Bien, un trocito más. Algunos tienen dudas sobre si los otros personajes también son reencarnaciones de sus amigos. Pues sí, todos los personajes cuyo nombre es casi el mismo son reencarnaciones de si mismos, como Harry.

EL ORGULLO DE UN MALFOY, EL ORGULLO DE DRACO.

Cuando Harry se calmó un poco y las lágrimas dejaron de nublar su visión, el vampiro le abrazó fuertemente, y un torrente de palabras atropelladas brotó de sus labios, mientras hundía la cara en su hombro. Sus sentimientos y emociones, su profundo desagrado al hacer aquello, todo eso quedó patente para Draco, por si sus memorias no hubiesen bastado. El vampiro siguió acariciándole suavemente, dándole tiempo, todo le tiempo necesario, hasta que Harry guardó silencio, expectante, aguadando la sentencia de Draco.

-Harry, escúchame, por favor…

Le hizo alzar los ojos hacia él y le apartó el pelo con mimo de la cara. Cuando tuvo su total atención, habló con claridad, muy seriamente, con voz calmada y suave, los ojos chispeantes:

-Harry…estoy muy orgulloso de ti, Cachorro.

El joven lobo se quedó boquiabierto y agitó la cabeza, confuso, aturdido. El orgullo llenó la voz y los ojos de Draco cuando añadió:

-Te has defendido a ti mismo, pese al collar, y has doblegado nada menos que a Sirius, estando su compañero presente y sobre aviso.

Harry susurró apenas audiblemente, los ojos aun incrédulos:

-Pero…fue un truco bajo…no una pelea limpia…

Draco rió cantarinamente, sus ojos iluminándose. Sus manos acariciaron el negro cabello una vez más y murmuró con vehemencia:

-No Harry. Si estuvieses en peligro realmente, y escúchame con atención, por favor, yo haría cualquier cosa, cualquiera, con tal de salvarte. No importa cuán duro o desagradable fuese, aunque me pidiesen la vida, la daría por ti, sin dudarlo.

Harry tembló y se estremeció ante sus palabras y el vampiro sonrió, acariciándole, devorándole con los ojos.

-Pero eso no va a suceder jamás, verdad? Así que me alegra saber que puedes defenderte a ti mismo. Y si estas en peligro, quiero saber que tu también harás lo mismo, luchar, con todo lo que tengas. ¿Lo harás, Harry? ¿Protegerte y mantenerte a salvo, por mí? Eso es lo realmente importante, recuérdalo siempre, Cachorro.

El vampiro le besó y con timidez, el moreno respondió a beso, dejándose llevar después de tantas emociones. Saltándose su rutina habitual, Draco no le llevó al baño para despojarle de olores ofensivos, sino que le depositó sobre su lecho tal como estaba, sudoroso y con el olor de otros en su piel. El vampiro desgarró metódica y lentamente sus ropas, rozando apenas con las garras a su amante, que temblaba bajo el, contemplándole con ojos dilatados. Cuando el último jirón de ropa desapareció, el vampiro olfateó intensamente, mordisqueando y lamiendo el cuerpo de su amante en el proceso.

Con un suspiro y una sonrisa llena de colmillos aguzados, las alas de Draco se desplegaron lentamente, extendiéndose hasta alcanzar su máxima envergadura. Después, muy lentamente, se curvaron y rozaron la piel de Harry, mientras el vampiro rodaba suavemente sobre la cama, invirtiendo sus posiciones, encerrándoles a ambos en la blancura de sus plumas, que se plegaron detrás de la espalda de Harry. El joven mestizo aspiró el aroma de su amante, mucho más intenso ahora que sus alas cargadas de feromonas estaban liberadas. Sintió el placer correr por sus venas, arrollándole, y al mismo tiempo, liberándole. Nunca era consciente de usar su propia atracción con le vampiro, pero deseo intensamente volver loco a Draco, hacerle perder el control, y algo dentro de él explotó.

El vampiro le miró con ojos repentinamente rojos, la sed sumándose al deseo, y se arqueó contra él, jadeante. Una de las manos de Harry se deslizó entre ellos, y el vampiro le mordió la otra muñeca, ansioso y desesperado. El hechizo limpiador y lubricante le sorprendió, pero el vampiro de cabello platino abrió los muslos sin recelos, mirando a los profundos ojos verdes, salpicados de oro. El joven moreno se reacomodó, y deslizó los dedos entre los glúteos del vampiro, arrancándole un gemido de placer. Cuando los dedos se adentraron levemente en su cuerpo, el vampiro gimió suavemente, exhalando el aire entre los dientes:

-Oh dioses! Hace tanto tiempo…

Arqueándose de nuevo ante las caricias, añadió jadeante y retorciéndose de placer contra la mano del moreno:

-No creí que volvería a sentir esto otra vez…

Cuando Harry añadió otro dedo, llevado más por el instinto que por el conocimiento, Draco aulló y gruñó, apretando las alas contra el cuerpo ardiente sobre el suyo, la respiración cada vez más entrecortada e irregular.

-Nadie había vuelto a tocarme así…nadie Harry…nunca…

El vampiro gimió ahogadamente un poco más, mientras el moreno acariciaba sus muslos y testículos, ahora englobando en su boca su virilidad a punto de estallar. Su voz apenas fue un susurro entrecortado:

-Lo prometo, amor mío…esta vez no te negaré esto, lo prometo…

Gritó, sordamente, enarcándose y temblando, cuando los suaves dedos rozaron su próstata, forzando su orgasmo en apenas un par de movimientos mas. Se corrió violentamente en su boca, sollozando casi, aferrándose a las sábanas, desgarrando la seda entre sus dedos. Cuando la última gota y el último espasmo cesaron, Harry trepó sobre su exhausto cuerpo, abrazándole y tumbándose sobre él, rozando su cuerpo con su palpitante erección. Draco le acogió entre sus brazos, acomodando sus alas, y buscó con delicadeza su cuello, mordiéndole con suavidad, demasiado agotado momentáneamente para poder proporcionarle placer de otra manera. Bajo el influjo del vampiro, Harry gimió y se agitó sobre él, apretando sus caderas contra las del rubio, gruñendo sordamente su goce, ahogando sus gritos de placer y éxtasis en la piel de alabastro de Draco.

Cuando ambos recobraron la respiración y yacían confortablemente acurrucados el uno en el otro, con Harry reposando la cabeza sobre el pecho del vampiro; las piernas enredadas, pegajosos pero saciados, acariciándose suavemente el uno al otro, Draco le hizo alzar la mirada, buscando sus ojos. El vampiro le beso con ternura, una y otra vez, y Harry devolvió los pequeños besos, sonriente y feliz. Enredando los dedos en le negro cabello, Draco murmuró emocionado:

-Cuando era humano…fui egoísta Harry…te amaba, pero…

Los ojos de plata se llenaron de lágrimas y el vampiro susurró ahogadamente, parpadeando para deshacerse ellas:

-No fui capaz de darte todo lo que me pedias; me negué, te hice esperar, llevado por mi estupidez, era demasiado orgulloso…lo reconozco. Y después…después fue demasiado tarde.

El rubio debió la mirada, acongojado y avergonzado. Harry dejó que sus dedos juguetearan con sus clavículas, trazándolas, mientras sus ojos seguían mirando hacia Draco, deslizando la mano hacia la marca de su pecho, recorriéndola una y otra vez, hasta que Draco alzó los ojos de nuevo, reconectando sus miradas. El vampiro vio el amor, la entrega y la dulzura que llenaba aquellas esmeraldas doradas, los sentimientos que siempre había amado en Harry y susurró con un hilo de voz, con cierto remordimiento en la voz:

-Fui cobarde Harry, y estaba…asustado…y avergonzado, Harry. Me educaron para ser…agresivo y dominante…y cuando entraste en mi vida, no supe o no quise ser de otra manera…

El moreno le acarició y sujetó su rostro, elegante y hermosos, contorsionado por el dolor y el remordimiento entre sus manos, susurrando tras acallarle con un leve beso:

-Sshh…sshh…no importa, eso ya no importa…Estamos aquí, ahora…y volvemos a empezar, mi Dragón. Eso es todo lo que importa, Draco, el presente…y el futuro. Deja de mirar atrás y de lamentar unos errores pasados, que nos han conducido hasta aquí, porque yo no cambiara nada, Draco. Nada.

Intercambiaron una mirada llena de emociones y el vampiro se inclinó a darle un nuevo beso, mordiendo suavemente sus labios jugosos y plenos, arrancándole un nuevo gemido y susurró vehementemente, mientras comenzaba a devorarle a besos cada vez más intensos y osados.

-He cambiado, lo prometo, Cachorro.

Y le volteó sobre las revueltas sabanas, arrancándole un gemido de sorpresa.