Disclaimers: APH y todo lo relacionado con Hetalia no me pertenecen. Solo esta trama, ¡y hasta eso pongo en duda!
Advertencia: Nazis, judíos, SS, GESTAPO, segunda guerra mundial… a sii... y algo de Pastaa~ /Posible OoC de Feliciano y Louise / Aparición de personaje histórico, no relevante en batalla, pero importante dentro de Auschwitz
(Los cambios de escenarios están demarcados por líneas separadoras, para evitar confusiones)
Motivación (no es necesario leer y te recomiendo saltártelo): Este fic nació ante la necesidad de ver un Feliciano Seme, además de mí declarado amor a Louise (Mónica, perdón, eres linda, pero Louise es la reina). Eso sumado a mi gusto por la cultura alemana y a mi adicción por las películas que hablan de los KZ (Konzentrarionslager o campos de concentración), formaron esta trama. Sumado a la: Lista de Schindler, La vida es bella, el pianista, el niño con el pijama a rayas, El ultimo tren a Auschwitz; provocaron que se formara la trama… Ahora, luego de leer manuales de procedimientos de limpieza, ensayos sobre la eugenesia, y las cartas de Himmler a los soldados, me animo a llevar esto a un archivo .txt. Además hay dos puntos adicionales: 1.- Tengo un tío nazi, que de pequeña siempre me ha hablado de la ideología, y aunque no soy seguidora, si podría considerarme "fan" hasta cierto punto de algunos aspectos de Adolf, y el ha sido mi gran apoyo en los datos "freaks" del fic (aquellos que no aparecen en Wikipedia, que uno solo encuentra en foros neonazi o luego de 4 cervezas con uno) / 2.- ¿Han leído sobre personajes secundarios durante la segunda guerra mundial?. Pues, yo si. Y existió una mujer llamada Herta Ehlert, de la cual me inspiro levemente la actual personalidad y conflictos internos de Louise. Si tienen un tiempo lean sobre ella.
Fic dedicado a mis amores, Mi diosa del Olimpo, Yaoist_Secret, mí querida y deseada ex esposa, Alma _ Anderson, y mi reina del mar y las montañas, Panshaaa.
También le pido perdón a Yaoist por el cambio que sufrirá la trama, pero lo que te había prometido, no logre ser capaz de llevarlo a cabo. Lo intente y no pude!
Liebe im Kz
(Amor en Campos de concentración)
1 de Enero, 1944, Cracovia, a 43km de Auschwitz-birkenau, Polonia
-Mein Gott… ¿Qué hice?
Louise no sabia que hacer. Era la primera vez que se encontraba en tal situación. Volvió a observar su cuerpo para terminar de convencerse que aquello no era producto de una resaca, comprobando su completa desnudez. Suspiro fastidiada. ¿En que lío se había metido? Ella se consideraba una mujer sensata, siempre apegada al reglamento y jamás cometiendo una imprudencia. ¿Y ahora que? Todo por seguir sus impulsos. ¡Y ni siquiera eso! Prácticamente había sido obligada por el italiano a asistir a aquella fiesta. Nuevamente, lo miro mientras que este dormía pacíficamente a su lado, roncando ligeramente mientras soltaba algunos "vee~" esporádicos.
La alemana, luego de algunos minutos intentando poner en orden sus pensamientos, decidió que lo mejor seria retirarse antes que su compañero se despertara, rogando internamente que el chico no recordara nada. Se movió un poco para sacar sus pies del lecho, cuando sintió un leve dolor en la zona de sus caderas
"Maravilloso, una prueba física" pensó con ironía mientras observaba una marca hecha aparentemente con los dientes "Mein gott, ¿Qué demonios hice anoche?" Con vergüenza, se levanto, ignorando las molestias físicas consecuencia de la noche anterior. Logro encontrar su ropa a los pies de la cama, y aunque hubiera preferido cambiarse, no tenía más que su uniforme. Con destreza se lo puso y rápidamente salio de la habitación, para encontrarse con un pequeño recibidor. Decidió no ponerse a curiosear y salio lo mas rápido que sus pies le permitieron, para bajar por unas estrechas escaleras y quedar en pleno corazón de Cracovia. Pudo ver algunos hombres durmiendo en las plazas, victimas seguramente de las fiestas de año nuevo.
Luego de casi media hora de caminata, llego a su hogar, donde encontró a su hermano durmiendo en el sofá, aun con la ropa del día anterior. El reloj de la entrada marcaba las 10 de la mañana, y no había comido nada desde el día anterior, así que decidió preparar un sencillo streuselkuchen (1).
Pasada casi una hora, tenía su pastel listo, así que lo dejo en la encimera para que enfriase, y fue a tomar un baño. Una vez llena la tina con agua tibia, procedió a sacarse la ropa, donde pudo ver aquella marca de su cadera que se coloreaba a morado. Bufo enojada recordando su imprudencia, y con bruscos movimientos, entro al agua, donde cerró los ojos y se dejo llevar por la calidez…
"El beso continuo demandante, la alemana se aferraba con fuerza a la camisa del italiano, hasta que se vieron en la necesidad de respirar. Sus miradas se conectaron breves segundos con un leve brillo de complicidad. Pronto se dieron cuenta de la situación en que se encontraban. En medio del casino, con muchas personas a su alrededor observándolos con ojo critico.
-Vee~ Louise, es tarde. ¿Te llevo a tu hogar?
-Ja… Estoy cansada… Vamos
Esquivando algunos curiosos que seguían observándolos, se dirigieron con rapidez al auto del italiano, y una vez en su interior, encendió la calefacción y esperaron unos minutos a que el motor del auto calentara y les permitiera avanzar.
Louise algo nerviosa por encontrarse completamente sola con Feliciano, intento entablar alguna conversación, pero sus palabras murieron en su garganta al sentir nuevamente los labios del italiano luchando suavemente contra los suyos. La alemana no logro resistirse, y le respondió con entusiasmo, pero el reducido espacio del auto les jugo en contra, pues el italiano en un intento de acomodar a la alemana en su regazo, termino casi incrustado en el volante del vehiculo, haciendo sonar la bocina que parecía romper acusatoriamente en el silencio de la noche. Se separaron rápidamente, ambos sonrojados…"
-Louise… ¿estas hay? –La alemana abrió rápidamente los ojos… sin darse cuenta se había quedado dormida recostada en la tina –Louise, si no abres la puerta entrare a ver si estas bien… -Gilbert golpeaba preocupado… la noche anterior al llegar a casa noto la ausencia de su hermana, y decidió esperarla en el sillón, pero en el intertanto se quedo dormido y había despertado hacia solo unos minutos atrás, y el olor del pastel lo hizo caer en cuenta de que su hermana ya había llegado.
-Gott Bruder, ya salgo… -la mujer rápidamente salio del agua, sintiendo el brusco cambio de temperatura en su piel, así que rápidamente se puso un albornoz y abrió la puerta, donde la esperaba serio su hermano.
-¿Se puede saber donde estabas anoche? Esa no es forma de preocupar a tu grandioso hermano, pequeña West…
-Verzeihung Bruder… No tengo excusas…
-¿Estas bien? –por primera vez en mucho tiempo, el alemán dejo aun lado su egocentrismo preocupándose solo por su hermana
-Ja… Solo, no me hagas preguntas que no pueda contestar… -evitando la mirada curiosa de su hermano, fue a su habitación a vestirse para poder comer aquel pastel que antes había preparado
"Espero que no te arrepientas mi pequeña"
En otro sitio de Cracovia, Feliciano despertaba lentamente de su sueño… Su primer pensamiento fue dirigido hacia la mujer que supuestamente dormía a su lado, pero el vacío bajo su brazo lo hizo despertar de golpe… Estaba solo, pero era evidente que antes había estado alguien, pues el otro costado de la cama estaba desordenado y la almohada hundida. Con nostalgia recordó la noche anterior, una de la mas lindas según el, pero no estaba seguro que su compañera pensara lo mismo
"-Vámonos rápido
-Vee~ - fue todo lo que lograron decir luego de la "rápida escapada". Feliciano no estaba seguro de donde vivía la alemana, que esta estaba en un estado de semi-inconciencia por culpa del alcohol, y no pudo sacarle la dirección, así que decidió llevarla a su propio hogar para que se recuperara y luego la iría a dejar a su respectiva casa.
Cerca de la una de la mañana llegaron al departamento del italiano, quien ayudo a bajar a la alemana que estaba quedándose dormida
-Feliciano… este no es mi hogar… ¿Dónde estamos?
-Scusa, aquí vivo yo. Descansa un momento y luego te llevare a casa
-Danke
Con una sincera sonrisa, subieron las escaleras hasta llegar a la puerta del italiano, y con algo de dificultad lograron ingresar, pero la alemana, levemente más recuperada de su estado se acerco peligrosamente al desprotegido italiano, que estaba con la guardia baja y no se esperaba aquel ataque….
Nuevamente intercambiaron hambrientos besos, que poco a poco fueron aumentando de intensidad, hasta llegar a un punto crítico donde la ropa comenzaba a estorbar y había una necesidad imperiosa de llegar al siguiente punto. La mente de ambos estaba nublada por las sensaciones del minuto, y con algo de torpeza el italiano llevo a la alemana a su habitación, donde entre besos, suspiros y algunas palabras mal pronunciadas, terminaron desnudos entre las sabanas entregándose en cuerpo y alma..."
Con pereza el italiano decisión levantarse… recordar la noche anterior le producía sentimientos encontrados… Se sentía feliz, pues la alemana a pesar de imagen de mujer ruda, se había comportado cariñosa con el, pero no estaba seguro de que pensaba ella. ¿Por qué se había ido sin despedirse? ¿Estaba arrepentida ella?
2 de enero, 1944, Auschwitz-birkenau, Polonia
Aquel primer día laboral del año estuvo marcado por desagradables emociones para Louise. Al llegar a su oficina, Elizabetha la esperaba con la noticia de que había una reunión extraordinaria para todas las mujeres del campo pertenecientes a la SS, lo que le provoco un mal presentimiento a la alemana.
Rápidamente se dirigió a los edificios administrativos en la entrada del primer campo donde pudo ver, además de sus soldaderas, a otras mujeres de alto rango que ejercían trabajos en otras zonas. Pudo reconocer a varias, sus nombres eran conocidos por sus crueles prácticas… Grese, Mandel y Binz (2). Con orgullo de tener un rango superior, se dirigió a la entrada, observando con asco aquel trío de arpías que se regocijaban intercambiando los métodos de torturas que utilizaban.
La reunión fue tensa. Las casi 200 mujeres presentes escucharon como posiblemente fueran reubicabas paulatinamente a diferentes campos, pues luego de las rebeliones en Treblinka y Sobibor (3) algunos sitios iban a verse colapsado y necesitarían mas soldaderas, y las mejores calificadas eran ellas. Luego fue leída una carta de Himmler (4), explicando los motivos y pidiendo mayor compromiso con la causa.
Feliciano llego algo retrasado al campo de trabajo aquel día. A pesar de llevar más de un mes, aun no podía abandonar su acostumbrada rutina de sueño, ¡Y ni siquiera podría tomar su adorada siesta!
Además, sentía algo de miedo al no saber si se encontraría o no con la alemana. El día anterior le había dado muchas vueltas al asunto, ¿Cómo abarcar el tema? ¿Estaría arrepentida? ¿Recodaría acaso?
Fue a dar las acostumbrada vuelta a las barracas donde estaban los italianos, siendo testigo silencioso del deplorable estado en que los mantenían. ¿Por qué los trataban así? Su único pecado había sido ser judíos. El como católico mantenía algunos resentimientos, pero aquello no justificaba los tratos inhumanos que recibían. Dio un largo y pesado suspiro y ordeno el trabajo que les tocaba aquel día, que seria vigilado por los pocos soldados italianos que habían logrado ser reasignados a aquel sitio.
Luego de algunas vueltas, la impaciencia llego a su límite, y fue a la oficina de la alemana, donde estuvo golpeando sin recibir respuesta. Se pregunto si quizás estaría enferma y no había podido ir, pero para su buena suerte apareció Elizabetha que traía algunos papeles
-¡Elizabetha! Que bueno que te encuentro, vee~
-¡OH! Feliciano. Perdón, no te había visto. ¿Qué haces acá?
-Pues, quería ver a Louise,
-¿Enserio? Los vi bastante juntos en la fiesta –la húngara le dio al italiano una ligera sonrisa de complicidad que no fue devuelta –Pero, en este instante esta en una reunión con algunos superiores, así que tendrás que venir en otro momento.
-¿Reunión? ¿De que?
-Lamentablemente no podría ayudarte... no estoy segura, tendrás que preguntarle cuando la veas
-Vee~, grazzie
Aquella desagradable reunión demoro mas de lo planeado, y solo cerca del almuerzo las mujeres se vieron liberadas, así que pasaron al comedor a almorzar. Como siempre, Louise se sentó sola, pues no había estrechado lazos de amistad con aquellas mujeres, más allá de algún ocasional saludo. Mientras unas judías le servían la comida, pudo notar algunas miradas sobre ella, principalmente vigilantes de su sector, pero supuso que eran quienes la habían visto con el italiano y prefirió mantenerse callada. No debía darles que hablar, menos ahora que sabia que su abuelo mantenía un ojo sobre su hermano.
-¡Louise! ¡Qué bueno que llegaste! ¡Estaba esperándote!
-¿Feliciano? Perdón, pero estaba en una reunión
-Lo se, lo se, Elizabetha me lo dijo.
-¿Qué? ¿Tanta confianza con mi secretaria?
-Yo… Scusa… Pero la conocí la navidad en que no pude encontrarte…
Sin desearlo, la alemana se sintió algo celosa de no ser la única conocida por el italiano, pero se golpeo mentalmente ante tales pensamientos. Ella no podía sentir nada por el. Era un extranjero, que aunque amigable, no podía tener más relaciones que una amistad. Su abuelo no le perdonaría que iniciara una relación con alguien fuera del eje nazi, y mucho menos alguien que no fuera de raza aria.
-Ja, Ja, como digas. ¿Para que me buscabas? Tengo trabajo pendiente –dijo señalando los papeles sobre su escritorio
El italiano sintió algo de temor ante el seco tono de la mujer, y dudo unos segundos antes de hablar. A pesar de que no le gustaba mentir, decidió no mencionar el tema, pues al parecer no había significado nada para la mujer
-Vee~, yo… -dudo durante unos segundos, pensando en alguna excusa- Quería invitarte esta noche a cenar a mi casa… Esta noche haré Lasagna a la Bolognese…
-Era eso… -la mujer se sintió levemente decepcionada. Guardaba ciertas esperanzas, aunque supiera que no pudiera llevarlas a cabo, deseaba que el italiano le hablara de la noche pasada -Pues, tendré que rechazar la invitación -La mirada decepcionada del italiano le pedía silenciosas explicaciones, mas a la alemana le avergonzaba darlas. ¿El motivo real? Miedo. Miedo a sentir cosas por quien no debería. Ella se desenvolvía en una sociedad terriblemente racista y cerrada, la sociedad nazi. Podría permitirse tener una amistad con el italiano, pero, llegar mas allá de eso estaba prohibido. Y no precisamente por leyes absurdas, si no por su crianza, por su abuelo, por sus superiores. Era toda su vida la que le impedía, una vida donde ella poco podía opinar… Pero, Louise estaba algo cansada de todo eso. –Aunque, si quieres, podríamos almorzar juntos el próximo domingo. Es mi día libre y…
-¡Me encantaría! Te preparare deliciosa comida italiana, Vee~ -Compartieron una pequeña sonrisa, y con una escueta despedida, volvieron a sus labores. El italiano con una sonrisa sincera, y la alemana algo preocupada por su inesperada decisión, pero interiormente feliz.
Mediados de Marzo, 1944, Auschwitz-birkenau, Polonia
El tercer mes de año llego mas rápido para todos, pues fueron limitados los momentos de descanso para todos los que trabajaban en aquel sitio. La situación de los países del eje eran más críticas que nunca. Las campañas perdían hombres en cantidades exorbitantes, y los prisioneros llegaban en masa, pues ya no se limitaban a solo judíos y gitanos. Últimamente había enviado una gran cantidad de comunistas y homosexuales, y de diversos sitios del continente.
Louise ya no aguataba mas, cada semana le tocaba recibir decenas de trenes, y la cantidad de asesinatos que se cometían aumentaban. Y aunque lograba impedir algunas ejecuciones alegando que eran gente útil para el trabajo, la aglomeración hacía necesaria la disminución de prisioneros.
La situación de Feliciano era mas calmada, pues la cantidad de italianos que llegaban no era precisamente grande, y las ejecuciones se limitaban a los enfermos y ancianos.
A la vez, la relación que mantenían no había avanzado mas allá de una frustrada amistad con sabor amargo. Si bien, se reunían regularme a almorzar durante los días de trabajo, y algunos fines de semana cenaban juntos, la mujer no había querido llegar al punto que alcanzaron la noche de año nuevo, pues temiendo sus reacciones ante las nuevas sensaciones que descubría, se negaba a renunciar al orden y estructura de su vida, aunque esta poco a poco se fuera desmoronando con la llegada de esta nueva persona a su vida.
Una mañana en especial, Louise despertó con un sentimiento diferente en su pecho. El reloj indicaba que aun faltaban dos horas para amanecer, pero por más que intento dormir, no lo consiguió, así que decidió matar el tiempo preparando algunas galletas.
Mientras se dirigía a la cocina, comenzó a revisar unas carpetas que Elizabetha le había entregado, fijándose con horror de un detalle que no había tomado en cuenta. Aquella mañana le tocaba supervisar la llegada de un vagón con niños, y seria acompañada por el Dr. Mengele (5). Olvido rápidamente si idea de hornear galletas, y se sentó en su sofá tomándose la cabeza con las manos. Hacia más de un año que aquel hombre había llegado al campo, victima de una lesión que le impedía continuar en el campo de batalla, con un titulo de medicina bajo el brazo, un entrenamiento sádico y muchas ideas perversas y desviadas.
Comenzó a recordar las veces en que les había tocado trabajar juntos, donde se paraba justo en la salida de los vagones y se cercioraba de separar los gemelos del resto, para llevarlos a su laboratorio, donde según el "solo se aseguraba de buscar la forma de eliminar la suciedad judía".
La alemana comenzó a tener leves espasmos reprimiendo los deseos de vomitar. Finalmente sabía el destino de algunos desafortunados niños, pero no podía hacer nada contra aquel hombre, que estaba en un rango superior al de ella, y tenia privilegios dentro del lugar.
El vagón había llegado hace media hora, y Louise se encargo de indicar a sus soldaderas y vigilantes la misión organizar la salida e inscribir los que fueran bajando. También había pedido que Roderich estuviera presente, pues el austriaco era de su confianza, y el podría intentar mantener a raya a Mengele, y evitar que se llevara niños. La alemana, luego de aquel episodio en su casa, no logro mejorar sus nauseas y solo con ayuda de su hermano, que se había ofrecido a llevarla hasta su trabajo, había logrado llegar, y decidió pasar de sus actividades y quedarse en su oficina descansando.
Estaba reorganizando sus documentos, cuando la puerta se abrió de forma brusca e ingreso un soldado respirando agitado
-Señorita Beilschmidt, por favor perdón que la interrumpa, pero hay problemas y necesitamos ayuda.
-Ja. Vamos. –Antes de salir corriendo de su oficina, se aseguro de llevar consigo su revolver en el cinto de la falda, pues su intuición le decía que era algo realmente grave, y temía que fuera necesaria su uso.
Al llegar la escena frente a sus ojos le recordaba más una pesadilla que otra cosa. Había niños muertos, aparentemente por impactos de bala en el piso, unos adolescentes protegiendo con sus cuerpos un grupo de niños pequeños que temblaban. Soldados apuntando las cabezas de otros adolescentes.
-¡QUE MIERDA PASO ACÁ! ¿Qué es todo este jodido desastre? –Sentía su respiración agitada, y su mano automáticamente se posesionó en su cinto donde cargaba su arma, lista para cualquier ataque. Los soldados guardaron silencio, mientras que los generales presentes miraban la escena divertidos ante las reacciones de la alemana.
-Louise, querida –Una grave voz con un fondo meloso se acercaba con su espalda. Louise conocía a su dueño, el maldito "ángel de la muerte", como fue apodado Mengele. –Perdón que te hayamos hecho venir, pero, tu estabas encargada de esto, y algunos juden –Señalando a los adolescentes muertos- Interfirieron, y hubo que aplicar fuerza, tu entiendes.
-Josef, entonces, debo asumir que esto es tú culpa, ¿correcto?
-Quizás –el hombre soltó una ligera risilla- Pero, había detectado unas trillizas maravillosas, y tu sabes lo difícil que es encontrar gemelos, ¡imagínate trillizos!, así que las separe del grupo, como es habitual, pero estos –señalando nuevamente con asco a los muertos- se opusieron, nos atacaron, tu amigo el austriaco tuvo que detener todo el proceso y encerrar al resto en el vagón, y de hecho, tus amadas vigilantes están con ellos… -las palabras murieron nuevamente en la garganta del hombre, pues los niños y adolescentes que habían quedado en el lugar, lo comenzaron a atacar a vista y paciencia de todos, mas nadie se atrevía a disparar, pues en el acto podrían herir también al nazi.
La alemana, en un intento desesperado por poner orden, lanzo un disparo al aire para asustar a los pequeños rebeldes, tuvo un efecto contrario y solo los revoluciono mas. Uno de ellos en especial, que aparentaba 15 años y se veía el mayor de ellos, rápidamente se acerco a la mujer y la intento amedrentar con un oxidado cuchillo, pero esta en un movimiento casi instintivo, le propino un certero disparo en el abdomen, causando un silencio generalizado. El adolescente comenzó a retorcerse en el suelo, y fue liquidado por otro general presente, con un disparo en la cabeza.
Louise se quedo estática de la impresión, y no se percato de la orden de liquidar en el acto a los otros rebeldes, para asegurarse de que no intentaran nuevamente alguna acción. Lentamente sintió su cuerpo debilitado y luego la perdida de conciencia, cayendo como un estropajo al suelo, justo al lado de un cadáver.
-Maldita sea, ¡Todo es tu jodida culpa!
- Vee~ yo no sabia… No fue mi intención.
-Pero aun así lo hiciste. ¿Sabes que pasara ahora?
-Yo… No lo se…
-Escapar. Tendremos que irnos de acá.
Entre sueños, Louise sintió como su cuerpo iba despertando, y escucho la voz de su hermano Gilbert y de Feliciano discutir, si es que se le podría llamar a eso pelea, donde solo su hermano gritaba y el italiano tartamudeaba mas de lo habitual.
Se sentó, y se vio en una camilla en lo que parecía una oficina. A su alrededor habían estantes con macabras muestras de partes humanas en formol, embriones en diferentes estados gestaciónales y ojos con el nervio ocular intacto. Luego vio cerca de la puerta a su hermano y al italiano discutir, aunque ya no prestaba atención a sus palabras. Intento levantarse, pero un nuevo mareo la hizo recostarse
-Gilbert… -el alemán, al escuchar la voz de su hermana llamándolo, fue inmediatamente hacia ella, seguido de Feliciano, que mantuvo su distancia y mirada avergonzado a la mujer… -Gott, bruder, ¿Qué me paso?
-¿Por qué no me lo contaste pequeña? Tú sabes que como tu grandioso hermano te habría dado mi grandioso apoyo.
-No se de que me hablas. Solo recuerdo que me desmaye… ¿Qué ocurre? ¿Estoy enferma? –El albino miro al italiano, quien parecía a punto de desmayarse, mientras emitía pequeños "vee~"
-¡Ho! Por supuesto que no –El dueño de aquella oficina entro con una sombría sonrisa, dirigiéndose directamente a la Alemana. –Pero debo comunicarte que estas esperando familia. ¡Maravilloso! Aunque, no sabía que te habías casado, ni mucho menos con este Italien.
Louise comprendió el porque de sus molestias, y se golpeo mentalmente. Sus periodos femeninos no eran regulares, y aquel atraso no le preocupo, pues en algunas ocasiones llego a tener atrasos superiores, que solo eran desajustes hormonales, pero esta vez, era un síntoma de que una criatura se formaba en su interior. Miro expectante al nazi, como si esperase que le dijese que una mala broma, o alguna extraña enfermedad polaca que causaba tales síntomas, pero la acongojada mirada de su hermano, y la avergonzada del italiano, le confirmaron la realidad de su estado.
-¿Cuánto tiempo estuve así, desmayada?
-Yo calcularía, casi dos horas. Querida Louise, realmente asustaste a todos, estabas más pálida que los cadáveres de los juden, y tuvieron que trasladarte a mi humilde oficina. Por suerte tu amigo austriaco llamo a tu hermano, que luego fue a buscar a tu esposo…
-No es mi esposo.
-Interesante, ¿tu novio quizás?
-Tampoco- La mujer se sentía vulnerable ante la irónica mirada del otro alemán, que disfrutaba del sufrimiento ajeno, viniese de donde viniese –Pero, ¡Te exijo que mantengas eso en secreto! Nadie debe enterarse –Louise sabía que aquello era algo que no podría ocultar mucho tiempo, pero sabía que su posición como nieta de un miembro de elite del partido, debía ser un ejemplo de rectitud, ya que muchas miradas estaban sobre ella. Si otro fuese el padre, sabía que estaría obligada a casarse y mantener las apariencias, pero siendo un extranjero, todo era diferente. Lo lógico en aquellos casos seria buscar un medico sin escrúpulos que la hiciera abortar, y luego continuar su vida olvidando aquel incidente, pero algo en su interior no le permitía hacerlo, nisiquiera considerar aquella atrocidad como una alternativa. Finalmente, ella había perdido a sus padres de pequeña, solo tenia a su hermano, ahora un hijo, y probablemente al italiano junto a ella, y rápidamente decidió que con la misma fiereza con que se enfrentaba a diario en el campo de concentración, la usaría para enfrentarse a todos de aquel momento en adelante.
El medico, pudo notar la batalla interior con la que lidiaba la alemana, y decidió mantener silencio, a un precio que luego les cobraría, pero por el momento los dejo ir a los tres, pues cuando fuese necesario, lanzaría su precio.
Aquella noche, en el hogar de los hermanos, se llevaba a cabo una incomoda reunión. Si bien Gilbert sabia que su hermana no mantenía una relación formal con Feliciano, en cuanto se entero del estado de ella, no dudo dos segundos en saber que el era el padre, pues recordaba aquella única noche donde su hermana no llego a dormir, y luego no quiso responder sus preguntas. A pesar de conocerlo solo a la distancia, podía concluir que era una buena persona, un poco despistada, pero finalmente, que seria alguien en quien podría depositar su confianza, aunque aquella no haya sido la mejor forma de comenzar la relación de "cuñados".
Gilbert, al confirmar con su hermana la paternidad de su sobrino, decidió salir, debía hablar con alguien un tema que estuvo rondándole en la cabeza desde aquella tarde, y aprovecharla de dejarlos solos en su hogar, pues sabia que entre ellos habían temas aun por aclarar.
-Vee~ Lou… Yo… En verdad lo lamento… todo esto… Se que quizás no recuerdes aquella noche, pero, en verdad fue especial… -La alemana se sonrojo y bajo los azules ojos hacia el piso, mientras sus manos apretaban el sofá intentando no gritar
-No digas cosas vergonzosas… No recuerdo mucho, estaba borracha… Todo fue confuso, pero, he ido recuperando mis memorias, y se que no me forzaste…
-¿Enserio recuerdas? ¡Que alivio! –Feliciano, libre de aquella incertidumbre se abalanzo sobre la mujer para abrazarla con fuerzas –Temía que no recordaras, y pensaras que era un pervertido. Vee~ Grazzie dio
-Pero, ¿Qué haremos ahora? Yo, no creo que pueda seguir acá. Seré expulsada del partido y de mis labores. Mis superiores estarán decepcionados de mí. ¡Y mi abuelo! Gott, mi cabeza…
-Vee~ No te estreses, no le hará bien a mi bambini.
-Conozco a Gilbert, y se que podemos irnos lejos. Limpiar nuestros nombres para que la GESTAPO no nos rastreé. –En su desesperación, Louise uso su tono de voz militar, lo que asusto un poco al italiano, que se quedo rígido temblando levemente, y al darse cuenta de su acción, se sonrojo –Perdón, yo… En verdad no se que hacer…
-Vee~ No te preocupes… Me acostumbrare a ello… Pero, Lou, quiero que sepas, Ti amo, y, aunque todo parezca una locura, me gustaría casarme contigo, aunque aun no tenga un anillo y no sea en Venecia como siempre soñé… -La mujer esbozo una leve sonrisa ante las sinceras palabras de su compañero, a quien le acaricio con lentitud una mejilla.
-Ich liebe Dich
Gilbert terminaba su cuarto cigarrillo de aquella noche, mientras llegaba frente a mansión en el corazón de Cracovia. Toco la campanilla, esperando que algún sirviente le abriera. A los segundos apareció la ama de llaves, quien lo reconoció inmediatamente.
-Joven Beilschmidt, un gusto verlo. El señor se encuentra en la sala de música junto a otro amigo, por favor acompáñeme…
-No se preocupe, el grandioso Gilbert conoce el camino –Y con su orgullosa forma de caminar, recorrió la mansión, hasta llegar a una amplia sala al final del pasillo principal, y con algo de escándalo, abrió las puertas para encontrarse con el dueño de casa, Vash, un suizo que se había hecho una fortuna traficando armas para el ejercito nazi y el ejercito soviético, y a su lado un sorprendido Roderich quien dejaba su copa de vino de lado para dirigirse al recién llegado.
-Gilbert, ¿Qué haces en casa de Vash? Sabes que no es educado llegar a un sitio sin avisar
-También es un gusto verte, Señorito, pero con quien deseo hacer tratos es con Vash, aunque me alivia que estés acá, y así me ahorran la grandiosa molestia de relatar todo dos veces.
-Habla rápido imbecil, no tengo toda la noche y mi prometida podría llegar en cualquier instante.
-Necesito una forma de salir con mi hermana y otra persona sin ser detectados en las fronteras. Tú sabes, eres experto en esas cosas
-Ni que lo menciones. Puedo hacerlo, pero te costaría caro, y no seria antes de una semana, pues solo entonces tengo un encargo con dirección a Lituania, para el ejército soviético.
-Grandioso. ¿Te parece si mañana paso nuevamente y arreglamos los detalles? Necesito con urgencia salir de acá. –El suizo asintió secamente con la cabeza, mientras en su mente calculaba los costos y el precio de aquel favor. Pero austriaco, que había sido testigo de todo, no comprendía aquella apresurada decisión.
-Supongo que la otra persona es Elizabetha, ¿o me equivoco?
El alemán se quedo hecho una piedra ante la mención de su novia. El no podía negar que la amaba, pero lo ultimo que deseaba era exponerla ante los riesgos del escape, y con un suspiro, tomo una decisión que sabia que le dolería, pero seria lo mejor.
-Te equivocas señorito. La otra persona es Feliciano, aquel italiano que es cercano a mi hermana.
-¿Vargas? ¿Y para que, si es que es posible saberlo?
-Solo… Supongo que de todas formas te enteraras algún día… Pero… Mi hermana esta embarazada de Feliciano… Y tú sabes que aquello no puede ser según nuestras normas… Pero, ella no desea abortar, y yo, como su grandioso hermano mayor, la apoyare en lo que decida
-¿Louise? No puedo creerlo, siempre se veía tan sensata, tan correcta.
-Lo se, es una sorpresa para todos, incluso lo fue para ella
-¿Y Elizabetha?
-Cuídala bien. Confío en ti, señorito.
-Yo… ¿Qué quieres decir?
-Que no podré seguir cuidándola, y se que tu podrás ocupar mi sitio. No es bueno que niegues tus sentimientos. Mi grandiosa persona ya no será un impedimento para que puedas conquistarla.
-Danke
-Therese… Tontita, espérame un poco mas…
Trivia: ¿Quién es Therese? El ganador, o ganadora, se llevara como premio un One-Shot de la pareja que elija, Trivia no valida para Yaoist_Secret que ya debe haber adivinado quien es con los spoilers que le he regalado.
Perdoooon! Merezco ser linchada, lapidada y ahorcada de la peor forma existente por esta horrorosa demora! Pero, la inspiración estuvo esquiva! Me explico, yo trabajo con una línea de tiempo de los acontecimientos, que esta hecha pero puede sufrir cambios, y en base a eso escribo, pero a pesar de saber el curso de la historia, las palabras no llegaban simplemente, y una tarde frente al pc para escribir se transformaba en una tarde de roleo en fb, o de novelas colombo-mexicanas. Además, este mes estuvo muy agitado. Desde fiestas patrias, viajes, vagaciones, reencuentros, protestas, hospitalizaciones y otras cosas, fueron reduciendo mi ya reducido tiempo…
Espero que les haya agradado el fic, costo pero salio!
Un agradecimiento a los hermosos reviews que me han llegado, juro que esta noche responderé todos y cada uno de ellos!
(1) Streuselkuchen: Es un postre típico de la comida Alemana. Lo puse ya que siempre dicen que Ludwig/Louise/Mónica come o prepara Wurts, y honestamente, la comida alemana es mucho mas variada.
(2) Grese, Mandel y Binz: Hago referencia a Irma Grese, Maria Mandel y Dorothea Binz. No se si realmente se conocieron entre si, pero las tres fueron soldaderas de altos rangos en Auschwitz, y se les conocía por su cruel actuar con las judías.
(3) Treblinka y Sobibor: Ambos campos de concentración que cerraron sus funciones en el año 1943, debido a las rebeliones internas por parte de los prisioneros.
(4) Himmler: Fue comandante en jefe de la SS, culpable de las gestiones en las matanzas sistemáticas y metódicas. Fue uno mayores impulsores del uso de Zyklon-B, un pesticida utilizado para asesinar prisioneros en la cámara de gas.
(5) Dr. Mengele: Josef Mengele, conocido como "el ángel de la muerte". Medico y criminal de guerra nazi, conocido especialmente por sus experimentos con judíos y gitanos, y su fijación hacia los gemelos.
