Otro pedacito más! Un rw comenta que no ha nada de dolor en esta historia, que debía cambiar la clasificación de Hurt/confort…Bien, el que hasta ahora no haya sido muy fuerte no quiere decir que no vaya a serlo…
Esta historia contempla en su trama violación, tortura y violencia…que no son para nada las leves escenas que Harry ha recordado hasta ahora…
Y ahora, a leer!
RECOBRANDO RECUERDOS
Harry y Draco despertaron relativamente tarde –después de todo era la última noche de luna llena y ambos habían estado… entretenidos hasta el amanecer- y Harry preguntó mas sobre su pasada vida, y si Draco había sabido siempre que él era quien decía que era. Draco le besó suavemente y susurró que hasta esa noche, sus propios recuerdos no se habían liberado, que era él, el que los había descubierto, dándose a él, y también le dijo ante su cascada de preguntas, que le contaría todo lo que quisiera saber, pero no en ese momento, y le animó a vestirse, proclamando que quería ir a Londres.
Los Malfoy y Hades se unieron a la súbita excursión, tras una breve conversación de Draco con los tres adultos, que hizo alzar las cejas a Hades, y sonreír radiantemente a Narcisa, que miró con aire cómplice a Lucius, para abrazar fuertemente a Harry. Tras vestirle con ropas de Draco, convenientemente adaptadas, los cuatro vampiros y el joven mestizo tomaron un traslador para llegar al Callejón Diagón, y los cuatro, se dedicaron a consentir todos sus caprichos, que dicho sea, tan poco fueron muchos.
La vampiresa de larga melena de oro insistió en encargar un vestuario completo, sin admitir replica alguna, incluidos varios disfraces que Harry ni siquiera vio, ya los vampiros eran muy aficionados a los bailes de máscaras. El moreno muchacho protestó, murmurando entre dientes que no necesitaba ni la cuarta parte de aquello, y que era mucho dinero, pero Draco murmuró, cogiéndole de la barbilla, para hacerle levantar la cara, levemente sonrojada.
-Harry…solo lo diré una vez. Te mereces esto y mucho más, así que deja que disfrutemos mimándote a nuestro gusto.
Harry se sonrojó aun más, pero no proclamó mas protestas, y sus ojos se iluminaron, llenos de ilusión y alegría. Arrastrándole callejón abajo, Draco le llevó al Emporio de la Lechuza y le regaló una mascota, una hermosa y fiera halcón peregrina, a la que bautizaron como Leia. Hades añadió todo lo necesario para ocuparse del animal, percha, golosinas, unas preciosas fundas de cuero para introducir los pergaminos sin temor a que las afiladas garras los dañasen, con prácticos hechizos para permitir que se introdujesen en su interior objetos grandes o pesados sin mayores problemas. Harry acarició una y otra vez al ave en su puño, mientras el animal emitía agudos chillidos amenazantes hacia el vendedor del Emporio. Realmente Leia tenía carácter, pero parecía estar encantada de dejar que Harry y Draco la acariciasen. Con el halcón posado en su hombro, pasearon por el lugar, atrayendo la atención de los viandantes. Después de todo, no todos los días se cruzaba uno con un grupo tan impactante de vampiros.
Se acercaron a Gringotts, y Harry contempló el lugar con ojos asombrados, pequeños flashes de recuerdos acudiendo a su mente: oscuros corredores, dragones encadenados, pasadizos…Despidiendo a Leia, enviándola a Inferno Castle, los cinco entraron en el banco. Lucius se acercó a uno de los duendes y requirió a su contable particular, al responsable de sus cuentas en exclusiva, y este acudió de inmediato, mientras otro duende les hacía pasar a una salita de espera, elegantemente amueblada.
Con formalidad, Lucius Malfoy le hizo entrega de las llaves y cámaras de la familia Potter, y de la familia Black, conservadas y acrecentadas por ellos a lo largo de los años, a la espera de devolverlas a su verdadero dueño. El moreno miró boquiabierto los extractos bancarios, el importe total de dinero líquido de las cámaras y tragó saliva ruidosamente. Aquello era…demasiado! Harry denegó, abrumado, y lagrimas lentas comenzaron a manar de sus ojos. El muchacho hipo sonoramente, y Draco le abrazó, completamente desconcertado. ¿Por qué se entristecía si le devolvían lo que era suyo? El rubio le besó en el cuello, acariciándole la espalda y con la cara aun enterrada en el hombro del vampiro susurró ahogadamente:
-Yo no necesito ese dinero…no sabría qué hacer con él, Draco…
Lucius se acercó, sentándose al otro lado del chico – no había sido su intención molestarle ni hacerle sentir mal- y murmuró, poniendo una mano en su hombro:
-Harry…lo único que tienes que hacer con él, es gastarlo, en todo lo que quieras…
Harry dejó de llorar, aun abrazado a Draco, y miró de reojo al padre de Draco, confuso, el ceño fruncido. Con una sonrisa, Hades añadió, desde su rincón, sosteniendo entre sus brazos la cintura de Narcisa:
-Lucius es un inversor muy inteligente, Harry…esas cuentas contienen no solo los fondos que procedían de los Potter y Sirius Black, sino también las rentas acumuladas procedentes de sus inversiones…tienes acciones de diversos negocios, especialmente un buen paquete de acciones de FAME, Ferrocarriles y Artefactos Mágicos Europeos. Y de VALOR-MALFOY, Vinos Antiquísimos, Licores, Oportos y Rones Malfoy.
Harry miró al alto vampiro, sus ojos llenos de incredulidad, y finalmente, dividido entre la necesidad de volver a llorar o por el contrario, echarse a reír, acabó por hacer los ultimo, en una carcajada nerviosa, que finalmente acabó de dejarle agotado, pero calmado. El muchacho giró sus ojos a Draco, y susurró suavemente:
-¿Estás seguro, Draco?¿Realmente?
El rubio asintió suavemente y Harry dejó a un lado sus objeciones. Entonces, y con todo el tacto del mundo, Hades trajo a colación otro asunto. Legalmente, Harry podía decidir cambiar su apellido, al estar unido a un vampiro y adoptar el suyo, o bien, elegir uno nuevo. Era una peculiaridad de las leyes que regían los contratos de los vampiros. Aunque era algo inusual, cualquier vínculo o alianza anterior quedaba roto, anulado, si una persona se vinculaba a un vampiro. Incluso un matrimonio anterior. Solo los hijos seguían siendo reconocidos y conservaban sus derechos, pero solo sobre los bienes que el mago o bruja tuviese hasta ese momento.
Por eso, legalmente, un nuevo vampiro, recién convertido, moría como mago a efectos legales en todos los aspectos, y renacía con una nueva identidad, legalmente diferente, conservase o no su nombre. Los vampiros Malfoy que se alzaban ante él, no tenían la misma identidad legal que los magos que fueron muchos años atras. Y un compañero podía hacer lo mismo. Draco había borrado el apellido de su anterior existencia, desligándose de esa parte de su vida, y para el mundo, el único Draco Malfoy era él.
Harry meditó largo rato, contemplando los formularios que el duende había traído para él, para completar la transferencia de las cuentas y valores y formalizar su nueva identidad. Tomó una decisión y comenzó a escribir, mezclando lo viejo y lo nuevo, lo que era y lo que en algún momento fue. Cuando terminó, entregó los pergaminos al duende que lo leyó atentamente y sonrió, enseñando los agudos dientes:
-Felicidades por su elección Sr Harry Malfoy-Potter. ¿Desea que le facilitemos una tarjeta de crédito vinculada a una de sus cámaras?
Harry miró a Draco y este asintió, susurrando:
-Es más cómodo que andar llevando el dinero encima, Harry, aunque te recomiendo hacer una pequeña retirada, para pequeños gastos.
Los duendes trajeron todo lo necesario, incluyendo dos pesados monederos llenos de mas galeones de los que Harry nunca hubiera visto, que fueron a parar a los bolsillos del joven, junto con un pequeño billetero con su tarjeta de crédito, y su nueva identificación, validas tanto en el mundo mágico como muggle. Y Harry suplicó salir de aquel lugar, antes de que sus nervios acabasen de romperse por completo.
Compartieron un breve refrigerio en Florean Fortscue, y tras la ligera comida, Harry, más seguro que antes, se perdió entre los anaqueles de B & B. Los libros eran su pasión desde pequeño, uno de sus escasos placeres y Hades y Draco le compraron cuantos quiso, sin dejarle tocar el dinero que acababa de recoger. Recorriendo los escaparates, con aire pensativo, en busca de un regalo para Draco, Harry vagabundeo por todo el lugar, seguido de cerca por los vampiros, que también curioseaban activamente, haciendo pequeñas compras, hasta que algo llamó su atención.
Comprobó con una mirada que Draco y los demás estaban cerca, entretenidos ante el escaparate de una zapatería. Entró en la pequeña tienda, polvorienta y diminuta, y una brujita de aspecto frágil y arrugado le saludó, desde detrás del mostrador, vigilando su labor de calceta.
-Buenos días, ¿Qué desea jovencito?
Con seguridad, el moreno murmuró:
-Quiero la Snitch del escaparate, la que está en la caja con la placa.
La anciana bruja se levantó, olvidando su bufanda, que siguió tejiéndose sola y le miró con aire sorprendido:
-Pero…es una antigüedad, jovencito! No está…
Plop. Tin, tin, rin, tin, rintin. La mujer se calló abruptamente cuando una bolsa de galeones se desparramó sobre el mostrador, y las monedas rodaron sobre él. Se giró y retiró del escaparate la snitch y la puso en manos del joven lobo. Con ojos estremecidos, Harry leyó la inscripción de la cajita de cristal en que estaba encerrada la snitch dorada:
"Donada por Minerva McGonagall. Snitch atrapada por Harry Potter en su 1º partido de quidittch"
Harry retornó a la calle, sin que los demás cuestionaran su entrada en la antigua tienda, y se reunió de nuevo con ellos, continuando con la pequeña excursión en familia, hasta que se hizo hora de regresar a Inferno Castle. Dedicaron un tiempo a cenar en familia, un comedor tan solo para ellos cinco, intercambiando palabras amables, mientras los adultos contemplaban a su hijo y a su compañero. Esa noche ya no había luna llena y Harry estaba libre, totalmente libre, para Draco.
Cuando estuvieron por fin a solas, de regreso a sus habitaciones, pero dando un rodeo, un paseo por los jardines, Harry, Harry Malfoy-Potter se sacó del bolsillo la caja con la vieja snitch y la entregó a Draco murmurando, mientras acariciaba su cabello de platino, ambo sentados en un banco de un cenador de los jardines:
-Los libros dicen que fue un partido memorable Draco…aunque yo no lo recuerdo.
El vampiro le besó suavemente los labios, ante el tono de pesar de su compañero y este susurró apesadumbrado:
-No recuerdo nada de eso, Draco…a veces…siento como si ya hubiese estado en algún sitio…y cuando nos conocimos…me pareció que ya te conocía de antes, Draco…pero yo no soy él, no tengo sus recuerdos….soy una persona diferente, distinta…pero te amo con todo mi corazón, con toda mi alma Dragón.
El moreno le miró expectante, aun inseguro pese a todo lo que había pasado ya entre ellos, sus verdes ojos alzándose a los grises de Draco. Este le atrajo contra su pecho y le acarició, haciéndole suspirar de placer, simplemente acariciando su largo cabello negro y el muchacho se relajó entre sus brazos. Alzándole la barbilla para poder mirarle, el vampiro susurro, los ojos chispeantes:
-Harry…no estoy enamorado de tus recuerdos, sino de tu alma, de tí. Y eres prácticamente el mismo muchacho valiente, ardiente y tímido a la vez, impetuoso, gentil, cariñoso y protector que se hizo dueño y señor de mi corazón hace tanto tiempo.
Los ojos verdes se iluminaron, llenos de ilusión y esperanza, de renovada seguridad y viendo su reacción, Draco susurró malicioso:
-Y respecto al físico…creo que tienes claro que no tengo problema alguno con eso, Harry.
El moreno se ruborizó, y Draco dejó el viejo trofeo en el banco, para abrazarle más cómodamente, deslizando sus manos por el cabello ondulado. Con voz cada vez mas llena de pasión, el joven vampiro susurró:
-Yo tampoco soy exactamente el mismo, Harry. Antes era humano, ahora soy vampiro, y 232 años son muchos años. He tenido amantes, no lo niego, incluso algunas mujeres. El mundo ha cambiado bajo mis pies, Harry, pero no mi amor por ti.
Draco recogió la Snitch y abrazó aun más fuerte a Harry, apareciéndolos a ambos en su dormitorio. Dejando al moreno en el diván, el rubio entró en su vestidor, retornando con un estuche delgado y alargado, que dejo suavemente entre las manos del moreno, sentándose a su lado, sonriendo suavemente y viendo la ligera expresión de confusión del moreno.
-Vamos Cachorro, es para ti!
Harry abrió cuidadosamente el estuche, con dedos temblorosos y vio sobre el rojo terciopelo que forraba el interior de la caja…una varita. Los ojos verdes del moreno se dilataron de sorpresa e incredulidad, y Draco susurró con dulzura:
-Es tu antigua varita, Harry.
El moreno la cogió con reverencia, casi incredulidad, apenas sujetándola entre sus dedos. La varita resplandeció, y la magia fluyo a su alrededor, creando una brisa y un chorro de chispas doradas fluyendo de su punta. Sonriente, radiante, con los ojos luminosos, Harry miró a Draco, notando correr la magia entre él y la varita. El rubio susurró:
-Ella también ha estado aguardándote, Harry, esperando, como yo.
Los jóvenes se miraron a los ojos y Harry vio el profundo amor en los de Draco, plata derretida. El vampiro le besó con dulzura y comenzó a desabrocharle la ropa lentamente, deslizando la varita de entre sus dedos para dejarla a un lado, mientras los ojos verdes se inflamaban de pasión. El moreno entreabrió los labios, y se los lamió brevemente, malicioso y tímido a la vez, tentando al vampiro que atrapó sus labios en los suyos, besándole con nueva fiereza. Se trasladaron entre gemidos, besos y caricias, deshaciéndose de la ropa a trompicones, dejando un reguero de botones a su paso, hacia la cama; donde continuaron con sus arrumacos y caricias, amándose hasta el amanecer, cuando el agotamiento les rindió, enredados entre las sábanas.
