Bueno…una de cal y otra de arena! Aun les queda para alcanzar un equilibrio y mientras…

ENFADANDO A DRACO

A la mañana siguiente, despertaron el uno en brazos del otro, algo sorprendidos, pero relajados y satisfechos, con radiantes sonrisas en los rostros adormilados. Con dulzura el vampiro susurró:

-Buenos días Cachorro.

Le besó con suavidad, y el moreno devolvió el beso, sonrojándose. Desayunaron juntos en sus habitaciones, después de una larga ducha, cada uno por separado, y luego el joven mestizo de lobo se apresuró a las clases del día. Para su sorpresa, la instructora era Lady Narcisa, que le dedicó una mirada curiosa, enarcando ambas cejas por un instante. El tema del la case eran las transformaciones, y Harry sonrió ante los ejercicios. Sus compañeros le miraron extrañados, cuando se quedó atrás, sin participar aparentemente, durante largo rato. Finalmente, se aproximó a la dama y con timidez susurró:

-Me gustaría intentarlo, si no le importa.

La vampiresa le entregó una copa de cristal, como las de sus compañeros, y con un gesto indicó en silencio: adelante. Harry depositó la copa sobre la mesa, y se concentró con decisión. La copa cambió de color, vibró y estalló en mil pedazos con una nota aguda y estridente en su primer intento, arrancando risas ahogadas de los otros alumnos. Un gesto de enojo cubrió su rostro cuando las risas llenaron sus oídos, y el moreno movió levemente la mano hacia los trozos de cristal pulverizado, y la copa se reformó, entera y perfecta. Las risas se acallaron y el silencio se hizo en la clase, todos pendientes ahora de su actuación. Volvió a intentarlo, y la copa cambio de color, haciéndose dorada. Frustrado, el muchacho frunció el ceño con decisión y de nuevo se concentró. Esta vez, la copa se volvió de oro macizo, completando le ejercicio propuesto. Una sonrisa radiante brotó en sus labios y sus ojos relucieron de placer.

-¡Muy bien Harold! ¿Quieres probar otra cosa?

El moreno asintió y la dama depositó en la mesa un ratón vivo, de color blanco, y tras explicarle el hechizo, murmuró:

-Cámbialo de color, hazlo negro.

Harry miró al ratón intensamente y este comenzó a oscurecerse, desde la punta del hocico a la del rabo, hasta volverse totalmente negro. Ofreciéndole su mano, dejó que el animalillo trepase a ella y lo devolvió a la vampiresa que sonreía amablemente. Harry hizo un par más de pruebas, mientras su compañero continuaba trabajando con sus copas y le observaban de reojo, con clara envidia. Al final de la clase, Narcisa le hizo acompañarle fuera de la sala, y le condujo por los corredores hasta un despacho, totalmente cubiertas las paredes de vitrinas, llenas de redomas, frascos y más frascos de pociones, ungüentos, cremas y material médico, cuyo aroma hizo picar su sensible nariz.

Era el despacho del médico, y Harry se alarmó un tanto al ver la severa mirada que le dedicó la doctora. Era una mujercita regordeta, pelirroja, claramente humana.

-¡Jovencito! Es Ud el único que no se ha realizado el chequeo médico. ¡Siéntese ahí!

Indicó una camilla cubierta por una sábana blanca y Harry se sentó aprensivo en ella. El rostro de mediana edad se distendió en una fable sonrisa y murmuró:

-Vamos, acabaré en un momento Harold.

Narcisa sonrió y se encaminó a la puerta, murmurando:

-Te dejo con Molly, Harold, te veré de nuevo en el almuerzo.

El moreno se removió en la camilla, retorciendo los pies, nervioso. No recordaba haber ido nunca al médico, no después de la muerte de sus padres, y no sabía que esperar. Molly agitó su varita sobre él, y murmuró varias veces, mientras un pergamino se iba rellenando con más y mas notas sobre su escritorio. Tomando una aguja, la bruja murmuró:

-Ahora un pequeño pinchazo…

Tomándole la mano, le pinchó la yema de un dedo y recogió varias gotas de sangre en diversos cristales. Se sentó y adjuntó un cristal al pergamino, y otro, un poco más grande fue mezclado con un liquido viscoso y ambarino. Durante un buen rato, y mientras la bruja leía, la sangre se mezcló por sí sola, formando raras vetas sobre el cristal. Sin embargo, el color no se mezcló y poco a poco, aparecieron en el cristal nuevos matices, sustituyendo al ambas y al rojo de la sangre. Al final, se creó una espiral de cuatro tonalidades mezcladas entre sí, blanco, carmín, oro y doctor examinó cuidadosamente el cristal y lo tocó con su varita y los colores se separaron, en cuatro nítidos segmentos.

Releyó algo en el pergamino y murmuró:

-Aun no has cumplido los 17, mh…algo de malnutrición, pero subsanable y sin secuelas. Numerosas fracturas y heridas, pero todo curado…

Finalmente levantó la vista del pergamino y miró con carió al muchacho:

-Harold, me preocupan tus cicatrices…¿Tienes problemas al regenerarte?

El muchacho denegó y bajó los ojos con timidez.

-No señora. Aprendí a dejar algunas, para no irritar aun más a mi tío…

-Bien en ese caso, supongo que esta luna llena desaparecerán. Necesitas comer adecuadamente, y tomar por algún tiempo un reconstituyente. Me encargaré de que Draco te proporcione las pociones adecuadas, Harold.

El moreno asintió dócilmente, y tomó las ampollas que le ofrecían en un solo trago, mientras los ojos castaños de la mujer le observaban intensamente.

-Me preocupa otra cosa sin embargo.

Harry se sonrojó, aterrado y muerto de vergüenza. "¿Acaso sabía la mujer lo que le había pasado?¿Lo que le había hecho?"

-Tienes una mezcla genética…muy poco usual Harold. Eres hombre lobo, veela y sirena, además de mago. Me preocupa la parte de sirena en la mezcla, Harold. Es poca, solo una cuarta parte, pero por lo que me han contado, parece que tienes poderes activos. Cuando alcances la mayoría de edad, esa mezcla podría…darte problemas, Harold. Las sirenas son criaturas fundamentalmente veleidosas, incluso a la hora de elegir pareja. La seducción es como el respirar para ellas, y no son ni fieles ni leales. Tal vez eso ente en conflicto con la monogamia de la veela y el lobo, y por lo que me han dicho, ya tienes un temperamento vivo, propenso a los ataques de ira.

Harry denegó con la cabeza, y murmuró:

-Mi papa nunca tuvo problemas…solo algo de mal genio a veces, pero mi padre decía que le gustaba cuando se enfadaba para poder reconciliarse después.

-Esta bien Harold – concedió la doctora – esperemos que sea así. Pero si notas impulsos extraños, quiero que se lo cuentes inmediatamente a Draco o a mí, entendido?

El muchacho asintió, ruborizado, y salió apresuradamente de la consulta, cuando la doctora le hizo un gesto de despedida. Aun quedaba rato para la comida así que vagabundeó hacia las cuadras. Necesita un rato de soledad, y aire libre, estaba agobiado de estar encerrado entre cuatro paredes, así que encontró a su viejo caballo y montándolo a pelo, salió a dar una vuelta por los alrededores del castillo.

Era la 1ª noche de luna llena, la primera junto al vampiro, y quería despejarse un poco antes de tener que encerrarse. Se le pasó el tiempo explorando los alrededores, no es que se alejara demasiado, pero dio varias vueltas cada vez mas amplias en torno al castillo, haciéndose una idea de la configuración de los alrededores, y para cuando se dio cuenta, ya era media tarde. Volvió grupas, y espoleando a su montura, regresó a los establos. Almohazó apresuradamente a su caballo, y se encaminó raudo hacia su dormitorio, ignorando el vacío de su estómago.

Draco llegó cuando Harry estaba bajo la ducha y el moreno le escucho gruñir de impaciencia al otro lado de la puerta. El muchacho de ojos verdes se apresuró, y envolviéndose en un albornoz, abrió al nervioso vampiro. Los habitualmente bellos ojos de plata parecían plomo, oscurecidos por la rabia, y su rostro estaba contraído, los labios tensos y rígidos. El moreno retrocedió un paso, impactado por la oleada de furia y celos que emanaban del usualmente calmado joven. El vampiro avanzó, mirándole intensamente, olfateando con celos en busca de cualquier olor extraño, aliviado de verle, pero furioso al mismo tiempo.

-¿Dónde has estado Harold? ¿Encontraste algo…más interesante?

Su voz sonó enfadada y helada y Harry se tensó, malos recuerdos aflorando en su mente. Retrocedió otro paso, lentamente, dejando que su olfato le diese más pistas sobre la inesperada reacción de Draco. Su nariz desmenuzó el aroma del otro y el ojiverde bajó los ojos, confuso."¿Esta celoso?¿Por qué?" se preguntó el moreno, sin encontrar sentido a sus palabras. Apenas quedaba tiempo para la salida de la luna y Draco parecía estar en pleno ataque de rabia, algo de lo que un vampiro no salía tan fácilmente. Fuese lo que fuese lo que había hecho mal, ya lo averiguaría después, ahora no tenían tiempo para esto…Harry le miró con aire apesadumbrado y susurró, avergonzado y triste por enojar a su compañero, mostrándose sumiso en un intento de calmarle:

-Lo siento Draco, lo siento mucho. Necesitaba estar a solas un rato…

El vampiro rugió con fuerza, enseñando los colmillos, y le cogió bruscamente de la muñeca, con tanta fuerza, que le moreno estuvo seguro de que más tarde tendría un cardenal con la forma de sus dedos en ella.

-¡NO VUELVAS A HACERLO! ¡¿ME HAS OIDO?

Harry se debatió entre dos impulsos, el de complacerle, no importaba como, y la necesidad de contestarle, rebelándose, mientras sus ojos se llenaban de fuego dorado. El lobo estaba furioso, ni siquiera Draco debía tratarle así. La furia del vampiro no había disminuido ni ante la manifestación del lobo en sus ojos, y este aun le sujetaba, enseñando los colmillos en una mueca feral. Su olor le decía que Draco estaba cerca de perder los nervios, pero Harry mantuvo el control, apenas a un paso de transformarse antes de tiempo y exclamó entre dientes, con voz suave y profunda, aunque dolida.

-Si no quieres que me transforme ahora, deberías dejarlo, Draco.

El vampiro le observó airado, durante unos minutos, su pecho aun alzándose apresuradamente, pero la presión en su muñeca cedió sensiblemente. Los ojos oscurecidos por la furia y los celos se miraron en los suyos, y durante unos instantes, ninguno dijo nada. Draco se inclinó hacia él, tomando rápidas inhalaciones cerca de su cuello, y eso pareció calmarle en parte. Tirando de él, decidido, pero no violento, aun sin hablar, pero más calmado, el vampiro de pelo platino le condujo a toda prisa por los corredores hasta que alcanzaron una pesada puerta tras la que se escondía una escalera de caracol. Subieron por ella, hasta alcanzar una trampilla que daba a una habitación circular, claramente la parte alta de una pequeña torre, dividida en dos por una gruesa reja, y Draco le hizo pasar a través de la puerta de la misma y cerró tras él con un portazo.