Hola gente, acá les traigo otro capítulo. Espero lo disfruten.
Florencia: Gracias por tu review. La verdad es que estuve pensándolo y me di cuenta de que es muy posible que esté algo plano. Intentaré ponerle un poco más de romanticismo, aunque quiero ir un poco "despacio por las piedras" para no salirme del personaje de Severus, creo q no sería fácil para él. Ya voy a dejarlos bien juntitos y enamorados a esos dos, pero antes un poco de tira y afloja. Jejeje Espero que te guste este capítulo, supongo que es un poco lo que pides ;)
Gracias a tods ls que se dan el tiempo de leer y a ls que dejan reviews. Les pido que si detectan alguna falta de ortografía (Reviso antes de subir, pero al hacerlo con rapidez se me pueden pasar sobre todo tildes, comas y cosas por el estilo. Si me dicen mis errores no tendré que corregirlo entero de nuevo) o tienen alguna crítica constructiva me lo digan. Son cosas que ayudan mucho en el intento de ser una escritora (Aunque sea amateur).
Saludos!
Veinte minutos más tarde Severus, a quien le comenzaban a doler los dedos de tanto retorcerlos por la curiosidad que aquella maldita carta le provocaba, decidió ir a ver cómo se encontraba su alumna.
-¿Señorita Granger? ¿Ya puedo llevarme su bandeja?- Preguntó al entrar en la habitación, mas pudo ver que el dichoso desayuno se encontraba intacto a un lado, y las mejillas de la chica húmedas. - ¿Está bien? ¿Es que acaso se siente mal?- Hermione negó quedamente con la cabeza sin despegar la vista del edredón. Sus manos caían inertes sobre sus costados y las lágrimas se derramaban delicadamente sobre las sabanas.
Severus suspiró. "Con que no se trata de su salud. ¿Qué clase de porquería le habrá escrito el tarado de Potter? No tengo porque andar consolándola y su vida personal no es asunto mío en absoluto, pero después de todo entiendo que no debe ser realmente fácil vivir conmigo. Si el anciano director esperaba que fuera como uno de sus caramelos se encuentra realmente loco. ¡Dios! Esto no se me da bien…" Sin saber bien qué estaba haciendo, Snape se acercó con medida lentitud hacia la cama y se sentó junto a la muchacha. Al sentir el peso de su profesor sobre el colchón, Hermione no pudo evitar sonrojarse, y aquello fue motivo suficiente como para querer mantener la mirada baja.
-Escúcheme Granger, no soy muy bueno con esto…- Comenzó con un susurro grave.- Y usted debe pensar que nada tengo que ver en su vida. Si es así, no puedo negar que lo creo completamente certero. Mas no soy tonto, y puedo darme cuenta de que algo allí escrito logró dañarla. Creo que puedo comprender lo complicada que debe ser la situación para usted: No soy una agradable compañía y es probable que no sea conmigo con quién quiera hablar, pero le pido que tenga en cuenta el hecho de que si en algún momento- no importa cuando sea- desea conversar, o simplemente ser escuchada, puede contar conmigo.
Hermione levantó la mirada y la clavó directo en los ojos de su profesor.
-Gracias.- Dijo simplemente, y fue suficiente como para que él comprendiera que no soltaría palabra alguna ese día. Severus asintió con firmeza y se puso de pie.
-No me llevaré su bandeja; será mejor que coma algo.
-Lo intentaré, señor.- Y sin más Severus dejó la habitación.
La rabia que Hermione había sentido en un principio comenzaba a disiparse, pero la sensación que ahora tomaba su cuerpo era aún peor: Miedo. Si bien a esas alturas había aceptado que se encontraba enamorada de Ron, el hecho de que estuviera saliendo con otra chica no era lo más preocupante. Quizás ni siquiera tendría el tiempo suficiente como para tener una relación con el muchacho. Su vida peligraba, y amargamente pensaba que su muerte pasaría inadvertida entre todas las otras almas que la acompañarían. Era cierto, ahora su vida estaba limitada por sus libros escolares y las paredes del despacho del profesor Snape, pero aunque ya no oyera, viera o viviera las situaciones del mundo exterior no podía alejarse de lo que sucedía: Una guerra se paseaba por sus narices y lo que más le molestaba es que ahora, precisamente ahora, ya no podía hacer nada.
Ron y Harry, Ginny, toda la familia Weasley, el resto de los estudiantes de Hogwarts y quizás cuántos más. ¿Dónde estarían ellos ahora? ¿A quiénes volvería a ver? Y todo lo que podía esperar eran breves noticias escritas en un papel que quizás nunca más llegaría.
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Tres días pasaron, en los que rutinariamente Severus Snape partía a sus clases durante la mañana y regresaba algunas horas más tarde, para cuando Hermione se hallaba almorzando. La muchacha pasaba la mayor parte del tiempo recostada en la cama de su profesor leyendo uno que otro libro mientras el hombre se pasaba las horas trabajando entre su despacho y su laboratorio de pociones: Los primeros síntomas de Hermione ya habían sido capciosamente analizados por él y montones de libros nuevos que podrían servirle de ayuda ahora descansaban sobre su escritorio. De cualquier modo, aún no tenía la información suficiente como para ponerse a trabajar en el antídoto, y el cansancio que las noches en vela y los días de trabajo provocaban comenzaba a notarse en las oscuras sombras que ahora se posaban bajo sus ojos y en la palidez que su rostro había adoptado.
Entonces un sábado más llegó y Severus no tuvo la necesidad de salir de su despacho. Hermione por su parte había perdido algo de peso que no le ayudaba a verse saludable. Hecho que además se veía ayudado por las ojeras que adornaban sus ojos, lo desastroso de su cabello, la palidez de su rostro y el cansancio de sus ojos. Aunque ya algunos días habían pasado, las ideas de la guerra y de sus amigos seguían paseando por su cabeza, y sin saber bien qué hacía se levantó de la cama y caminando con esfuerzo llegó a la puerta que dirigía al lugar en que se hallaba trabajando Snape.
-¿Profesor Snape?- Preguntó asomándose
-¡Señorita Granger! Con que ha decidido levantarse. No podría decirle quién luce peor: Si usted o yo.- Al notar que Hermione se sujetaba con fuerza al marco de la puerta Severus se levantó de su asiento y caminó hacia ella para ayudarla, sosteniéndola por debajo de uno de sus brazos, a llegar hasta la silla frente a él. –Puede parecerle poco apropiada mi pregunta, pero necesito saber: ¿Su deplorable estado se debe a la delicadeza de su salud o a la delicadeza de su estado emocional?- Hermione bajo la mirada sin querer contestar, pero luego optó por hablarle con sinceridad mirándolo a los ojos.
-Es por eso que me he levantado. Verá… Es que yo… la verdad…
-Vamos, Granger. No tiene por qué andarse con rodeos, no voy a quitarle puntos a su casa.- Bromeó, y Hermione no pudo evitar sonreír con el ceño algo fruncido por la curiosidad que la nueva faceta del profesor le generaba.
-Es que no sé cómo decirlo.- Dijo en un susurro volviendo a su seriedad. Con igual actitud Severus la observó paciente. – Usted dijo… Hace algunos días, que si yo… que si yo quería hablar con alguien…
-Podía contar conmigo.- La interrumpió Snape, a lo que Hermione suspiró algo más relajada.- Así que era eso… Mis palabras siguen en pie. ¿Qué es lo que quiere decirme?- La muchacha volvió a suspirar: esta vez de frustración, y acto seguido, enterró el rostro entre las manos. Severus estiró su brazo por sobre el escritorio y apoyó su mano en su hombro.- Puede confiar en mí, Granger- Susurró suavemente.- Míreme.- ordenó sin obtener respuesta.- Míreme.- Repitió, y puso entonces encontrar la líquida miel de los ojos de su alumna.
- Tengo miedo.- Dijo con un hilo de voz a penas posible de oír, pero que el hombre entendió a la perfección. A pesar de que intentó, Hermione no logró detener algunas lágrimas solitarias que rodaron por su blanquecina piel, y aquello fue suficiente para desatar un llanto incontrolable. Encogiéndose en sí misma volvió a ocultar el rostro entre las manos. Severus sin pensarlo se puso de pie y caminó hacia su alumna; la tomó por los hombros con delicadeza haciéndola ponerse de pie y simplemente la abrazó con fuerza, sujetando su cintura con la mano derecha y acariciando sus cabellos con la restante. Hermione se aferró como un náufrago a la orilla a la capa negra de Snape, apretando la tela entre sus manos y sintiendo la calidez del pecho que tras ella de ocultaba. Sin poder decir palabra alguna ni darse cuenta de lo comprometedor de la situación sólo lograba sollozar e hipar.
-Tranquila.- Susurraba Snape en su oído mientras aspiraba el suave olor a menta de su cabello y se abstraía con la calidez de su cuerpo.- Nada va a pasarle. Es una promesa.- Dijo deseando desde un rincón de su corazón que creía ya extinto que la joven se calmara y se sintiera protegida.
Ninguno de los dos supo si entre suaves balanceos y delicados susurros el tiempo se llevó con él sólo algunos minutos o dejó que las agujas del reloj giraran tras quizás incluso una hora, pero Severus sí pudo darse cuenta de que la pequeña muchacha que ahora se aprisionaba entre sus brazos dejaba de sollozar, y Hermione al fin fue consciente de que aquel perfume, mezcla de olor a madera, hiervas y cuero, pertenecía a su frío y amargado profesor de pociones y no a alguno de sus cercanos amigos. Si bien la brillante estudiante mantenía su sentido común aún intacto, y podía darse cuenta de que lo más sensato era separarse de inmediato del hombre y pedir unas frías disculpas, todavía sentía que en cualquier momento su corazón podía verse atacado por sagaces espinas y aquella sensación de pequeñez y dolor la hiso querer permanecer el mayor tiempo posible entre los brazos que le brindaban protección y calidez.
-¿Señorita Granger?- Preguntó Severus con suavidad, y al ver que ésta no respondía la separó con cuidado de su cuerpo.- Es mejor que se siente unos minutos- Dijo ayudándola a caminar hasta el familiar sillón de cuero negro.- Voy a traerle un té.- Hermione asintió sin mirarlo mientras jugaba con sus manos ensimismada en sus pensamientos.
Tras algunos minutos el hombre se acercó nuevamente a Hermione sosteniendo dos tazas con un contenido rojizo. Le tendió una.
-Gracias.- Severus asintió levemente, dejó su té sobre una pequeña mesita que se hallaba junto a Hermione y se sentó en un sillón de dos cuerpo perpendicular al otro. Ya se encontraba preparado para invitar con las palabras a la chica a conversar, pero la iniciativa de ella lo sorprendió.- No es por mí que temo, profesor.- Dijo con voz queda mientras perdía su vista en el chispeante fuego. El hombre levantó una de sus cejas invitándola a continuar.- Es algo frustrante… Estar aquí sin poder hacer nada mientras las cosas afuera se salen de los límites de la tranquilidad. ¡Es que cada vez que me despierto ni siquiera sé si Harry y Ron siguen vivos!- dijo jadeante evidenciando su frustración y preocupación.
-Señorita Granger creo que…
-Es que usted no lo entiende, señor.- Dijo algo más calmada- Todas las personas que quiero están en peligro ¡y yo no puedo hacer nada al respecto!
- Tampoco conseguirá nada preocupándose y alterándose de esa manera.- Hermione suspiró, y apoyando los codos sobre sus rodillas, dejó que su cabeza callera hacia adelante.- Y si le sirve de algo, sus amigos están en perfectas condiciones. Sobre la guerra, deposite su confianza en Dumbeldore. Es un hombre inteligente y astuto, con un gran corazón.
-Lo sé, pero es eso lo que he hecho estos últimos años, y no ha servido demasiado. Voldemort está tomando poder, y parece que nadie puede evitarlo.- Severus no pudo ocultar la leve expresión de sorpresa en su rostro al oír el nombre de su señor de los labios de la muchacha.
-Escúcheme, Granger. Que las cosas avancen lento no significa que no existan, y creo que es mi deber advertirle que no debería meterse en asuntos que no le corresponden.
-¡¿Qué no me corresponden, dice?- Exclamó Hermione.
-Entiendo que está en una situación complicada, y estoy haciendo lo posible por ayudarla a calmar su dolor, pero recuerde que sigo siendo su profesor y debe tenerme respeto. No vuelva a gritarme. Y por último, sí, me ha oído bien, y sabe que tengo razón. Por mucho que lo quiera no puede hacer más por esta guerra. No tiene las habilidades ni los conocimientos suficientes y Albus Dumbledore jamás la pondría en peligro innecesariamente.
-Eso no es justo. Harry es mi amigo y él está en peligro.
-Comprendo su preocupación y lealtad, pero…
-Con mucho respeto, profesor.- Lo interrumpió Hermione.- Verdaderamente no creo que así sea, usted no puede comprenderme.
-No me juzgue sin conocerme, Granger. –Dijo Snape subiendo el tono de voz; delatando que aquella conversación empezaba a molestarlo- Y de cualquier modo, no importa qué es lo que pueda parecerle justo o injusto, o lo que usted quiera hacer. Eso no cambia los hechos ni su participación, y de cualquier modo, lo mejor que puede hacer por Potter en este momento es cuidarse a sí misma y dejar de abatirse por cosas que no puede cambiar.- Mientras Severus hablaba pudo ver como un leve rastro de dolor comenzaba a aparecer en los ojos de su alumna, y sintió el impulso de calmarla.- Dejaré que usted y Potter puedan comunicarse a través de cartas, pero…
-¡No sabe cómo se lo agradezco!- Exclamó Hermione sonriendo con un breve atisbo de esperanza.
-Pero siempre y cuando usted no termine como ahora con cada una de ellas.
-No volverá a pasar, profesor.-Dijo Hermione con seriedad. Severus sonrió para sus adentros al ver que la joven comenzaba a mostrarse al menos un poco más tranquila, pero justo cuando pretendía abordar los temas respectivos a los exámenes un agudo pinchazo le hiso cambiar bruscamente de expresión: La marca grabada en su brazo izquierdo ardía bajo las ropas. Su temor más fuerte lo había alcanzado, y ahora sólo le quedaba afrontar los hechos y luchar con dientes y garras porque las cosas salieran bien. Fingió ver el reloj que se hallaba sobre la chimenea y se giró a Hermione.
-Siento no poder continuar con esta conversación, pero tengo una reunión con el director a la que debo asistir. No puedo asegurarle cuánto dure. Si algo sucede, sólo si es completamente indispensable, diríjase a su oficina o mande a un elfo doméstico. Le repito: Completamente indispensable.- Dijo amenazadoramente antes de salir por la puerta a paso raudo, consciente de que si algo llegaba a sucederle a la muchacha y hacía lo que él le ordenaba, se encontraría con un solitario director. Si eso llegaba a suceder sería aún más difícil ocultar su identidad, y lo que menos necesitaba eran sospechas de cualquier tipo por parte de Granger.
Una vez sola, Hermione vació su taza de un sólo sorbo y la dejó sobre la mesa. El día recién comenzaba y ya se mostraba difícil. Simplemente el hecho de que sus brazos hubieran estado apoyados en el pecho de su profesor y sus cuerpos separados a penas por las telas de sus ropas se le plantaba como algo un tanto irreal, mas, a pesar de ello, no pudo evitar desviar sus pensamientos precisamente a la calidez de su cuerpo y la ternura de sus palabras.
Aquel hombre de roca y hielo se había mostrado desarmado, con su envoltorio mortal de carne y hueso: Delicado y sensible. Si bien aquella simple acción no era suficiente como para borrar un historial completo de comentarios sarcásticos, burlas, ceños fruncidos y amenazadores susurros, sí al menos debía considerarse como una parte de él, por casi extinta u oculta que estuviera.
"No me juzgue sin conocerme, Granger" volvió a tronar la grave voz en sus pensamientos. ¿Era acaso eso lo que le había negado el mundo?: Tolerancia y respeto. "Después de todo" pensó Hermione llevándose una mano al cuello y recordando el regalo que el anciano director le regalara algún tiempo atrás. "No hay luz sin oscuridad, ni oscuridad sin luz. No somos absolutos y no siempre somos lo que se ve".
