SIRIUS Y LUPIN
Para cuando Harry y Draco alcanzaron la mesa donde los Malfoy cenaban junto a Hades, los rumores se propagaban como pólvora encendida, y los jóvenes se sentaron en el hueco que se abrió para ellos entre Narcisa y Hades, los tres adultos sonriendo comprensivamente. Harry comenzó a comer con voraz apetito, y el rubio picoteó la cena sin mucho interés, contemplando con ojos brillantes a su amante.
Draco reprimió un estremecimiento de placer, la mera presencia del moreno hacía estragos en su mente, llenándola de toda clase de fantasías… aunque los efectos en su físico no eran nada desagradables… Harry alzó la mirada hacia él, repentinamente y por un instante, sus ojos se prendieron, haciendo que Draco olvidara el resto del mundo, tan solo pendiente de la chispa de fuego que alumbraba en el fondo de los verdes ojos de su amado. Con ojos más dilatados de lo que hacía un instante había podido percibir el vampiro, el moreno sonrió tímidamente, esbozando el gesto apenas y después se lamió los dedos, limpiándolos cuidadosamente del rastro de azúcar glas que los cubría. El vampiro reprimió a tiempo el gruñido feral que pugnaba por brotar de su garganta, y se removió en su asiento casi imperceptiblemente, notando cómo sus pantalones se volvían repentinamente demasiado estrechos; pero su sonrisa se ensancho, enseñando sus caninos.
Harry retornó a su plato, dejando a Draco muy incomodo, emitiendo una risita grave casi inaudible, una especie de ronroneo apagado que aun espoleo más el deseo del vampiro. Su compañero estaba tentándole, deliberadamente… y su corazón dio un salto de alegría dentro de su pecho.
Narcisa, observante y atenta, había notado las marcas en el cuello del joven, pero cuando este trató del alcanzar algo en la mesa, pudo ver también señales en sus muñecas… Draco relucía, era evidente que estaba…pleno, tal vez demasiado, y la vampiresa se preocupó. Pese a sus múltiples amantes y donantes, Draco nunca había tenido un donante regular, y Narcisa temió que hubiera bebido en exceso del muchacho. En tono discreto, bajo, pero con un leve deje de preocupación, la dama se inclinó hacia Harry y murmuró:
-Harry, ¿cuántas veces se ha alimentado Draco de ti?
El joven se sonrojó, bajó los ojos ligeramente y encogiéndose de hombros murmuró, sin dejar de atender a su comida:
-No sé, quince, tal vez veinte veces…Draco quería probar en todas partes…
Los ojos de los dos Malfoy se dilataron y emitieron un gemido de sorpresa, pero fue la voz de Hades, el líder del clan la que se alzó, tensa, haciéndose oír en un murmullo claramente enfadado sobre el ruido de las múltiples conversaciones del salón, pero no tan alta como para atraer la atención hacia ellos:
-¿Te has vuelto loco Draconis? ¿Así tratas a tu compañero?
Harry se molestó y reaccionó defensivamente, girándose hacia el imponente vampiro, y contestándole en voz baja, pero firme:
-Él no ha hecho nada malo! Yo le dejé! ¡Y tomé todas mis pociones!
Conciliador, el joven vampiro intervino, deseando aclarar la cosa antes de que Harry se enojase más aun con Hades.
-Si hubiera notado la más mínima alteración en su sangre, o que se debilitaba, lo hubiera dejado en el acto, Sire.
Con ojos duros, Hades taladró a Draco, enfrentándose a su joven criatura, haciéndole saber que estaba descontento con él. Harry gruñó sordamente en el fondo de su garganta, no quería ser irrespetuoso con los otros vampiros, pero él estaba en el lado de Draco y lo hizo saber sonoramente. Hades giró sus ojos negros a él, dejando a Draco, y antes de que lobo mestizo y vampiro pudieran llegar a enzarzarse en una contienda silenciosa, Lucius, más diplomático, intervino con suavidad:
-De todas maneras Draco, todos nos quedaríamos más tranquilos si Molly le hace un pequeño chequeo después de la cena. No tienes experiencia en esto y es preferible estar seguros, verdad hijo?
Hades se mantuvo serio y callado, y aunque Narcisa intentó mantener una pequeña conversación con Harry, este parecía obstinado en permanecer en silencio y juguetear con los restos de su cena. Los tres vampiros acompañaron a la pareja a despacho de la medimaga, que rezongó mientras le hacía desnudarse tras un biombo. Al ver las numerosas marcas de mordisco en la piel del joven se irritó profundamente y abandonándole sobre la camilla, salió de detrás del biombo a enfrentarse al joven vampiro.
-Te dije que necesitaba alimentarse y reconstituyentes, y vas, y lo desangras! ¡Si tiene el más mínimo signo de anemia te prohibiré alimentarte de él, Draco!
Desapareciendo detrás del biombo, la medimaga retomó su examen, y realizó un pase de varita sobre el joven, que permanencia en ropa interior. Examinando las marcas y detallándolas en una ficha, la bruja preguntó:
-¿Alguna marca no visible?
Enrojeciendo, el moreno asintió y la bruja, impaciente, exclamó:
-Y puede saberse a que esperas?
Azorado, el joven bajó la prenda intima con timidez, y la mujer examinó las marcas en nalgas y pene, murmurando con un gesto de resignación:
-Ya puedes cubrirte, Harry.
Con otro pase, completó la diagnosis, y examinó el pergamino, atentamente.
-¿Te has mareado o desmayado en el día de hoy?
Sonrojándose aun más, Harry asintió, y susurró:
-Si, pero…
La voz del moreno se hizo casi inaudible, consciente de que al otro lado del biombo los otros vampiros escuchaban sus palabras, y añadió completamente abochornado:
-Fue porque Draco me hizo llegar demasiado seguido en una ocasión. Me recuperé enseguida, de veras, y Draco fue muy considerado conmigo todo el tiempo.
Molly le dio permiso para vestirse y el joven se reunió con Draco, que le abrazó, y los otros adultos. La mera idea de que le prohibieran alimentarse enfurecía a Harry, que se esperaba perfectamente bien. Draco observó la preocupación de sus padres y de Hades, y se contagio de la misma en parte. La medimaga salió releyendo el pergamino de diagnostico y murmurando:
-Es increíble, totalmente increíble…
Tomó asiento, y miró a sus visitantes, uno a uno, y volvió a murmurar:
-Increíble…
Suspiró y comenzó a hablar.
-No sé cómo, pero con la dosis de reconstituyente y regeneradora de sangre inicial que le di, y otra dosis más que tomó esta mañana, no solo no parece haber sufrido daño alguno, sino que su estado parece haber mejorado desde la revisión inicial!
Mirando al joven con ojos asombrados, Molly finalizó su breve discurso:
-¡Debería estar anémico, pero esta como una rosa!
Exclamó la atónita medimaga. Con curiosidad, propuso una última prueba:
-Me gustaría evaluarte mientras Draco se alimenta, si no os importa…
Harry se sonrojó intensamente. Las sensaciones que provocaba en él que el joven y rubio vampiro le mordiese eran intensas…y privadas, pero vio que Draco asentía, y se preparó inconscientemente para ello. Draco tomó su muñeca, y la lamió suavemente, haciéndole cerrar los ojos, pero el moreno se tensó ligeramente, incomodo ante la presencia de tantos observadores.
-Relájate, Cachorro. Es…como darse un beso en público, tal vez un poco más incomodo, pero nada de qué avergonzarse.
El moreno asintió, mordisqueándose levemente el labio, y recibió un suave beso en los labios como recompensa por su colaboración. El rubio vampiro alzó su muñeca hasta sus dulces y suaves labios, manteniendo sus ojos fijos en los del joven mestizo de lobo. Harry se olvidó de todo lo demás, mientras Draco retomaba las caricias, y jadeó suavemente, conteniendo los sonidos detrás de sus labios cuanto podía, hasta que le fue imposible resistirse y gimió ahogadamente, entrecerrando los ojos. EL vampiro clavó los colmillos en su muñeca, succionando, encantado de ver las reacciones de su compañero a sus atenciones, aunque tan solo eran besos y lengüetazos, sus brillantes ojos estudiando las expresiones de su rostro. Con un ronco gemido, el moreno dejó ir la cabeza hacia atrás, desmadejándose entre los brazos de Draco, respondiendo con vehemencia a las hábiles atenciones del vampiro, que estaba teniendo dificultades para mantener la circulación en ciertas partes de su cuerpo. Realmente, tenía un problema con los pantalones.
Hades contempló con aire crítico el procedimiento, alzando una ceja cuando el olor de la evidente excitación del joven hirió su olfato, por si sus gemidos no eran suficientemente delatadores. Si era capaz de relajarse tanto como para sentirse excitado sexualmente en presencia de una medimaga y tres padres preocupados…Bien, parecía que el joven tenía una enorme confianza en su vampiro, algo inusual, teniendo en cuenta que ni siquiera habían llegado a la etapa de vinculación. Draco debía estar haciendo algo bien…Hades esbozó una levísima sonrisa, intercambiando una mirada llena de significado con Lucius y con Narcisa. Si, Draco estaba haciendo un buen trabajo de seducción con su compañero, a juzgar por los resultados.
Los resultados de las pruebas no se hicieron esperar, y cuando Draco selló las diminutas heridas, su pareja aun jadeaba sordamente, los ojos nublados por el deseo, acurrucado entre sus brazos, la respiración agitada y el corazón desbocado. Molly leía sus pergaminos, atentamente, y se rascó la coronilla, pensativamente. Suspirando, dejó en la historia los nuevos datos y exclamó, sin salir de su asombro.
-¡Ni siquiera lo ha notado! Si no fuera por la evidencia de su respuesta…habría pensado que estabas fingiendo hacerlo, Draco. ¡Está bien! Tienes mi aprobación, pero quiero revisiones semanales! ¡Y que tome sus pociones sin falta! ¿Entendido?
Loa jóvenes asintieron sonrientes, y Draco tiró del moreno, hacia el primer lugar no transitado que pudo pensar. Faltaba poco para la salida de la luna llena, pero de ninguna manera iba a dejar que Harry se marchase así. Los dos estaban frustrados y excitados, y los celos del vampiro no podían tolerar enviar a Harry entre los licántropos en semejante estado. El rubio le aguijoneo con prisas hacia un saloncito, empujándole sobre unos de los sillones, y comenzó a devorarle a besos, mientras le despojaba de la ropa un tanto apresuradamente. Harry respondió vehementemente, desabotonando la camisa y los pantalones de Draco. Una vez desnudos, al menos lo suficiente, ya que Draco aun tenía puesta la camisa, y los pantalones de Harry estaban arrollados en sus tobillos, el rubio montó en las caderas de su delicioso y excitado lobezno, cerrando las piernas en torno a sus caderas, frotándose vigorosamente con él. Su lengua buscó la palpitante yugular, y Harry reaccionó enarcándose bajo él, buscando el máximo contacto posible, abrazándole con fuerza.
Harry gimió suavemente cuando los colmillos se hundieron en su cuello, entrecerrando los ojos y aferrándose a los hombros de Draco. Con tantas sensaciones en juego, no tardaron en liberarse, y con apenas minutos de margen, Draco no pudo someterle a su habitual ritual de limpieza, teniendo que contentarse con unos escrupulosos hechizos de limpieza. Aun semi desnudo, Harry se recostó contra el pecho del vampiro, sentado ahora en su regazo, y este le besó suavemente, mirándole con adoración.
-Ten cuidado ahí fuera, Cachorro; te estaré esperando…
Con apenas un estremecimiento, la figura de Harry se desdibujó y el hermoso lobo de brillante pelaje negro e increíbles ojos verdes le reemplazó. EL animal, recostado sobre el regazo de Draco, le miró y lamió su cara afectuosamente, antes de saltar al suelo. Sus expresivos ojos miraron las ropas y con un gesto de varita, el vampiro se vistió, recogiendo también las ropas de Harry y guardándolas.
Trotando por los pasillos en pos de su amante, el lobo se encaminó a las cocinas, buscando el túnel por el que Lupin le había reintroducido la noche anterior en el castillo. Los elfos, aun recogiendo la cocina tras la cena, les ofrecieron solícitos un refrigerio, y aunque Draco no quiso nada, Harry sí que aceptó un bol de carne troceada, que desapareció rápidamente. Con un gemido lastimero, el lobo reclamó a su compañero, que le acarició suavemente detrás de las orejas.
-¿No quieres ir verdad?
La voz de Draco fue apenas un susurro, pero estaba cargada de preocupación. El lobo gimió sordamente, y dedicó una mirada dudosa al oscuro túnel que se abría tras la gruesa reja. Acariciándole una vez más, y aunque lo que más le gustaría en ese momento sería llevarse a Harry a sus habitaciones, también era necesario que el joven se integrase en la manada y en la vida del castillo, no solo en la suya.
-Ve, corre y demuéstrales lo especial que eres y regresa a mí, Harry.
La voz llena de orgullo de Draco animó a Harry y el lobo rasguño las rejas, que se abrieron para él, y tras una última mirada, desapareció en el negro túnel.
Emergió más allá del foso, tras las murallas que rodeaban los jardines, y trotó veloz hacia la espesura. Recordaba el lugar donde la otra noche se reuniera la manada y encaminó sus pasos hacia el mismo lugar. Llegó al pequeño claro y olfateo con curiosidad los rastros del lugar. El sitio parecía ser un punto de reunión habitual, a juzgar por lo intenso de las marcas olorosas que llenaban el pequeño claro. Era el primero en llegar, pero no aulló llamando a la manada. Los otros, salvo Lupin, no fueron muy amables con él, y el joven no estaba precisamente deseando volver a verlos.
Se tumbó bajo un árbol, esperando, escuchando los sonidos del bosque. Los animales sabían que ellos rondaban esta noche y una inusual quietud llenaba el lugar, tan solo rota por los susurros del viento y el crujir de ramas y hojas. Un leve crujido más intenso atrajo sus sentidos y olfateo con cuidado, atento y expectante, las orejas apuntadas en la dirección del sonido, usando la nariz para discernir más información. Otro de los lobos se acercaba, pero no era Lupin. Era un lobo de color castaño casi rojizo, que si no recordaba mal se llamaba Denise y la noche anterior había protestado mucho por su presencia. Se tensó, y adoptó una postura más alerta, sentado sobre sus cuartos traseros, y cuando otro leve chasquido le alertó de la presencia de al menos otro ejemplar, se alzó por entero, y observó completamente alerta.
El gran macho rojizo emergió por un extremo del claro, y Harry retrocedió un paso, receloso. Un ejemplar grisáceo salió al otro lado de la espesura, mirándole con aire malicioso y Harry erizó la pelambrera del cuello y lomo. Con ojos casi rezumantes de odio, el macho más grande le gruño, enseñando los dientes y secundado por el otro, en actitud claramente agresiva. Mirándole aviesamente, el lobo rojizo avanzó, mientras más lobos llegaban al claro, todos en actitud claramente hostil, rodeándole y cortando cualquier posible ruta de escape.
Harry gruño muy bajito en respuesta, en clara inferioridad, enseñando los dientes, pero sin aceptar ser sumiso y obediente. El círculo se estrecho, los gruñidos y amenazas más altos e intensos, y Harry bajo la cola, protegiéndose y encogiéndose levemente sobre sí mismo. Era imposible que hiciese frente a todos a la vez, así que se sentó sobre su cola, encorvado, gruñendo y enseñando los dientes con los hocicos replegados en muda advertencia. Era un gesto más de nerviosismo que de amenaza, pero aun así, no era una clara muestra de sumisión. No tenía opción de ganar una pelea contra todos ellos, pero no pensaba humillarse ante nadie. Amagaron varios ataques contra sus flancos, y se revolvió, enfrentado siempre a sus agresores, pero sin morderles, sabiendo que eso les enfurecería aun más.
La manada seguía acosándole cuando Lupin llegó al claro. El formidable lobo gris se abrió paso, ignorando el círculo formado en torno al lobato negro y se aproximó a este, silenciando los gruñidos amenazadores de los otros lobos. El cachorro, casi un adulto, estaba semisentado en el suelo, erizado, gruñendo a sus atormentadores, que le mantenían acorralado. El joven lobo bajó la mirada un instante, acallando el sordo gruñido que brotaba de su garganta, en señal de respeto, y el líder se sentó a su costado, orgulloso, imponiendo el silencio con su presencia y la fuerza de su mirada. Lupin emanaba seguridad y fortaleza, y Harry sintió una profunda similitud entre el lobo gris y su padre. Cuando el silencio se hizo completo, una última figura emergió del bosque, no un lobo, sino un perro, un gran perro negro de brillantes ojos azules y pelaje duro y enmarañado, desordenado como un nido de ratas. El animal parecía un cruce entre un galgo escocés y tal vez un dogo, de aspecto esbelto, pero con una cabeza potente y buenas mandíbulas. El animal cruzó el círculo de la manada, atravesándolo con altivez pese a algunas miradas despectivas, situándose al otro flanco de Harry.
El olor era…familiar. Y gracias a él, Harry dedujo de quien se trataba. Sirius Noir, el jefe de la guardia. Alto, fibroso, de cabello negro y largo, con alguna hebra canosa, ondulado y con tendencia a desordenarse; sus ojos eran intensos y vibrantes. Era un mago, y muy bueno según Draco, y le habían dicho que tenía un carácter un tanto intratable y colérico. Por encima de su mejilla, Lupin lamió brevemente la mejilla del perrazo negro, que gruño suavemente, evidentemente complacido, aunque no devolvió el gesto.
Denise, el macho color caoba, le miró con un destello de maldad en sus ojos ambarinos y gruño entre dientes:
-¡Es un rebelde! Comenzó a provocarnos Lupin, a desafiarnos! ¡Se merece una buena lección!
-¡Es cierto! No es más que un bravucón presumido, y se jactó de que no podíamos tocarle!
Intervino el pequeño macho gris, que Harry ahora recordó que se llamaba Albin. Con un gruñido indignado, el joven intentó alzarse para rebatir a sus acusadores, pero recibió un seco mordisco de Sirius en la piel suelta del cuello, que le zarandeó, usando la ventaja de su posición más elevada como ventaja. Con una sacudida aun más violenta, le sacó arrastrándole del cuello fuera del círculo, gruñendo salvajemente, ante la impasibilidad de Lupin y del resto y el shock y ultraje del lobato.
Cuando estuvieron fuera de la vista de la manada y lo bastante lejos como para que no les entendieran, Sirius soltó la presa en su cuello y Harry se revolvió, gruñendo sordamente y enseñando los dientes, indignado por el injustificado correctivo. Sirius era al aparecer el compañero de Lupin, el Alpha, y eso le daba la máxima jerarquía en la manada, después de este. Aunque a juzgar por las reacciones de los otros, no despertaba muchas simpatías entre los demás. Los penetrantes ojos azul oscuro del perrazo estaban fijos en el lobo negro, observando, evaluando y aunque el cachorro ya casi adulto no se sometía claramente, tampoco le agredía gratuitamente, pese a que el adulto amagó algún mordisco, rondando en torno a él. Con un sonoro resoplido, el gran perro agitó la cabeza, y gruñó con cierta sorna:
-¿Supongo que sabes quién soy?
El lobato negro se sentó, la postura más cercana a la sumisión que estaba dispuesto a asumir y asintió levemente, en un gesto inusual para un cánido, y ladeó ligeramente la cabeza, en claro signo de curiosidad, pese a su evidente malestar. Con un nuevo resoplido, que sonó extrañamente parecido a una risa seca, el animal replicó:
-Bien…entonces supongo que conoces mi fama, no?...Te dejaran en paz durante un tiempo si soy yo el que te castiga...
Con un gruñido sordo, rebelándose ante el injusto trato, Harry se tensó y reculó sobre sus pasos, mascullando entre dientes:
-Yo no he hecho nada, Sirius. No merezco esto.
Los ojos verdes del lobato relucieron llameantes, desafiantes, y el perro gruño complacido, caminado lentamente hacia él.
-¡Eres tal como dijo Remy! Te creo Harry, pero la cuestión es que has puesto en un lugar muy comprometido a Lupin con tu actitud. Si bien no tiene nada que objetar personalmente a tu deseo de independencia, aun no estás listo. Así que tengo que enseñarte tu puesto, mientras tanto.
Con un amago, mas juguetón que real, pero imprevisto, el perrazo hizo saltar al lobo, que gruño ligeramente, apartándose de la dentellada, amistosa o no.
-¡Vamos! Lucha, te doy permiso para intentar defenderte!
Las palabras y el tono irónico y provocador del otro despertaron el lado más dominante de Harry, inflamando su carácter y haciendo refulgir sus ojos llenos de fuego. El pequeño claro se llenó de gruñidos furiosos y secas dentelladas, pero la mayor experiencia de Sirius le permitió jugar literalmente con el otro. Atrapo una de las patas delanteras del otro entre sus mandíbulas y tirando de ella le derribó al suelo, dejándole sin aire por el golpe, arrancándole un ronco aullido de dolor. Sin embargo, pese a la ventaja, Sirius no la aprovecho y le soltó, para atrapar entre sus fauces la cola del joven, arrancándole ahora un agudo coro de lamentos.
Humillado y más herido en su amor propio que otra cosa, el lobato se alejó del perro que le miraba con aire de superioridad y se lamió la pata y la cola doloridas. Sirius podía haberle hecho mucho más daño, o forzarle a someterse realmente por las malas, había tenido la ocasión y no la había aprovechado, y Harry le miró con ojos cautelosos. Contemplándole un poco retirado y con aire realmente travieso, el otro ladró con sequedad:
-¡Oh, vamos Harry! Ya sé que no estás precisamente contento conmigo, pero al menos no estás lastimado.
Con un gruñido, Harry se lamio de nuevo la cola, rezongando y arrancando un nuevo resoplido al otro:
-Venga…soy mejor luchador que todos ellos, y quiero enseñarte, ayudarte a ser mejor. Pero lo primero para eso, es evitar que la manada te mate. Si cachorrillo, esta manada no ha tenido un nuevo miembro en mucho tiempo, y se han puesto…nerviosos con tu presencia.
Harry aun estaba irritado, pero el otro tenía algo, algo que le ayudó a calmarse poco a poco, aceptando que era preferible estar en su situación actual que verse rodeado por el resto de los otros. Con un gañido de resignación; y sacudiendo la cabeza, Harry aceptó:
-Tu ganas Sirius…solo espero que Lupin no me arranque las orejas por alborotarle el pelo a su compañero.
Con una risa contenida en un alegre rezongar, el otro se acercó, lamiendo la mejilla del lobato, demostrándole su complacencia.
-Vamos…la manda espera. No suelo correr mucho con ellos, tan solo con Lupin, pero creo que puedo hacer una excepción contigo, Harry. Y muéstrate debidamente dolorido y apaleado, si no, esta pequeña farsa no será creíble.
Tras mirarle cuidadosamente, Harry se revolvió por el suelo, hasta desordenar y ensuciar por completo su pelaje, y observando las leves heridas de su pata, se concentró en hacerlas sangrar, en vez de dejar que sanaran. Atónito, Sirius ladró quedamente:
-¿Cómo has hecho eso?
Con un suave gruñido, el lobato negro contestó, sin darle importancia:
-Aumentando el flujo de sangre, e interfiriendo con el proceso de curación, deteniéndolo por un momento. No es agradable, pero puede hacerse.
Así era como Harry había dejado las cicatrices, para ahorrarse mas palizas de sus parientes, así que para él no era nada raro, y no entendió el asombro del adulto. Cojeando ostensiblemente, aunque la pata no le dolía como para eso -las heridas eran poco más que rasguños algo profundos, Sirius se había limitado a esquivar sus ataques y a empujarle la mayor parte del tiempo- con aire abatido, sucio y desaliñado, el cachorro siguió al altivo perro negro de regreso al claro, representado a la perfección su papel, incluso gimiendo de vez en cuando, entrando de nuevo al claro donde la manada aguardaba expectante, después de haber oído en la distancia la conmoción creada. El único que estaba seguro de que la sangre no había llegado al rio era Lupin. Conocía perfectamente el interés que sus relatos habían despertado en su pareja y sabía que no le lastimaría, al menos no innecesariamente.
Viendo aparecer al cachorro, aparentemente apaleado, precedido de un ufano Sirius, casi sonriente, los demás miembros de la manada de dieron por satisfechos, y dejaron en paz al muchacho, disponiéndose para correr por el bosque, dejando a su Alpha y su pareja encargarse del reprendido cachorro. NO todos los miembros de la manada eran tan agresivos hacia él como Denise y Alvin, y el resto le cogió si no con entusiasmo, al menos con indiferencia. Había ocupado el lugar de cachorro adoptivo de los dos adultos dominantes, y por lo tanto, no podían agredirle abiertamente. Ya que aun no era adulto, la mayoría optó por ignorarle, y le dejaron correr, al costado de Sirius, justo a la cola de Lupin. Pronto los lobos se dispersaron, dividiéndose en varios grupos mas pequeños y cuando se quedaron solos, Harry aulló suavemente, atrayendo la atención de Lupin, que giró sobre sus pasos, volviendo grupas hacia él.
-¿Qué ocurre?
-Draco esta aguardándome…
El lobo negro ladeó la cabeza en dirección al castillo, con aire nostálgico y Sirius, llegando hasta el, con las facuces entrabiertas, la lengua ligeramente colgante en una sonrisa canina, ladró suavemente:
-Vé con él, Harry…
El perro le empujó con el hocico, con cierta brusquedad, pero con ojos repentinamente amables.
-Vamos, corre…
Harry no se lo hizo repetir, y emprendió una suave galopada de regreso, confiando en su sentido de la orientación, ya que los terrenos aun le resultaban poco familiares, sin más contratiempo que un pequeño barranco que le obligó a dar un rodeo. Encontró la entrada al túnel y trotó por su acogedora oscuridad, en dirección a Draco.
En el dormitorio, el joven vampiro aguardaba inquieto. Los sonidos procedentes de la manada no le tranquilizaron precisamente, y paseaba de un lado a otro, incapaz de relajarse, como un animal enjaulado. Así que apenas Harry rascó la puerta de sus habitaciones, Draco le abrió de inmediato. Inmensamente feliz de verle, Harry saltó a sus brazos, lamiéndole con entusiasmo y corrió raudo hacia el baño, llamándole con impaciencia. EL vampiro podía oler sobre su piel el olor de la manada, especialmente el de Sirius y en menor grado el de Lupin, y se preguntó que había ocurrido.
El joven lobo estaba deseando deshacerse de los olores y la suciedad adherida a su cuerpo, tras las correrías nocturnas, y el vampiro se sumó a él en la enorme bañera. Era la última noche de luna llena, y Draco se sintió aliviado de que las correrías con la manda se acabaran. El baño se convirtió rápidamente en un masaje sensual y erótico, especialmente cuando el vampiro desplegó sus alas y les envolvió a ambos en ellas, las gotas de agua rodando por sus plumas como una cascada de diamantes, emborrachando a Harry con su aroma, haciéndole sentirse casi eufórico, y desde luego, exaltando su deseo.
Draco acarició el cuerpo del lobo negro bajo el agua, enjabonándole, excitado, ya que animal o humano, para él era completamente indiferente, adoraba cualquiera de las formas de Harry. Sus manos exploraron con suavidad, y cuando llegaron a sus genitales, Draco tembló ligeramente, sus ojos dilatándose aun más. Acarició los testículos, mientras Harry le lamia cuello y orejas, visiblemente complacido, y sus dedos se deslizaron hacia la funda de piel de su virilidad, ya ligeramente engrosada por el manoseo. Con un gemido, el lobo entrecerró los ojos, y le lamió una vez mas la oreja, arqueándose contra su mano. Draco continuo, y comenzó a masturbarle, suavemente, moviendo su mano hacia el miembro ahora expuesto, acariciándolo en el agua caliente, creando una sensación nueva…y deliciosa, para Harry.
El rubio vampiro continuó, mientras Harry dejaba caer su pesada cabezota en su hombro, jadeando y moviéndose espasmódicamente contra su mano, y el usaba la otra para masturbarse lentamente, los labios entreabiertos y los colmillos desplegados. El lobo gimió suavemente, lamiéndole de nuevo, jadeando aun mas ronca y pesadamente. Con un temblor, el lobo se corrió entre espasmos, secundado por Draco. Cuando su congestión, mas larga y persistente, desapareció bajo los dedos que aun le masajeaban, el vampiro le instó a salir del agua. Draco les secó a ambos con un hechizo, y le ofreció un aperitivo de carne asada al lobo, que este rechazó, demasiado excitado para poder comer nada.
El rubio se envolvió en una bata y los dos se acurrucaron sobre el diván frente al fuego de la chimenea, con poco mas que unas llamas mortecinas en ella. Harry dejó caer su cabeza en el regazo del rubio y este le acarició una y otra vez, deslizando las manos por el pelaje de seda, ambos amodorrados. Los ojos de plata estaban fijos en las escobas que adornaban la chimena, y tras un buen rato de contemplación meditativa, acaricio una vez mas al adormilado animal y murmuró, indicand con un eve gesto de su otra mano:
-Esa de ahí, es mi escoba, Harry. Una Nimbus 2001. Hace ams de 200 años que no la toco.
Harry olfateo el dolor que emanaba de su vampiro y alzó la verde mirada, salpicada de oro, con aire interrogativo, las orejas dirijidas hacia él, completaemtne atento a sus plabras y gestos. El rubio le acarició una vez mas y añadió con un murmurllo au mas teñido de dolor, haciendo preocuparse al lobo:
-Y la otra…es una Saeta de Fuego…y también ha estado colgada con la mia, todos estos años…aguardando…
Cogiendole de la piel del cuello con ambas manos, el vampiro se miró en los hermosos ojos verdes iluminados por el fuego del lobo, y continuó hablando, la voz llena de emociones. Harry percibió su dolor, un dolor antiguo, mezclado con unas gotas de esperanza, alegría, con el deseo, y le lamió la cara, intentando consolarle. Algo ocurría, estab aseguro, pero ¿Qué? Draco parecía tan triste, que gimió suavemente, intentando distaerle de su dolor.
-Siempre pensando en los demás, no Harry?
Suspiró pesadamente, cerrando los ojos un instante, casi inaudible, hundiendo los dedos aun mas en el pelaje de azabache y susurró, volviendo a mirarle:
-Cuando aún era…humano, ame mucho a alguien, tanto, que se convirtió en todo mi mundo..
El lobo gimió ante su dolor, y aunque ese antiguo amor le desazonaba, volvió a lamerle la cara afectuosamente. Draco le rascó detrás de las orejas, sin soltarle y continuó su historia.
-Pero este…amante, mi primer amor, me dejó. -El rostro de Draco se contrajo de punzante dolor al recordarlo- Murió en mis brazos…para salvarme la vida, sacrificando la suya. Me dejó…solo, condenado a una vida yerma y vacía sin él. Tanto era mi dolor…que intente seguirle, varias veces, sin lograrlo. Yo no quería, no podía vivir sin él, pero su magia me ataba a la vida y al dolor de su ausencia…y le odie por ello.
Harry temblaba bajo sus manos, pero volvió a lamerle la cara, limpiando las lágrimas que rodaban mansamente por sus mejillas, sintiendo que algo dentro de él se desgarraba con el dolor de Draco, como si una vieja herida se reabriese, como si ya lo hubiese sentido antes. Sin dejar de mirarle, pese a las lágrimas, Draco murmuró:
-Hades me liberó de ese dolor, al convertirme en vampiro. Mis recuerdos quedaron velados, y el dolor se mitigó, oscurecido por el cambio y la transición a esta nueva vida. Pero el vacío en mi corazón persistía, aunque más soportable. Tarde años en traducir sus últimas palabras, pero al final lo logre, Las palabras de mi amado fueron: "Por tu vida ofrezco mi sangre, que ella te alimente y te fortalezca. Por tu vida ofrezco mi vida y mi poder que ellos sean para ti hasta que mi alma se reúna con la tuya" Y lo que soy hoy, es el resultado de su sacrificio.
El rubio le apretó tanto entre sus manos, mirándole, que Harry gimió casi inaudiblemente, angustiado:
-Esa…es tu escoba, tu Saeta de Fuego. La he guardado todos estos años, para ti. Y en esa foto, estamos los dos…casi nunca te acercas mucho, pero puedes ver como vuelas en ella, conmigo. Tú eres Harry James Potter Evans, mi amado, reencarnado de nuevo. Y yo soy Draco Malfoy, tu amor, tu primer y único amante, y he estado aguardándote, desde entonces.
Las emociones y la voz de Draco no dejaban lugar a dudas, aquello era cierto o al menos el vampiro así lo creía. Temblando sobre el regazo del joven vampiro, el lobo entrecerró los ojos levemente, lamiéndole las mejillas. Harry siempre había sido solitario, introvertido, y dado a la introspección, con tendencia a pasarse horas vagando, sumido en sus propios pensamientos, soñando despierto con cosas y lugares que ni siquiera conocía: HOgwarts, el callejón Diagón, extrañas salas llenas de puertas, de bolas de cristal, bosques llenos de fantasmales criaturas, pesadillas vivientes que hacia años habían sido borradas de la faz de la tierra….estos y otros lugares llenaban sus pesadillas, sueños y fantasias. Recuerdos imposibles, de sitios en los que no había estado nunca…repentinos deja-vu…si lo que Draco decía era cierto…cobraba sentido.
El lobo cerró los ojos, recordando, y los abrió de nuevo, relucientes de fuego, como si nunca le hubiese visto, evocando la emoción que sintió al verle por primera vez; como si le recodara, como si ya le conociera….Y aunque no lo entendía, Harry aceptó y creyó. Lamió una vez más la cara del joven y atractivo vampiro en que se había convertido su amante adolescente, adivinando bajo los rasgos más masculinos y definidos, el rostro familiar del adolescente con que había compartido tantas noches y secretos, ocultándose a los ojos de todos los demás. Su alma vibraba por la de Draco, pero ambos estaban en dos bandos opuestos, como dos nuevos Romeo y Julieta.
Harry conocía vagamente los hechos, relatados en los libros de Historia, y si bien el nombre de Harry James Potter era bien conocido, de su amor solo había perdurado el nombre propio: Draco. Y la tragedia de su muerte, de dolor y pena, cinco años después de la muerte de su amado.
El lobo lamio una y otra vez las mejillas pálidas, consolándole, y aulló suavemente, empujándole contra el reposabrazos del diván. Las zarpas del lobo se apoyaron en sus pectorales y el animal apretó con fuerza las garras en la suave carne, arrancando un gemido y un jadeo al vampiro, que le miró con ojos atónitos. Las zarpas dejaron cuatro pequeñas punciones en cada pectoral, de las que brotaron unas diminutas gotas de sangre. Lamiendo las heridas cuidadosamente, Harry las cerró, marcando con pequeñas marcas cada pectoral, sobre los pezones. Con su larga y fuerte lengua, el lobo recorrió la única otra cicatriz que adornaba el cuerpo de Draco, la ahora casi invisible línea que le cruzaba el pecho en diagonal, pasando por el esternón, de algo más de un palmo de longitud. Ante su gesto y la mirada posesiva de sus ojos verdes, Draco susurró suavemente:
-Sectumsempra…
Y Harry recordó veladamente dolor, sangre, la sangre de Draco…el punto de inflexión en su relación, dos adolescentes demasiado asustados para admitir lo que sentían el uno por el otro…el lobo lamió de nuevo la vieja cicatriz, viendo las memorias que Draco estaba compartiendo con él en esos momentos, y sin dejar de mirarse en los espejos de plata de sus ojos, marcó un camino de lengüetazos hasta el dulce sexo de su amante, y finalmente, tras juguetear con él durante un buen rato, olfateándolo y lamiéndolo rigurosamente, lo tomó entre sus fauces, succionando.
El vampiro se arqueó bajo él, y jadeó, aferrándose al respaldo del diván y a sus cojines con las manos. Tras un rato, el joven vampiro se dejó resbalar al suelo y colocándose a cuatro patas, el pecho apoyado sobre el diván, se ofreció en silencio al lobo, gimiendo de necesidad. Por un instante, Harry estuvo tentado de ceder, después de todo, realmente deseaba a Draco, pero no así…no su primera vez… quería hacerlo bien, mirando a la cara de su amado, acariciándole y besándole…no clavándole las zarpas en la piel; y además...aun necesitaba esperar… Sin embargo, atendió la evidente necesidad de su amado vampiro, y lamio delicadamente toda la zona genital, bañándola en su saliva. Con cuidado, deslizó una y otra vez su fuerte lengua por su entrada, y Draco gimió, desesperado. Empujándole al suelo con el hocico, haciéndole girarse sobre la espalda, lamió de nuevo sus testículos y su virilidad, disfrutando y saboreándolo completamente.
Comenzaba a ocultarse la luna, la última noche de luna llena llegaba a su fin, y con un gemido de súplica, Harry trotó hacia la cama, haciendo que Draco le siguiera. El cambio llegó tan suave como una brisa, y dos sobre excitados jóvenes se encontraron frente a frente, sobre las sabanas. Draco le besó con pasión, los ojos brillantes y murmuró, vehemente y posesivo:
-Te amo… Harold Charles Richard Porter o Harry James Potter, tú, eres mi Harry…
El moreno sonrió radiantemente, y le acarició con suavidad, para murmurar con cierta timidez, tras devolverle el beso.
-Y yo te amo a ti, mi Dragón; pero…no puedo….aun no puedo, no todavía…
Bajó los ojos, sonrojándose levemente, y susurró con cierta angustia:
-Te deseo…no sabes cuánto, pero…
Se mordió el labio una vez más y continuó con aun menos volumen:
-Quiero…no, necesito esperar un poco mas… solo hasta mi cumpleaños…lo prometo.
Draco suspiró, resignado, y le acarició la mejilla, reordenando el pelo detrás de una oreja. El vampiro se había hecho ciertas ilusiones, no es que tuviese motivos para quejase, pero si su compañero no estaba listo…
-Pero puedes enseñarme Draco…quiero aprenderlo…todo…quiero saber…lo que te gusta y como te gusta…
El rubio sonrió radiantemente, sus ojos oscureciéndose con anticipación, y murmuró:
-Cualquier cosa que tú hagas me gustará Harry, pero si realmente quieres…aprender…podías terminar lo que empezaste antes…
Harry alzó una ceja, pero sonrió traviesamente, escuchando el útil hechizo limpiador muy específico que el vampiro susurraba apresuradamente, y hundió la lengua entre sus firmes nalgas. Esa lengua le hizo gemir y retorcerse sobre las sabanas, una y otra vez, y Draco acabó empujándose contra ella, follándose a sí mismo en ella, con abandono y gemidos cada vez más desesperados. Así que cuando Harry acarició su abandonada erección, Draco se corrió explosivamente, demasiado excitado para soportar más. Cuando el vampiro recobró la respiración un poco, dándole un suave mordisco en la nalga, Harry susurró malicioso, mirándole desde entre sus piernas desmadejadas, acariciándose suavemente el pene, erguido y turgente con gesto provocador, deliberadamente sensual:
-¿Se te ocurre algo más que enseñarme a hacer, Draco?
EL vampiro rugió, desplegando los colmillos, y se abalanzó sobre él, buscando su yugular, repentinamente sediento. Harry gimió roncamente, dejándose ir, entrecerrando los ojos ante las sensaciones, el cuerpo ardiente moviéndose contra el suyo, su sangre fluyendo a la boca de Draco, la renovada erección de este, presionando contra la suya, el olor y el tacto de alas de plumas relucientes…El juego amoroso se prolongo hasta el más allá del amanecer, y solo se detuvo cuando el agotamiento y el sueño les vencieron. Derrotados, se acurrucaron entre ellos, y Harry murmuró:
-Te amo, Dragón.
