Hola gente, aquí subo el cap. Terminado. Espero lo disfruten, y les anuncio que le capitulo siguiente que subo es un resumen que iré actualizando. Me parece algo útil no sólo para los lectores, si no también para mí XD (Mi memoria apesta)
Saludos, y gracias a quienes se dan el trabajo de dejar reviews, y como no, también a todos los que se dan el tiempo de leer esta historia.
Cani.
-Váyanse.- Ordenó con frialdad.- Y diez puntos menos para Gryffindore por cada uno.- No fue necesaria ni una palabra más para que los dos muchachos casi trotaran por donde habían venido. Snape complacido abrió confiado la puerta, mas lo que vio lo dejó perplejo.
-¡Señorita Granger!- Chilló espantado al ver a su alumna en tan deplorable estado. A pesar de que estaba al tanto de que situaciones como aquella podrían suceder, lo había pillado de improviso. Sin esperar ni un segundo corrió junto a la muchacha y bajo su brazo posicionó su mano para ayudarla a ponerse de pie. De los suplicantes ojos de Hermione se desbordaban lágrimas que evidenciaban su temor, y de sus labios escapaban débiles gemidos que se veían opacados por la sangre que los abrazaba. Los ojos de Severus revelaban una expresividad pocas veces vista, mas, a decir verdad, la preocupación que se escondía entre aquellos posos negros de nada ayudaba a calmar los nervios de Hermione.
-Profesor.- Logró susurrar con desesperación entre escupitajos de sangre y sollozos incontrolables. –No… no… me deje…- Consiguió decir luego con esfuerzo. En medio del alboroto y la adrenalina que requería la circunstancia el oscuro hombre se detuvo clavando su mirada en los ojos de su alumna. Si bien Snape no vislumbraba entre medio de aquellas letras ninguna idea errónea ni mala interpretación, no esperaba que el terror de su alumna fuera suficiente como para que sus esperanzas estuvieran amarradas a él.
-Tranquila, Granger. No iré a ningún lado.- Dijo depositándola nuevamente en sillón negro, para luego prácticamente trotar hasta uno de los estantes de donde tomó tres frasquitos pequeños.- tómelos.- Dijo con severidad segundos más tarde mientras se los tendía. Hermione estiró su débil brazo, y al notar cómo trepidaba por la falta de fuerzas, el hombre comprendió que su alumna no podría siquiera hacer eso por sí misma. Así, sintiéndose asustado y responsable por la salud de la muchacha fue él quien sujeto con la mano izquierda su nuca para verter con la derecha el poderoso líquido sobre sus labios ensangrentados. Una vez todo el contenido llevado por el profesor estuvo recorriendo sus venas cayó dormida sobre el cuero negro, y sus labios dejaron de liberar aquella sustancia roja tan imprescindible.
Snape sonrió inconscientemente al verla descansar: Al menos una de las pociones ya estaba haciendo efecto. "A pesar de ello", pensó Severus con tristeza, "Se ve tan pequeña e indefensa". No era necesario conocer en profundidad a Severus Snape para estar al tanto de la rudeza natural que su corazón había tomado con los años, y de la frialdad de los cristales de hielo que ahora eran sus sentimientos. Pero después de todo, aunque jamás llegaría a ser un hombre rebosante de calidez que regalara frases dulces, sonrisas sinceras y miradas enternecidas, aún no era una bestia desalmada y podía notar cómo la guerra estaba cobrando sus deudas. Él sabía de sobra lo que era el dolor, y aunque lograra sacar una que otra lágrima de los ojos ingenuos de sus alumnos, jamás habría deseado a nadie la carga que ahora llevaba sobre sus hombros. "Las lágrimas lloradas por otros, no borran el rastro de las mías; las pesadas historias que el mundo pueda tener, no aliviana la mía; el dolor que pueda causar no se llevará jamás mi sufrimiento. Mas, a pesar de todo, aquí estoy, condenado a la infelicidad dando todo de mí para evitar que esto continúe mientras montones de cadáveres inocentes duermen a nuestros pies. Nadie, ni el propio Dumbledore puede evitar el dolor y el sufrimiento, y ese viejo terco continúa intentándome convencer de que es posible. Granger, quizás tampoco haya manos que puedan frenar el futuro que se te acerca: Lo siento, pero puedo saber que no habrá manos amigas. No hay nada que yo, o nadie pueda hacer. Una guerra, es una guerra".
Hermione comenzaba a caminar por los campos de Morfeo con el cuello doblado y la blusa llevando una obra abstracta de arte color rojo. Severus, decidiendo que lo mejor era llevarla a un lugar más cómodo, la sujetó por los hombros y las piernas y la sostuvo entre sus brazos. Caminó con ella hasta su habitación, donde la depositó con sumo cuidado sobre su cama.
Una vez recopilado y posicionado todo lo necesario sobre la mesa de luz, el hombre de oscuros cabellos tomó un paño húmedo y comenzó a limpiar la sangre seca del rostro y cuello de Hermione. Pasaba la tela una y otra vez sujetándola firmemente con los dedos índice y pulgar, mas dejando que la tela se deslizara con excesiva suavidad por la piel. La habitación se hallaba iluminada únicamente por las inconstantes llamas de la chimenea y el silencio parecía ser un acompañante más. Le tomó cerca de media hora terminar con su tarea, pero entonces notó que la blanca tela que cubría el torso de Hermione lucía su sangre.
"Cambiar sus ropas mientras duerme definitivamente sería pasar a llevar su intimidad, aunque no hacerlo sería insensato por mi parte. Estando ahora Granger bajo mi absoluta responsabilidad debo tener en cuenta que dejarla vestida de ese modo es en menos un acto que puede considerarse como tétrico y morboso"
Aquel hombre de cabellos oscuros y mirada profunda había aprendido a través de los años a controlarse con calculada perfección, y a ocultar en gran medida sus sentimientos. Mas, aunque seguía imperturbable y sus ojos mostraban una fingida seguridad, si Hermione hubiera despertado en ese momento, a pesar de la escasa luz del lugar, habría podido notar un leve rastro de sonrojes en medio de sus pálidas mejillas.
Estando mucho más inseguro y avergonzado de lo que mostraba avanzó dos pasos lentos y se arrodillo junto a su cama. Suspiró sonoramente para luego, rogando que la muchacha llevara camiseta, subir sus brazos y comenzar a desabrochar, con una lentitud mayor a la necesaria, el primer botón. Así, continuó con el segundo y el tercero, y volvió a respirar con su calma habitual: Una suave tela blanca escondía la piel de Hermione. Al terminar de desabotonar la camisa manchada, moviéndola con suavidad a la muchacha logró alejar la tela también de sus brazos y espalda.
Severus dejó la prenda a un lado y caminó hacia su armario, de donde sacó la parte superior de uno de sus pijamas negros. Sin pensarlo demasiado se la colocó a Hermione por sobre la camiseta, y con la camisa en la mano volvió a su escritorio en la habitación continua.
Lanzó la manchada tela sobre un rincón de su escritorio y prácticamente se abalanzó sobre la silla. Abrió uno de los cajones de su lugar de trabajo y de allí sacó una polvorosa botella de whiskey de fuego junto a un vaso. Destapó la primera, mas antes de dejar caer la sustancia sobre el vidrio se arrepintió; Si bien debía admitir que al menos una vez al mes, cuanto las cosas parecían estar al límite, caía sobre esa misma silla dormido con el alcohol recorriendo sus venas, no quería perder parte de sus sentidos y la sensatez en un momento como aquel: Aún no tenía plena conciencia del estado de Hermione y su salud era un juego al azar. Por mucho que le costara, debía permanecer alerta por cualquier improvisto.
Tras un leve suspiro devolvió los objetos a su lugar y dejó que su cabeza colgara sobre el respaldo. Con la mirada perdida en el oscuro techo no pudo evitar pensar, una vez más, sobre la situación que vivía el mundo mágico, y en específico él y su delicada alumna. Para comenzar, bien sabía que pronto debía comenzar a hacer sus investigaciones sobre el maleficio: Hasta el momento sólo tenía un grupo de palabras prácticamente desconocidas y la breve información que Dumbledore le había entregado, y para empeorar la situación, no tenía ni la más mínima idea de por donde comenzar. Pero si de algo podía estar seguro, aquello era que el tiempo no estaba de su lado; Los síntomas habían comenzado a aparecer e incluso una vez tuviera absoluto conocimiento del maleficio, le tomaría algo de tiempo crear el antídoto, si lo había.
Por otra parte, debía comenzar a considerar otros asuntos que exigirían su atención durante su convivencia con Hermione Granger. Principalmente, el hecho de que después de todo él seguía siendo un mortífago y que en cualquier momento su brazo izquierdo podría comenzar a arder. Explicarle su ausencia a la señorita Granger no sería tarea difícil, ya que escusas para aquello sobraban. Mas, el verdadero problema sería ocultar la condición de la muchacha al señor oscuro, y luego, hacer que Hermione no notara su probable moribunda condición.
El reloj continuaba con su ritmo, y sin notarlo varias horas pasaron. Severus Snape logró que su cuerpo descansara en un sueño que después de todo permanecía siempre en guardia.
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El día estaba oscuro y más frío de lo común. No tenía clases aquella mañana por lo que podía aprovechar el tiempo para dar una vuelta por el castillo, y quizás por sus al rededores: Si bien no era su panorama favorito, y solía permanecer la mayor parte del tiempo en su despacho, no le venía mal estar lejos de Granger.
Mientras iba caminando por uno de los pasillos se encontró con un alegre Albus Dumbledore.
-Muchacho, buen día, ¿Por qué no vienes a desayunar con nosotros?
-Sabes que prefiero hacerlo sólo.- Y cuando Severus volvió sus ojos nuevamente al anciano, no se encontró con la conocida barba blanca y los lentes de media luna, si no, con un puntiagudo sombrero y una enojada Minerva Mcgonagall.-¿Minerva? ¿Cómo has hecho eso? ¿Es que acaso me has robado una de mis pociones multijugos? – Pero antes de poder seguir interrogando a la profesora un agudo dolor lo hiso tenerse: El señor oscuro requería su presencia. De pronto, las paredes comenzaron a cambiar, y sin darse cuenta se encontraba en el castillo de Voldemort.
-Severus, llegas a tiempo.- Snape sin pensarlo se arrodillo frente a su señor.-Hay…. Un asunto interesante. – Comenzó el mago con fingida comodidad.- He mandado a uno de mis elfos a tus habitaciones, ¡Y adivina qué he encontrado!- Snape abrió los ojos como platos. No era posible, estaba seguro de haber embrujado su habitación para que nadie entrara de ninguna manera. ¿Qué haría ahora?- ¿No te haces una idea? ¡¿Es acaso que me estas traicionando?- Gritó cambiando bruscamente su humor.- ¡Tráela!- Ordenó, y entonces por una puerta que acababa de aparecer llegó un mortífago sosteniendo a una aterrada Hermione Granger.
-Profesor.- Dijo la muchacha, pero sonaba tranquila. –Profesor Snape- Repitió. Y cuando por tercera vez dijo muy calmadamente su nombre, toda la escena desapareció dando paso a su aún oscura habitación. Snape pestañó repetidas veces adecuándose a la semi- penumbra del lugar y se llevó una mano a las cienes. "Qué sueño más extraño" Pensó, y de inmediato recordó la presencia de su alumna.
-Granger.- Dijo con voz severa.- ¿Qué hace levantada a estas horas?
-Esto… Señor, ya son las ocho, y como usted suele estar en pie mucho más temprano, pensé que tal vez…
-No hay nada que usted deba pensar sobre mí. Ocúpese de sus asuntos; yo me ocupo de los míos.
-Lo siento, profesor.- Dijo la muchacha dando la media vuelta para volver a la habitación.
-Señorita Granger.- La detuvo el hombre.- ¿Cómo se encuentra?
-Bien. Creo… Sólo tengo un leve dolor de cabeza y siento la espalda agarrotada.- Severus asintió con lentitud.
-Vuelva a la cama. En unos minutos le llevaré su desayuno.
Hermione se encontraba estudiando su libro de pociones cuando el profesor Snape entró en la habitación con una bandeja entre las manos. La joven dejó el libro a un lado y recibió su desayuno.
-Gracias.- Severus sólo asintió y caminó hacia la puerta. Una vez allí se detuvo y bajó la vista al suelo. Suspiró sonoramente y se llevó la mano al bolsillo.
-Señorita Granger. Sus… ineptos amigos han venido a entregarle esto de una manera muy inadecuada. Tenga en cuenta de que se lo entrego confiando en que no realizará ninguna insensatez.- Dijo para luego voltearse y acortar la distancia con dos certeros pasos. Segundos más tarde Hermione tenía entre sus manos un sobre blanco que llevaba su nombre y en el rostro una inevitable expresión de sorpresa. Una vez el profesor hubo salido por la puerta, Hermione decidió leer lo que sus amigos le enviaban.
"Hermione:
Espero nos felicites si esto llega a tus manos. No sabes lo difícil que es intentar acercarse al despacho de ese monstruo grasiento. Debe ser horrible vivir con él ¿no? Te pediríamos que nos escribas, pero sabemos que va a ser muy difícil. De cualquier modo, si se te da la oportunidad, acuérdate de nosotros. La verdad es que ahora mismo Ron parece un gato enjaulado, lo he visto algo enfurecido con Dumbledore, Snape (eso no es nuevo) y con el mundo entero.
Nos hemos enterado de tu…. Situación. No te preocupes, lo entendemos, y cuenta con nosotros para lo que necesites. Aunque sigo sin poder creer que no nos dejen verte… esos malditos desgr… de..dsfg….
En fin, las cosas andan bastante rápidas por acá. Hace algunos días empecé a salir con Ginny. No sabes lo que me costó decírselo a Ron. Se lo ha tomado bien… Creo. Sólo me lanzó uno que otro hechizo y le gritó a medio castillo, pero por lo demás todo bien. Sólo espero que entienda que de verdad la quiero. Es una chica dulce ¿Sabes? Y como tú y Ron ha estado ahí para apoyarme.
No sé si debería decírtelo, pero me parece lo más correcto; Él… ha decidido algo así como desarrollar nuevos aspectos de su vida; digamos, un aspecto romántico. Él está saliendo con una chica: Lavender. No he estado mucho con él por eso, digamos que ella… cómo decirlo… lo toma prestado durante bastante tiempo. Pero no te lo tomes a mal, de seguro no pasa de los besos, y bueno… quizás… algunas cosas… Nada serio.
Me muero por saber qué es de ti. Espero realmente que todo esté bien, y si ese maldito desgraciado te llega a poner un sólo dedo encima, o te lastima, sea de la forma que sea, no dudes en llamarme y me encargaré. Y sí, sí, sé lo que estarás pensando "Es un profesor, Harry", pero créeme eso no me detendrá.
Cuídate y ten cuidado del mugroso infeliz. Ten en cuenta que estamos contigo, pase lo que pase.
Te queremos, y un abrazo de tus amigos
Ron y Harry"
