CAPÍTULO 6
DE VUELTA A GRIMMAULD PLACE
El Jefe del Departamento de Aurores caminaba por los oscuros pasillos del Ministerio que conducían a la sala de los Misterios. Sabía que allí se encontraba ella. Todos los años, ese mismo día desde la caída de Voldemort, su mejor amiga visitaba aquél lugar.
Cuando llegó a la puerta Harry se detuvo, respiró profundamente y recién avanzó, miles de imágenes volvieron a su mente, sensaciones, recuerdos dolorosos.
Como cada año la vió parada frente al velo, mirando sin ver, casi en trance, como esperando que sucediera algo fuera de lo común.
-Llegas tarde- había hablado Hermione sin mirar a Harry.
-Tu Sirius tuvo una mala noche, no durmió bien y amaneció con un poco de fiebre, Ginny le dio una poción y hasta que no lo ví mejor no quise salir de casa.
Ella en ese momento desvió la mirada, lo miró preocupada- por qué no me avisaste anoche Harry?- había fastidio en su pregunta y sin esperar respuesta giró hacia la salida.
-A dónde vas?- Harry no entendía su actitud.
-A ver a mí Sirius.
-pero acabo de decirte que ya está recuperado.
-Hasta que no lo vea no estaré tranquila- y sin más ella abandonó la Sala de los Misterios.
Hermione apareció en el hall entrada de Grimmauld Place número doce, hecho que parecía habitual entonces pero que había causado desconcierto cuando lo realizó por primera vez, ya que solo los que tenían sangre Black podían hacerlo, ni siquiera Harry o Ginny los actuales dueños de esa ancestral casa habían logrado tal hazaña.
Avanzó presurosa, llegó a la cocina y encontró a Ginny con un vaso de leche frente a ella, grandes manchas oscuras había debajo de sus ojos y una de sus manos sostenía su mejilla, estaba a punto de dormirse.
Se acercó despacio y tocó su brazo lo que asustó a su amiga- ve a la cama, yo me ocupo a partir de ahora.
-Hola Herms- bostezó- disculpa, cómo estás y qué haces aquí, no deberías estar en esa sala?- recién se despertó completamente.
-Estoy bien y ya estuve allí, llegó Harry me contó lo de Sirius y me vine sin demora.
-no era necesario- había bostezado otra vez- está dormido ahora y Albus está con mi mamá, lo llevamos anoche cuando James empezó a sentirse mal, nunca se sabe podría tratarse de algo contagioso.
-Y por eso me llamaron anoche?- preguntó sarcásticamente.
-No seas mala, anoche por fin te tocaba descanso, tuviste tu semana previa a hoy bastante ocupada como todos estos años- se levantó puso sus manos en la cintura y se quejó- no veo la hora que nazca, es un bebé muy inquieto.
-Es una beba muy inquieta querrás decir.
-Insistes en que es una niña?
-estoy muy segura, en cuatro meses me darás la razón.
-te creo, hasta ahora nunca erraste.
-ve a descansar un rato, yo revisaré a mi Sirius- se detuvo un momento y agregó con la voz entrecortada- por cierto por qué cada vez que no los deja dormir o hace una travesura es mí Sirius y cuando es un niño ejemplar es vuestro James?
-Siempre será tu Sirius, tú lo consientes demasiado- y entonces se acercó a ella y la abrazó pues había notado que Hermione estaba conteniendo el llanto y no se equivocó, su amiga soltó las lágrimas en ese instante.
Era un llanto desconsolado, ese que se permitía una vez por año, en esa misma fecha y solo delante de su mejor amiga. Una vez más la Sra. Potter la sostuvo, estuvo para ella y la acompañó, sabía que era la única manera que la castaña tenía para descargar tanta angustia, tanto dolor y sobre todo demasiados recuerdos acumulados en su triste y solitario corazón.
Kreacher, el elfo que había estado en esa casa por varias generaciones, había sido testigo involuntario de la desesperación de Hermione, guardó silencio y también la acompañó. Se acercó cuando ella había disminuído sus lágrimas y le entregó un fino pañuelo de algodón egipcio, con unas iniciales bordadas- Hace mucho tiempo quería darle esto Srta. pero nunca encontré el momento oportuno.
-Gracias Kreacher- ella secó sus lágrimas y recién notó el bordado- ¿LB? qué significa?
-Algún día lo descubrirá- le respondió el elfo que durante tanto tiempo la había insultado, despreciado, pero que desde que ella le había devuelto la réplica del relicario que su amo Regulus le había encomendado, la había cuidado con devoción, ella tenía desde entonces su absoluta fidelidad.
-Estás mejor ya?- Ginny la miró preocupada y Hermione asintió- no te parece que es momento de dejarlo partir?
Después de una larga inspiración la castaña agregó- no hasta que descubra qué sucedió con él.
-Hermione pasaron trece años ya, estás dejando de vivir tu vida tras un misterio que nunca develarás.
-Por favor Ginny, tú no por favor, suficiente con los reclamos de Harry y de Ron.
-pero es que tenemos razón amiga, tienes casi treinta años, llevas más de la mitad de tu vida luchando, primero a la par de mi marido y ahora intentando desentrañar un misterio, como tantos hay en nuestro mundo- la llevó hacia la mesa y la sentó, Kreacher solo las miraba- Sabes muy bien que Harry y yo apoyamos tu teoría de que Sirius no está muerto, elegimos creer eso porque confiamos en tu criterio, pero amiga, ya pasaron trece años- Hermione abrió la boca para interrumpirla- escucha, no estoy diciendo que desistas de tu investigación, solo intento hacerte notar que deberías empezar a vivir, tienes muchos pretendientes, acepta salir con alguno, conocerlo, no sé diviértete si no quieres compromiso. Herms, en serio te lo digo, tu vida se reduce a trabajar en el hospital y luego a seguir investigando- Ginny no podía aguantar su frustración- no sé Herms, sigue con el arreglo de la moto, sabes que allí tendrías ayuda de tu papá y sobre todo de los muchachos, haz algo, no sé, despeja tu mente, entiendes a qué me refiero?.
-agradezco de corazón tus consejos, pero Ginny- respiró profundamente- me duele mucho y tú mejor que nadie sabe a qué me refiero.
-no, no sé a qué te refieres, no te entiendo a veces- suspiraba resignada la pelirroja- no creo que solo sea porque no quieres ver a Harry sufrir como aquella vez, aquí hay algo que ocultas y nunca quisiste confiar en mí- se levantó ya algo molesta por la situación- pero no voy a presionarte más, sé cuando no quieres hablar, ahora voy a descansar un momento- giró y se dirigió al elfo-Kreacher podrías hablarme en una hora?, debo salir.
-si Sra. Ginny, con mucho gusto- contestó el elfo.
El silencio reinó en la cocina por varios minutos, Kreacher seguía acompañando a Hermione, él conocía su secreto y la respetaba mucho más por ello. Para el elfo ella había demostrado ser la única merecedora de ese pañuelo.
Sin emitir una palabra, Hermione se dirigió hacia el cuarto de su ahijado.
James dormía abrazado al enorme perro negro de peluche que ella le había obsequiado cuando cumplió un año. Sonreía al verlo tan aferrado a él.
-Si hubieras conocido al verdadero Canuto seguramente ésta no habría sido tu habitación- le susurró mientras besó su frente, corrió un rebelde mechón negro y se recostó a su lado. Lo miraba dormir, estaba en paz, la inocencia del niño la calmaba. Se durmió con él.
Más tarde, sintió cosquillas en la nariz, estornudó y una risita infantil la devolvió a la realidad, pero no abrió los ojos. Más cosquillas, estornudo fingido esta vez y más risitas. Siguió simulando e intentó voltearse hacia el otro lado pero sin soltar su fuerte abrazo y entonces allí ella abrió los ojos y sonrió totalmente- te atrapé- el grito de felicidad de su ahijado llenó la habitación- pequeño travieso- Hermione le quitó el peluche de las manitos y con ese perro negro, lanudo y gigante le hacía cosquillas en su barriguita- quién quiere comer un niño?- fingía la voz grave- yoooo, el Grim!
-no madrina, el Grim no, mejor que sea Canuto- el niño no se atemorizaba con el juego de su madrina.
-Sirius- habló casi suplicante- se supone que tienes que fingir un poco de miedo, así no se vale.
-Soy un meodador y los meodadores no tenemos miedo.
-No tienes edad para ser un merodeador, repite MERODEADOR.
-es una palabra difícil, pero mi abuelo Remus dice que Teddy y yo ya lo somos.
-tu abuelo Remus dijo eso, y dejaron a Albus fuera?
-él es pequeño aún- respondió el niño sentado en el vientre de su madrina.
-y tú, ya eres grande?
-si madrina, ya hago lo primero y lo segundo solito.
Hermione lo amó en ese momento, el niño pronunció sus palabras con tanta convicción que hasta ella le creyó.
-ahora dígame mi adorado caballero, por qué no pudiste dormir anoche?- mientras le hablaba ella tomó su varita desde la mesita de noche y empezó a explorarlo.
-tenía sueños feos- le respondió.
-quieres contarme?
-un hombre raro vino a la casa.
-te hacía algo, te daba miedo?
-a mí no- bajó su mirada hacia su peluche, lo que indicaba que lo que tuviera que decir lo hacía sentir inseguro.
-a quién entonces Sirius?
-a tí madrina.
-y qué me hacía?- preguntó finalmente con un poco de desazón.
-te besaba y te decía que te fueras con él- en niño comenzó a llorar- te irás madrina, vas a dejarme, ya no vas a quererme más?- preguntaba muy angustiado.
-jamás mi cielo, voy a quererte siempre y nunca voy a dejarte, tu eres el dueño de mi corazón- intentó consolarlo.
-pero mi mamá me dice lo mismo que yo estoy en su corazón y a mi papá le dice qué él es el dueño, yo no lo entiendo, tan grande es el corazón, o tenemos muchos?- hablaba entre sollozos.
Hermione sonreía ante tanta inocencia e intentó explicarle lo que significaba las palabras de su mamá y las suyas también, James que era muy inteligente le había entendido perfectamente.
-entonces si ese señor aparece y te besa, no dejarás de quererme- aseguró feliz.
-exactamente, y por ahora no hay ningún señor que me bese- acarició su salvaje melena negra como la noche- jovencito es hora de levantarse, desayunar algo y a jugar.
-te quedas conmigo?
-todo el día, hoy no tengo que regresar al hospital- entonces ella lo subió en su espalda, el niño aferró su perro y le preguntó- listo compañero?
-sí, estamos listos meodadora!.
Desaparecieron juntos para aparecer en la cocina lo que provocó que Molly se asustara, diera un grito y casi tirara el pastel de chocolate que había traído de regalo para su nieto adorado.
-Hermione Jean Granger y James Sirius Potter, dejen de hacer eso- vociferó mientras tomaba su pecho.
-hola abuelita- el niño intentaba descender de su transporte- me trajiste pastel?
-lo siento Molly no fue mi intención pero no pude evitarlo- intentó disculparse mientras besaba a su segunda madre.
-está bien, te entiendo, debiste de haberte preocupado cuando te enteraste pero yo le dije a Harry anoche que te llamara cuando fue a dejarme al pequeño Albus, pero me dijo que esa noche no podías, estabas de guardia?
-no Molly- le entregó una taza de té mientras la adorable señora Weasley le servía una porción suculenta de pastel- pero no fue nada más que pesadillas, ya lo examiné y está perfectamente bien sino míralo como come el pastel sin esperar su porción.
-James- gritó Molly- ya te sirvo, deja ese tenedor quieto- ordenó la abuela en un fingido reto- te sientas y espera como el niño obediente que eres.
La porción fue el doble de tamaño, dentro de lo permitido para un niño de cuatro años.
-Intuyo que James está bien, tú estás aquí, Ginny recién salió- se levantaba de la silla- me dijo que regresa en un rato, Kreacher ya prepara la comida así que me regreso a La Madriguera, debo organizar todo para mañana, Ron y Katya regresan de su luna de miel y haremos una cena de bienvenida, cuento con tu presencia?
-por nada del mundo me lo pierdo, los extraño demasiado, necesitas ayuda?
-tengo todo bajo control, pero si quieres puedes invitar a algún amigo- añadió cómplice.
-no tengo a nadie que quisiera llevar- respondió seria.
-aún no me resigno pero ya encontraremos a alguien para tí, lástima que me quedé sin hijos disponibles, excepto Charlie pero él vive muy lejos y sé que no te alejarías mucho de cierto jovencito- agregó mientras besó a su nieto.
-hasta mañana a la noche entonces, dale mis saludos a Arthur y que se cuide por favor- abrazó a Molly quien salió hacia la sala para usar la chimenea.
-Srta. Hermione ya está el baño listo para el amito Sirius- Kreacher y ella eran los únicos en llamarlo por su segundo nombre.
-gracias amigo-respondió amablemente y giró en busca de su ahijado- ya escuchaste amorcito al baño- pero el mini merodeador salió corriendo hacia la sala con la cara y las manos llenas de chocolate- ven aquí, no toques nada.
El primogénito Potter no le hacía caso, solo se escuchaban sus risas, entonces un ruido fuerte vino desde la majestuosa sala.
-Sirius qué tiraste?- preguntó pero no recibió respuesta- no toques nada puedes lastimarte si rompiste algo- estaba llegando a la sala cuando gritó- James Sirius Potter ven para aquí ya mismo, déjame limpiar tu cara.
Hermione quedó petrificada. Frente a ella se encontraba un hombre que miraba a su ahijado detenidamente, el desconcierto dominaba su rostro. El niño lo observaba detenidamente, frunció el ceño, algo le molestaba, entonces el mago levantó su rostro y la vió. Más confusión. La miró como esperando una respuesta, una explicación.
Hermione estaba sosteniendo su varita intentaba apuntar a ese hombre que de repente había aparecido en la noble casa y sus instintos de luchadora le decían que estuviera alerta- Sirius ven hacia acá mi cielo.
Estas palabras desconcertaron al mago y cuando intentó avanzar ella le apuntó con la varita- tú no te muevas, hablo a mi niño.
El mago estaba vestido como aquella fatídica noche, aún habían restos de sangre en su rostro, donde había sido herido durante la lucha en la sala de los Misterios y antes de que ella agregó alguna palabra más, el medallón asomó entre su camisa. Eso fue suficiente información para ella.
Era el verdadero Sirius Black el que estaba entonces parado junto a ella. El que la iluminaba con aquellos ojos grises que no había podido olvidar.
Sucedió casi sin darse cuenta, ella corrió hacia sus brazos y se arrojó mientras lloraba desconsolada- volviste, por Merlín Sirius, regresaste.
