Aquí les traigo el capítulo terminado. Espero que lo disfruten. Me gustaría poder escribir otro capítulo para hoy o mañana, pero la verdad no me será posible. Gracias, nuevamente, a todos los que leen esto y también a quienes dejan reviews =)

Cariños

Cani.

Tenía un nudo en el estómago y sus nervios estaban alteradísimos. Hace al menos cinco minutos ya que se encontraba parada frente a la puerta, pero a pesar de ser una Gryffindore no pudo actuar como tal, y no recaudó la valentía suficiente como para elevar el puño y golpear la puerta. Levantó la mano, inspiró, exhaló y volvió a bajarla. Frunció los labios frustrada y cambió la distribución de su peso al otro pie. "No seas estúpida Hermione" Pensó "No puede ser tan terrible ¿O sí? No, definitivamente no. ¡Usa tu raciocinio! Vamos, uno, dos y… ¡Por Merlín! No puedo, es que simplemente no puedo hacerlo." Cerró los ojos con fuerza nuevamente confundida, presionándose por un lado a levantar de una vez por todas el brazo y golpear la maldita puerta, y por otro a correr con cobardía y negarse a la petición del director. "No puedo hacer eso: no sería correcto, después de todo esto es únicamente por MI salud. ¡¿Pero es que no debería estar capacitada Mme. Pomfrey para ayudarme? Vamos, te estás comportando como una tonta. Soy Hermione Granger, una madura chica que enfrenta cualquier situación que se le presenta con astucia, madurez, inteligencia y valentía. ¡Eso es!, fue suficiente de este ridículo espectáculo!" Por fin se decidía a golpear la madera cuando una grave voz sonó al interior.

-Señorita Granger, ¿Por qué no deja de perder el tiempo y entra de una vez?- Hermione se sorprendió por el comentario del profesor y obedeció.

-Buenas tardes, profesor Snape.- Saludó una vez adentro.

-Querrá decir buenas noches.- Le corrigió.- Dígame, Granger. ¿Suele meditar con las puertas o es sólo que estaba pensando en cómo decir su "acertado" saludo? Déjeme recomendable que la próxima vez que se quede parada como una verdadera tonta frente en la entrada para reflexionar sobre las palabras a utilizar, intente al menos no errar. ¿Repetirá nuevamente el espectáculo o se decidirá por sentarse frente a mi escritorio? No voy a mandarle una invitación si es eso lo que espera.

-Lo siento, señor.- Dijo rápidamente Hermione apresurándose a posicionarse en la negra silla que enfrentaba al sarcástico profesor.- ¿Pero cómo es que usted supo que…?

-Para comenzar, Granger, no diremos que usted es precisamente la reina del silencio, y déjeme informarle que cuando un objeto se enfrenta a alguna fuente de luz proyecta una sombra visible para el resto de los mortales. Y por si lo olvidaba, estaba arreglado que usted llegaría a esta hora.- Hermione sabía que el único fin de las palabras de Severus Snape era molestarla, pero a pesar de estar al tanto de ello, el hombre lo había logrado: Se sentía verdaderamente humillada y estúpida. Al desviar la vista hacia su izquierda pudo ver cómo un sillón de tres cuerpos era cubierto por una frazada verde y una almohada negra.

-¿Es allí donde dormiré?- Preguntó temerosa de la próxima respuesta que el profesor podría enviarle.

-Debo admitir que me encantaría, mas, lamentablemente el director no estaría satisfecho con mi decisión: Usted dormirá en mi habitación.

-¿En su… habitación?- Preguntó Hermione shokeada.

-Eso he dicho, ¿Es que no ha oído? ¿Cuántas veces debo decir las cosas, Granger?

-Una sola vez, profesor. Lo siento.

-Creo que demás está decirle que tiene terminantemente prohibido tocar, tomar, husmear y observar mis pertenencias. ¿Entendido?

-Sí, profesor.

-Las cosas serán simples, espero que su coeficiente sea suficiente para comprenderlas.- Hermione entrecerró los ojos comenzando a cansarse de aquel abuso verbal.- Un elfo domestico se encargará de traer sus comidas.- La chica asintió prestando verdadera atención a sus palabras; procurando no olvidar ningún detalle, por pequeño e insignificante que fuera. Mas, a pesar de su atención no era capaz de mantenerle la mirada, por lo que se limitó a clavarla en los papeles excesivamente ordenados que reposaban sobre el escritorio. Días más tarde sabría que aquel aparente orden no era más que una fachada provisoria.- Respecto al baño, lo hallará junto a la puerta de entrada de la habitación, la cual está a mis espaldas.- Hermione desvió la vista al objeto mencionado.- Debe saber que no toleraré ruidos molestos, desordenes, intromisiones ni faltas de respeto de ningún tipo. Téngalo en cuenta y no tendremos problemas.

-Sí, profesor.

-Puede ir a su… mi habitación. Allí encontrará su baúl y el resto de sus cosas.- Hermione asintió en silencio y se puso de pie, caminando nerviosa hacia la puerta de lo que probablemente era lo más cercano al refugio de su profesor. Puso la mano sobre el pomo dispuesta a abrir la puerta, per la voz del profesor la detuvo.- Si necesita algo, no dude en llamarme.- Dijo con frialdad el hombre, mas a pesar de ello Hermione estaba impactada por el significado de sus palabras: De alguna manera estaba ofreciéndole su ayuda.

-Gracias, profesor.- Dijo sin obtener respuesta oara luego entrar a la desconocida habitación y cerrar la puerta tras de sí. "Con que éste es el desconocido mundo del oscuro y temido profesor de pociones" Pensó con la espalda aún pegada a la madera. Un librero simple de oscura y fuerte madera se encargaba de abrazar una gran colección de libros de tamaños, formas y colores diversos. Hermione se sintió tentada a acercarse y observar aquellos tesoros que tenían para ella un incalculable valor, y quizás tomar uno que otro para ojearlo con tranquilidad, pero recordó a tiempo las palabras del hombre: después de todo, no se trataba de una biblioteca ni mucho menos. Sin moverse de su posición paseó su mirada por la habitación con la respiración entrecortada y el corazón latiéndole un poco más rápido de lo común.

Junto a un amplio sillón de cuero negro una chimenea de madera tallada aún guardaba en su interior tibias brazas salpicadas de rojo vivo. Él había estado allí, y hace no demasiado puesto que el fuego recién había sido apagado. La imagen de su profesor sentado allí junto al calor de la chimenea inquietó a Hermione. Algunos escasos metros más allá relucía una cama cubierta de telas verde oscuro, pero si era sincera, lo que llamaba su atención no era aquella impecable cama que no parecía ser usada, ni aquel oscuro sillón que desprendía un hipnotizante aroma a menta y pergamino nuevo. Tampoco los llamativos libros apoyados en aquella admirable madera, o la recién apagada chimenea. Lo que en realidad se robaba descaradamente la curiosidad de Hermione era una pequeña mesita circular ubicada a los pies de la cama. Sobre ella se divisaba un grandioso juego de ajedrez hecho de vidrio, una fotografía en la que aparecía un Albus Dumbledore mucho más joven sonriendo y llevándose un caramelito de limón a la boca y una reluciente planta de Lilium presumiendo de una solitaria pero hermosa flor naranja. Se sintió tentada a acercarse y observar cuidadosamente aquella vieja fotografía sujetándola entre sus manos, o con las suaves yemas de sus dedos acariciar los delicados pétalos de la flor, mas, sabía que un acto como aquel sería prácticamente un suicidio. Con su mano izquierda tomó el colgante de su cuello.

"Quizás, después de todo Dumbledore tenía razón: No hay luz sin oscuridad, ni oscuridad sin luz. No logró entender si no, cómo es posible que alguien frío y misterioso como el profesor Snape pueda tener y cuidar una flor tan hermosa como esta. Respecto a la fotografía y el ajedrez, no debiese ser nada fuer de lo común, pero sigue siendo extraño. La verdad, no logro imaginarlo allí sentado junto al director, jugando y riendo. ¿Qué secretos esconderán esos ojos profundos si tan sólo una simple y normal habitación no logra ocultar un trozo sentimiento y cotidianidad? ¿Serán los muros del profesor quebrantables? ¿Cómo sería… qué se sentiría ahogarse al menos un segundo en aquellas desconocidas profundidades? ¿Conoceré alguna vez quién es este hombre, o en su tumba ocultará su misterio? Hermione, por Merlín y toda su familia, ¡Es tu profesor! No es un hombre al que debas conocer. Es, y debe ser siempre para mí un ente desconocido, una mancha borrosa, una incógnita imposible de descubrir. Ya olvídate de todo este asunto" La puerta sonó sacándola de sus cavilaciones.

-¿Granger? Su cena está lista, salga.- Ordenó con frialdad Severus Snape desde la otra habitación- No me preocuparía matarla de hambre, pero dudo que Dumbledore y Mcgonagall compartan mi manera de pensar.- Hermione abrió la puerta y se encontró a una coqueta elfina sosteniendo una bandeja.

-Señorita Granger.- Dijo tendiéndole lo que sus brazos sujetaban.

-Gracias.

-Señorito Snape, con su permiso me retiro.- Dijo el gracioso ser antes de salir provocando que los vasos capilares de la frente del profesor se dilataran.

-Qué señorito ni que…- Vio Hermione que Snape mascullaba por lo bajo con los dientes y los puños completamente apretados, siendo comprensibles apenas algunas palabras- ... desquiciada criatura… cree….yo…- La chica ya con la comida en su poder se giró para entrar en la habitación y comer con tranquilidad.- ¡¿A dónde cree usted que va, Granger?- Tronó el profesor notoriamente molesto.- ¿No creerá que permitiré que ensucie con ese desastre de menjunje mis habitaciones?

-Lo siento, profesor. Este… yo… pensé que…

-¡Pues pensó mal!- Gruñó el hombre interrumpiéndola. "Sin duda alguna vienen días difíciles", pensó por su parte Hermione.

-¿Dónde se supone que debo comer entonces?

-¡En el baño!- Dijo irónicamente el profesor.- Qué pregunta más estúpida ¿Dónde podría ser?, ¿No se le ocurre a su "brillante" cabeza que quizás, sólo quizás, podría sentarse en el escritorio que se encuentra vacío como cualquier otro mago con una gota de sentido común y cenar civilizadamente? ¡Use la cabeza, Granger! ¿O es que sólo la tiene para memorizar un montón de palabras vacías sacadas de un texto escolar? Usted es la clara muestra de que existe una enorme diferencia entre la inteligencia y la memoria. Claro, esto sin mencionar que…

-Entendí.- Le cortó Hermione al borde de la razón, prácticamente lanzando la bandeja sobre la mesa y sentándose con brusquedad, cansada de que su profesor de desquitara con ella. Snape alzó burlesco una ceja como única reacción.-Y la verdad, profesor, usaba MI inteligencia para suponer que USTED sería consecuente con SUS acciones y preferiría mantenerse lo más lejos posible de mí, deseando que no coma en la misma habitación en que se encuentra. Siento no poder leer su pensamiento.- Contraatacó la chica sin pensar demasiado en lo que acababa de hacer. Snape clavó la vista en su alumna entrecerrando los ojos y dando un paso hacia ella. La mirada de odio puro que le dirigió hiso que Hermione inmediatamente se arrepintiera de lo dicho.

-Diez puntos menos para Gryffindore por su insolencia.- Murmuró arrastrando las palabras. Acto seguido tomó su pluma, se sentó frente a Hermione, tomó un pergamino del montón que descansaba sobre la esquina derecha y se perdió en los exámenes que quedaban por corregir.

El denso silencio del lugar sólo se veía interrumpido por el rasgar de la pluma en el papel y por los cubiertos sobre el plato. Hermione estaba verdaderamente frustrada debido a que su comida no era ni más ni menos que tallarines, y el brillante elfo doméstico no había recordado llevar un cuchillo. Así, cuando Severus Snape levantó la vista pudo encontrarse con una Hermione Granger cubierta de salsa, con los ojos abiertos al encontrarse con los de su profesor, con las mejillas rebosantes de comida y con varios tallarines escapando por entre sus labios. El profesor alzó una ceja.

-Lo siento.- Dijo Hermione aún con la boca llena, obteniendo como resultado un cañonazo de comida por sobre los exámenes que el profesor se encargaba de corregir. Se tapó la boca con los ojos como platos, y luego escondió su cabeza en sus manos, realmente avergonzada. Severus Snape se levantó furioso de su asiento.

-¡Ahora sí que comerá en el baño, Granger!- Chilló.- No lo dude, y retírese inmediatamente.- A pesar de que Hermione no había terminado no replicó, y como quien escapa de un dementor se puso de pie y prácticamente trotó hasta la habitación del profesor.

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-Esa mocosa…- Murmuró Snape dos horas más tarde, aún recordando el incidente. Esperaba que la chica ya se encontrara plácidamente dormida, y que no estuviera escudriñando SUS cosas. Mientras maldecía a la muchacha, al trío de oro, a Dumbledore, a Bellatrix, a Voldemrot, a Merlín y a toda la historia de la magia y sus implicados, la puerta sonó. Frunció el ceñó y con los dedos índice y pulgar de la mano derecha se masajeó las sienes: A esa hora sólo podía ser una persona, y si se tomaba el tiempo de golpear a la puerta, no debía ser realmente urgente.- Adelante.- Dijo con voz suave, sabiendo que de cualquier modo le escucharía.

-Muchacho.- Saludó el director mientras pasaba por la puerta.

-¿Qué sucede?- Preguntó Snape cortante.

-Bueno, primero que todo, debido a que como supuse ni tu ni yo podemos dormir esta noche- algo nada nuevo para ti- sería un buen momento para conversar. Sabes que existen ciertos asuntos que debemos tratar y es favorable el hecho de que Hermione duerma; no me parece necesario que se entere: sólo lograríamos preocuparla.

-Si es así, ¿Por qué no tratamos dichos asuntos en tu despacho?- Preguntó el profesor pareciéndole estúpido el razonamiento del director, puesto que la joven podía despertar en cualquier momento, y eso si estaba dormida.

-Porque no quiero que la dejes sola innecesariamente. Por cierto ¿No has sido muy duro con ella? Recuerdo haberte pedido explícitamente que intentaras hacerla sentir cómoda.

-La he tratado como se merece.

-Espero que eso sea un "bien"- Snape sólo gruñó.- ¡Qué tal si mientras conversamos jugamos algún juego de mesa? ¿Ajedrez, quizás?

-Siento desilusionarte, pero sabes que lo guardo en mi habitación, que como bien sabes se encuentra invadida por cierta dormilona. – El director frunció el ceño, pero luego, relajándose soltó una carcajada.

-No hay problema, debe estar cansada, no va a despertarse. ¿Podrías entrar y sacarlo?

-Tú y tus ideas.- Dijo el hombre de negros cabellos refunfuñando por lo bajo mientras se ponía de pie.

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El olor de las sábanas, la soledad de la habitación, el calor de la chimenea… Todo era demasiado nuevo y la hacía sentir lo suficientemente incómoda como para no lograr dormirse. No sabía cuánto tiempo había pasado cuando sintió que sonaba la puerta del despacho del profesor Snape: Era Dumbledore. Había seguido atenta su conversación cuando sintió los pasos del temido hombre acercándose a la puerta. Cerró los ojos con rapidez e intentó acompasar su respiración, entreabriendo los labios.

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Severus Snape abrió con cuidado la puerta y aliviado se encontró con su alumna durmiendo profundamente. Sin demasiado esfuerzo debido a la práctica, se acercó sin hacer ruido y tomó el tablero. Con el mismo cuidado con el que lo había tomado, salió del lugar, cerró la perta y volvió al escritorio junto a Dumbledore. Como siempre, el director tomó las piezas blancas y Snape las negras.

-¿Qué es lo que quieres decirme?

-Ya te he mencionado las propiedades generales de la maldición recibida por Hermione, pero he estado investigando y hay ciertas cosas que debes saber.- Dijo el anciano con preocupación.- Sabes que está bajo tu responsabilidad encontrar la manera de que se rompa la maldición, y también debes preocuparte del proceso y el avance de esta mientras te encargas de finalizarla.

-Sí, lo sé, Albus. Pero ¿A qué quiere llegar con todo esto?

-No…- Dijo el anciano sin poder continuar. Bajó la cabeza y escondió el rostro entre las manos, apoyando los codos sobre la mesa. Snape comenzó a preocuparse.

-Señor…- Murmuró.

-No hay demasiado tiempo.- Dijo al fin el director sin levantar la mirada.

-¿Qué quiere decir?- Dumbledore clavó su apenada y preocupada mirada en los negros y profundos ojos del hombre.

-Tienes un mes para sanar a Hermione.- Dijo al fin.

-¿Qué pasara si no…?

-Entonces ya no estará con nosotros.- El inescrutable rostro del profesor Snape reveló un notorio rastro de preocupación y dolor.

-Señor, no sé si pueda…- Dijo con un hilo de voz.

-No hay más opción, Severus. Lo sabes.- Un silencio denso invadió la habitación y durante algunos minutos ninguno dijo palabra alguna.- Debes saber que su salud irá empeorando. Es posible que comience a sentir fuertes dolores, fiebre e incluso algunas heridas podrían abrirse a lo largo de su cuerpo. Como ya sabes, los primeros días experimentará fuertes cambios de humor, e incluso podría nacerle la necesidad de dañar al resto.

-Haré todo lo que esté en mis manos.- Dijo con solemnidad el profesor.

-No lo dudo muchacho, no lo dudo. Sólo espero que aquello sea suficiente para salvarla.- Severus asintió.

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Hermione lamentaba haber oído aquella conversación. Después de todo, ella había sido la responsable, pero no podía evitar sentirse asustada. Una lágrima cayó de sus ojos y desató una cascada. Si bien jamás le había tenido un miedo especial a la muerte, tampoco esperaba que estuviera tan cercana. Así, caminando forzadamente con un pie en los oscuros caminos de la muerte, y aferrándose con el otro a la vida, intentaba controlar el llanto y la desesperación para no alarmar a los dos hombres que habían traído con su suave voz el terror.

De algo estaba segura: No lograría dormir, ni esa noche, ni la siguiente.