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Bizarro se estaba divirtiendo a lo grande.
Volaba como un bólido a través de la ciudad, desatando titánicos vientos huracanados a su paso.
El efecto a su alrededor fue el calculado por su amo y creador: ráfagas indiscriminadas azotaron calles y edificios, destrozando vidrios y sacudiendo a las personas de un lado a otro.
El clon malévolo del Hombre de Acero se detuvo en su loca carrera. Procedió a usar su visión de calor a máxima potencia para empezar a destruir todo lo que se le ocurría.
Colosales incendios iluminaron la noche metropolitana.
Sonaron las sirenas y los bomberos acudieron, pero poca cosa pudieron hacer.
Riendo como un niño malcriado, Bizarro descendió a tierra y continúo su carnicería a pie. Aplastó y revoleó automóviles… incluso, empotró algunos contra la fachada de casas y edificios.
La policía de la ciudad le hizo frente. Disparó con sus armas hacia su cuerpo, sin causarle daño alguno.
Bizarro tomó un coche patrulla y lo usó como mazo. Blandiéndolo, destrozó todo lo que tenia enfrente, incluyendo a agentes de la Ley.
Lo soltó al rato y, aburrido, decidió zapatear en la calle, desatando un feroz terremoto.
Rió, a pleno pulmón, mientras observaba su obra.
Cuando acabó, Metrópolis estaba en ruinas.
Al día siguiente…
Lex y Lionel bajaban en ascensor hacia el lobby del edificio LexCorp, donde se llevaría a cabo la conferencia de prensa del empresario con los medios de comunicación.
Con un no disimulado orgullo, el joven Luthor iba leyéndole al anciano las noticias del principal periódico metropolitano, referentes a la catástrofe de ayer…
-Todo mundo está convencido de que Superman lo hizo – comentó Lex – Es una suerte que el original no apareciera. Prácticamente, nos facilitó las cosas.
-El clon es muy poderoso, Lex – terció Lionel - ¿Cómo haremos para contenerlo si decide ir en contra nuestra?
-Ahí está lo bello del plan: Bizarro NO puede ir contra nosotros. Como una maquina, su cerebro está programado para obedecernos ciegamente.
-Pero, ¿y si de todas formas ocurriera? ¿Qué seguridad tendríamos?
-Bizarro tiene un defecto de fábrica. Está puesto a propósito para esa improbable eventualidad. A saber: su reserva de energía es limitada.
La puerta del ascensor se abrió. Ambos salieron y caminaron hasta el lobby.
-A diferencia del Superman original, el nuestro acumula energía por un corto periodo de tiempo. Debe volver aquí a recargar sí o sí. Si no quiere que su cuerpo deteriore, degenere y muera.
-Bien pensado – Lionel asintió – Eres un genio. Tu padre de veras estaría orgulloso de ti.
Lex se encogió de hombros.
-Hora del discurso – dijo – Adelante. Haz lo tuyo.
Lionel ocupó su lugar delante de una mesa. Lex se ubicó a su derecha. El empresario habló a los periodistas reunidos.
-Amigos, a la hora de garantizar la seguridad de nuestra ciudad, ¿Qué plan tuvo el Alcalde? – empezó. Hizo una pausa – Ninguno. Confío en un hombre… que no es un hombre, sino un alienígena. Un forastero, venido de otro rincón de la galaxia, con superpoderes… un engendro, una bomba de tiempo que, finalmente explotó anoche.
Lionel endureció su tono de voz. Ahora, fue enérgico y determinante.
-¡Anoche tuvimos una probada mas que merecida de lo que esa abominación es capaz! ¡Nuestra ciudad, nuestra amada ciudad, padeció por su culpa! ¡Anoche, ese demonio se regodeó en la masacre y el asesinato! ¡Anoche, las fuerzas de la Ley y el Orden fueron puestas en jaque! ¿Y que pudo hacer la actual gestión en contra de ese terrible panorama? ¡Yo les diré lo que hizo! ¡NADA! ¡Absolutamente nada! – agitó un dedo en el aire - ¡No pudieron hacerle frente a la crisis! ¡No pudieron parar a esa horrible criatura extraterrestre! ¡No hicieron nada! ¡NADA!
Lionel hizo otra pausa. Tomó agua de un vaso antes de proseguir.
-Me han preguntado si estoy aquí buscando gloria personal. No. La gloria que yo ansío recuperar es la de… la de… de…
Se detuvo. Miró hacia todas partes.
Algo no iba bien.
Empezó como un dolor agudo en el pecho y luego siguió como visión nublada.
Tembló.
¿Qué le estaba pasando?
Observó a Lex. El joven le devolvió la mirada con una media sonrisa en los labios.
¿Sonrisa?
Bajó la vista. La centró en el vaso con agua del que había tomado un poco…
…y comprendió…
-¡UGH! – se llevó una mano al pecho y se desplomó en el piso.
La sala fue un caos.
Los periodistas se agolparon. Los hombres de seguridad tuvieron que contenerlos. Las cámaras de TV enfocaron al anciano en el suelo que se moría… todo junto.
-Lex… Lex… - murmuró Lionel, agónico - ¿Cómo pudiste…?
Sus ojos se cerraron.
Los volvió a abrir un par de horas después.
Estaba en una habitación de hospital, acostado en una cama. Lex aguardaba pacientemente a su lado.
-¡Ah! Veo que recuperaste la conciencia. ¡Que bien! ¡Tenia unas ganas enormes de charlar contigo!
Lionel hizo el esfuerzo por hablar. No pudo. Ningún sonido salió de su boca. De hecho, intentó moverse, pero descubrió que el cuerpo no le respondía.
-Seguramente te estarás preguntando: "¿Qué he hecho yo para merecer esto?" Buena pregunta. He aquí la respuesta: criarme. Permitirme vivir.
Lex se sentó al borde de la cama.
-Lo que por "accidente" has ingerido con el agua durante tu discurso es una potente sustancia creada por nuestros laboratorios. Un neurotoxico que se diluye en el organismo, sin dejar rastros. Entre sus mas variados efectos están el de dejar paralizado el cuerpo casi completamente, evitando las inhabilitación de los órganos sustentadores de vida… al menos, al comienzo.
Lex guardó silencio un rato. Jugó con los pliegues de la sabana.
-Como comprenderás, en este asunto familiar que tenemos están en juego importantes valores y cuestiones, siendo la mas principal vengar la muerte de mi padre, el Luthor original. Devolver a la familia el honor perdido… ah, y matar a Superman, de paso.
Suspiró.
-He superado ampliamente a mi difunto progenitor. He ido mas allá de lo que él se hubiera atrevido y, ¿sabes qué? Triunfé. Okay, todavía faltan arreglar un par de cositas… un detallito mas allá, otra cosita mas acá, pero prácticamente, he triunfado. La gloria y el poder absoluto me esperan…
"Primer obstáculo evidente: tú – señaló a Lionel – Mientras sigas aquí, nunca podré ser el heredero definitivo de la fortuna Luthor. Por eso, he tomado este drástico camino. ¿Qué no es justo? Tú me enseñaste, querido abuelo, que la vida no es justa…"
Lionel sintió ira. Si se hubiera podido mover, habría matado a Lex a golpes.
-Por supuesto, esto deja sin efecto el anterior plan de "ser el Alcalde de Metrópolis", pero… ¡Hey! Honestamente, ¿Quién quiere ser Alcalde de esta mugrosa ciudad cuando puedes ser el dios de este mundo?
Lex rió.
-Tengo un clon de Superman bajo mi poder. ¡Con él, puedo diezmar naciones! ¡Controlar al mundo! ¿Quién necesita a Metrópolis, teniendo eso como objetivo principal?
Miró a Lionel a la cara. El anciano se estremeció.
-Poco a poco, te iras apagando. Ya no hay vuelta atrás. Poco a poco iras muriendo… y cuando eso ocurra, legalmente LexCorp y la fortuna familiar serán mías. Y podré hacer lo que se me antoje con ambas cosas. ¿Qué te parece, abuelito querido?
No hubo respuesta.
Lionel solo podía mirar.
-Eso pensé – Lex se puso de pie. Se disponía a marcharse de la habitación. Se volvió un momento hacia el anciano – Que pases una muy feliz Navidad. Te veo en el Infierno… algún día.
Abrió la puerta y se fue.
Lionel lo escuchó reírse a carcajadas.
El verdadero Superman regresó de su misión en el espacio un día después. Cuando arribó a la Tierra se desayunó con la novedad de que era declarado "persona no-grata" en toda Metrópolis y vio con sus propios ojos la devastación ocasionada por su doble.
Se reencontró con su hijo. Tom le contó lo que había ocurrido y como casi, aquel "Superman bizarro" acabó con él. Por supuesto, omitió la parte del descubrimiento de sus superpoderes. Creía que su padre ya tenía suficientes preocupaciones en vista como para sumarle una más.
Clark estaba furioso.
Su primer impulso fue ir tras el hijo de Luthor, a quien culpaba de orquestar todo tras bambalinas, pero no pudo hacerlo. Un asunto más importante se presentó, que requirió su inmediata atención: elestadodesaluddeLois.
Tras una serie de toses graves, Clark la descubrió en el baño expectorando sangre. Una cosa condujo a la otra y así fue como ella confesó que había seguido fumando, desoyendo la advertencia médica que la instaba a dejar de hacerlo.
Aquello fue un balde de agua helada para él. ¡Como si no fuera poco con su imagen publica destrozada, ahora había que sumarle el empeoramiento del estado de salud de su mujer!
Si bien sabía que debía parar a Lex y a ese duplicado suyo ante de que cometieran más maldades, lo más importante en su lista de prioridades fue Lois. Junto con Thomas, la acompañaron al médico otra vez, donde el profesional de la salud la reprendió severamente por lo que había hecho y dispuso todo para hacerle una biopsia al pulmón afectado.
Lois ingresó al quirófano, sobrecogida.
Su marido y su hijo aguardaron los resultados.
Estos no se hicieron esperar: se descubrió un tumor en avanzado estado.
El médico que atendía a Lois indicó el procedimiento a seguir, en este caso: extirpación de la zona afectada y posterior tratamiento con quimioterapia.
Clark sintió que el mundo se derrumbaba a su alrededor. ¡Aquello no podía estar pasando!
Pero sucedía.
Lois estaba enferma.
Podía morir.
Había un cien por ciento de probabilidades a favor.
El peso de la realidad lo abrumó. Se desplomó, abatido.
Su hijo fue su único consuelo. Tom también estaba devastado por lo de su madre, pero entendió que su padre lo necesitaba entero y razonando en ese momento.
Lo acompañó en la difícil transición.
Pasado no mucho tiempo, Clark pudo tener el valor de encarar a su mujer en busca de explicaciones…
Lois descansaba en una cama de hospital. Llevaba una mascara de oxigeno puesta sobre su rostro.
Lejos de enojos y de reproches, Clark asió fuertemente sus manos y la miró con tristeza.
-¿Por qué, cariño? ¿Por qué lo hiciste? – le preguntó – Sabias que esto podía pasar. ¡Demonios! Lo sabias.
Lois se encogió de hombros, triste. ¿Por donde comenzar?
-Llámalo "impulso de autodestrucción" – dijo, despacio – o llámalo "prisionera de un vicio fomentado por años". Da igual. Estoy enferma, Clark. No me refiero al tumor, me refiero a mentalmente – hizo una pausa. Lloró – Sabia que podía terminar así, sabia que esto podía pasar, pero no pude evitarlo… no quise.
-Amor…- iguales lágrimas se agolparon en los ojos de él.
-Creo que es un justo castigo – declaró ella – Yo maté a Luthor… pues bien, dicen que en esta vida, tarde o temprano, se paga todo.
-No puedes estar hablando en serio – replicó Clark – Lois, esto no es un castigo divino. Es solo la consecuencia de un mal hábito, pero, ¿sabes qué? No me importa. La pelearemos, juntos. Ahora sí hay que hacerlo con todo. Saldremos adelante – la señaló – Saldrás adelante.
Ella sonrió, sin esperanza.
-No. No lo haré. Pero suena tan maravilloso cuando lo dices… cuando brota de tus labios.
Él la abrazó.
¡La amaba tanto!
Pelearía junto a ella hasta el final. Costara lo que costara.
Tom entró en la habitación de forma súbita en ese momento. Traía novedades sobre el doble de su padre…
-¡Asaltó un silo del Ejército! – informó - ¡Se llevó un misil nuclear!
Aquello era demasiado.
Tenia que detenerlo.
Depositó un beso en la mano de Lois y se marchó a hacerle frente a su nuevo enemigo.
