. Sí, lo sé, me he demorado mucho en subir, pero es que para escribir fanfic siempre me inspiro con la pareja al leer otros fanfics, y como no he encontrado ninguno que seguir este último tiempo, he perdido inspiración. Se agradecerían ideas =)
Cariños y gracias a los lectores
Cani
Hermione no había conseguido dormir absolutamente nada durante la oscura noche que ahora se escondía en los vestidos celestes del día. Sentía los ojos pesados e hinchados y el cuerpo cansado. A pesar de que las tripas le sonaran por haber pasado tantas horas despiertas sin alimentarse, no sentía gana alguna de llevarse bocado a la boca. Seguía sintiéndose asustada y sola, mas ¿En quién podía confiar? No quería preocupar, ni mucho menos poner en riesgo a sus amigos, además del hecho de que no podría dar un solo paso más allá de la puerta del despacho del profesor. Dumbledore estaba descartado ya que ella no debería haber estado escuchando la conversación de la noche anterior, y el profesor Snape no era una opción a considerar, y no sólo por el hecho anterior, si no simplemente porque lo consideraba un acto suicida. Era cierto que no le gustaba dejarse llevar por prejuicios y andar hablando y pensando mal de la gente, pero mantenerse neutra, o al menos de manera relativa, frente a las opiniones que podrían formarse sobre su profesor, aquello no quería decir que sintiera la confianza de correr a contarle sus problemas existenciales, los temores que no la dejaban dormir, o el simple hecho de que no pudiera realizar dicha acción básica.
Suspiró frustrada y miró su reloj: 6 en punto. Aún era demasiado temprano como para salir de la habitación, por lo que se sentó sobre la cama abrazándose las piernas. ¿Cuándo terminaría aquella pesadilla? ¿Terminaría pronto con un final en el que ella acabaría estresada pero viva ahogada en medio de su rutina de siempre, o con otro alternativo en el que ella se vería en un mes acostada dentro de un largo cajón de madera? La soledad de la habitación no ayudaba en nada a calmar su mente, y el silencio era otro factor que se unía en el complot para hacerla pensar y preocuparse aún más. Quizás, aunque molestas, las burlas del profesor podrían servir para olvidarse un momento de todo el delicado asunto que la acechaba; aunque no se sentía muy cómoda admitiéndolo, esperaba que el profesor despertara pronto para así sentarse junto a él como arco para sus tiros.
Volvió a mirar el reloj: 6: 02. "No seas estúpida, Hermione" Pensó. "No puedes controlar el tiempo". Exasperada por el paso lento de las agujas del reloj se puso de pie con cuidado de no hacer ruido y caminó hasta el baño. Una vez dentro, se encontró con su rostro reflejado en un pequeño espejo circular de madera oscura. Como ya sospechaba, negras ojeras adornaban sus ojos y una palidez inusual se encargaba de darle un toque moribundo a su rostro. "No puedo salir así. ¡Por Merlín! ¡¿Pero qué pretendo? No puedo quedarme todo el día acá encerrada." Siguió observándose desconfiada y notó que sus labios amenazaban con camuflarse en medio de su piel. "Luzco horrible". Pensó justo cuando sintió que un envase de vidrio se quebraba en la habitación continua. El sonido la dejó petrificada. "¿Acaso estará despierto? ¿Habrá entrado alguien más? ¿Estará el al tanto si es así?" Pensaba mientras se debatía entre entrar en la habitación o no hacerlo. Finalmente, decidida (o quizás no tanto) caminó hacia la puerta y afirmó el pomo.
-¿Profesor?- Dijo asomándose temerosa.
-No, el monstruo del lago Ness. ¡Por supuesto que soy yo, Granger! ¿Qué esperaba?
-Yo… Este… pensé que quizás… Fue sólo que yo… No importa- Bufó
-¿Qué hace despierta a estas horas?- Preguntó el hombre de negros cabellos entrecerrando los ojos. Hermione iba a contestar cuando la masculina voz volvió a interrumpirla.- Déjeme adivinar. Por cómo está su cara diría que no ha logrado dormir en toda la noche.
-Y no se equivoca.- Soltó Hermione a lo que Snape abrió los ojos sorprendido. Segundos luego la chica se arrepintió: Quizás ahora tendría que dar explicaciones.
-¿Se encuentra bien Granger?
-Sí profesor. – La chica se sintió tentada a contarle todo lo sucedido, pero pronto recordó con quién estaba hablando y desistió.
-Ya que está despierta mandaré a un elfo a traerle el desayuno, mientras tanto puede bañarse y vestirse. No tengo que decirle dónde está el baño.
-Sí, gracias profesor.
-¿Qué espera?- preguntó el hombre al verla parada frente a él.
-Yo… Lo siento.- Hermione desapareció por la puerta y se dirigió a su baúl. Tomó de allí una tenida cómoda (no necesitaría del uniforme) y sus útiles de aseo y caminó hasta el baño. Sin pensarlo demasiado, pero sintiéndose algo incómoda al imaginar que allí también se aseaba su profesor prendió el agua y se metió. Estuvo algunos minutos revolviendo su ahora espumoso cabello, y otros más desenredándolo. Acto seguido, luego de jabonarse rápidamente, cortó el agua y corrió la cortina.
"¡Mierda!" Pensó al darse cuenta de que no había llevado su toalla, y que no había ninguna en el baño que pudiera usar. "¡No, por Merlín! ¿Qué hago ahora? Ni siquiera tengo mi varita para usar un hechizo secante. Podría utilizar el papel higiénico, pero eso sería algo verdaderamente estúpido y desastroso."
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Severus Snape acaba de ordenar a un malhumorado elfo doméstico que trajera algo de comer cuando un extrañó sonido lo distrajo. Agudizó el oído y volvió a escucharlo, aunque no lograba distinguir de qué se trataba. La tercera vez el sonido llegó claro a sus oídos, y pudo distinguir en aquella voz femenina su nombre. - ¿Profesor?- Se escuchaban los gritos de la alumna. El hombre preocupado por lo que podría estar sucediendo se apuró a entrar en su habitación.
-¿Granger?- Preguntó una vez dentro.
-Profesor.- Escuchó que la voz provenía del baño.- He sido realmente estúpida, lo sé y no tiene que recalcármelo, pero no tengo más opción que pedirle un favor enorme.
-¿De qué se trata?- Preguntó desconfiado el hombre, temiendo las palabras de su alumna.
-He dejado la toalla en mi baúl.- Dijo Hermione apretando el rostro al otro lado de la puerta.
-Oh no, Granger. No esperará que yo…
-Profesor, ¿No creé que es más humillante para mí que para usted? ¿Qué más quiere que haga?
-¡Es usted una incompetente! ¿Es que ni siquiera puede tomar un simple baño sin cometer estupideces? –Snape caminó a regañadientes hasta el baúl, y sin querer entrometerse demasiado en las cosas que su alumna podía tener allí comenzó a buscar: Una túnica, su uniforme escolar, su varita, montones de libros (No le extrañaba), y finalmente llegó; un perturbador sujetador negro. El profesor frunció los labios, burlón a pesar de sentirse incómodo, y continuó con su búsqueda hasta dar con la dichosa toalla. Con ella en las manos caminó hasta alcanzar la puerta, y apenas abriéndola lanzó el objeto dentro sin mirar.
-Gracias.- Dijo una avergonzada Hermione Granger, mientras con rapidez tomaba la tela y cubría su cuerpo.
Veinte minutos más tarde la toalla yacía colgada en la puerta del baño mientras que Hermione, ya con un pantalón y una blusa muggle, se debatía frente a la puerta que daba al despacho de su profesor. Restándole importancia al asunto, y sintiendo como un peso soportable pero aplastante se posaba una vez más en su pecho al recordar la bruma negra que era aquella guerra destructora, tomó el pomo y abrió la puerta.
-Ahí está su desayuno.- Dijo el hombre de oscuros cabellos sin siquiera levantar la vista del escritorio. No se veía cohibido, e incluso Hermione se habría atrevido a decir que lucía tan perfectamente imperturbable como siempre. La habitación estaba oscura, y a penas una solitaria vela insistía en permanecer valientemente encendida en medio de tan dominante penumbra. El silencio, denso y profundo, a penas se veía interrumpido por el sonido de la pluma besando con constancia el papel café que escondía los exámenes realizados apenas unos días atrás. Si bien Hermione se sentía extrañamente envuelta en aquel lúgubre y melancólico ambiente de penumbras, sombras y silencios, mas todo ese espectáculo no robaba atención alguna de la chica si se comparaba con ese hombre misterioso y casi desconocido que lograba mantener su rostro duro y frío como una roca delicadamente tallada. Entonces Hermione, que se había encontrado a sí misma ensimismada con la visión del profesor escribiendo casi despreocupadamente como si solo se encontrara, recordó la embarazosa situación que pasara minutos atrás.
-¿Sucede algo?- Preguntó con frialdad Snape al sentir la mirada de su alumna clavada en la nuca, y entonces, antes de que ella pudiese responder en su susurro liberado con esfuerzo, o de que pudiera siquiera mover pesadamente la cabeza en un intento desesperado por dejar de acaparar la atención del hombre, él pudo notar la leve coloración que las mejillas de su alumna comenzaban a revelar, y en una rápida mirada de soslayo notó también dos pequeñas manos que enredaban sus dedos en una delicada y femenina batalla.- No sea estúpida.- Dijo con más insensibilidad de la que en realidad sentía, adivinando la situación.- El…- Dio una pausa dramática que le resultaba, por supuesto, totalmente innecesaria.- incidente de hace algunos momentos no es nada de lo que deba preocuparse. No es más que un tonto asunto que seguro dará más vueltas de las necesarias en su cabeza adolescente. Tenga en claro que no tengo interés alguno en ver algo más allá de su uniforme escolar, y por ende, no he sido lo suficientemente descarado e insensato como para despegar mi vista de la pared. Ahora le ruego: déjese de estupideces.
-Ni una palabra digo, pero incluso el silencio parece ser suficiente para un bombardeo de burlas.- Susurró la muchacha a la espalda de su profesor, tan débilmente que esperaba él no hubiera escuchado. Su deseo no se cumplió, pero el hombre permaneció casi inmóvil, con el rostro inexpresivo dejando que lo único que diera muestras claras de seguir con vida en su cuerpo fuera su mano rasgando el papel, pretendiendo no haber escuchado lo que acababa de llegar con claridad a sus oídos.
Hermione, algo dolida con las palabras del hombre por lo débil que se encontraba su sensibilidad desde la noche anterior -e incluso desde hace varios años cuando su amigo había aparecido gritando que cierta bestia inhumana había regresado- inspiró inflando el pecho y elevando levemente la cabeza con los labios fruncidos en un vano intento de recuperar su conocido orgullo.
Caminó hacia la bandeja que descansaba sobre el escritorio, la tomó y se dirigió hacia lo que sería su nueva habitación recordando las palabras del hombre la noche anterior, cuando a mitad de camino la conocida voz grave la detuvo.
-¿A dónde cree que va?
-Al baño.- Respondió Hermione sin pensar, notando al instante después de haber soltado las palabras que estás podían o bien sonar completamente estúpidas, o ser una clara burla. Snape mirándola alzó una ceja y frunció los labios. La muchacha no necesitó de ningún otro gesto para volver al escritorio con el rostro evidenciando aún más su humillación.
-Esta vez, Granger.- Continuó el profesor una vez su alumna se hubo sentado frente a él.- procure no escupirme.
Mientras Hermione tomaba lentamente su taza de café caliente, pudo ver por el rabillo del ojo quién era el dueño del examen que Snape se encargaba de corregir. Al divisar aquella letra tan familiar bajó la taza y se concentró en el papel. No se había equivocado, allí, en la esquina superior de la hoja se leía "Harry Potter". El profesor leyó la respuesta a la tercera pregunta, y al ver tal zarza de estupideces no pudo evitar fruncir los labios y entrecerrar el ceño: gesto que no pasó desapercibido para cierta muchacha que reaccionó de igual manera como respuesta a la nueva expresión que se pintaba frente a ella.
-¿Profesor?- Dijo luego de unos momentos, percatándose de algo en lo que extrañamente no había pensado antes.
-¿Qué quiere, Granger?
-¿Qué pasará con mis exámenes?
-Yo se los tomaré: Los respectivos profesores me entregarán los papeles correspondientes.
-¿Y cuándo?- Insistió comenzando a preocuparse por los estudios.
-Dentro de una o dos semanas, aunque puede variar.
-Pero el resto de los alumnos han comenzado hoy.- dijo extrañada. Severus Snape suspiró antes de pasarse una mano por el cabello: No era de sentimentalismos ni palabras dulces, pero de igual modo debía ser cuidado con lo que decía.
-Granger, créame: No sé si estará en estado de estudiar para sus pruebas, es por ello que el director ha decidido darle el tiempo que sea necesario. De cualquier modo, no creo que sea conveniente que les dé tanta importancia. Hay asuntos de mayor prioridad en este momento.
-Lo sé.- Respondió Hermione, pero Snape ya no estaba prestando atención en ella. Había sacado del bolsillo de su túnica un reloj circular, y luego de verificar la hora se paró sin más, y sin soltar palabra alguna caminó hacia la puerta. Hermione miraba atónita lo sucedido: ¿Se iría sin siquiera decir algo?
-Granger.- Soltó de pronto el profesor justo antes de salir por el agujero de la puerta.- si me necesita no dude en llamarme a través de un elfo doméstico. Aunque déjeme pedirle que no cometa la inexactitud de solicitarme si no es realmente necesario. ¿Está claro?
-Sí, profesor.- La muchacha de cabellos castaños terminó con calma su desayuno para luego sacar del baúl su libro de pociones. Consideró recostarse en la cama, pero no se sentía realmente cómoda allí sabiendo a quién pertenecía: Si bien no sentía precisamente miedo, sí era similar a invadir su espacio, y también a la vez sentirse invadida. El olor de su perfume, las suaves sábanas que acariciaron antes la centrina piel del profesor, el mismo techo aplastante escrutado quizás cuántas noches de insomnio por ese par de ojos negros, el mismo sonido de la madera ardiendo en la chimenea, la misma oscuridad de aquella habitación abrazada por el denso oxígeno que ambos respiraban…
Así, abrumada por el constante ataque de sus sentidos prefirió probar suerte sobre el sillón negro del despacho, que aunque seguía siendo tan suyo como la habitación, sí era menos íntimo. Leyó un par de horas, repasando línea tras línea, cerrando los ojos con fuerza en un intento desesperado por retener la información, creando esquemas mentales para que las palabras vanamente escritas cobraran un sentido más poderoso.
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-Harry, ¿Estás seguro de esto?- Pregunto un aterrado Ronald Weasley bajo la capa de invisibilidad.
-Sht, silencio Ron.- Susurró Harry pegado a su cuerpo sin poder cubrir por completo sus zapatos.
-Si Snape llega a pillarnos…
-Ya lo sé, sólo cállate.
-¿Quién anda ahí?- tronó una voz a sus espaldas. Ron trepidaba como un verdadero cachorro asustado mientras Harry deslizaba suavemente la mano bajo su capa para tomar con fuerza su varita. Argus Filch comenzó a acercarse con excesiva lentitud, encorvado y contrayendo la nariz.
-¡Argus!- Se escuchó a Dumbledore a sus espaldas.- Estaba buscándote.- Ron, que ya empezaba a ponerse más colorado que su cabello por la falta de aire exhaló con fuerza y volvió a inspirar disfrutando de cada partícula. Harry por su parte aún se hallaba tenso, expectante de lo que podía suceder a continuación. Mas, a pesar de sus sospechas, Dumbledore se volteó tomando a Filch por el hombro, y justo cuando el perfil de su rostro se mostraba a Harry, el muchacho de cabello negro notó para su sorpresa, cómo claramente el director guiñaba uno de sus ojos; Ese anciano no dejaba de sorprenderlo.
Así, en un denso silencio- Por parte de Ron porque seguía aterrorizado, y por parte de Harry porque caminaba alerta esperando encontrar en cada esquina la ondeante capa negra de su profesor de pociones.- llegaron a las mazmorras.
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Hermione se encontraba repasando una de las líneas por enésima vez cuando un punzante dolor llegó a su cien. Al hallarla desprevenida la hizo cerrar los ojos con fuerza. "Tranquila, no es nada, ya se irá" Se dijo, pero antes de alcanzar siquiera a convencerse una segunda punzada más fuerte aún generó el ruido sordo del libro colisionando contra el suelo. El dolor no cesaba y con ambas manos se sujetó la cabeza rogando porque se detuviera. Se le nublaron los ojos y desesperada, sin saber bien qué hacer se puso de pié, mas debido al cuarto pinchazo cayó de rodillas al suelo. El dolor empezaba a ganarle a su cuerpo, y mareada apoyó las manos sobre la madera. Si ya estaba asustada, al ver la pequeña posa de sangre que se formaba bajo su cabeza por las gotas rojas que escapaban por entre sus labios se escandalizó.
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-¿Y ahora qué?- Preguntó Ron cuando se encontraban frente a la puerta del despacho de Snape.
-No lo sé. Podría estar Snape: Si toco a la puerta para hablar con Hermione él podría abrirnos.
-Opción descartada.
-¿Y qué propones que haga?
-Podrías pasar la carta por debajo de la puerta.
-Estamos en el mismo dilema, Ron. Si Snape está ahí adentro también podría ser él quién la agarre.
-Pero es menos arriesgado: Contamos con la posibilidad de que Hermione la vea primero. Llama menos la atención que un golpe, ¿no crees?
-Sigue siendo muy arriesgado, pero no tenemos más alternativas.
-Sólo asegúrate de correr rápido luego de dejar la carta, Harry. Así al menos no podrá castigarnos.- Dijo Ron contrayendo el rostro asustado. Harry sacó un sobre que tenía escrito el nombre de su amiga de su bolsillo y se agachó para pasarlo por el espacio que dividía la madera del suelo.
-No entra.- dijo luego de varios intentos fallidos.
-¡¿Cómo que no entra?- Preguntó histérico Ron de pie.
-Seguramente ese idiota protegió la puerta para que nada ni nadie más que él pudiera entrar.
-Exacto, Potter. Bien me doy cuenta de lo acertado de mi acto.- susurró Snape regocijándose a sus espaldas.
-Profesor Snape.- Dijo el muchacho desafiante mientras se ponía de pié permitiendo que la capa se deslizara por su hombro dejándolos a él y a su amigo sin protección.
-Dámelo, Potter.- Susurró amenazadoramente extendiendo la mano.
-No.- Respondió mirándole a través de sus gafas mientras apretaba la mandíbula. Snape por su parte sólo reaccionó frunciendo los labios y levantando la ceja izquierda.
-Ha… Harry…- A penas murmuró Ron por atrás. Harry Potter estrechó sus ojos verdes mostrando sin temor alguno el odio que lo embargaba y le tendió el sobre al hombre de cabellos oscuros.
-Váyanse.- Ordenó con frialdad.- Y diez puntos menos para Gryffindore por cada uno.- No fue necesaria ni una palabra más para que los dos muchachos casi trotaran por donde habían venido. Snape complacido abrió confiado la puerta, mas lo que vio lo dejó perplejo.
