Disclaimers: APH y todo lo relacionado con Hetalia no me pertenecen. Y que Kami-sama los proteja de eso! Si no, Hetalia seria un anime/manga hard-yaoi/hard-Yuri *w*
Advertencia: Nazis, judíos, SS, GESTAPO, segunda guerra mundial… a sii... y algo de Pastaa~ /Posible (subjetivo) OoC de Feliciano y Louise
Capitulo dedicado a mis amores. Mi esposa querida, mi diosa del olimpo y mi amanta engañadora (Las tres saben quienes son)
(Los cambios de escenarios están demarcados por líneas separadoras, para evitar confusiones)
Liebeim KZ
(Amor en campos de concentración)
Diciembre de 1943,Auschwitz-birkenau, Polonia
Un mes había pasado del primer encuentro entre Louise y Feliciano, y las cosas se estaban complicando en aquel sitio. Las derrotas por parte del eje en las batallas era algo de deprimía a todos, y la manera que tenían de desquitarse muchos era cometiendo atrocidades con los prisioneros, pero este no era el caso de Louise. Aunque en su interior sentía desprecio por aquellos seres inferiores, algo no le permitía odiarlos, y muchos menos disfrutar de sus torturas.
El primer mes para Feliciano paso lento, como si alguien se hubiera encargado de detener el tiempo especialmente para el. Semanalmente recibía cartas de su abuelo, donde le informaba los avances de las tropas italianas y la falta de noticias de su abuela y su hermana.
Además, Feliciano estuvo a punto de escapar de aquel sitio en varias ocasiones. Su preparación militar lo había educado para resistir muchas cosas, pero nada como que crueldad que se vivía a diario.
Por suerte, la embajada italiana se había encargado de otorgarle un pequeño departamento en el centro de Cracovia, que era la ciudad mas cercana, además de facilitarle un auto alemán de ultima generación, el llamado Volkswagen sedan.
A los pocos días de comenzar sus labores, fue testigo de la primera "limpieza" que tendría que dirigir. Sentía que en cualquier minuto fallecería de dolor. Tuvo que seleccionar ancianos y enfermos, pues ellos ya no servían para le trabajo que les debían encomendar. En el momento en que termino su trabajo, con dolor vio como otros soldados llevaban a las personas a unas cámaras subterráneas desde donde salía una chimenea… No quiso preguntar… suficiente había tenido por el día…
La navidad se acercaba… Louise lo sabía y le alegraba en parte.
Había obtenido permiso para ausentarse 7 días de sus labores, y había reservado dos asientos de primera clase en tren, para su hermano y ella, con dirección a Berlín. Hacia 3 años que no pasaban una navidad "en familia", pues desde que su hermano había sido enviado al frente oriental, pocas veces pudo visitarlos, pero este año seria diferente. Gilbert había logrado subir de rango a Kriminalrat, el segundo más importante, y logro ser reasignado cerca de su hermana, con la cual compartían hogar.
La mañana del día 23, Louise fue a hacer una última visita al campo y dejar los informes listos. Elizabetha se encargaría del papeleo y Roderich de los asuntos militares. Se despidió por los siguientes siete días de aquel sitio que tanto amaba, pero también detestaba y se retiro al auto donde la esperaba su hermano. A lo lejos, logro divisar al italiano con el que poco contacto había tenido luego de aquel primer encuentro, y sintió pena por el, pues el chico no había conseguido los permisos para retirarse por fiestas de fin de año. Con un suspiro, miro hacia delante, intentando mantener una charla "normal" con su egocéntrico hermano.
El viaje había sido tranquilo, la nevada no había logrado congelar las vías y los hermanos llegaron a Berlín aquella misma noche.
En el andén principal los esperaba Heinz, su abuelo, con su habitual semblante serio que intimidaba a muchos de los transeúntes. Vestía su uniforme del partido nazi, luciendo con orgullo su cruz de hierro de segunda clase. Al divisar a sus nietos, esbozo una ligera sonrisa, el alemán realmente extrañaba a sus pequeños, pues desde que se convirtieron en adultos y comenzaron a cumplir sus labores militares, la vieja casona familiar se hallaba silenciosa.
Lentamente, ambos se acercaron a su abuelo cargando pequeñas maletas de viaje.
-Opa… -Louise le dio un rápido abrazo a su abuelo, quien lo correspondió escuetamente
-Geliebte enkelin… Meses que no te veía… Estas hecha toda una mujer –ambos sonrieron ligeramente. Emocionalmente eran parecidos. No necesitaban mayores palabras cariñosas para transmitirse el sentimiento.
-Kesesesese~, ¿y para tu grandioso Enkel no hay abrazo? Yo arriesgué mi vida mientras mi hermanita se dedicaba a jugar con los juden- Y al momento se arrepintió de aquellas palabras, pues aunque habían sido en forma de broma, evidentemente su hermana no lo tomaría de esa forma. Miro a Louise y su cara le advertía claramente que dejara de decir tales cosas, y así lo hizo. Para no levantar sospechas de su abuelo, rápidamente decidió cambiar el tema. –Opa, ya que nuevamente estamos juntos como familia, ¿cuales son los planes para la navidad? Debo buscar un grandioso traje para mi grandiosa presencia
-Ja Gilbert. A ti te quiero mañana en tu uniforme de gala, y tu Louise, compra un bonito vestido. Hemos sido invitados a la fiesta navideña que ofrece el führer cada año, y seria una ofensa no asistir.
Los hermanos asintieron rápidamente, aunque fueran adultos, aun no se atrevían a desobedecer ordenes de su abuelo, por mas pequeñas que estas pudieran ser.
El viaje a la casona fue tranquilo. Iban en uno de los autos del partido, mientras tenían una ligera conversación sobre difícil situación en que se encontraba la nación.
La cena paso en relativa tranquilidad, hasta que Heinz se atrevió a formular una pregunta a sus nietos que llevaba meses dando vuelta por su mente.
-Gilbert. Louise. Ustedes saben lo mucho que me ha costado criarlos prácticamente solo desde aquel accidente, pero me reconforta verlos convertidos en alemanes de bien, sirviendo a su país con orgullo. Ambos tienen la edad suficiente para tomar ciertas decisiones, y espero que estén deacuerdo conmigo en que llego la hora que sienten cabeza. –hizo una pausa para mirar a sus nietos. Estos tenían el rostro pálido de sorpresa. El hombre tomo un pequeño suspiro –Me gustaría que pronto se casaran y formaran sus familias. La fiesta de mañana será un escenario perfecto, pues asistirán las mejores familias del país, además de algunos extranjeros dignos de ser llamados amigos del führer.
-Pero Opa… -Gilbert se sentía desesperado. Había pensado pronto formalizar su situación con Elizabeta, y no podía traicionarla por los caprichos de su abuelo.
-No Gilbert. No aceptare replicas. ¿O crees que no estoy enterado de tu amante húngara?
-Opa… ¿pero como?
-Pasear con ella por las calles de Cracovia no es muy inteligente. Agradece que haya sido compasivo y no he pedido que sea dada de baja. –Gilbert bajo la mirada y asintió pesadamente. Sabia que nunca podría ganar en una discusión con su Abuelo, y decidió seguirle el juego durante los días que estuvieran en Berlín, luego buscaría la forma de demostrarle que ante nada dejaría a su novia.
Louise fue testigo silenciosa de aquel pequeño altercado. Ella no tenía interés alguno en casarse. Nunca había tenido un novio, ni tampoco conocía muchos chicos más allá de los soldados. No negaría que fueron muchos los que se insinuaron con dobles intenciones hacia ella, pero jamás había cedido ante nada. Su único momento de debilidad había ocurrido hacía casi un mes atrás, con aquel extraño soldado italiano, pero luego de eso, por algún motivo no había podido verlo de cerca nuevamente, como si el la hubiera estado evitando.
La cena continuo en un incomodo silencio, solamente opacado por el trinar de los cubiertos y las copas de vino al chocar con la mesa, que termino en una fría despedida por parte de los tres germanos.
El reloj marcaba las tres de la madrugada y Louise no podía conciliar el sueño. La voz de su abuelo seguía dando vueltas en su cabeza. ¿Era necesario casarse? La idea no le atraía, pero tampoco le desagradaba. Antes de aquella cena, le habría resultado un tema totalmente indiferente, pero ahora no dejada de darle vueltas en la cabeza, ¿Acaso algo habría ocurrido en su interior que había modificado su patrón?
Luego de varios minutos mas dando vueltas, decidió que no quería dormir sola, y se dirigió a la habitación continua, la de su hermano…
-Bruder… Bruder… -Louise se acerco lentamente a la cama de su hermano, prendiendo la lamparilla de lectura en el camino, mientras lo llamaba y le removía levemente el hombro
-Pequeña West… ¿Qué ocurre? ¿Qué hora es? Esa no es forma de despertar a tu grandioso hermano
-Bruder… Son cerca de las cuatro de la madrugada
-¿Paso algo?
-No lo se. Me siento inquieta… Hey, Bruder, ¿puedo dormir contigo? Como cuando éramos pequeños y yo tenía una pesadilla –Gilbert suspiro y asintió con la cabeza. Le permitió a su hermana acomodarse a su lado y luego se cubrieron con las frazadas. Sin decir más palabras, Gilbert apago la lamparilla y se dispuso a seguir durmiendo. Louise poco a poco sintió como sus ojos se iban cerrando, mientras hilaba los últimos pensamientos coherentes. Antes de dormir, su mente evoco un par de ojos color miel, no estaba segura de quien eran, pues esos ojos no tenían rostro ni voz, solo sabia que la hacían sentir protegida
Cerca del mediodía, Gilbert logro despertar a su hermana quien luego de una noche de insomnio rompió su habitual rutina de despertar al amanecer.
Louise se aseo rápidamente y se dirigió al comedor donde solo su hermano la esperaba para almorzar, pues su abuelo se había ausentado desde temprano, alegando que tenia algunos asuntos que resolver antes de tomar unos días libres para acompañar a sus nietos.
El almuerzo paso de forma rápida, entre risas y unas cervezas que robaron del frigorífico, para luego dirigirse al centro de la ciudad a buscar un vestido adecuado para ella.
-Mein gott Heinz. ¿Aquella hermosa joven es tu nieta?
-Ja. Mein Enkelin Louise.
Durante la fiesta, esa fue la pregunta mas recurrente que escucho la alemana hacia su abuelo. De adolescente le había tocado asistir a muchas reuniones sociales, conociendo a la mayoría de los veteranos amigos de su abuelo, los cuales la recordaban aun como una adolescentes de largas trenzas que no se separaba de su hermano, y verla convertida en una preciosa mujer autosuficiente les agradaba, y se aseguraban de presentarles a sus hijos y nietos, pues nadie quería desaprovechar alguna oportunidad con una joven así: fiel a su país, soltera, raza aria, y de una innegable belleza física.
Aquella noche, Louise se vio obligada por su abuelo a bailar diferentes piezas con muchos nietos de sus amigos, todos intentando seducirla con palabras melosas o promesas de fortuna, pero Louise los desechaba cortésmente alegando que su sitio se encontraba Auschwitz, y que la buscaran al finalizar la guerra.
Cerca de la medianoche, la música paro y el führer se dirigió a dar un discurso para alentar a los invitados. Louise aprovecho de zafarse de sus pretendientes y se acerco a su hermano y su abuelo que escuchaban todo atentamente, hasta que sintió un pequeño golpe en su hombro. Se dio vuelta y se encontró de frente con un par de ojos miel muy parecidos al de sus pensamientos… intento hilar palabras coherentes, pero nada salía, simplemente no podía dejar de mirarlos…
-¿Rómulo? ¿Eres tú? Como siempre, tan impuntual –Lentamente se dio vuelta a ver a su abuelo, que le hablaba al recién llegado con poco de fastidio en su voz...
-¡Heinz! ¡Mi viejo amigo! Tantos meses que no te veía. –La alemana volvió a observar con cuidado al recién llegado que respondía al nombre de Rómulo, y se dio cuenta que aunque sus ojos eran parecidos a los de su mente, aquel hombre no era su dueño. Suspiro pesadamente y espero que su abuelo se los presentara.
-Lo mismo para ti Rómulo. Estos tiempos han sido difíciles y ha costado mantener viejas amistades. ¿Dónde esta tu esposa que no te acompaña esta noche? ¿Y tu nieta?
-Lamentablemente tuvieron que abandonar Italia junto al esposo de mi nieta. La mitad del país esta tomado por los aliados y temo la seguridad. –La alemana escuchaba todo atentamente, mientras intentaba recordar el nombre de aquel extraño hombre, pero luego de darle vueltas al asunto, llego a la conclusión que no lo conocía. Era alto, tanto como su abuelo, aunque su piel era tostada y tenía el cabello color chocolate con algunos mechones desordenados.
Ignoro el curso que tomo aquella conversación, hasta que los aplausos de los asistentes la sacaron de su ensoñamiento. Decidió dirigirse a alguna mesa alejada de la multitud, para evitar ser victima de un nuevo acoso, hasta que sintió la mano de su abuelo que la detuvo suavemente
-Louise, no seas descortés. Permíteme presentarte a mi viejo amigo, Rómulo Vargas…
-General Romulo Vargas, bella signorina. Un placer conocer a tan bella joven –Le dio un suave beso en el dorso de su mano, el cual fue respondido por un seco saludo de una muy avergonzada Louise
"¿Es que acaso todos los italianos son así de 'gentiles'?" Fue lo único que logro pensar cuerdamente.
Luego de aquel incomodo momento, los mayores se retiraron a un salón contiguo, para ser participes de una reunión junto a otros superiores de alto rango a discutir nuevas estrategias.
Louise busco a su hermano con la mirada, pero al no encontrarlo supuso que había acompañado a su abuelo a la reunión, así que aprovecho de retirarse a un pequeño jardín interno, necesitaba estar sola un momento luego de tan agotadora noche. La alemana encontró un banco cerca del estanque, donde saco de su bolso un cigarrillo, y en silencio comenzó a fumarlo en lentas caladas, intentando poner en orden la avalancha de pensamientos. ¿De donde provenían aquellos ojos? ¿Y porque el amigo de su abuelo tanto le recordaba?
-¿Una mala noche?
La alemana se sobresalto, tan concentrada en sus pensamientos no se percato de una joven de rasgos orientales que se encontraba admirando las flores del lugar.
-Algo parecido. Opa me obligo a bailar con cuanto joven se me acercara.
-Suerte la tuya. Otosama me ha prohibido acercarme y aceptar cualquier invitación
Ambas mujeres se sonrieron. La oriental se acerco y se sentó al lado de la alemana
-Gomennasai. No me he presentado adecuadamente. Mi nombre es Honda Sakura. Acompaño a mi padre, comandante de la flota marina en Okinawa.
- Ich heiße Louise Beilschmidt. Soy general en las fuerzas femeninas de Auschwitz –Intercambiaron una ligera sonrisa de camarería femeninas. La europea apago su cigarrillo con la suela de su zapato y se dirigió con la oriental –He visto a tu padre, el general Honda. ¿Fue el quien dirigió el entrenamiento hacia la invasión por el mar egeo? –La oriental se sonrojo furiosamente, evadiendo la mirada de la alemana, que no pudo evitar sentirse curiosa ante tan inusual reacción
-Hai, lo recuerdo. Otosama aun viaja regularmente a mantener el entrenamiento. Dice que es un favor especial al gobierno alemán y que seremos recompensados como familia cuando acabe todo. En ocasiones, cuando los periodos son largos lo acompañamos con Okasama. –La japonesa suspiro levemente, hacia algunos meses que se habían establecido en Atenas, y a pesar de que extrañaba su tierra, pues Grecia tenia una cultura totalmente diferente a la cual fue criada, había algo que no la dejaba volver a su país como su padre le había ofrecido en reiteradas ocasiones, volver a Okinawa y vivir con sus abuelos. Aunque, mas que "algo", era alguien…
-Señorita Honda, ¿esta bien? Se quedo en silencio repentinamente
-Gomen Beilschmidt-San. A veces me abstraigo del mundo –Con esa escueta y escurridiza respuesta, Louise comprendió que era un tema personal, y no considero adecuado presionar a la chica que acababa de conocer.
Ambas mujeres se mantuvieron conversando de sus vidas, sin llegar a tocar temas demasiados personales, hasta que el frío del invierno las obligo a volver a la calurosa fiesta, donde pudieron apreciar que estaba acabando, pues lentamente la gente se iba retirando.
Antes de despedirse, Sakura le entrego una pequeña tarjeta con una dirección en Atenas
-Beilschmidt-san, fue un agrado conocerla. Si necesita ayuda o refugio, pregunte por Heracles Karpusi en esa dirección, el sabrá hacerme llegar su mensaje.
-Danke señorita Honda. Lo tendré en consideración.
Y con la promesa de reencontrarse algún día, se despidieron para reunirse con sus respectivas familias.
-Vee~ Al parecer no hay nadie, no responde su oficina
Feliciano llevaba cerca de quince minutos parado afuera de la oficina que unas soldaderas indicaron pertenecía a la Alemana. Llevaba un ramo de camelias, pues por el frío no había logrado conseguir rosas.
El italiano se sentía un poco culpable, ya que había estado evitando a la alemana. Era algo que el no se podía explicar, pero su interior se sentía diferente al pensar en ella. Le había comentado estas inquietudes a su abuelo en su primera carta, enviada la misma noche que llego a Auschwitz, y a los días le respondió que evitara acercarse a ella, pero no le dio motivos.
Aquel día de navidad, decidió dejar de ignorar aquellas sensaciones, y antes de ir a cumplir sus labores, paso por una floristería donde compro un ramo de las flores mas hermosas que pudo encontrar, unas delicadas camelias blancas.
-Soldado, ¿Se le ofrece algo? –En su espera, no se dio cunea que había llegado una mujer de semblante amable, con un largo cabello castaño y llamativos ojos verdes. Feliciano llego a la conclusión que era una buena persona.
-Vee~ Grazzie. Busco a Louise, vengo a entregarle un regalo por navidad
-Perdona por no poder darte mejores noticias, pero la señorita Beilschmidt fue a pasar la navidad a Berlín junto a su familia. Si desea, puedo dejarle el regalo en la oficina, Herr.… -El italiano se percato que no se había presentado adecuadamente con la chica.
-Scusa, Mi chiamo Feliciano Vargas. Coronel de la fuerza Italiana. ¿Y usted señorita?
-Disculpe también mi descortesía. Me llamo Elizabetha Hedevary. Y soy la secretaria de la señorita Beilschmidt –El italiano saludo a la húngara con un pomposo beso en su mejilla, al que ella respondió con una ligera risa
-Entonces, ¿Podrías dejarle estas flores a tu jefa? Aunque aun no la conozco demasiado, toda bella mujer merece bellas flores, vee~
-No hay problema, Herr. Vargas
-Feliciano
-¿Tessék?
-Vee~ Dime Feliciano, y yo te diré Elizabetha. ¡Seamos amigos!
-¡Porsupuesto Feliciano! Ven, acompáñame a dejarle estas flores dentro –la húngara saco un manojo de llaves, y con destreza localizo la indicada, ingresando a la oficina de la alemana, seguida de un curioso italiano.
La oficina era pequeña, pero ordenada. Un escritorio sencillo con un teléfono y la última fotografía con sus padres. Una amplia ventana con vista al campo de trabajo y un mueble donde tenia ordenados los archivos e informes.
Mientras Elizabetha se dedicaba a dejar algunos documentos sobre la mesa, Feliciano dio algunas vueltas por el lugar, admirando el equilibrio con que se mantenía todo.
-Deja las flores acá para que no se marchiten –Elizabetha saco de un pequeño armario un jarrón con agua, y se lo acerco al italiano, quien deposito las flores y las acomodo cerca de la ventana.
-¡Grazzie! –dijo sonriendo, haya que se dio cuenta que no había preguntado cuando volvería. Estaba ansioso por verla nuevamente –Scusa, Elizabetha, ¿Sabes cuando regresa Louise?
-La verdad no estoy segura. Antes de Noche Vieja debería estar de regreso, pero puede que regrese antes.
-Vee~ ¡Estoy impaciente!
-Tessék, Feliciano, ¿De donde conoces a la señorita Beilschmidt? No quiero sonar grosera, pero, nunca te había visto.
-Vee~ No te preocupes. Generalmente estoy con mis soldados en los campos. A Louise la conocí el día en que llegue acá, ¡fue muy linda! Pero… No he podido hablar con ella, y quería disculparme con ella –La húngara vio la sinceridad en las palabras del italiano, y se alegro por su cuñada. Decidió ayudar al italiano a conquistarla. Tenia claro que no seria tarea fácil, pero ella era experta en unir relaciones.
Los días luego de la navidad pasaron rápido, y en menos de un abrir y cerrar de ojos, Louise y Gilbert se encontraban nuevamente en la estación de trenes, esta vez para regresar a Polonia. No habían podido despedirse correctamente de su abuelo, pues había recibido un mensaje de urgencia. Debía ir a representar al partido a una conferencia en Munich, teniendo que despedir a sus nietos dos días antes de lo planeado.
Los hermanos en parte se alegraban de aquello, pues aquellos días no resultaron exactamente como ellos lo planearon. El tiempo que estuvieron hay, su abuelo se había dedicado a llevarlos a diferentes reuniones y almuerzos con la gente del partido, pues tenía la esperanza que lograra comprometerlos, o por lo mínimo lograr captar el interés de alguien. El sabia de la existencia de Elizabetha en la vida de Gilbert, y deseaba sacarla a como diera lugar. También sabia que Louise no tenia nadie en su vida, pero algo en su interior le decía que debía tener cuidado con ella, pues la guerra y el trabajo la habían convertido no solo en una mujer bella, además la habían transformado en una mujer fría, que no lograba emocionarse con mucho.
Llegaron a Cracovia de noche, y aunque aun le quedaban dos días más de descanso, Louise se sentía inquieta y pensó que lo mejor seria volver a su trabajo, creyendo que eso la calmaría.
Los días con su abuelo ha habían inquietado, sobre todo las ultimas palabras de la oriental "Si necesita ayuda o refugio... ¿Acaso sabia algo que ella no? Tenía claro que las últimas batallas no habían estado a favor de ellos. Pero, no creía que perdieran, el ejército alemán y la marina japonesa eran imparables, además de los muchos estados tenían las naciones en su control.
"NO"
Decidió dar el tema por zanjado. No valía la pena preocuparte ya por esas cosas. Ni ella ni su hermano estaban en el frente de batalla, y no se preocuparía por mas cosas de las necesarias.
-Buenos días Elizabetha
-Bu-buenos días Señorita Beilschmidt –al húngara se sorprendió, no esperaba tan pronto a su jefa, no le había dado tiempo suficiente para comenzar a armar sus planes, así que su mente comenzó a trabajar a miles de revoluciones por segundos –¿Paso bien sus días de descanso?
-Si. Gracias por preguntar. ¿Hay algún papel para mí el día de hoy? Debo ir a ponerme al día con las novedades.
-Enseguida le dejo las informaciones de hoy. –La húngara rápidamente le entrego una carpeta que contenía los datos de un nuevo tren que venia desde Varsovia. La alemana al ver el remitente, hizo un chasquido con la lengua. No esperaba tener que encontrarse con este tipo de trabajos tan rápido luego de su llegada. Luego vio como su jefa se retiraba, y en cuanto estuvo segura que había entrado en la oficina contigua, salio lo mas rápido que sus tacones le permitieron, buscando en las barracas a cierto italiano.
Finalmente, luego de buscarlo en los campos y las barracas con los prisioneros italianos, lo encontró en el comedor junto a otros soldados italianos comiendo ¿pasta? Intento ignorar aquello, y se acerco a el
-Feliciano…
-¡Elizabetha! Vee~ ¿Cómo estas? ¿Te gustaría comer pasta con nosotros? –La húngara observo rápidamente la mesa, donde los solados la miraban con curiosidad. Les dedico una amable sonrisa y se volvió a dirigir a su amigo
-Quizás en otra ocasión… Ahora hay algo mas importante… -El italiano miro expectante a la húngara. ¿Qué podría ser? –La señorita Beilschmidt adelanto su viaje. Esta en su oficina...
-¿Enserio? ¡Grazzie, Grazzie! -Feliciano se paro rápidamente, dejando la pasta a medio terminar, intentando ordenar su uniforme y tomo a su amiga del brazo sacándola rápidamente del sitio. -¿Hasta que hora crees tu que este en la oficina?
-Pues. Creo que estará la mañana completa. Conociéndola, se dedicara a poner en orden el papeleo, y luego del almuerzo creo que ira a vigilar el trabajo. ¿Por qué? ¿Qué tienes planeado?
-Vee~ Debo ir a la ciudad. Las flores deben haberse secado ya. Ciao~ Gracias por la ayuda
La húngara observó como el italiano se dirigía hacia los estacionamientos y partía en un auto. Al parecer aquel chico le facilitaría la tarea. Con un suspiro se dirigió a su oficina nuevamente, esperando que nadie hubiera notado su ausencia.
-Scheiße… -¿Acaso no podían respetar las fiestas? Había nueva información. El día 31 en la mañana llegaría un tren con más judíos, esta vez, un grupo de polacos rebeldes de Varsovia. Incluía la lista con los nombres. Eran 70, considerados "de alto riesgo" pues habían logrado escabullirse durante algunos años hasta que la GESTAPO logro dar con ellos. Intento relajarse y se quedo mirando aquellas flores que estaban en la ventana. Había olvidado preguntar a su secretaria quien había sido el responsable de eso. Le dio una mirada a su reloj de muñeca. ¡Eran las dos de la tarde! No se había percatado lo rápido que había pasado la mañana. Suspiro, no tendría tiempo de almorzar. Estaba preparándose para salir, cuando escucho que golpeaban enérgicamente su puerta. Se sorprendió de aquello, simplemente no se le ocurría quien podría ser. Generalmente los que pasaban por allí eran Elizabetha, Roderich y Gilbert, pero todos ellos tenían llave y entraban con confianza. Y sus superiores preferían llamarla antes que pasarse por allí. Volvió a escuchar el golpeteo de la puerta
-Espere un minuto, ya voy. –Rogando que no fuera nada grave, abrió lentamente la puerta, para encontrarse nuevamente con aquellos ojos miel. Esta vez estaba segura que eran los correctos. Luego, se percato quien era. Era aquel italiano con el que había compartido – ¿Herr. Vargas?
-Vee~ ¡Louise! –la abrazo rápidamente, ante la choqueada mirada de la alemana -¡Que bueno que regresaste! Vine a visitarte el día de Navidad, pero tu secretaria me dijo que no estabas.
-Si… Estaba en Berlín con mi hermano
-¿Tienes un hermano? ¡Que coincidencia! Yo tengo una hermana mayor, aunque ahora no estoy seguro donde se encuentra
-Si. Me alegro, pero ahora no tengo mucho tiempo, me dirigía a vigilar los campos
-Scusa, Scusa. Solo, queria saludarte. Y también a entregarte algo –La alemana no se había percatado que el italiano tenía una mano en su espalda, y al sacarla del sitio, vio que traían un gran ramo de flores blancas, idénticas a las que aparecieron en su ventana. –Feliz navidad atrasada. No estaba seguro que flores te gustaban, así que traje las más hermosas para ti. –La mujer se sonrojo furiosamente. Nunca antes nadie le había dado flores.
-Danke Herr. Vargas
-Vee~, solo dime Feliciano. Porque, ¿somos amigos, cierto? Y los amigos se llaman por su nombre
-¿Amigos? –La mujer dudo unos segundos en responder. En la vida pocas personas podían considerarse sus amigos, y a veces le tomaba tiempo confiar en ellas. Pero, el italiano no parecía ser una mala persona –Claro Herr.… perdón… Claro Feliciano, somos amigos…
-¡Que alegría, vee~! No te interrumpo más. Debes estar ocupada. Espero verte en la fiesta durante la noche vieja
-¿Fiesta? ¿Qué fiesta?
-Vee~, perdón, olvide que regresaste hoy. Algunos soldados alemanes organizaron una pequeña fiesta en el casino, la noche del 31, para despedir el viejo año y saludar con alegría el nuevo. ¿Vas a ir?
-No lo se. Nadie me ha invitado
-¿Cómo? ¡No se diga más! ¡Vienes conmigo! ¡Será divertido! Vee~ me tengo que ir. Nos vemos pronto –Le dio un fugaz beso en la mejilla y salio rápidamente, dejando a la alemana con la palabra en los labios. ¿Qué rayos fue todo eso? Sintió un ligero dolor de cabeza, por lo que decidió tomarse la tarde para descansar, pues, oficialmente seguía en sus días libres.
**-Meine Liebe, ¿Estas segura de lo que haces?
-Ja. Tú sabes que no me equivoco con esas cosas. Confía en mí.
-Por siempre, mein engel**
La última mañana de aquel año llego fría y oscura. El clima se veía inestable, como si en cualquier minuto comenzara a llover. Louise se ajusto firmemente la gabardina y se puso un abrigo encima. Debía estar lista para recibir el nuevo tren.
-¡Buenos días Louise! –la alemana sonrío. Desde aquel extraño encuentro en su oficina, el italiano no perdía oportunidad para estar cerca de ella. A pesar de ser tan diferentes, le agrada su compañía. La hacia sentir mas humana.
-Buenos días Feliciano. ¿Qué haces por acá tan temprano?
-Vee~ pues me dieron libre hoy. Pero estoy solo, así que decidí venir a hacerte compañía. ¿No te molesta? –Louise miro con algo de resignación al italiano. No lo había visto en un mes, y de un momento a otro, le aparecía recurrentemente. Pero decidió no hacerse problemas y simplemente lo acepto
-Claro. De hecho, ¿Podrías ayudarme? Voy a la estación a esperar un tren.
-vee~ -Aquella no era la forma en que el se esperaba pasar el día con ella, pero prefirió mantenerse en silencio, finalmente, ellos estaban en un campo de trabajos y exterminio de prisioneros, y no podían librarse de aquellas labores.
Al llegar a la estación, ya estaban otros soldados que ayudarían en la labor de ordenary organiza los nuevos judíos, y algunos se sorprendieron de ver a la alemana llegar acompañada, pero nadie hizo comentarios, pues en mas de alguna ocasión habían sido victimas de los enojos de la mujer, y era una experiencia que pocos quería repetir.
Con algunos minutos de retraso, llego aquel esperado tren.
Louise, con ayuda de algunas soldaderas, se encargaron de registrar y comprobar los datos mientras iban saliendo del vagón.
Llevaban cerca de media hora de la labor, cuando le toco registrar el siguiente
-Nombre
-Ósea, ¿Por qué tengo que darlo? Ni loco –La alemana, furiosa levanto al vista para ver quien se atrevía a desafiarla, y a pesar de los años, reconoció rápidamente aquel rostro. Los mismos ojos verdes, su lacio cabello rubio, antes largo, ahora apenas destacaba de tan corto que lo tenía. Pero su sonrisa socarrona se mantenía, a pesar de verte desmejorado y sucio
-Su nombre, ¡RAPIDO!
-Ósea, ¿eres tontita o no me escuchaste? No pienso dártelo
-¿Qué ocurre acá? –Roderich, quien vigilaba la salida del vagón, se extraño que no avanzara la salida, y exigió explicaciones –Judío, te hice una pregunta, ¿Qué ocurre acá?
-Roderich. Encárgate de llevarlo con el resto de los prisioneros. Luego me encargare de registrarlo.
-¿Louise?
-por favor.
Observo mientras se llevaban al polaco. Ella lo conocía. Su nombre era Feliks Lukasiewicz. De niños jugaban juntos, pero al pasar al cuidado de su abuelo, no pudo ser mas su amiga, ya que era judío, y dejo de verlo definitivamente en su adolescencia, cuando entro a las juventudes hitlerianas. Pero, por la sonrisa ladina que le dio, supuso que el también la había reconocido.
Aquel día, las labores terminaron mas tarde de lo habitual. Louise solo quería ir a descansar a su casa, se preparaba para retirarse, cuando Feliciano entro alegremente a su oficinal
-Vee~ Vamos Louise. La fiesta acaba de comenzar
-perdón Feliciano, pero no tengo ánimos. Fue un duro día hoy
-¿Eh? No, no. Te hará bien. Hay cerveza y vino, además de bocadillos. Algunos soldados llevaron instrumentos y vamos a bailar. Per favore. Solo un momento. Es el último día del año. Prometo dejarte temprano en tu casa.
-Esta bien, pero solo un momento corto. Realmente deseo descansar, y aprovechar que mañana tendré libre por feriado.
Cruzaron rápidamente las oficinas, hasta llegar al casino. Querían entrar rápido al calido lugar, pues afuera estaba helando y el frío calaba hasta los huesos.
Dentro, se veía la gente animada. La mayoría bebiendo cerveza, otros tomando vino y alguno que otro con una botella de vodka. En una improvisada tarima, se veían algunos soldados preparándose para tocar algo de música. Y en un rincón logro divisar a Gilbert y Elizabetha, besándose como si no existiera mañana. También vio a otras secretarias que igualmente coqueteaban con solados, y una que otra de sus soldaderas bebiendo tranquilamente cerveza.
La alemana se sentía fuera de sitio, todo el mundo estaba alegre y disfrutaba, menos ella, que no podía sacar de su mente aquel extraño reencuentro con uno de sus pocos amigos de la infancia. Se sentó en la primera mesa vacía que encontró, siendo seguida por el italiano que venia con una jarra de cerveza y una botella de vino con dos copas.
-Vee~ Scusa. No Estaba seguro si preferías cerveza o vino, así que traje ambos.
-Danke. Aceptare la cerveza. Luego, podré acompañarte con vino si deseas –Con tranquilidad, la alemana bebió la cerveza, mientras su par italiano le hablaba de cosas que ella no entendía del todo. Al parecer le contaba sobre los trabajos que había hecho desde que llego al sitio. Si algo agradecía de Feliciano, es que la obligaba a hablar, pues el joven era feliz con ser escuchado y recibir unos cuantos comentarios.
Al cabo de unas pocas horas, por culpa de la cerveza y el vino que había comenzado a beber, la alemana sintió la necesidad de desahogarse, y le contó al italiano parte de su historia, de cómo había perdido a sus padres de niña, creciendo sin figura materna mas que las empleadas, como no podía jugar con todos los niños y como sus compañeras de escuela se casaban antes de terminar sus estudios, mientras que ella solo pensaba en hacer una carrera militar. El italiano, por primera vez desde que se conocieron, se quedo en silencio y escucho atentamente a la mujer. Sintió deseos de abrazarla y consolarla al ver que sus ojos se ponían vidriosos, pero se contuvo y decidió buscar una forma mejor de alegrarla.
Un grupo de alemanes habían formado una pequeña banda, pues algunos de ellos habían tocado con el suizo Teddy Stauffer, y se encontraban interpretando algunos de sus temas.
A Feliciano le gustaba el swing, y al ver que algunas parejas bailaban, tomo a Louise, quien sorprendida, se dejo llevar, hasta que se dio cuenta de las intenciones del italiano.
-Feliciano, por favor…
-Vee~ Vamos Louise, será divertido
-Pero… -No alcanzo a replicar mas, pues pronto se vio entre los brazos de su amigo, bailando aquella extraña música.
La voz algo rasposa del soldado, mas el acompañamiento musical, y la ligera borrachera de la mayoría de los presentes, hicieron que rápidamente Louise se dejara llevar por el ritmo, sintiéndose protegida en los brazos del italiano. Miro alrededor, y se percato que algunos la observaban sorprendidos, la mayoría soldados que se habían acercado a ella con intereses románticos. También vio a su hermano, quien le sonreía levemente mientras Elizabetha a su lado se veía radiante. Cuando la música acabo, alguien grito que faltaban segundos para el nuevo año, todos se pararon de sus lugares y comenzaron una improvisada cuenta regresiva
-10… 9… 8… 7… 6… 5… 4… 3… 2… 1…
-Feliz año nue… -Louise no pudo terminar la frase, pues sintió sus labios apresados con los de su compañero, regalándole un ligero beso -…vo –termino la frase que había sido interrumpida, y miro sorprendida al italiano, que le sonreía sonrojado
-Scusa… yo… yo no… -pero esta vez fue el quien se quedo con las palabras en la boca, pues la alemana, presa de una leve borrachera, la emoción contagiada del ambiente y el extraño, pero dulce sabor de los labios de su compañero, le devolvió el beso que antes el le había regalado. Luego se separo apenas unos centímetros de sus labios, esperando respuesta o rechazo, pero solo volvió a sentir como el italiano la tomaba por la cintura y la acercaba lo máximo para continuar con unos besos mas profundos. Ambos se encerraron en una burbuja tan fuerte que nada les podría arruinar el momento. Y a lo lejos, tenían algunos espectadores
-Mi pequeña West. Me sorprende como ha crecido.
-Tienes razón. ¿Vez? Te lo dije. Con un poco de mi ayuda, acabarían juntos.
-Elizabetha, deja de decir estupideces. Que indecente es todo esto.
-Roderich, no seas amargado. Aun estas a tiempo de ir a visitar a Vash. Son apenas la medianoche, y seguramente estará esperándote
-Si señorito, anda a ver al enano.
-Cállense par de indecentes…
La luz del nuevo día le llegaba fuertemente a sus ojos. Intento dar la vuelta, pero sintió un calido cuerpo que la abraza por la cintura… Louise se levanto sobresaltada. Lo primero que observo, fue que aquella habitación no era de ella. Era más grande que la suya, había un poco de ropa en el suelo y tenía un ventanal que ocupaba una pared completa. Sintió algo de frío en su espalda, y cayo en cuenta que se encontraba desnuda. Con pavor, observó quien se encontraba a su lado, encontrándose con Feliciano, quien a pesar de los bruscos movimientos de la alemana, seguía sin despertar…
-Mein Gott… ¿Qué hice?
Konnichi Wa!
Luego de casi un mes de ausencia, he vuelto!
No tengo excusas validad para mi horrible retraso.
Solo, que este cap costo que saliera. Elimine y borre cosas muchs veces. Ademas, tenia hecha toda una escena Louise con Suomi (nyofinlandia) y señora Tumblr me regala imágenes LouiseXFelicianoXSakura, y mori. Tuve que hacer todo denuevo para sacar a la pobre Suomi y meter a Sakura, quei debia aparecer mas adelante, peri bueee.. son detalles
Espero que les guste el cap. Me salio mas romántico de lo que planeaba. Pero, el siguiente deberia tener mas drama. Digo, aparecio el personaje mas genial de la serie, ustedes me entiendes tipo, es mejor que los ponys rosados
En fin, espero que les haya agradado. Ahora si, no deberia demorar el siguiente cap, o eso espero
Si pasaste llegaste leyendo hasta aca, arigato gozaimasu
Merli~
Deja un review, y podras ganas una noche de pasion con el personaje que tu eligas!
Les dejo la canción que bailan Feliciano y Louise, es una hermosa pieza de Penny Serenade, conjunto popular en la primera etapa de la Alemania nazi
youtube(punto)com / watch?v=2PEbIwE6_BQ
