SOLSTICIO DE INVIERNO
Con la confianza de que sus hijos estaban seguros en su cuerpo, Harry brillaba. No es que de repente fuse aun más hermoso, más aun de lo que ya era…es que se sentía hermoso, por primera vez en su vida. Comenzó a prestar atención a su ropa y a su peinado. Su cabello creció amoldándose a sus deseos, hasta cubrir la mitad de su espalda, dándole un aire levemente femenino, pese a su evidente masculinidad. Desterró finalmente las viejas ropas de sus padres, rescatadas de entre las ruinas, doblándolas y guardándolas concienzudamente como lo que eran, recuerdos de su vida pasada; a favor de las nuevas que Narcisa le regalara y hasta el último habitante del castillo admiró su gallardía y apostura en sus nuevas túnicas.
Se acercaban las Navidades y los vampiros organizaron varias visitas para hacer compras. Draco y Harry, acompañados por los padres del primero, Hades, Sirius y Lupín, emergieron en una de las chimeneas de Valor Malfoy en el Callejón Diagón.
Las tiendas y escaparates estaban magníficamente decorados y pese al frio reinante, la actividad era intensa en las calles. Harry contempló maravillado y con ojos dilatados los escaparates, riendo como un niño. Eran un grupo numerosos, así que se dividieron en dos grupos después de un rato de callejear, y aunque Harry estaba feliz de trotar por las nevadas callejuelas, del brazo de su rubio vampiro, necesitaba comprar su regalo para Draco. Lupin se quedó con ellos y Sirius escoltó a los tres restantes adultos vampiros.
Los muchachos curiosearon, y eligieron regalos para los adultos entre ellos algunas joyas para Narcisa, elegidas por Harry, y un libro de ilustraciones eróticas para Lucius, de parte de Draco, una fina cadena para Hades, también del rubio. Harry vio algunos objetos interesantes, y aunque tomó nota mental, no estaba seguro por completo. Ambos grupos se reunieron para un almuerzo ligero, un sándwich con cerveza de mantequilla, zumo de calabaza para Harry, antes de volver a continuar. Se intercambiaron los grupos y Harry se sumó a Hades, Narcisa y Sirius. El resto se fueron con Lupín. No obstante, Hades y Harry se separaron después de un rato, y vagabundearon eligiendo mas regalos. El joven mestizo estaba un poco desesperado, no encontraba nada de su gusto, asi que murmuró, algo nervioso:
-Me gustaría visitar mi cámara Hades. ¿Te importa?
El líder de los vampiros vaciló. Nunca se aventuraban solos, no si podían evitarlo. Pero el Callejón era un lugar relativamente seguro, y si Harry se quedaba en Gringotts…el banco era seguro. Hades accedió, haciéndole prometer que no se movería del banco hasta que él o alguno de los otros viniera a recogerlo.
Tras la bajada a las cámara de los Potter, y la apertura de una que los duendes le informaron que contenía fundamentalmente tesoros familiares, Harry se sumergió en la búsqueda de algo adecuado, entrando en la estancia, repleta de estantes y repisas en una de sus paredes. Harry vio joyeros, cofrecillos y arcones, sin duda custodiando valiosos objetos y frunció el ceño. Aquello iba llevar un buen rato. Focalizado en los objetos ante él, Harry no se percató del movimiento en las paredes. El resto de la cámara estaba cubierto de cuadros. Los cuadros de sus antepasados bostezaron, despertando, y brujas y magos se giraron para contemplar al inesperado visitante. Una voz, una bastante familiar, exclamó desde su derecha:
-¿Quién eres tú y que haces aquí? Solo Lucius entra en esta cámara!
Mientras Harry se giraba sorprendido, una risa surgió de otro cuadro y una sombra veloz fue pasando de uno a otro cuadro, hasta aparecer montada en una escoba, a espaldas del rubio muchacho que le miraba ceñudo. Un moreno de pelo revuelto y rebelde, con unas características gafas redondas desmontó y el adolescente de ojos verdes preguntó con curiosidad:
-¿Nos conocemos? Me resultas familiar…Soy Harry Potter y el rubio de mal genio es Draco Malfoy, mi…novio.
El rubio le dio un codazo, pero Harry se rió de nuevo, deslizando su brazo por la cintura del otro, depositando un beso bajo su oreja. Draco pareció derretirse y deslizó su mano en la de Harry, esbozando una sonrisa y nuestro Harry, se sentó asombrado ante el cuadro, donde dos jovencitos vestidos en antiguos uniformes de Quidittch de Hogwarts, armados con sus escobas de carreras, le contemplaban desde los terrenos de la escuela, que se veía detrás de ellos a la izquierda, además del lago y el bosque hacia la izquierda.
En el cuadro lucia un suave sol veraniego, y los arboles y flores de los jardines estaban en flor. En la lejanía, se apreciaba movimiento en las ventanas del castillo y varias figuras se aproximaron a ellos, desde las puertas de la escuela. Bajo el sauce a la orilla del lago, se adivinaba una cesta de picnic, un mantel campestre, como si los jóvenes hubiesen decidido pasar el día al aire libre. Estaban todas las personas importantes en la vida de ambos, Ron y Hermione, Sirius y Lupín, Lucius y Narcisa, James y Lily, los Weasley, Dobby, Hagrid, Dumbledore, Snape y algunos otros que andaban desperdigados por los terrenos simplemente agitaron la mano a modo de saludo.
Harry contempló el magnífico cuadro con ojos brillantes y finalmente contestó con suavidad:
-Soy Harry, Harry Malfoy-Potter…
Los dos adolescentes se miraron el uno al otro y el ojiverde murmuró:
-¿Nos hemos casado? ¿Eres nuestro hijo? Entonces…¿Por qué Draco no baja nunca aquí?
Harry se sentó en una baqueta conjurada y suspiró pesadamente. Era algo confuso para él, pero explicó la situación lo mejor que pudo, mientras los retratos le escuchaban muy serios, atentos a sus palabras. Los demás, permanecían en silencio, expectantes, pero sin intervenir. Después de todo, ellos no eran mas que invitado en aquel retrato, no? Los chocos se habían sentado sobre el fresco césped, y parecían meditabundos, sobre todo Draco. No obstante, tras unos minutos de silencio, con algún ocasiona cuchicheo entre ambos adolescentes, el moreno retomó la palabra:
-Así que resumiendo…tú eres mi reencarnación y andas buscando un regalo para Draco, que ahora es un vampiros y tu compañero no?
Harry asintió en silencio y les vio murmurar entre ellos un poco más, hasta que Draco sonrió, asintiendo suavemente. Su acompañante, sin dejar de cógele la mano, se giró a su visitante y murmuró audiblemente:
-Bueno, creo quela cajita que está en el tercer estante a la derecha, la de terciopelo negro, es el regalo adecuado. ¡No la abras, por favor! Es mejor que lo veas por priemra vez con él, verdad, Draco?
El rubito asintió sonriente, besando suavemente el cabello negro y Potter se sonrojo hasta rivalizar con su uniforme.
Nuestro Harry rebuscó en el estante hasta dar con el pequeño objeto, sin duda el estuche de alguna joya y lo tomó entre sus manos. No era muy grande, tal vez del tamaño de una pastilla de jabón, y aunque el principio la opción parecía excesivamente simple, tal vez lo simple era lo mejor y guardó el estuche en el bolsillo de su pecho.
Harry aun no recordaba más que fragmentos de su anterior vida, y en un súbito impulso, se enfrentó de nuevo a los adolescentes del retrato. Entender a Draco era una prioridad para él, y murmuró:
-¿Os gustaría salir de aquí? ¿Venir conmigo a mi nuevo hogar?
Los dos jóvenes asintieron rápidamente y Harry descolgó el cuadro con cuidado.
-¿Quién encargó el retrato?
-Yo, por supuesto – contestó Potter – quería algo diferente, y por eso hay tanta gente con nosotros. Así, nunca estamos solos y aquí, somos felices y libres, lo que no pudimos ser, al menos no plenamente.
Harry salió de la cámara, y dio órdenes para que enviaran el cuadro a su residencia. El duende anotó sus deseos y le preguntó si retiraba algún objeto. El joven mostró el estuche y asintiendo, el duende tomó nota en el inventario de la cámara, rectificando una línea ya existente:
"Objeto JEP3545. Entrada original 14 de diciembre de 1999. Anillos encantados de compromiso comprados por Harry James Potter Evans para Draco Lucius Malfoy Black. Salida 10 de diciembre de 2220. Retirados por Harry Malfoy-Potter"
Los días siguientes fueron un delirio. Hicieron más salidas de compras, hasta que todos los regalos estuvieron completos. Solo por si acaso, Harry añadió un completo equipo de Quidditch, un set coordinado en colores complementarios para los dos. El moreno no estaba seguro de que las escobas que colgaban e la habitación de Draco aun pudiese funcionar, pero tras una consulta con los fabricantes, estos le aseguraron que con un simple trabajo de actualización de actualización, ambas quedarían en perfecto estado de uso. Harry compró los encantamientos, las versiones más avanzadas para ambas escobas: mejores medidas de seguridad, hechizo desilusionador automático, seguro anticaidas, repotenciador y realinador de cola y mástil, pulidor de laca… El vendedor aseguró que modelos tan sofisticados como la Saeta de Fuego o la Nimbus 2001 eran perdurables y resistentes y que solo un accidente o una rotura grave podía dejarlas fuera de uso. Después de todo, eran escobas profesionales, y aun existían en el mercado modelos derivados de los diseños originales de la serie, pero cuyas mayores diferencias eran si duda estéticas y basadas en las preferencias de los suspiró. Al menos sus compras habían finalizado, y trotó dócilmente detrás de Narcisa, callejón abajo.
Ya de regreso al castillo, Harry empezó a empaquetar regalo tras regalo, para todos y cada uno de los habitantes del mismo. Nunca había tenido dinero, ni la posibilidad o a quien hacer regalos, así que decidió que iba a regalar lo que nunca había recibido siendo niño, no después de que sus padres muriesen.
Pequeñas chucherías de joyería, pañuelos de seda, delicadas cajitas, libros, dagas ornamentales, abrecartas…e incluso un juego de esposas de cuero y fusta para Sirius y Lupín, se desparramaban por su cama, mezclado con lazos y papeles multicolores. Ayudado por los elfos, que cortaban cintas y papel de seda afanosamente, fue escribiendo una pequeña tarjeta para hombre, lobo o vampiro del castillo, encomendando a los elfos atarlo con las coloridas cintas a cada regalo. Sin embargo, Harry no se detuvo ahí. Entre su montaña de presentes, los elfos descubrieron parquetes con sus nombres y las criaturas se aterrorizaron, pensando que habían ofendido a su amable amo y este deseaba deshacerse de ellos. Se arrojaron a sus pies, llorando y temblando y Harry tardó un buen rato en convencerles de que aquellos regalos eran un signo de su afecto, que los regalos eran seguros para ellos. Que de ninguna manera quería despedirles y que eran leales y fieles elfos. Que eran un premio por su ayuda. Deshaciendo en llorosas alabanzas, los elfos cargaron con la pila de paquetes y desaparecieron, llevando las noticias de su nueva extravagancia a sus congéneres…y a todo el castillo.
Draco le dio un beso en la mejilla mientras se sentaban a cenar en el comedor y se rió calladamente cuando ante el moreno aparecieron todas, (y quiero decir, todas) sus comidas favoritas.
-Es lo que tiene ser tan amable con los elfos, Harry.
El rubio pinchó un trozo de pastel de riñones para hacérselo llegar a la boca y mientras el ojiverde masticaba la golosina, Draco susurró conspiratorio, inclinándose sobre el oído del moreno:
-Aunque yo solo quiero un regalo Harry…y está sentado junto a mí.
Enrojeciendo, el moreno tragó lentamente, y devolvió el beso, prosiguiendo calladamente con la cena. Las próximas festividades tenían todos en un ambiente feliz y distendido, y el castillo estaba lleno de luces, y decorado con acebo, y ramas de muérdago en lugares estratégicos. Los vampiros que no estaban emparejados, aprovechaban sabiamente la excusa para robar dulces besos a los muchachos y muchachas por los que se sentían atraídos, y muchas otras parejas comenzaron a formarse, cuando los jóvenes que vivían con ellos conocían mejor a sus pretendientes.
A Harry le preocupaba el vampiro que había tenido la desgracia de perder a su elegido, en Hallowen. El joven había estado tan deprimido, que Hades había tenido que obligarle a alimentarse. El joven mestizo entendió que era un asunto muy grave, y ver el rostro pálido y tenso del líder del clan después de emerger de las mazmorras le hizo preocuparse aun más. Narcisa y Lucius acudieron a confortar al altivo vampiro y se retiraron a sus habitaciones. Ante la muda pregunta en los ojos de Harry, Draco murmuró:
-Como nuestro líder, Hades tiene la obligación de mantenernos con vida a todos…incluso en contra de nuestra voluntad. Ha usado sus poderes para obligarle a alimentarse de él…y volverá a hacerlo si es necesario.
Pero la necesidad de repetir la acción, no llegó a producirse, porque el vampiro abandonó los muros del castillo, decidido a recobrar a su elegido, físicamente recuperado, pero en un estado mental muy dudoso. No habían tenido noticias suyas desde entonces, y algunos se temían lo peor.
Pero pese a todo, llegó la noche del solsticio de invierno, el 22 de diciembre y los vampiros celebraron el tradicional baile de mascaras. En torno a las hogueras, en los jardines, todos danzaron a la puesta de sol, y continuaron bailando en torno al fuego, vestidos de espíritus y de animales. Harry tan solo se había puesto un pequeño antifaz junto a una túnica verde musgo y adornado su cabello con una corona de espigas y frutos silvestres, y Draco llevaba algo similar. Sin embargo, cuando la oscuridad comenzó, y la música se detuvo, ambos dejaron salir su verdadero disfraz, aflorando el lobo.
Todos los animagos del castillo, pájaros, gatos, liebres, zorros, nutrias, un lince y un oso se unieron al lobo y el perro, en torno a la gran hoguera central. Era la primera vez que Draco revelaba su forma animal, y muchos ojos les observaron. Los animales recorrieron un alocado círculo en torno al fuego, cuyas enormes llamas de todos los colores reflejaban sus siluetas y formas, replicándoles.
Pronto las llamas danzaban al unísono con ellos, cada animal seguido de su reflejo de fuego, mientras el resto de vampiros y humanos, disfrazados, giraban el otro corro en torno al primero. Cuando Harry alzó las negras orejas, deteniéndose, el lobo de las llamas se detuvo con él. Dejó caer una zarpa en la hierba y el apagado roce se transformó en el sonoro golpe de un tambor. Saltó y el tambor sonó más alto. Deleitado, Harry trotó marcado un ritmo, y pronto sus aptas crearon una cadencia, grave y sonora, como le latido de un corazón. El contrapunto de otro tambor se unió al primero, cuando Draco saltó haciendo resonar el suelo. Cada persona o animal fue añadiendo un nuevo sonido, hasta que todos danzaban con su propia música, única e irrepetible, fugaz y cambiante, como las propias llamas.
Cuando la hoguera comenzó a languidecer, la música se fue apagando con ellas, extinguida la magia que habían invocado con ellas, y poco a poco, cuando de la gran hoguera ya no quedaban sino unas pocas llamas y brasas, todos se detuvieron y los animagos recobraron su forma, todos arrojaron a la mortecino fuego sus ropas, máscaras y disfraces, . La desnudez no parecía importarla nadie y con unas ultimas vueltas en torno a la hoguera agonizante, mientras el fuego consumía en un última llama vacilante los ropajes con que comenzaran la noche, y se retiraron por fin a descansar.
La cena de Nochebuena fue deliciosa, llenad e manjares exquisitos, pero la magia de la ceremonia del solsticio había sido muy intensa. Aquel era simplemente un día para compartir y bromear con los amigos, y para intercambiar regalos al día siguiente. Los elfos habían colocado un pequeño árbol en las cocinas y todos los regalos de Harry reposaban bajo este, muy bien ordenados. Draco, había acabado sumándose a la iniciativa de Harry y sus paquetes envueltos en celofán contenían lápices de colores, canicas, y otras fruslerías, añadiendo nuevos paquetes a la pila. Los elfos se habían postrado uno por uno ante el vampiro, murmurando sus alabanzas, llorosos y riendo al mismo tiempo. Y los platos favoritos de Draco comenzaron a aparecer en cada comida también. Otros vampiros adultos, encontraron la idea divertida, viéndola atención de los elfos a los dos jóvenes y pronto, preparaban regalos para sus elfos favoritos. La emoción de las criaturas era tal, que se desvivían por complacer a sus amos, mucho más de lo ordinario, y Narcisa tuvo que reconocer, que el castillo estaba tan limpio, que hasta las mazmorras habían sido abrillantadas.
Llegó a mañana de Navidad, y los paquetes reposaban bajo el árbol que Narcisa había instalado en su recibidor, donde aguardaban a que los abrieran. Draco y Harry habían prometido ser puntuales, y reunirse con ellos para desayunar, pero como siempre, apenas Harry le dio un beso de buenos días a Draco, el joven lobo estuvo perdido. Tarde, muy tarde, pero satisfechos y complacidos, los jóvenes se apresuraron a las habitaciones de los pacientes padres de Draco.
Fue él alto vampiro moreno el que abrió la puerta, aun vestido con un pijama, y recibió a los dos muchachos. Sonrió ampliamente, y exclamó con aire travieso, los negros ojos relucientes:
-¡Has perdido Lucius! Han llegado antes de que tuviéramos que mandar a los elfos por ellos.
Les hizo pasar y los muchachos se sentaron en torno al árbol tras los primeros saludos y abrazos, y rodeados de tazas de cacao, té, pastas y galletas, pronto todos se afanaban en abrir paquetes, entre exclamaciones de sorpresa, besos y agradecimientos.
Harry recibió algunos libros, (La Enciclopedia del mago embarazado. Todo lo que un hombre necesita saber sobre la preñez masculina y la crianza de los hijos) joyas y ropas nuevas. E incluso una caja con…juguetes mh…de uso privado, que hicieron enrojecer al joven lobo, aun desacostumbrado a la naturalidad con que los vampiros trataban todo lo relacionado con el sexo, ya que Lucius se sumergió de inmediato en el libro de láminas eróticas, con Hades mirando curiosamente por encima de su hombro.
El regalo de Draco era una pulsera con gruesos eslabones de platino, con cuatro placas insertadas entre ellos, dos de ellas tenían grabados sus respectivos nombres, las otras estaban en blanco. La magia imbuía el objeto, y Harry alzó una ceja, en muda pregunta. Draco alzó su muñeca izquierda, cancelando por un instante el hechizo de ocultación, y mostro una pulsera idéntica en su brazo.
-Yo tengo la pareja, y una vez que te pongas esta, nos permitirá a ambos saber que el otro está bien. Y los niños también.
Mirando de nuevo la pulsera y con una suave sonrisa, Harry extendió el brazo y Draco le colocó la joya, que al igual que la fina cadena de su cuello, centelleó cuando se activaron los hechizos. Con un suave beso, el moreno recompensó a su amante, satisfecho y contento de tener en su cuarto el pequeño estuche para entregárselo después. Los equipos de quidditch y los hechizos y encantamientos de actualización para las escobas hicieron chispear los ojos de Draco, que murmuró:
-Al menos esta vez, tendré el placer de enseñarte a volar, Harry.
El resto de la mañana, pasó entre risas y bromas, y tras bajar a tomar un tardío brunch en el comedor, la joven pareja se retiró a sus habitaciones, para intercambiar regalos más personales. Cuando se sentaron en su propio saloncito, tuvieron una breve discusión sobre quién empezaba primero a entregar sus obsequios. Draco claudicó y chascó los dedos. Una elfina apreció llevando una bandeja con sobres y documentos. La criatura trotó agachando las orejas, haciendo una pequeña reverencia. EL moreno frunció extrañado el ceño cuando la elfina le tendió el fajo de pergaminos.
-Ábrelos…
Murmuró el vampiro, incitándole con una sonrisa. Harry rompió los sellos, y comenzó a leer. El primer documento era el título de propiedad de la elfina, llamada Demeza y Harry alzó los verdes ojos hacia Draco.
-Es un regalo tradicional para una embarazada, especialmente una primeriza, si no tiene elfos de su propiedad. Te ayudara durante el embarazo y con la crianza, siempre que te agrade.
Harry estudió a la criatura, tímida y vacilante, que se alzaba ante él, aferrándose el paño de cocina que la cubría a modo de toga.
-¿Estas contenta de estar en este lugar, Demelza?
-Oh si, amo Harry! Demelza es muy feliz de tener por fin un amo propio! Y nunca había recibido regalos!
La elfina rebotaba nerviosamente sobre las puntas de sus pies, y Harry murmuró:
-¿Tienes experiencia con niños?
Asintiendo furiosamente, la elfina exclamó:
-Demelza ha ayudado con la crianza de otros niños, amo Harry. Y esta esperando su primer hijo, para dentro de poco. El será también propiedad del amo, si el amo no lo vende.
LA criatura se retorció a manos, agachando las orejas, acobardada de su propia osadía. EL moreno sonrió y le palmeó suavemente el pequeño hombro:
-No voy a vender a tus hijos, Demelza. Te lo prometo.
Con una sonrisa radiante, la elfina se deshizo en alabanzas, y Harry la mandó a las cocinas, con los otros elfos. Besó a Draco, recostándose lánguidamente sobre él, y murmuró con dulzura:
-Nunca había tenido un elfo…yo era el encargado de las labores domesticas en mi casa. Gracias, muchas gracias.
Draco le abrazó y devolvió el beso:
-Aquí, tu única obligación es ser feliz, y hacerme feliz a mí, Harry. ¿Sigues leyendo, por favor Cachorro?
Recostado en parte sobre el pecho del vampiro, Harry abrió el otro grueso pliego. Dentro encontró una serie d documentos legales. Tras un rápido vistazo, sus ojos leyeron uno de los renglones una y otra vez. Una expresión de sorpresa e incredulidad se pintó en su cara, y el joven murmuró mirando a Draco:
-¿Significa esto…?
EL rubio asintió y musitó con deleite:
-Eres el propietario legal de las deudas de tus parientes. Y al ritmo que van, en unos pocos años, serán de nuevo el dueño de las granja de tus padres.
Con expresión llena de ironía, el vampiro añadió:
-Evidentemente son unos grandes negociadores y unos excelentes granjeros. Tienen deudas muy por encima de lo que podrían asumir, incluso con los beneficios de la granja a pleno rendimiento. Y parece que no se habían dado cuenta de la cantidad de trabajo que realizabas para ellos, y siguen gastando a manos llenas, indudablemente hasta que se acaben los créditos que los duendes les han dado por orden mía.
Harry abrazó vehemente a Draco y enterró su rostro en el hombro del vampiro, sollozando. El rubio tuvo que consolarle durante un buen rato, hasta que le joven lobo se calmó. Aun hipando ligeramente, Harry le miró con ojos enrojecidos:
-Se que es una propiedad muy pequeña…pero tiene un gran valor sentimental para mí, Draco. Es el lugar donde nací, y donde murieron y están enterrados mis padres….
Aun acongojado, sabiendo que aquellos documentos representaban el verdadero interés y al tiempo, la insidiosa venganza de Draco hacia sus parientes, el moreno murmuró, rebuscando en sus bolsillos:
-Me temo que mi regalo no es nada comparado con todo esto, Draco, y lo siento…
Tendió el estuche al vampiro y este le besó:
-Cualquier cosa será especial si tú me la regalas, Cachorro.
Los ojos de Harry relucieron y se apoyó sobre el codo, contemplando como Draco desenvolvía el estuche y lo abría, para contemplar sin habla por unos instantes su contenido. El moreno atisbó por encima de su hombro y vio sobre el terciopelo dos anillos de delicado labrado, en oro blanco y oro rojo. Uno era una serpiente de oro blanco, enredada en una rama de acebo de oro rojo. Los ojos eran esmeraldas y entre sus fauces, un rubí. El otro era un felino de oro rojo, cola y zarpas enredadas sobre una rama de espino de oro blanco. Los ojos eran rubíes, y sujetaba entre sus dientes una esmeralda.
Las lágrimas comenzaron a deslizarse por las mejillas de Draco y Harry se alarmó, sentándose de golpe. Temiendo haber ofendido o molestado al otro, se mordió el labio nerviosamente, y le rozó el hombro, murmurando con preocupación:
-¿Qué ocurre Draco?
El vampiro agitó la cabeza, y acarició con la yema de los dedos el delicado labrado del estilizado felino, notando la magia de los hechizos que completaban las joyas.
-¿De dónde han salido, Harry?
Preguntó Draco con la voz temblorosa, mirando con ardor a su amante:
-De una de mis cámaras de Gringotts…pero si no te gustan…
Musitó el lobezno, aun inseguro y vacilante. Draco denegó y miró intensamente a Harry, murmurando con voz repleta de emoción:
-¿Sabes lo que son?
Harry miró una vez más a los anillos y asintió con suavidad, algo más calmado. Draco no parecía enfadado ni disgustado.
-Parecen…anillos de compromiso, de alguna clase. No son iguales, pero hay un indudable paralelismo entre los dos.
Draco asintió suavemente, suspirando y recobrando su presencia de ánimo, cobrando fuerzas interiormente. Deslizó una mano entre las de Harry y esta la apretó entre las suyas. El vampiro le miró a los ojos, totalmente emocionado y comenzó a hablar:
-Me pediste un compromiso…y yo te dije que necesitaba un heredero, un hijo…y que hasta que no lo tuviese, no podía comprometerme totalmente contigo.
Los dedos de Draco se deslizaron de nuevo por los anillos, recorriéndolos y volvió de nuevo los ojos a su amante, los ojos enrojecidos por el llanto, y susurró con voz contenida:
-Aceptaste sin dudarlo, y me regalaste este anillo – señaló a la serpiente – diciendo que verlo en mi mano era todo lo que querías. Que estos anillos serian el símbolo de nuestra promesa, de nuestro amor secreto. Por eso no son iguales. Es muy difícil adivinar que son, si no se ven juntos. Podían pasar por un símbolo de nuestras respectivas casas.
Draco sollozó en silencio, durante unos instantes.
-A tu muerte…antes del funeral, recogía el tuyo, Harry y llevé ambos hasta…
Harry abrazó al sollozante vampiro, y este lloró sobre su hombro una vez más, prosiguiendo su relato mientas el moreno le acariciaba el cabello con dulzura:
-Mi padre los guardó, después de que intenté suicidarme por 2ª vez, cuando me llevó ante Hades… nunca supe donde, ni quise preguntarle nunca…pero me alegro de que los hayas encontrado, Harry.
El vampiro deslizó en dedo anular derecho la serpiente y sonriendo, con un brillo encendido en los ojos, hizo lo propio con el león en la mano de Harry, que sonrió ampliamente sus verdes ojos relucientes y brillantes.
-¿Me estas pidiendo…que me case contigo, Draco?
Preguntó con cierta sorpresa en el rostro el joven mestizo. El vampiro sonrió y deslizó los dedos por sus labios, provocando una respuesta inmediata, acelerando su pulso.
-El vínculo que nos une es más profundo que el simple matrimonio, Harry. Pero supongo que una bonita ceremonia sería apropiada, sobre todo, teniendo en cuenta tu mmh…estado.
Harry sonrió radiante y se abalanzó sobre su compañero, besándole con pasión, y entre risas y caricias, pasaron el resto del día de Navidad. Esa noche y ante las nuevas, los vampiros les congratularon, y para su estupor, Harry fue secuestrado, literalmente, por Lupin y Sirius. Era tradicional que los novios estuviesen separados antes de la ceremonia. El 28 era su cumpleaños, y se decidió que era una excelente fecha para la boda. Tras un largo ritual de purificación, que por supuesto implicaba la total ausencia de contacto entre los novios, en la mañana del 28, intercambiaron los anillos delante de todo el castillo, en una ceremonia oficiada por Hades.
Vestidos con túnicas casi iguales, de color blanco cremoso, Harry llevaba el pelo el bucles trenzados con una corona verde con flores y frutos, un símbolo de su fertilidad, y aunque nadie lo sabía, de su embarazo. El vampiro lucía una diadema similar, pero solo con hojas y flores, indicando que él era el padre de sus hijos.
Hades, les ató las muñecas según la antigua ceremonia celta, la derecha de Draco con la izquierda de Harry, simbolizando que ambos eran uno. Los documentos pertinentes fueron firmados por los tres orgullosos padres, y por Sirius y Lupin, que habían entregado a Harry al matrimonio, actuando como su familia. Los jóvenes cenaron y bailaron con todos los demás, y ya de madrugada, se retiraron a sus habitaciones, tras múltiples interrupciones, los amigos de ambos tratando por todos los medios de retrasar la noche de bodas, demandando un baile más con Harry u ofreciendo una copa a Draco, que se veía obligado a rehusar cortésmente.
Cansados pero felices, los jóvenes se escabulleron finalmente a sus habitaciones, perseguidos por un grupo de los más jóvenes, incluidos además del quinteto de padres. Los hechizos silenciadores y de privacidad habían sido temporalmente sustituidos por otro que retrasmitía los sonido del interior al pasillo. Los dos jóvenes se metieron en el baño, ignorando las risas ahogadas que se filtraban del exterior. Draco besó a su flamante esposo, algo que no había podido hacer más que en la ceremonia, y desplegó las alas, sediento y ardiente después de la separación ritual. El rugido de Draco y el gemido arrancado a Harry al morderle por primera vez, flotaron por el corredor, arrancando silbidos y gritos de los jóvenes vampiros y sus acompañantes. Lucius restauró los hechizos a su estado normal con una sonrisa y abrazando por la cintura a su esposa, dedicando una significativa mirada a Hades, exclamó:
-¡Esto ya es privado, señores!
La pequeña multitud se deshizo poco a poco, y los adultos fueron los únicos en permanece delante de la puerta del dragón. Con un gesto travieso, Lucius canceló de nuevo los hechizos y por un momento, jadeos y gemidos les envolvieron, antes de extinguirse finalmente. Con ojos llenos de pasión, los tres vampiros abandonaron el lugar, besándose y acariciándose entre ellos, mientras Lupin y Sirius se apresuraban a su propia alcoba, los ojos caramelo del licántropo, reflejando intensamente al lobo.
