Tercer capítulo

Se estaba poniendo el sol, y a Shikamaru le dolían las tripas pero no se atrevía a decirle a Temari que pararan para comer algo, por dos razones:

-Tenía miedo de su reacción, luego de haberle comprado una flor morada

-Tenía miedo de que lo volviera a llamar marica.

Caminaron sin tomarse de la mano por la aldea de Konoha y de pronto un ruido sorprendente asustó a Temari.

-GROOOOOOOKLLLLRRR- el estómago de Shikamaru.

-¿Quieres que vayamos a comer?- preguntó Temari, luego de unos segundos de pánico.

-Sería hermoso- respondió Shikamaru sujetándose la barriga avergonzado.

-Bueno, yo también. Comamos.

-Ya.

Siguieron caminando en línea recta hasta que Shikamaru no pudo aguantar más su hambre y dijo con voz débil: "Comida… ¿No íbamos a comer?"

-Que marica eres. Todo el tiempo te quejas.

-Perdón.- se disculpó Shikamaru- Es que nunca en mi vida había tenido tanta hambre.

- "Es que nunca en mi vida había tenido tanta hambre"- repitió Temari con voz infantil. Shikamaru la miró con los ojos entrecerrados y le dio la mano.

-Si quieres yo preparo la comida.

-De acuerdo.- accedió Temari con voz dulce.

Shikamaru se dio cuenta de que Temari cedía más fácilmente si de por medio la persuadía con cariño.

"Todo lo que necesita es cariño" pensó.

-¿Quieres que vayamos a la aldea oculta de la arena?- dijo Temari titubeante.- Así podré presentarte a mis hermanos y al kazekage.

-Bueno, sería un placer- contestó Shikamaru cínicamente- pero ya los conozco…- Temari le lanzó una mirada asesina, y Shikamaru agregó con voz temblorosa- …Pero sería fantástico conocernos mejor.

-Oh, de acuerdo. Pero ya va a ser de noche, así que partiremos a la aldea oculta de la arena sin comer.

"NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO" gritó Shikamaru mentalmente, pero no dijo nada.

Caminaron bajo la luz de las estrellas durante varias horas, y sus barrigas sonaban y en distintas partes del camino hasta tenían eco.

-Tengo hambre.- dijo Temari cuando estaban a mitad del camino, en medio de la nada.- Quiero un pastelillo.

-No hay pastelillos.

-¿¡Cómo puedes ser tan cruel?!

-Yo también tengo hambre, pero no hay nada por aquí.- explicó Shikamaru.

Temari se quedó en silencio, con lágrimas en los ojos. Siguieron caminando, y ella sollozó y su barriga sonó casi al mismo tiempo.

-Comida… Comida… Comida…- murmuraron con voz cansada. Caminaron toda la noche y vieron el amanecer con lágrimas en los ojos, hasta que se dieron cuenta de que el sol no traía comida.

Entonces, cuando todo se veía del más obvio color de hormiga, vieron a lo lejos un restaurante de comida italiana. Temari tomó a su novio de la mano y corrieron juntos por el terreno, y se lanzaron al restaurante, esperando verse rodeados de tallarines y albóndigas en u abrir y cerrar de ojos.

Aterrizaron sobre la arena con un golpe seco.

-¿Comida?

-…Era… mentira.- dijo Shikamaru con voz débil.- Era un espejismo.

-Estamos cerca de mi casa… Bienvenido a la aldea oculta de la arena- murmuró Temari sobándose el trasero, el cual le dolía por el impacto del golpe. De pronto una mística niebla se desvaneció, dejando ver una hermosa ciudad. Caminaron de la mano hasta llegar a un edificio enorme, donde Temari entró diciendo:- Esta es mi casa.

-Oh.

Oyeron un ruido en las escaleras, y de un momento a otro, Kankurou y Gaara habían aparecido en la escena.

-Hola Temari- dijo el hermano menor con voz tranquila, y saludó a Shikamaru:- Hola peste.

-Hola.

-¿Ya habéis desayunado?- inquirió Kankurou.

-No.- respondieron los enamorados al unísono.

-¿Quieres que te haga el desayuno, Temari?- Kankurou sonreía benévolamente.

-Sí, por favor. Pero Shikamaru tiene que hacer el suyo por su cuenta.

Todos se dirigieron a la cocina, Temari y Gaara se sentaron a la mesa, mientras Kankurou y Shikamaru preparaban los desayunos. Shikamaru seguía todos los pasos de Kankurou al pie de la letra.

-Tenemos que hacerle la prueba, Temari.- murmuró Gaara.

-Lo se. Díselo a Kankurou y al Kazekage.

Mientras tanto, al otro lado de la cocina, Kankurou batía la crema de hongos lentamente, porque estaba muy espesa. La de Shikamaru en cambio estaba tan aguada que le dio cierta pena batirla.

-Te ha quedado aguada- observó Kankurou, y Shikamaru se encogió de hombros.

-Es la primera vez que la hago.

Kankurou soltó una risita despectiva, y un enigmático "Exactamente", con voz burlona. Llevaron la comida a la mesa, y los hermanos de Temari se retiraron.

-Te quedó aguada.- calificó Temari al ver la crema de hongos de su novio.

-Es la primera vez que…- repitió Shikamaru, pero fue interrumpido por las estridentes risas de Temari y otros ninjas que estaban ocultos en la cocina.-¿¡Qué tiene de gracioso?!

-En mi aldea, la primera vez que preparas crema de hongos, si te sale aguada, significa que eres marica.

-¿¡QUÉ?!

-Bueno, no te preocupes- logró decir Temari entre sus propias carcajadas.- Vamos a la sala.

Se levantaron, y fueron a la sala. Shikamaru se sentía ridículo pero de todos modos se terminó su crema.

Se sentó en el sillón y Temari se sentó en sus piernas.

-¿Qué haces?

-Me siento en tus piernas.- dijo, y se acurrucó. Poco a poco, su respiración se volvió más acompasada, y en un momento se quedó profundamente dormida.

Shikamaru cerró los ojos.

-Tú debes ser Nara Shikamaru, de la aldea de Konoha.- dijo una voz intensamente glacial.- Temari me ha hablado mucho de ti.