Capitulo IV:
Existe un hombre llamado Roderick Stradfot. Es uno de los socios mayoritarios de la familia; Kagamine con apellido perdido y amigo de toda la vida; además en algún momento de su existencia y múltiples bodas, mi padre y él también fueron cuñados. Se ha casado al menos unas 5 veces, puede que incluso más. Sé que hemos asistido a todas sus bodas, salvo a aquellas que pudieran haber sucedido cuando no estábamos en casa sino lejos de todo esto.
Suspiré mirando por la ventana de mi habitación, en el pasillo podía oírse la pelea de mis padres que intentaban hacer cambiar a la mujer de Roderick, Vanessa, las habitaciones de ubicación. Por si no lo he dicho antes, estamos en su mansión. Va a casarse pronto y estamos invitados.
- Especificamos perfectamente que debían quedar una lejos de la otra - Insistió mi padre, pero mi madre le golpeo diciendo que no hacía falta porque la mujer estaba apunto de echarse a llorar.
- Nichollas cálmate, les vigilaremos si hace falta. Mi vane creyó que sería bonito si toda la familia estaba junta
Maldita zorra. Podría habernos ahorrado la molestia de no tomar iniciativas propias.
Me separé de la ventana andando hacia la puerta abriéndola, haciendo que todos los del pasillo se sumieran en el silencio. No tenéis ni la menor idea de lo mucho que me molesta, que la gente que grita cerca de ti cosas que no debería gritar, luego finja que tal vez han corrido la suerte de no ser escuchados.
- Si tanto problema hay, puedo ir a buscar un lugar donde quedarme - Mi madre brinco de pronto negando esa idea, y Vanessa perdió los nervios totalmente antes de empezar a llorar llamándose tonta a si misma.
Yo me limité a reprimir un insulto que secundara sus propias palabras mientras mi tío Roderick le decía montones de moñadas para calmarla y obligarla a irse sin que se sintiera expulsada del círculo en el que estábamos ahora.
Todo esto era rematadamente ridículo, porque para empezar, yo había dejado muy claro que no quería venir. Pero resulta que Rin horas antes había dicho algo similar y ya sabéis como va esto: Mi padre se monta un complot nuestros para estar juntos mientras él no está, me amenaza, mi madre se cabrea, yo hago lo que quieren para que se callen... y al final, mi gemela también había terminado metida en el paquete del "viaje familar".
- Puede quedarse en mi habitación. Está suficientemente lejos de aquí - La voz de Alexanne Stradfort, una de las hijas de matrimonios de Roderick, sonó al final del pasillo. Baja, tímida y entrecortada levemente. Su padre alzo la cabeza para mirarla al igual que los demás, pero esbozando una sonrisa especial para ella. Era la mas adorable de sus hijas y por la que se derretía nada mas verla. Tenía 16 años, el cabello largo y negro, al menos como la recordaba, ahora mismo su cabeza estaba cubierta por un gorrito de esos de invierno que tienen orejas. Su tes era bastante pálida y era tan pequeñita que casi parecía que iba a romperse, sus ojos eran de un celeste tan brillante que hasta el momento no he encontrado otros ojos iguales. Tenía seis años menos que yo y bueno... a parte de todo eso... es mi prometida.
- Cierto. Deberías mudarte con ella, que hace mucho que no os veis - El tono de mi tío Roderick era bastante sugerente. Mi padre por el contrario se relajó notoriamente ante el solo hecho de que mi habitación no quedara frente a la de Rin, y además, que tuviese una chica que distrajese cualquier cosa que se me pasara por la cabeza durante la semana que estaríamos allí.
- Me parece bien - Todo el mundo asintió menos mi madre. Al principio estaba tan de acuerdo como todo el mundo en que Alexanne fuera mi prometida, de eso hace ya mas de 8 años. Pero desde lo de Rin, sus prioridades divergían bastante.
Así es como he terminado instalándome en una habitación que parece la casa de la Barbie, que no conoce otros colores que no fuesen el lila, rosa y celeste y que además tiene protecciones anti-niños por todas partes. Porque como ya dije antes, es la princesa de Roderick.
- Siento que tengas que hacer esto - Ella negó. En realidad lo decía como cortesía porque estoy mas que seguro de que no le molestaba en lo absoluto. Hay una cosa que no os he contado de ella, y es que es en gran parte apariencia. Adorable, tímida hasta límites insospechados, casi parece que va a quebrarse si da un solo paso... ella es todo eso cuando la gente la mira, pero cuando yo estoy delante, el chip cambia bruscamente.
- Es igual. De todos modos pensaba colarme en tu cama por las noches - Bromeó, cosa que contrastaba con su voz, porque si bien su personalidad cambia bastante cuando estamos solo los dos, su voz sigue siendo tan dulce y aguda como es habitual. - Claro está que desnuda, porque sino no habría tenido ninguna gracia - Suspiré. Intenté decir algo al respecto para hacerme el maduro y responsable, pero entonces llevó su mano a la cabeza quitándose la gorra que llevaba cubriendo su cabello todo el rato. - Ahora soy rubia... ¿no te gustaban más las rubias? - Su comportamiento cambió drásticamente una segunda vez, nunca he sabido el momento en el que actúa y cuando habla muy en serio incluso después del montón de años que llevo conociéndola. Sonaba dolida, y es que aún por entonces cuando todo el mundo, al menos el mundo al que papá no suele mentirle (como son los Stradfort), se enteró de que me había fugado con mi gemela, yo ya era su prometido.
Mi primer impulso fue acercarme a ella para poner mi mano sobre su cabeza, moviendola tras esto como si la despeinara pero sin hacerlo, sintiendo que se me rompía algo por dentro cuando me fijé en sus gesto que intentaba ferozmente contener las lágrimas.
- Lo siento Alex - Susurré al ser consciente por primera vez de que había mas gente alrededor de mi a la que fastidié cuando decidí hacerme el niño grande y largarme de casa. Ella se limitó a limpiarse las lágrimas asintiendo e intentando sonreír.
- Mentira. Pero... no importa. Ahora que se os ha estropeado todo y has vuelto, lo demás no importa - Yo se que no lo decía con malicia. Que no iba con ese gesto de "sois idiotas por intentarlo", o un intento de hacer parecer menos importante lo que siento por Rin de lo que es en realidad. Aún así, fue como si hubiera cogido un cuchillo, y me hubiese apuñalado por sorpresa. Aquí... aquí donde antes había un corazón que tenía motivos para latir.
- LEN! - Chilló clarise haciendo dar al chico un brinco sobre las butacas en las que inconscientemente se había sentado mientras golpeaba su frente contra la barra - Tío, que viene el jefe y tú ahí tirado como si fuera el fin del mundo - Agarró su mano tirando de él para pararle junto al resto de empleados que ya esperaban en una especie de calle de honor, la llegada del Jefe. Y es que esa misma tarde, había una inspección que suele hacer periódicamente y donde siempre suele salir una persona despedida.
¿Que por que lo sabia? porque así había conseguido Len su trabajo hace casi dos años y medio. Un desgraciado infortunio para el despedido pero una verdadera suerte para él.
Gonzalo, el jefe mayoritario, empezó a caminar por el local examinando uno a uno los recovecos, asegurándose de que no había polvo, grasa o cualquier suciedad. Los empleados se mantenían rectos, incluso aquellos dos intocables, no solo porque uno era su ex-cuñado y el otro su sobrina, sino porque eran amigos de mucho tiempo atrás y empezaron el negocio juntos.
Cuando el Jefe se dispuso a hablar por primera vez desde su llegada, un teléfono móvil sonó y el semblante serío de Len, se transformó en uno de pánico total.
- Rin! Rin por el amor de dios, quedaste en llamarme a medio día y son más de las cinco de la tar... - se interrumpió cuando la voz al otro lado del teléfono no era la de su hermana, aferrándose al teléfono con una fuerza inconmensurable. - Quien demonios es usted? -
- Kagamine - Recriminó Gonzalo, sintiendo la mano de Marco sobre su hombro negando al ver las intenciones de este.
- Su esposa lleva días enferma y esta mañana iba al hospital. No sabe nada de ella desde que salieron de casa cuando vino a trabajar - El hombre miró a su amigo fijamente durante lo que pareció una eternidad, que fue interrumpida segundos después por la carrera de Len saliendo del local. - Es un buen chico, pero cuando se trata de su mujer no atiende a razones -
- Por que no le has dado el día libre? - Marco sonrió haciendo un gesto con su cabeza.
- Estábamos un poco cortos de personal. Sin embargo, estaré encantado de darle libre el día de mañana -
El rubio pasó el resto de la tarde buscando a Rin tras recoger el teléfono móvil que un amable transeúnte encontró en el parque del centro, tirado sobre el borde de la fuente y sonando desbocadamente por el montón de llamadas que Len realizaba intentando hablar con Rin. Desesperado, corrió kilómetros gritando su nombre, fue a su escuela y la recorrió de pies a cabeza, a los lugares que solía frecuentar después del trabajo, al centro comercial, a miles de sitios en los que sabia que no iba a estar pero con la atormentada necesidad de intentarlo aunque fuera inutil.
Pasada la media noche volvió a casa pensando en llamar a la policía o algo similar. Pero nada mas abrió la vio allí, tirada en el suelo sentada al final del pasillo, abrazada a sus propias piernas y dormida entre sus propias lágrimas sosteniendo en su mano una prueba de embarazo.
Alexanne no le dejó a solas ni un segundo. Dormían juntos, desayunaban juntos, incluso durante casi 10 torturantes segundos se bañaron juntos. Len era un caballero, a parte de que su prometida era demasiado menor para él y sabía en el fondo que ponerle un dedo encima era ilegal en muchos países. Él 22 años, ella 15, en un par de días 16. Si bien sabía que no le demandarían por tocarla, porque era precisamente lo que querían que hiciera, una parte de él no se sentía bien si lo hubiese hecho.
- ¡¿Quieres parar ya? - Soltó irritado controlándose a si mismo para quitar la vista del cuerpo desnudo de Alex que avanzaba hacia él dos pasos por cada uno que retrocedía.
- ¿Por que?. Antes nos bañábamos juntos - Si, eso era verdad. Hace unos 9 o 10 años.
- Tenías 5 años... no es lo mismo - Además por entonces, se negaba a bañarse si no era con él. Y básicamente a él, le obligaban a hacerlo.
El resto del día no fue para menos, cada vez que se quedaban a solas Alex se las apañaba para soltar alguna burrada que llevase el límite de la paciencia de Len más allá de lo soportable. Intentó huir hacia un bar pero ella se las apañó para seguirlo, y no tenia ni idea de como terminó metido en un local que ella había elegido y que resultaba ser de la mayor de las Stradford.
- ¡Te presento el mejor bar de toda esta ciudad! - Dijo la chica andando de espaldas tras dar una vuelta sobre si misma con los brazos extendidos hacia arriba mientras algunos de los presentes, nada mas llegar, la saludaban sin parar.
- ¡Alex! ¡muñecaaa! Como se entere tu padre de que estás por aquí nos mata... - Reclamó uno su atención desde la zona del DJ, mientras ella movía su mano exageradamente como respuesta al saludo.
- El bar es de mi padre, o bueno, en realidad es de mi hermana pero da igual. Lo paga todo papá. - Cotilleó mientras el rubio se limitaba a asentir, avanzando hacia la barra cual papá de los patitos puesto que Alex le seguía allá a donde fuera. Así le iba a ser terriblemente imposible conseguir una chica y con ella, un lugar donde quedarse antes de esa misma noche porque si seguía durmiendo en una habitación rosa, se iba a plantear el suicidio.
La suerte no parecía estar esa noche con él, en realidad parecía haberle abandonado hace meses. A este paso le tocaría optar por el plan W, quedarse en el bar bebiendo alcohol hasta el día de la boda, para la que aún faltaban dos días enteros.
- ¡Len! - Esbozó una sonrisa al ver a Adelaida, la hija mayor de Roderick. 35 años, casada, con 3 hijos ya casi terminando la primaria. Era hija de su primer matrimonio, y en total habían unas... 7 u 8. Tal vez 9. - ¿Ya te ha metido mano mi hermana? - Se burló. La susodicha llegó quejándose.
- Aún no. Pero lo ha intentado ya - Bromeó el rubio cogiendo la copa que le sirvió para olfatearla. - ¿Brandy? ¿en serio? - No pudo evitar reír, acostumbrado siempre a que Adelaida, la mas responsable quizá de todas las Stradfort, le diese alcohol, puesto que la última vez que le vio, en una reunión familiar, le sirvió zumo de uva para el brindis en vez de vino y tenía 17.
- Bueno, ya tienes 22... casi 23. Creo que te has ganado una copa de Brandy - No bromeaba con lo de "una" puesto que al salir dicha palabra de su boca su mirada se tornó muy seria y autoritaria. Poco después se giró hacia Alex con un vaso de leche.
- A ti al menos te daba zumo de algo. A mi sigue dándome leche caliente - Len no pudo evitar soltar una risa antes de beberse la copa de golpe.
- Venga, te necesito en la cocina. Viene la hora punta - Apuró a su hermana con un par de aplausos llamando también la atención del resto de empleados que intentaron movilizarse sin chocar sin mucho éxito.
- Puedo ayudarte si quieres - Total, tampoco es como si tuviera algo interesante para hacer.
- Necesito a alguien en la barra. ¿Que sabes de bebidas alcohólicas? - Él soltó una risa antes de hacerse el difícil.
- Lo justo. - Soltó con un tono de broma que la chica no pareció notar.
- Es igual. Con que no rompas nada me vale. Si tienes alguna duda las botellas tienen etiqueta, aquí está la lista de cócteles y los ingredientes y... si tienes problemas avísame - Él asintió firmemente mientras la chica se marchaba, agarrando el uniforme que le habían dejado, para cambiarse rápidamente y girarse, agarrando varias copas de chupitos y colocandolas encima de la barra una junto a la otra.
- Un margarita - Solicitó uno de los clientes. Len alzó la vista hacia él con una sonrisa y negó.
- No hay nada. Solo tenemos chupitos. 5 pavos por cabeza - Tras sacudir varias de las botellas y rellenar los chupitos cual experto pasando la botella sobre las copas en linea recta con la velocidad suficiente para que todos los vasos se rellenaran sin tener que pasar sobre estos una segunda vez, agregó un par de ingredientes más y le prendió fuego a la primera copa que extendió a los demás, haciendo al público que esperaba murmurad un "woh" al unisono. Esbozó una sonrisa, de algún modo extrañaba esas cosas.
Cuando los chupitos estuvieron terminados, empujó los vasos hacia el frente cerca del borde de la barra ofreciéndoselos a la gente cuando muchos de ellos solicitaron cosas que no pensaba servir. Así era como funcionaban en el bar donde trabajaba en antaño. La hora punta era entre las 9.30 y las 11 de la noche. Salía todo el mundo de trabajar, de estudiar, estaban libres y los viernes eran agobiantes. El método para reducir el estrés y el cúmulo de gente en espera de ser atendido, era limitarse a servir las mismas bebidas al mismo precio. Dos preparando, dos sirviendo. Aunque ahora mismo con el haciendo las dos cosas bastaba y sobraba. No era nada comparado con los apocalipsis de clientes sedientos a los que se había enfrentado antes.
Al poco rato, le quitaban las bebidas de las manos y prácticamente le lanzaban los billetes. Esa era su bebida estrella. La descubrió por accidente mezclando cosas que no debía mezclar, y dejando uno de esos combinados por error cerca de la estufa encendida que le prendió fuego y la hizo explotar. Aunque dos o cuatro intentos mas tarde consiguió que no explotasen y quedase una bebida con un sabor incluso agradable al paladar.
Adelaida parecía sorprendida cuando la hora punta terminó y el trabajo volvía a ser el habitual en ese bar. Len tomó asiento detrás de la barra mirando los chupitos que habían sobrado y empezando a consumirlos uno por uno de un solo sorbo hasta que la chica golpeó su mano como si fuese un crío de 3 años que toda los papeles de su padre mientras trabaja.
- ¡Deja de beber ahora mismo! - Él sintió el impulso de encogerse sobre si mismo soltando un "lo siento" porque la mayor de las Stradford tenía muchísima autoridad de madre. Ella suspiró antes de darle un beso en la mejilla. - Eres increíble. No sabía que se te daba tan bien la gente. Si vivieses por aquí serías el camarero mas genial que tendría jamás - Le pegó otro chillido a Alex cuando asomó sus narices fuera de la cocina, obligándola a volver al trabajo de terminar de limpiar todo el estropicio que tenían allí dentro. Len suspiró. Tal vez se había acostumbrado mucho a la vida del obrero. Una parte de él echaba de menos esos días en los que le servía a la gente, hablaba con sus colegas idioteces en le descanso, pero sobre todo, vivía lejos de los problemas de ser el heredero de toda una fortuna que no quiere.
Puso su mano sobre otro de los chupitos para sofocar el fuego de este, echando por inercia una mirada hacia la cocina antes de bebérselo. No quería que le lanzaran otro grito por andar bebiendo. Además seguramente como era el tercer o cuarto aviso ya, capaz de que le castigaba y todo.
- ¿Esa no es tu bebida estrella? - Se le fue la bebida por otro lado cuando la voz de Rin sonó tan cerca que ni siquiera tuvo que usar un tono de voz normal para que él le escuchara. Estaba tan metido en su propio mundo que ni siquiera se había dado cuenta de que la chica llevaba un buen rato sentada al otro lado de la barra frente a él. Tosió hasta que se vio obligado a escupir sobre el fregadero la parte de la bebida que no había conseguido pasarse, mientras la rubia le daba palmaditas en la espalda muy preocupada. - Ten cuidado -
- Rin - Susurró él una vez recuperó la compostura. Ella sonrió y movió su mano como saludo.
Él corazón de Len latió fuertemente. Hace meses que no sonreía para él. Aún así ahí estaba, sentada en frente esbozando para él una de esas sonrisas que tanto echaba de menos. Todo su vocabulario se bloqueó y apenas atinó a tartamudear mientras Rin se reía nuevamente y señalaba uno de los chupitos.
- ¿Puedo? - Len tan solo asintió antes de empujar hacia ella, con tan solo un par de dedos, una de las copas todavía llenas. - Gracias - Se aclaró su garganta como si fuese a dar un discurso posando su mano sobre la copa para tapar el aire y por ende apagar el fuego, antes de beberla. Se relamió un par de veces para catarla, y la dejó sobre la barra una vez vacía - Sabe igual que recordaba - Él rió nerviosamente. Ella rió de vuelta pero con mucha mas naturalidad.
En ese instante casi todo el mundo pareció desaparecer. Ya nadie hablaba, a duras penas se oían las respiraciones de los dos y todo parecía ese tipo de sueño que parece que no termina y que podría detenerse en ese instante el resto de su vida.
Rin puso sus dos manos sobre dos vasos más, empujando uno hacia su gemelo y tomando el otro chocándolo sutilmente contra el cristal.
- Por las habilidades que no se pierden - susurró bebiéndoselo de un solo golpe mientras el rubio atinaba a soltar un "aja" algo trastornado antes de beberse el suyo. Terminaron con las copas sobrantes en dicho plan, conectando entre ellos como hace mucho que no lo hacían. Y entonces Rin apoyó sus pies sobre el soporte de la butaca para luego posar sus brazos en la barra y acercarse a Len apoyando su sien junto a la de él que se habría desmayado de no se porque ella agarró su camisa y la hizo real. Ya no era una ilusión, ya no estaba drogado o bebido o en coma... como creía en un principio.
Rozó sus labios contra su piel de un modo torturante pero al mismo tiempo placentero. El corazón de ambos se detuvo un instante porque los latidos que antes no tenían sentido acababan de recobrarlo. Su piel era acariciada por las respiraciones y suspiros mutuos que intentaban contener y entonces, cuando aquel momento se hizo eterno, Len giró su rostro rozando sus labios contra los de ella, inclinándose para acercarse aún más si cabe haciéndola retroceder sutilmente en el proceso antes de besarla con desesperación. Beso que duró menos de un leve instante.
Una voz sonó interrumpiendo el momento y haciendo que ambos saltaran hacia atrás, hasta el punto en el que la espalda de Len chocó contra la estantería de las bebidas y tirase dos al suelo que intentó coger sin mucho éxito y se rompieron ipso facto.
- uuuuuu - Soltó Marie Anne. La cuarta hija de Roderick. 22 años, mejor amiga de Rin... rubia teñida y tonta con ganas. Las botellas rotas alertaron a Alex y Adelaida también que salieron de la cocina donde estaban limpiando.
- ¿Que ha pasado? - Len solo atinó a encogerse de hombros porque seguramente si hubiera intentado hablar, se habría dado cuenta de que su voz no regresaba todavía.
- Creo que he visto a alguien besando a alguieeen - Soltó Marie Anne cantarinamente haciendo que Rin soltarse una leve risa que no parecía demasiado consternada, en comparación a la que salió de los labios de Len.
- ¿Venís borrachas? - Reclamó Adelaida con total indignación. Marie Anne y Rin se miraron mutuamente respondiendo afirmativamente sin darse cuenta con su largo silencio. - ¡Claro! ¡por eso no estabais aquí! - Chilló frustrada.
- Tu nos habrías dado leche caliente - Se quejó su hermana mientras empezó una discusión familiar en la que de trasfondo se escuchaba a la menor de las Stradfort reclamando su derecho a dejar de beber leche caliente y pasarse al Zumo de uva.
Rin reía sentada en la butaca mientras Len posaba su vista sobre ella. Y entonces fue consciente de lo mucho que la echaba de menos aunque fingiera que no le importaba que ya no le hablase, que ya no le mirase, que ya no le dejara quererla. Quiso regresar a la absurda idea de venderle a alguien su alma por tan solo poder besarla una vez mas. Pero se dio cuenta de que un solo beso ya no le valía. De que la necesitaba tan desesperadamente como su corazón un motivo para latir, como el hombre respirar, como un gato pequeño a su mamá.
Y el dolor volvió. Volvió como en ese tipo de heridas que no están sanadas pero finges que sí y antes de que lleguen a sanar de verdad aporreas sin querer y las abres aún mas. Y te duele mas que la primera vez.
Agarró bruscamente una de las botellas de la estantería que se había salvado por los pelos del golpe al retroceder y caminó hacia la puerta.
- ¿Len a donde vas? - no contestó. Salió de todos modos dando un leve portazo. - Len... - Las chicas se quedaron algo confusas por su reacción. Él no era así. Era generalmente del tipo de chico que espera a que todas vuelvan a casa antes de marcharse definitivamente.
La mirada de una de ellas se mantuvo sobre la puerta por la que salió, de un modo mas prolongado que la de las demás y su suspiro se perdió en el momento en el que la música de ambiente fue puesta de nuevo para poder terminar de concluir entre todas las limpieza, bajándose de la butaca y saliendo tras su gemelo sin dar explicasión alguna.
Pasaron un buen rato tirados en el suelo sentados uno junto al otro sin decirse palabra alguna. Len de vez en cuando se re acomodaba pero Rin a duras penas soltaba suspiros de vez en cuando. Acarició su brazo sin entender todavía a que venía dicha reacción, dichos llantos, dicha putada de no haberle llamado y obligado a pasarse todo el día sumamente preocupado.
- Rin - Soltó pasada más de media hora porque realmente no lo aguantaba más. Se giró de modo que aúnque seguía a su lado había pasado a estar frente a ella. Acarició su mejilla mientras intentaba buscar las palabras adecuadas y ella tan solo atinaba a lloriquear. - Dime algo. Dime algo porque voy a volverme loco - Ella se abrazó a su cuello como si fuera el desesperado intento de no ahogarse en un mar donde no puede nadar. El único ruido que se escuchó a parte de sus respiraciones, fue el de la prueba de embarazo caer al suelo.
- El médico me preguntó si estaba embaraza - Susurró ella cuando consiguió calmarse suficiente. - Que era mas económico ir a una farmacia y comprar una de las pruebas desechables que venden allí - Eso era algo que había supuesto en cuanto la vio. No tenían seguro médico de ningún tipo así que cualquier visita al hospital y cualquier examen era pagado por ellos mismos. Sin embargo, había un hombre en específico que les hacía el favor de o hacer exámenes mas baratos o definitivamente darles una alternativa. Y en este caso el Test de las farmacias era el que menos resentiría su economía.
- ¿Por que no me has llamado? - Ella se soltó lentamente limpiando sus lágrimas con el dorso antes de hacerse demasiada fuerza y ser detenida por las manos de Len. - Rin... -
- No tenemos dinero para un bebé - Soltó llorando a la desesperada, hablando de un modo muy atropellado. - A duras penas tenemos para comer y seguramente el bienestar infantil vendría y se lo llevaría y lo daría a una familia que tuviese mejor situación económica que tu y yo - La voz se le entrecortó dejando caer su cabeza, la cual chocó contra el pecho de Len por la postura en la que estaban. - Pero luego me di cuenta, de camino a la farmacia, de que tenía miedo -
- ¡¿Y por qué no me has llamado? - Reclamó esta vez un poco mas alterado, sintiéndose el ser mas repugnante sobre la tierra por no haber sido capaz de haber hecho nada para evitarlo.
- No lo se - Su voz ya ni siquiera sonaba. Sus llantos la embargaban y Len procuraba no seguir perdiendo los nervios. La abrazó fuertemente de nuevo casi disculpándose mientra sus manos empezaban a temblar de impotencia. - Caminé durante horas. Y entonces terminé en un almacén de ropa para bebes y me di cuenta de que quería tenerlo. Los precios eran elevados y no me importaba, había que cambiarles de ropa cada 2 meses y no me importaba, porque le querría mas que a mi propia vida y eso debería bastar - se aferró a la camisa de Len para subir su rostro y mirarle directamente a los ojos. - Y quise se ser mamá. Y quise que esa estúpida prueba diese positivo. Y quise darte la sorpresa en la noche cuando volvieses a casa. Y luego pasar los próximos meses de nuestra vida pensando como íbamos a pagar todo lo que se nos venía encima - No pudo hablar más. Las palabras que salían de su boca eran balbuceos mientras se abrazaba a su gemelo de nuevo, escondiendo su rostro en su cuello y llorando hasta mas no poder.
Ahora lo entendía, de alguna manera lo entendía.
La prueba de embarazo que había visto tenía una sola raya, y si no le fallaba la memoria, el positivo eran dos.
La estampó contra la pared junto a la puerta de su habitación, con sus manos acariciaba los muslos de ella sosteniendo su cuerpo que se arqueaba de modo casi acompasado al de Len, subiendo y bajando el pecho repetitivamente a causa de las respiraciones bruscas e incontroladas que estaban experimentando. Tiró de ella un poco hacia arriba para que rodeara sus caderas con sus piernas con una suavidad increíble, apresando su cuerpo contra la puerta sosteniéndola en todo momento sin para de besarla y acariciar partes de su cuerpo que reconocería en un instante.
Cerraron los ojos y se dejaron llevar por la lujuria, sin pensar en lo que hacían, en lo que sentía en ese instante cada uno de sus corazones, ni en los gritos que pegaba el alma del chico sabiendo que era un error. El rostro de Rin, su sonrisa, sus ojos, su mirada, su piel, sus manos, sus suspiros... toda entera ella. ¡Una completa mentira! ¡Tenía que dejar de engañarse de esa estúpida manera!. Se separó relamiéndose los labios apoyando su mano en la pared dejando caer la cabeza hacia adelante con una expresión que bien parecía la de alguien que está sufriendo y luchando por dejar de pensar en cosas que en ese mismo momento debería pasar por alto. Lo único que necesitaba era distraerse, poner dentro de su cabeza otra cosa que no fuera Rin, Rin , Rin y Rin.
La voz de la chica que lo acompañaba le llamó, atravesándole el tímpano y llegando mas alto de lo que en sí habló. Su nombre pronunciado de los labios de ella no sonaba de la misma manera.
- Perdona Alex. Ha sido una estupidez - Susurró sin sonar borde, mas bien vacío. Como un niño al que acaban de contarle la muerte de su mascota y sus padres el mismo día.
- Len - Llamó, su voz sonaba al borde de las lágrimas.
- Vete - Puede que no fuese muy duro con ella, pero eso fue peor que si le hubiese gritado. Alex se encogió de hombros sin añadir nada mas, como si acabase de pegarle una puñalada por la espalda terminando por asentir y perderse por el pasillo echando a correr cuando perdió el control de sus sentimientos y empezó a llorar. Siempre había pensado que no era suficiente para él, intentara lo que intentara, hiciera lo que le hiciera a él no le bastaba. Podía teñirse el pelo de rubio, quererle desesperadamente, pero nunca sería Rin; para su desgracia.
Len cerró los ojos sabiendo que el daño que le había hecho al ceder estúpidamente a sus intentos por hacerle sentir mejor. Se había encontrado con ella por la calle cuando ya había terminado la botella y esta no le había dejado KO, porque por no mirar lo que agarraba terminó llevándose una bebida con menos del 30% de concentración de alcohol. A él, con todo el tiempo que llevaba bebiendo, si no supera el 45% no le servía de nada.
Se pasó las manos por la cabeza; luego se disculparía, aún tenía que pensar como pero ya se le ocurriría algo.
Alzó la vista cuando la puerta de en frente sonó, dejando entrever a una adormilada Rin con su pijama de invierno que se sorprendió dulcemente de verle en la habitación de en frente.
- ¿Donde te habías metido? He ido a buscarte pero no tenía ni idea de por donde te habías ido - Él paso su vista por ella, elevándola desde sus pies hasta su rostro con una lentitud agobiante.
- ¿Por qué me besaste? - Habría deseado que su voz no sonase como si con dicho acto le hubiese mandado de una patada al infierno y estuviese suplicando por ser sacado de allí.
- Estabas delante. Me apetecía besar a alguien - Su tono de voz revelaba que ni siquiera le importaba; que había sido lo mismo que besar un peluche. Len negó para si mismo con el corazón envuelto en una solitaria aura, antes de encerrarse en su habitación sin que la Rin real, la que él habría matado por tener en sus brazos hace 10 segundos, le siguiese, y esta se limitara a encoger sus hombros sin comprender nada, soltando un largo suspiro confuso antes de volver a su propia cama.
Hoy es un día muy especial. Primero porqueeee es lunes! y los Lunes se inicia semana y como quedan todoooos los días por delante hay que empeza con buena cara.
Segundo porqueeeeeee pues porqueee no me acuerdo, tenía pensado que poner aquí para cuando estuviera editando la ortografía pero como he terminado leyendo el capítulo entero mientras lo hacía al final se me ha olvidado.
... ... ... ...
OHOHOH! Ya me he acordado. Es un día especial porque es el primer beso de Len y Rin después de que se separasen. *_* Puede que yo sea la que escribe la historia pero me hace tanta ilusión como a vosotros xDDDD (O al menos eso espero). A partir de aquí todos son cuesta arriba y cuesta abajo jojojo y es lo único que pienso decir al respecto. Alex es mona, no la odiéis mucho, solo ha llegado en el momento equivocado en el lugar equivocado.
Me despido ya porque me va pillando la noche para ir a clase. Un beso enorme para todos y espero que os haya gustado el capítulo. ¡Nos vemos prontito!.
