Capitulo VI
Pasamos toda la noche intentando encontrar al jodido gato de las narices, porque hay una cosa que sabe hacer muy bien y es esconderse. Si en antaño no conseguíamos dar con él en una casa de 2x2 cuando se enfadaba con nosotros y decidía que no quería vernos; definitivamente no daríamos con él jamás en la mansión Kagamine porque lugares para esconderse le sobraban, además de un amplio amplio espacio de al menos 2000 metros cuadrados.
Terminé con los pies adoloridos tirado en medio de las escaleras sin tener muchas ganas de subir a dormir en una cama como es debido, y lo único que se escuchaban eran los gritos de Rin todavía buscando a Lucky. Incluso osó amenazarle con dejarle sin comer, pero con eso de que se ha pasado el último año viviendo solo, dudo que encontrar comida sea uno de sus problemas.
Ahora que lo pensaba bien, era gilipollas. Solté un suspiro algo amargo escondiendo mi rostro entre mis manos e inclinándome hacia adelante mientras soltaba alguna que otra maldición entre dientes. "Porque hemos dejado de querernos" A que hora se me ocurrió dejar salir de mi boca semejante tontería?. A parte de que era una frase rematadamente incómoda, estaba mal formulada.
Primero, porque yo no he dejado de quererla.
Segundo, porque es un gato. ¿Por qué va a enfadarse un gato por algo que no entiende? Y puede que diga que mi gato es especial pero con eso de que es como mi hijo no me fío mucho. No soy objetivo. Es como cuando los padres creen que su hijo es muy inteligente porque consigue aprenderse en quinto las capitales de todo un continente.
Tercero... pues no se me ocurren más. Pero seguro que las hay.
Habría deseado estar unos cuantos escalones mas por encima para tirarme por estos.
- ¡Len!
- ¡Que! - Grité de vuelta cuando me llamó realmente sorprendido porque estaba a 3 pasos por encima y no usó un tono de voz muy moderado que se diga. Retrocedí pasos suficientes para sostenerme de la barandilla sin matarme cayendo por las escaleras en el proceso sintiendo el corazón a toda hostia. - ¿Que pasa? - Ella hizo un gesto muy evidente.
- Que te he llamado - Vale... en algún punto de esta noche ha salido loca. Solté un "ajá" muy lento y asintiendo pensándome la idea de que lo mismo no era conveniente quejarme por el chillido que me había pegado sin motivo alguno. - Dile, a ese gato tuyo... que si no sale ahora mismo de donde esté... le rompo las patas para que no pueda moverse otra vez! - Empezó con un tono de voz muy calmado que fue en aumento con el mal humor y además también el timbre de voz hasta concluir en un grito que habrían oído hasta los vecinos.
- ¿Por qué es mi gato cuando no hace lo que tu quieres? - Ella abrió la boca para responder pero se quedó totalmente en blanco aún con el cabreo a flor de piel. Y entonces hice la segunda estupidez de la noche. Melancólicamente... sonreí.
No era ni la primera ni la última vez que una amenaza como esa saldría de sus labios. Porque la relación tormentosa que llevan Lucky y Rin, se ciñe muy particularmente a las de una madre y un niño adolescente.
Borré mi sonrisa cuando puso su mirada de para mi estas muerto, terminando por soltar un suspiro y empezar a subir las escaleras con las manos dentro de los bolsillos de un modo algo aburrido. - Lucky, mami dice que si no sales... - Rin me interrumpió.
- No soy mami - Dijo de un modo tan imperioso que casi parecía que la que intentaba convencerse de ello, era ella misma. - Ya no... soy mami - Añadió con un tono mas normal haciendo un pequeño movimiento con sus hombros que concluyó en un "es igual".
- ¿Sabes que? - Hice una mueca incluso disfrutando con la espera, antes de continuar con mis palabras empezando a bajar las escaleras una a una. - Díselo tú - Le guiñé un ojo antes de dirigirme hacia la cocina mientras discutía conmigo por el camino sobre los motivos por los cuales no le decía a un gato una amenaza que seguramente no llegaría a usar.
- ¿Quieres dejar la niñería de una vez? - Me detuve en seco girándome hacia ella. ¿Yo era el niño?. Ahora mismo ella estaba en medio del berrinche mas grande de toda su jodida vida. Hizo un gesto con su mano cerrando los ojos y suspirando para recuperar una calma que se notaba a leguas que no tenía - Estoy preocupada por él. A esta hora y estos días no hay ser humano sobre la tierra que tenga intenciones de atender una urgencia veterinaria, menos teniendo en cuenta que no es que esté mal - Ese era gran parte del problema. Existían clínicas 24 horas para urgencias, pero claro, Lucky ahora mismo no era propiamente dicho una urgencia.
- Está perfectamente. ¿No has visto lo cabreado que se puso al verte? Si le pasase algo habría esperado a estar bien para cabrearse - Y es que nuesto gato era un tanto manipulador aprovechado. Siempre que estábamos enfadados desaparecía de casa días enteros, pero era traer atún o la comida para gato babosa que tanto le gusta y era el primero en casa a la hora de cenar. - Hay comida para gatos en la despensa - Mi madre tiene una extraña tendencia de adoptar mascotas perdidas. Para desgracia de mi padre que no se lleva muy bien con los felinos, abandonan mas gatos que perros. - Ya verás como cuando le abramos una de esas le tienes delante mimoso en menos de lo que canta un gallo -
Ella suspiró confiando en mi por primera vez en año y medio. Lo peor de todo es que aún cuando destapé la comida para gatos mas costosa del mercado, Lucky no asomó sus narices por la cocina ni siquiera por error.
Rin había probado suerte llevándose al Lucky al jardín de infancia, pero allí era como un juguete nuevo y no le dejaban dormir en todo el santo día. Para su desgracia eso es realmente sano para un gatito así que probaron suerte en el bar de Len. Acomodaron una almohada dentro de una cesta y le pusieron allí, le metieron en un armario todo el día y este panza arriba ni siquiera se inmutó.
- Es adorable. Mira que contento está. - Clarisse a veces se olvidaba de que hablaba de un gato cachorro y terminaba haciéndole carantoñas mientras el pequeño recién nacido se estiraba y maullaba suavecito. - Papi me das uno de estos? - Marco alzó la cabeza quedándose a medias de mordisquear los últimos trozos de su emparedado.
- Un cachorro es mucha responsabilidad. Cuando seas mayor y tal puedes tener uno - Ella chistó. En realidad jamás le había dejado tener ni siquiera un hamster aunque las razones eran distintas a las que ella sospechaba. Las mascotas tienen un tiempo de vida limitado, y siempre es menor que el de la persona que le cuida. Lo que acarrearía que tarde o temprano tendría que verla llorar por haber perdido a alguien más; él consideraba que perder a su madre ya había sido bastante.
- Arg. Siempre me dice lo mismo - Se quejó a Len que solo rió. Su madre era de mascotas, gatos más que nada, y habría agradecido un instante de su vida en donde no tuviera 3 alrededor de él ronroneando.
- ¿Habéis conseguido arreglarlo? - Marco cambió de tema tempestivamente, en parte porque tenía ganas de preguntarlo desde hace días pero con la novedad del minino no había tenido tiempo; y en parte porque su hija cuando se empeñaba en algo podía durar 3 meses insistiendo y ya no tenía edad para aguantar sus trotes infinitos de 'quiero una mascota'.
Len agachó la mirada sin saberlo en realidad. La conversación se había quedado a medias, el hecho de que hubiese querido adoptar a tener uno real, no significaba que su reloj biológico fuera a detenerse. De todas maneras terminó por asentir tras un agobiante minuto entero de espera.
- Creo que sí. Puede gastar su cúmulo de amor materno con este gato - Marco asintió conforme, como si hubiera sido una salida inteligente a un problema al que puedes darle solución mas adelante. - Me dijo que iba a esperar todo lo que hiciera falta, porque no quería un hijo que no fuese mío - Aún cuando una parte de él estaba satisfecho por esas palabras que salieron de su boca, no podía evitar sentirse algo cohibido.
- ¿Y tu quieres un hijo con ella? - Clarisse se adelanto a las palabras de su padre, que la miró momentáneamente orgulloso. El chico se relamió los labios muy lentamente y negó dudoso.
- Puede que ahora no. La quiero, la quiero más que a mi propia vida. Pero no estoy preparado para enseñarle a un niño todo lo que tiene que saber. - Marco se levantó de su asiento pegándole a Len una palmadita en la espalda, que de no ser porque son muy grandes, sus pulmones habrían salido disparados por su boca.
- Eso dices ahora. Pero si hubiese salido positivo, y hubieseis sido padres de un bebé, no sabes lo desesperado que estarías ahora mismo por volver a casa y babearle un rato encima de lo mono que es. - El rubio negó abriendo la boca para refutarlo aún cuando sus pulmones no recogían el aire suficiente todavía tras el sonoro guantazo al que fueron sometidos. - ¡Shh! - Interrumpió Marco sabiendo cuales serian sus siguientes palabras. - Que no estás listo, que no estás listo - Soltó como si le irritase lo repetitivo que empezaba a sonar el chico. - Yo fui padre a los 16. ¿De verdad te crees que estaba listo para ello? - Chascó la lengua y se giró para salir de la sala de descanso haciendo un gesto con su mano. - Cuando un bebé viene no se retrasa porque no estés listo. Vendrá y punto. Tu tienes tres años mas que yo entonces, seguro que lo haces hasta mejor - Clarisse rió mientras Len se dividía entre recuperar el aliento, amenguar el dolor de su espalda y reparar sus líos mentales. Fue entonces cuando casi 10 minutos después, Marco silbó llamando su atención. - Hay una moza buscándote en la barra -
- ¿A mi? - Sonaba mas sorprendido de lo que pretendía. Él hombre asintió.
Había acabado ya con el segundo paquete de galletitas saladas mientras esperaban en la cocina a que Lucky apareciera. No se habían dirigido la palabra en el par de horas que llevaban ahí y ella tan solo le había dedicado un par de miradas reprobatorias a que siguiera picando en vez de levantarse del suelo donde se encontraba para cenar debidamente.
- En menos de lo que canta un gallo - Repitió ella añadiendo un tono de voz irónico. - Como no sea un gallo que canta opera - Len se levantó del suelo rodando los ojos y haciendo una pequeña mueca.
- Pues si tienes una mejor idea la escucho. Ah no espera, es que no tenías ninguna y por eso seguimos aquí. - Rin se indignó y antes de poder evitarlo se empezaron a gritar. Jamás habían discutido de esa manera. Cuando lo suyo se estropeó optaron por la opción de de dejarlo correr y que se arreglase solo. Quizá deberían haberse gritado, porque hicieran lo que hicieran no podía estropearse más.
- ¿Y soy yo la que grita? - Bajó el tono de voz cuando empezaron a pitarle los oídos, tomando la iniciativa la primera para poder tener todo el descaro de echarle a él la culpa si seguía gritando también. - Has empezado tú - Se reclamaban por cualquier cosa, incluso por muy absurda que fuera. Empezaron echándose en cara el motivo de que estuvieran en su único día sin padres esperando a que un milagro les trajese a su gato a la cocina. Ella presumiendo de lo bien que se lo podría estar pasando con Miku y su hijita en su casa tomando pastelitos y jugando a tomar el té aún cuando pasaba de media noche. Él se habría inventado alguna actividad mega flipante para fingir que podía estar haciendo si ella no hubiera llegado a interrumpir, pero estaba un poco corto de ideas.
- Presume todo lo que quieras del montón de galletitas que vas a tomar con una cría de 6 años, porque creí que esas costumbres las habías dejado no se... ¿a su edad? - Su tono era bastante irónico, tanto, que la irritación de Rin llegó a su auge y le lanzó lo primero que encontró; el recipiente de la sal que por suerte consiguió esquivar y se estampó contra la pared detrás de él desparramando a sus pies todas las virutas. - ¡Estás completamente loca! - Sonaba algo agobiado y su tono de voz era terriblemente agudo. Ese lanzamiento, de no haberse movido, le habría dado de lleno en toda la cara.
- Al menos no soy una gilipollas inmunda mentirosa - Maldijo entre una especie de grito y voz media cuando se empeñó en no perder los estribos nuevamente, como si intentase demostrar que Len Kagamine ya no valía ni siquiera un enfado como ese.
- No. Eres una jodida zorra cobarde. - Cortó de lleno dejando a Rin temporalmente sin palabras - Después de todo lo que aguantamos juntos vendes lo que sientes por un fajo de billetes - Hacía mucho tiempo que había dejado de pensar antes de hablar. Pero eso no era solo de su parte, Rin también había entrado en ese círculo vicioso de culpabilidades.
- ¡Lo nuestro era una puta mierda! - Pudo sentir como perdió el control de sus emociones, cuando no pudo detenerse tras esa frase y largarse. Era como haber roto la barrera de una represa por la que el agua ahora escapaba a borbotones, tal cual sus sentimientos. - Todo saldrá bien Rin, lo arreglaré - Intentó fingir ser Len haciendo aspavientos con las manos y arremedando malamente su voz - ¡TE PASASTE CUATRO AÑOS DICIÉNDOME LO MISMO! -
- TENÍA PENSADO... - Se interrumpió porque no quería seguir gritando. Su voz se entrecortaba de todos modos aún con el tono alto así que aspiró aire a medias y re-empezó. - Tenía pensado arreglarlo -
- Ah si ¿y como? - Burló con lágrimas rebeldes escapando de sus ojos, cosa que acarreaba que su expresión le causase un terrible dolor al rubio. - Eres un inútil. No solo como hermano sino también como hombre. Te pasaste media vida prometiéndome el cielo y... - Señaló a su alrededor - ¿Donde coño está? -
Salió de la salita echando un vistazo general hasta el momento en el que una chica de unos 26 años, movía su mano un tanto cortada llamando su atención. Su piel seguía siendo tan blanca como la recordaba, sus cabellos caían por la espalda hasta la altura de su cintura y el color de estos seguía siendo tan verde como en antaño. Terminó por reír entre la sorpresa y la alegría.
- ¡Miku! - Soltó con un ánimo desbordante, al otro lado de la barra Marco y Clarisse cotilleaban.
- Len. Llevo años sin verte. - Se abrazaron fuertemente.
- Más de dos. Creo - Ella suspiró desviando la mirada.
- Desde que te escapaste de casa - Él asintió de modo imperceptible.
- ¿Que haces aquí? - Intentó cambiar el tema de conversación. Miku Hatsune era su vecina y amiga mientras aún pertenecía a la Familia Kagamine y vivían en aquella enorme mansión; a diferencia del resto de sus amigos le lleva mas de 7 años. Cuando él tenía unos 12 años había sido el paje de su boda y al verla por última vez, a los 17, estaba embarazada de mas o menos mes y medio. Ella fue una de las pocas personas que jamás comentó nada respecto a lo que sentía por Rin porque ambos concordaban en que era solamente asunto de él y su melliza. Ella no opinaba sobre nada que él no le contara, y él procuraba no usarla como via de escape para quejarse de todas las cosas que se inventaba la gente que no tenía ni idea de lo que sentía dentro de si.
- Es... una larga historia - Terminó por reírse alzando su mano izquierda para rascarse la ceja, cosa que dejó a Len sorprendido ante la imagen que se le presentó. Agarró dicha mano girándola hacia él como si en otra postura consiguiera ver lo que ahora mismo no encontraba por ninguna parte.
- ¿Y tu anillo de boda? - Miku respiró profundamente.
- Voy a divorciarme - Recuperó su mano jugando con el vaso de su bebida que amablemente le había servido Clarisse para cotillear más de cerca, hasta que su padre le pegó un tirón obligándola a alejarse porque estaba dando el cantazo.
- ¿Que ha pasado? - Su corazón dio un vuelco. Estaba acostumbrado a que las cosas no fueran como deberían ir. Sabía perfectamente que miles de parejas se casan diariamente, pero incluso muchas más de ellas se separan. Aún así jamás pensó que algo como eso les pasaría a Miku Hatsune y Kaito Shion. No después de todo lo que habían superado antes. Entonces fue cuando se arrepintió de haberlo preguntado, la chica parecía intentar controlar las ganas de llorar que le causaban heridas aún recientes.
- Hemos discutido, mucho más fuerte que otras veces - Bajó la voz, Len tuvo que acercarse un poco más para escuchar incluso entre los sollozos silenciosos de su amiga. - Ha perdido los estribos y ha hecho una tontería - Su voz se ahogó al final de dicha frase y Len se temió lo peor.
- ¿Que ha hecho? - Fue entonces cuando Miku se cubrió las manos con el rostro llorando desconsolada.
- Arianne estaba en medio cuando todo pasó. - Ella ahogó un suspiro como si quisiera terminar de hablar sin que su voz se entrecortara, pero dicha misión le estaba resultando prácticamente imposible - Él no se había dado cuenta de ello cuando me reclamó el haber tenido una hija que ni siquiera era suya -
Cada una de sus palabras, cada uno de sus gestos y llantos, eran una puñalada directo a su ya destrozado corazón; o mas bien a lo que quedaba de él en el enorme hueco de su pecho. Por mucho que tenía miles de cosas para decirle dentro de su cabeza, cuando abría su boca para tomar impulso se limitaba a relamerse sin que saliese nada. Era como quedarse en blanco mientras veía como negaba y chistaba, girándose sobre si misma para salir de la cocina.
Tardó en reaccionar suficiente como para salir tras ella cuando ya iba por la mitad de las escaleras.
- ¡TE QUERÍA! - Atropelló de tal manera que su voz sonó insegura. - JODER, TE QUIERO - Puso un pié en la primera escalera agarrándose al pasamanos. Rin hizó lo mismo varios escalones mas arriba girándose para mirarle con un leve gesto de superioridad aún cuando su rostro seguía húmedo por las lágrimas y sus ojos cristalinos.
- El amor no hace dinero de la nada, ni tampoco paga las facturas - Hizo una pequeña pausa antes de soltar un leve suspiro que ocultaba una sutil risa de fondo. - No teníamos luz. Y debíamos los mismos meses de agua que de la luz cuando nos la cortaron, así que era cuestión de tiempo que tampoco tuviésemos agua. Aunque suene muy materialista, no quería una vida como esa - Len frunció el entrecejo. Ciertamente tenían problemas de dinero tirando a finales de su relación, antes, llegaban justos a fin de mes pero llegaban. Por esas fechas Lucky había enfermado y se vieron obligados a llevarle al veterinario. Gastaron mas dinero en él que jamás en ellos en el médico y pasaron meses intentando pagarlo.
- Para cuando dejamos de tener dinero para pagar las facturas, todo se había ido ya a la mierda - Reclamó. Si algo siempre le había dejado descolocado era el hecho de que se largara sin decirle porqué. Pero ahora había una puerta abierta en Rin y la tenía delante, ahora podía abrir la boca y preguntárselo. - ¿Por qué te fuiste? - Ella desvió la mirada a la pared del primer piso a un lateral de las escaleras sin contestar. Len suspiró sabiendo que su intento había sido en vano, no pensaba decírselo. Tentó terreno, ¿que había jodido su relación?. ¿Que podía haber tirado a pique todo lo que sentía por ella? - ¿Fue porque no se me daba bien cocinar? - Estaba desesperado lanzando opciones a lo loco. Rin llegó a un punto en el que soltaba suspiros a modo de risa y negaba como si fuera la ridiculez mas grande que jamás se le hubiese pasado por la cabeza. - ¿porqué te dije que no quería tener un hijo tuyo? - No hubo risa. No hubo movimientos de cabeza. Después de varios intentos había dado de lleno.
- No. No fué por eso - Dijo en el instante en el que se percató de que Len se había hecho sus propias suposiciones al haber pensado que había acertado tras el séptimo u octavo intento. Pero ya era tarde, ya estaba convencido de ello.
- Quiero un hijo tuyo Rin - Ella chascó la lengua sintiendo que aquello era la infantilada mas grande de su mellizo - No estaba listo... no estoy listo para ser padre. Pero me habría obligado a estarlo si con eso conseguía que te quedases conmigo -
- Gilipollas mentiroso - Aquellas palabras salieron de la boca de Rin con un rencor casi tangible sorprendiendo a Len notoriamente. - No quieres un hijo conmigo. - Hizo énfasis en el quieres hablando ente dientes apretándolos suficientemente fuerte como para que eso sirviera para canalizar su rabia contra las palabras. - Prefieres los de todas las demás - El rubio se tensó momentáneamente.
- ¿de qué estás hablando? - Preguntó, fingiendo un tono de voz de "te has vuelto loca" que de todos modos no quedó suficientemente creíble.
- De Arianne Shion Hatsune. - Hizo pausas en cada uno de los nombres y apellidos para puntualizarlos. - ¿O debería decir Kagamine Hatsune? -
Se despidió de la chica moviendo su mano mientras el deportivo italiano de medio millón de pavos (tirando por lo bajo) se perdía al final de la calle. Suspiró suavemente. Había dos cosas en las que tenía que pensar en ese instate, la primera y mas importante: Una excusa convincente para Rin. La había aplazado toda la noche diciéndole "cariño tengo mucho tabajo" pero tan pronto como llegara a casa querría saber porqué pasaba mas de media noche si su turno terminaba a las 8 en punto. Jamás, JAMÁS le habían obligado a irse mas tarde.
Necesitaba una frase convincente, llegar a fingir estar cansado y dormir no era buena idea porque eso sería aplazar la charla al día siguiente y a cada hora que pasaba corría el riesgo de que decidiera hablarlo con Clarisse directamente que para su desgracia estaba informada ya debidamente sobre algo que no debería saber. Y la segunda...
- Una hija - La voz de Marco sonó desde la puerta del bar detrás de él. Ese era el puto problema de trabajar o hablar en un lugar así, parece que no te escuchan pero sí lo hacen.
- Que fuerte - Clarisse se tambaleaba entre el enfado y la sorpresa. Su padre estaba alerta para cogerla por si le daba por ir a golpear a Len.
- No se lo digáis a Rin - El rubio se giró casi suplicante. Hasta ese instante solo habían 3 personas que conocían la verdad sobre Arianne, la hija de Miku Hatsune. La primera era la propia madre, el segundo él, y el tercero era el marido de la primera, Kaito Shion. Estaba mas que seguro de que ninguno de los dos que no eran él diría algo al respecto, pero jamás se había enfrentado al hecho de tener que suplicarle a un cuarto enterado que no contase algo que no quería que nadie supiera. Que no quería que SU gemela supiera y que llevaba a cuestas desde hacía más de dos años.
- Siempre decías que no estabas preparado para ser padre - La chica sonaba bastante consternada.
- Pero ya eras padre - Len pasaba la mirada de padre a hija, hasta el instante en el que Marco esbozó una sonrisa apuntándole con el dedo. - Tiene sentido. Nunca entendiste lo de los relojes biológicos. Te parecía una estupidez. El tuyo no se ha encendido todavía incluso cuando has visto a tu hija - El rubio desvió la mirada a un lateral sin contestar. Marco frunció el entrecejo. - Nunca la has visto - Len negó.
- Yo fui el de la idea de irnos juntos lejos. De irnos a un lugar en donde pudiéramos querernos. Pero fue una decisión que tomé en caliente. Estaba muy cabreado - Hablaba bajo al principio pero su voz fue aumentando de tono hasta adoptar uno con un toque abrumador. - Luego cuando me calmé y lo pensé me di cuenta de que era una estupidez pero cada vez que intentaba hablar con Rin no me dejaba decirle nada -
- Y al final te fuiste de todos modos - El mellizo intentaba controlar el ritmo de su respiración que parecía la de un asmático por lo entrecortada que estaba.
- Tenía miedo. Y entonces Miku peleó con su marido. Nos encontramos por accidente. Yo estaba muy agobiado; ella también. Hablamos, bebimos, una cosa llevó a la otra y... - se llevó las manos a la cabeza agarrando su cabello como si quisiera arrancárselo y bajando su voz hasta un susurro con los gestos y muecas de una persona que acaba de descubrir el final de un barranco en el cual no tiene mas opciones que la de saltar o ser empujado. - Entonces se reconcilió con su marido poco antes de descubrir que estaba embarazada. Ese fue el momento en el que pensé que todo se iría a la mierda. Miku quería abortar para evitar que Kaito se enterase, para evitar que Rin se enterase... pero yo no fui capaz de dejarla hacer algo como eso -
- ¿Por qué? - La voz de la chica interrumpió su historia. - Siempre has dicho que no te sientes capaz de darle a un bebé lo que necesita - Len no supo que contestarle, sabiendo que aquella reacción había sido una de las mas irracionales de toda su existencia.
- Porque era su hija. De Rin o no era su hija. - Contesto Marco seguro de sus palabras. - Por eso te quitaste de en medio. Para que ese hombre pudiera ser el padre que tu no crees poder ser -
- Y era un buen padre - Jamás había sido testigo de lo buen o mal padre que podría ser Kaito Shion para Arianne, sin embargo sabía de él suficiente como para poner sus manos en el fuego sin pensarselo dos veces en lo que a ello se refiere.
- Ya... - La adolescente chistó. - Hasta que se volvió gilipollas y le dijo que no era su padre - Len se encogió sobre si mismo. Hacer sufrir a su hija no era algo que tuviese en mente. Incluso cuando ya no era de su incumbencia.
- ¿Vas a decírselo a Rin? - Negó como si se le fuera la vida en ello. - Len, tarde o temprano tendrás que decírselo -
- No quiero perderla - Sonaba tremendamente atormentado, como si hubiese recuperado una carga de la que en antaño creía haberse librado. - No puedo perderla - Clarisse y Marco se miraron entre sí. Supusieron que podrían darle un tiempo más, ya lo pensarían mas adelante con mas calma, de todos modos era algo que no podría ocultar eternamente.
- ¿Entonces, la chica peliverde vino para ofrecerte el puesto que te pertenece por derecho? - Tentó Marco refiriéndose a la visita de Miku.
- Me dijo que Arianne había hecho muchas preguntas y que si no me importaba conocerla. - Se abrazó a si mismo rascándose el antebrazo izquierdo con la mano derecha con mas fuerza de la debida dejándose las uñas marcadas - Que no me pedía nada, solo estar ahí para ella -
- ¿Que le contestaste? - La chica le dio un manotazo deteniéndolo cuando creyó que la piel del rubio empezaría a sangrar.
- Que no - Durante un momento se planteó partirle la cara en dos.
- ¿Que no te molestaba o que no querías hacerlo? - Dudó Marco ya no tan seguro de lo que decía como antes.
- Que no... que no me molestaba -
- ¿No decías que no estabas listo? - Retó Clarisse incluso bajo la dura mirada de su padre que intentaba, mas que echar leña al fuego, apagarlo un poco.
- Y no estoy listo. Pero ella me necesita, tengo que estarlo - Parecía muy inseguro y casi podía versele temblar de pies a cabeza. Estaba a punto de tomar la segunda decisión mas importante de su vida, hacer aquello para lo único que no se considera cualificado: Ejercer de Padre.
El tiempo se congeló entre los dos y Rin aprovechó el pleno desconcierto del chico para terminar de subir las escaleras de dos en dos corriendo rápidamente en dirección a su habitación. Su gemelo no esperaba tal movimiento por su parte, sin embargo se precipitó hacia ella con la misma velocidad y el mismo desespero que tenía ella por huir.
Creyó que gritaría su nombre, pero si bien los intentos de Len por hacerlo eran enormes, su voz no respondía; mejor para la rubia, porque de haberla llamado en ese justo instante de dolor sentimental, habría parado sin poder evitarlo. Se habría detenido ipso facto. Se habría aferrado a él como un naufrago a su salvavidas rogándole desconsoladamente que le dijese que había hecho mal, que era lo que había llevado a Len Kagamine a acostarse con otra queriéndola a ella.
- RIN! - Demasiado tarde. Ahora todo era demasiado tarde. Ella ya estaba resguardada en su habitación, había cerrado con seguro y estaba contra la puerta que él aporreaba con violencia. - Rin lo siento - Hace años que esperaba esas palabras. Hace años que se quedaba en casa todos los días esperando a que Len volviese y le contase la verdad. Hace años que se lo guardaba para si misma con la esperanza de que la quisiera suficiente como para hablar con ella al respecto.
Se resbaló por la puerta hasta caer al suelo sentada, con las rodillas dobladas y llorando todo lo bajo que podía, mientras intentaba mantener su orgullo en pie, o mas bien lo que quedaba de él.
Len solo susurraba infinidades de lo siento, dejándose caer al suelo también de rodillas sin quitar su frente de la puerta ni dejar de golpearla. A cada minuto que pasaba era mas consciente que estaba perdiendo el tiempo y aunque una parte de él se negaba a rendirse, la otra estaba plenamente al tanto de que ya nada podía reparar el corazón que había roto a la dueña del otro lado de la puerta. Sus golpes fueron menguando hasta que directamente se detuvieron. Tenia los nudillos al rojo vivo.
- Deberías habérmelo dicho - Pasó toda una eternidad antes de que Rin hablase nuevamente. Sus ojos habían dejado de derramar lágrimas que ya no tenía, porque se había pasado noches enteras llorando por ello en el pasado hasta que su corazón había dicho basta y había tirado la toalla. - Te lo habría perdonado - Su voz se entrecortó por un sollozo que no pudo reprimir.
- Perdonamelo ahora - Ahogó, pero aún a través de la puerta la chica de su vida le oía perfectamente. Ella negó sin separarse ni un ápice del lugar en el que estaba.
- Ahora es demasiado tarde - El corazón de Len se olvidó de latir un momento, y el insoportable dolor que el estar separado de ella le causa, volvió otra vez aún mucho mas fuerte porque sabía que lo de ambos se había jodido por su culpa. Incluso susurró un "por favor" suplicante aún mas bajo que sus palabras anteriores sin ser ni siquiera consciente de haberlo hecho. Un por favor desesperado que salía de lo mas profundo de su desgastada alma. - Demasiado tarde - Repitió la rubia con el mismo sentir, con su corazón derramando dolorosas lágrimas.
Ains, estoy depre. Las vacaciones se han terminado oficialmente para mi T_T. Ya no mas playa, ya no mas piscina, ya no mas sol (de por si ahora está lloviendo a cántaros) y lo que es peor, ya no mas dormir hasta que se te olvidase abrir los ojos. Pero bueno... ha sido bonito. Nos vemos el próximo año querido verano.
Respecto a ese tema de "siguen igual" es por un fallo de calculos xD. Inicialmente este era el capítulo que debería haberos publicado antes de las vacaciones (cosa que no pude hacer por una cosa u otra), porque sí, tenía pensado haceros sufrir esos 50 días en este punto. Digamos que os habéis medio salvado de un cruel tormento.
Por esta noche hemos acabado, espero que hayáis disfrutado de vuestro verano, esto para los que van a empezar clases el lunes y también para los que las empezaron hace un par de semanas; o incluso además para los que van para un precioso verano en el otro extremo del mundo, disfrutadlo mucho.
Au Revoir.
