Bueno, espero que estéis todos y todas ahí…
Este fic está clasificado como M. Lo repito, esta historia va a contener escenas de tortura, de violación, no muy graficas, pero con mucha violencia más adelante. Si no os gusta… no leáis.
PERDIDO…Y ENCONTRADO
Draco espero hasta la hora de la cena y cuando esta finalizó sin que el joven moreno hubiera hecho su reaparición, el vampiro comenzó a buscarle, ahora muy preocupado por él. Harry había corrido como loco, dejándose llevar por el instinto, bajando hacia los sótanos, guiado por la certeza de que un lugar tan grande y antiguo como Inferno Castle debía tener mazmorras. Su olfato le guió efectivamente hacia la zona menos frecuentada de los sótanos, hacia corredores cada vez menos transitados, donde al aire olía a humedad y a cerrado. Se deslizó por unas estrechas escaleras, y se hundió cada vez más en las entrañas del suelo, hasta que un lóbrego corredor se abrió ante él.
Las losas de piedra irregular, húmedas y sucias de polvo, y las puertas de gruesa madera reforzada con herrajes de hierro forjado le parecieron en ese momento el paraíso. Tras una de ellas, el muchacho encontró lo que buscaba: cadenas y grilletes anclados a las paredes.
Tanteó su solidez, y le parecieron firmes y robustas, bien ancladas al muro de piedra por un gruesa argolla. Un collar de metal colgaba de una de las cadenas, y cerrando la puerta y atrancando la misma por dentro, deslizando el grueso pestillo con esfuerzo, a través de los barrotes. Harry se acurrucó en el rincón más alejado de la puerta, en el suelo de la mugrienta estancia, llena de telarañas, polvo y manchas de humedad. Meciéndose mientras hundía la cabeza entre las rodillas, una vez colocado el collar en torno a su cuello y asegurado con el pasador, comenzó a sollozar quedamente, completamente desolado.
El recuerdo de cómo había gruñido a Draco le atormentaba, así como la idea de que podía haberle lastimado."Soy un monstruo, no debería estar aquí"
Draco le buscó nerviosa y afanosamente, primero en sus habitaciones, en las cocinas e incluso en la sala de duelos. Finalmente, tratando de recobrar la calma, comenzó a pensar donde se escondería él si quisiera estar seguro de no lastimar a nadie y acabó bajando a las mazmorras.
Apenas emprendió el camino del sótano, el fresco rastro de olor de su cachorro le hizo saber que estaba sobre la pista correcta y apresuró el paso. Más abajo, en los niveles en desuso, el rastro de pisadas sobre la capa de polvo le condujo hasta la celda donde estaba su compañero, por si su olor no era suficiente. A través de los barrotes de la celda no podía ver nada, el lugar estaba en penumbras, pero su oído captó la suave respiración del muchacho. Aguzando sus sentidos, discernió la silueta de Harry, acurrucado en un rincón, y escucho sus sollozos contenidos.
Con un suspiro el vampiro descorrió decidido el grueso cerrojo y abrió la puerta. Harry se giró hacia la pared, encogiéndose aun más sobre sí mismo y exclamando con voz aun enronquecida por el llanto:
-¡Márchate! ¡Soy un peligro!
Ignorándole, el vampiro entró decidido en la celda y las cadenas tintinearon cundo Harry se apartó aun mas de él, aplastándose literalmente contra la piedra. Su voz se hizo desesperada, y suplicante, desgarrada y salió como un lamento:
-Draco, por favor…no quiero hacerte daño… no lo soportaría…
El vampiro se aproximó, olfateando el miedo, el terror del otro, y susurró:
-No vas a hacerme daño, Harry. Eres mi compañero, y además, soy más rápido que tú, ¿recuerdas?
Draco le acarició el pelo, de nuevo sucio y revuelto, y el joven sollozó calladamente bajo su contacto.
-Por favor…no puedo Draco…
El rubio vampiro se arrodilló a su lado, manchando de polvo y limo su hermosa túnica, y le rodeó los hombros, mientras el chico hundía la cara contra la pared. Tras una breve resistencia, le dejó acunarle y finalmente, se dejó envolver en su abrazo, sin protestas, tan solo sollozos de dolor ahogados.
Las suaves caricias, su proximidad y su olor le relajaron poco a poco, y al cabo de un rato, el moreno devolvió el abrazo con suavidad, hundiendo la cara en el pecho de su compañero. Cuando dejo de sentirse culpable, se removió apenas, aferrando las ropas del vampiro de cabello platino y susurró con voz irritada y nasal por el llanto:
-Estoy tan asustado Draco…
Apretándole entre sus brazos ligeramente, y con voz llena de confianza, el vampiro susurró:
-Todo está bien, Harry. Lo prometo.
Tras un leve suspiro del moreno cargado de incredulidad y al mismo tiempo deseos de creer en él, el vampiro continuó hablando:
-Tenemos que regresar. Estas sucio, húmedo y frío…necesitas un buen baño, ropa limpia y cenar algo…
El vampiro abrió el collar con delicadeza, y ayudó a incorporarse al aterido muchacho. Comenzaron a regresar, pero los pasos de Harry se volvieron vacilantes. La enorme tensión de la tarde había agotado al moreno y trastabilló un par de veces en el suelo irregular, y si no cayó al suelo, fue porque su mano descansaba sujeta en la del vampiro. Sin dudarlo, Draco le cogió en brazos, para vergüenza del lobo, aunque Harry le rodeó de inmediato el cuello con los brazos y se recostó contra su hombro, descansando en el con los ojos entrecerrados durante todo el camino hasta sus habitaciones. Aspirar su aroma era como un bálsamo calmante, y Harry se abandonó a la sensación, mecido por el suave balanceo del movimiento de Draco al caminar con faso firme y seguro, embriagado del dulce y masculino aroma de Draco.
El rubio vampiro depositó su preciosa carga sobre su propio lecho y el muchacho protestó con un ligero gruñido ante la pedida de su contacto y calor. Tras una ligera vacilación, Draco comenzó a desabrocharle la anticuada túnica que el joven llevaba sobre sus ropas, rozada y desgastada, y Harry se envaró, repentinamente rígido bajo sus manos. Sin deshacer el contacto, pero dejando las manos quietas sobre su pecho, el vampiro susurró con apenas un hilo de voz:
-Por favor, no me niegues esto, Harry, por favor…
Sus ojos de plata buscaron los de esmeralda de su pareja, su pálido rostro lleno de ansiedad, tristeza, ternura y desesperación, para encontrarlos convertidos en turbias gotas de jade líquido, engarzado bajo sus negras pestañas. Harry se sintió dividido, empujado con gran fuerza en direcciones diametralmente opuestas a la vez, hasta por su propia mente. Y al tiempo, traicionado por el vampiro, que le había prometido aguardar, y su rostro reflejó su dolor. Se mordió inconscientemente el labio inferior, olfateando la leve excitación que exhalaba el cuerpo del otro, y su ceño se frunció levemente mientras sus ojos se llenaban de pesar, apagándose. Dejó escapar un leve sonido de queja, algo así como un sollozo ahogado, apenas audible, mientras giraba el rostro hacia un lado bajando los parpados, eludiendo la penetrante mirada del vampiro. Su cuerpo perdió parte de su rigidez, pero sus manos se aferraron a las sábanas, como buscando el soporte de estas.
Draco le vio transformarse bajo sus manos y comprendió repentinamente que sus palabras y acciones no habían sido quizás las más apropiadas, y deslizó con suavidad una de sus manos por el sucio y revuelto cabello de azabache, acariciándolo con ternura. Olvidó sus deseos, y se recordó a sí mismo, que Harry estaba pasando por demasiados cambios repentinos para someterle aun a mas presión.
-Harry…
El moreno le ignoró, aunque le dejó hacer, como resignado. El vampiro le hizo girar el rostro, venciendo su débil resistencia y vio las lágrimas a punto de brotar, contenidas a duras penas. Con lentitud, se inclinó sobre él, sentado a su lado sobre la cama, una mano a cada lado de su cuerpo, y los nudillos de Harry se tensaron al aferrarse aun con mayor fuerza a las sábanas, conteniéndose a sí mismo para no huir, exhalando un intenso aroma a miedo y dolor.
Deteniéndose apenas a unos centímetros de su rostro, Draco sostuvo su mirada durante unos instantes, hasta que le hizo temblar bajo él, pero el joven no se apartó. Entonces, depositó un suave beso en su frente, sobre la marca de nacimiento que la adornaba, arrancándole un nuevo estremecimiento, ligeramente diferente. Sonriendo ligeramente, tan solo una leve insinuación de sus labios, retrocedió, esperanzado por el sutil cambio. Volvió a permanecer quieto, mirándole y esperó su reacción, para volver a inclinarse a besarle al frente de nuevo.
El aroma de Harry perdió la acritud del miedo y se hizo más neutro, mientras con rostro de concentración, los ojos de plata le estudiaban intensamente, absorbiendo cada detalle de su rostro. Cuando Harry se relajó un poco más, y sin tocarle en modo alguno, más que con los suaves labios, continuó posándolos con sutileza sus mejillas, en su nariz, y por último en cada uno de sus ojos. Los últimos y tiernos besos habían hecho cerrar los ojos al moreno, y Draco aguardó mientras el joven permanecía con los ojos cerrados, respirando su aliento, sintiéndole relajarse infinitesimalmente a cada segundo. Volvió a besarle en la frente, apenas una caricia. Y los ojos verdes se abrieron lentamente para él, nuevamente límpidos y brillantes, haciéndole sonreír sutilmente. Los labios rojos se entreabrieron apenas, en un acto reflejo al exhalar la tensión, tentándole grandemente, pero el vampiro tan solo sonrió un poco más, aguardando a que se repitiera el momento mágico de su primer encuentro.
Harry ya no era un niño, y sin duda, le atemorizaba más que antes dar ese paso, perdida la inocencia de la niñez, por desgracia. Pero al mismo tiempo, deseaba tanto volver a sentir aquellos labios… sabiendo perfectamente lo que representaba dar ese paso. Sus instintos le impulsaban a ceder pese a su miedo subconsciente.
Con un pequeño movimiento, el moreno rozó apenas los labios de Draco con los suyos, y el fuego corrió por sus venas repentinamente, haciéndole jadear de sorpresa. Esa pequeña iniciativa era todo lo que el vampiro necesitaba para devolverle el beso, y sus labios siguieron unidos, los de Draco moviéndose con dulzura, envolviendo los del joven con apenas una caricia.
Harry rompió el beso dejándose caer sobre la cama, y sus ojos miraron de nuevo a los de Draco, con limpieza, llenos de emoción renovada. La ternura del vampiro le había devuelto la confianza en este, momentáneamente perdida, y sonrió dulcemente, notando el fuego de su vínculo culebreando en su pecho como una corriente cálida. Sonrió dulcemente, acariciando el rubio cabello con timidez, y Draco devolvió el gesto, y le besó en la frente de nuevo. Irguiéndose y levantándose de la cama, murmuró, dedicándole una mirada de aliento:
-Yo prepararé el baño mientras te desnudas, Harry.
El vampiro le dejó a solas, y el joven moreno escucho el sonido del agua procedente del baño. Se incorporó en la cama, aun aturdido, el corazón martilleándole en las sienes. Se llevó los dedos temblorosos a los labios, que sentía en llamas, y no los encontró diferentes, tibios como siempre y nada más. Exploró curioso con los ojos la habitación, descubriendo que era idéntica a la suya, pero con detalles de decoración personal. Sobre la chimenea, en el lugar preferente de la habitación, destacaba una panoplia con dos escobas de carreras cruzadas sobre la base de madera. Se acercó curioso, sin reconocer los modelos, aunque por su diseño, dedujo que eran antiguos. Enmarcado y bajo las escobas una foto del que debía ser Draco adolescente, vestido con un anticuado uniforme de Quidittch, en lo que parecían los preliminares de un partido escolar. El rubio efectúo un espectacular pase delante de él y Harry sonrió. Draco era hermoso, incluso como humano, ignorando al resto de jugadores que volaban al fondo, detrás del joven rubio.
-Ya falta poco, Harry. ¿Estás listo?
La voz melódica del vampiro le sacó de su ensoñación, y le sobresaltó. Se apresuró a empezar a descalzarse.
-Todavía no, Draco!
Contestó con la cara enrojecida de vergüenza. No se encontraba cómodo con la idea de desnudarse, pero tampoco quería negarse, así que adoptó una solución de compromiso: se despojó de los pantalones, los calcetines y la túnica, y sentó en el diván, contemplándose nerviosamente las puntas de los pies, nuevamente perturbado, tironeando de su anticuada camisa en un desesperado intento de cubrirse más con ella, agradecido ahora de que esta fuese grande para él en esos momentos.
Los suaves pasos amortiguados por las alfombras le hicieron alzar los ojos del suelo y encontró a Draco, descalzo y tendiéndole la mano con un linda sonrisa, totalmente irresistible.
Vamos cachorro, el agua espera…
Sonrojándose hasta la raíz del pelo, ante su seductor tono de voz, notando el leve olor de interés y curiosidad del otro, pero no tan intenso ni tan claramente sexual como para asustarle de nuevo, aunque todas esa consideraciones eran apenas consientes, ejecutadas inconscientemente por la parte más instintiva e irracional de su mente, Harry se levantó y aceptó la mano, caminando con lentitud detrás del rubio hacia el baño.
El mármol travertino del suelo se notaba ligeramente tibio bajo sus pies descalzos. La bañera, de dimensiones familiares, se abría frente a él en el suelo, llena de agua humeante, espumosa y ligeramente perfumada con un suave aroma de lavanda fresca. Velas de cera casi blanca, encerradas en globos de cristal, iluminaban suavemente la estancia, depositadas por todos lados, en la encimera, por el borde de la bañera, algunas incluso en el suelo, con una cálida y dulce luz chispeante y dorada. Draco le soltó la mano y sonriéndole con suavidad, comenzó a despojarse de su elegante túnica manchada de polvo. Harry desvió la mirada hacia otro lado, y su sonrojo volvió a acentuarse de nuevo, cuando vio caer al suelo una prenda tras otra. Las manos del vampiro se posaron en sus hombros, y Harry se giró, azorado, pero dócil bajo su impulso. El rubio estaba frente a él, en ropa interior, unos bóxers de seda negra, sonriente y con sus ojos chispeantes y sus propios ojos verdes los evitaron. Con lentitud, sus manos se acercaron a los botones de su gastada camisa, pero Harry se tensó levemente, no asustado, pero si inquieto, avergonzado. Bajando de nuevo las manos, el vampiro susurró suavemente:
-Está bien, de acuerdo por ahora.
El rubio hizo ademan de despojarse de la última prenda, los bóxers de seda negra, y el moreno retrocedió un paso, los ojos ahora dilatados de ansiedad. Draco se detuvo de nuevo, dejando la ropa en su lugar y le miró con dulzura, deslizando una mano hacia él para acariciarle la barbilla con dulzura con las puntas de los dedos. Suspiró con suavidad, y dejó que el moreno se relajase de nuevo antes de murmurar:
-La timidez es encantadora, pero no el miedo, cachorro mío.
Se acercó un poco más, acariciándole el pelo y susurró:
-No hay nada que temer, nada que ocultar…nada…Eres mío, y yo soy tuyo, Harry.
El moreno se sonrojó, ruborizándose por completo y bajó la vista azorado y al tiempo complacido. Tembló ligeramente, dividido de nuevo entre emociones contradictorias, ansiedad y complacencia, nervosismo y curiosidad, culpabilidad... Draco se inclinó un poco más sobre él y susurró prácticamente en su oído, acariciando con su aliento la suave piel de su cuello, los ojos chispeantes y la voz cargada de una suave malicia, tentador e insinuante.
-¿No quieres…ver lo que es tuyo, cachorro mío?
El muchacho vaciló, tentado al parecer más de lo que quería dejar ver, cambiando el peso de uno a otro pie ligeramente. Una parte de él ansiaba hacerlo, mirar y contemplar a Draco, pero otra se consideraba indigno de merecer las atenciones de su compañero, culpándose a sí mismo de de no haberse guardado para él… Se ruborizo con una vergüenza bien distinta, amarga y dolorosa, y denegó con la cabeza, los ojos obstinadamente fijos en el suelo. En un nuevo susurró tentador, el vampiro murmuró:
-Es una lástima… me hacia tanta ilusión sorprenderte…
Harry vaciló de nuevo, y sus ojos se cerraron cuando alzó el rostro. Lentamente, los abrió y miró al vampiro a la cara, con una tímida sonrisa. Draco olía deliciosamente, casi como un bizcocho caliente y recién hecho, la mezcla perfecta de picardía y contención, lo suficientemente sensual como para demostrar su interés, sin llegar a asustarle demasiado. Dudando aun, el moreno dejó que sus ojos explorasen brevemente el cuerpo del vampiro de cabello color platino y contuvo la respiración por un instante.
Draco era esbelto, atlético, bastante más alto que él. Su piel lampiña relucía con un color levísimamente dorado pese a su palidez alabastrina. Sus músculos se dibujaba bajo la piel, fina y sedosa, definidos, duros y firmes como cuerdas de acero. Destacaban sobre todo, sus pectorales y la musculatura de sus hombros, haciendo resaltar la esbeltez de su cintura y caderas, y sus largas piernas de velocista. Tendiéndole la mano con una sonrisa, Draco le guió hacia el agua, y dócilmente, el moreno le siguió, hasta que el agua les cubrió el pecho. Comenzaron a nadar, acercándose a un amplio reborde en el otro lado, el más profundo y se sentaron cómodamente en él, sumergidos en el fragante líquido, Harry hasta el cuello, el vampiro hasta la mitad del pecho. Tras un tira y afloja, Harry permitió a Draco lavarle el cabello, y se relajó bajo los cuidados de su pareja. Con mucha delicadeza y aun más paciencia, el vampiro desenredó la larga mata de pelo negro y salvaje. Finalizadas sus atenciones a este, con sumo cuidado, intentó desabrochar la camisa del moreno y aunque los ojos verdes se inquietaron, el muchacho le permitió hacerlo, finalmente sereno bajo sus manos. Sonriente, el vampiro desplegó lentamente sus enormes alas y disfrutó de la impresión que produjeron en su compañero.
