EXPLORANDO?

Nuestro Harold – Harry para sus padres y amigos – durmió casi día y medio antes de que el hambre le hiciera despertar. Estaba famélico, y su estomago rugía en su interior, así que se apresuró a asearse y vestirse, dudando sobre que hacer a continuación. Con timidez, salió del dormitorio y alcanzó el corredor. Olfateo a su alrededor y con una suave sonrisa, giró hacia la derecha. Siguiendo a su nariz, y tras tropezar con un par de vampiros que el saludaron con una inclinación de cabeza, cuando Harry inclinaba levemente la suya, llegó por fin a las cocinas.

Le sorprendió ver la pequeña multitud de elfos afanándose entre los cacharros, y aun más, la cordial bienvenida que le dispensaron. Las criaturas le ofrecieron fruta fresca, zumos y tostadas con huevos y bacón frito apenas pregunto por algo de comer y el joven devoró con enorme placer la bandeja servida. Le dijeron que sus compañeros ya estaban en clase de magia, así que una vez saciado su apetito, el joven recorrió el castillo, en parte al azar, en parte siguiendo las indicaciones de los elfos sobre el lugar donde se daban las clases. Guiado por su curiosidad, encontró al grupo de jóvenes que habían llegado con él en un amplio salón cuyas puertas estaban abiertas, permitiendo que el aire formase una suave corriente desde las ventanas.

Estaban haciendo prácticas de magia y el moreno se deslizó como una sombra hacia un rincón, sin que los chicos, absortos en sus prácticas, se percatasen de su presencia, aunque si el instructor. Era un vampiro de aire melancólico y fuerte constitución, no demasiado alto, pero musculoso, de corta cabellera castaña. Aparentaba unos 35, y lucía un equipo de duelo, con múltiples refuerzos, color negro mate, muy similar a los antiguos trajes muggles de esgrima, pero de aspecto más cómodo y algo menos ajustado, con altas botas hasta la rodilla y largos guantes hasta el codo que ahora descansaban sobre la mesa.

Harry observó fascinado desde su rincón como los alumnos practicaban el bloqueo de maldiciones con varias clases de encantamientos escudo. El había sido víctima del equivalente muggle de algunas de aquellas cosas y la piel se le erizó al recordarlo. Parecía relativamente fácil, al menos con la varita, y la clase avanzó hacia hechizos cada vez más potentes. Cuando los jóvenes se retiraron, el instructor le hizo acercarse hacia su mesa, y Harry obedeció.

-Soy Gael Grass, profesor de Duelo, ¿Harold, supongo?

El joven asintió y el hombre de ojos negros le estudio por unos momentos, para sonreír finalmente y murmurar:

-Me alegro de ver que te has unido por fin a nosotros. ¿No quieres participar en la clase, Harold?

En un murmullo avergonzado, el joven contestó bajando los ojos:

-No tengo varita, Profesor. Nunca la he tenido.

Los ojos negros le evaluaron de nuevo, y el hombre susurró, percibiendo su potencial:

-Mhh…Extraño, muy extraño. Pero siempre puedes comprar una…

Con cierta duda en los verdes ojos, el muchacho hizo una pregunta:

-¿Puedo intentarlo…a mi manera, Profesor?

El vampiro sonrió con cierta suficiencia y asintió murmurando:

-Esto puede ser interesante. De acuerdo pues.

Harry retrocedió como había visto hacer a los otros chicos y se preparó. Sabía que podía desviar objetos físicos, sin tan siquiera proponérselo, haciéndolos rebotar, tan solo dejando que su magia natural se activase. Pero quería lograr el mismo efecto que los chicos, contra las maldiciones y se tensó sobre sus pies, casi listo para saltar.

El vampiro lanzó una simple maldición punzante, dolorosa pero nada grave. Su cuerpo simplemente la absorbió, para asombro del instructor, que alzó una ceja, atónito. Volvió a atacar, con mayor fuerza, y de nuevo, la maldición pareció disolverse al tocarle. Poniendo todo su poder detrás de ello, lanzó de nuevo el hechizo, y esta vez una esfera se activó en torno al muchacho, devolviendo el ataque en su dirección y obligándole a protegerse rápidamente detrás de su propio escudo.

Probaron con varios hechizos más y finalmente, el instructor se dio por vencido. Harry devolvía como si de un partido de tenis se tratase, todos sus ataques, una vez que logró hacerlo por primera vez. Se frotó la barbilla, pensativo y murmuró:

-No sé si preguntarlo, pero ¿Sabes lo que es una Cruciatus?

Harry asintió en silencio, la respiración ni tan siquiera levemente agitada por el esfuerzo. El vampiro vaciló y susurró:

-¿Me dejarías probar con ella?

Encogiéndose de hombros, Harry susurro, su mente divagando hacia las palizas y latigazos recibidos en su vida:

-Supongo que sí.

Se aprestó, y cuando la maldición impactó, rebotó como las otras haciendo relucir su escudo fulgurantemente, retornando a su autor, que cayó al suelo retorciéndose y gritando. El escudo seguía brillando a su alrededor y Harry se apresuró hacia el vampiro caído que gemía de dolor, apretando los dientes.

-¡Para! ¡Páralo!

Gritó el vampiro antes de que lo tocara. Harry se desconcertó, el no sabía a qué se refería, hasta que se percató del brillo del escudo y lo dejó ir conscientemente. El vampiro dejó de retorcerse y recobró poco a poco la compostura. Se limpió el sudor de la frente y se irguió con cuidado. Sus ojos negros relucían de asombro y exclamó contenidamente:

-Muchacho, te quiero en mis clases, varita o no.

Le acompañó hacia el salón, donde ya debía estar sirviéndose el almuerzo y se separó de él en las puertas. Harry dudó durante unos minutos, realmente no estaba muy hambriento, y había tanta gente…finalmente divisó a Draco en la mesa de la primera noche y sonrió sin poder remediarlo. Draco le hizo un gesto y contento, el muchacho se aproximó a él, sorteando a la multitud. Para su sorpresa, le ofrecieron un sitio junto al rubio y aceptó, encantado. Comió sin mucho apetito, dejando vagabundear sus pensamientos y sus ojos, especialmente hacia su atractivo vampiro.

El rumor de sus logros en duelos llegó hasta Draco, y este asintió en silencio hacia Gael. No le agradaba mucho la idea de que Harry se hubiese enfrentado a una Cruciatus, pero los alumnos más aventajados se entrenaban en ese tipo de maldiciones, con fines defensivos. Pero estaba extremadamente orgulloso de que Harry hubiese logrado lo impensable, detener una maldición para la cual no había defensa posible hasta ese momento. Se giró sonriendo hacia él y murmuró en tono elogioso y rebosante de orgullo:

-Creo que lo has hecho muy bien en práctica de Duelo…has impresionado a Gael, y a mí también…¿Te gustaría seguir sus clases?

Harry se sonrojo, por el placer de haber complacido a su compañero y asintió en silencio. Su modestia era adorable y tanto Hades como los Malfoy le dieron sus felicitaciones, haciéndole sentir aun mas avergonzado.

Tras la comida, el vampiro le hizo acompañarle y llevándole de la mano, le condujo a un despacho. Estaban sentados en torno a la chimenea, comentando más detalladamente las incidencias de la clase, cuando tocaron a la puerta.

Harry se tensó ligeramente cuando el vampiro dio permiso para entrar, pero saltó sobre sus pies apenas el desconocido avanzó hacia ellos. En un movimiento reflejo, se interpuso entre Draco y la amenaza, ya que por su olor, había identificado al extraño como un hombre lobo. Sus ojos se encendieron, brillantes como si estuviesen llenos de fuego tras las verdes pupilas, y un sordo y ronco gruñido animal brotó de su garganta, mientras se encorvaba ligeramente en una postura defensiva, listo para responder a cualquier indicio de amenaza.

Harry nunca había interactuado con otro hombre lobo, no desde la muerte de sus padres, y su instinto le decía que si bien él y Draco eran una manada, los demás eran intrusos y por lo tanto, potenciales agresores.

El otro lobo, un varón de pelo castaño grisáceo, en apariencia de unos treinta y tantos años, más alto que él, elástico y fibroso, se detuvo en seco e inició un lento desplazamiento lateral. Harry se le enfrentó, girando para mantenerle bloqueado y cuando Draco intentó calmarle, acercándose a él, le rugió furioso, dando un seco chasquido de mandíbulas en su dirección.

El sorprendido vampiro retrocedió un paso y Harry se volvió de nuevo hacia la fuente del peligro, una vez que su inconsciente pareja estaba de nuevo a distancia segura, detrás de él.

Los instintos estaban sobreponiéndose a su mente racional, y el otro hombre lobo retrocedió un poco, intentándole calmarle. Pero Harry estaba sobreexcitado, fuera de su ambiente, inseguro y la luna llena muy próxima, y además, sentía que Draco estaba en peligro por la mera presencia del otro en la habitación.

-Está muy alterado, Draconis. Si no se calma, va a iniciar la transformación aquí y ahora. Y creo que tiene poder suficiente para llevarla a efecto.

El rubio se alarmó, pero no porque Harry pudiera dañarle, sino porque no sabía que eso fuese posible.

-Pero…¿cómo es posible?

Hablando con voz calmada, el castaño murmuró:

-El matalobos no solo actúa durante la luna llena, también inhibe estos cambios. ¡Mira sus ojos!

-Ya veo…

Un nuevo sentimiento llenó a Harry: los celos. El intruso estaba hablando con su compañero y este le había contestado. Aunque incapaz de entenderles en ese momento, escuchaba sus voces, y avanzó hacia el extraño, ahora realmente rabioso y dispuesto a atacarle en caso de ser preciso.

"¡Draco es mío¡ ¡Nadie va a robármelo!"

Bramaban sus instintos y dejó ir una serie de rugidos desafiantes. El otro retrocedió hasta que Harry dejó de gruñirle y entonces, el vampiro cometió un grave error, volver a dirigirle la palabra. Estaba preocupado y murmuró mirando al otro:

-¿Qué le ocurre Lupín? ¿Por qué se comporta así?

Su tono de preocupación, dirigido al otro, aun exacerbó más los sentimientos de celos y posesividad del joven lobo. Inseguro, aun no había reclamado a su compañero, se giró repentinamente hacía él, gruñendo sordamente y avanzó un par de pasos. Comprobó con un rápido vistazo que el intruso permanecía en su lugar y le gruñó agresivamente de nuevo, a modo de advertencia, antes de encararse con su díscolo compañero, gruñendo en forma sorda y baja.

Sin sonidos, tan solo moviendo los labios, el adulto le había dicho al joven vampiro cuando Harry desvió los ojos de él: "No me hables ni me mires. Solo a él, o no se calmará." El joven entendió y ordenó con suavidad:

-Harry, ven aquí.

La voz era tentadora, pero Draco no estaba enfocando bien el asunto. Los instintos del lobo estaban demasiado tensos y no respondió. Evaluó de nuevo al intruso, desplazándose lateralmente a uno y otro lado, para regresar de nuevo al mismo sitio y gruñir hoscamente de nuevo. Deseaba luchar con él, derrotarle y ganar la admiración de su pareja, pero al mismo tiempo no estaba seguro. No podía arriesgarse a que Draco resultase herido.

El rubio volvió a llamarle, más suavemente esta vez, y se giró hacia él, atraído por el tono suplicante de su voz.

"¿Se sentía inseguro? ¿Necesitaba su protección?"

Retrocedió poco a poco, y gruño, sin perder de vista a Lupín, siguiendo la voz del vampiro, hasta que las manos de este rozaron su espalda. Se giró hacia él, observando una vez más al otro, que permanecía inmóvil, los ojos ligeramente bajos, y se recostó contra él, mientras Draco murmuraba suavemente que todo estaba bien. Las caricias en su espalda y en su pelo le relajaron y poco a poco, recobró el dominio de si mismo.

Cuando fue consciente de lo que había pasado, se alejó de Draco, horrorizado, y salió huyendo de la habitación. Lupin retuvo al vampiro por un hombro y murmuró:

- ¡Déjale! Tiene que calmarse por sí mismo. Déjale solo un rato, ya volverá cuando esté listo.

Harry desapareció por el corredor y el rubio se giró hacía le hombre lobo, en busca de explicaciones.

-Draconis, deberías observarle en su transformación. Pídele permiso, no es algo agradable de compartir, pero supongo que te dejará hacerlo. La poción tiene sus ventajas, como evitar estos posibles brotes, pero aunque te parezca lo contrario, tiene muchos inconvenientes.

El vampiro alzó una ceja incrédulo y el lobo se sentó en el despacho, con gesto cansado:

-Te vuelves…dependiente de ella. Pierdes la capacidad, poca o mucha de autocontrolarte, y si no la tomas por accidente…Y la transformación es mucho, mucho peor. Y lo digo por experiencia, Draconis.

Tras un suspiro, añadió:

-Aunque te parezca lo contrario, en su situación, y sin haber tomado la poción por un par de meses, yo le habría atacado sin dudarlo. El lobo se vuelve más salvaje cuando tomas la poción, más virulento, porque le reprimes constantemente. Sin duda, si es preciso, Harry será capaz de adoptar la forma lobuna sin la luna llena.

Draco meditó un largo rato y susurró:

-Entiendo, Lupin.

Se cruzó de brazos y continuó, mirando al otro con inquietud:

-¿Crees que es mejor que no la tome? ¿Qué me limite a encadenarle y encerrarle en luna llena como me pidió?

El castaño denegó y murmuró:

-Aun recuerdo cuando me pusieron por primera vez un collar de control. Era humillante, pero efectivo. Sabes que el hechizo te impedirá morder a nadie si te transformas, pero sí que te permite arañarles o empujarles, si estas muy furioso y te sientes amenazado.

Draco se removió inquiero, paseando por el despacho. La idea de colocarle uno de esos collares a Harry no le agradaba, pero dado que tenía el potencial, debía tomar matalobos o ser controlado de manera segura.

-Lo pensaré, en todo caso, le dejaré elegir a él como hacerlo. Tal vez encontremos otra manera, Lupin.