CAPITULO II
Cuando Len bajó del coche al llegar a la mansión Kagamine, su madre fue la primera en tirarsele encima, abrazándole y llorando como una magdalena; las voces de algunos de los empleados de la casa se oían animadas de tener al joven amo de vuelta.
- Mi pequeño Len, mi pequeño Len... mami te ha echado tanto de menos - era lo único que repetía mientras en lo alto de las escaleras, justo en la entrada de la puerta, la mirada de Rin Kagamine se posaba sobre su gemelo.
Conectaron un instante, de ese modo en el que siempre lo hacían y jamás habrían podido explicar. Hacía un año que no se veían, el chico contuvo la respiración un segundo, lo suficiente para entender sin gestos ni palabras lo poco que ella le había echado de menos.
Rin chistó a modo de desprecio, girándose sobre si misma y entrando en la casa, ordenando a la criada no despertarla por estupideces.
Y es que eso era ahora Len Kagamine para ella... una estupidez.
Los días siguientes no fueron mejores. Si se cruzaban por el pasillo ella seguía su camino, si desayunaban juntos hacía como que no existía, si le pillaba espiándola le soltaba un "patético" antes de cerrar la ventana, la puerta o entrar en casa... dependiendo del lugar en el que estuviese.
Por lo demás, todo estaba en casa igual que cuando se había marchado. Su habitación con el montón de chucherías regadas por todas partes, su madre con la manía de estar pendiente de él cada minuto del día, con su padre ignorando deliberadamente lo que hacía salvo cuando se trataba de las típicas cosas para las que necesita mirarte con decepción... los mismos sirvientes, las mismas cortinas, las mismas decoraciones y fotografías.
- Len - El chico se detuvo en el pasillo girándose con algo de lentitud. Había sido la voz de Rin, la reconocería aunque estuviera ciego y en el último lugar del mundo que ella pisaría. - Papá quiere verte en su despacho - Dicho esto se fue, como si la sola idea de seguir respirando el mismo aire que su hermano la corrompiera por dentro.
El tardó un montón de tiempo en entrar a dicho lugar. No es que no lo encontrara, tuviera miedo o algo similar. A estas alturas del paseo estaba mas que seguro de que no volvería a sentir jamás como una persona normal. Era porque simple y llanamente no le daba la gana. Cada vez que había pisado ese despacho las cosas habían empeorado. Cuando le prometieron, cuando prometieron a Rin, cuando se enteró de lo que sentían mutuamente, y de que habían dejado el psicólogo... cuando intentó mandarle a china y a Rin a timbuctú.
- Donde estabas? llevo un buen rato buscándote - El chico hizo una leve mueca sin añadir nada, posando su vista en la despampanante mujer que estaba sentada al otro lado del escritorio de su padre, que dos segundos después con un gesto que no admitía réplica, le ofreció asiento. - Esta es Meiko Haigo, no se si la recuerdas -
- recordarla? está medio loca, es super sexy, está muy buena y es una puta zorra y no precisamente en el sentido insultante de la palabra. - Pensó relamiéndose los labios un poco por inercia haciendo reír a la pelirroja con ese simple gesto.
- Por lo que veo si que se acuerda de mi - Añadió a modo de broma que por supuesto no entendió mas que su veterano ex-alumno, ya que Meiko Haigo, esa despampanante pelirroja, era la directora de él facultad de medicina donde él estudiaba y en realidad, todos los kagamine estudiaban.
- En efecto. Y está aquí para... hablar contigo - Hizo un movimiento con su mano dándole vía libre a la mujer para decir todo lo que tuviese que decir, mientras esta se tomó su tiempo, ubicándose sensualmente en el asiento, cruzando sus piernas con lentitud procurando rozar la pierna de Len al hacerlo, esbozando una sonrisa muy sugerente.
- Tu padre me ha dicho que has vuelto a casa y echaba de menos un alumno tan brillante como tu - Comenzó, apoyando uno de sus brazos en el posa brazos y su mentón en el dorso de la misma mano. - Así que me encantaría re-admitirte y podemos acoplar las clases para que termines el segundo año en la mitad de tiempo y te unas al tercero en calendario normal - El silencio se hizo en la sala a pesar de que los dos adultos esperaban una pronta respuesta de Len, entusiasmado ante la idea de ser admitido en la universidad una segunda vez y sin represalias como lo sería la obvia de empezar desde 0 dado que su educación se había interrumpido a mitad de curso.
- ¿Hay algún "pero"? - Meiko miró al señor Kagamine con un gesto de no haberse esperado esa respuesta ni en un millón de años.
- Vaya... si que ha cambiado en los últimos 4 años. - Comentó sorprendida, haciendo un gesto con su mano. - Solo un examen. Si sacas la nota que quiero ver en él, me valdrá. Te mandaré los temarios que se incluyen si decides aceptar - El rubio terminó por asentir sin añadir nada más. - Entonces te veo en dos semanas. - La mujer sonrío pasando su mano por la mejilla de este a modo de despedida. - Hasta luego señor Kagamine, siempre es un placer verle - le guiñó el ojo al hombre mayor antes de salir del despacho y posteriormente de la casa.
- Deberías recordar lo que es ser un caballero Len - El susodicho se levantó de la silla sin añadir nada al respecto, ni tan siquiera un gesto de despedida, avanzando hacia la puerta siendo detenido por un llamado autoritario de su padre. - Si no apruebas ese examen me pensaré lo de que te vayas otra vez - La puerta se abrió de golpe dando a paso a una madre muy enfada.
- ¿Que has dicho Nichollas? - El hombre retrocedió en su silla por inercia. - Repítemelo a la cara! -
- ¡Emelinda, esto no es asunto tuyo! - Se defendió él, saliendose por la tangente.
- ¡PERDONA? ¿Que no es asunto mío? Claro que es asunto mío. ¡SI ES MI HIJO! - Len salió del despacho sin importarle demasiado la pelea que se inició entre sus padres respecto a su futuro. Eso era muy común en casa porque cualquier cosa que tuviera que ver con él afectaba a su madre de primera mano, y además su padre la usaría para fastidiar todo lo que pudiese. A estas alturas esas reacciones le daban lo mismo.
- ¿Que pasa? - Se encogió de hombros como única respuesta cuando su cabeza no fue capaz de procesar con rapidez que era Rin quien preguntaba, mientras subía las escaleras directo hacia su habitación cerrando de un portazo y reprimiendo el impulso de abrir la puerta otra vez para poder contestarle como una persona normal, no como una persona a la que le importa una mierda el mundo.
Las cosas tardaron mas de 5 meses en estabilizarse. Los que padecieron el error mas grande que cometimos Rin y yo (desde su perspectiva claro está), no conseguían acostumbrarse a vernos juntos otra vez. Pero juntos en el sentido normal de la palabra. Somos familia, somos hermanos, desde que somos críos vamos juntos a todos los eventos de mi padre aunque si de él dependiera se la llevaría solamente a ella.
Muchos de mis amigos volvieron a hablarme pero sin obtener respuesta alguna. Les detestaba. Si para empezar hubieran sido tan majos cuando les necesité en su momento, seguramente no habría tenido que irme, no me habría muerto de hambre, Rin no se habría cansado de mí y seguiríamos juntos. Hablando hipotéticamente claro está. Porque es posible que todo vaya mas allá de lo que siquiera puedo comprender, incluso con mi alto coeficiente intelectual.
Eso quizá no os lo he contado antes, pero yo siempre he ido dos cursos por delante. Cuando tenía 17 años y estaba a punto de irme de casa, acababa de terminar el primer año de medicina y estaba empezando el segundo. Rin por el contrario estaba terminando el bachillerato todavía, aunque se colaba en mi facultad cada vez que le daba la gana con la excusa de lo mucho que me añoraba.
La familia Kagamine es poderosa en el país por muchos motivos. Es antiquísima y por ende enorme. Hoy en día no quedamos muchos Kagamine de apellido, pero si revisas los árboles genealógicos del país entero, encontrarás que al menos el 50% de las familias están relacionadas con la mia. Otro de los motivos es por los negocios de mi padre. Existen varias ramas alternas a los Kagamine que manejan una empresa de cada emporio. El jefe de hospitales, que es mi padre. El de la refinería, que es el tío Roderick. El director de cine, que es mi tía Juliet y su marido quien es el que se encarga de las empresas multinacionales Kagamine. Por último, en el país, no existe ningún hospital que no esté a nombre de mi padre.
Como familia antigua que somos, los Kagamine de apellido estamos obligados a estudiar medicina. Rin incluida. Cuando yo volví a casa mi madre me contó que había tenido que terminar el último año de bachiller en esos cursos express para adultos antes de ingresar en la escuela de medicina en donde para variar, como a todos los Kagamine del mundo, la recibieron encantados. Ese año ella también estaba en segundo, era raro tenerla como compañera de clases, siempre había estado dos cursos por debajo.
- ¿Ya no os habláis nunca? - Me había dedicado la mayor parte del descanso a estudiar, mientras mi prima delante de mi intentaba comer. Negué. Ella suspiró. - Mejor. Por si acaso recaéis. ¿no crees? - No contesté. Odiaba la manía que había tomado toda la familia por creer que lo que sentimos Rin y yo en su momento el uno por el otro, era algún tipo de enfermedad. Pero para variar, tenía prohibido opinar al respecto.
Iba hablando consigo mismo intentando memorizar el montón de información que tenía en sus manos sobre la toxicología. Pasaba las notas una y otra vez sin necesidad si quiera de comprobar que estaba en lo correcto porque estaba perfectamente seguro de lo que estaba diciendo. De pronto se vio arrastrado a un armario donde Rin le hizo shhh tras reprimir un grito de auxilio que le salió en lo mas hondo de su ser.
- Tienes que dejar de pegarme esos tirones - Se quejó en un susurro. Ella se rió acercando su cuerpo al suyo hasta que ambos chocaron contra la pared y se fundieron en un beso, al mismo tiempo que las notitas de Len caían por el suelo y se desperdigaban.
- ¿Que tal si cada vez que te de un susto de muerte te robo un beso? - Su voz sonaba bastante sugerente y aunque era el tipo de voz que ella suele usar para con él, seguía sin acostumbrarse.
- ¿Para que? ¿para que te pases la vida asustándome?. Prefiero que no tengas motivos para robarme un beso, sinceramente me gusta que mi corazón siga sano de infartos - Volvieron a besarse. A sus 16 años llevaban juntos mas de dos años, pero todo lo que sentían había dado un vuelco de 180º en la fugaz semana en la que sus padres se fueron de viaje y les dejaron solos en casa hará poco menos de 3 meses. Desde entonces los besos eternos de por las mañanas no les bastaban; desde entonces la necesidad de estar juntos era cada vez mas grande. - Rin, tengo que estudiar - Intentó detenerla cuando las ligeras manos de su melliza se deslizaban sobre los botones de su camisa desabrochándolos con gran rapidez. Ella se limitaba a negar continuando con su labor.
- Y yo. Pero no quiero estudiar mas. Déjame - Se detuvo cuando sus manos fueron atrapadas por las de su mellizo sabiendo que iba totalmente en serio. Se acercaban los exámenes de final de curso y para empezar, ella debía aprobarlos a toda costa o repetiría curso. - No se me da bien la biología vale? - Bufó molesta, un poco por haber sido detenida y otro poco ante el odio que tenía por dicha materia. - No soy tan lista como tú -
- ¿Te ayudo a estudiar un rato? - La chica suspiró como si la idea de estudiar juntos no le hiciera mucha gracia, porque si de ella dependiera ahora mismo haría cosas con él que serían incluso inmorales. Terminó por asentir, de todos modos el chico insistiría hasta que le dijese que sí.
Salieron del armario primero uno asegurándose de que no había nadie y luego el otro, pateando dentro las notas de Len donde tenía los apuntes separados por importancia y por colores pero que como habían terminado en el suelo ahora habían perdido todo el significado y debería ordenarlos de nuevo; cosa que ya haría mas tarde.
Entraron en la sala de estudio junto a la habitación de Rin. Habían libros por todas partes, las estanterías estaban mas vacías que las de una tienda de mangas y a duras penas se podía ver el suelo. Un ambiente distinto a la sala de Len donde todo estaba en su lugar salvo por el desorden principal donde estudiaba que no abarcaba mas de una mesa.
- Esto está hecho una pocilga - Habló tan lentamente que por un momento pareció que sus palabras eran una especie de riña.
- ¿Vas a ponerme a limpiar? - Gruñó la melliza. Porque si algo le molestaba mas que estudiar era limpiar.
- No - Soltó Len tan impetuosamente ante semejante estupidez. - Coge el libro de ciencias y vamos a la mía -
Rin lanzó su libro al suelo completamente irritada después de más de dos horas haciendo brincar a Len de la sorpresa. No habían avanzado mucho, se pasaba mas tiempo confundiendo los lugares de los huesos que memorizando sus nombres.
- ¡¿Esto es una estupidez. Para que quiero yo saber los puñeteros nombres de los huesos? ¡¿A mi que coño me importa como se llaman? - Chilló lloriqueando sin darse cuenta y enfadándose al descubrirlo limpiándose las lágrimas con fastidio.
- Eso sería inútil si fueras a ser ... historiadora. Pero vas a ser médico, de todos modos tarde o temprano vas a tener que aprenderlos - Intentó calmarla sin demasiado énfasis porque como hubiese violado su espacio vital en ese instante lo mismo lo siguiente que lanzaba al suelo de la furia era a él.
- ¿Que pasa? - Nichollas entró en la habitación alertado por los gritos de su hija. Len simplemente se encogió de hombros. Si bien por entonces su relación con su padre aún no había sufrido el declive en el que estaban en la actualidad tras enterarse de lo que sentían mutuamente, tampoco es como que les fuera divinamente.
- Detesto los huesos. - Soltó Rin haciendo un gesto con sus manos. - No. Ellos me detestan a mi! - Su padre rodó los ojos ante lo melodramática que parecía en ese mismo instante.
- ¿Quieres dejar estudiar a tu hermana? - Pidió calmadamente mirando a su hijo menor que hizo una pequeña mueca. - O ayúdale, que los huesos te los sabes no? - Len asintió encogiéndose otra vez.
- En eso estamos, pero ya te digo que me odian - Su padre se acercó hacia ella para poner una mano sobre su cabeza y besar su frente.
- El hueso frontal es donde papi te da besos. ¿Te acordarás de eso al menos? - Una parte de ella se esclareció repentinamente.
- Creo que sí. - Ya había memorizado uno. Le quedaban rubio por el contrario seguía la conversación como el vaivén de un reloj.
- Tenemos que salir. ¿Vienes o te quedas? - La pregunta iba expresamente para Len.
- Me quedo. - Rin empezó a saltar tirando de la camisa de Nichollas.
- Yo yo, papi llévame a mi - Él se negó ipso facto.
- Tu tienes que estudiar - La desinfló en un instante.
- Len también tiene que estudiar - Se quejó infantilmente.
- Pero él es... - Nichollas se interrumpió al darse cuenta de que llamar sutilmente "tonto" a uno de sus hijos no era buena idea. Tardó mucho tiempo pensando en una palabra que no fuera "mas listo" chascando sus dedos al encontrarla. - Se le da mejor estudiar -
- Ya claro, y yo soy tonta verdad? - Hizo un puchero conmoviendo a su padre hasta el punto de que le regalase un abrazo.
- No eres tonta vida mía. Solo... - Se pasó otro buen rato buscando la palabra adecuada. - Menos entendida - Len carraspeó ocultando una risa que le salió delo mas hondo de su ser provocando un suspiro de Rin.
- Nos quedamos solitos entonces? - Cuando esas palabras salieron de su boca, ya no le sonaban tan malas.
- Volveremos antes de media noche. Os queremos - Los mellizos respondieron con un "y nosotros a vosotros" conforme el señor Kagamine salía de la habitación y posteriormente de la mansión con su mujer que dedicó al menos 10 de los 50 minutos que tenía para estar lista, en abrazar a Len como despedida hasta que se le cayeron los brazos.
Rin suspiró cuando los ruidos cesaron y se quedaron en un sepulcral silencio.
- Una tarde a solas y tenemos que gastarla estudiando - Refunfuñó por lo bajo. Len hinchó sus mejillas con algo de aire, pasándolo de un lado a otro durante un rato antes de tomar la mano de Rin y salir de la sala de estudio metiéndola en su habitación. Ella sintió el corazón acelerarse cuando por un leve instante creyó que dejarían de estudiar un rato porque sus prioridades habían cambiado.
El rubio puso su dedo sobre la frente de ella una vez estaban parados en un lateral de la cama y con mucha suavidad infringió algo de fuerza haciéndola sentarse y rebotar un par de veces por la fuerza creada cuando ella simplemente, se dejó caer.
- ¿como se llamaba? - Eso sacó a Rin de su ensoñación.
- ¿quien? - Se puso bizca para intentar ver el dedo de Len que señalaba su frente. - El hueso frontal - Bajó la mano y oprimió parte de un lateral del pecho llegando a la cintura. - El... esternón! - Len suspiró. Era la décima o centésima vez que le decía que el esternón estaba mas arriba. - No suspires! - Empezó a irritarse nuevamente. Si bien el agobio era en parte porque no daba pie con bola, la otra parte incluso más grande era culpa de los suspiros de Len que llevaba horas intentando explicarle lo de los huesos y ella no había pillado ni uno solo. Básicamente le estaba aburriendo, ¡y ella no quería aburrirle!
Entonces repentinamente, el chico apoyó una de sus rodillas a lado de sus caderas llevando su frente contra la de ella para echarla hacia atrás, quedando su espalda contra el colchón y el cuerpo de su mellizo suspendido sobre ella. Su corazón empezó a bombear mas sangre de la necesaria cuando los labios del rubio se acercaron a ella rozando los suyos. Se elevó un poco buscándolos para besarle con ansias sintiendo un leve mordisco en su mentón que la hizo abrir los ojos. Cada uno de sus movimientos eran terriblemente lentos, como si cualquier movimiento brusco provocara la ruptura de la burbuja en la que estaban y que Len no se podía permitir romper, al ser el eslabón mas frágil.
- ¿Como se llama? - Parecía totalmente desconcertada y entonces el rubio la mordió nuevamente en el mismo lugar.
- No lo se - Procuraba no jadear, hace rato que había perdido el control de sus pulmones que pedían aire a gritos desbocados.
- Maxilar... - Ayudó él.
- Inferior - Len asintió antes de besarla de modo apasionado pero muy corto; tan corto que cuando se separó Rin se reincorporó nuevamente buscando sus labios pero él los esquivó. Terminó sentado sobre su abdomen con las piernas a cada lado de su cuerpo, llevando las manos a la camisa para tirar de ella hacia arriba y sacársela por completo. Esta vez fue recorriendo el lugar desde el maxilar hasta su pecho, depositando otro beso en un punto específico.
- ¿Y este como se llama? - También tenía serios problemas para controlar su respiración.
- Ese... ese... - Ahogaba, sintiendo un leve impulso de doblarse hacia atrás cuando sintió la respiración de Len en su piel como si quemase. - El... ese es el... esternon - Len sonrió orgulloso y volvió a besarla en los labios igual que la primera vez que acertó.
Empezaba a pillar de que iba todo esto. Él iba recorriendo cada parte de su cuerpo grabando sus besos en él, para que ella los recordara junto con los nombres de los huesos ubicados en esa misma parte; si acertaba le daba un beso de premio. Tenían aún 203 huesos por delante.
Suspiró sumergida en un placer abrumador, y sin siquiera dudarlo supo que iba a enloquecer antes de los primeros 100... o 50 tal vez.
Si era sincero conmigo mismo, aún no me acostumbraba al hecho de que ni siquiera me miraba a la cara, de que no me hablaba mas de lo justa y obligatoriamente necesario, de que ahora despertaba a 20 pasos de mi y yo tenía prohibido acercarme si quiera a su habitación.
Los problemas con el alcohol no fueron en aumento pero tampoco disminuyeron, era mas fácil enfrentarse al hecho de que ya no existía para ella cuando bebía, que cuando era plenamente consciente de ello.
Si le dolía la cabeza tenía prohibido preguntar por ella, si se pinchaba un dedo tenía prohibido ir a curarla, si se caía a levantarla, si lloraba a consolarla. Cualquier cosa de esas estaba prohibida para mi.
Me pasaba la vida exhalando suspiros cada vez que intentaba recuperar el aire que ella me sacaba con tan solo dedicarse un instante a pasarme por delante; de un lado a otro, como si me torturara voluntariamente dejando sus cosas donde no debía para tener que regresarse molesta hacia ellas y tener que recogerlas.
Al parecer mi padre puso a gran parte de la familia al tanto puesto que cada vez que me veía a mi mismo observando a Rin hasta límites masoquistas insospechables, uno de mis primos llegaba a interrumpir mi momento de admiración del día para preguntarme cualquier gilipollez por cosas que de por sí entendía.
Siempre me he preguntado porque las personas catalogan las cosas en buenas y malas. Es como las decisiones. A veces, tomar una decisión buena por razones erróneas, la puede convertir en una mala decisión. Eso no hace mala la decisión, hace mala la manera y el momento en el que se ha tomado. Supongo que es algo mas complejo de lo que creo pero yo se de que estoy hablando.
Al pasar cuatro años fuera de casa, mi educación se detuvo, como si le hubiera puesto el pause a una película. Sin embargo hasta que no asistí a clases la primera vez no fui consciente de que aunque mi vida había hecho un pause, la de los demás había seguido en play.
Los que antes eran mis compañeros ahora estaban en último curso, y nuevos alumnos habían ingresado deseosos de poder graduarse dentro de unos 4 o 5 años. Esto no solo acarreó que Rin y yo fuésemos casi los mayores de todo un enorme salón de mas de 120 personas. Sino que además ninguno de los presentes tenía ni puta idea de lo que atormenta a mi familia desde que sucedió. Al menos aquellos que no eran familia.
Es por eso que he hablado de cosas buenas y malas. Seguramente cuando todo el curso decidió que los mellizos Kagamine debían sentarse uno junto al otro no lo hacían con mala intención. Es un bonito detalle mirado desde fuera, aunque una puta mierda para nosotros dos.
La última vez que estudié con ella fue en segundo de la ESO, por entonces teníamos 14 años más o menos. También tenían el detalle de sentarnos uno junto al otro aunque por entonces a mi me encantaba y a ella también. A veces me distraía de clase y giraba mi cabeza hacia su libreta siempre llena de su nombre, el mío y un montón de corazoncitos por todas partes.
Cada vez que me distraigo ahora en clase y ojeo su libreta, solo hay un montón de aburridos apuntes. Fue entonces cuando me pregunté si intercambiar los papeles habría sido muy cursi. Podría ser yo el que ahora hiciera lo de los corazoncitos.
- Kagamine - Medio salón alzó la vista y el resto de la clase río. El profesor se disculpó, siempre lo hace cada vez que ocurre. A diferencia del resto es un maestro nuevo y aún no se acostumbra al hecho de que de las 120 personas a las que enseña, 40 son Kagamine. - Rin. ¿Sabes lo que es? - Señaló la fórmula de la pizarra. Ella frunció el entrecejo y termino encogiéndose de hombros negando.
- ¿Metadona? - El maestro miró al techo un momento como si estuviera meditando su respuesta y negó.
- ¿Augustus? - Probó con otro.
- ¿Prednisona? - Soltó al azar, porque era uno de esos que ni siquiera está prestando atención a lo que están diciendo.
- ¿Serena? - Parecía dispuesto a encontrar entre los 120 una persona con la respuesta.
- ¿Cocaína? - Me reí y para mi desgracia, llamé la atención del maestro.
- ¿Len? - Borré mi sonrisa poco a poco. Si bien sabía la respuesta siempre me lo había pasado pipa escuchando las estupideces del resto.
- Heroína - Oí a Rin maldecir en quien sabe que lengua, puesto que lo único que entendí fue un "Joder, si lo sabía". El maestro hizo un gesto con su mano señalándome antes de tomar el rotulador y encerrar en un círculo la parte de la formula que la hacía diferente, porque si bien la formula química de la heroína y la metadona se parecen una barbaridad, tienen diferencias evidentes.
- Heroína. La metadona se parece por ser el sustituto legal. Pero que se parezca no significa que sea idéntica. Si fuera idéntica sería igual de adictiva cosa que es mala para los toxicologos. - Siguió con la explicación dedicando un instante para aclarar porque mi melliza se había equivocado, al mismo tiempo que todo el mundo bajaba la vista a su cuaderno para tomar notas.
Yo decidí dedicarme el resto de la clase a hacer dibujitos por los lados de los cuadernos, pillando una que otra vez a Rin espiándolos sutilmente.
Len pasaba las hojas de su libro de toxicología haciendo algunas muecas conforme estudiaba aún cuando a penas quedaban un par de días de clase, los exámenes ya habían terminado y se avecinaban las vacaciones del verano. Desde que Rin y él habían entrado en la siguiente etapa de las relaciones su cabeza no se centraba de la misma manera. Mucho menos desde que la había ayudado a apredenderse los huesos del cuerpo. Esa había sido una tarde estupenda, empezando porque era como haberse inventado un nuevo modo de estudiar que era incluso fascinante.
Suspiró por décima vez rascándose la mejilla y regresando la página porque si bien estaba leyendo no estaba poniéndose cuidado. Rin abrió la puerta obligándole a alzar la mirada hacia ella que presumía de un papel que sostenía entre sus manos.
- Adivina - Giró la silla para quedar de frente ladeando la cabeza.
- Vamos a tener que estudiar otra vez? - Rin borró momentáneamente su felicidad.
- Mierda, debería haber suspendido - Len rió. Eso era una tontería, empezando porque podían fingir estudiar cuando... bueno, cuando sus padres no estuvieran cerca y fueran a pillarlos por error.
- Has aprobado. Eso está bien - Ella hinchó su pecho de orgullo avanzando hacia él para que viese la hoja mucho mejor.
- Aqui es donde me has mordido. Y aquí donde me has dejado un chupetón - Susurraba cada una de las palabras inclinándose gradualmente señalando las partes mentadas en la hoja del examen donde había dibujado un esqueleto. - Aquí donde me has besado y aquí... - señaló sus labios reales. - Aquí es donde vas a besarme - Aquellas palabras solo fueron delineadas por sus labios antes de que se juntaran con los de Len en un beso que duró menos de tres segundos puesto que la puerta se abrió tempestivamente dando pasto a Nichollas Kagamine.
Lo primero que vio al cruzar el umbral de la puerta fue la parte posterior de su hija que estaba inclinada sobre su mellizo. Avanzó hacia un lateral para tener una perspectiva mas directa de los dos frunciendo un poco el entrecejo.
- ¿Que coño haces? - Preguntó bruscamente. Rin se giró para mirarle con la mano sobre la frente de Len que miraba a su padre de reojo.
- He venido a mostrarle mis notas y me ha parecido verle malito. Creo que está caliente. ¿Será fiebre? - Si había algo que al rubio le sorprendía siempre de su melliza era la facilidad que tenía para mentir. Si no fuera porque aún sentía húmedos sus labios se habría incluso planteado si ese mini-beso no se lo había imaginado. Su padre se acercó a él supliendo con su mano el lugar de la de su hija antes de negar.
- Yo no le noto caliente - Lo comprobó varias veces no solo con su mano en la frente sino también en la mejilla y posteriormente en el cuello donde giró la mano para tocarle con el dorso y no con la palma. - ¿Te sientes mal? - Len asintió.
- Solo un poquito - No, a él nunca se le ha dado bien mentir. Por eso limitaba sus frases lo más posible.
- Échate en la cama un rato. - Asintió obedientemente.
- ¿A que venías? - Nichollas recordó de pronto el motivo que le traía allí, retomando su aire molesto entregándole una carta ya abierta que tenía su nombre. - ¿Por qué la has abierto? - Su padre le espetó un ordinario e imperioso "léela" que Len obedeció sin chistar.
- ¿Que es lo que pasa? - Preguntó Rin al ver el rostro de su gemelo cambiar bruscamente a uno que ni siquiera podía catalogar, pero que estaba nadando entre la incredulidad y el sofoco.
- Ha suspendido Inmunología médica y Anatomía patológica general - El hombre suspiró ignorando el gesto de su hija que se llevó las manos a la boca para cubrirla y ahogar un leve gritito de sorpresa. - El resto lo ha aprobado por los pelos. - Len cambió de hoja viendo sus notas donde de las 10 materias que cursaba, y menos las dos suspensas, las otras 8 no superaban el 6,2; algo terriblemente impropio en él dado que sus notas jamás habían bajado del 9,5. - ¿Me puedes explicar que significa eso? - La habitación estaba en pleno silencio, incluso cuando Emelinda avanzó para entrar en la habitación preocupada también al enterarse de la noticia. - ¿Es que te aburres? -
- No! - Soltó sin pensarlo. Tal vez podría haber dicho que se aburría pero eso acarrearía que buscasen una alternativa para que su alto coeficiente intelectual estuviese satisfecho. No quería mas tiempo ocupado, por el contrario quería mas tiempo libre; antes no tenía con que gastarlo pero ahora estaba Rin que reclamaba para sí bastante mas tiempo libre del que tenía para darle pero que le daba de todos modos.
- ¿Entonces Len? - Emelinda puso su mano sobre su marido negando cuando este la miró pidiendo una explicación a su interrupción.
- Estamos muy preocupados por ti - Tomó ella la palabra inclinándose hacia su hijo antes de acercar sus labios a su mejilla y darle un pequeño beso. - Hemos llamado a la psicóloga académica y también a la directora. Nos vemos con ellas mañana, ¿vale? - Len asintió. Eso solo significaba una cosa: Iban a ponerlo bajo vigilancia.
Y aquí estoy yo de vuelta!. Una semana antes de lo previsto. Iba a haceros esperar dos pero como parte de los capítulos ya están escritos y de por sí os he hecho esperar una barbaridad... os lo habéis ganado.
Veo que muchos de los que se engancharon al primer capítulo siguen leyéndome, y claro que no! ¿como habéis pensado que iba a abandonarlo? No se va a quedar nada a medias, por eso no os preocupéis. Tarde lo que tarde tendréis un final *_* No solo en esta historia sino en todas las demás también.
Espero que no muráis esperandome, porque ¿que haría yo sin fans? ¿eh? ¿eh?
Me voy marchando, que es bastante tarde y al final me he quedado editando parte del capítulo de Aviones de papel que ya tengo escrito. Jijijiji ya veréis.
Besitos gemelosos para todos y todas! Nos vemos prontito.
