No puedo evitarlo…me encantan los problemas, así que tenía que introducir una disrupción en este perfecto idilio bucólico… Entra en juego una tercera fuerza….

BAILE DE HALLOWEEN

Los jóvenes amantes retornaron a su rutina, y las noticias de su estado quedaron estrictamente en familia, incluidos Sirius y Lupín. Para todos los demás, Harry había estado simplemente enfermo. El reencuentro con la manada fue tenso. Todos podían ver y percibir el cambio en el joven mestizo, y esperaban la reacción de ambos. Sin embargo, Harry reforzó su postura sumisa ante Lupín, bajando los ojos e inclinando levemente la cabeza con respeto, para sorpresa de todos, incluido el propio Lupín.

Los duros ojos azul cobalto de Sirius Noir le evaluaron férreamente desde el primer paso en público, desde su primera clase. Doblegándose aparentemente en cierto modo finalmente ante el otro mago, encerrando su temperamento y poniendo su foco en sus clases, Harry trabajó con ahínco, esforzándose realmente en aprender todo lo que le enseñaban, comprendiendo que detrás de la rudeza aparente del hombre se ocultaba su deseo de hacerle más fuerte, más rápido y ágil, mejor lobo y aun mejor mago. Y la sonrisa atemorizante de Sirius flotó por su cara morena, con un leve gesto de asentimiento, el mudo y breve elogio ante el esfuerzo, el premio por un trabajo bien hecho.

Sentir que en su interior se alijaban dos nuevas vidas había sido terrorífico y maravilloso al mismo tiempo. El conocimiento había dado al joven una seguridad y una confianza que rebosaba por todos sus poros, trasluciendo en su actitud. Al principio había estado aterrado, temiendo que cualquier cosa podría dañas las frágiles vidas en su interior, pero Molly disipo sus dudas y las de Draco. La medimaga le había explicado que muy pocas cosas podían dañar a sus hijos en ese estado, ciertos venenos y algunas raras pociones, las cuales fueron muy claramente listadas para evitar su uso o elaboración por el joven. Lesiones muy graves, casi mortales habrían de serle infligidas para que llegasen a dañar a los pequeños. Literalmente, Molly le dijo que salvo que le matasen, no debía preocuparse. Ni por la magia. Su cuerpo naturalmente defendería lo que consideraba más débil y vital para él, mas tenazmente ahora que nunca.

Con la confianza de que sus hijos estaban seguros en su cuerpo, Harry brillaba. No es que de repente fuse aun más hermoso, más aun de lo que ya era…es que se sentía hermoso, por primera vez en su vida. Comenzó a prestar atención a su ropa y a su peinado. Su cabello creció amoldándose a sus deseos, hasta cubrir la mitad de su espalda, dándole un aire levemente femenino, pese a su evidente masculinidad. Desterró finalmente las viejas ropas de sus padres, rescatadas de entre las ruinas, doblándolas y guardándolas concienzudamente como lo que eran, recuerdos de su vida pasada; a favor de las nuevas que Narcisa le regalara y hasta el último habitante del castillo admiró su gallardía y apostura en sus nuevas túnicas.

Faltaban pocos días para la fiesta de Halowenn, y la actividad en Inferno Castle era frenética. Los recién llegados estaban bien integrados en las rutinas del castillo después de casi tres meses de estancia entre sus muros. Incluso Harry, que no había vuelto a tener más problemas aparentes con la manada, quizás gracias a la presencia de Sirius Noir a su lado cada luna llena, además de la de Lupin. Los vampiros sin pareja rondaban continuamente a los recién llegados, tratando de seducir a sus futuras parejas, sus compañeros para los próximos años. Incluso los vampiros que ya tenían compañero temporal, se interesaban por los nuevos muchachos y muchachas, en la eterna búsqueda de la pareja verdadera y definitiva.

Draco le explicó que la fiesta se celebraba en Hogwarts, para permitir a los jóvenes estudiantes de último curso asistir. Harry estaba excitado y nervioso ante la perspectiva de la fiesta. Y de su primera visita al castillo mágico, uno de los edificios más antiguos de Inglaterra. Sus compañeros parecían saber qué iba a ocurrir en la fiesta, en la ceremonia de vinculación que era la culminación de la misma y los nerviosos cuchicheos llenaban. Hades le había contado que los vampiros colocaban avisos en todas las poblaciones mágicas, disponiendo transportes mágicos hasta Hogwarts, invitando a asistir al baile a todos los jóvenes que lo quisieran. Y entre los muggles, los anuncios de una "autentica fiesta de Hallowen" estaban mezclados con la propaganda habitual en los institutos y discotecas.

Las clases de Harry fueron memorables esos días. La excitación parecía contagiosa y todo el castillo estaba alborotado, la mayoría de los jóvenes que habían llegado con él a Inferno Castel a finales de agosto, le preguntaban veladamente por sus relaciones con Draco. Todos tenían una curiosidad entendible y Harry era la fuente de información fidedigna más cercana disponible. Romel y Heder parecían indecisos sobre la idea de vincularse aunque fuese temporalmente con un vampiro. Ron parecía mucho más interesado en Heder, realmente. Ninguna vampiresa le había atraído lo suficiente como para olvidar a la atractiva castaña. Y esta, aunque charlaba bastante a menudo con varios vampiros, tampoco parecía tener sus ojos en ninguno en concreto. Harry se encogió de hombros y murmuró cuando Ron le formuló por décima vez la misma pregunta:

-De veras Romel, yo no puedo decidir por ti. Sé que te gusta de veras, pero no le has dicho nada, ni siquiera le has pedido que de un paseo a solas contigo. Si te gusta tanto Heder, ¿Por qué no se lo dices ahora? Si te callas, tendrás que esperar un año para que ella esté libre de nuevo si elige irse con un vampiro…

El pelirrojo meditó largamente en silencio, mientras hacía como que atendía a las clases y Harry le vio alcanzar a la joven bruja en el camino hacia la siguiente clase. Después de eso, los dos se sentaron juntos para las restantes clases del día y Harry sonrió suavemente. Sus amigos olían suavemente a nerviosismo, y a cierta excitación, pero el brillo en los ojos castaños de Heder era ciertamente alentador.

Muchos vampiros salieron del castillo temprano en la tarde de Hallowen, para posicionarse en las discotecas muggles en las que supuestamente se celebraba la fiesta. Mezclados entre los muggles, camuflados, sondeaban a los jóvenes que realmente podían estar interesados en los vampiros y su mundo y si aceptaban, los enviaban a Hogwarts con trasladores.

Harry se había disfrazado para la ocasión, con un traje de caballero antiguo, un atuendo de cazador, con altas botas de cuero, guantes, levita roja y chaleco de terciopelo negro, sobre una camisa de encaje. La ropa era confortable y no le hacía sentir demasiado incomodo o ridículo. Su largo pelo estaba recogido en una cola en la nuca, adonado por un lazo de terciopelo color sangre. Llevaba una máscara veneciana cubriendo la parte superior del rostro, completando su disfraz. Draco por su parte, había optado por un clásico entre los clásicos, y se había vestido como un típico vampiro muggle, larga capa negra forrada en rojo, sobre traje completo de color negro, con el rostro también cubierto por su propia máscara. Harry se había reído de él, diciendo que eso no podía ser un disfraz, porque Draco era un vampiro, vestido de vampiro, obligando al rubio a castigarle severamente…besándole hasta dejarle sin aliento.

La tradición marcaba que vampiros y sus parejas debían llegar al baile por separado, y Harry aguardaba impaciente en el salón de castillo, hasta que Narcisa le hizo señas y por fin, pudo entrar en la chimenea, exclamando Hogwarts, cuando legó sus turno entre todos los demás. Al otro lado Lucius aguardaba y les iba indicando donde colocarse y Harry se encontró haciendo fila en el Gran Comedor de Hogwarts, con su techo igual al cielo nocturno. Aquel lugar era hermoso, tan antiguo como Inferno Castle o más. El moreno se sintió como en casa. Las calabazas decoradas, llenas de luces mágicas, y los murciélagos vivos revoloteaban bajo la luz de las estrellas y las velas. A lo largo de una de las paredes, mesas con comida y bebida aguardaban, llenando el ambiente de deliciosos aromas.

Pero lo más fascinante era la larga hilera de vampiros, todos ellos disfrazados, que aguardaban de pie en el otro lateral del salón. Los jóvenes fueron desfilando ante ellos, recorriendo el salón hasta llegar al final, para regresar al inicio de nuevo, alineándose ante los vampiros, mezclados a los alumnos de 7º curso y los muggles llegados de todos los rincones del país.

Pronto, frente a los menos de treinta vampiros sin pareja, se alzó una doble fila de casi cien jóvenes, todos ellos mirándoles expectantes. Comenzó la música y se disolvió la formación, los vampiros libes comenzaron a acercarse a sus posibles compañeros, idealmente, a su verdadera pareja, entre la multitud, mientras que los demás vampiros y sus parejas simplemente disfrutaban de la fiesta y actuaban como intermediarios y carabinas.

Draco avanzó con decisión hasta Harry, y le ofreció a mano, y sin dudarlo, el moreno la aceptó y comenzó a bailar con su amado. A su alrededor las parejas cambiaban, y s deshacían una y otra vez, pero ellos seguían bailando. Con un súbito impulso, Draco le hizo salir del comedor y atravesaron la barrera que separaba la fiesta del resto del castillo, y volaron por los corredores y escaleras hasta la sala del Requerimiento.

Cuando la ornada puerta se abrió para ellos en la pared, entraron en un pequeño saloncito, con un alegre fuego ardiendo en una bella chimenea y un gran diván frente a este, repleto de cojines, sobre una peluda alfombra persa. En una mesita auxiliar un gran jarrón de cristal tallado portaba el ramo de rosas más hermoso que Harry hubiera visto nunca. Bellísimas rosas de terciopelo color sangre, en el perfecto estado de apertura, fragantes y ligeramente húmedas de rocío, aportaban su aroma a la estancia.

Draco se giró hacia Harry, sosteniendo su amo en la suya, mientras la puerta se cerraba sin ruido detrás de ellos, y le miró con ojos llenos de emoción, susurrando suavemente:

-Aquí fue nuestra 1ª vez, nuestra primera noche juntos de verdad, Harry. Ninguno estaba muy seguro de que esperar, y creo que por eso la sala nos ofreció un diván en vez de una cama…No hicimos gran cosa realmente, pero fue…dulce y tierno, romántico inclusive…

Draco tragó saliva, viendo la expresión de asombro en los ojos verdes que tanto amaba y añadió aun más calladamente:

-Quería que vieras este lugar Harry, el que fue nuestro refugio secreto por tanto tiempo…nunca cambiamos la habitación desde esa primera noche…quería que supieras que te amaba entonces, y que te amo ahora. Por siempre, mi León.

Harry estaba completamente consternado, realmente conmovido y caminó lentamente hacia el diván, casi cabizbajo y se sentó en silencio Los flashes de recuerdos eran más intensos si alguien le mostraba o explicaba algo sobre un lugar y realmente, destellos de noches y tardes de pasión pasaron por su mente al acariciar el tapizado de brocado, sensaciones intensas más que otra cosa. Draco vaciló, pensando que tal vez no había sido buena idea, pero Harry le atrajo a su lado y busco sus labios murmurando roncamente, suplicando casi:

-Quiero…quiero que me muerdas, Dragón, muérdeme…

Su cuello se ofreció con abandono y Draco se inclinó sobre él, besándole los labios suavemente. Con un gesto, Harry les desnudó a ambos, y las ropas desaparecieron, doblándose pulcramente sobre una silla, exponiendo sus pieles, pálida y de aspecto delicado la una, suavemente dorada la otra. Con lentitud, las alas blancas del vampiro se desplegaron, llenando la estancia de su delicioso aroma, mientras Draco lamía y mordisqueaba su cuello, haciéndole gemir de anticipación. Harry acarició el pecho de su amante, y con la otra mano las alas a su alcance y Draco jadeó, apretándose contra él. Los agudos colmillos se hundieron en la yugular y el moreno se arqueó como un gato, moviéndose contra el vampiro con abandono, deslizando sus manos una y otra vez por el borde de sus alas.

Dulce, húmedo, caliente y primario, los jóvenes se liberaron, gritando de placer, mientras la fiesta continuaba varios pisos más abajo. Draco fue el primero en recobrar algo de cordura, e ignorando el fuerte deseo de devorar por entero a su apetecible pareja, y continuar en su pequeño refugio, murmuró mientras cerraba con delicadeza las marcas del cuello de su amante:

-Odio decirlo, pero…tenemos que regresar amor mío. Pronto serán las 12, y será el momento de la ceremonia de elección Harry, tenemos que estar presentes.

El moreno ojoverde le besó y susurró suspirando con sensualidad, acurrucándose contra él con absoluta mimosería:

-Un ratito más…por favor…

Resistiendo la tentación que se enroscaba en su costado, el rubio vampiro sonrió y recobró su varita, limpiándoles a ambos. Con otro suspiro, esta vez de resignación, el moreno les vistió de nuevo a ambos y miró por última vez a su alrededor, cogidos de la mano, guardando en su memoria los detalles de aquel lugar. Y así, cogidos de la mano, regresaron ambos a la fiesta del Gran Salón.

Su breve ausencia y regreso pasó más o menos desapercibido para los jóvenes candidatos y los vampiros desparejados, aunque los vampiros que estaban actuando como chaperones y vigilantes esa noche sí que habían notado su ausencia, y entre ellos Hades. Los ojos negros e intensos vieron como Harry picoteaba algo, presionado por Draco, que se limitó a tomar algo de fruta, como siempre que acababa de beber sangre. Harry acabó bailando de nuevo con su rubio acompañante, mientras las miradas codiciosas de algunos vampiros desconocidos se posaban sobre Harry.

Los extraños no llevaban máscaras, y sus ojos relucían de sed. Harry se sintió extrañamente nervioso ante su presencia, aunque el grupo de extraños vampiros permanecía más o menos agrupados en un lateral del salón, semi ocultos en las penumbras. Algo en ellos hacia que sus instintos clamasen "peligro" y Harry susurró "¿Quiénes son?" en el oído de Draco.

Frunciendo el ceño y haciéndolo girar entre sus brazos lejos de aquel lugar, Draco murmuró con tono irritado y molesto:

-Solitarios, Cachorro. Son vampiros…independientes, que acuden a buscar una posible pareja o donante en nuestras fiestas. No son…de fiar. Ni a Hades ni a los Aurores les gusta que aparezcan por aquí – señaló con discreción a una pareja de hombretones uniformados que permanecía de pie junto a las puertas – pero no podemos prohibir su presencia. Son vampiros, y aunque no contribuyen a la educación y crianza de los jóvenes como nosotros, su derecho a intentar encontrar una pareja no se extingue por eso. Siempre hay alguna disputa, o intentan usar su poder de seducción para convencer a algún muggle de marcharse con ellos.

Harry miró de reojo una vez más a los extraños y se estremeció interiormente. No le gustaban en absoluto, y continuó bailando con Draco, siempre con Draco, hasta que sonaron las 12 campanadas en el reloj y la música cesó. Los jóvenes, magos y muggles se alinearon en torno al salón, conforme el maestro de ceremonias, Hades, iba instruyendo. Y los vampiros se agruparon al otro lado, todos menos los extraños; los únicos salvo los aurores y los vampiros emparejados que iba a rostro descubierto, que continuaron pegados a la pared en su rincón. La grave voz de Hades resonó por todo el salón:

-Ahora, damas y caballeros, los vampiros harán saber su elección. Si el elegido esta conforme, puede quitar la máscara a su vampiro. Si no es de su agrado, todavía puede rechazarle, devolviéndosela. Si no, se cerrara el trato con un primer mordisco.

La voz de tenor del vampiro se extinguió y el silencio se hizo casi absoluto.

-¿Algún vampiro ha encontrado a su autentico compañero? Acérquense a sus parejas por favor.

Se alzó la voz sobre la expectante multitud de nuevo. Seis vampiros, además de Draco se destacaron del grupo. Draco se detuvo frente a Harry y las dos vampiresas y cuatro vampiros se situaron frente a sus elegidos, tres varones y tres chicas, una de ellas muggle. Una vez que las mascaras fueron retiradas, y sin ningún rechazo, el vampiro asintió y continuó.

-Sepárense de la fila y permanezcan junto al estrado. Los menos afortunados, ¿Han encontrado alguien con quien compartir los próximos años?

El resto de los vampiros dio un paso al frente, y para su sorpresa, Harry vio que varios chicos y chicas eran solicitados por más de un vampiro, pese a que había una relativa abundancia de candidatos. Los rivales se gruñían entre sí, desafiándose unos a otros, y la voz de Hades se alzó de nuevo:

-Señores, señores, son nuestros jóvenes los que eligen, por favor.

Tras un rato, en que los jóvenes descubrieron los rostros de sus pretendientes, y decidieron si aceptaban o no a los vampiros que les solicitaban, esta vez, con algunos rechazo y los desafortunados vampiros se retiraron cabizbajos hacia la posición inicial. Alguno incluso, parecía estar conteniendo las lágrimas. Finalmente, Hades preguntó:

-Jóvenes invitados, ¿Cuáles de Uds desea vivir con nosotros, tal vez ser donante?

Sus compañeros de clase, algunos muggles y varios estudiantes de Hogwarts se adelantaron, incluidos varios jóvenes que habían rechazado unirse a un vampiro en concreto.

-Me temo que he de pedir a los demás que se marchen. La fiesta pública ha acabado. Si son tan amables de abandonar la sala, pueden continuar bailando y divirtiéndose en un salón adyacente…

Los hasta ahora quietos y callados solitarios avanzaron y uno de ellos exclamó:

-¡Nosotros aun no hemos hecho nuestra elección Hades!

El moreno vampiro agitó la melena con visible enojo y gruñó exasperado avanzando unos pasos, mientras los murmullos se extendían por el lugar:

-¿Y por qué no os habéis adelantado antes, Angello?

Deslizando hacia atrás la capucha de su capa, el extraño murmuró con tono desdeñoso y ojos cargados de chispas:

-Eso no importa…todo este…ritual, es una mera pantomima…

Los vampiros de acercaron un paso más y Harry contempló especialmente al que parecía ser su líder. Era un individuo alto, de piel pálida y pose bastante agresiva. Su cabello era rizado, y se enredaba en dulces bucles de color caramelo en torno a un rostro de aspecto delicado, con grandes ojos azules. Si la expresión de su cara hubiese sido más neutral, Harry estuvo seguro de que sus rasgos hubiesen sido mucho más atractivos. Pero con los ojos enrojecidos por la sed, y la boca torcida en una mueca desdeñosa que dejaba ver las puntas de sus colmillos…

-Lo que realmente interesa, es la atracción, Hades.

La atmosfera de la sala cambió, llenándose de tensión. Tras unos instantes, el olfato de Harry percibió un olor…atrayente. Sacudió la cabeza y olfateo de nuevo. Eran feromonas, las que atraen a los animales entre sí, pero mucho más intensas, hasta el punto de excitarle levemente y hacerle mirar a los extraños con ojos brillantes. Draco gruño sordamente a su lado, notando su reacción y su propio olor se volvió mucho más intenso y agresivo en respuesta. Harry volvió a sacudir levemente la cabeza y su mente se despejó un tanto. Su olfato pudo apreciar la diferencia y frunció levemente la nariz. Era como el aroma natural de una flor, y su versión sintética. El aroma natural de Draco era mucho más complejo, rico y lleno de matices, cambiante inclusive, frente a la invariable sencillez de una molécula sintetizada. Y aquellos vampiros solo apestaban a una cosa, a lujuria. Su olor era…como una poción de deseo volatilizable.

"No volveré a caer en esa burda imitación" Pensó el muchacho frunciendo aun más el ceño.

Muchos de los jóvenes invitados sintieron los efectos de los vampiros, y algunos, sucumbieron a ella y comenzaron a avanzar hacia los desconocidos. Un par de jóvenes que habían aceptado vivir con los vampiros se acercaron también hacia ellos y sus compañeros sisearon furiosos y les retuvieron, mientras los ojos de los afectados se tornaban turbios de deseo.

Los vampiros emparejados se interpusieron, evitando que jóvenes muggles que antes no habían aceptado la oferta, y ahora miraban con lujuria a los solitarios, se reuniesen con ellos. Los aurores hicieron un par de hechizos de advertencia y todos guardaron silencio de nuevo.

-Estos jóvenes no pueden marcharse con Uds. Si no aceptaron voluntariamente el primer ofrecimiento…no pueden ser forzados a cambiar de opinión ahora.

El grupo de vampiros gruñó y siseó, enseñando los colmillos, pero acabó dejando que los chicos fueran alejados de ellos. Una vampiresa les hizo beber un sorbo de algún líquido y pronto todos estaban más o menos recobrados, aunque aun algo mareados. Escoltados por varios vampiros y un auror, fueron conducidos fuera de la sala y enviados de regreso a sus casas, bajo las miradas descontentas de los furibundos solitarios.

Cuando el auror retornó, aun había en el centro del salón dos grupos de vampiros enfrentados. Se enseñaban unos a otros los colmillos, en muda amenaza, tensos y agresivos, y Harry percibió que el nivel del dulzón atrayente hormonal aumentaba. Muy sorprendido, el moreno contempló la silenciosa lucha entre ambos grupos. Peleando por retener a sus elegidos, los vampiros de Inferno Castle se veían reducidos a usar las mismas armas que sus rivales, y los pobres jóvenes y muchachas en disputa se debatían entre las dos fuerzas de atracción. Harry nunca había visto nada igual, era prácticamente un juego de tira y afloja, donde la voluntad y el poder del vampiro eran puestos a prueba. En Inferno Castle, los vampiros que conocía nunca habían usado esta táctica y Harry se preguntó el motivo. Uno de los vampiros, viendo la angustia y el dolor reflejado en la cara de su elegida, cedió finalmente, y dejó de luchar. La joven caminó como borracha hasta los brazos de su oponente que emitió un ronco grito de júbilo.

Algunos vampiros acudieron a consolar al derrotado, que desolado por completo, comenzó a llorar silenciosamente. Con un grito de rabia, el hombre se rasgo la túnica con las garras, haciéndose daño, derrumbándose en el suelo a continuación. El joven mestizo se dio cuenta de lo verdaderamente importantes que eran las parejas para los vampiros, aunque fuesen temporales. El deprimido vampiro estaba vivo, y Harry esperó que pudiera recuperarse, aunque la mirada pesarosa de Hades le dio que pensar.

El ambiente relajado y festivo se había evaporado por completo, y pese a que los extraños se marcharon con sus conquistas, el moreno se sintió muy mal. Algunos de ellos, y especialmente el que parecía liderarlos, Angello, le habían mirado con absoluta lujuria.

Con voz cansada, Hades exclamó:

-Señores, no dejen que esto nos arruine la noche, por favor…

Los afortunados que habían encontrado y conservado a su pareja, besaron a sus elegidos y pronto, las caricias daban paso a los primeros mordiscos en las muñecas. Harry había observado por el rabillo del ojo, y sonrojado, ofreció la mano a Draco que susurró con malicia:

-Ahí no, Harry, nosotros ya nos hemos saltado esa parte, Cachorro…

El rubio le besó sensualmente en los labios, lentamente, una y otra vez, hasta hacerle olvidar que besaban en público, y con mucha delicadeza, clavó los colmillos superiores en el labio inferior del moreno, succionando ligeramente mientras le besa, arrancando un suave gemido de placer de su pareja, marcando el único lugar donde Draco no había dejado su huella hasta ese momento.

Las parejas volvieron a danzar, poco a poco, pero el ambiente alegre no retornó por completo y el baile se disolvió poco más de una hora después. Regresaron a Inferno Castle, con algunos invitados nuevos, pero también sin algunos de los que habían salido esa tarde de él. Las parejas nuevas se retiraron, los vampiros guiando a sus parejas hacia sus nuevas habitaciones, con una distribución similar a las que Draco y él ocupaban. El grado de intimidad entre un vampiros y su pareja temporal dependía exclusivamente de los deseos de esta última y los vampiros eran siempre muy respetuosos y considerados para con ellas. A veces, un donante no se convertía necesariamente en amante, sin que los vampiros se quejasen por ello, tomando lo que les era ofrecido, sin queja ni protesta.

Harry aprendió esa noche la primera diferencia entre los vampiros sociales, y los solitarios. Los primeros nunca usaban las feromonas de atracción para seducir sexualmente a sus donantes o para conseguir una comida rápida. Habían elegido reprimir la parte más feral y violenta de sus naturalezas, y ganaban la confianza y el respeto de sus parejas y donantes a la vieja usanza, usando su encanto personal, brindando su afecto y siendo amables y atentos. Si esto no les procuraba lo que deseaban, bien, seguían intentándolo con mayor ahincó, aceptando y doblegándose humildemente ante la derrota.

Pero los Solitarios, que realmente vivían en pequeños grupos también, pero sin la fuerte estructura organizativa que Harry había aprendido a apreciar en su estancia en Inferno Castle, esos eran harina de otro costal. Vivian completamente dominados por sus instintos, hasta tal extremo que sus donantes eran tratados como autentica basura, y a menudo los intercambiaban como simple ganado con otros grupos. Usaban sus poderes de atracción para anular la voluntad de sus víctimas, sumergida en la lujuria desataba que inducían en ellos, y que una vez que habían sido tomados sexualmente por primera vez, les dejaba prácticamente esclavizados a ellos, subyugados por un falso enamoramiento, muy similar a un imperius muy focalizado en el sexo, inducido hormonalmente.

A veces, incluso se daba el caso de que un Solitario intentase raptar a alguno de los habitantes del castillo, la tentación de tantos humanos habituados a los vampiros era un tentación para ellos y por eso las guardias, las protecciones y defensas del mismo. Todos los vampiros eran poderosas maquinas de cazar, y la seducción hormonal un mecanismo para garantizar una cacería exitosa, incluso en el caso de estar debilitado por la sed, ya que sin sangre, un vampiro no puede sobrevivir. Pero no era el medio de conseguir parejas sexuales, ni mucho menos, de conquistar al verdadero compañero. Un vampiro medianamente orgulloso de sí mismo, desea atraer a su pareja por sí mismo, demostrando su valía. La tentación de la inmediata gratificación era fuerte, pero la recompensa de una pareja auténticamente devota, era demasiado valiosa para arriesgarla. Los Solitarios, vivían feralmente, satisfaciendo sus ansias, sus urgencias, fuesen cuales fuesen, de grado o por la fuerza. Y Harry reprimió el estremecimiento, recordando los ojos orlados de rojo de Angello.