A/N: ¡Este fic está siendo editado! Por lo que quité todos los capítulos exceptuando el primero y los iré subiendo a medida que los corrija. Y este fic contará con un total de doce capítulos (sin epílogo), pero haré un par de capítulos extra, que serán escenas desperdigadas que no saldrán en la historia, o porque se me ocurrieron después o porque no sabía cómo incorporarlo. ¡Y eso sería! Gracias por seguir esta historia y perdón por las molestias.

Capítulo II
Si esto es ser una chica, realmente me alegro de no ser una

Había sido una noche terrible. Esa era la única palabra que podía definir el suplicio por el cual había pasado Sakura. Primero que todo, había caído inconsciente sobre el frío suelo de su baño, dándose un golpe fortísimo en la cabeza (y lo pudo corroborar perfectamente con la hinchazón que sintió al despertar), por lo que pasó la noche sobre duras e incómodas baldosas en lugar de la suavidad de su cama.

Y, como si fuera poco haber sufrido seguramente un problema serio a la columna, también la había atacado un insomnio terrible, por lo que ni siquiera pudo aprovechar el tiempo que le quedaba, antes de reunirse con el resto de equipo siete. Gruñendo y maldiciendo a todo ser viviente habido y por haber en Konoha, abrió los ojos sin ánimo alguno y supuso que una buena ducha caliente le ayudaría a despertar mejor y relajarse.

Aún media dormida, abrió el grifo del agua caliente y maldijo al quemarse el dorso de la mano con ella.

—Definitivamente este no es mi día —se intentó quitar el pijama para meterse a la ducha, pero sus dedos rozaron algo que parecía más una camiseta de algodón que la delicada tela de su camisón rosa palo. Sólo en ese momento que sus sentidos comenzaban a reaccionar, notó que su voz no era la misma de siempre.

¿Qué estaba ocurriendo?, ¿acaso se había resfriado y por eso tenía la voz así?

Bajó la vista hacia el resto de su cuerpo y tuvo que morder su lengua para no gritar. Ahora sí, ¿QUÉ CARAJO ESTABA PASANDO ALLI? Se llevó las manos hasta la cabeza y comprobó que su larga melena rosa había sido reemplazada por cabello de hombre. De hombre, por Dios. Con terror, se dirigió al espejo del tocador y comprobó que su realidad era aún peor de lo que podía ser.

Cabello negro, ojos azabaches, piel clara, cuerpo fornido y muy alta estatura…

Oh, por Kami…

Respiró profundamente e intentó tranquilizarse; no iba a conseguir nada alterándose. Así que una vez que agotó todas las posibilidades que pudieran explicar lo que ocurría allí, cada una más absurda que la anterior, se dio cuenta de que lo único sensato que podía hacer en esos momentos era consultar a su a Kakashi-sensei o a su shishou.

Sólo esperaba que no hubiera ocurrido lo que tanto sospechaba.


Y, definitivamente, la suerte no estaba de su parte. Ya que en cuanto llegó al bosque, ni la mitad de su equipo estaba allí. Sólo se encontraba Naruto (y obviamente no le sería útil), Sai se encontraba en una misión, Sasuke no había llegado aún (lo que sólo incrementaba más sus miedos) y Kakashi… bueno, Kakashi era otra historia.

Comenzando a desesperarse (estaba haciendo un ENORME esfuerzo para no llorar) y justo cuando iba a confesarle todo Naruto, el único miembro presente, apareció Kakashi. Y antes de que el jounin siquiera pronunciara su típica y gastada excusa justificando su retraso, Sakura se precipitó contra él y lo tomó de los hombros con fuerza.

—¿Sasuke…? —empezó Kakashi, a la vez que su único ojo visible se abría desmesuradamente.

—Kakashi-sensei, ¡esta mañana cuando desperté, resulta que—!

Pero antes de que pudiera contarle su problema, otro chakra se hizo notar en el lugar. Los tres ninjas lo percibieron y se giraron hacia el recién llegado… o más bien recién llegada. Sakura sintió que comenzaba a palidecer aún más de lo que estaba, en cuanto el otro miembro del equipo se acercó hasta ellos. Oh, por Dios, sentía que iba a vomitar en cualquier momento.

¡Ella seguía siendo un hombre y su cuerpo estaba parado junto a ella mirándola y—! Oh, por Kami-sama…

Oficialmente, había enloquecido.

Lo único que pudo pensar antes de que todo a su alrededor se volviera negro, fue que si alguien le hubiera advertido que despertaría en el cuerpo de su enemigo número uno y él en el suyo, hubiese preferido no levantarse jamás.


Con una fuerte jaqueca y una sensación desagradable en su estómago, Sakura abrió los ojos sin ánimo alguno y con mucha pesadez. Pero al hacerlo, y en cuanto enfocó la vista, se alegró rápidamente y todos sus pesares desaparecieron de un segundo a otro. Estaba acostada en su cama, ¡todo había sido un sueño! Joder, qué alivio sentía, había tenido una horrible pesadilla sobre ella y Sasuke, cambiando de lugar y— ¡Bah! De sólo recordarlo le daban escalofríos.

—Sólo fue un sueño —sonrió y estiró el brazo para alcanzar el despertador—. ¡Oh, mierda, las 9:30!, ¡hace tres horas que debí reunirme con mi equipo!

Se incorporó de la cama rápidamente para dirigirse al baño, pero algo andaba mal, muy mal. Ese no era su cuarto. Asustada también notó que esa no era su voz y… ¡ese definitivamente no era su cuerpo!

¿Entonces no fue sólo una pesadilla?

—Veo que ya despertaste —Sasuke había entrado a la habitación silenciosamente y la miraba, apoyado en la puerta. Sakura palideció—. Es una vergüenza, estuviste desmayada por casi dos horas seguidas.

La kunoichi abrió la boca, y hubiese pegado el grito más grande de toda su vida, si Sasuke no se hubiera adelantado y tapado la boca. Sakura pareció tranquilizarse un poco.

—¡Quieres callarte! —el chico apenas podía tranquilizarse a si mismo, como para calmar a Sakura también—. Joder, hasta como hombre tienes que ser chillona e histérica…

—¿Quién… eres… tú? —preguntó Sakura, respirando con dificultad.

—Sakura… —dijo él, con cautela y respirando hondo—. Yo soy —la chica aún no parecía reaccionar, así que continuó—, y tú… eres yo —agregó.

¿QUÉ?

—Digo que yo soy yo, o sea Sasuke, pero ahora soy tú, aunque sigo siendo yo, pero viéndome como tú… ¿me estás entendiendo?

—Claro —respondió ella, riendo histéricamente mientras se ponía aún más pálida—. Claro que lo entiendo, todo esto es una broma y…

—¡Sakura! —Sasuke estaba empezando a perder la paciencia—. Esto no es una broma, ni una pesadilla, ni nada por el estilo. Está realmente sucediendo, así que lo mejor será que cooperes y dejes de comportarte como una idiota.

—Sasuke… —la chica tragó saliva con dificultad, pero estaba visiblemente más tranquila. O al menos, eso parecía—. Realmente eres tú.

—Hn.

—¡Pero qué diablos está pasando aquí! —Sakura se llevó las manos a la cabeza con gesto de desesperación—. ¿Cómo pudo haber pasado esto? Creí que todo había sido un mal sueño, porque recuerdo que me reuní con el equipo como siempre, pero no sé qué ocurrió después…

—¿No lo recuerdas? —el chico abrió mucho los ojos, sorprendido—. ¿Nada?

—No —respondió la kunoichi, confundida y tratando de hacer memoria. Sus recuerdos aún estaban algo mezclados—. Como te dije, creí que sólo había sido un sueño.

Sasuke rodó los ojos y recapituló el bochornoso episodio de hace un par de horas atrás.

El Uchiha se había acercado hasta su grupo, bajo la mirada extrañada de todos ellos.

¿Sakura-chan, olvidaste vestirte? preguntó Naruto, escudriñándola con la mirada.

Sasuke sintió un muy desagradable escalofrío y se cubrió lo que más pudo con los brazos, ya que el corto camisón de seda rosa que llevaba no dejaba mucho a la imaginación. Además, se apuntó como nota mental estar totalmente vestido en presencia de Naruto. Siempre. Sakura, ajena a todo, palideció y se restregó los ojos como si al hacerlo despertaría de esa pesadilla. Unos momentos después, Uchiha Sasuke cayó inconsciente en los brazos de Haruno Sakura.

Kakashi y Naruto alzaron una ceja, en clara señal de asombro y confusión.

Y el Uzumaki hubiese llamado al médico más cercano, si Kakashi no lo hubiese retenido por el cuello de la camisa. Suspirando, Sasuke equilibró el peso de su cuerpo sobre él, consciente de que este momento quedaría en la retina de su mejor amigo y su sensei. De lo único que se alegraba, era que Sai no estaba ahí para verlo también.

Pero en un momento de descuido, Sasuke sintió que su fuerza flaqueaba (él también había sentido que estaba apunto de desmayarse, después de todo) y el cuerpo inconsciente de Sakura se desplomó en el suelo y, al ser más pesada ahora, Sasuke no la pudo sostener a tiempo.

¡SASUKE-TEME! gritó su compañero, mientras Kakashi se agachaba y lo trataba de despertar.

Uchiha se cubrió la cara con la mano, avergonzado. ¿Cuántas humillaciones había pasado en tan sólo dos minutos gracias a Sakura?

Está inconsciente informó y lo levantó por los hombros—. Tiene baja la presión, no es bueno que venga en este estado. ¿Sakura, podrías encargarte de él y llevarlo a su casa?

Sasuke se negó rotundamente. Había aceptado que llorara como una niña, que se desmayara, que lo humillara haciéndolo ver como un tonto en frente del dobe… ¡Pero por ningún motivo iba a permitir que toda la aldea lo viera inconsciente siendo cargado por una chica!

Ni hablar.

Sé que ustedes dos no se agradan, pero no tenemos tiempo para llevarlo pasó los brazos de Sakura por sus hombros, antes de que él pudiera negarse—. Aunque si quieres llamamos a alguien más y…

¡No! Yo la llevaré dijo inmediatamente. El jounin lo miró extrañado—. Digo, lo llevaré se corrigió y sujetó firmemente a Sakura. Ya le bastaba haber sido humillado ante ellos dos, como para que alguien más lo viera.

Confío en ti, Sakura Kakashi posó la mano en su hombro con toda la confianza del mundo y Sasuke se sintió incómodo otra vez—. ¡Es una misión! —sonrió bajo su máscara.

Sí, claro murmuró entre dientes, mientras arrastraba su cuerpo por el camino, oyendo las risas y burlas de un sorprendido Naruto. Estaba seguro de que no podía esperar a contarles esta ridícula anécdota a sus futuros nietos…

—Oh, sí. Ya lo recuerdo —dijo Sakura, pensativa.

—¿Lo recuerdas? —repitió el chico, conteniendo su furia a duras penas—. O sea que recuerdas como me humillaste, como me hiciste quedar como un idiota y como me tuve que cargar por toda la aldea.

—¡No es para que te pongas así! —le contestó, enfadada—. Yo tampoco estoy feliz de estar en esta situación.

—¿Y crees qué yo sí? —inquirió con sarcasmo, mientras enumeraba con los dedos—. Soy bajo, débil, tengo esta voz chillona y estúpida, tengo el pelo rosa y estos… —miró hacia abajo y suspiró con desgana—. ¡Ni siquiera puedo caminar bien con esto! —le dijo, mientras sujetaba sus pechos con ambas manos.

—¡No hagas eso! —Sakura se puso roja y le apartó las manos de un golpe—. Escúchame bien, ¡no quiero que me mires o me toques, o juro que yo misma te castraré!

—Como si quisiera —bufó él y se cruzó de brazos, mientras la joven le daba la espalda—. Por cierto, ¿qué vamos a hacer? Mañana hay que ir a la academia, por esa reunión estúpida que se le ocurrió a Kakashi.

—No tengo idea —contestó Sakura tristemente—. ¡Porque no podemos ser el otro!, digo, ¡yo no soy como tú!

—¿De qué hablas? Yo sí puedo imitarte —le dijo, mientras se le acercaba y adoptaba un tono de voz más agudo e infantil que el de la misma Sakura—. Soy molesta, enana, tengo un ridículo pelo rosa y una fuerza monstruosa que espanta a todos los hombres. .

Sakura frunció el ceño.

—Y yo lo único que tengo que hacer es gruñir y ser un bastardo asocial y amargado todo el tiempo.

—Hn —contestó Sasuke, enfatizando el punto de ella. Sakura entornó los ojos con irritación.


Media hora más tarde, ambos se encontraban poniéndose de acuerdo en cómo cada uno fingiría ser el otro, pero Sasuke había perdido la concentración y el interés en la conversación (más bien, en el monólogo de Sakura) nada más su compañera había abierto a boca.

—…y cuando llegues a mi casa, debes saludar a mis padres y ayudar en todo lo que te pidan —Sakura le anotaba todo lo que debía hacer en una hoja, que ya le estaba quedando corta—. Nada de pasar de largo y ser descortés. Que tú seas un asocial no significa que yo también lo sea, así que— ¡Ah! y no olvides…

Es tan molesta, ¿cuándo se callará?, Sasuke fingía que la escuchaba y asentía por inercia a todo lo que le decía. Era bastante extraño (y aterrador) verse a si mismo dando órdenes como un histérico… aunque claro, Haruno era una histérica por naturaleza.

—¿Me estás escuchando?

—Sí —contestó, sin pensar. Tenía que hallar la forma de volver a la normalidad, antes de que ella arruinara su reputación por completo. Aunque, una pequeña y oculta parte de su subconsciente, le decía que tal vez no sería tan malo estar en su cuerpo. Después de todo, podía aprovecharse de las circunstancias.

¿Qué?, ¿pero de dónde diablos salió ese pensamiento?

—Y eso es todo.

Por fin…

Caminaron hasta la puerta, pero Sakura lo detuvo justo antes de que saliera. Sasuke frunció el ceño con irritación.

—¿Qué?

—¿Acaso no has visto lo que llevas puesto? —preguntó ella, poniendo las manos en su cintura de forma femenina. Sasuke palideció después de ver ese gesto—. No me vas a pasear casi desnuda por toda la aldea. Tuve suficiente con lo de esta mañana

—No tuviste suficiente, porque ni siquiera lo viste. Además, esto no sería un problema si usaras un pijama normal y no los de una puta —le comentó, de forma desdeñosa.

—¡Sólo vete de aquí! —le gritó Sakura, señalándole la salida, a pesar de que se encontraban en la casa del chico—. y recuerda averiguar si las galletas de Ino tienen algo que ver en esto. Ya sabes que puede ser una posibilidad.

—Lo sé. Esta perra está comenzando a enfadarme…


—Buenos días, Haruno-san —Ino se presentó en la casa de Sakura de improvisto. La noche anterior había quedado muy preocupada por ella y había decidido visitarla—. ¿Se encuentra Sakura?

—Claro, está en su cuarto —le respondió la mujer y le hizo un ademán para que entrara.

—Mierda —masculló Sasuke, desde los arbustos en que se había escondido, justo después de haber sentido la presencia de la rubia. Simplemente genial, apenas había llegado a la casa de Sakura y se topada de frente con su descerebrada amiga. Subió al techo rápidamente y trepó a la que suponía que era su ventana. Dio un pequeño salto para llegar, pero olvidó que sus piernas ya no eran tan largas como antes y cayó estrepitosamente dentro de la habitación. Se paró adolorido, pero por lo menos era la habitación correcta.

La observó. No era rosa y no estaba llena de peluches y más tonterías como pensaba, aunque aún así era extraño estar allí. Pero no pudo seguir observando, ya que alguien giró la manilla de la puerta. Ya iba a sacar un kunai y atacar al intruso, pero luego recordó que sólo era Ino. Se metió a la cama justo antes de que la rubia entrara.

—¡Sakura, qué haces tan tarde en la cama! —la chica comenzó a zarandearla fuertemente para que se levantara". Sasuke comenzó a irritarse—. ¡Arriba, tenemos mucho que hacer hoy!

—No molestes —Sasuke la apartó de un manotazo y se tapó hasta la cabeza con las mantas—. Estoy cansado— cansada.

Sin embargo, la rubia no se destacaba por su comprensión, así que le arrancó las cobijas y lo jaló para que se levantara. El chico le envió una mirada de odio profundo.

—¡Vete a la ducha de una vez! —le gritó Ino, mientras se arrojaba sobre la cama con toda la confianza del mundo y recogía una revista del suelo—. Yo esperaré aquí. Ah y por cierto —la miró frunciendo el ceño—. ¿Qué haces con pijama? Nunca usas.

Sasuke ni quiso preguntarse cómo es que Ino sabía que Sakura dormía desnuda, así que tomó una toalla y se metió al baño dando un portazo. Abrió el grifo de agua caliente y, cuando estaba a punto de desnudarse, recordó las palabras de la médico: "¡No quiero que me mires o me toques o juro que te castraré!"

¿Pero qué podía hacer? No iba a dejar de bañarse porque Sakura lo hubiera amenazado con quitarle su descendencia. Era una estupidez y— ¡está bien! No miraría…

Metió un pie a la ducha, sin mirar lo que hacía y se sujetó de las cortinas para no resbalarse. Cuando estuvo a salvo, dejó que el agua lo tranquilizara un poco; lo único que tenía que hacer era mantener los ojos en alto. Pero después de diez minutos, salió de la ducha con una tentación insoportable y, desesperado, miró hacia otro lado para fijar la vista en cualquier cosa. ¡Lo que fuera! …que resultó ser nada más y nada menos que un enorme espejo en la pared del frente.

Sintió como algo húmedo y cálido bajaba por su nariz.

Sakura, estúpida perra… hasta cuando no estás me das problemas


Sakura ya se había bañado y vestido y, sorprendentemente, no había mirado… bueno sí, un poco. Ahora estaba en la alcoba de Sasuke, tratando de pensar en cómo resolverían su situación. ¿Debería hablar con Tsunade?, ¿o seria más prudente esperar a ver si podían solucionarlo ellos mismos?

—Sólo espero que Uchiha no arruine las cosas con Ino… —susurró. Rodó hacia el lado derecho quedando en la orilla. Estiró el brazo para ver si había algo bajo la cama y se encontró con lo que parecía un fajo de revistas, o mejor dicho libros… sí, y vaya libros. Ya que no era nada más y nada menos que la colección completa del Icha Icha Paradise.

Estúpido Uchiha…


Ino se sobresaltó al escuchar un gran alboroto en el baño, y al instante, vio salir a Sasuke envuelto en una toalla y respirando agitadamente.

—¡Sakura, estás bien! —le preguntó, alarmada y levantándose de la cama.

—Claro, estoy muy bien —le respondió, fingiendo una sonrisa y con algodón en la nariz—. Lamentablemente, bastante bien.

—¿Segura? —Ino se alarmó—. ¡Por Kami, si estás sangrando!

—No es nada —Sasuke hizo un gesto para restarle importancia al asunto, aunque la rubia aún seguía preocupada—. Debe haber sido por el calor. Estaba muy caliente allí adentro.

—Oh, ya veo.

—Por cierto, ¿qué haces aquí? —siendo lo más sutil que su personalidad le permitía, el Uchiha quiso cambiar el tema rápidamente.

—Lo que pasa es que ayer tuve un mal presentimiento —le respondió Ino, mientras fruncía el ceño—. Y quería saber si estabas bien.

—Pues lo estoy —le informó, tratando de no sonar descortés y obviamente fallando—. ¿Pero a qué te refieres con mal presentimiento?

—Ayer por la noche me desperté asustada y pensé que te había pasado algo —le confesó y luego la abrazó efusivamente. Sasuke hizo una mueca de desesperación—. Me alegro tanto de que estés bien… ¡Pero ahora vístete, que tenemos que salir! —le dijo, separándose y caminando hacia la puerta—. y Sakura… tu nariz sigue sangrando.

—Mierda —el chico se limpió de nuevo, recriminándose lo patético que podía llegar a ser. Terminó y fue a ver qué diablos iba a ponerse, aunque no tardó en volver a desesperarse; Sakura tenía tanta ropa en el armario que parecía una tienda y, como la mayoría de los hombres, no tenía la más mínima idea de qué usar, así que escogió cualquier cosa al azar.

—¡Ya estoy! —bajó las escaleras, viendo que Ino ya lo esperaba afuera. Se despidió de sus "padres" y después de darle su desayuno al gato de Sakura, salió casi tropezándose con los zapatos que había escogido.

—¡Por fin! ¡Ya ha pasado casi media hora! —le recriminó Ino. Sasuke bufó, recordando lo difícil que se le hizo ponerse un sostén sin mirar— ¡Vamos, que tenemos que ir de compras!

—¿De compras? —repitió él con fastidio, mientras era arrastrado por la rubia contra su voluntad. E Iba tan concentrado tratando de caminar bien con las botas, que pasaba totalmente de lo que Ino le hablaba y tampoco notó cuando alguien se plantó frente a él.

—¡Sakura-san! —Sasuke levantó la vista y se encontró con un enorme ramo de flores, frente a su cara—. Tu belleza aumenta con el pasar de los días, hermosa flor del cerezo.

Ino no pudo evitar reír y a Sasuke se le revolvió el estómago.

—Hola, Lee —saludó al recién aparecido, con un esfuerzo sobrehumano y aceptando las flores a regañadientes—. Yamana— Ino y yo ya nos íbamos, así que…

Ya largarte, idiota, le hubiera gustado agregar.

—¡No, espera! —el eterno enamorado de Sakura sacó un trozo de papel de la nada y se aclaró la garganta—. Escribí un poema para ti…

El chico tomó a Ino del brazo para huir de allí, pero la gente que los había rodeado para mirar, les había bloqueado el paso.

—Las rosas son rojas, las violetas azules, el azúcar es dulce y tú eres… etto… —Lee frunció el ceño, al no comprender lo que seguía—. ¡Bueno, da igual! —arrugó el papel y lo lanzó lejos—. Sakura-san, flor del cerezo, la más bella de todas las flores, que resplandece con el poder de la juventud… ¿aceptarías ser mi novia?

Se acercó y besó su mano. Ino y los demás comenzaron a aplaudir entusiasmados, mientras Sasuke tenía unas horribles ganas de vomitar ahí mismo. Y Lee estuvo a punto de besarlo en la boca, pero el Uchiha reaccionó justo a tiempo y le dio un puñetazo en la cara.

—Vámonos de aquí —tomó a Ino por la muñeca y se fueron rápidamente, abriéndose paso entre la gente.

—Ya veo porque dicen que el amor duele… —dijo Lee desde el suelo—. ¡Pero eso sólo me da más ánimo para seguir luchando por la flor del cerezo!


Sakura estaba oculta entre los arbustos, esperando a que Sasuke apareciera. Por alguna razón, el saber que el chico había pasado todo el día con Ino le provocaba una sensación muy desagradable en el estómago. ¿Qué era? Pues no pudo descifrarlo, ya que unas voces la sacaron de sus pensamientos.

—Fue un día muy entretenido —comentó Ino, mientras llegaban a la casa de Sakura, tomados del brazo. Sasuke no parecía muy feliz y sólo asentía a lo que la rubia decía. Sakura hizo una mueca desde su escondite—. ¿No lo crees?

—Sí, lo que sea —sonrió él falsamente, tomando sus bolsas y caminando hasta la puerta— Hasta mañana, Yamanaka.

—¿Yamanaka? —se sorprendió la rubia. Definitivamente, hoy su amiga había estado muy extraña.

—Es decir, Ino, amiga, querida, cariño, perra ó como sea que las chicas se digan entre ustedes —se corrigió, mientras sacaba sus llaves.

—Esta bien… ¡pues nos vemos, frentona! —Ino prefirió no hacer preguntas y supuso que su amiga estaría mejor por la mañana.

—Oye, Sasuke—Sakura le hacía señas desde los arbustos. El chico se acercó, vigilando que no hubiera nadie—. ¿Cómo te fue?

—No preguntes —le espetó entre dientes, enseñándole todas las bolsas que traía—. Tu amiga es más insoportable de lo que pensé.

—¿Has averiguado algo de ella o de las galletas? —inquirió Sakura, mientras revisaba su ropa nueva con entusiasmo. Sasuke asintió—. ¿Qué cosa?

—Que creo que es lesbiana.

—¡Que qué! —dejó caer una falda al suelo por la impresión.

—Se pasó todo el día pegada a mí, abrazándome, tomada del brazo y no dejaba de mirarme el escote —explicó—. Yo que tú, Sakura. Mantendría distancia…

—¡Serás idiota! —le dijo, entornando los ojos—. Eso es lo que hacemos las chicas. Me estaba mirando sólo por compararse conmigo.

—¿Compararse? —Sasuke entendía cada vez menos a las mujeres.

—¡Olvídalo! Mañana yo intentaré hablar con ella. Por cierto… ¿y esto por qué? —preguntó, enseñándole tres pijamas distintos—. ¿Sigues empeñado con lo de mi camisón?

—No sólo eso —le contestó, sonriendo con suficiencia—. Me enteré de tu afición de dormir desnuda, así que quise cooperar con tu causa.

—Yo estaba pensando en que podríamos contarle esto a alguien más —comentó Sakura, algo roja, queriendo cambiar el tema—. ¿Tú que opinas?

—¿No te refieres a Naruto, verdad? —Sasuke estaba seguro de que si se lo llegaban a contar al rubio, al otro día ya lo sabría toda la aldea.

—Tienes razón. Sai tampoco es una buena opción —razonó la chica—. ¿Qué opinas de Kakashi?

—¿Él? —preguntó Sasuke, repentinamente celoso por la excesiva confianza de la chica hacia el Jounin.

—¡Claro! Es nuestro maestro desde hace años. ¿Quién mejor que él para ayudarnos?

—Sí, quién mejor —ironizó el Uchiha—. ¿y cómo se lo decimos?

—Pues podrían empezar por el principio —respondió una voz, detrás de ellos. Sasuke y Sakura se voltearon lentamente, al reconocer al dueño de ella.