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Mansión Luthor.

Lex escuchaba música clásica. Estaba sentado en el estudio de Lionel y seguía el ritmo con las manos, mientras mantenía los ojos cerrados.

Una súbita ráfaga de aire helado se coló en la habitación.

-Esta es mi parte favorita de la canción – dijo y la tarareó. Suspiró ruidosamente y abrió los ojos. Superman estaba allí. Lo miraba ceñudo – Supongo que ya sabes lo de tu doble…

-¿Dónde está? ¿Adonde lo mandaste?

-Metrópolis. ¿Dónde mas? Va con un regalito navideño bajo el brazo… una sorpresa bomba, cortesía de la Armada de USA.

-Estas enfermo – el Hombre de Acero lo miró con pena – Realmente, estas muy mal…

-Todos lo estamos en esta vida, amigo. De no ser así, nos hubiéramos suicidado colectivamente al mismo tiempo – hizo una pausa. Reflexionó sobre lo que había dicho – Que idea tan maravillosa.

Superman perdía el tiempo con él. Tenía trabajo que hacer. Debía detener a su clon.

Se marchó a supervelocidad.