EL LOBO ACLARA LAS COSAS

Más tarde, al ver que el joven no reaparecía, el rubio vampiro advirtió a Lupín, al acercarse la cena, por si el joven optaba por transformarse fuera de la habitación donde pasaran la noche anterior. Draco se encerró en su dormitorio, melancólico y triste, contemplando salir la luna llena desde su ventana. Un lamento agónico surgió del bosque cercano, un aullido triste y prolongado que rasgó el silencio como un cuchillo. Draco supo sin lugar a dudas que era su cachorro, y se aferró al alfeizar de la ventana, sollozando con desesperación. Un coro de aullidos, procedentes de la manada residente, respondió al intruso en su territorio, y Draco se tensó, percibiendo la amenaza en algunas de las voces. Había seis lobos adultos en el grupo, todos expertos luchadores. Suspiró, preocupado y nervioso. Harry iba a pasar una mala noche enfrentándose solo a la manada.

Los distantes gruñidos y ocasionales gañidos de dolor le llenaron de aprensión. La lucha duraba ya demasiado rato, más de la cuenta. A juzgar por lo que Lupín le había dicho, el joven no se sometería dócilmente, y establecer su lugar en la jerarquía de la manada iba a costarle unos buenos mordiscos. Se dejó caer bajo la ventana, sujetándose la cabeza entre las manos, atormentado, incapaz de cerrarla para dejar de oír, notando sus colmillos alargarse cuando los quejidos de Harry se dejaban oír entre los otros sonidos nocturnos.

Harry estaba enfrentado a uno de los lobos, y se negaba a aceptar ser el cachorro sumiso que los demás decían que debía ser, y gruñó roncamente de nuevo, pese al mordisco recibido. Su sangre hervía, y se aprestó para defenderse del lobo castaño, un macho de tamaño grande y más pesado que él. El macho le embistió, y tras una nueva escaramuza, logró derribarle. Pero Harry no se doblegaba, mordiendo cualquier parte a su alcance, y ganándose nuevos y furiosos mordiscos cuando no aceptó el dominio del otro lobo.

Solo cuando Lupín intervino, saltando y apartando al otro, gruñendo sobre su garganta, cesaron los gruñidos de Harry, que dobló las patas en sumisión, mientras los otros lobos se apartaban y le dejaban en paz. Rodando hasta tumbarse sobre el vientre de nuevo, el lobato se alzó y gruño ligeramente a los otros cinco adultos, enseñando ligeramente los blancos dientes, aunque cuando se giró hacia Lupín, el gran lobo gris, guardó silencio, plegó las orejas y bajó levemente la cabeza en señal de respeto.

El lobo Alfa suspiró y se sentó, enroscando el rabo sobre sus patazas. Miró con sus ojos dorados al lobato, casi, casi un adulto, que se había tumbado cerca de él. En su forma lobuna, gemidos ladridos y aullidos se volvían inteligibles, un verdadero lenguaje entre ellos, así que cuando el, líder gruñó suavemente, Harry le entendió con claridad:

-¿Qué voy a hacer contigo?

-No lo sé, yo no pedí esto Lupín. Lo siento, pero no me someteré a nadie más.

Harry estaba visiblemente molesto, irritable, y se lamió los hocicos, y alguno de los rasguños recibidos, mientras lo otros protestaban airadamente en una confusión de voces y quejas. Hasta que un rugido se impuso, acallándoles.

-¡SILENCIO!

Todos se callaron y los ojos verdes, manchados de dorado de Harry chispearon satisfechos. Iba a salirse con la suya, o al menos eso creía. Irguiéndose de nuevo, tenso, el rabo enhiesto, Lupín miró pausadamente a todos y cada uno de ellos, paseando lentamente, estirado e imponente, lleno de autoridad y todos bajaron la mirada. Con un seco gruñido, rígido y severo, el lobo gris se detuvo junto al nuevo miembro de la manada.

-Harry será adulto dentro de poco. Entonces será el momento de que le desafiéis. Mientras tanto me obedecerá a mí, y no buscará jaleo. ¿Está claro?

El joven inclinó la cabeza ante su mirada, aunque solo por un instante, pero el Alfa se dio por satisfecho con su gesto.

-Corre conmigo esta noche, Harry!

Los otros gruñeron con enojo, eso era un privilegio, pero con un seco ladrido, Lupín exclamó:

-¡Marchaos!

.

Volviendo grupas, la manada se marchó, y Harry siguió al trote rápido al adulto por largo rato, explorando el bosque, justo detrás de él. Llegaron a un claro, en el cual se divisaba un trozo del cauce de un riachuelo. Después de reconocerlo concienzudamente, marcándolo con su orina, Lupín se acomodó en una roca plana y Harry se sentó cerca de él. Durante largo rato ambos permanecieron en silencio, hasta que el lobo adulto preguntó en un suave gañido:

-¿Qué te preocupa Harry? Pareces…triste…

El joven se removió inquieto. La lucha había apartado momentáneamente de su mente sus penas, y giró hacia otro lado, evitando cruzar una mirada con la de macho dominante, dejando vagar sus ojos verdes llenos de chispas doradas por el cauce del regato. El lobato aulló con dolor, y dejó de contenerse, su lamento surcando el cielo sereno y tranquilo de la noche. Cuando sus quejas cesaron, un hocico tibio se hundió en su cuello, y trató de confortarle.

-¡No lo soporto Lupín! Me siento…

Gimió suavemente como un cachorro herido y sus ojos se volvieron más dorados y oscuros mientras se cerraban con gesto dolido.

-Me siento como un objeto…

Con un ladrido desesperado, el lobo negro exclamó, saltando sobre sus patas como un resorte:

-¡Solo quiere mi sangre y meterse en mi cama!

.

Sin escuchar las llamadas de Lupín, Harry corrió hacia el revuelto cauce y hundió las patas en la gélida corriente. De un salto, se lanzó al centro de la misma. El frio le caló hasta los huesos, pero nadó tercamente contra corriente, ignorando los furiosos ladridos del Alfa, hasta que se sintió tan entumecido, que las patas ya no le dolían de frío, es que no las sentía, y su corazón parecía ir a estallar en su pecho, agotado de luchar, y casi en shock por el principio de hipotermia.

Aferrándose con las uñas a las rocas, salió casi arrastrándose a la orilla y calló sobre su panza, resollando y temblando violentamente de frío. Harry gimió lastimero y cerró los ojos…se hubiera dejado ir, abandonándose al entumecimiento que también le llenaba el corazón. El gran lobo gris llegó a su lado, después de correr como loco tras él, siguiendo entre la maleza y las rocas su viaje por el agua y ladró furioso.

-¡Niño estúpido! Podrías morir de hipotermia, y él, moriría contigo!

Eso atrajo la atención del embotado cerebro de Harry y abrió levemente los ojos con una sombra de preocupación velándolos. Lupín le empujó impaciente con el hocico, y Harry se puso en pie sobre cuatro patas doloridas y temblorosas, asustado por lo que él otro había dicho. Apoyado en el firme costado del otro trotó cuán rápido pudo, cabizbajo y deprimido, escuchando el continuo rezongo de protesta del otro.

.

Entraron al castillo por un túnel, y llegaron a las cálidas cocinas, donde Harry se dejó caer frente al fuego. Los elfos trajeron mantas, y un gran bol de caldo de carne caliente. Agradecido, Harry comenzó a beber, y pronto se encontraba mucho mejor, aunque aun tiritaba de pies a cabeza. Lupín le observaba con ojos preocupados y gañó con suavidad:

-No sé de dónde has sacado esa idea absurda de que Draco no te ama, pero déjame explicarte un par de cosas.

El lobo se sentó frente al cachorro, casi adulto, y dejó ir su voz en un suave gruñido lleno de afecto:

-Cuando por fin te encontró, Draco cambió radicalmente. Antes, cambiaba de amante como otros de camisa, y nunca pasaba mas que unas pocas noches con una pareja humana. Tan solo algunos vampiros parecían darle algo de estabilidad, aunque tampoco era nada fijo, solo una manera de sobrellevar su soledad a su manera.

Relajándose más, lograda la atención del lobato, los ojos verdes y dorados fijos en él, Lupín se tumbó lentamente, acomodándose mejor antes de proseguir.

- Desde que te encontró, fue incapaz de tener sexo con nadie…

Lupín se percató de que sus palabras habían captado totalmente la atención del joven y prosiguió con un suave gruñido:

-Decía que no podía acostarse con nadie… porque estaría engañándote a ti, Harry.

Los ojos verdes relucieron y el lobo se estremeció aún helado, atento a cada palabra del Alfa, que gruñó satisfecho. Harry ya no estaba pendiente de sí mismo, olvidadas las extrañas ideas de antes, sino de Draco, de cualquier cosa relacionada con el vampiro de cabello platino.

-En cuanto a la sangre, hasta que no estuvo tan débil que apenas podía levantarse de la cama, se negó a beber. Entre Hades y sus padres lograron convencerle de que de nada le servía dejarse morir, que tú sufrirías también por ello. Así que comenzó a alimentarse de nuevo, pero decidió que solo lo haría tomando sangre en una copa, o bebiendo de sus padres, porque hay una matiz de sensualidad en ello y no soportaba la idea.

.

Harry observó al adulto durante un rato, sin oler nada más que sinceridad y preocupación en el otro. Se removió bajo las mantas, gimió muy suavemente, casi lastimero.

-Entonces…¿Es cierto que me ama?

El gran lobo gris le miró a los verdes ojos y ladró suavemente, muy muy bajito:

-¿Acaso no te lo ha dicho él mismo?

Harry vaciló, entrecerrando los ojos un instante, pero acabó asintiendo levemente, removiéndose de nuevo bajo las mantas, ahora muy nervioso.

-No dudes de él, Harry. Entiendo que es difícil aceptar tantas cosas nuevas de golpe, pero no dudes jamás de sus sentimientos hacia ti!

El lobo negro se sacudió, despojándose parcialmente de las mantas y gimoteó, aterrado y frenético:

Estará furioso conmigo, Lupín!

El lobo gris se levantó y se estiró lentamente, esbozando una sonrisa canina, la lengua colgando ente las fauces:

-No creo. Asustado y preocupado, si, pero no se enfadará contigo por esto. Sobre todo si le demuestras que no vas a dejarle. Tu rechazo le partiría el corazón…

Empujándole con el hocico, el lobo gris susurró vehemente:

-¡Corre Harry! ¡Corre con él!

.

El lobo negro se deslizó como una sombra por los desiertos corredores, espiado de cerca por un par de invisibles elfos, y se detuvo frente a una puerta. Rascó insistente con las duras uñas, hasta que tras la puerta se oyeron pasos aproximándose. Hades abrió, cubierto por una bata, y el lobo entró en el dormitorio, ignorando el hecho de que los otros dos vampiros estaban desnudos y apenas cubiertos con las sábanas. Aunque aun estaba húmedo, el lobo se acercó a la cama y miró a Narcisa a los ojos. La vampiresa asintió y el lobo puso las zarpas en la cama para alzarse a lamerle la mejilla. Sus dos parejas se le unieron y Harry les miró a todos, gimiendo suavemente, lloriqueando. Lucius deslizó una mano firme por su cabeza y le rascó detrás de la oreja brevemente. Agitando la cola apenas, el lobo emitió un leve ladrido y Hades murmuró:

-Márchate, Harry.

El vampiro de larga melena negra caminó altivo hasta la puerta y la abrió para el lobo y este se detuvo por un instante junto a él, rozando con su cabezota la rodilla del hombre. Sonriente, el vampiro le acarició la cabeza y ladeó la cabeza hacia el pasillo con un gesto incitante. Y el lobo desapareció silenciosamente en el vacío corredor. Mientras Hades se acomodaba de nuevo en el lecho, ocupando el centro entre ambos rubios, Lucius, que era el que menos conocía al joven, preguntó curioso:

-¿Qué ha sido todo eso?

Narcisa sonrió y deslizándose sobre el pecho de Hades, besó suavemente al que fuera su esposo mortal y susurró:

-Supongo que necesitaba que le viéramos y le aceptáramos en su otra forma, que lo aprobáramos…

Los ojos azules de los Malfoy se encontraron y una mirada maliciosa fluyó entre ellos. Sin más palabras, ambos buscaron al unísono los labios de Hades, que respondió gustoso a sus amantes, estrechándoles más fuerte contra él.