Disclaimer: Naruto no es mío, es de Masashi Kishimoto.
Capítulo VIII
De cómo volví a la normalidad y cómo los diarios íntimos se convierten en un arma mortal
Todo pasó muy rápido ante los ojos de Sasuke. Kakashi sacó un pergamino, dijo unas palabras que no pudo alcanzar a comprender y lo selló justo antes de que el director pudiera pronunciar la palabra "acción". Repentinamente, sintió cómo sus labios se topaban con los de otra persona, y una mancha algo borrosa y de color rosa se encontraba frente a él. El Uchha parpadeó repetidamente ante la escena.
—¿Sa—Sasuke-kun?
De ahí, todo se volvió negro.
—Oi, ¡lleva dormida por mucho tiempo!
—S-Sí.
—No puedo creer que aún esté inconsciente.
—¡Cómo puedes decir eso, baka!
—No me llames así, usuratonkachi.
Frunció el ceño cuando escuchó unas molestas voces y murmullos, que la sacaron lentamente de su letargo. Sintiendo un dolor de cabeza terrible, comenzó a abrir los ojos con cansancio. Se sentía muy débil.
—¡Sasuke-teme!
—Dobe.
—¡N—Naruto-kun, Uchiha-san! —ambos chicos dejaron de insultarse mutuamente y se voltearon hacia Hinata.
—¿Qué ocurre?
—Sakura-chan… —la Hyuuga señaló a la ninja-médico con preocupación, mientras esta comenzaba a moverse sobre la improvisada cama—. ¡Está reaccionando!
Los dos chicos se acercaron rápidamente hasta su compañera, que en ese momento se ponía boca abajo y se tapaba la cabeza con la almohada, murmurando algo bajo ella. Sasuke alzó una ceja, intentando recordar si Sakura se había golpeado la cabeza o algo similar.
—¡Sakura-chan, despierta ya! —Naruto se sentó junto a ella y comenzó a zarandearla de forma nada delicada. El Uchiha lo golpeó en la cabeza—. ¡Eh, teme!
—No la muevas tan bruscamente, idiota —Sasuke entornó los ojos ante la falta de tacto y sentido común de su mejor amigo, y agitó a la chica suavemente, quitándole la almohada que tenía sobre ella—. Sakura, date vuelta.
La kunoichi abrió los ojos lentamente, pero cuando supo que era Sasuke quien la estaba despertando, se incorporó de un salto y se sentó en la cama. Los tres ninjas restantes la miraron curiosamente, haciendo que la chica entrara a preocuparse.
—¡Qué ocurre! ¿Tengo algo en la cara? —Sakura comenzó a palparse sus mejillas, en busca de lo que sus tres amigos estaban mirando, pero súbitamente cayó en la cuenta de lo que estaba pasando.
Es cierto… ¡hemos vuelto a la normalidad!
—¡Por fin despertaste! —Naruto se acercó a la chica y le puso una mano en el hombro—. ¡Llevabas más de cinco horas inconsciente, Sakura-chan!
—¿Tanto? —se sorprendió la aludida, notando claramente la mirada de superioridad que el Uchiha le enviaba desde la pared en donde estaba apoyado. Esa que decía casi textualmente "a pesar de todo, sigues siendo débil".
—Pues, sí.
—¿Hace cuánto tiempo? ¿Cómo pasó…?
—Kakashi —respondió simplemente Sasuke, cruzándose de brazos—. Él nos volvió a la normalidad justo antes de… ya sabes.
—Sí, recuerdo eso —un leve sonrojo cubrió las pálidas mejillas de Sakura, en cuanto recordó el beso que estuvieron prácticamente obligados a darse. Si es que eso se podía llamar beso, claro—. Pero es lo último que recuerdo.
—Aa. Yo también perdí el conocimiento después de eso—le informó Sasuke, sorprendiendo a la chica—. Claro que yo no tardé cinco horas en despertar —agregó, sonriéndole con maldad.
Sakura le sonrió de igual forma y le dedicó una seña con el dedo muy poco amistosa.
—¡Yo recuerdo perfectamente lo que pasó! —anunció Naruto, cortando la creciente tensión entre ellos y tomando a Hinata del brazo—. Nosotros los trajimos hasta aquí, ¿no es así, Hinata-chan?
—S-Sí…
—Algo útil que hagas alguna vez, dobe —le espetó el moreno, un poco fastidiado por el hecho de enterarse que había sido arrastrado por el rubio por toda la aldea hasta su casa.
—¡TEME! —Naruto lo apuntó, sintiéndose bastante ofendido—. ¡Lo mínimo que puedes hacer es darme las gracias!
—Hn.
—¡Podría haberte dejado perfectamente tirado por ahí! —le dijo, mientras Sasuke entornaba los ojos—. ¡Para que esas fans obsesivas que tienes, hubieran hecho lo que quisieran contigo!
Sasuke frunció el ceño ante la mención de sus estúpidas y locas admiradoras. Por alguna razón, no era nada agradable mencionarlas en presencia de la Haruno.
—Naruto, sólo dinos que pasó —le dijo Sakura, efectivamente un poco molesta por la mención del séquito de locas obsesivas del Uchiha al cual había pertenecido alguna vez. Por allá por los doce años, cuando no tenía dignidad.
—¡Está bien, está bien!
—¡Kakashi-sensei! —Naruto derribó la puerta de un sólo golpe, seguido por un tímida Hinata—. ¡Me niego a que el teme tenga el papel principal en la película! —vociferó, buscando al hombre con la mirada—. Yo soy mucho mejor actor que él, no es justo que— ¡Mierda, pero qué pasó aquí!
Observó cómo el jounin levantaba los cuerpos inconscientes de Sakura y Sasuke, mientras todos los demás en el set miraban la escena, totalmente aterrados.
—¡Kakashi-sensei! —Naruto se acercó a él, rápidamente—. ¿Qué les ocurrió al teme y a Sakura-chan?
—Tranquilo, Naruto —Kakashi levantó a ambos y los puso sobre sus hombros—. Sólo están inconscientes. Despertarán en un par de horas.
—¿Pero qué pasó? —Hinata se acercó hasta ellos—. ¿Ocurrió algo malo?
—No, al contrario —le dijo el ninja, sonriendo bajo su máscara—. Ya todo está bien. Todo está en su lugar.
—Oh, me alegro.
—¿Eh?
—Volvieron a la normalidad, Naruto —explicó el jounin, entornando los ojos ante la densidad del rubio—. Ahora debo llevarlos a sus casas, antes de ir a avisarle a la Godaime.
—¡Nee, nee! —Naruto se acercó a Sakura, que estaba sobre el hombro izquierdo de Kakashi—. ¡Yo me llevaré a Sakura-chan a su—¡Eh!
—Tú encárgate de Sasuke —el ex-ANBU había pasado un brazo de Sasuke por los hombros de Naruto, sin que pudiera siquiera negarse—. Es tu mejor amigo, después de todo.
—¡Esto no es justo!
—Hinata, ¿puedes encargarte tú de Sakura?
—Claro —la chica asintió, mientras ubicaba a la ninja-médico con cuidado sobre su espalda.
—¡Kakashi-sensei! —le reclamó el rubio, poniendo a Sasuke en su espalda de la misma forma en que lo hizo la Hyuuga—. ¿Y tú qué harás?
—Yo iré a avisarle a la Hokage de esto —Kakashi tocó el bolsillo en donde estaba su nuevo libro, antes de hacer una seña—. Hagan su misión. ¡Hasta pronto!
Y desapareció en una nube de humo.
—Mejor llevemos a ambos a la casa del teme —propuso Naruto. Hinata asintió y ambos hicieron una seña, desapareciendo también.
—Ya veo —murmuró la Hokage después de que toda la historia hubiese sido aclarada, pasando un poco de Sakura y Sasuke mientras le daba el último sorbo a su sake. Sasuke frunció el ceño con disgusto.
—¿Tsunade-shishou? —Sakura se acercó hasta la rubia, que en ese momento apilaba las botellas de sake vacías, formando una torre con ellas—. ¿Se encuentra bien?
—¡Claro que estoy bien! —se defendió la rubia y fulminó con la mirada a su joven alumna—. ¿O acaso tú crees que no me veo bien?
Eso es obvio, contestó Sasuke, mentalmente.
—No, no me refería a eso —respondió la kunoichi, fijándose en las quince botellas de sake vacías que tenía en frente—. Exactamente…
—¡¿Estás segura? —Tsunade se levantó de su escritorio y la encaró—. ¡No lo dices porque crees que me veo vieja, verdad Sakura-chan!
—¡No, claro que no! —Sakura sabía perfectamente que no era conveniente hacer enfadar a la mujer cuando había tomado. Sobretodo con el tema de la edad. Desafortunadas experiencias anteriores ayudaban a reafirmar sus palabras.
Por ese motivo, se calló justo antes de decirle que no aparentaba los cincuenta años que en realidad tenía.
—Muy bien, te creo —la rubia adoptó una actitud totalmente distinta a la anterior, y abrazó a la chica efusivamente—. ¡Me alegro tanto de que hayas vuelto, Sakura!
Sasuke observaba toda la escena, ya totalmente agotado. Realmente, ¿cómo alguien como ella podía ser la Hokage?
—Entonces —Tsunade se separó de Sakura, quien podía respirar otra vez—. Si ya volvieron a la normalidad, no hay nada de que preocuparse. No corren peligro.
—¿Peligro? —repitió la kunoichi, alzando una ceja.
—¡Así es! —la Godaime se sentó nuevamente en su escritorio—. Verán, estamos al tanto de que todo esto ocurrió por unas galletas de la fortuna.
Sasuke y Sakura torcieron la boca al recordar las asquerosas galletas de Ino.
—Pues, el caso es que si hubiésemos dejado pasar más tiempo… —los dos ninjas esperaron su respuesta ansiosamente—. Creemos que quizás huiesen quedado atrapados para siempre en el cuerpo del otro.
—¿Para siempre? —Sakura se llevó una mano a la boca, con expresión de horror. Y la de Sasuke no se quedaba atrás.
—Sí —el rostro de Tsunade se ensombreció—. Por eso, es una suerte que Kakashi los haya ayudado, ¿no creen? Sino, todavía tendrías ovarios, Sasuke-kun.
—Hn —a Sasuke no le hizo la menor gracia su comentario—. Cállate.
—Lo mismo te digo a ti, Sakura —Tsunade posó sus ojos castaños en los verdes de la chica—. Creo que ya sufriste demasiado siendo hombre, como para repetir la experiencia, ¿verdad? Es decir, todo ese peso extra y tener un—
—Ya capté el punto, shishou —Sakura la cortó, dejando que su largo pelo rosa ocultara su evidente sonrojo.
Sasuke tomó nota de eso, pero sacudió su cabeza y enfocó toda su molestia en ella. ¡Joder, eso había estado cerca! No podía imaginarse siquiera el horror de ser Sakura por el resto de su vida. Ya que entre muchas otras implicancias, principalmente afectaba el resurgimiento de su clan; rayos, su idea era concebir hijos en un futuro, no parirlos.
—¡Muy bien! —la fuerte voz de Tsunade lo sacó de sus pensamientos—. Ahora que todo está en orden, pueden irse. Que sea rápido, ahora tengo algunos asuntosque resolver.
—Seguro… —asintieron los dos chicos, mientras la rubia los despachaba de forma muy poco sutil y les cerraba la puerta en las narices. Aunque la verdad, no querían quedarse a averiguar lo que iba a mantener a la Godaime tan ocupada.
Sakura llegó a su hogar con una gran sonrisa en su linda cara. Entró y en cuanto vio a sus padres, se abrazó a ellos, diciéndoles lo mucho que los quería y lo buenos que eran. Haruno-san le sonrió a su hija, totalmente conmovido por el gesto. Pero luego recordó el incidente de hace algunas noches y todo el lado posesivo y celoso que tenía con ella, salió a flote.
—Sakura, sobre lo de la otra noche…
—¡Oh, que torpe soy! —la kunoichi lo interrumpió, sabiendo a que se refería y también al tanto de que no sería muy agradable platicarlo con él—. Lo siento, pero quedé de juntarme con Ino a esta hora.
—Pero…
—¡Nos vemos! —y salió por la puerta tan rápido como había entrado, dejando a su padre con la pregunta en la boca.
—Déjala —dijo su mujer simplemente, volviendo a la cocina—. Ya casi tiene dieciocho años, después de todo. No puedes simplemente desaparecer a todos los chicos con los que esté.
El hombre frunció el ceño ante eso. ¡Por supuesto que sí podía!
—Entonces, teme… —comenzó Naruto, inocentemente.
—¿Qué? —siseó el Uchiha, irritado.
Ambos estaban en el puesto de ramen de Ichikaru. Desde que había salido de la torre de la Godaime, Naruto se lo había encontrado casualmente en el camino de vuelta a casa, y había estado fastidiándolo desde entonces para que fueran a almorzar juntos. Sólo para que se callara, el Uchiha accedió.
—¿Desde cuándo te gusta Sakura-chan? —preguntó directamente, haciendo que Sasuke casi se atragantara con su comida.
—¿Qué carajo estás diciendo, idiota?
—No tienes porque ocultarlo —Naruto dejó un momento de lado su tazón—. ¡Vi como prácticamente me matabas con la mirada cuando puse mi mano en su hombro!
—Dobe, eso no prueba nada.
—¿Ah, no? —Naruto comenzó a enumerar con sus dedos—. ¿Que hay de la forma en que golpeas a todos los hombres que se atrevan a mirarla de manera inapropiada? O que hayas salido con Neji, sólo para asegurarte de que no se le acercara más. O el hecho de que te enfades cada vez que se pone algo corto o mínimamente ajustado, o que hayas leído todo su diario y que hayas obligado a Ino a nombrarte todos los chicos que ha estado y…
—Está bien, ya entendí el punto —el moreno lo cortó, cerrando los ojos un momento, volviendo a concentrarse en el remolino que se formaba en su tazón de ramen. Maldijo por lo bajo, a veces olvidaba lo observador que podía llegar a ser Naruto.
—¿Y cuándo se lo piensas decir? —preguntó su amigo, yendo por el segundo plato—. Sakura-chan tiene muchos pretendientes a parte de ti, así que si no cambias esa actitud de sigues-siendo-sólo-un-estorbo-para-todos-mejor-apártate-de-mi-caminocon que la tratas, no vas a conseguir nada, querido teme.
—Hn.
—¡Lo que debes hacer es expresar tus sentimientos! En el entendido que los tengas, claro —le dijo el chico, mientras su amigo se ocupaba de comer—. Decirle cómo te sientes cuando estás cerca de ella, ¡hacerla sentir que es la mujer de tu vida y que no quieres que se aleje de ti nunca! Hacerla sentir especial, decirle que sus ojos son como dos lagunas en las que podrías ahogarte todo el día y que darías lo que fuera por hacerla sonreír cada día de su vida.
Naruto finalizó su improvisado discurso y esperó la reacción de su amigo.
Silencio.
El cubierto del Uchiha cayó de su boca hasta la mesa, quebrando la pausa.
—¡Naruto, de dónde diablos salió todo eso! —Sasuke alzó una ceja, sorprendido—. Tú nunca has sido demasiado brillante y enterado en este tema… ni en nada, en realidad.
Naruto se ofendió y le dio un puñetazo a la mesa.
—¡Yo siempre he sido observador en las cosas del amor, teme!
—No.
—¿Qué dices?
—Ni siquiera sabes cuando le gustas a una chica.
—¡Claro que sí!
—Baka, te tomó seis años darte cuenta de que Hyuuga Hinata estaba enamorada de ti —le mencionó Sasuke, entornando los ojos.
—¿Hinata enamorada de mi? —se asombró el chico, sin poder creérselo.
Sasuke suspiró.
—¿¡Es eso cierto! —insistió el rubio, ya comenzando a desesperarse.
—Eres un idiota —Sasuke dejó el dinero sobre la mesa, dejando a Naruto más confundido que nunca en su vida.
—¡OI, TEME, VUELVE AQUÍ!—escuchó que le gritaba desde la distancia—. ¡HAY ALGO QUE NO ESTOY ENTENDIENDO—TEME, TEME!
—¿Entonces, tú y Sasuke-kun están saliendo? —le preguntó Ino, en el mismo plan de entrometida que Naruto.
—¿Uchiha y yo juntos? —repitió Sakura, haciendo una mueca como si la sola idea la asqueara por completo—. ¿Estás loca?
—Pero eso es lo que parece —le aclaró la rubia, mientras caminaban por el parque—. ¡Pelean tanto que parecen un matrimonio!
—Eso no es- ¡Espera! —Sakura se detuvo, obligando a su amiga a hacer lo mismo—. ¿Por qué estás hablándome e insinuándome tantas cosas de Uchiha?
—No sé a qué te refieres… —Ino comenzó a jugar con su larga cola de caballo, haciéndose la desentendida—. Yo sólo digo que se verían bien juntos.
—Ino —Sakura parpadeó, suspicaz—. Esta misma mañana estabas empeñada en conquistarlo para interpretar juntos un tórrido romance Icha Icha, ¿y ahora me sales con esto?
La rubia le sonrió divertidamente
—Tal vez ahora ya me gusta tanto, niña-frente.
—¡Ino-cerda! ¿Acaso te gusta alguien más? —le preguntó la kunoichi, sorprendida por este cambio tan repentino—. ¿Quién es?
—Te vas a reír…
—¡Claro que no!
Sakura se sintió feliz por Ino. Al fin se interesaba por otro chico, con el que de verdad tenía una buena oportunidad. Por lo menos una de las dos era feliz, ya que lo que respectaba a ella, no podría estar más confundida en ese aspecto.
—¡Y ahora tú tienes que ir por Sasuke-kun! —le dijo la rubia de la nada, mientras regresaban a casa—. Antes de que alguna de las arpías de su club de fans te lo quite.
—Hn, como si me importara —Sakura se cruzó de brazos y siguió caminando. Notó que Ino se había detenido y se volteó hacia ella—. ¿Qué?
—Acabas de hablar como él —le contestó, tranquilamente.
—¿Cómo quién? —le preguntó, frunciendo el ceño.
—¡Pues como Sasuke-kun!
—¡Claro que no! —la cara de Sakura comenzó a mimetizarse con su pelo rosa—. ¡No sé de que me hablas, Ino! Estas tan extraña…
—Aw, ¡el pequeño y simplónretoño de cereza está al fin floreciendo! —comentó la rubia con aire soñador, mientras le pellizcaba la mejilla. Sakura afiló sus ojos verdes.
—Ino…
—¡Sólo bromeo! —Ino tomó un rumbo distinto al de su amiga, mientras esta murmuraba cosas muy poco agradables hacia ella—. ¡Nos vemos mañana, frentona!
—¡Ja ne, cerda! —se dieron un corto abrazo y Sakura siguió su camino, perdiéndose en la oscuridad de la noche.
Ino se quedó esperando a que la chica se alejara aún más y sólo cuando dejó de sentir su chakra, hizo una seña.
Una figura salió de los arbustos y se paró frente a ella.
—¿Cómo va todo?
—No muy bien —admitió, desanimada—. Creo que a Sakura le gusta un poco, pero no es capaz de reconocerlo aún. ¡Esa frentona!
—El teme ni siquiera reconoce que le gusta —Naruto se cruzó de brazos y puso cara de incredulidad—. No pude hacer que hablara nada hoy en el almuerzo.
—Pues con Sakura no me fue mucho mejor…
Los dos rubios suspiraron abatidos, mientras pensaban como hacer que sus mejores amigos le hicieran un favor a la aldea y se emparejaran de una vez por todas. ¿La razón? Pues, aunque admitían que sus constantes peleas fueron divertidas al principio, se estaban hartando; y es que siempre alguien resultaba herido sicológica y/o físicamente (sobretodo si involucraba a terceros, que le estuvieran coqueteando de forma descarada a alguno de los dos) y por ende, eran ellos los que tenían que actuar como consejera sentimental y pañuelo de lágrimas… o como forma de desquite, en el caso de Naruto.
—Hay que unir a estos dos, cueste lo que cueste —dijo Ino, blandiendo el puño. Naruto asintió, emocionado—. ¡Hay que hacer un plan para juntar a Sasuke-kun y a la frentona cuanto antes!
—¡El plan perfecto para unir a Sakura-chan y al teme, 'ttebayo! —la apoyó, alzando el puño hacia arriba.
El ruido de su estómago interrumpió aquel momento solemne.
—¿Pero podemos comer mientras ideamos el plan?
Ino se llevó una mano a la frente.
—No entiendo cómo puedes gustarle tanto a la buena de Hinata.
—¿Tú también estás con eso? —preguntó Naruto—. ¡El teme me dijo lo mismo en la mañana!
—Vamos a comer, Naruto —Ino lo tomó del brazo y lo arrastró por la calle—. Tenemos mucho que aclarar.
—¡Como por ejemplo por qué Hinata está enamorada de mi!
—Sí, también eso.
—¡Sí! —Naruto señaló un lugar particular—. ¡Hay una oferta de tres ramen por el precio de dos y—!
—¡No ramen, Naruto!
Sasuke estaba agotado. Había sido un día bastante agitado para él y lo único que quería era descansar y despejar un poco su mente. Abrió la puerta de su antigua mansión, esperando encontrarse con un desastre. Pero para su sorpresa, todo estaba limpio y reluciente.
Había olvidado lo maniática del orden que es Sakura, Sasuke entró, tirando las llaves a cualquier lado y apagando las luces tras de él, hasta llegar a su cuarto. Se arrojó sobre la cama, pero al instante frunció el ceño y se levantó de un salto. Las sábanas, las mantas, las toallas, la ropa—su ropa, absolutamente todo tenía impregnado el delicado olor de Sakura. Bufando con irritación, comenzó a recoger las cosas con toda la intención de lavarlas hasta que esa maldita y exquisita fragancia se desapareciera por completo.
Sacó su ropa del armario e inevitablemente tomó una de sus camisas y la olió, cerrando los ojos. Rápidamente se dio cuenta de lo que estaba haciendo y la dejó junto con las otras cosas. Al parecer, haber estado en el cuerpo de la chica por todos esos días lo había afectado de sobremanera, por lo que no podía dejar de pensar en ella. Aunque era lógico, es decir, no todos los días uno se despertaba en el cuerpo equivocado como si fuera lo más normal del mundo. Debía ser solamente el efecto de la sorpresa que había pasado, o quizá una mala jugada de sus hormonas. ¿O acaso había algo más?
Sin pensar más en eso, cogió toda la ropa y algo que estaba entre ella cayó al piso, llamando la atención del Uchiha.
—El diario de Sakura… —torció ligeramente la boca en cuanto recordó todas las cosas que había leído sobre él—. Debo devolverlo antes de que se de cuenta de que no está.
Y es más, ahora mismo lo iba a hacer.
Sakura salió de su baño envuelta en una toalla, mientras se secaba el pelo con otra más pequeña. Ahora se sentía mucho mejor, un relajante baño de tina era justo lo que necesitaba. Se sentó al borde de la cama, mientras se cepillaba el cabello y meditaba un poco. Tristemente, Sasuke tenía razón en algo: Aún conservaba algo de la niña débil de hace algunos años. A pesar de todos sus esfuerzos, ya no tenía caso negarlo; seguía enamorada de ese bloque de hielo humano.
Sonrió amargamente ante ese pensamiento, mientras estiraba el brazo hasta uno de los cajones para alcanzar su diario y desahogarse un poco. Era mucho más saludable que ahogarse en alcohol como su shishou o comer kilos de chocolate, después de todo. Pero se sorprendió al darse cuenta de que no estaba allí. En circunstancias normales, se habría desesperado por el terror de que alguien leyera y descubriera sus pensamientos más íntimos (sobretodo hacia cierto moreno) y habría dado vuelta toda la casa hasta encontrarlo. Pero en ese momento, se sentía tan cansada que ni ganas tenía de buscarlo. No podía estar en ninguna parte más que en su cuarto.
—Ya aparecerá por la mañana… —media dormida, rebuscó en sus cajones cualquier cosa para dormir y se acostó maldiciendo a Sasuke y a todo el clan Uchiha hasta que se hartó y durmió.
—Todo es por culpa de ese idiota —murmuró enfadada entre sueños, dándole un puñetazo a un peluche cerca de ella, que salió disparado hasta el otro lado de la habitación—. Él es el que siempre me causa problemas a mí, no al revés…
Sasuke apareció en el balcón de la chica, con la esperanza de que estuviera dormida y así poder devolver el diario sin que se diera cuenta y sin explicaciones. Se alegró al ver que estaba acostada y aparentemente dormida; Sakura debía estar tan cansada que no reaccionaría ante su chakra y, si lo hacía, tampoco le daría suficiente importancia.
Ya iba a retirarse, cuando notó que algo era arrojado con fuerza hacia la pared.
¿Un enemigo?
—¿Qué fue eso? —se preguntó el chico, ya que la oscuridad no le permitió distinguir nada. Activó su sharingan para rastrear cualquier movimiento extraño, pero no notó nada fuera de lo normal. Empezó a pensar que ya le estaba dando demasiada importancia al asunto, cuando un chillido lo distrajo.
¡Sakura!
Rápidamente abrió la ventana y entró sigilosamente al cuarto, armado con un par de kunais y shurikens en cada mano, y el Sharingan aún activado. Nada más al entrar, sintió un agradable aroma por todo el lugar que dejaba en claro que la chica había salido de la ducha hacía muy poco. Rápidamente, se dirigió hacia la cama de la kunoichi para ver por qué había hecho tanto escándalo, y cuando quedó en frente de ella, sus armas casi caen al suelo de la pura impresión.
Sasuke sintió que toda su sangre comenzaba a acumularse en un solo lugar, en cuanto tuvo una total y muy nítida vista de su compañera; Sakura estaba de lado, abrazando una almohada, que para desgracia del Uchiha se encontraba entre sus piernas, dejando ver un poco de su ropa interior en esa posición. El Uchiha tragó con dificultad, pero decidió dejar de mirar a la chica de forma tan descarada; pero el largo pelo cayendo sugerentemente sobre la blanca y cremosa piel de sus hombros y pecho no le permitía apartar la mirada.
¡Maldición! Sasuke sacudió la cabeza, tratando de alejar de su cabeza cualquier pensamiento que involucrara a Sakura.
¡Maldecía a Kakashi por prestarle esos libros pervertidos, maldecía a Naruto por convencerlo de leerlos, y sobretodo maldecía a Sakura por tener este efecto en él, después de haberlos leído!
Dirigió una mirada cargada de odio hacia la chica, que en ese momento tenía una angelical sonrisa en el rostro y dormía pacíficamente, completamente ignorante a la molestia de Sasuke. El Uchiha entornó los ojos, recriminándose su propia idiotez. Llevó una mano a su bolsillo trasero, sacando el pequeño diario para dejarlo en donde correspondía, pero luego detectó un problema; El diario iba en al cajón justo al otro lado de la cama, por lo que tendría que pasar por arriba de Sakura para dejarlo en su lugar. Mierda.
Suspirando, decidió dejar a sus hormonas de lado por un momento y dejar el maldito diario en su lugar. Subió a la cama sigilosamente, con cuidado de no despertarla y estiró el brazo para dejar el pequeño libro guardado. Sakura se volteó, murmurando y balbuceando algo incomprensible para el Uchiha.
—Sasuke-kun… —murmuró la chica entre sueños, distrayendo completamente al aludido—. Bastardo idiota y arrogante, ¡te odio!
Toda la ternura que había sentido por la chica se fue al demonio, después de eso último.
Enfadado, quiso levantarse, pero los brazos de la chica rodearon su cuello y lo acercaron hasta ella, quedando a sólo unos escasos centímetros de su boca. Si no se hubiera apoyado en sus rodillas y manos, hubiera quedado por completo sobre ella. Sus ojos ahora escarlatas, se posaron en sus labios entreabiertos, su cuello, y de ahí no pudo evitar bajar más. Inconscientemente, el Sharingan memorizó cada mínimo detalle de su piel; sus curvas, su estrecha cintura, sus piernas…
Sasuke cerró los ojos con fuerza, tratando de concentrarse en lo que realmente había venido a hacer. Con un movimiento casi desesperado, trató de incorporarse apoyándose en sus manos y sus rodillas, pero una de estas aplastó la pierna de la chica, haciendo que se despertara de golpe Lo primero que vio fue un par de ojos rojo mirándolo fijamente y una silueta totalmente acostada sobre ella. A la mente de Sakura sólo se vino una palabra: Pervertido potencialmente violador.
—¡Mmph! —Sasuke le tapó la boca y mantuvo sus brazos y piernas quietas, tratando de calmarla. ¡Cómo alguien que se veía tan pequeño y frágil podía tener una fuerza tan monstruosa como esa!
—¡Sakura, tranquila, soy yo! —le dijo, mientras la chica lo reconocía y detenía los golpes y patadas. Sasuke se quitó de encima.
—¿¡P—Pero qué mierda haces aquí! —inquirió furiosa y con el corazón latiendo agitadamente debido al susto. Se incorporó para prender la lámpara junto a ella—. ¡Eres un psicópata!
—No digas estupideces —masculló el chico, haciendo esfuerzos para apartar la mirada de ella—. Sakura, todo esto es un gran malentendido. Hay una explicación lógica, pero mejor hablamos por la mañana.
—¡No, espera!
Sasuke se levantó lo más rápido que pudo, dispuesto a salir de esa incómoda situación lo más rápido posible. Pero al hacerlo, un pequeño libro cayó de su bolsillo frente a los ojos de una sorprendida Sakura; era un pequeño libro color rosa e increíblemente parecido a su diario de vida, que albergaba secretos que ni siquiera Ino sabía.
Unos ojos verdes resplandecieron con furia.
Sasuke palideció ante la mirada cargada de odio que le enviaba la kunoichi, y por primera vez en su vida…
Reconoció que sentía miedo de ella.
