HARRY SE HACE MAYOR
Una cosa inquietaba al joven licántropo mestizo y tras vacilar varias veces, acabó confiando sus temores a Lupín. Había observado que ninguno de los hombres lobo del castillo, salvo una muchacha, tímida, dulce y callada que nunca corría con la manada, tenía por pareja a un vampiro.
De hecho, todos los licántropos que tenían por parejas las habían encontrado en humanos, hombres o mujeres, aunque aun había algunos que estaban libres. Es decir, tenían amantes, permanentes u ocasionales, pero no habían encontrado a su verdadera pareja de elección. O habían sido refutados. Los hombres lobo eran muy afortunados si encontraban a su verdadera pareja, y aun así, en muchos casos, eran rechazados a causa de su condición.
Los vampiros bebían sangre de ellos con cierta asiduidad, nunca o casi nunca directamente, ya que su sangre era recogida periódicamente por Molly, y almacenada, manteniendo en el despacho medico una provisión disponible. En caso de heridas, agotamiento la sangre de otra criatura mágica era la mejor posible, y también se usaba para sustituir a la de la verdadera pareja del vampiro, en caso estrictamente necesario.
Lupín le explicó que usualmente la pareja vampiro-licantropo era muy difícil, ya que ambas criaturas tienden a ser muy dominantes. Y que en los raros casos en que ocurre, aunque es costumbre entre los vampiros hacer todo lo contrario, el licántropo no es transformado, aunque dicho cambio es posible, el proceso es gradual y bastante más lento que con un humano. Peo la mayoría de los licántropos encuentran que la necesidad de beber sangre les resulta más violenta y difícil de sobrellevar que la propia agresividad de la licantropía. En los escasos casos conocidos de cambio, ambos aspectos coexisten en una única persona, la sed de sangre y la violencia del lobo, aunque este deja de estar sujeto al influjo del luna, suficientemente enfadado o sediento, se transformaría en un lobo furioso, casi incontrolable.
Harry entendió que era poco probable que Draco le transformara por completo, pero que desde el momento en que ambos habían intercambiado sangre, su proceso de envejecimiento había cambiado para siempre, ligado al del rubio vampiro. Vivirían juntos, envejecerían a la manera de los vampiros – manteniéndose en la plenitud de su físico, con tan solo algunas canas y arrugas en torno a los ojos como signo del paso del tiempo - y morirían juntos cuando llegase su hora. Ninguno de los dos sobreviviría al otro más que por unos pocos días.
Sus encuentros y caricias se habían vuelto más amplios, incluyendo juegos preparatorios para ambos, especialmente lentos y suaves para Harry, aun algo asustado por la mala experiencia sufrida. Pero la calidez y la paciencia de Draco pronto le hicieron relajarse cada vez mas entre sus brazos, perdiendo las pocas reservas que tenia, aprendiendo finalmente que no debía esperar más que placer de las manos del joven vampiro.
Pese a todo, Harry comenzó a sentirse nervioso, y por primera vez en mucho tiempo, se tensó ante las caricias del rubio vampiro. Draco se sorprendió, pero no dijo nada, y simplemente se detuvo, mirándole intensamente en busca de la causa de su incomodidad. Sonrojado y azorado, el moreno se escurrió con una excusa murmurada hacia su abandonado dormitorio, cerrando el pestillo del baño detrás de sí, totalmente desazonado. Draco, sentado en la cama, perplejo, escucho el leve chasquido del cerrojo como si fuese un cañonazo, y frunció el ceño. ¿Qué había hecho para provocar semejante reacción de miedo? Repasó cada gesto y caricia, sin ver nada fuera de lo ordinario, su excitación olvidada y convertida en autentica preocupación por su joven lobezno; hasta que finalmente, cansado, se dejo caer sobre la solitaria cama, sabiendo que le iba a ser muy difícil dormir sin su Harry con él.
Al otro lado, Harry se refugió ansioso y casi jadeante en el vestidor, y pasó largo rato hablando con sus padres, que muy preocupados, le informaron de que podía estar manifestado los primeros signos de estar en estro, de su plena madurez. El primer período fértil, quizás el único de su vida si dominaba en él el lado veela en esa parte de su biología. Charles le recomendó encarecidamente que hablara con la doctora Molly, y sobre todo, que le dijera a Draco lo que le pasaba.
Sin embargo, Harry se encerró en su cuarto, y al día siguiente no acudió a ninguna de sus actividades programadas, clases o comidas. Cuando Draco tocó en su puerta, justo tras la cena, el moreno tuvo un ataque de pánico, y transformándose en lobo, se escabullo bajo la cama. El joven vampiro entró, alarmado ante su falta de respuesta y su ausencia imprevista de las clases, abriendo vacilante la puerta, llamándole una vez más. Los ojos de mercurio vieron el lecho revuelto, pero no al joven objeto de sus desvelos, y olfateo suavemente, avanzando. Su pareja estaba allí, pero…¿Dónde? Al avanzar un suave gruñido broto de debajo de la cama y el vampiro se arrodilló junto a ella inmediatamente. La familiar forma del lobo azabache estaba oculta bajo la cama, agazapada en pose defensiva, y su olor a adrenalina le dijo que estaba asustado, por si su gesto, descubriendo los colmillos en mudo advertencia al verle, no fuese suficiente.
-¿Harry?
El lobo gruño una vez más y retrocedió cauteloso, hasta tocar la pared con la grupa. Draco olfateo de nuevo, muy preocupado, y analizó cuidadosamente su esencia. Había algo... ligeramente distinto en ella, aunque el vampiro no podía decir que era. Ni tampoco podía entender la causa del repentino miedo del joven, así que optó por dejarle tranquilo.
-Lo siento, Harry…estaba preocupado. Solo quería saber que estabas bien. Si necesitas algo, lo que sea, ya sabes que puedes pedir lo que quieras…
Tras un nuevo gruñido del lobo, el vampiro se marchó descorazonado, culpándose de haber asustado nuevamente a su pareja, removiéndose inquieto en la cama, hasta poder conciliar un sueño agitado y lleno de pesadillas. Al día siguiente, desde el baño, le escucho moverse por su cuarto en un par de ocasiones, pero Harry tampoco acudió a sus clases. A mediodía, el joven vampiro acudió a buscarle y tocó a su puerta. Esta vez, el moreno se dominó, aunque estaba inusualmente inquieto, y acudió a abrir la puerta, tenso como una cuerda de violín.
Atisbando con aire preocupado por la escasa rendija de apenas un palmo que Harry había abierto el vampiro preguntó ansioso:
-¿Harry?¿Te encuentras bien?. Los elfos me han dicho que no tienes apetito Cachorro, y estoy preocupado por ti.
El rubio decidió ignorar a propósito que su joven lobo se había saltado las clases. Lo mas importante era que su ojiverde volviera a sentirse animado, las clases eran algo por completo secundario. El moreno retrocedió nervioso, separándose de la puerta como un animal acorralado, pero cuando hubo puso cierta distancia que le pareció segura entre él y Draco, meneó lentamente la cabeza, con mucha suavidad. No deseaba enojar al vampiro, pero en esos momentos, alejarse de él era lo más importante.
-Solo estoy…cansado Draco, solo eso, muy cansado.
El vampiro olfateó delicadamente, sin llegar a determinar la causa de la desazón del muchacho, pero percibiendo aun el leve cambio en su esencia, tan sutil, que probablemente nadie sino el lo habría notado. Tal vez era su imaginación, pero su compañero estaba emanando un olor aun más atractivo que nunca.
-Acompáñame a almorzar –Harry se estremeció visiblemente y Draco añadió en tono casi inaudible- en el comedor si lo prefieres, por favor…hazlo por mí…
Su tono era suplicante, dulce y cariñoso, y el moreno aceptó en silencio, tras un leve suspiro. Le acompañó, nervioso y agitado, esquivo a su más leve contacto, y apenas probó bocado, obligándose a tragar un bocado ante la mirada ansiosa del vampiro. Con los ojos bajos y sin entablar conversación, respondiendo apenas con monosílabos o gestos, Harry parecía la viva estampa de la miseria y resignándose, Draco se levantó, dando por finalizada la comida, ante las miradas cruzadas de preocupación de sus padres y su Sire.
Aunque permitió que Draco le acompañara en su rápido regreso a sus habitaciones, Harry se encerró de nuevo a solas y se tumbó, molesto e incomodo sobre la cama, sintiéndose totalmente desdichado. Entrando y saliendo de un sueño intranquilo, Harry pasó el resto de la tarde sumido en sus pensamientos, cada vez mas deprimido. Antes de la hora de la cena, su malestar era tan grande, que comenzó a vomitar la escasa comida que había ingerido. A eso se le sumó una severa descomposición de estomagó y Harry se retorció, agarrándose las tripas, sentado en la porcelana higiénica, maldiciendo su suerte. Era una de las raras afecciones que podían atacarle, sin duda había comido algo que su estómago no aceptaba y su organismo se purgaba del toxico, deshaciéndose de él por la vía más rápida posible. Cuando los cólicos y las nauseas cesaron, dejándole tan solo horribles calambres, estaba agotado. Tenía mucha sed, y les pidió a los elfos una limonada bien fría y casi sin azúcar. Los primeros sorbos le supieron a gloria y cuando estuvo seguro de que su estomago no iba a rebelarse de nuevo, acabó bebiéndoselo todo. Sentía necesidad de más líquido y pidió más, rápidamente servido por los solícitos elfos, y agotó una jarra hasta sentirse saciado. Cansado y aturdido, se durmió hecho un ovillo sobre la cama.
El joven mestizo paso durmiendo o adormilado la mayor parte de tarde y gran parte de la noche, y era ya pasada la media noche cuando unos golpes ansiosos en la puerta del baño le alarmaron, sacándole de su estupor. Somnoliento, cansado, el moreno se levantó vacilante y abrió, casi sin fuerzas, tan solo deseando que le dejaran volver a dormir. Draco, muy pálido y con ojos desorbitados, estaba aporreando la frágil puerta mientras le llamaba, y apenas abrió, exclamó alarmado, tomándole de los hombros:
-¡Estas herido cachorro! ¿Qué ha ocurrido?
El moreno frunció el ceño, y murmuró desconcertado, deseando que el joven vampiro se alejase de él y dejase de interrumpir su sueño:
-No, no es cierto… no me pasa nada…
El vampiro, con ojos dilatados y ribeteados de rojo, gruñó ansioso olfateando cada vez más cerca de él:
-Puedo oler tu sangre Harry; estas sangrando, lo sé…
El moreno denegó una vez más, pero comenzó a encontrarse mal de nuevo, y dilatando los ojos cuando su propio sentido del tacto y del olfato le dijo que su cuerpo estaba húmedo y que realmente olía a sangre, a su sangre… y se desvaneció entre los brazos de Draco, que horrorizado, descubrió la sangre manchando sus ropas. Cuidadosamente, el vampiro le depositó en la cama, mientras enviaba a su patronus a buscar a la doctora y a sus padres. Los tres vampiros apenas habían entrado a las habitaciones, cuando Molly, vestida en una bata y zapatillas, con el pelo despeinado recogido en un apresurado moño, les echó a todos de la habitación del moreno, levantando una barrera de privacidad en ella.
Aterrorizado, angustiado, el joven vampiro buscó con los ojos la seguridad que le inspiraba Hades, aferrándose a sus enseñanzas como un náufrago a un tablón entre las olas. Los ojos negros irradiaban calma, y tras un rato de incansable paseo a un lado y otro, Draco se aquietó un tanto, permitiendo que las palabras de aliento de su madre y el apretón de hombros de su padre le ayudaran a centrarse. Su compañero le necesitaba, no debía perder la calma; un vampiro primero piensa y después actúa, dejando que el miedo, el terror a perderle de nuevo, se asentase y se convirtiese en fuerza para actuar en vez de pánico. Sus padres estaban muy preocupados, pero disimulaban, y la cara de Hades era una máscara, tan solo rota por la fiereza de sus ojos negros.
AL cabo de un rato que pareció eterno a los vampiros, el rostro afable pero preocupado de Molly se asomó y llamó suavemente a Narcisa. Alzando una ceja con sorpresa, viendo palidecer de nuevo a su hijo, pero enviándole una leve sonrisa de tranquilidad, la vampiresa entró en el dormitorio, para desesperación de su hijo, que estaba deseando volver a tener a su Cachorro entre sus brazos. Tras una larga espera, casi un par de horas, Molly salió secándose las manos, con cara de circunstancias, pero no excesivamente preocupada, haciendo saltar al joven vampiro de su asiento, escapando de los brazos de su padre y su Sire.
-¿te encuentras bien Draconis?
El joven asintió nervioso, y la medimaga le hizo un rápido chequeó, un simple hechizo diagnostico. Sonrió y sacó de su bolsillo una familiar ampolla de color verdeazulado que tendió al joven y murmuró:
-Bébete esto por favor.
Draco retrocedió un paso con ojos espantados, mirando fijamente la puerta del dormitorio, y después, helado, buscó los ojos de su padre. Lucius aferraba con tal fuerza los reposabrazos de su sillón, que la madera tenia marcas con sus dedos en ella, astillada bajo la férrea presión. Hades había puesto sus manos en los hombros de Draco, sujetándole con firmeza, obligándole por la fuerza a sentarse de nuevo.
-Bebe Draconis.
Murmuró Hades, apretando su mano en el hombro del joven vampiro, su tono imperioso aunque suave. Draco tomó con manos temblorosas el calmante, el tranquilizante y relajante con que todo vampiro en algún momento u otro de su vida se familiarizaba. La poción era de las pocas que podía contener un ataque de Rabia Vampírica, y la más rápida y efectiva de todas ellas. Era una versión de la Droga de la Paz, especialmente formulada para los vampiros. Mirando de nuevo a los ojos de su padre, el joven tragó la poción con aire asustado. Los vampiros temían a la enfermedad de sus parejas más que a nada, ya que era algo terrible enfrentarse a la posibilidad de perder a sus compañeros, algo que usualmente acababa con su vida también. Cuando la poción hizo su efecto, en pocos minutos, relajando sus músculos y nervios, privándole de gran parte de su fuerza y haciéndole mucho más manejable, la medimaga tomo asiento frente a él, mientras los otros dos vampiros le flanqueaban, apretados uno a cada costado.
-¿Qué le ocurre Molly?
Susurró Lucius, viendo rodar las lágrimas silenciosamente por las mejillas de su hijo, su único hijo. La mujer cabeceó un poco y observó a Draco, en busca de signos de furia y asintió, viéndole temblar levemente.
-Bien, no estoy muy segura todavía, pero creo que…está ovulando, preparándose para concebir si quieres verlo así…aunque bastante espectacularmente, he de decir.
Los ojos grises de Draco se dilataron de sorpresa, pero recordó el intenso olor a sangre que le había despertado, la palidez del muchacho, su desvanecimiento…
-Pero…¿eso no debería ser algo mas…natural?
Su voz dejó traslucir sus temores, su angustia. Si algo le ocurría a Harry… bajó los ojos, cerrándolos y murmuró suplicante en voz baja y dolorida:
-¿No puedes…pararlo, quitarle los…-se atragantó visiblemente- lo que sea que está sangrando, o algo así, por favor?
Los ojos de plata, húmedos de lágrimas se alzaron hasta los de la medimaga y Draco suplicó:
-Haz lo que sea, no me importa, pero sálvalo, Molly.
Con una sonrisa y palmeando amistosamente su mano, la mujer añadió con suavidad:
-Eso no será necesario querido. De hecho, supongo que en unos días, una semana a lo sumo, estará bien de nuevo.
Una sonrisa de esperanza se abrió paso en el rostro maliciento de Draco y sus ojos vibraron un instante, aun bajo las lágrimas. "¡Se va a poner bien!" Ese era su único pensamiento, y lo demás no importaba.
-Sin embargo… está muy asustado, Draconis. Parece que su ciclo reproductor se asemeja sobre todo al de las veelas, por lo que sus posibilidades de ser mh…madre, o como quieras llamarle, dependen probablemente de un único periodo fértil. Es extremadamente raro que las veelas pasen por esto más de un par de veces a lo largo de toda su vida. Y eso solo si en su primer ciclo no quedan preñadas o por alguna causa, sufren un aborto con posterioridad…
Draco sintió una punzada de dolor atenazarle las entrañas. Él no podía ofrecerle a Harry lo que su cuerpo necesitaba. Él no podía darle hijos… y bajó la cabeza con dolor. Supuso pues, que una sirena aparecería a reclamar al joven. Ya lo habían hablado. Él no se interpondría, aunque le doliese profundamente, Harry se merecía la oportunidad de tener hijos propios y él, los aceptaría sin dudarlo. Supuso que su joven lobezno estaría confuso y asustado, aunque ya habían hablado de esta posibilidad. Molly continuo hablando, su voz apenas un murmullo en las consciencia del vampiro, agitando su varita en varios hechizos de reconocimiento, que centellearon suavemente sobre el acongojado y rubio vampiro, que tan solo retomó el hilo de sus palabras cuando volvió a mencionar el nombre de su adorado ojiverde:
-Harry está aterrado, porque ahora mismo, es muy…vulnerable, si algún varón…bueno…las posibilidades de que sus futuros hijos no sean tuyos le aterran, Draconis, pero al mismo tiempo, no está listo todavía para ti.
Draco frunció el ceño, confuso y alzó la cara, realmente perdido. " ¿De qué demonios estaba hablando Molly?"
-No hasta el final de esta 1ª fase. Necesita sentirte cerca, pero no quiere que le veas. Ha pedido ropa tuya, para poder olerte, deberías darme algo luego. Su cuerpo está cambiando, Draconis, y solo tolera la presencia de alguien no sexualmente peligroso para él, en este caso, tu madre y yo misma.
Draco asintió. Él podía esperar, cuanto fuese necesario, sabiendo que Harry estaba bien, y que le necesitaba, todo podía esperar. Molly suspiró y le miró a los ojos.
-Tu papel, Draconis, si fueses un veela, sería mantener alejado de tu compañero a cualquier posible amenaza, hasta que estuviera listo. Por lo que te recomiendo que no dejes estas habitaciones hasta que se encuentre bien.
Draco asintió con firmeza, por supuesto y pensó:. "¿A dónde iba a ir estando su pareja enferma, sufriendo en el lecho contiguo?" Era una recomendación totalmente innecesaria, pero el joven agradeció la puntualización de todas formas.
-Es muy importante que note tu presencia, diría que incluso tu… agresividad al defenderle. Las veelas parecen reaccionar muy favorablemente a este tipo de demostraciones de sus parejas, haciendo de todo el proceso algo más suave y rápido para ellas. A su vez, el estado de la veela hembra induce un cambio hormonal en su pareja aumentando su fertilidad, dramáticamente baja en otros momentos de su vida.
Draco alzó las cejas atónito. Estaba recibiendo un curso acelerado de biología reproductiva veela, y no veía el motivo para ello, realmente. Su boca se entreabrió con sorpresa y leve curiosidad, olfateando el aire. Molly se guardaba algo, pero fuese lo que fuese…era ¿bueno?
-Y por lo que veo…Harry está teniendo ese influjo sobre ti, Draconis. Tu esperma…muestra signos de haber recobrado un cierto nivel de fertilidad, bajo por ahora, pero supongo que al final de su ciclo, esos niveles habrán aumentado muy significativamente, hasta una tasa al menos próxima a lo normal.
Los tres vampiros se contemplaron atónitos unos a otros, con ojos asombrados. Tanto varones como hembras, los vampiros eran prácticamente estériles. Las mujeres no ovulaban nunca, y los varones no producían espermatozoides en su semen, al menos no después de uno, a lo sumo dos años de su transformación, cuando el cuerpo finalizaba los cambios y el ajuste a su nueva condición. Los escasísimos casos de vampiros nacidos, se producían cuando se daba una fecundación en ese breve periodo de transición, cuando el cuerpo aun no ha terminado su cambio, la transformación de su metabolismo humano a vampírico. Draco había aceptado mucho tiempo atrás que nunca tendría hijos biológicos, no en el sentido humano de la palabra al menos, y ver de nuevo abierta la posibilidad, le golpeó como un mazo. Abrió aun más los ojos, y su boca se desencajó, mientras su padre y Hades le contemplaban estupefactos, y Molly sonreía suavemente.
De repente, Draco exhaló un rugido de júbilo, un vibrante sonido que hizo reverberar los oídos de todos. Saltó de su silla, incontenible, pese a los efectos debilitantes de la poción, la sangre repentinamente llena de adrenalina y endorfinas. Comenzó a abrazar a su padre, riendo y llorando a la vez, y brincando como un loco se lanzó al pecho de Hades, que le palmeó boquiabierto aun la espalda. El joven le arrastró a una loca danza, junto con su padre, rodeando a Molly en un corro de hiper-excitado compañero vampírico, orgulloso y feliz futuro abuelo , y a un asombradísimo pura sangre vampiro, uno de los pocos nacidos como tal, asimilando lentamente que su Childe, iba a darle inesperadamente a su Sire un descendiente purasangre.
-¡Puedo ser padre! ¡Hades! ¿Lo has oído? ¡Puedo tener un hijo con Harry!
El joven rio una vez más a carcajadas, arrastrando a los otros con él, hasta que perdió el aliento, y se dejó car de nuevo en el sofá, sonrojado y vibrante de emoción, la poción calmante contrarrestada en parte por la intensidad desmesurada de sus emociones. Cuando Draco se calmó un tanto, y estuvo de nuevo en condiciones de escuchar y retener información, Molly añadió una última recomendación, cancelando la barrera que evitaba que los sonidos y olores se propagaran entre las dos habitaciones. :
-Draconis, en este estado Harry no puede comer nada sólido. Su Intestino grueso esta temporalmente bloqueado para mmh…otros usos. Pero necesita muchos líquidos, agua sopa, infusiones, limonada…cualquier cosa que le apetezca que no contenga leche o fibras. Supongo que aceptará mejor las cosas si te encargas de llevárselas personalmente, es algo que haría un varón veela por su pareja en este estado. Pero nada de contacto, de ninguna clase, y no le incomodes bajo ningún concepto. Tiene los nervios a flor de piel y necesita tranquilidad, está muy susceptible, entendido?
El rubio asintió y aguzó el oído. Un suave quejido procedente del dormitorio le hizo aproximarse a la puerta, con cautela y olfatear de nuevo, chequeando la información de su aroma. Harry se quejaba, estaba sufriendo de dolor, y Draco se pegó literalmente a la robusta puerta. Era algo absurdo, pero sentía la necesidad urgente de hacer algo, y gruño suavemente, un gruñido grave y ronco, apenas una vibración en el fondo de su garganta, reverberando en su pecho, una suave llamada para su joven lobo, plenamente inconsciente. La respuesta de Harry fue inmediata, y le tradujo su malestar, su incomodidad. Gruñendo sordamente, espoleado por la viva aunque callada queja de Harry, resonando en sus oídos, el rubio vampiro se giró hacia el resto de la habitación y sus colmillos se alargaron espectacularmente rápido. Sus garras surgieron en sus manos y desgarrando sus ropas, sus alas emergieron a su espalda, cerniéndose en una pose amenazadora sobre él. Mirando a su padre y a Hades con gesto duro y gruñó entre dientes amenazadoramente, casi escupiendo las palabras desde detrás de sus dientes:
-¡Fuera de aquí!
Sin una palabra, los dos varones asintieron y abandonaron calladamente la estancia, mientras Molly anunciaba en tono clamado ante el totalmente transformado vampiro, sus ojos perdida toda humanidad, siguiendo cada movimiento, atento a la más mínima provocación:
-Volveré luego a ver como sigue Harry, Draconis…
El vampiro olfateó y asintió secamente, plegando sus alas, montando guardia frente a la puerta, el oído y el olfato atentos a los suaves sonidos que le llegaban desde el interior. Cuando su madre salió al cabo de un rato, anunciando que el joven por fin se había dormido, osó asomarse a la puerta un instante. En la penumbra, solo vislumbró su silueta bajo las sábanas, y escuchó su respiración, ahora calmada y regular de nuevo. Aun olía a sangre, y arrugó la nariz, aspirando. El aroma era tan dulce y tentador como siempre, el aroma único de Harry; pero no le provocó deseo ni sed sorprendentemente, tan solo le exaltó y le hizo sentirse violentamente protector y preocupado. Incapaz de contenerse, ronroneó suavemente, un sonido fuera del alcance de los oídos humanos, y Harry se agitó en sueños, cambiando de postura y suspirando suavemente.
Draco se atrincheró en la antesala con su madre, y le hizo compañía mientas esta comía algo, mordisqueando desganado un sándwich para acallar sus protestas, aunque sí dio cuenta del jugo de calabaza y naranja. Su madre se refrescó en su baño, y se cambió de ropa, y aprovechó para llevarle al moreno la túnica desgarrada que vestía Draco hasta ese momento. Durante varios días, Draco montó guardia incansablemente, y permanecía a los pies de la cama, acompañando a su madre a llevar las bandejas con zumo, sopa o té para Harry, cuidándose de tocar todos los objetos, para dejar su olor impregnado en ellos. Y su joven compañero se escondía bajo las sábanas apenas se abría la puerta.
Cuando alguien acudía a interesarse por Harry y llamaba a la puerta que daba al corredor, la entrada a sus habitaciones, Draco rugía furioso, incitado por los gemidos de miedo y angustia que emanaban del moreno. Comenzó a gruñir apenas alguien pisaba el corredor, e incluso en una ocasión, atacó a Lupín, que se había acercado simplemente a preguntar por el cachorro. Los rugidos del vampiro y los furiosos aullidos de indagación del lobo conmocionaron el castillo, pero fueron como un bálsamo, como una canción de cuna para Harry. Sonriendo, el muchacho se giró en la cama, bostezando y haciéndose un ovillo, claramente relajado, ante la mirada atónita de Narcisa, y se quedó dormido con una sonrisa en los labios, gruñendo suavemente su complacencia.
El despliegue de llamadas y gruñidos entre ambos compañeros parecía inagotable, y era claro, que ambos se entendían a un cierto nivel, tal vez no el mismo que cuando ambos adoptaban su forma canina, pero ciertamente bastante preciso. Draco era capaz, sin dudarlo, de interpretar sin mucho error lo que quiera que el joven deseaba en cada momento. Si Draco se asomaba a la puerta, y Harry emitía un ronroneo grave, era que le permitía quedarse, si gruñía ligeramente, deseaba que dejara la habitación, según su estado de ánimo. Así pasaron los días, y Molly les aseguró a Hades, Lucius y Narcisa, ya que Draco parecía estar demasiado perdido en sus instintos como para oírla, que Harry estaba bien. Tanto que Narcisa dejó de pasar todo su tiempo con el joven, tan solo acudiendo a visitarle para llevarle sus bandejas usuales.
Draco vivía en una nube, extrañamente desligado de todo y todos, ajeno a cualquier cosa que no fuese Harry, pero era feliz, extramente feliz.
