AGUARDANDO A DRACO
Sus lejanos parientes muggles, los Drumsthly, atraídos por la herencia de sus padres, y el dinero del fondo de fideicomiso de los vampiros aceptaron finalmente su tutela por pura avaricia y codicia. Cuando al cabo de varios mese el niño retornó al fin, a su hogar, ahora reconstruido, fue desterrado sin miramientos al desván, junto con los trastos y cosas que milagrosamente habían sobrevivido a la explosión y que los obreros habían acumulado allí.
Privado de la más mínima muestra de afecto, reducido a ser un sirviente en su propia casa y a ejecutar todas la tareas caseras y de el cuidado de la granja que su tamaño y sus fuerzas le permitían, el niño se sintió profundamente desgraciado y desdichado. Su único consuelo era un retrato de sus padres, algo maltrecho y con el marco desvencijado que encontró rebuscando entre la montaña de objetos arrumbados o desechados.
Le maltrataban diario, y no comía son las sobras de sus parientes, a veces ni eso, pero por las noches, sus padres le consolaban. Poco a poco, con una paciencia y un tesón admirables, fue ordenando lenta y metódicamente el caos del desván y el niño se hizo en este un pequeño refugio habitable.
Muchos de los viejos libros de sus padres estaban allí, ropas, y en sus ratos libres le chiquillo estudiaba ávidamente, ya que tampoco le dejaron regresar a la escuela. Sus padres fueron sus maestros, sus consejeros, su frágil apoyo frente a un mundo hostil fuera de las paredes del desván, desde aquel pequeño retrato.
Creció y se hizo adolescente, entre insulto y desprecios, silencioso y callado, atesorando en su corazón el amor de sus padres y el frágil recuerdo de la promesa de un vampiro rubio.
Sus parientes eran mezquinos, crueles, y se burlaban de él por ser un mestizo de hombrelobo, le llamaban perro e insultaban la memoria de sus padres llamándoles cosas horribles que al principio Harry no entendía. EN resumen, le trataban peor que a un animal. Continuó creciendo, y sus trasformaciones con la luna llena comenzaron, ganándole más palizas. No podía hacer otra cosa más que encerrarse a sí mismo en el ático y sufrir solas la transformación, y sin la ayuda de la poción matalobos, estar encerrado era aun más duro para él. Aullaba, arañaba y rugía, y a la mañana siguiente, recibía latigazos por no dejar dormir a sus parientes.
A veces la tentación de dejar suelto al lobo era grande, pero Harry era demasiado noble, demasiado bueno y se encadenaba a si mismo antes de la caída de la noche y aprendió a ejecutar un hechizo silenciador a su alrededor. Y cuando recibió su carta de invitación a Hogwarts, se negaron a enviarle, y esa noche, Harry lloró amargamente.
Sin varita, forzado por las circunstancias y la necesidad, había aprendido magia de los libros de sus padres, y acabó por desenvolverse bastante bien a espaldas de sus parientes. Eso mejoró su calidad de vida, ya que podía ayudarse para terminar sus tareas y tener más tiempo libre para él.
Se hizo aun más reservado, tímido y serio conforme crecía, aislado del resto del mundo, siempre atendiendo la pequeña granja de sus padres, salvo alguna escapada ocasional al pueblo cercano para buscara algo que su parientes no quisieran molestarse en recoger personalmente. Aunque había logrado cosas increíbles sin una varita, no tenía una gran opinión de sí mismo, y era humilde en extremo.
Una noche, poco antes de cumplir los 16 años, su "tío" intentó algo horrible después de una brutal paliza, tal vez lo logró, Harry no estaba muy seguro de lo que había sucedido realmente, tan solo recordaba el lacerante dolor y la violenta explosión de su magia bruta. Después de eso, no volvió a pegarle nunca más.
VIAJE AL INFIERNO
Harry sonrió tristemente. Faltaba poco para septiembre, y ese año cumplía los diecisiete. Los vampiros siempre recogían a sus protegidos al final de las vacaciones de verano, y se decía que en la fiesta de la Noche de Difuntos, se producía la recepción formal y la incorporación oficial de estos a su mundo.
Después de todo, los chicos no se incorporarían ya a sus escuelas habituales, y vivirían por un periodo indeterminado entre los vampiros. En los viejos baúles escolares de sus padres, desportillados y arañados, recogió sus pertenencias: sus escasas ropas, anticuadas y desgastadas, el retrato de sus padres y sobre todo, los libros, que se apilaron, reducidos hasta caber dentro del baúl. Los libros eran su mayor fuente de alegría, junto con el retrato de sus padres y Harry no pensaba dejarlos atrás.
El temor ensombrecía los pensamientos del moreno, ya que pese a todos sus logros, el se veía a si miso como alguien insignificante y sin valor.
-"Ni siquiera he estudiado adecuadamente, y no tengo una varita! Tal vez no sea guapo y elegante, pero soy fuerte y trabajador y soy capaz de aprender rápido lo que sea"
Pese a sus ropas desgastadas y anticuadas, el joven tenía un aire de innata elegancia que era imposible de ocultar, fruto de la mezcla genética de su sangre. La elegancia de las veelas unidas al poder del lobo le conferían un aspecto de innegable atractivo.
Sus magníficos ojos verdes eran serenos y largas y espesas pestañas negras los enmarcaban, bajo unas cejas densas y definidas. La piel, suave y ligeramente bronceada por el sol, relucía con un brillo saludable, y sus mejillas, tendían a enrojecer con facilidad cuando se ponía nervioso. Su boca de labios llenos y sensuales, intensamente rojos, ocultaba unos dientes blancos y perfectos, con unos caninos quizás demasiado prominentes, pero armónicos y se distendía rara vez en una sonrisa soñadora.
Atlético, delgado y acostumbrado al intenso ejercicio físico, su cuerpo estaba curtido y pulido por el trabajo en la granja y la casa, y era flexible y extremadamente fuerte pese a que no era muy voluminoso. De estatura media, rondaba el metro setenta y esperaba crecer aun algo más.
Cuando tocaron a la puerta esa mañana, Harry abrió por supuesto, como un criado. Una vampiresa rubia y elegante, de ojos azules, acompañada de una escolta mixta, aguardaba en su humilde puerta y le miró con franca curiosidad.
-¿La residencia de los Drumsthly?
Preguntó, enarcando una ceja en sus cutis de porcelana.
-Yo soy Valem Drumsthly ¿Quién es UD?
Bramó rudamente su "tío" desde el recibidor, moviendo su mole a lo largo del pasillo hacia la entrada.
-Soy Lady Malfoy, y tengo…mmh ciertos asuntos que resolver con UD.
Los ojos azules de la vampiresa se giraron levemente hacia el muchacho e inclinó el rostro con una semisonrisa que puso de manifiesto sus caninos. Valem parpadeó sorprendido.
"Bien, tal vez pueda sacarles algo mas si quieren llevarse realmente al chico"
Harry hizo pasar en silencio a la dama ya uno de los varones de su escolta al salón y se apresuró a preparar té para ofrecer a los invitados. Su tío Valem y su esposa Hortensia se sentaron frente a la hermosa vampiresa, mientras el hombre que la acompañaba les tendía unos documentos.
-Harold Charles Richard Porter cumplirá los 17 años el próximo 28 de diciembre. Por lo tanto, según nuestras leyes, ingresara en nuestra sociedad a partir de este mismo momento, aunque la ceremonia formal tendrá lugar el 31 de octubre. Hemos venido a por él, Srs.
Valem agitó su oronda anatomía y entrecerró los ojos por un momento, mientras Harry servía el té y se apartaba hacia un rincón, silencioso. Con ojos maliciosos y tono irónico el obeso muggle murmuró:
-Creo que ha habido un error Señora. El chico vive con nosotros, y no estamos dispuestos a deshacernos de él.
La casa y las tierras eran propiedad de Harry y solo si el muchacho continuaba bajo su tutela podían seguir disfrutando de ellas. El dinero había sido transferido a las cuentas de los Drumsthly nada más hacerse cargo de su custodia y dilapidado a manos llenas. Su voz se hizo áspera y cruel al añadir:
Al menos no sin algo a cambio….
La rubia vampiresa frunció las cejas, la ira haciendo relucir discretamente sus ojos, pero sin que los adultos fuesen conscientes de ello. No se les discutía a los vampiros sus derechos sobre uno de sus pupilos, el contrato era inviolable. Harry sospechaba algo parecido y aunque se enfureció, no pudo dejar de pensar que de nada le servía conservar las tierras y el resto de la herencia de sus padres si tenía que permanecer con los que se llamaban pomposamente su familia. Además, después de varios incidentes y extraños accidentes, Harry estaba convencido de que su intención era asesinarle o al menos incapacitarle, para quedarse con sus propiedades.
El moreno apretó los puños, y tomó su decisión. Además, ¿Acaso tenía otra? En el mundo muggle o en el mágico, aun no era mayor de edad, pero si para los vampiros. Antes de que la dama replicase o su tío añadiese algo más, sorprendiendo a todos, su voz melódica, dulce y firme resonó desde las sombras.
-¿Quieres la casa? Quédatela, y las tierras también. Pero yo me marcho con ellos.
Cogió un trozo de pergamino y apoyándose en la mesa de la cual lo había cogido trazó unas apresuradas letras:
"yo, Harold Charley Richard Portes, cedo la plena propiedad de todas las tierras y de la casa de mi padres a Valem Drumsthly"
Lo firmó y se giró hacia el hombre alto y de aspecto ceñudo que acompañaba a la dama rubia y preguntó:
-¿Sería tan amable de firmarlo como testigo?
El hombretón accedió y leyó las breves líneas y loas pasó a la dama, que tras una rápida inspección, asintió suavemente y firmó personalmente el documento. Valem leyó la escueta declaración y sus ojos escrutaron al muchacho que se erguía ante él, como si de repente fuese consciente de que albergaba una inteligencia desconocida.
-¡Esto es basura! Eres menos de edad y no puedes disponer de tus propiedades!
Con fría calma, el moreno asintió y mururó:
-Soy menor, si, pero si me marcho con ellos ahora, automáticamente seré adulto a los ojos de la ley. Así que ese papel es válido. Acéptalo o tíralo a la basura, haz lo que quieras, pero no hay manera de que puedas detenerme.
Furioso, Valem se alzó, haciendo trepidar el suelo del salón bajo su peso.
-¿Cómo te atreves perro?- bramó escupiendo saliva al gritar - ¡Márchate inmediatamente a tu cuarto!
Con toda la rabia acumulada durante años de malos tratos e insultos el chico se le enfrentó, airado, los ojos relucientes bajo las negras pestañas.
¡No! Durante casi diez años he soportado insultos, desprecios y palizas. He vivido como un esclavo bajo este techo, en MI PROPIA CASA, pero ahora ¡SOY LIBRE! Y nada ni nadie van a impedirme reunirme con…
Con la burla asomando en los porcinos ojos, y resbalando en su viscosa voz, el adulto escupió nuevos insultos:
-¿Con tu amo, perro? No quieren más que tu sangre y tu cuerpo, estúpido y cuando se cansen de ti, te arrojaran a la basura como un trapo viejo.
-¡Ingrato malcriado y desagradecido! ¡NO eres más que una puta para ellos, una ramera!
Añadió Hortensia, con un gesto de desprecio y superioridad en su falco y caballuno rostro. Los mayores miedos del muchacho afloraron, y palideciendo, se defendió, aunque su cara reflejaba su angustia:
-¡NO! Ellos no son así!
-¡BASTA!
La voz de helada furia de la vampiresa impuso el silencio en la estancia, y todos los ojos se giraron hacia ella. Con suavidad, llamó a Harry, que sin dudarlo se acercó a ella. En un susurró casi inaudible, tan solo para él, le dijo:
No sufras más querido niño. Nadie va a lastimarte, te lo prometo Harold.
Se giró hacia los muggles, y con veneno en los ojos murmuró:
- Han maltratado y abusado de este niño, confiado a su cuidado, pero eso se acabó. Ahora es responsabilidad nuestra.
Con odio, Valem escupió un último insulto cargado de malicia:
-¡Quédenselo! NO vale para gran cosa, ni siquiera es bueno para follárselo!
Harry se quedó con la cara blanca como la cera, rígido y tenso, la vergüenza tan intensa que se quedó sin habla. Una lágrima afloró a sus ojos verdes y Narcisa comprendió lo que debía haber pasado. En su mente Harry se sentía tan sucio y usado, como si el hombre hubiera logrado realmente sus propósitos, algo de lo que no estaba seguro, pero para él no había diferencia alguna. Comenzó a llorar, silenciosamente, y la vampiresa intentó consolarle, pero el rehuyó su contacto, humillado y hundido en su miseria.
-Recoge tus cosas Harold, nos vamos de aquí.
EL joven salió de la estancia, cabizbajo y acompañado del adusto caballero y la vampiresa dejó escapar un gruñido de pura furia, enseñando los colmillos.
-¡Malditos sean por lo que han hecho! ¡Malditos!
Con un remolino de ropas de seda, abandonó la estancia y pronto la escolta a caballo y el carruaje partieron con un silencioso jinete más, un chico moreno de ropas desgastadas y aspecto triste, de enormes ojos verdes, montando el viejo caballo de su padre, al que se negó a abandonar a su suerte.
Cabalgaron a apuso vivo durante todo el día y al caer la noche llegaron a una posada. Harry cepilló y atendió personalmente a su caballo, como los demás jinetes, y en silencio se encaminó hacia la fuente del pato para lavársela cara. Un vampiro le llamó, indicándole que la dama esperaba y el joven le acompañó después de asearse someramente.
Su secreto, ahora estaba al descubierto y el joven se sintió abrumado por la vergüenza.
"¿Qué voy a hacer ahora? Ni siquiera se lo había contado a mis padres…¿Cómo ocultarlo?"
Abrumado por su angustia, tocó a la puerta y la voz de la dama rubia le invitó a entrar. Narcisa Malfoy le estudio con atención.
"Así que este es el joven por el cual Draco está esperando…es hermoso, pero ha sufrido demasiado…¿Podrá Draco superara esas barreras?"
-Siéntate conmigo y cena con nosotros, Harold.
LA dama le indicó una silla a su lado y obediente y silenciosos, el joven ocupó su sitio, aun vestido con las mismas ropas de antes, aunque limpias gracias a un hechizo. Las fuentes de comida estaban en la mesa, y le miso hombre de aspecto fornido de antes la acompañaba. Pero el moreno apenas podía contener las nauseas del estómago, asqueado de sí mismo, y no probó más que un vaso de zumo, aunque la comida era tentadora y de aspecto delicioso. Nunca se le había permitido sentarse a la mesa en su casa y se angustió nuevamente. Su palidez y malestar no pasaron desapercibidos y Narcisa susurró con preocupación:
-¿Te encuentras bien Harold?
Denegando con la cabeza, los ojos bajo, Harry se excusó, e incorporándose, abandonó el lugar, refugiándose apresuradamente en la cuadra. Se lavó usando un cubo de agua de la fuente y se acurrucó sollozando en la paja del establo, convencido de que todos le despreciaban y que solo le llevaban con ellos porque estaban obligados.
Al día siguiente, tras una buena cabalgada, llegaron a una ciudad más grande y Harold solo se unió a la pequeña comitiva de adolescentes que aguardaba en el anden de la estación del tren, tras dejar bien instalada a su montura en el vagón de carga.
El tren les llevaría directos hasta el reino de los vampiros, y los otros muchachos y muchachas de su edad intercambiaban miradas y cuchicheos nerviosos mientas esperaban la orden de embarcar. El joven de ojos verdes se mantuvo apartado, remoloneando cerca del vagón de carga, acariciando suavemente el testuz de su caballo, avergonzado. Los adolescentes vestían ropas de buenas telas, limpias y nuevas, hablaban de sus estudios y reían entre ellos, aguardando la orden de embarcar y Harry se sintió diferente a todos los demás.
Finalmente subieron al tren y Harry buscó un compartimento vacío, lejos de los demás. Estaba convencido de que los demás podían ver su falta escrita en su rostro, tan clara como la marca de nacimiento de su frente y sollozando de nuevo, se quedó dormido de agotamiento físico y nervioso.
Cuando abrió los ojos de nuevo, no reconoció el paisaje a través de la ventanilla. El tren se deslizaba raudo por la falda de unas montañas, cubiertas de bosques, muy distintas de las suaves colinas cubiertas de prados de su tierra natal. Atardecía y los últimos rayos oblicuos del sol arrancaban destellos de oro en las copas de los árboles y teñían de rosa y púrpura las grises rocas de las cumbres.
La puerta de su compartimento se abrió y Narcisa Malfoy penetró en el. Harry se puso en pie, educadamente y bajó los ojos, azorado e intimidado por su presencia, murmurando una formula cortes en voz apenas audible. Sonriendo suavemente la dama susurró:
- Siéntate muchacho. Te eché de menos en la comida Harold, y te he traído un pequeño refrigerio.
Le tendió una empanada y un frasco de zumo, de calabaza, y el joven comenzó a comer, aturdido por la amabilidad y la atención dispensada a su insignificante persona. Cuando terminó, la vampiresa suspiró y le hizo una pregunta en su voz, tan suave y profunda:
-¿Hay algo que te preocupe Harold? ¿Algo que quieras saber?
Harry denegó en silencio, y murmuró:
-No Lady Malfoy…
Y dejó que sus ojos explorasen la puesta de sol del exterior.
"¿Cómo preguntar lo que realmente le atormentaba?"
-¿Puedo llamarte Harry?
EL joven asintió en silencio, la dama podía llamarle como desease. La vampiresa continuó alisándose la falda de la larga túnica con las manos.
-Entonces Harry, permíteme que te cuente algunas cosas que creo importantes. Los vampiros no juzgamos a la ligera a la gente. Vivimos muchos, muchísimos años y aprendemos a ser…pacientes. Lo más importante para nosotros es la lealtad y la sinceridad.
Le dejó meditar sus palabras, viéndole estremecerse casi imperceptiblemente ante ellas, los ojos obstinadamente bajos.
- Se que ahora mismo no quieres hablar de ello, pero si encuentras a alguien…especial entre nosotros, ¿Podrás ser sincero sobre lo que ocurrió?
El moreno se tensó y recordó el rostro de pálida tez y grises ojos, enmarcado por largo cabello platino que había llenado sus sueños durante años. Primero como una presencia amistosa y calidad, después, al irse haciendo mayor, como alguien en quien confiar a quien contar sus temores y secretos; y finalmente, como un futuro amante, tierno, comprensivo, el único al que entregarse… En sus pesadillas, Draco le despreciaba por su debilidad, y el joven no estaba seguro de poder afrontar sus pesadillas hechas realidad. Pero el joven estaba dispuesto a cualquier cosa, a lamer las botas del joven vampiro, todo, con tal de estar a su lado, aunque solo fuese como un criado.
Con las lágrimas pugnando por brotar de nuevo, el joven asintió lentamente, y se cubrió el rostro con las manos dejando salir un amargo sollozo. La vampiresa se sentó a su lado, y acarició su revuelto cabello, estremeciéndose a su contacto.
"¡Merlín! ¿Qué han hecho contigo?"
-Vamos Harry, tienes que ser fuerte y valiente. No sirve de nada lamentarse sobre el pasado. Hay que mirar hacia el futuro, y vivir el presente.
El joven se rehízo, y devolvió una triste sonrisa a la noble dama, que le revolvió de nuevo el cabello.
-Arréglate un poco Harry, dentro de un par de horas llegaremos al castillo y habrá una cena informal, nada más llegar.
Nervioso, el joven murmuró que no tenia ropas adecuadas pero la vampiresa sonrió y añadió desde la puerta del compartimento:
-No es la ropa lo que importante, Harry, sino tú.
