Capitulo III
Hoy viene el prometido de Rin a cenar. Mi padre lleva dos horas diciéndome lo que debo o no debo decir tras que mi madre le obligase a dejarme cenar en la mesa como todos los demás; porque si de él dependiera me tiraría en el sótano, me dejaría un mendrugo de pan y encerraría hasta que ese hombre se fuera.
Resulta que es una de las personas que no sabe que Rin paso cuatro años queriéndome con toda su alma. Él aún se cree que estaba especializándose en Europa. No se puede ser mas imbécil. ¿De que va a especializarse? si se fue antes de terminar el bachillerato.
Al principio creí que era una especie de gesto de cortesía. Sabe que le mienten y finge tragárselo pero nada mas verle llegar y oírle hablar después de cuatro años recordé dos cosas. La primera, por qué le odio. La segunda, que era imbécil desde siempre.
- Len, tío. Has crecido mogollón. Has cambiado mogollón. - Se inclinó hacia adelante para verme mejor. - ¿Te has cortado el pelo? - Siempre he creído que se droga. No se puede ser mas... idiota.
- Sí. Un montón de veces en los últimos cuatro años - Ahogué la última palabra cuando mi padre me pisó obligándome a callar. Rin se limitó a lanzarme una mirada furibunda. Ella también estaba de acuerdo con mi padre en mandarme a cenar al sótano.
Por si no lo he dicho antes, Rin está prometida con ese proyecto de hombre desde los 14 mas o menos. Yo también, no con él claro, me refiero a lo de estar prometido, pero de mi hablaremos mas adelante.
Su nombre es Gioacchino Lysander Daventry Montiller es Duque de Austria como bien él dice "por un accidente familiar". Si soy sincero no se como cojones termina alguien como él con un titulo nobiliario de un país lejano aún siendo tan idiota. Va y viene como las olas del mar, así que aún cuando "Rin regresó de su especialización hace mas de 18 meses", solo se han visto unas 4 o 5 veces. Para mi es la primera vez que le veo después de volver.
Antes dije que lo odiaba y quizá os hicisteis una idea errónea del motivo por el que le detesto con toda mi alma. Aclararé por si acaso que no es porque esté todo el rato manoseando a mi ex-novia; que sí que me molesta un poco. Lo odio porque es el ser mas estúpido sobre el planeta tierra. Nadie en el mundo puede confundir una mirada de desprecio con una de amistad eterna! ¡Solo él!. Y es por eso que es mi delirio. Por algún motivo que desconozco cree que somos íntimos amigos.
La cena transcurrió mas aburrida de lo que creía que sería y con una terrible lentitud. Todos preguntaban sobre el montón de cosas que había hecho Gioacchino desde que le vieron por última vez. Escala montañas, hace rafting, monta a caballo, descubre nuevos continentes (es irónico, por si no se nota)... una vez me imaginé que todo sucedía dentro de algún tipo de consola de vídeo juegos y se creía que lo hacía, capaz es; pero al parecer si que las hace de viva presencia aunque aún no he descubierto como.
- Un día podrías venir conmigo Len - era la quinta vez que me invitaba, aunque cambiaba las palabras para hacer frases totalmente diferentes. Era sorprendente! para lo tonto que es tiene un vocabulario muy amplio.
- No - Contesté tajantemente con el mismo tono aburrido de las ultimas cuatro veces, mientras mojaba mi dedo en el agua del vaso y luego lo pasaba por el borde de la boquilla en mi intento por encontrar algo mas interesante para hacer. Sí... la música de los vasos es mas interesante que la monótona conversación que estamos llevando. Mi padre me pateó por debajo de la mesa como riña por semejante tono de voz para el invitado. A estas alturas debo tener un moretón en la pierna horroroso porque se ha pasado golpeándome toda la noche. - Pronto al menos no, tengo exámenes y todo eso. Ya sabes - Intenté sonar amable pero como dije antes, yo soy el gemelo que miente de pena. Aunque él es imbécil, asi que no lo notó.
- Tío deja de estudiar y relájate un poco - Eso le sonó muy hippie. - Estudiar no sirve para nada. Mírame a mi - Mi padre río mas por la gracia de que era el invitado que porque le hiciera gracia de verdad. Ya claro... voy a tomarle a él de ejemplo. Su madre murió cuando tenía 3 años. Heredó todo su dinero. Su padre se casó de nuevo y la mujer murió a sus 12 años. Fue cuando heredó la segunda fortuna. Y la última de ellas a sus 25 con el fallecimiento de su padre, justa época en la que consiguió su título como duque.
Por si no lo dije antes, sobrepasa los 35 años de edad. Está pronto a ser un viejo carcamal. He ahí parte del motivo de que no entienda porqué mi padre promete a su hija preferida con semejante... cosa.
Ahora que lo pienso bien, hay muchos muertos a su alrededor. Lo mismo se los ha cargado él.
Debería probar a hacer lo mismo. Si mi padre muriese todo el dinero de la familia Kagamine sería mío. Nadie tendría que decirme como gastarlo, nadie tendría derecho a obligarme a dejar de querer a alguien solo porque "está mal". Ese es parte del motivo de que me odie. Según las legendarias normas de la familia Kagamine, el heredero debe ser el primogénito varón de la linea sucesoria. Para su desgracia, Rin es mujer lo que me convierte a mi en el primogénito varón. Cree muy en el fondo que en cuanto se muera, me convertiré en alguna especie de chiflado con risa de loco psicópata y lo primero que irá a la calle a vivir como una mendiga será Rin. Lo mejor de todo es que si me diese por hacerlo, él no puede impedirlo. Primero porque estará muerto, y segundo porque aunque quiera, sin la aprobación de todo el consejo Kagamine, no puede alterar el testamento en donde todo su dinero, empresas y además patriarcado familiar es para mi.
Reí levemente llamando la atención de mi madre puesto que los demás en la mesa estaban interesados en otra cosa: Gioacchino. Incluso él mismo.
- ¿de qué te ríes? - Giré mi vista hacia ella arrugando el gesto.
- De nada - Tiene gracia lo poco que mi padre me conoce. Lo mas probable es que cuando él se muera, lo primero que mandaré de una patada a Austria va a ser al prometido de Rin. Lo segundo es a mi madre, aunque a ella no la mandaría de una patada a ninguna parte, le pienso comprar su propio avion privado para que visite ese montón de sitios al que una vez quiso ir pero él no le deja; no porque no quiera dejarla, sino porque él no quiere ir y ella como es tan mona, no quiere dejarle solo. Y lo tercero es meter a Rin en una habitación hasta que se enamore de mi nuevamente.
Mi madre siempre decía que el amor es como una fogata. Debes estar pendiente poniendo madera en el momento adecuado para evitar que se apague, pero no puedes saturarla porque la apagas y tampoco puedes abandonarla porque se apaga sola. Sin embargo una vez ocurrirá y es algo que no puedes evitar; y aunque con las cenizas que deja no puedes reavivar el fuego, son el recuerdo de que una vez hiciste una fogata. Siempre puedes coger mas madera, acumularla y hacer una nueva si recuerdas como hiciste la primera.
Llevé mi vista hacia Rin mientras me limitaba a remover la comida. Ahora que todo el mundo prestaba atención al invitado podía darme ese pequeño lujo masoquista. Para mi desgracia sonreía; echo mucho de menos sus sonrisas.
Hay un pequeño problema con mi plan; a parte claro está, de que mi padre no va a morirse pronto y lo de matarlo yo no iba muy en serio. Lo que siento por Rin lleva ahí tanto tiempo que no consigo recordar como ha empezado todo.
Las cosas se pusieron terriblemente feas. Los señores Kagamine, Len, la directora y la psicóloga pasaron hablando mas de media tarde. La última hacía muchas preguntas que Len intentaba contestar lo mas ambiguas posibles; aún así eso no evitó que llegara a una conclusión de la cual ni siquiera los bufidos del rubio que intentaba dar a entender lo estúpido que era eso, pudieron tirar abajo.
- Tiene novia - Meiko, la directora, soltó un "uuu" muy escolar para ser la persona con mas autoridad de ese lugar. Luka, su mejor amiga le mandó un golpe haciendo "shh" intentando no empezar a reír ella también.
- ¿Como que tiene novia? - Emelinda parecía terriblemente sorprendida. Len se agarró a su asiento inclinándose hacia adelante.
- ¡No tengo novia! - Reclamó él. No podían estarlo haciendo tan mal ¿no?. Aunque ahora que lo pensaba empezaba a plantearse que la culpa fuera suya. Si hubiera estudiado en vez de dormir podría haber salvado las materias mas decentemente y haber pasado inadvertido. O puede que no tan inadvertido porque no dormir es malo para la salud. Lamentarse ahora no vale para nada, por un fallo de cálculos había acabado allí cual persona normal con problemas escolares. Empezaba a sentirse un poco tonto.
- Len si nos mientes no podemos ayudarte - Comentó la psicóloga antes de que Nichollas se levantara señalando a su hijo.
- Si está diciendo que no tiene novia es porque no tiene. Además está prometido, no puede tenerla - El señor Kagamine nunca ha sido muy diestro en lo que a las cosas de su hijo varón se refiere. Por el contrario, Emelinda le cala con una simple mirada, la misma que en ese momento le estaba echando encima.
- A ver esto es así de fácil. Es un chico, y adolescente, estas cosas pasan todos los días - Luka insistió porque si bien solo le ha visto dos veces en toda su puñetera vida, contando esta, le había leído cual libro abierto abandonado en cualquier parte. - Tiene un horario muy estricto, intentábamos evitar que se aburriese ¿no?. -
- Pero ahora ya no se aburre - Comento Meiko guiñándole el ojo a su joven alumno. Ella se lee a quien quiere cuando quiere. Es como algún tipo de super poder que tiene como directora de la facultad. Sabe cuando miente todo el mundo, incluso Rin que es la experta mentirosa de la familia Kagamine y puede que de todo el mundo entero. - Solo tenemos que liberar algo de su espacio en su agenda y aumentar su tiempo libre - Nichollas pasaba la vista entre la psicóloga, su hijo y la directora sin creerse lo que oía. Entonces soltó un suspiro mirando a su mujer que seguía con la vista puesta sobre su adorado Len.
- Emelinda - Llamó, sabiendo que no hacía falta especificar que le estaba pidiendo una confirmación de las locuras que estaban diciendo.
El rubio se giró hacia su madre que aún le evaluaba muy a fondo, e incluso alcanzó a hacer un leve gesto de súplica como si esperase que mintiera por él y le dijese a todo el mundo lo contrario de lo que seguramente ella ya veía.
- Tiene novia - Confirmó haciendo un leve gesto de disculpa. - Lo siento cariño. Solo quiero lo mejor para ti y esa chica no lo es -
- ¡Pero si ni siquiera sabes quien es! - Reclamó sin molestarse en seguirlo negando. La palabra de Emelinda Kagamine valía más que la de cualquier psicólogo del mundo para su padre.
- Estás faltando a clase sin movito, estás suspendiendo. ¿Sabes los problemas que tenía antes para hacerte quedar en casa cuando estabas enfermo? ¡Querías venirte venirte a clase incluso con 40 de fiebre! - Un grito generalizado de las tres mujeres presentes se oyó cuando Nichollas cogió a su hijo por la parte del pecho de la camisa y levantó del sillón como si no pesase nada. - ¡NICHOLLAS! -
- Estás prometido. Quieras o no vas a casarte - Amenazó sin levantar la voz, soltándolo cuando la mano de su mujer, la psicóloga y además la voz de Meiko le obligaban a hacerlo oyendo un severo "señor Kagamine" por parte de la última que le hizo calmarse. Len cayó sobre el sillón de la sorpresa mientras su madre corría a su lado para asegurarse de que estaba enterito todavía. Nichollas metió su mano al bolsillo y lanzó contra él el teléfono movil que le dio un fuerte golpe en el abdomen al chocar contra él. - Llámala ahora mismo y mándala a la mierda -
- ¿Que? - Ahogó Len mientras Meiko estiraba su mano hacia adelante pidiendo algo de calma.
- Podemos arreglar sus horarios, no hace falta llegar tan lejos. Si suprimimos las clases extra tendrá tiempo de sobra para su novia y para estudiar. - Nichollas no se inmutó y Luka tiró de su amiga bajando la voz.
- Me parece que no le importa si tiene o no tiempo de estudiar, sino el hecho de que tenga novia - Explicó sin saber exactamente por donde colaborar para que aquello no terminara siendo una disputa familiar.
- Ahora Len Kagamine - Su voz sonaba cada vez mas firme y severa. Len se levantó del sillón con el teléfono en la mano.
- NO - Soltó sorprendiendo a todos los presentes. Su padre incluido. Jamás en su vida había cuestionado la autoridad, aunque la propia autoridad le dijera cosas estúpidas. - No voy a romper con ella porque la quiero, así que si no te gusta te aguantas - Le lanzó el teléfono de vuelta saliendo del despacho antes de que alguien pudiera evitarlo con su padre yendo tras de él pegando voces con su nombre sumado a algunas cuantas amenazas que el chico ignoró.
La señora Kagamine se apresuró para ir detrás de ellos e intentar detener lo que se venía encima, siendo frenada por Luka que la tomó suavemente del brazo.
- Len es un chico racional, pero no os olvidéis de que es un adolescente - Empezó a explicarse antes de que Emelinda preguntase por qué la detenía dejándola con la palabra en la boca. - Se volverá irracional si presionáis demasiado -
- ¿Irracional? - Preguntó confusa. La psicóloga asintió.
- Podría hacer alguna tontería como... - Hizo una pausa bastante larga. - Como largarse de casa -
- O amenazar con suicidarse - La voz de Meiko sonaba muy baja al mismo tiempo que adquiría un tono de saber sobre locuras de adolescentes irracionales. Su amiga le hizo shh porque no intentaba ir por el lado fatalista; por suerte la señora Kagamine pareció no escucharle.
- Mi Len no se iría de casa nunca - Eso era algo de lo que estaba plenamente convencida y por lo que pondría las manos al fuego.
- Los chicos hacen cosas increíblemente locas por amor - Esa vez la voz de la directora sexy pelirroja sonó suficientemente fuerte como para ser escuchada. Emelinda dudó un momento ya no tan convencida de lo que salió de su boca segundos antes y tras despedirse salió del despacho.
Todo el mundo estaba ya en su cama salvo Len Kagamine. Él había aprovechado para ir al despacho de su padre, robar un par de botellas de Brandy, un par de revistas médicas y se había escabullido fuera de casa al tejado del trastero junto a la piscina. Había terminado ya una de ellas, y releído las revistas hasta el punto de memorizar los artículos puestos en ellas.
Dobló su pierna apoyando el brazo sobre la rodilla y sosteniendo la segunda botella de brandy a medio beber perdiendo un poco el sentido pero no suficiente como para ser capaz de entrar en su casa para dormir. Resulta que la frase maestra que terminó la cena, fue nada mas y nada menos que un "Gioacchino se queda en casa", seguido de la voz del susodicho "hace mucho que no nos vemos".
Se besaron en las narices de Len que se levantó y se marchó sin dar explicación alguna. Desde entonces se había dedicado esconderse porque las ganas de romperle la cara al prometido de su hermana eran bastante fuertes, además de que seguramente su padre iba a arrancarle algo tan pronto como le viera por salir de esa manera tan grosera.
Lo peor de todo era ser plenamente consciente de lo que en ese momento estaba sucediendo en la habitación que estaba delante de la suya, justo a la cual no había podido ni acercarse porque la sola idea de estar a menos de 10 metros de una imagen semejante, aunque no la viese en realidad, le repugnaba. Se había pasado años siendo el único con derecho a hacer todas esas cosas que ahora mismo estaban sucediendo en la segunda planta.
Dejó ir su cuerpo hacia atrás de modo que de la cintura para arriba superó la parte mas alta del tejado y quedo con medio cuerpo de cabeza con la vista de la piscina del revés. Probó a beber de cabeza riéndose porque al estar en desnivel y un tanto borracho estaba tirando parte de la bebida fuera de sus labios.
- Debería usarte para incendiar la casa - Sugirió mirando la botella con los últimos sorbos. - ¿Tu que dices Brandy? - hizo como que la botella respondía y chistó. - Tienes razón. Mejor te sigo bebiendo - Se llevó la botella a los labios nuevamente cerrando los ojos durante un diminuto instante mientras pasaba el licor como si fuese agua, abriéndolos de nuevo cuando escuchó la puerta de la cocina abrirse y dar paso a una figura que reconocería incluso si no pudiese verla, si solo pudiera tocarla.
Una figura que se moría por tocar.
El resto del licor que quedaba, que no era mucho tampoco, se derramó. Él se giró sobre si mismo quedando boca abajo y resbalando hasta que solo su cabeza quedó asomando por el borde superior del tejado y las revistas resbalaban un poco hasta caer al suelo sin hacer ruido alguno por suerte.
Rin suspiraba mientras avanzaba hacia la piscina, quitándose una de las sandalias por el camino para rozar el agua con la punta de los dedos de uno de sus pies quitándose de encima el abrigo que llevaba y dejándolo caer al suelo. Aún llevaba encima la ropa de la cena.
Len seguía paralizado en su sitio mientras discutía mentalmente porque rayos se escondía. Para empezar, él había llegado antes así que si le pillaba espiándola en realidad no era su culpa; aunque claro está que podría bien hacer gemgem, o algo para hacerse notar, sin embargo si de él hubiera dependido tampoco habría respirado por si acaso.
Lo segundo que Rin se quitó fue la otra sandalia para nivelar su estatura nuevamente porque los tacones eran al menos de 10 cm de alto. Nunca los había soportado del todo pero a medida que crecía se supone que las damas se ponen zapatos mas altos. Se agachó para masajearse el tobillo un poco soltando un largo suspiro. Permaneció allí acurrucada un tiempo increíblemente largo; Len por su parte seguía su discusión mental pero a voces mas bajitas porque gran parte de su mente estaba centrada en la chica del borde de la piscina.
Cuando se levantó se echó hacia atrás por inercia para esconderse mejor sintiéndose terriblemente ridículo. No debería ser él que estuviese escondiéndose.
- Oh dios mio - Ahogó cuando Rin empezó a desvestirse tan lentamente que creyó que enloquecería antes de que terminase de desabrochar la camisa.
Con un empujón se resbalón del techo para volver al suelo y quedar al lado contrario del trastero con la espalda pegada a la pared y el corazón a mil por hora. Él ya no tenía derecho a verla desvestirse, no tenía derecho a ver las prohibidas partes que ya se sabía de memoria.
Pero resulta que el destino siempre le ha puteado un poco. Su intento por ser un caballero fue brutalmente frustrado cuando su vista se plantó en el cristal de la puerta de la cocina que reflejaba claramente el cuerpo de Rin cada vez con menos ropa. Ese habría sido un momento estupendo para hacer "gemgem", pero no conseguía nada distinto a pasar saliva con su corazón latiendo de prisa.
Empezó a plantearse el hecho de que tal vez hacerse notar ahora le dejaría como un cretino patético aún cuando había llegado antes, porque llevaba mas de 15 minutos mirándola a escondidas, mucho mas del tiempo "reglamentario" para hacerse notar. Una voz en su interior le gritaba "Perdedor". Sí, su cabeza también a veces estaba contra él.
Fue entonces cuando una de las botellas vacías del tejado resbaló hasta chocarse contra la cabeza de Len y posteriormente romperse contra el suelo llamando la atención de Rin que alterada se armó con un zapato y fue al lugar del ruido.
- ¿¡Quien anda ahí! - Temblaba de miedo y le importaba mas bien poco estar en ropa interior frente a un asesino en serie (película que por cierto se montó en su propia cabeza). - ¡Joder Len! - Sonaba incluso aliviada de que fuese él cuando le vio.
- He llegado yo antes, ¡jódete! - Respondió a la defensiva antes de poder evitarlo, entrando en la casa todo lo aprisa que podía sosteniéndose todavía la cabeza que le dolía por el golpe.
Chocó de lleno contra Gioacchino subiendo las escaleras. Él le agarró antes de que cayera, agarre del que el rubio soltó con violencia.
- Tío... ¿estás bien? - Parecía preocupado mirando la sangre que empezaba a emanar de la frente de su supuesto gran amigo. De no haber sido por el terrible dolor, el shock que aún tenía y lo borracho que estaba, en ese mismo instante le habría dado el golpe que le debía. - Eso se ve muy feo, ¿Te llevo al hospital? - El rubio negó y el hombre suspiró. - ¿Has visto a Rin? -
- ¿Que? - Puede que fuera suficientemente idiota pero... Rin se había ido a la habitación con él directamente, les había visto pasar mientras se escondía. ¿Como que si la había visto él?. Gioacchino se relamió los labios encogiéndose de hombros.
- Me dijo que iba a cambiarse para ponerse algo mas sexy, ya sabes - Len reprimió nuevamente las ganas de pegarle. - Pero no ha vuelto, hace horas que se fue - Esas palabras fueron como música para sus oídos. Resulta que todas las cosas por las que se había estado atormentando mas de media noche no habían llegado a suceder.
- Pues vaya mierda - Sonaba feliz, demasiado como para ocultarlo. Gioacchino frunció el entrecejo preocupado, insistiendo con lo del hospital y convencido de que dicha felicidad inapropiada era a causa del derrame que estaba sufriendo en ese instante.
Emelinda alertada por los ruidos salió de su habitación pegando un chillido a su marido para que viniese a atender a Len severamente agobiada de preocupación; como si se tratara de una grave enfermedad que le puede matar esa misma noche. El muchacho de 35 años no se animó a preguntar por su prometida a sus padres, no era tan idiota como para añadir lo de que había ido a ponerse sexy para él. Se limitó a asegurarse de que Len estaba bien y a volver a la habitación de la chica.
Rin por el contrario, no volvió en toda la noche y Len creyó que iba a morirse en una sensación mucho mas allá del pleno alivio.
Nichollas Kagamine tenía vigilantes por todas partes intentando conseguir encontrar a la novia con la que su hijo se había negado a romper. Len esquivaba a Rin como podía porque tampoco había tenido mucho tiempo para explicarle el motivo por el que sus besos de las mañanas a escondidas se habían suprimido, porqué ya no le ayudaba a estudiar o porqué ya no le mandaba mensajitos diciéndole que le quería. Ella empezaba a agobiarse.
Puso su cabeza contra la pared un instante mientras su prima hablaba como si se le fuera la vida en ello, seguramente le estaban pagando para entretenerle entre clases de esa manera, cosa que causaba que ni siquiera tuviera tiempo de escabullirse al instituto de Rin para explicarse. Tenía que pensar en algo, tenía que buscar una manera de comunicarse con ella. Pero ¿como?.
- ¡Eh! Devuélvemelo ahora mismo - Soltó sorprendido cuando su prima metió sus manos a su bolsillos en medio de su despiste y sacó el teléfono móvil mirando la pantalla que brillaba discontinuamente.
- Está sonando. Si ¿diga? - Era evidente que aunque él no hubiese estado distraído, se las habría apañado para coger el teléfono y contestar por él. - Tío Nicho - se le oyó decir un par de ajás más antes de pasarle a Len el teléfono.
- ¿Diga? - Las palabras de su padre fueron como estacas de nieve.
- Rin está en el hospital - Tardó menos de tres segundos en echar a correr hacia este, que dado el lugar donde estudiaba y el hecho de que ese era el hospital más cercano, lo tenía a menos de 2 calles de distancia. Lo primero que vio al llegar a la habitación 403, fue la cara de su padre en el exterior, vigilando la puerta cerrada e interrumpiendo su vigilancia al ver llegar a su hijo. Hizo un gesto con su mentón señalando la puerta que se abrió brevemente antes de que Emelinda asomara la cabeza.
- Entra - Len asintió. Sonrió a su madre de vuelta cuando él entró y ella salía, oyendo el clac de la puerta al cerrarse dejándolo a solas con su melliza que dormía placenteramente sobre la cama. Dio un par de pasos deteniéndose cuando esta se despertó girando su cabeza hacia él, incitada por el olor de la colonia de su gemelo que tanto le encantaba.
Se miraron mutuamente, sentimientos encontrados salieron a flote y Rin empezó a sollozar.
- Rin - susurró él acercándose a ella para abrazarla, que le rodeó con sus brazos como si fuera el salvavidas tras un naufragio.
- Creí que ya no me querías - él chascó la lengua negativamente varias veces. - Me he tomado las pastillas de la abuela, decía que provocaban desmayos o algo así - Hizo un puchero que detuvo casi en seco la regañina de su mellizo. - Al final me preguntaba si vendrías a verme -
- No vuelvas a hacer una idiotez así - La abrazó contra él mucho más, aliviado de que no hubiese sido mas que una tontería sin importancia, pero que podría haber terminado muy mal si se hubiese excedido. - Después de la reunión con la directora prácticamente he tenido a papá encima. Cree que tengo novia y como no la he dejado está buscándola él mismo para dejarla por mi - Soltó muy irónico lo último, tomando entre sus manos el rostro de su gemela que ahora comprendía todos los gestos de "ahora no" y el hecho de que la esquivase mas que nunca. - Sé que debería habértelo dicho pero no sabía como. No vuelvas a pensar jamás en tu vida que he dejado de quererte - Apoyó su frente contra la de ella que solo asintió cerrando los ojos y sintiendo un escalofrío recorriendo su espalda. Hace mas de tres meses que llevaban ese plan y le echaba de menos una barbaridad.
- ¿Se ha acabado nuestro tiempo a solas? - Preguntó muy bajito, tanto, que si no hubiese sido porque es Len Kagamine el que está delante en ese instante violando de ese modo su espacio vital, no le habría escuchado. Porque nadie la escuchaba como él. Sus corazones estaban tan juntos que ni siquiera necesitaban el oído.
- Encontraré una manera - Esbozó una sonrisa. - Te lo prometo. - Ella esbozó otra de vuelta desviando su mirada hacia la puerta un instante antes de besarle fugazmente, intentando obtener de él un cachito para soportar la cruel y larga espera que tenía por delante.
No la encontró. El problema es que estaba luchando contra su padre, y es un hombre que tiene mas recursos de los que él como estudiante va a tener jamás. El 100% de los Kagamine hará lo que él diga, y tenía a toda la familia trabajando en encontrar a su novia para buscar el modo de que le dejase. Intentó convencerlo de que ya se había acabado cuando los exámenes empezaron y consiguió salvarlos todos con sus notas habituales, pero su padre es desconfiado por naturaleza y para su desgracia, tenía a Emelinda de su lado que confirmaba constantemente que aún tenía novia y había añadido como nueva cosecha, que estaban teniendo problemas para verse cosa que acarreaba que Nichollas sonriera. Solo era cuestión de tiempo, alguno de los dos la pifiaría y encontraría un resquicio por donde colarse.
Rin era el resquicio, pero su padre aún no lo sabía; empezaba a desesperarse hasta el punto de cometer locuras como atropellar a su mellizo en el pasillo hasta tirarle al suelo solo para poder estar en sus brazos un leve instante. Él no estaba muy de acuerdo, pero era lo único que podían hacer de momento y que de algún modo también calmaba su ansia evitando así que perdiese la poca cordura que todavía conservaba.
Esa noche había decidido estudiar en su habitación, en realidad ni siquiera estaba estudiando, solo golpeaba el bolígrafo contra el enorme mamotreto de dos mil páginas sobre la teoría celular que no había ni empezado a leer y debía terminar antes de tres días. Sin embargo tenía la cabeza en otra parte. Podía inventarse que había ganado un concurso... y llevársela de viaje lejos, a un lugar donde pudieran estar solo los dos sin preocuparse de estar siendo espiados por miles de Kagamine al mismo tiempo. Pero eso significaría una mentira, y significaría que debía pasar por los radares de su madre que podría descubrir la mentira y podría acarrear en consecuencia que les pillaran.
También podrían fingir ir a dormir a casa de sus respectivos amigos. Pero cantaría un poco el hecho de que se fueran la misma noche.
Dejo caer su cabeza contra el libro sin sentir ningún dolor por el montón de páginas que amortiguaron el golpe.
- Nadie dijo que el amor es fácil pero esto tiene que ser una puta broma - susurró para si mismo alzando la cabeza cuando oyó el pomo de su puerta intentando ser abierto disimuladamente, girando la silla para quedar de frente sorprendido ante el hecho de tener visitas a esas horas de la noche cuando ya estaba todo el mundo durmiendo. Se levantó al divisar a Rin dando un par de pasos hacia el frente y moviendo sus manos a modo de pregunta. - ¿Que haces aquí? - Ahogó sabiendo que no hacía falta decirlo porque de todos modos su gesto había sido bastante explícito. Ella contestó con un simple shh, asegurándose primero de cerrar la puerta detrás de ella una vez el exterior seguía tan en silencio como cuando cruzó el pasillo. Apagó la luz dejando a Len momentáneamente ciego, pero sus ojos pronto se acostumbraron a la oscuridad, que era tenuemente iluminada por las farolas del exterior. Ella avanzó hacia él deshaciendo el nudo que ataba la bata que la cubría para luego dejarla resbalar por sus brazos y caer al suelo lentamente, sin dejar de caminar tan lentamente como todos sus movimientos. Len intentó decir algo pero se le atragantó en la garganta en el momento en el que parte de la luz del exterior iluminó el cuerpo desnudo de Rin, porque no llevaba nada encima mas que su ropa interior.
- A Rin le hace falta Len - Susurró melodiosamente e incluso de modo infantil, llegando a su altura para cruzar sus brazos tras la nuca de este, que desperdició el momento en el que su sentido común aún funcionaba para poder encontrar una ruta de escape, y ahora estaba en un estado de shock y fascinación. - Mucha mucha falta - fueron las últimas palabras antes de que se fundieran en un beso increíblemente apasionado que arrastró a Len hacia el mismo nivel de su hermana, posando sus manos sobre su cuerpo para pegarla a él lo mas posible tras que ella se llevase por delante su camisa, dejándola suavemente sobre la mesa de estudio que despejó con un manotazo haciendo que todos sus libros, útiles y apuntes terminasen por el suelo.
Y entonces encontró la manera. Era tan fácil como eso. Era tan fácil como esperar a que todo el mundo estuviese durmiendo, a que el mundo fuese solo de ellos, a que esas cosas solo fueran asunto suyo. Y Len lo vio claro: A partir de ese momento, la noche no era para estudiar, era enteramente para Rin Kagamine.
Emelinda tardó mas de una semana en darse cuenta del cambio de su hijo, pero tan pronto como lo notó fue consciente de que el problema al que parecía habersele puesto una pausa, no había terminado ahí. Avanzó por la casa hasta el despacho de su marido informándole de la nueva situación.
- Parece que ha sido él quien encontró el primer resquicio - Comentó casualmente, haciendo a su marido distraerse de los apuntes que revisaba. - Ha conseguido encontrar el modo de ir a verla -
- No puede ser, le tengo vigilado todo el puto día - Sonaba realmente molesto. Nadie juega con Nichollas Kagamine. Y con un simple gesto de su mujer se dio cuenta del resquicio. - La noche - Se levantó de su asiento avanzando por el pasillo hacia la habitación de su hijo, en la que estaba mas que convencido de que no hallaría a nadie. - ¿Como puñetas no me he dado cuenta de que se estaba escapando por las noches? - Su mujer hizo una mueca, de todas maneras ella tampoco se había dado cuenta.
- Si lo piensas bien, sus notas han mejorado bastante, a lo mejor era un despiste pasajero - Se encogió un poco de hombros cuando su marido la miró fijamente dándole a entender que eso le daba lo mismo. Ella seguía del lado de su marido. Su hijo tenía un futuro brillante por delante y no estaba dispuesta a que lo tirase por la borda por una cualquiera. En realidad era mas celos de madre que otra cosa, pero siempre había pensado en Len y en lo grandioso que sería cuando fuese mayor. Ya se estaba haciendo mayor y no podía permitirse que le desviasen de su camino. Su prometida era una buena chica, era la chica ideal para él y ese era el motivo de que hubiese estado de acuerdo cuando formalizaron la futura unión entre ambos.
- Está prometido. No voy a romper su compromiso por un amorío adolescente. - Abrió la puerta de la habitación de Len tempestivamente.
Esa noche fue la noche en la que sus padres les pillaron. Esa noche fue la noche en la que empezaron las visitas al psicólogo; los horarios apretados; el declive de su relación padre-hijo y madre-hija; la extrema presión paterna que llevó a Len Kagamine a decidir que quería marcharse de casa.
El problema de beber hasta medio morir y luego romperte una botella en la cabeza, es el terrible dolor que tienes al siguiente día. Papá se vio obligado a llevarme al hospital de todas maneras, hace muchos años que habían dejado de tener el botiquín al completo, y le hacían falta instrumentos de sutura para cerrar la enorme herida de mi frente.
A la mañana siguiente cuando desperté sobre mi cama me dolía tanto la cabeza que creía que iba a partirme en dos al moverme. Tenía un enorme chichón, a parte de los tres puntos que me pusieron. Añadido a eso no era capaz de comer nada y mantenerlo en mi estómago como debe ser.
Mamá se pasó la mayor parte del día mimandome y evitando que el resto (cosa que no hacía falta salvo por Gioacchino) ni siquiera se acercara.
El prometido de Rin se quedó en casa exactamente cuatro días más, esa misma noche debía volver a Austria a ejercer sus obligaciones como Conde, aunque no se que narices hace un conde. Para cuando conseguí levantarme de mi cama sin marearme él ya casi se iba, cosa que de algún modo agradecí a ese ente superior que seguramente me odia.
Dos minutos después de salir de mi habitación, lo primero con lo que me vi obligado a lidiar fue con una enfadada Rin que llevaba días reprimiendo sus impulsos de entrar a mi cuarto tan solo para abofetearme. El golpe que me dio sonó por todo el pasillo y fue tan fuerte, que por un instante creí que me había reconfigurado el ADN.
- Te lo advierto Len. Vuelves a espiarme en cualquier situación en la que me sienta mínimamente molesta, y te mando de una patada a siberia - Sonaba tan fría y distante como siempre. Ni siquiera me molesté en refutar mientras se escabullía por el pasillo severamente enfadada.
Era cierto que había llegado antes, pero también era cierto que me había pasado intentando ser invisible mas de 15 minutos solo para poder verla.
La segunda persona con la que tuve que enfrentarme fue el prometido de Rin. Mierda de ser vivo.
- Len - Me llamó y durante un segundo me pregunté si podía echar a correr y fingir que no le había oído. - Oye Len puedo hablar contigo? - no... no podía hacerlo. Escabullirse ahora había sido un cantazo.
- Me duele la cabeza tío. ¿No podemos hablar mañana? - ¿Cual era el truco? Que Gioacchino se marchaba esa misma noche. Sin decir absolutamente nada, abrió la puerta de la primera habitación que encontró y me hizo un gesto obligándome a entrar en ella. Era uno de los estudios que ya no usábamos para nada. La mayoría de los libros de ese lugar eran los de cuando aún íbamos al instituto.
- Necesito tu opinión. Nadie conoce a Rin mejor que tú - Había bajado la voz y adoptado un tono severo, y de no ser porque no parecía estar a punto de pegarme creí que lo sabía; eso de que me pasé cuatro años con ella jugando a las casitas. El corazón se me aceleró y me maree por el exceso de bombeo de sangre durante un instante. El hombre se agachó a mi altura con una pierna en el suelo y los brazos apoyados en la rodilla, extendiendo hacia mi una caja con un par de alianzas y varios diamantes incrustados en una de ellas. Por un momento creí que estaba a punto de pedirme matrimonio.
- Que coño haces! - Era una situación tremendamente bizarra. Gioacchino no lo entendió hasta que la silla en la que yo estaba sentado chocó contra la pared tras que la arrastrase hasta allí por el suelo sin levantarme empujándome con los pies. Bajó la mirada a las alianzas y luego a su postura haciendo un gesto con su mano como disculpa.
- Perdona, ha sido un acto reflejo - ¡¿Como que un acto reflejo? ¿pero a cuantas le ha pedido matrimonio que ya le sale como acto reflejo?. Agarró otra de la sillas arrastrándola hasta quedar sentado frente a mi y extendiéndome la caja una segunda vez. - ¿Te gustan? - Espera un momento.
- Son alianzas de boda - Él asintió de un modo en el que me hizo sentir tonto. No había que ser un genio para darse cuenta de ello, ni siquiera con lo ostentosas que eran estas en comparación a las que una vez tuvimos nosotros.
¡¿PERO A QUIEN COÑO SE LE OCURRE INCRUSTARLE DIAMANTES A UN ANILLO DE BODA?
Ese grito resonó en mi cabeza aún adolorida. A mi que más me daba si podía pagar unas alianzas que yo no pude pagar en su momento. Además ¿por que narices tenían diamantes? No se tragará eso de que son el mejor amigo de la mujer ¿no?.
Cada vez que intentaba mentalmente hacerle quedar como si fuera gilipollas, mas información era procesada. Iba lento, muy lento en comparación a mi habitual capacidad para deducir cosas tan simples.
- ¿Vas a casarte? - No hice muchos esfuerzos por que mi voz no se entrecortara y lo hizo de lleno. Gioacchino lo notó sonriendo mas contento que nunca.
- Es una sorpresa para ella. Quiero que ponga esa misma cara que has puesto tu - Cerró la caja de las alianzas guardándola en el bolsillo y levantándose de la silla para regresarla al lugar del cual la había sacado. - Pensaba hacerlo esta vez pero me he dado cuenta de que no tengo mucho tiempo. Así que esperaré a volver - Se giró hacia mi que seguía en un estado de shock, en el que era como estar parado con medio cuerpo suspendido en un precipicio y el otro medio equilibrándolo para no caer. - Dentro de cuatro meses le daré la sorpresa, nos casaremos y nos mudaremos juntos a Austria - Me levanté tan rápido que se sacudió hasta la última célula de mi cuerpo.
- ¿Austria? ¡¿Va-vais a vivir en Austria? - Él asintió sin saber el porqué de mi sorpresa.
- No puedo dejar Austria. Soy parte de la realeza - No era tan idiota como parecía.
Fue entonces cuando sonó la voz de mi padre avisándole de que su coche ya había llegado y le trasladaría al aeropuerto. Tras despedirse con un abrazo y casi sacarme los pulmones a palmadas en la espalda, salió del estudio, dejándome a solas con mis desgracias.
Me dejé caer de nuevo sobre la silla cuando mis fuerzas desaparecieron tan cual el pequeño atisbo de esperanza que todavía me quedaba y que seguía confiando en que algún día encontraría el motivo por el que Rin me ha dejado y conseguiría repararlo.
Pero eso ya no importaba. En cuatro meses se casaría. Esos mismos cuatro meses que Gioacchino Daventry tardaría en regresar a por ella y llevársela para siempre.
Que bonitos sois todos mandandome mensajitos *_* Gracias por los halagos, de verdad que me llegan a lo mas hondo de mi alma.
Lo de Gabriel García Marquez sí, si lo conozco. Vivo en españa desde los 15 pero antes estaba en Colombia. Es habitual que te manden a leer sus libros como tareas para el instituto (aunque he de admitir que muchos de ellos no los soporto). Me siento un poco en una nube ante semejante comparación *_*. Y si, recuerdo sus saltos en el tiempo y también lo perdida que estaba al principio hasta que conseguía hilvanar de que iba la cosa xD.
Seguramente como vosotros os sentís ahora xD. Me paso media vida saltando tiempos pero mi yo interno me impide que no conozcáis esa época en la que todo iba perfectamente hasta que alguien metió la mano!. (pista pista jujuju)
Y de nada por las estupendas clases de anatomía, la verdad es que sí, así cualquiera quiere estudiar xD.
Me marcho de una vez que esto de los cambios de letra cada vez que clickeo me esta poniendo nerviosa ¬¬ (el editor esta un poco raro hoy la verdad). Así que espero que os haya gustado este capitulo y nos vemos prontito!. Besitos gemelosos para todos *_*
