RECONCILIACION
El joven lobo recorrió el corredor y aulló lastimera y levemente frente al Opaleye, que le miró con aire de superioridad, pero abrió la puerta para él. Frente a la puerta del dormitorio de Draco, Harry rascó el suelo, y gimió de nuevo, reclamando insistentemente a su vampiro. Draco abrió instantes después, aun vestido y con ojos enrojecidos, y Harry saltó a su pecho, casi derribándolo. Comenzó a saltar alocadamente a su alrededor, ladrando y corriendo de un lado a otro, moviendo la cola, frenético.
El rubio vampiro se sintió tan aliviado de verle aparecer, sano y salvo, y al parecer, tan contento de verle, que se contagió de su exuberante alegría y ambos saltaron durante un rato. Finalmente, Draco se dejó caer en su diván y se percató del barro y la suciedad que manchaba el precioso pelaje del otro, que aguardaba mirándole fijamente, sentado a sus pies y murmuró con una sonrisa:
-Toca baño, Harry.
El lobo se sorprendió, pero siguió alegremente al vampiro, esperando que este le diera como mucho una ducha. "Al menos, terminaré de entrar en calor" pensó Harry, y agitó la cola alegremente. Sin embargo, Draco abrió los grifos de la bañera, que se llenó a ojos vista a una velocidad sorprendente.
-¿A qué esperas Cachorro?
Con un alegre ladrido, Harry saltó al agua, ignorando la escalera, creando un enorme surtidor de agua y espuma, y emergió un poco mas allá, mojado y nadando con vigor hacia el escalón del otro lado, donde el agua le cubría por encima del lomo. Draco se desnudó por completó y entro tras él y se unió al lobo en el reborde, y este le lamió con entusiasmo la cara, dándole la bienvenida. Le lavó cuidadosamente el negro pelaje y Harry le lamió la mejilla con agradecimiento. Bien limpio de nuevo, Draco le envolvió en gruesas y suaves toallas, y finalizó su aseo con un hechizo que dejó su pelambrera seca y sedosa, ordenada y brillante, y su cuerpo libre de cualquier incomodidad.
Harry siguió al vampiro al dormitorio y una vez vestido con un pijama y una bata, el joven compartió con él una cena tardía, la misma que no había sido capaz de consumir horas antes, muerto de preocupación. El lobo estaba hambriento y devoró cuanto le ofreció Draco, lamiéndole los dedos con cuidado, agitando el peludo rabo con suavidad contra las mullidas alfombras.
Satisfecho y calmado, el vampiro de cabello platino se encaminó al lecho, recostándose en el, tras haberse desnudado negligentemente, dejando caer el pijama y la bata de seda con total indiferencia, esbozando una leve sonrisa ladeada, ante el suave movimiento de cola de su actualmente peludo y canino compañero, atento a sus más pequeños movimientos. Le hizo señas al hermoso lobo negro, palmeando las sábanas a su lado y este trepó al lecho de un solo salto, para tumbarse, enroscado en su costado, a la altura de su cadera tras lamerle las manos afectuosamente. Ante su gesto, ensanchando su propia sonrisa, el rubio susurró, los ojos brillantes como espejos de plata pulida:
-Te quiero, Cachorro mío.
El lobo se removió y gateó hasta su pecho, apoyando una zarpa posesiva sobre los fuertes pectorales cubiertos de piel blanca como la leche, y le lamió la barbilla lentamente y después las mejillas. Las alas de Draco se desplegaron bajo su cuerpo, y el suave jadeo del lobo se hizo más perceptible. Con un suave roce de las plumas, apenas envolviéndoles en ellas, el vampiro exaltó el deseo de su compañero y su miembro se hizo patente entre sus cuerpos desnudos. Draco acarició al lobo detrás de las orejas y en el cuello con lentitud, mirándole a los verdes ojos manchados de oro y susurró:
-¿No más dudas Cachorro?
El lobo gimió y se agitó sobre él, lamiéndole la comisura de los labios mientras su rabo batía sus piernas en una loca danza. Los ojos de Harry estaban tranquilos, y eran dulces, llenos de afecto y amor por su compañero, y en ellos se mezclaban a la perfección la esmeralda y el oro del lobo. Harry deseaba complacer a Draco como la noche anterior, pero no estaba seguro de que el vampiro quisiera sus atenciones de nuevo. Sin embargo, el vampiro tomó la iniciativa, y le envolvió aun mas en sus alas durante un rato, abrazándole y acariciándole cuanto quiso. El olor de las alas del vampiro aun excitó mas al joven y este gimoteaba suavemente tumbado sobre el pecho masculino, lamiendo una y otra vez la garganta del otro, los ojos semicerrados.
Tras un rato de esta tortura, Draco replegó lentamente sus magnificas alas y las hizo desaparecer, sujetándole de las peludas mejillas, mirándole intensamente. Le acarició, hundiendo los dedos en la pelambre de terciopelo, y con deliberación, besó el negro y tembloroso hocico, manteniendo sus labios en este por unos segundos, antes de soltarle. Su figura se desdibujó, tembló y se retorció, y de repente, ante el lobo negro se alzaba un hermoso Siberian Husky, casi completamente blanco, de ojos azul hielo con destellos plateados. Las puntas y bordes de las orejas eran negros, así como el extremo del rabo, la sensitiva trufa, los largos y tiesos bigotes, y dos leves manchas sobre los ojos, de donde surgían la cerdas de las cejas, haciendo de su rostro uno ciertamente muy expresivo.
Draco tenía muy claro que él era el dominante en su relación, aunque a veces Hades había insinuado algo acerca de ser más flexible y amoldable, el joven nunca había prestado atención a semejantes consejos. Así que cuando encontró la verde mirada, llena de sorpresa y gozo de Harry, se sorprendió al descubrir que le era imposible resistir su presión más que unos pocos segundos. Muy confuso, apartó los ojos y retrocedió un paso, reculando, bajándola cola levemente en un gesto instintivo por completo. Harry se había tensado como un resorte, y se mantenía erguido, las orejas y bigotes rígidos en su dirección, la cola totalmente en alto sobre su lomo, como una bandera desafiante, la viva estampa del lobo Alfa que llegaría a ser.
Cuando Draco decidió hacerse animago, poco después de conocerle, para poder acompañarle siempre, eligió la forma de un perro, ya que no quería ofender a su compañero al pretender ser un lobo sin serlo de verdad. Pero esta reacción…instintiva, no se la esperaba. Retrocedió otro paso, esquivando la presión de los ojos del otro, y Harry avanzó, agitando levemente la punta de la cola sobre su lomo. El olor de Draco era delicioso, y en esta forma aun hablaba mas claramente para él, y el lobo negro olió el deseo y la confusión en su aroma. Gimió suavemente y el perro entendió su llamado:
-Draco…
El perro saltó de la cama, en franca huida, y se detuvo a unos pasos mirándole por un instante. Harry le olfateo en la distancia, saltó limpiamente al suelo sin perderle de vista, haciéndole retroceder un par de pasos, y se aproximó aun más, y cuando se acercó a sus cuartos traseros, olisqueando, Draco se sentó sobre su cola, tensándose. La boca repleta de dientes del lobo negro se abrió, dejando ver asomar su lengua entre las dos filas de dientes. Su postura cambio un tanto y se hizo más relajada, aunque Draco era evidentemente un macho – eso era indudable e indiscutible - para él, su olor recordaba el perfume embriagador de una hembra en celo y sus instintos actuaban en consecuencia. Gimoteo suavemente de nuevo:
-Mmh…hueles tan bien
El suave gemido casi inaudible le erizó los bigotes e hizo estremecerse a Draco.
-Déjame olerte mejor Draco…
El hocico negro se acercó a su grupa y el perro de trineo se removió. Pero cuando el lobo insistió con un suave roce, el instinto le dijo que hacer: se tumbó sumiso sobre un costado, su pecho en el suelo, una pata trasera alzada levemente, dejando acceder al lobo y dejando claro al mismo tiempo que no estaba listo para nada más. Harry gruño su complacencia acercándose a él con un rezongo grave y profundo:
-Eres tan suave…y tienes una cola tan bonita…
Hundió su hocico bajo esta y olfateó con cuidado, dejando que el aroma de su pareja le llenase por completo. Con lentitud, el lobo comenzó a lamerle los testículos, desconcertando a Draco, aunque excitándole también, y pronto Harry trasladó sus atenciones a otro lugar cercano, tumbándose junto al otro, la cabeza hundida bajo la pata del otro, dándole un completo repaso a su zona genital, mientras Draco se dejaba caer por completo sobre el suelo, jadeando ligeramente, la lengua colgando entre sus mandíbulas entreabiertas. Con un gemidito lastimero, Draco se quejó:
-Oh Merlín! Eres…eres malvado Cachorro!
Un lamentón particularmente intenso le hizo gemir más audiblemente y Harry gruñó con deleite:
-Y tu eres delicioso, no sabes cuanto Dragón!
Arrastrándose más cerca, Harry continuó sus administraciones, extendiéndolas incluso a la deliciosa entrada del otro, que se contrajo suave y rítmicamente bajo su lengua caliente y húmeda, palpitando bajo el duro musculo que la agredía. Lenta y suavemente, se volvió centrar en el miembro de su pareja y el lobo continuó su labor completamente centrado, hasta arrancarle gemidos y jadeos incoherentes, llenos de placer. Le lamió como hiciera la noche anterior con su cuerpo humano, hasta lograr que Draco se corriera bajo sus atenciones, recogiendo los chorros de semen hasta que Draco se relajó lentamente, su erección agotada tras el tortuoso orgasmo. Entonces Harry retornó a su pulsante entrada, y se deleitó de nuevo en ella, su propio deseo volviéndole loco. Gimió y hociqueó a Draco, gimiendo desesperadamente su necesidad de él:
-Por favor, levántate…vamos…
El perro le miró con sus ojos azul hielo y plata, aun turbios de placer, pero también algo asustados, y se tumbó de nuevo. Harry insistió en empujarle, hociqueándole, y Draco se cubrió con la cola, tumbado ahora sobre el vientre, un sordo gruñido brotando de su garganta, mitad suplica, mitad falsa amenaza.
-¡No, he dicho que no!¡Por favor!
Harry le lamió las mejillas y gimió con insistencia, abanicando el aire con la cola.
-Lo sé, Dragón, ya lo sé… pero necesito sentirte…por favor…por favor…
Con reticencia, Draco se sentó, y le miró de nuevo, receloso y asustado, aunque trataba de disimularlo, y Harry se agitó en torno a él, olfateándole con intensidad. Deslizó una zarpa en su lomo, y Draco gruño enseñando los dientes secamente:
-¡NO!
Tratando de aplacarle, Harry le lamió las orejas, las mejillas, hasta calmarle, y gimoteo con suavidad, su cuello enlazado al suyo, su hocico reposando al inicio de su lomo.
-Ya lo sé Dragón, ¿No confías en mí?
El perro blanco suspiró y se relajó un poco, y Harry lamió su hocico de nuevo, gimiendo doliente una vez más:
-Déjame sentirte bajo mi, Dragón, solo eso…por favor…por favor…
Draco le devolvió el lametón, y se calmó viendo los ojos verdes fijos en los suyos, ardientes de deseo, pero también llenos de amor. Harry había sido muy comprensivo y complaciente con sus necesidades, más de lo que nadie hubiese esperado así que agitó levemente el rabo, dando mudamente su aceptación.
Harry deslizó su hocico sobre su cuello, y presionó su pecho contra su flanco, temblando ligeramente. Permaneció en esa postura durante un rato, jadeando suavemente, y muy lentamente, intentó apoyar una pata en el blanco lomo, ansioso y nervioso. Draco se mantuvo en su lugar, pero gruño levemente. Un sordo sonido en el fondo de su garganta.
El lobo negro gimió de nuevo y le lamió detrás de la oreja, hasta que el sonido de incomodidad cesó por completo. La otra pata se unió a la primera, y el lobo se acercó cuanto puedo en la extraña postura al flanco del Siberian, que permanecía sentado, la cola cubriendo sus partes intimas como protección adicional. Draco notó el roce del pecho primero y de miembro de Harry en su costado, mientras Harry se posicionaba sobre él, rodando lentamente la posición, hasta montarle desde atrás, empujando su pene contra su lomo. Era una postura extraña, pero Harry no estaba intentando realmente… se frotaba sobre él, y su ritmo aceleró bruscamente, mientras el lobo gemía agudamente. Tras un par de erráticos movimientos, el lobo se dejó caer sobre su patas, temblando, su pulsante erección bamboleándose entre sus patas, chorreando preseminal en chorros erráticos. Jadeaba violentamente y su cabeza estaba abatida, los ojos entrecerrados y las orejas plegadas, mientras su cuerpo se encorvaba en la única forma de alivio que le era posible. Draco se giró, y tras una duda, lamió con timidez el hinchando miembro, arrancándole un gemido casi doloroso.
-¡Dragón! ¡Mi dragón!
Alentado, el perro continuó, y las contracciones del cuerpo de Harry se hicieron más violentas, y regó el suelo con su semilla, ávidamente recogida en su origen por Draco. Finalmente calmado y satisfecho, Harry se tumbó tras lamer vehemente y afectuosamente a Draco, que gruñía complacido, enroscándose el uno en el otro sobre la cama para dormir, bostezando y quedándose dormidos en apenas unos minutos.
