esa casa se sintió un tanto extraña, ajena a todo lo que ahí se encontraba, como si fuese la primera vez que estuviera en ese lugar. El mayordomo la saludó cortésmente:
-Bienvenida señorita Cándida.
"Cándida"? Sí, ese era su nombre real y sin embargo, pese a saber eso, no podía evitar sentir que le hablaban a alguien más.
El mayordomo al parecer no notó ni una pizca de su turbación ya que la dirigió enseguida al Estudio, que era el sitio donde más pasaba su tiempo T. J. Grant. Estando ya frente a la puerta, sintió que sus piernas carecían de la suficiente fuerza para sostenerla, pero ya no había marcha atrás, tendría que comunicar su decisión.
-Me alegró mucho que me llamaras ayer, por eso es que envié a mi chofer desde poco antes del amanecer…
-No era necesario, conozco el camino para venir aquí –Dijo sin ocultar su desgano-.
-Supongo que ya has tomado una decisión…por eso estás aquí…verdad? –La miró inquieto-.
-Así es…
En su mente había preparado las palabras que diría en cuanto estuviera frente a él…pero ahora nada le venía a su memoria…o tal vez las palabras se negaban a salir. Suspiró profundamente como si eso le ayudase a tomar valor para finalmente decir:
-He decidido…quedarme contigo, Terry… -Dijo apenas con un hilo de voz-.
T. J. Grant quedó mudo al escuchar esto, sus ojos se llenaron de esperanza y de felicidad, sus manos y su voz temblaron de emoción y sin poder soportar un minuto más, se acercó hasta ella y la estrechó entre sus brazos. Tan feliz estaba que ni siquiera notó que Carol evitó tener contacto visual con él al tenerlo tan cerca y simplemente se agachó mirando al piso, como si ahí hubiese algo qué buscar, lo cual lo obligó a conformarse con besarla tiernamente en la frente.
-Mi "Tarzán pecosa"! Volveremos a estar juntos y esta vez seremos felices! Recuperaremos todo el tiempo perdido! Te compensaré por…
Pero no pudo terminar la frase ya que súbitamente la puerta del Estudio se abrió de golpe! Era Travis que de la nada aparecía y al saber por el mayordomo que Carol estaba ahí, no pudo resistir el deseo de permanecer detrás de la puerta del Estudio para escuchar todo lo que su abuelo y Carol hablaran.
-No es verdad! Dime que no es verdad lo que acabo de escuchar Carol! No puedes quedarte con él!
Travis parecía fuera de sí, desesperado, apretaba los puños y sus ojos se tornaban cristalinos como si en cualquier momento le amenazaran con derramar lágrimas; Había soportado no ver a Carol en estos días con la esperanza de que ella finalmente decidiera quedarse a su lado pero ahora, al saber que se convertiría en la esposa de su abuelo, sentía que le arrancaban el corazón.
-Y porqué no se puede quedar al lado del que desde un principio fue su marido? –Preguntó furioso T. J. Grant-.
-Eres ya un anciano! Qué harás viviendo con una joven que es más de cuarenta años menor que tú? Qué felicidad podrías darle ahora? Cómo puedes siquiera imaginar que te verá como su marido si bien podrías ser también su abuelo? –Gritó desafiante y sin importarle nada más-.
Ciego de ira, Terry derribó de un solo golpe a su nieto; Sin embargo, al verlo tirado en el suelo, cayó en cuenta que jamás le había pegado en todos estos años, era su único nieto, su única familia.
Carol asustada solo alcanzó a interponerse entre ambos y sujetando con fuerza a Terry le dijo:
-Me casaré contigo, así lo he decidido y así será! No tienes porqué tratarlo de este modo!
Al escucharla, Terry quiso recuperar su frio temple y logró contenerse, se dirigió al escritorio y sacó su chequera:
-Travis, quiero que llames al mayordomo; Él se encargará de llevar a Cándida a comprar su ajuar de novia… Nos casaremos lo más pronto posible… Volveremos a ser marido y mujer como siempre debió ser…le pese a quien le pese –Enfatizó-.
Travis se levantó lentamente mirándolo con desprecio, toscamente se limpió la sangre que de su labio emanaba, luego buscó la mirada de Carol, pero ella simplemente lo evitó, confirmándole así que casarse con Terry era su decisión final.
-Si quieres preparar tu boda, tendrás que hacerlo tú mismo! Yo no seré el que te ayude a hacer infeliz esta vez a Carol –Y luego la miró- Si ella cree que permanecer contigo la hará feliz…entonces yo nada tengo que hacer aquí.
Y sin decir nada más, Travis salió de esa habitación dando un portazo; Bajó con rapidez las escaleras, la servidumbre trató de detenerlo pero él abandonó enseguida esa casa.
Escuchaba atentamente a Travis pero por más que trataba de ordenar sus ideas y asimilar lo que estaba escuchando, simplemente no lo podía creer:
-Que Carol qué? –Preguntaba escandalizado- Pero porqué no interviniste? Es que acaso no te importa que ella…
-Claro que me importa!...Traté de que él se ubicara en su situación actual, pero…tal parece que lo único que cuenta para él es el pasado…Y yo…no tengo cabida en eso…
James observaba a Travis, veía que pese a estar furioso, estaba sufriendo…pero ya daba por perdido el amor de Carol; Seguramente la posición de Travis era complicada, competía con su abuelo por la misma mujer y de alguna manera terminaría perdiendo a una persona importante en su vida: A Carol o a su único familiar vivo. Sintió que de algún modo tendría que ayudarlo pero, qué podría hacer?
Pasaron más días y Travis permaneció en casa de James, se negaba a volver siquiera al departamento que su abuelo le había obsequiado desde hace un tiempo; Había comenzado a buscar un empleo y se negó a volver hablar sobre aquella boda que en breve se celebraría. En cambio su amigo sin saber qué más hacer, decidió visitar a alguien más.
-James!
-Hola. Disculpa que viniera así sin previo aviso.
Al ver el semblante de James, Taylor supo que algo grave estaba ocurriendo nuevamente; Sin rodeos le pidió que lo pusiera al tanto de la situación y al escuchar que Carol estaba a punto de contraer nupcias, los ojos parecieron salírsele de sus orbitas:
-No es posible! Pero es que acaso Carol no ama a Travis?
-Claro que lo ama! Yo supongo que todo esto que está haciendo es porque…
-Ella se siente obligada a volver al lado del que fue su esposo en otra vida, cierto?
Ambos hablaron durante un par de horas más; Sabiendo que James había tratado de hacer que Travis se movilizara e intentara impedir la boda sin mucho éxito, decidieron ellos mismos que tendrían que actuar inmediatamente.
Salieron en el auto de Taylor, habían planeado lo que ambos dirían, aunque bien sabían que se meterían en asunto que no era de su incumbencia…o sí?
Al llegar a la casa de T. J. Grant fueron dirigidos al Estudio, ahí estaba como siempre él, sentado frente a ese escritorio, con una gran montaña de papeles pendientes por firmar. Con una sonrisa en el rostro, los recibió y les invitó a tomar asiento.
-Así que ustedes son amigos de Travis… Y en qué puedo servirles?
James y Taylor se observaron mutuamente en silencio, en realidad no sabían cómo comenzar a explicar la razón de que ellos estuviesen ahí. Finalmente fue James quien decidió a hablar:
-Señor Grant, soy amigo de Travis prácticamente desde que éramos niños, sé todo de él…y me refiero a todo. Sé que hace unos días discutió con usted y por eso está viviendo en mi casa ahora.
T. J. Grant enarcó las cejas cuando vio que James hacia énfasis al repetir "todo"; Se levantó de su silla y rodeó el escritorio, quedando de pie justo frente a esos dos jóvenes:
-Y qué es lo que quieren? –Preguntó con arrogancia como si el asunto no tuviera mayor importancia-.
-Queremos saber si hay algún modo de arreglar todo lo que pasó entre ustedes.
-Y qué suponen ustedes que pasó?
-Usted se va a casar con la mujer que Travis ama –Dijo James sin rodeos-.
-Eso no es asunto de ustedes!
-Lamento contradecirlo señor, pero sí es asunto nuestro –Esta vez fue Taylor quien habló-.
-Cómo se atreven a decir eso? –Preguntó elevando la voz como lo hacía cada vez que se exasperaba-.
Taylor se puso de pie y mirando fijamente a T. J. Grant le dijo sin parpadear:
-Es asunto nuestro porque Suzette y Carol han estado con nosotros desde antes de que todo esto saliera a la luz; Fuimos testigos de lo mucho que ellas han sufrido precisamente por no poder liberarse del pasado… Pero no solo ellas sufrieron…sino que también Travis y yo resultamos afectados por ello…
-Además, nosotros tratamos de evitar que esta vez aquel alquimista volviera a causarles daño…aunque desafortunadamente Suzette se nos adelantó al final… Señor Grant, por culpa de ese pasado ya Taylor tuvo que renunciar a Suzette y a su vez Suzette no pudo tomar esta nueva oportunidad de ser feliz…Quiere que también Travis se quede sin nada? Que Carol también desperdicie esta nueva oportunidad? –Preguntó finalmente James-.
Grant permaneció en silencio y por primera vez bajó la mirada como si reconociese su responsabilidad en todo esto que ahora podría ocurrir… Sin embargo pudo más el dolor y el amor propio; Con el fuego reavivado de la ira que le invadía y voz amenazante los corrió de su casa.
-Crees que todo fue en vano? –Preguntó Taylor mientras se dirigían a la salida-.
-No lo sé… El Sr. Grant es aún más necio que Travis…y por lo visto se resiste a olvidar el pasado…
James dijo esto último como si implícitamente reconociera que comprendía la situación de aquel hombre mayor…y que tal vez no había mucha esperanza de un cambio en su decisión.
Los días transcurrieron y la boda se planeó de manera acelerada, pero cuidando detalles ya que él esperaba ofrecerle una boda hermosa, una boda que jamás pudiese olvidar. No quería iglesias y multitudes, por eso es que hizo construir una pequeña y hermosa Capilla en el jardín.
Carol iba a su casa a revisar los detalles acordados pero ni siquiera mostraba emoción o fascinación al ver su vestido de novia, simplemente era como… la boda de alguien más.
Varias veces T. J. Grant la descubrió con la mirada fija a través de la ventana, llena de nostalgia y melancolía...como un ave que mira el cielo azul a través de los barrotes de su pequeña prisión; Pero sentía miedo al tratar de averiguar el origen de esa nostalgia, de esa melancolía…tal vez en el fondo sabía perfectamente la respuesta y eso no era lo que él quería escuchar de ella.
Finalmente el gran día llegó, los únicos asistentes eran el mayordomo, el chofer y demás personal que trabajaba en aquella casa. Sonaron las campanas que anunciaban el inicio de la ceremonia y poco después se escuchaba a un coro interpretando un angelical "Ave María".
En las puertas de la capilla apareció la hermosa novia, era Carol que usaba un hermoso vestido blanco sin mangas, con flores bordadas en hilos de plata a las orillas de la falda, unos guantes blancos y largos cuyos dedos se dejaban al descubierto, el cabello recogido en un chongo dejando algunos rizos caer libremente enmarcando su bello rostro y rematando con una tiara de diamantes, unos aretes a juego con una gargantilla de perlas blancas cuyo dije era un pequeño diamante en forma de corazón. Sin duda alguna lucía como una princesa de cuento de hadas, sin embargo, algo no encajaba en esa visión…su rostro carecía del brillo de su sonrisa, sus ojos estaban hinchados de tanto llorar y su mirada era triste y resignada; Las rosas blancas que formaban el ramo parecían marchitarse más rápido de lo usual...y una pregunta asaltaba su mente una y otra vez: "Quién soy yo?".
Al fondo, a un lado del altar, estaba el novio que vestía pantalón y saco negro, corbata plateada, chaleco gris y camisa blanca; Prendía de su ojal una hermosa rosa blanca y observaba impaciente y emocionado el avance de la novia.
Recorrer ese pasillo le pareció eterno, finalmente cuando llegó frente al que pronto sería su esposo, trató de esforzarse por obsequiarle una sonrisa…pero solo logró emitir una mueca de dolor.
-Estamos aquí reunidos para presenciar el enlace matrimonial de Carol Williams y Terrence Joseph Grant…
La ceremonia continuó sin novedad, ocasionalmente Carol miraba de reojo hacia atrás, hacia la puerta, como si pensara en la posibilidad de poder salir corriendo de ahí…o en la posibilidad de que algo o alguien llegara a impedir que aquella ceremonia concluyera…Sin embargo, nada de eso sucedió.
-Tú, Terrence Joseph, aceptas por esposa a Carol?
-Sí, acepto –Dijo sin vacilar-.
-Tú, Carol, aceptas por esposo a Terrence Joseph?
Carol abrió sus labios para emitir su respuesta, pero simplemente su voz no salió, el ramo de rosas que sostenía, débilmente comenzó a temblar y entonces palideció. Súbitamente las puertas de la Capilla se abrieron estrepitosamente y solo una sombra se encontró justo en el centro:
-No permitiré que esta locura continúe!
Todos permanecieron callados y ni siquiera el sacerdote hizo comentario alguno, entonces Travis avanzó con pasos firmes hasta el altar, quedando en medio de los novios; Se giró lentamente hacia su abuelo y le dijo seriamente:
-Comprendo que quieras aferrarte al pasado…
-Cómo te atreves! -Terrence levantó su puño contra Travis, pero esta vez el joven le sujetó el brazo con fuerza-.
-No puedes borrar la existencia del presente… La persona que está a tu lado ahora es Carol Williams y no Candice White o Cándida Wellington...Yo la amo y sé que ella ahora me ama a mí… No permitiré que la obligues a cumplir un compromiso que ahora no existe… No permitiré que la obligues a renunciar a esta nueva oportunidad de ser feliz en esta vida!
Terrence bajó el brazo, lo miró seriamente sin mover siquiera un músculo de su rostro y después de unos segundos, pasó su mirada hacia Carol; Ella estaba completamente blanca como un papel y temblaba como una hoja.
-De verdad lo amas ahora a él? –Preguntó con ronca voz-.
-Ssí… -Respondió con débil voz-...Sí, amo a Travis! –Esta vez su tono era más firme y convincente- Lo lamento Terrence, no puedo casarme contigo, ya no en esta vida…porque no te amo a ti…sino a él.
Al pronunciar esto último señaló a Travis con la mirada. Terrence volvió a quedarse callado por unos segundos y después se dirigió a la silla más cercana dejándose caer pesadamente.
-Dios! Travis por un momento sospeché que no vendrías!… -Y sacó un pañuelo para secar el sudor de su frente- La verdad mi última esperanza comenzaba a ser que Carol respondiera negativamente a la pregunta del sacerdote…
Travis y Carol se miraron confundidos…y por supuesto todos los demás presentes tampoco comprendían lo que estaba pasando.
-Qué quieres decir? –Preguntó Travis aún sin lograr entender nada-.
-Durante todo este tiempo pude descubrir poco a poco que en realidad Candy ya no ocupaba este cuerpo -Y miró a Carol-...Están sus recuerdos...está su apariencia...pero no está su corazón, no es ella en verdad...Sin darme cuenta, yo estaba actuando igual que el pintor: Anhelaba tener a Carol cerca sin importarme si seguía siendo y sintiendo lo mismo que Candy y Cándida. Además, supe que la amabas y que ella te correspondía…pero tenía serías dudas de que sobrevivieran como pareja ante todo lo ocurrido… No quería convertirme en una sombra que se interpusiera entre ustedes de algún modo y que terminase por separarlos...Así que en el último momento supuse que la mejor forma de averiguar si el amor de ustedes era verdadero...era amenazando quitártela.
-Terry! –Exclamo Carol- Quieres decir que todo esto fue solo teatro?
-Sí, sigo siendo un buen actor verdad? –Dijo haciendo un guiño- Y realmente quedé sorprendido al ver que estuviste dispuesta a llegar hasta el final aún sacrificando tu felicidad…o es que acaso le hubieses dicho al sacerdote que no aceptabas casarte conmigo?
Carol se mordió los labios y desvió la mirada; Terry muy bien sabía lo que ese gesto significaba: Se acercó hasta ella y suavemente tocó su mentón obligándola a mirarlo directamente.
-Hace mucho tiempo aprendí que no es bueno ser tan terco… Por mucho que te empeñaras en cumplir tu supuesto "deber moral", no tenías porqué ser infeliz… Es de sabios cambiar de opinión –Le dijo Terry en tono comprensivo-.
Carol recordó lo que Terry le había mencionado acerca de aquella separación en el Hospital Jacob: "…te conocía demasiado bien: Eras tan terca como yo y no cambiarías de opinión…" Ahora comprendía claramente lo que quería decirle al enfatizar que no es bueno ser tan terco.
-Nos alegra ver que todo terminó como debía ser! –Dijeron a coro los que entraban a la Capilla en ese momento-.
Eran Taylor y James quienes llegaban en ese momento, al parecer ellos también habían planeado acudir en auxilio de sus amigos.
-Bueno y ya que estamos todos aquí…podemos continuar con la ceremonia, no les parece? –Sugirió Terry-.
De la bolsa de su saco extrajo una pequeña cajita y al abrirla dejó al descubierto aquel par de sortijas de matrimonio que hace quinientos años usaran, los miró con nostalgia, como si evocara un recuerdo y luego les dijo:
-Estos son los anillos que Cándida y Terius usaron aquella vez y ahora permanecerán guardados así: Uno junto al otro, tal cual debe ser.
Cerró esa cajita y volvió a guardarla; De su bolsillo contrario sacó otra cajita de cristal y al abrirla…
-Y estos son los anillos que Carol y Travis usarán, claro, si son de su agrado…
Aquellos anillos eran de oro rosa con incrustaciones de pequeños diamantes que emitían destellos como si estuviesen cubiertos con polvo de estrellas; En su interior tenían ya grabados los nombres de los que serían sus dueños: Carol y Travis.
En apariencia, T. J. Grant estaba renunciando completamente a aquello que más amó durante siglos, pero realmente no era así...Terrence sabía muy bien que el amor de Cándida, de Candy, siempre le pertenecería y que ni siquiera el tiempo podría desvanecerlo. Fugazmente tuvo la visión de que aquella joven pareja lucía como Terius y Cándida lucieron el día de su boda. Sonrió y se sintió dichoso al ver que aquellos dos jóvenes serían felices, en este tiempo, en esta vida…y estaba seguro de ello porque aquella joven estaría al lado de un buen hombre y ese hombre era su nieto.
Por su parte, Carol parecía haber despertado de una larga pesadilla, se sentía cansada y un tanto nostálgica por aquel amor que ella describía inicialmente como "perdido".
-No, no es un amor perdido…Terius amó a Cándida siempre…Terry amó a Candy siempre y aún en esta vida…él siguió amándola…No es un amor perdido…Tuvieron su propio tiempo y su propio espacio…las circunstancias los separaron…pero nada fue en vano…de alguna manera, gracias a ese amor ahora soy lo que soy…y podré aprovechar mi oportunidad de ser feliz.
La ceremonia terminó y se escuchó la marcha nupcial que invitaba a los nuevos esposos a salir de esa Capilla y ver el mundo que les esperaba lleno de vida…y de nuevas oportunidades. El destino de Carol…finalmente había cambiado.
Más de un año ha pasado desde entonces, cuando se es feliz, el tiempo parece transcurrir más rápidamente. Travis comenzó a administrar los negocios de su abuelo, si bien aún no fungía como presidente, si era la mano derecha de T. J. Grant.
Una noche en que Carol dormía sola ya que Travis se encontraba de viaje de negocios, sin motivo aparente tuvo un sueño muy especial:
Frente a ella se encontraba una calle solitaria teñida de una luz naranja, el sol estaba cayendo, caminó sin rumbo fijo; Todo el lugar parecía desierto, las tiendas, los restaurantes, todo estaba vacío y silencioso. Caminó hasta el final de esa calle y unos metros más adelante, alcanzó a ver una casa que sobresalía de todas las demás.
Se acercó y observó que aquella casa no era muy grande pero era hermosa: Sus paredes estaban pintadas de blanco y los marcos de las ventanas y la fachada pintados de un suave color lila; Tenía un pequeño jardín al frente con pinos japoneses y varias rosas de colores, en el centro de ese jardín había un árbol que parecía un bonsái gigante y bajo su sombra había un par de columpios nuevos. Entonces escuchó un sonido peculiar…era la risa de un bebé. Se acercó temiendo que aquel bebé también estuviese solo, como ella ahora lo estaba.
A medida que se acercaba y se asomaba a ese jardín, descubrió que ahí había dos personas: Un hombre y una mujer, ambos sentados en aquellos columpios pero la mujer era quien sostenía a ese bebé sonriente…
-Es preciosa! Cómo le llamaremos? –Preguntó emocionado el varón-.
-Tengo el nombre perfecto para ella! Se llamará… Suzette…si es que tú estás de acuerdo… –Respondió suavemente-.
-Me parece un nombre hermoso… -Dijo él con una sonrisa-.
Carol insistió en acercarse aún más y entonces pudo ver claramente los rostros de aquella pareja: Eran Travis y ella misma! Después de eso, vio claramente la pequeña cabeza del bebé cubierta por un fino cabello rubio y su pequeña manita de piel blanca con un aspecto suave y terso sujetando el pulgar de Travis. Entonces un viento intenso apareció meciendo las ramas de aquel enorme "bonsái" provocando una suave caída de copos blanquecinos.
-Nieve?... Está nevando!... Está nevando!... Está…ne…van…do…
Y en la palma de su mano cayó uno de esos pequeños "copos"…que en realidad era un diminuto pétalo blanco: Aquel árbol no era un "bonsái" gigante, era un árbol de Sakura (cerezo) y lo que parecían copos de nieve, eran los pétalos de aquellas hermosas flores blanquecinas que se deshojaban con el viento.
Tranquilamente abrió sus ojos, miró a su alrededor y confirmó que seguía en la recámara, el sueño había terminado; Entonces recordó algo que ocurrió en casa de Taylor aquella vez que le mostraba los libros de Suzette:
-Recuerdas…el día en que Suzette murió? –Le preguntó Taylor aquella vez-.
-Claro que lo recuerdo –Dijo tristemente Carol- ...porqué?
-Poco antes de que ella…Yo la sostenía en mis brazos y ella preguntó algo, ella dijo: "Cuando yo esté preparada…vendrás…por mi?… Prométeme que…vendrás por mí".
-Sí, es verdad, pero desafortunadamente no pudo escuchar tu respuesta…
-No Carol! No me hablaba a mí! Te hacía esa pregunta a ti! En realidad esa pregunta te la hacia a ti! –Gritaba lleno de alegría Taylor-.
Recordando todo esto, volvió al momento actual, abrió lentamente su puño y descubrió un pétalo blanco en la palma de su mano! Una extraña sensación en su corazón le hizo levantarse bruscamente de su cama y corrió a la sala para abrir nuevamente uno de los libros que Taylor le había entregado aquella vez; Aprisa pasaba las páginas hasta encontrar específicamente aquel párrafo que el mismo Taylor le leyera antes:
"Los tlingits de Alaska piensan que la reencarnación es una forma de continuar la identidad personal. Antes de nacer, la madre o algún pariente tienen un sueño en el que se le revelará a quién perteneció el espíritu que ahora habitará en el pequeño bebé. Una vez que nace debe ser reconocido y se le pondrá el mismo nombre que el antiguo poseedor de su alma. Si no se hace así, el bebé pierde el derecho de gozar de la gloria de sus antiguas reencarnaciones".**
-Eso es! –Exclamó Carol- Por eso es que tuve este sueño mientras estuve hospitalizada…pero esta vez fue completo!
Entonces, en ese momento, las palabras que Suzette pronunciara poco antes de morir, ahora tenían coherencia: Ella volvería unos años después y sería justamente Carol quien se encargara de cuidarla y verla feliz!
Cerró aquella libreta de apuntes pues había terminado de leer la última página escrita, guardó silencio unos segundos y entonces…
-Qué opinas? Te gusta?... O crees que es demasiado inverosímil? –Preguntó con tono de angustia-...Seguramente me reprobarán verdad?
-Toda esta historia la inventaste solo partiendo de la tienda de Antigüedades?
-Sí… Bueno, sabes que me pidieron escribir una historia y la verdad no soy tan buena en eso, así que tomé como "inspiración" varias cosas: La tienda de Antigüedades, el libro que estabas leyendo sobre la Santa Inquisición, algunos sueños que ya te he platicado…
-Y seguramente también fue muy "inspirador" ese guapo joven que apenas conociste y por el cual conseguiste este trabajo, cual era su nombre?...ah sí! Travis verdad? –Dijo pícaramente haciendo un guiño-.
-Suzette! No te burles! –Dijo ruborizándose-.
-No me burlo Carol! La verdad es que es muy guapo…pero no tanto como mi Taylor –Dijo sonriente moviendo de un lado a otro su dedo índice frente a su amiga-...Por otra parte, tu historia me gustó mucho…excepto la parte en donde tengo que morir! –Y cruzó los brazos fingiendo sentirse ofendida-.
-Sí, esa parte tampoco me resultó agradable… -Y en silencio miró hacia la nada-.
-Qué piensas Carol? –Preguntó curiosa-.
-Suzette…qué pasaría si realmente sucediera todo esto que escribí?
Suzette no supo qué decir y se limitó a guardar silencio también mirando hacia la nada, pero segundos después sonreía y tomando la mano de Carol, tranquilamente le decía…
-Estoy segura de que cuando yo estuviese lista para renacer, tú vendrías por mí!
Sí, esas fueron las palabras de Suzette aquella vez y Carol lo recordaba perfectamente. Si en aquel momento alguien le hubiera dicho que en verdad pasaría lo redactado en esas páginas (aunque con una que otra pequeña variación)…probablemente se habría reído, pero ahora…
-Buenas tardes –Saludó un hombre vestido elegantemente-.
Carol lo atendió de buena gana, pero no pudo evitar sorprenderse al enterarse de lo que aquel cliente deseaba encontrar en "Destello" especialmente:
-Instrumentos de tortura? –Preguntó sorprendida-.
-Así es. Me interesa todo lo que tenga que ver con la Edad Media y he decidido comenzar una "pequeña colección"…
Carol no pudo evitar recordar específicamente al alquimista. En realidad, ni Carol ni Suzette ni el mismo T. J. Grant tuvieron oportunidad de saber que la única persona que hace cien años sí pudo recordar su anterior vida durante la edad media, fue precisamente Neil Leagan, razón por la cual, súbitamente se obsesionó con la idea de casarse con "Candice White" al reconocerla como la reencarnación de Cándida Wellington, aún en contra de los deseos de Sara Leagan y de su hermana Elisa.
Mucho menos se imaginarían que en la época actual, Nicholas Leman fue el primero en "despertar" al hallar por accidente la sortija de Cándida, dedicando después todos sus esfuerzos a encontrar a Terius de Granchester y envolverlo en sus mentiras para posteriormente esperar pacientemente a que éste ultimo le condujera hacia la mujer que seguía siendo objeto de su enfermizo deseo. Sin duda, Neil Leagan terminó llevándose una parte de la historia a su propia tumba.
-Esa época me parece simplemente fascinante! Se imagina si aún se practicara la cacería de brujas? –Dijo emocionado ese hombre sacando de sus pensamientos a Carol-.
-Supongo que ver gente morir en la hoguera sería algo…bastante peculiar actualmente –Y rió sarcásticamente ella-.
-Bueno, la brujería es un tema controversial… Pero si en verdad esas mujeres eran brujas y habían hecho daño a alguien, entonces merecían morir en la hoguera…Un verdugo merece morir en manos de otro verdugo, no lo cree?
-Dudo que hayan solamente "Víctimas" o solamente "Verdugos"…en realidad, tal vez…todos somos ambas cosas en algún momento de nuestras vidas –Respondió tranquilamente Carol-.
Ese hombre sonrió y la miró pícaramente, reconociendo que el argumento de esa joven era bastante razonable.
NOTAS FINALES.
Espero que esta historia les haya gustado..aunque tal vez algunas chicas se habrán desilusionado al ver que no cumple con alguno de los típicos finales: Candy y Terry, Candy y Albert, etc. Es mi historia favorita...precisamente porque no todo es lo que parece y porque no todo es blanco o negro...creo que la vida tiene diferentes matices.
Debo mencionar que agregué una canción que para mí es muy especial, así que esta vez traduje una parte al español para poder mostrarles la letra que a mi parecer, es muy hermosa...y con la cual me pidieron matrimonio jejeje:
*"I´ll be waiting" interpretada por Lenny Kravitz, compositores: Craig Ross & Lenny Kravitz.
Y tomé un parrafito de un libro que me pareció muy interesante:
**RELIGIONES Y CULTOS: BUDISMO, LA ESENCIA DE ORIENTE. Erica rueda, Igor Zabaleta. Edimatlibros. España.
Parnaso! Mis más sinceros respetos, ni yo hubiese podido explicar mejor lo que ocurriría y porqué! Y bueno, en efecto, Terry vio a tiempo lo que pasaba y por eso es que pudo desprenderse de sus deseos en esta ocasión sin sufrir porque vio que realmente no perdía nada al notar que Carol no era ya Candy en esencia. El papel de Taylor y James fue especial...fueron como esas personas que se cruzan en tu camino brevemente y sin motivo aparente pero que al final descubres que algo muy importante te dieron o te enseñaron.
Miriam! Como ves las cosas no siempre son tan complicadas como parecen y simplemente Carol tenía que poner cada cosa y cada sentimiento en su lugar...fue doloroso pero lo logró y esa fue la clave para que ella pudiera hallar el camino a su felicidad.
Dicho lo anterior, solo me queda decir: Gracias por leerme y acompañarme en esta historia! Contestaré a sus últimos reviews en la página de reviews ñ_ñ
PD: Les invito a leer mi siguiente fic, "El ayer se fue", es mi continuación personal de la serie de Candy y mucho más corto que este...y además es el primer fic que hice jeje
Abrazos y saludos!
Inuky666
