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Bizarro volaba sobre Metrópolis cantando, mientras llevaba la bomba atómica bajo el brazo. Iba a dejarla caer en el centro de la ciudad…

-"Noooche de paz, noooche de amortodos muerenderredor…" – canturreaba.

Se detuvo. Calculó el sitio exacto. Se dispuso a soltar el misil.

Superman apareció delante de él como un rayo. Le arrebató el artefacto nuclear de las manos y lo arrojó al espacio.

Encaró a su doble.

-Vas a acompañarme ahora mismo – le dijo.

Bizarro rió.

-¡Estas de broma! ¿Pretendes arrestarme?

-Pretendo detenerte.

-Pues inténtalo. ¡No te será fácil!

El clon atacó primero. Le dio un puñetazo devastador.

Superman salió despedido hacia abajo. Cayó como una roca en mitad de un basurero municipal.

Bizarro no tardó en alcanzarlo. Lo pateó con toda crudeza y luego, tomando el esqueleto de dos autos viejos, procedió a estamparlos contra él.

Superman emergió de los hierros retorcidos. Fijó su visión de calor y azotó con ella a su gemelo.

Bizarro no se achicó. Contraatacó con la suya.

Ondas rojas prendieron fuego alrededor de ambos. Las emisiones de calor energético duraron un segundo, hasta que explotaron…

El Ultimo Hijo de Krypton cayó al piso. Bizarro le saltó encima y lo tomó de la capa. Lo revoleó por el aire y lo tiró dentro de una compactadora de basura.

-Bueno. Fue lindo mientras duró, pero todo concluye al fin – dijo, entrando en la cabina de control del aparato.

Lo encendió.

Las paredes de metal del compactador se cerraron sobre Superman. Lo comprimieron.

Bizarro rió mientras la maquina hacia su trabajo, pero paró en seco al ver surgir a su rival de su interior intacto.

-¿Por qué simplemente no te mueres?

-No es tan fácil.

Ambos se trenzaron en un intercambio de puñetazos. Esta vez iba bien enserio.

Era una batalla a muerte.


Mansión Luthor.

Al mismo tiempo.

Lex hablaba por teléfono con un abogado de LexCorp. La sucesión de la herencia Luthor estaba en marcha. Como Lionel estaba incapacitado y al borde de la muerte, la fortuna y la presidencia del directorio de la compañía recaerían en él.

Un fuerte estruendo fuera del estudio donde se encontraba llamó su atención. Colgó y se dirigió a ver qué diablos ocurría…

Se llevó la sorpresa de su vida cuando al abrir la puerta, uno de sus hombres de seguridad se desplomó, muerto.

-¿Qué…?

Una figura oscura entró, pasando por encima del cadáver. Una mujer vestida de cuero y con mascara.

Entre sus manos llevaba una afilada Katana. La blandió, apuntándolo en el pecho.

-Hola, Lex – saludó – Vine a visitarte.

-¿Quién diablos eres tú?

-Black Cat… la persona que va a acabar contigo.


Tom detuvo el auto en la verja de entrada a la mansión. Se sentía fatal por abandonar a su madre momentáneamente e ir tras los malos él solo, pero deseaba hacer algo mas que tener un rol secundario en esta historia.

Quería ayudar.

La gran reja de la puerta estaba cerrada. No había vigilantes a la vista, lo cual a aquellas horas era extraño.

Colocó ambas manos sobre los barrotes.

Respiró hondo… y tironeó.

Al principio, no ocurrió nada. Luego los barrotes empezaron a doblarse, con un chirrido.

Tom estaba asombrado. Fuera obra de la casualidad o un mero hecho biológico tardío, sus poderes habían despertado.

Se sentía raro. Extraño. Comprendía que algo como aquello no era del todo ilógico. A resueltas cuentas, era hijo de Superman, un extraterrestre del planeta Krypton…

Pero tener finalmente poderes era algo fuera de lo común para él.

Entró en el terreno y se encaminó a la mansión. Sabía que los Luthor estaban detrás de lo que ocurría. No le costó usar el talento que había heredado de su madre para las deducciones periodísticas y lo primero que hizo fue ubicar la dirección de la vivienda e ir hasta allí, directo a buscar pruebas contundentes que ligaran a Lex y quizás a Lionel Luthor con aquel duplicado bizarro de su padre.

En la puerta de la casa, halló los primeros cadáveres. Eran recientes: cuatro hombres de seguridad, muertos por obra de algún objeto filoso.

Frunció el ceño.

Alguien se le había adelantado, por lo visto.

Sigilosamente, entró en la mansión.


Mientras Tom entraba en la mansión Luthor, Superman y Bizarro continuaban combatiendo...

Esta vez el fragor de la batalla los había llevado hacia las calles de Metrópolis, en donde ante cientos de testigos, los dos titánicos luchadores midieron fuerzas.

-¡Te voy a matar! – rugió Bizarro y arrancó de cuajo un semáforo para apalear al Hombre de Acero con él.

Superman recibió el golpe protegiéndose con la mano. El grueso caño de acero se dobló como manteca.

Bizarro se agachó. Tomó una pesada tapa de cloaca y se la arrojó como un disco volador. Con su visión de calor, el Hombre del Mañana la derritió sin problemas.

-¡Bah! ¡Tu solo estas celoso! – dijo el clon, con disgusto.

-¿Perdón?

-¡Celoso! ¡Estas celoso de que yo pueda hacer lo que hago, mientras que tú solo tienes que refrenarte!

-Estas equivocado.

-¡Te demostrare que no!

Bizarro voló hacia él con los puños cerrados. Lo arrolló y lo arrastró hacia un edificio público.

La gente huyó a su alrededor, mientras aporreaba a Superman sin compasión ni piedad alguna.

-¡Muere, muere, muere!

Parecía que el clon ganaría la contienda, cuando súbitamente se detuvo.

Jadeó, con la boca abierta.

Estaba sucediendo.

Había agotado su reserva de energía.

Superman lo observó. Cambios bruscos se efectuaron en su cuerpo.

Su piel se volvió blanca. El rostro se le cuarteó, surcado por grietas extrañas.

Se bamboleó.

-Yo… Yo... – balbuceó, retrocediendo – Yo… Mi… no poder… combatir… Necesitar… regresar a casa… recargar… energía…

Intentó marcharse.

Superman no se lo permitió. Le asestó un puñetazo en la cara.

Bizarro cayó hacia atrás, dolorido.

Moviéndose a supervelocidad, el Hombre del Mañana lo aferró de los brazos en una llave de lucha y voló con él hacia gran altura, hasta salir de la Tierra, al gélido vacío espacial.

Bizarro se debatió inútilmente, en un intento de zafarse, pero al carecer de la energía suficiente para plantarle cara, no pudo evitar el siguiente movimiento decisivo de Superman…

El Ultimo Hijo de Krypton lo arrojó hacia la negrura infinita. Sin fuerzas ya para evitarlo, el clon fue despedido en una orbita que lo alejaría del planeta y lo llevaría pasado un tiempo fuera del sistema solar.

Nunca más podría volver a la Tierra.

La pelea había terminado.


Mansión Luthor.

Lex se cruzó de brazos. Black Cat no dejaba de apuntarle con su Katana.

-Que divertido – dijo – Una copia barata de "Kill Bill". Las cosas que hay que ver en estos días…

-¡Cállate, Luthor! ¡Vas a morir! ¡Te llegó la hora!

-No lo creo. Si sabes lo que te conviene, dejaras de apuntarme con eso…

-¡Cállate! ¡Es hora de que pagues lo que tu abuelo me hizo!

Lex enarcó una ceja.

-¿Te conozco?

Black Cat se arrancó la mascara. El rostro de Elizabeth Kane quedó al descubierto.

-¡La secretaria privada de Lionel! – exclamó él, silbando - ¡Increíble! Creo que eso explica por que diablos no encontramos tu cuerpo… ¡Tienes mas vidas que un gato!

-Es mas de lo que TÚ vas a tener – Elizabeth alzó la Katana.

-¿Liz?

Aquella voz la sorprendió. Se volvió.

-¿Tom?

Thomas Kent entró en la sala, levantando las manos. Estaba sorprendido.

-¿Otro mas? ¿Qué es esto? – replicó Lex, divertido – Adelante. Pasa. Estas en tu casa – ironizó.

Tom lo miró un momento. Después desvió su atención hacia Elizabeth.

-¿Tú eres Black Cat? ¿Por qué?

-¿Por qué? ¿Por qué? – gritó ella - ¡Para poder hacer justicia! ¡Para parar hijos de puta como este!

-Liz, por favor, deja esa espada – le pidió - ¡Así no son las cosas! Vamos… lo entregaremos a las autoridades.

-¡No seas iluso! ¡La ley no se aplica con gente como él!

-Eso es verdad – acotó Lex. Aquél drama estaba resultando bizarramente entretenido para él.

-Estas equivocada, Liz. No puedes matarlo… baja el arma, por favor.

-¡Atrás! – Elizabeth desvió la Katana de Lex hacia Tom - ¡No te muevas!

-Liz…

-¡Voy a matar a este maldito y nadie me lo va a impedir!

-Creo que no…

Aprovechando la distracción de la mujer, Lex había tomado una pistola. Le apuntó con el arma.

-¡NO! – Tom saltó delante de ella, para protegerla. La bala le dio en el pecho.

-¡Tom! – Elizabeth lo vio caer al suelo. Con furia, levantó la Katana hacia Luthor.

No pudo usarla. Con su pistola, Lex le dio un balazo en el brazo.

-¡UGH! – Elizabeth soltó la espada.

Lex sonrió y volvió a dispararle. Le dio en una pierna.

-Esto puede inaugurar un nuevo juego: péguele un tiro al gato.

La mujer se tambaleó. Se mantuvo de pie merced a su fuerza de voluntad.

-Sigo… viva… - resolló.

-Solo porque quiero – Lex apuntó hacia la otra pierna. Abrió fuego.

Tom se incorporó. Se miró al pecho. La bala le había hecho un agujero en la ropa pero no penetró en su carne.

-Bueno, se terminó lo que se daba – Luthor apuntó a la cabeza de Elizabeth – Adiós.

Jaló el gatillo.

No pasó nada.

-Vaya… - revisó el cargador del arma – Vacío.

Elizabeth rió. Era una carcajada amarga.

-Estuve guardando esto para el final – dijo. Sacó un control remoto de su traje. Sonrió maliciosamente – Creo que te va a volar la cabeza, Lexie

-¡Liz! ¡Detente! – Tom la vio alzar el control.

-¿Qué demonios estas…? – Lex lució doblemente sorprendido. Por un lado, de ver a Thomas vivo todavía. Por el otro, de no saber qué se disponía a hacer aquella desquiciada mujer.

-Explosivos… Bye, bye – Elizabeth presionó un botón.

Toda la mansión voló por los aires.