Bueno, se acerca el final…Y no me despellejéis por lo que les hago sufrir! Lo he advertido reiteradamente, y aunque no hay nada grafico…en fin, usad la imaginación. Decidme vuestras preferencias para nuevo fic, bien en rw o votando en mi perfil. Y os dejo con el capitulo….
PERFECTA VIDA
Los jóvenes recién casados no reaparecieron más que para la cena de Fin de año, para retirarse inmediatamente después de las campanadas. Draco había comprado dos moises, gemelos, de madera de cerezo, como regalo de cumpleaños para Harry, y su cachorro había llorado de emoción al descubrirlos al día siguiente, aguardando a los pies de su cama.
La vida de ambos se instaló en una deliciosa rutina. Harry estudiaba y practicaba, haciendo magia con Draco muchas veces, y salían ocasionalmente a cenar o a algún espectáculo, siempre acompañados y en grupo, bien Sirius y Lupín, o Hades y sus padres.
La única fuente de tensiones era la manada. Harry seguía prestando obediencia a Sirius y Lupín, pero no se llevaba muy bien con algunos de los otros miembros del grupo, que le veían como una amenaza a su propio estatus. Era luna llena y Harry corrió solo hacia el bosque, a encontrarse con la manada, en una veloz carrera desde el foso de las cocinas, en dirección al usual punto de encuentro. Cerca del pequeño claro olfateó con cautela, deteniendo sus pasos. Era el primero en llegar, pero no aulló llamando al resto de la manada. Rondó por las cercanías, esperando y escuchando los sonidos del boque. Un crujido en la maleza y olfateo con cuidado, poniéndose alerta.
Otro lobo se acercaba, y no era Lupín. Era el castaño pelirrojo llamado Denise, que parecía haber hecho el objetivo de su existencia meterle en líos con el resto de la manada. Se tensó cuando otro chasquido delató la presencia de al menos otro lobo más y se alzó, escuchando atentamente. Harry receló. Cada sonido procedía de una dirección distinta, y se alejó, deseando evitar una confrontación, para dar un rodeo y volver a acercarse al claro desde otra parte del bosque.
Si Harry hubiese aullado, anunciando su llegada y llamando al resto de la manada, probablemente, no lo hubieran intentado. Al menos no esa noche. Pero el joven ojiverde no estaba habituado a pedir ayuda, y aunque se sabía en desventaja, permaneció silencioso, escabulléndose por los senderos del bosque. Y los otros aprovecharon esa debilidad, forzándole a alejarse cada vez más, cortando sus pasos, sin llegar a enfrentarle, alejándole cada vez más de la manada.
Cuando por fin se dejaron ver, tenían a Harry donde querían. Cerca del límite de las barreras de protección.
-¡Eres estúpido niño!
Ladró Denise y sin más aviso, él y el otro macho grisáceo le atacaron ferozmente.
Aunque no era una pelea justa y estaba en desventaja, Harry plantó cara valientemente, mordiendo con saña. Pero eran dos contra uno y en cuestión de minutos le derribaron. Los gruñidos y gañidos de dolor y rabia de Harry surcaron el cielo nocturno, llevando noticias de la conmoción al resto de la manada, que estaba congregándose en torno al claro. Alzando las orejas, Lupín envió a uno de los otros a toda prisa al castillo y seguido de la manada, emprendió el galope en dirección a los sonidos de la distante pelea.
Herido, cojeando, y aun intentando defenderse de sus enemigos, Harry retrocedió, empujado fuera de las barreras mágicas por los otros machos. Por primera vez en la noche aulló lastimeramente, llamando a Draco, en un momento de respiro, pero los otros le acosaron y le forzaron a retroceder más. Estaba al borde de un foso natural, una trampa perfecta de la que no podría salir sin ayuda, y con un último encontronazo, le hicieron caer en la hondonada. Harry aulló de nuevo, lastimado y asustado, y unos pasos se acercaron al borde irregular del foso. Pero lo que distinguió no fue el cabello platino de Draco, o el expresivo hocico de Lupín. Era el rostro frio y cruel del extraño de ojos azules, de Angello, el vampiro que había visto en el baile de Hallowen.
-¡Eres mío!
Exclamó con sorna el vampiro, inclinándose y haciéndole encogerse y retroceder, antes de que un liquido frio y maloliente le fuera lanzando, aturdiéndole, forzando su cuerpo a un sueño pesado y pegajoso…antes de que sus ojos se cerraran totalmente pese a su lucha y la negrura absoluta la envolviera por completo, no sin que el lobo lanzara un último y desesperado llamado a Draco, lleno de terror, desgarrando su garganta. Y un hechizo alcanzó su cuerpo inerte, asegurando su captura.
Si el primer aullido alertó a la manada de que algo no iba bien, acelerando el paso de la búsqueda, el segundo heló la sangre de las venas de Draco. El vampiro había bajado a los jardines, al oír la primera llamada y la segunda le encontró corriendo hacia el bosque. Aunque bruscamente interrumpido, el aullido hablaba de terror, algo que era impropio del joven. Lupin encontró su rastro, y llegó al lugar de comienzo de la pelea a un rápido trote. Desde ahí, el rastro era fácil de seguir, salpicado de sangre, y cuando cruzó la barrera, Draco se les unió galopando en su forma canina, siguiendo sin duda el reguero de la sangre fresca. Sirius se les unió desde otra dirección ya cerca del foso natural y los olores y huellas hablaron para ellos.
Los traidores habían huido en dirección al norte, y Angello, el vampiro, y Harry simplemente habían desaparecido. A través de su esclava, Draco sabía que Harry estaba bien, de momento inconsciente, porque ninguna emoción le llegaba cuando acariciaba la joya que les vinculaba. Draco aulló de dolor, rabia e impotencia, a pleno pulmón, y si la voz de Harry había alarmado a los habitantes de Inferno Castle, esta vez, hasta los elfos supieron lo que ocurría. Los vampiros estaban en guerra.
El perro blanco miró con sus ojos plata y celeste al gran lobo gris que era Lupín y gruño, erizando el pelaje y enseñando los afilados colmillos:
-¿Vamos de caza Lupín?
-Cuando tú quieras, Draco.
Gruñó erizando el pelaje el enorme perrazo de pelo negro desordenado junto a su compañero, mientras Lupín aullaba a la noche:
-¡Traición! ¡Guerra!
El lobo repartió a los restantes miembros de la manada en tres grupos, mientras guardias vampiros y humanos se acercaban a caballo. Uno de los grupos, liderado por él mismo, se encargó de seguir el rastro de los traidores. Los otros dos, uno de ellos con Draco al frente y el otro con Hades a la cabeza, se dirigieron a las zonas más frecuentadas por los solitarios, a explorar.
La primera partida en tener éxito fue la de Lupín, pero su presa era la más fácil y el rastro era nuevo, completamente fresco. El grupo de lobos y vampiros alcanzó y acorraló a los renegados en una posada relativamente cercana. Aunque habían cruzado arroyos y cauces, intentando perder su rastro, no contaron con la tenacidad de un rabioso lobo en busca de venganza para su cachorro. Ni con las habilidades de los vampiros. Un lobo determinado puede aguantar corriendo mucho tiempo, y con la colaboración de los vampiros, habían agotado a los caballos para alcanzarlos. Agotados, los traidores se habían refugiado tras una larga noche de huida en un pequeño establecimiento. En la habitación que alguien había reservado para ellos, ropas, dinero y documentos les dieron una falsa sensación de seguridad, y habían caído dormidos apenas se acomodaron en ella.
Aunque Lupin les hubiera destrozado lentamente con sus propias manos, pedazo a pedazo, se limitó a dejar que los furiosos vampiros les redujeran, los ojos destellando ira mal contenida y una vez estuvieron encadenados, muy magullados pero vivos, les escupió a la cara, y envió aviso a Draco y a Sirius con su patronus.
Draco llamó a su padre para hacerse cargo de su propia partida, y Sirius, tras una vacilación, comprendió que Hades debía estar con él y se quedó con el otro grupo, mientras Hades regresaba. Los vampiros habían encadenado a sus prisioneros en dos mazmorras, les habían arañado y desgarrado con sus garras, golpeado con los puños, y Narcisa, les había abofeteado después de insultarles y llamarles basura.
Cuando Hades y Draco retornaron les condujo hasta los presos y los dos vampiros comenzaron a interrogarles con veritaserum. Una vez que sacaron de ellos cualquier información útil, les abandonaron en las frías mazmorras. Lo único claro era que Angello, tenía una base más o menos estable cerca de un paramo de Escocia, en un lugar raramente frecuentado. Resentidos y celosos de la posición de Harry, los dos traidores habían aceptado los sobornos del vampiro para sacar a Harry fuera de las barreras del castillo.
La zona a investigar era grande, pero al menos tenían una pista, y numerosas partidas de reconocimiento se dispersaron por los lugar que podían concordar con los cuarteles de Angello. Una de las patrullas encontró unas viejas ruinas, en realidad un pequeño castillo del casi solo quedaba en pie la torre de vigilancia y las murallas, rodeado por un foso. Avisado Draco, se aproximaron más reconociendo lentamente el terreno. Y encontraron a Nick, el vampiro que había abandonado el grupo tras la pérdida de su pareja temporal, deprimido y desquiciado. Con los ojos ribeteados de rojo, el vampiro bebió de la muñeca de Draco, agradecido, y gruñó enseñando los dientes:
-¿Estamos en guerra?
-Estamos en guerra, Nick.
Con una risa algo extraviada, el hombre asintió y exclamó:
-¡Por aquí! El mejor acceso es a través del foso…
Comenzó a explicarles las debilidades y fortaleza de del lugar, los turnos de guardia, y demás detalles, mientras se aproximaban hacia la cueva que era su refugio. Draco estaba casi desquiciado; había sentido el dolor y la angustia, el pánico de Harry durante esos días, y los planes de batalla le dieron algo en que pensar, distrayéndole.
Después de intentar torturarle, incluso con Cruciatus, Angello cambió de táctica. Era imposible alcanzarle con hechizos, así que empezó a usar plata. Era un gran riesgo, pero le hacía más manejable, focalizando su magia en deshacerse del toxico y debilitándole. Las cadenas que le sujetaban eran fuertes, con un corazón de plata, y hechizadas para ser irrompibles. Aun así, Harry hubiera podido encontrar una manera de liberarse, pero su mente estaba más preocupada por otra cosa: sus hijos. Conscientemente reforzó las protecciones naturales de su cuerpo, en detrimento de sí mismo. Ellos eran su prioridad. Su poder se centró cada vez más en torno a su útero, rodeándolo de cuantas defensas pudo idear.
Angello estaba furioso con él, frustrado porque no se doblegaba a su trance, porque no cedía a sus deseos, pero eso solo significaba que era aun más brutal y violento con él. Envenenado con plata, pronto Harry era incapaz de rechazarle, no sin dejar a sus hijos sin protección, y esa, no era una opción. Sus instintos clamaban cada vez que el otro le tocaba, cada vez que bebía de él, rechazando a quien no era su verdadero compañero, gritando de dolor en vez de placer.
Finalmente, Angello decidió que estaba harto de oírle llamar a Draco, de que le escupiera rabioso que Draco iba a matarle y decidió Obliviarle. El vampiro tuvo que usar el hechizo repetidamente, Draco era realmente una parte de Harry, y la mente del moreno se derrumbó ante el ataque. Pero un núcleo de pensamientos e ideas permaneció intacto, desaparecidos los recuerdos, pero no la conciencia de que en su vientre se alojaban dos vidas, fruto de su unión con su verdadero compañero, fruto de un amor que ya no recordaba.
Draco intentaba mandar a Harry confianza y esperanza a través de su pulsera, acariciándola cuando sabía que el joven no estaba sufriendo. Las sensaciones que corrían por él confundían al moreno, haciéndole desear y añorar algo, llevándole a derramar lágrimas de angustia, perdido y sin recuerdos a los que aferrarse, sumergido en una espiral de diarias torturas y violaciones.
Tras más de un largo mes desde su rapto, los vampiros atacaron. Habían logrado establecer unas pautas y sabían que Harry estaba más tranquilo después de medianoche, y esperaban que eso significara que estaba solo, así que planearon la incursión para las dos del mañana. Entraron por dos lados a la vez, por el foso y una puerta lateral. Solos unos 5 o 6 vampiros vivían permanente en aquel lugar, pero además había cerca de 20 personas, la mayoría muggles, presas de los vampiros solitarios. Una vez dentro, los atacantes usaron conjuntamente su poder para tranquilizar a los humanos y fueron acorralando a los vampiros, uno por uno. Fuera, una guardia mixta de lobos y hombres cercaba cualquier posible salida y esperaba por si alguno intentaba desaparecer, las barreras que habían levantado le llevarían directamente a unas jaulas ya preparadas.
La lucha fue cruel, porque ningún grupo estaba dispuesto a rendirse y ni dieron ni ofrecieron cuartel. Pero eran mucho más numerosos que ellos y acabaron reduciéndoles. Una vez removidas todas las amenazas, Draco, herido, buscó afanosamente a Harry, mientras otros se encargaban de ir ayudando a los prisioneros que encontraban. Un grupo en otra ala le localizó y le llamaron, con tono claramente urgente. Saltando por encima de los escombros, esquivando a la gente en su camino, el rubio corrió hacia ellos.
Harry había oído la conmoción, pero barrotes bañados de plata le separaban del resto del lugar. Se había ocultado en el rincón más alejado de su celda apenas alguien abrió la puerta y escuchó voces. Draco se abrió paso entre los dos vampiros que estaban pasmados delante de una puerta, y su expresión de anhelo se cubrió de horror. Mandó salir de inmediato a los otros, con voz tajante y los vampiros se retiraron, dejando al rubio a solas. Harry gimió y tembló en su rincón, hecho un ovillo, totalmente desnudo, y con la piel llena de heridas y moretones. Draco vio los destellos de metal y se fijó en los múltiples aretes que llevaba colocados en las orejas, y al parecer, también en los pezones. Harry no era tan sensible a la plata como un hombre lobo puro, pero si tenía una fuerte alergia y todas las zonas en torno a los piercings estaban amoratadas e hinchadas. Hablando suavemente, los ojos anegados de lágrimas, Draco abrió la reja de plata y le llamo:
-¿Harry? Soy yo, Draco. Ya ha pasado todo…
El joven no respondió, tan solo tembló en su rincón y se balanceó sobre las rodillas, gimiendo sordamente una y otra vez, haciendo tintinear los grilletes que unían sus muñecas a la pared. El vampiro avanzó, muy lentamente, siempre hablándole con el mismo tono suave, murmurándole lo mismo una y otra vez. Ya solo le separaba un metro del moreno, y el joven le miró de reojo. Alentado, Draco se arrodilló y suplicó:
-Harry…por favor, ven conmigo…
El maltrecho moreno se giró muy despacio, como un animal asustado, y vaciló, sus hermosos ojos verde rodeados de ojeras. Su instinto le decía que aquel vampiro no era como los otros, que era su compañero -significase eso lo que significase- pero el miedo, el terror inducido por el maltrato y el dolor que le habían infligido, le paralizaban. Después de todo, no recordaban nada más… Solo recordaba el sufrimiento y la tortura de Angello, sus malos tratos, sus gritos, y aunque en el fondo algo le decía que su vida no siempre había sido así…no lograba recordar nada más. Draco, con las lágrimas rodando por las mejillas susurró, acariciando con suavidad la pulsera:
-¡Oh Merlín, Harry ! ¿Qué te han hecho, amor mío?
Los ojos verdes se dilataron ligeramente. Su olfato e instintos percibían algo, emociones muy distintas en aquel vampiro. Desesperación y cariño…amor. Se removió, inquieto y vacilante. Los otros y Angello siempre destilaban sed, rabia y lujuria. Draco volvió a llamarle, una vez más y Harry se arrastró hacia él, su instinto venciendo finalmente el terror. Su olor decía que era su compañero, y que no importaba que le hiciera después, el tenia que complacerle y consolarle.
Abrazándole suavemente cuando el joven moreno se aproximó hacia él, casi arrojándose a sus pies, Draco le cubrió con su capa y se deshizo de las cadenas. Harry sollozó suavemente, temblando entre sus brazos, mientras Draco le apretaba contra su pecho, al borde de la inconsciencia. Nadie se interpuso en su camino, y con su frágil carga, el rubio se abrió paso hacia los límites de aparición, entre los murmullos y miradas cargadas de preocupación de los otros. Una vez que apreció dentro de los límites de Inferno Castle, Harry gimió, desorientado y asustado, ocultando el rostro en las ropas del vampiro, que avanzó como el ángel de la muerte por los corredores, cubierto de sangre y polvo, las ropas desgarradas, llevando en los brazos su preciosa carga, hasta que alcanzó sus habitaciones.
Una vez en el baño, Draco depositó a un tembloroso y aterrado moreno sobre el suelo de mármol y el muchacho se aovilló a sus pies, temblando, el rostro oculto por las greñas de sucio pelo desordenado. Draco se inclinó y trato de acariciarle, pero Harry se estremeció y se encogió a su contacto. Al ponerle la mano en el hombro, gimió sordamente, con un sonido ahogado.
Harry se debatía furiosamente entre dos impulsos, el de huir de un potencial dolor, ahora que por fin estaba libre, y el de obedecer los deseos de aquel rubio vampiro, el que sus instintos calmaban que era su compañero. Se atrevió a mirarle, apenas un instante, y los ojos llorosos y llenos de dolor del rubio terminaron de inclinar la balanza. En un gesto inusitado, el muchacho le lamió la mano, como un cachorro asustado en busca de consuelo. Draco le acarició la mejilla lentamente, y esta vez, Harry no retrocedió, aunque volvió a estremecerse, los grandes ojos verdes llenos de miedo.
El vampiro se arrodilló junto a él, y murmurando suaves palabras de consuelo, trató de quitarle uno de los adornos de plata. El maltratado muchacho tembló y se apartó un poco, aunque no huyó de él o se refugió lejos de su alcance. Draco insistió gentilmente y con mucho cuidado tomó el aro entre sus dedos, y tiró, hasta que este se quebró bajo la presión. Con infinito cuidado, el vampiro extrajo los restos del objeto y los arrojó al suelo. Los verdes ojos de Harry le miraron, asustados, pero llenos de interrogantes; una débil chispa de esperanza iluminando sus profundidades oscurecidas por el dolor. Y cuando el vampiro intentó tocarle de nuevo, se mantuvo perfectamente quieto, casi conteniendo la respiración. Poco a poco, todos los piercings de plata desaparecieron, tras una paciente labor por parte del joven vampiro.
Luego, el rubio le tomó en brazos, suavemente y le metió consigo en la ducha. Draco no dejaba de hablarle, de decirle lo que estaba haciendo, de llamarle y decirle que todo iba a ir bien, que ahora estaba a salvo, seguro, pero el moreno permaneció silencioso, casi indiferente y solo reaccionó cuando Draco comenzó a frotarle bajo el agua caliente. Palpitó de nuevo, estremecido, pero se dejó hacer, pasivamente. Las manos de Draco recorrieron su cuerpo con la esponja, y nada malo sucedió, así que lentamente, Harry dejó de temblar. El vampiro le lavó el pelo con mimo, susurrándole palabras cariñosas, y el moreno se relajó un poco más. Draco se desnudó ante la atenta mirada del moreno, y vaciló la ver su aprensión, dejándose los bóxers. Con dulzura, el rubio le guió hacia la enorme bañera, y le hizo entrar en ella. El agua caliente y perfumada les envolvió y durante un rato, Draco pretendió que todo estaba bien, cerrando los ojos y notando el cuerpo de Harry entre sus brazos.
Pero no era cierto y tras dejar que el agua y las pociones hiciesen su trabajo, emergió de la bañera. Envolvió en un suave y grueso albornoz el cuerpo casi inerte de su compañero, y tras cubrirse con otro, se deshizo de sus bóxers empapados, le hizo sentarse para peinarle el largo cabello. Harry parecía agotado, somnoliento y se dejó hacer casi sin protestas cuando Draco revisó que las heridas externas estuviesen limpias, y aplicó en sus heridas y moretones un bálsamo desinfectante y calmante, aferrado al albornoz.
-Vamos Harry, necesitas descansar y comer. Ven conmigo.
Vacilante, el moreno tomó la mano ofrecida tímidamente en la suya y Draco sonrió, desde detrás del dolor y la amargura, siguiéndole dócilmente. El vampiro le condujo a su dormitorio, al que ocupara inicialmente y Harry pareció sorprenderse. Su nariz se frunció una y otra vez, mientras sus ojos exploraban el lugar, pero de dejó sentar en la mesa. Sin embargo, se sobresaltó cuando apareció la comida y aunque estaba famélico, no hizo un solo gesto para tocarla, desviando la mirada hacia otro lado. Draco le aproximó a bandeja, y el olor hizo rugir su estomago, pero Harry no tocó ni miró los platos. Suspirando pesadamente, el vampiro murmuró:
-Vamos cariño, tienes todo lo que te gusta…
La preocupación del vampiro era evidente en su voz y sus ojos, pero Harry recelaba. La comida había sido un medio más de tortura, y frecuentemente estaba drogada, haciéndole desconfiar de ella. Con insistencia Draco le tentó, dividiendo un sándwich de carne asada y verdura, uno de sus favoritos, y ofreciéndole un trozo en una servilleta, mientras le acariciaba el cabello:
-¿No quieres probarlo? Es uno de sus preferidos y está delicioso, Harry…
El moreno giró los ojos hacia Draco, dudando. Tarde o temprano, tendría que comer. Pero su recelo era evidente. El vampiro dio un pequeño mordisco al restante trozo, lo masticó y tragó, aun ofreciendo el otro medio al moreno. Aquello olía tan bien…y el vampiro estaba comiendo también…tal vez era seguro. Preparándose inconscientemente para ser castigado, el moreno arrebató la comida de las manos del vampiro y la engulló en dos rápidos bocados, mirándole con ojos aprensivos. Draco sonrió alentándole, y le ofreció la bandeja. Vacilando, Harry tomó otro sándwich, y esta vez, comió con algo más de calma, sin perder de vista nunca al vampiro. Envalentonado, se atrevió incluso a tomar un vaso de zumo de calabaza, pero cuando Draco intentó acariciarle la mejilla, retrocedió asustado de nuevo, dejándose caer de la silla, acurrucándose en el suelo.
Draco apretó los puños, iracundo y se tragó las ganas de destrozar algo, o a alguien, murmurando mentalmente una promesa:
"¡Van a pagarlo, lo juro Harry!"
Se agachó para ponerle en pie, y pese a que Harry temblaba, le abrazó, acariciándole el pelo y la espalda. Sus caricias parecieron tener un cierto efecto calmante y el muchacho comenzó a llorar en silencio, rompiendo el corazón del vampiro.
-Shh…ya pasó todo, Harry; ya pasó, Cachorro mío…
Le secó las lágrimas, besándole suavemente las mejillas, aunque eso sobresaltó la moreno. Y el joven mestizo dejó de temblar y se abandonó a lo que sus instintos le decían. Se aferró a las ropas de Draco y este siguió confortándole suavemente. Cuando el acceso de llanto remitió, todo su cuerpo gritaba ¡Confía en él! ¡Es tu compañero! Esa palabra no tenía mucho sentido para él, tan solo que sentía la imperiosa necesidad de complacerle y protegerle, aunque eso significase….Harry cerró los ojos fuertemente, y se estremeció momentáneamente, el otro vampiro le había torturado y forzado, violándole cruelmente, proclamando que era suyo, pero Harry nunca había sentido el deseo de complacerle.
"Tal vez eso es un compañero…Alguien con el que si quieres hacer…eso"
Vaciló de nuevo, mirando con ojos angustiados al vampiro que le sujetaba entre sus brazos, jadeando levemente de ansiedad. Los recuerdos anteriores eran tan borrosos, confusos, tan solo vagas sensaciones, y el dolor había sido tanto y eran tan reciente… Con cuidado, Draco le sentó de nuevo a la mesa, murmurando más y más palabras de ánimo, y mansamente, Harry observó atentamente a Draco, que una vez le tuvo de nuevo sentado y aparentemente calmado, y con mucha persuasión y súplicas, Harry aceptó con reticencia, y tras mucho olfatear, tomar las pociones calmantes del dolor, reconstituyentes y regeneradoras de sangre que Draco le ofreció. Tan solo por complacerle, y después de haberle visto tomar un sorbo primero. El vampiro le ofreció un vaso de zumo de calabaza y tras olfatearlo, Harry acabó bebiéndoselo a pequeños sorbos. Esta vez, cuando Draco le ofreció más comida, Harry aceptó dócilmente lo que el vampiro puso en su plato y comió con cierta tranquilidad.
La comida, las pociones y el baño, una vez superado el recelo y miedo, comenzaron a cobrarse su precio y el joven moreno comenzó a bostezar, agotado visiblemente. Draco sacó un nuevo frasco de poción, para dormir sin sueños, solo ¼ de dosis, pero suficiente para garantizar una noche relativamente tranquila. Harry tan solo la olfateó antes de apurarla. El vampiro le cogió en brazos, murmurando palabras cariñosas y le llevó hasta la cama, y le sentó en ella. Costó cierto trabajo y un nuevo acceso de nerviosismo el quitarle el albornoz, pero cuando el joven mestizo se convenció de que Draco no pretendía tener sexo con él, colaboró incluso y se colocó el pijama que su compañero le ofrecía. Sentado a su lado, el vampiro le acarició con dulzura el cabello y Harry, esbozando una primera y tímida y temblorosa sonrisa, que hizo curvarse los labios de Draco, buscó con timidez la mano del vampiro con la suya. Así, con Draco murmurando frases de aliento y acariciando su pelo, mientras aferraba su otra mano entre los dedos, Harry se rindió lentamente al sueño.
Cuando por fin estuvo profundamente dormido, y tras contemplarle dormir durante un rato, sin cansarse de verle; pretendiendo por unos momentos, que nada de aquel horror había pasado, el joven vampiro soltó su mano de entre los dedos de Harry y se levantó muy suavemente, encaminándose a su sala de estar. A su llamado un elfo se apresuro a presentarse y minutos después, Hades, sus padres, Sirius y Lupín, acompañados de Molly, se reunían con él. Draco no les dejó más que verle un instante desde el umbral del dormitorio y cuando cerró tras de sí la puerta, un brillo febril iluminaba sus ojos, e hizo una pregunta en voz ronca:
-¿Dónde está ese malnacido?
Su madre murmuró que junto a los traidores, haciendo centellear los ojos de mercurio de su hijo, y este, sin dedicarles una sola mirada, se puso en marcha. Lo que había hecho Angello era imperdonable y según las leyes de la comunidad vampírica, Draco tenía derecho a hacer con él lo que quisiera, a disponer de su vida, torturarle e incluso matarlo. Y lo mismo sucedía con los lobos traidores. Encadenado en una fría celda, el vampiro aguardaba su destino.
Cuando horas más tarde, Draco abandonaba la mazmorra, nadie hubiera podido afirmar que la criatura que yacía encadenada a la pared entre aquellos lóbregos muros hubiese sido alguna vez el vampiro llamado Angello. La puerta de la celda se selló, convirtiéndose en un sólido muro, y un último grito inarticulado brotó del ser que una vez fuera un orgulloso vampiro, sabiendo que Draco acababa de condenarle a una larga y tortuosa agonía, a la muerte por inanición en la celda ahora cerrada para siempre. Antes de retornar, Draco se alimentó de los dos lobos traidores, y aunque de buena gana los hubiera matado, decidió esperar y darle una oportunidad de venganza a Harry.
Ya de regreso, se deslizó en silencio entre los tres vampiros que aguardaban sentados en su sala de estar, se bañó cuidadosamente, para limpiar la sangre de su cuerpo y se envolvió en un pijama para hacer una última visita a su amado Harry. El moreno yacía enroscado entre las sabanas, dormido y calmado gracias a las pociones que Draco le había dado. El vampiro se sentó un rato en el borde de la cama, contemplándole, y por fin, se permitió desahogar su dolor. Lloró en silencio, por no haber sido capaz de protegerle, por el daño que le habían infligido, lloró por él y por si mismo, hasta que ya no le quedaron lágrimas y tras depositar un suave beso en el negro cabello, regresó a su dormitorio, dejando las puertas del baño abiertas.
Molly les visitó por la mañana, e insistió en realizar un chequeo completo de Harry. Tras muchas reticenticas, Draco accedió. Entró primero en el dormitorio, y suspirando, se acercó al lecho, rozándole levemente el cabello, despertado suavemente al muchacho que parpadeó aturdido. Harry escuchó atentamente sus palabras, pero no dio signos de entenderle o de reconocer el nombre de Molly. Pero se levantó de la cama y animado por el vampiro, entró al baño, para regresar poco después. Draco le tomó de la mano, y le condujo a la sala, y Harry se tensó un poco al ver a otra persona, más visiblemente cuando esta sacó la varita. Pero se mantuvo sentado en el diván, los ojos fijos en Draco. Eran sus reacciones las que le daban la pista a seguir y ya que le vampiro estaba tenso pero no asustado, mantuvo una calmada vigilancia.
Molly hizo varias preguntas, pero aunque Harry la entendía, no encontraba motivo para hablar. Había dejado de hacerlo y no veía el porqué empezar ahora de nuevo. Sus ojos se giraron de nuevo a Draco y este le sonrió.
-Esta bien Cachorro, tómate el tiempo que quieras.
Los ojos de Harry se iluminaron con una expresión de…reconocimiento y la sonrisa de Draco se ensancho. Cuando acabó la exploración, el rubio le tomó de la mano y le condujo de regreso al dormitorio, susurrando suavemente:
-Enseguida vuelvo con el desayuno, Harry.
Molly, en la antesala de sus habitaciones, le dio su diagnostico:
-Físicamente, está razonablemente bien. Y tus hijos también. Solo tiene lesiones menores. Te mandaré algunos bálsamos para terminar de curar los desgarros internos y un desintoxicante para eliminar los restos de plata de su organismo. Toda su magia parece estar focalizada en mantener a salvo los fetos, está protegiéndolos conscientemente, en detrimento de sí mismo. Supongo que cuando se calme por completo, y se sienta más seguro, eso se normalizara también.
La mujer hizo una pausa suspirando, ante la mirada expectante de Draco y añadió con un murmullo:
-Lo que realmente me preocupa es…su mente; Draco. Le han sometido a demasiados hechizos desmemorizantes. Dudo que lo que recuerda sea algo coherente, si es que realmente recuerda algo de su vida, es muy difícil de decir. Sin duda, retiene los conocimientos básicos para desenvolverse, pero poco más. Lo siento mucho, Draco, pero sus memorias están pérdidas para siempre. No recuperara sus recuerdos nunca.
El vampiro miró a Molly con ojos brillantes, tenso y rígido, pero asintió lentamente, sin que su expresión de perfecta calma se alterase lo más mínimo, haciendo estremecerse interiormente a la medimaga.
-Harry sigue siendo Harry, eso no cambiara nunca, al menos para mí. ¿Puedes informar a Hades y a mis padres, por favor? Harry me espera…
La mujer se marcho y Draco regresó el dormitorio con la bandeja del desayuno prometido, aportada por los elfos. Harry comió con tranquilidad, sentado junto al vampiro que le sonreía con dulzura. Draco hablaba por los dos, y aunque Harry no daba claras muestras de entenderle, el vampiro estaba seguro de que así era, a juzgar por ciertas miradas que el joven le dedicaba.
Cuando más tarde, algunos de sus amigos pasaron a visitarle, Harry acabó huyendo del saloncito, y refugiándose en el vestidor del dormitorio. Eran demasiados, y Romel no entendía que su amigo no desease un abrazo. Acurrucado en un rincón del vestidor, Draco le consolaba suavemente, intentando sin éxito hacerle salir de su refugio, susurrando que ya se habían marchado. Hades se asomó, preocupado y las tornas se invirtieron. El olor de Hades le recordó algo a Harry y este alzó vivamente la cabeza. ¡Peligro!¡Aquel vampiro suponía un peligro para Draco! Tiró con fuerza del rubio y se interpuso, amenazante, encorvado y gruñendo ferozmente una advertencia al posible enemigo, mientras sus colmillos se alargaban y sus ojos se llenaban de fuego.
El alto vampiro se sorprendió, pero no se apartó, visiblemente no esperaba semejante reacción. Furioso, Harry saltó hacia delante, su cuerpo pasando a un estado semi transformado, lanzando un seco mordisco al aire, las orejas plegadas al cráneo y los belfos replegados enseñando los afilados colmillos…y casi todo el resto de su dentadura. Draco le tiró de la ropa y exclamó, mientras Hades retrocedía apresuradamente un paso:
-¡Harry! ¡No!
El muchacho regresó a su lado, gruñendo sordamente y con el hocico fruncido en una mueca de enojo, en su estado hibrido entre humano y lobo. El vampiro acarició suavemente la zona detrás de sus orejas y murmuró, si dejar de acariciarle:
-Hades no va a hacerte daño, Cachorro. Ni a mí tampoco, te lo prometo.
El lobo gruñó suavemente, receloso y olfateo de nuevo el aroma del vampiro, ahora cuidadosamente apartado, asomado tan solo en la puerta del vestidor, junto a otros dos adultos rubios, y dos hombres de pelo más oscuro. Los rastros de olor compartidos le dijeron que los tres vampiros adultos eran…meneó la cabeza, no encontraba un nombre para lo que su olfato sugería, pero todos pasaban mucho tiempo juntos. Olfateando más, protegiendo a Draco con su cuerpo, sin dejarle salir del rincón, Harry ladeó la cabeza y aspiró lentamente.
A falta de otra cosa mejor, clasificó a los adultos en dos manadas. Los tres vampiros por un lado y el otro hombre lobo con su compañero. Cogiendo la mano de Draco, olisqueó con cuidado su piel. Su rastro estaba presente, de una manera especial en aquella piel blanca, pero también encontró residuos del olor de los otros. Intrigado, Harry sacudió la cabeza, y se olió a sí mismo. ¿Eran ellos dos…otra manada? Su mente saltó de gozo ante la mera idea, y ató cabos. Draco era el cachorro de los vampiros, y aunque Harry sabía por su olor que aquel lobo de cabello castaño y su compañero de ojos azules no eran realmente sus padres, pero él se sentía su cachorro. Gimoteó con suavidad mirando a Remus y Sirius sonrió radiantemente. Más relajado, Harry retornó a la forma completamente humana, y se abrazó a Draco. El rubio hizo un gesto, demandando que les dejasen solos y con suavidad, condujo a Harry hacia el salón, susurrándole con ternura:
-Nadie te molestara en tu dormitorio, Harry; te lo prometo. Si es demasiado, siempre puedes retirarte a él, cuando tú quieras.
El moreno consintió en sentarse, estrechamente acurrucado con Draco, mientras los otros adultos les contemplaban desde cierta distancia. Sin hablar, Harry escuchó la conversación, absorbiendo poco a poco las relaciones, nombres y estatus de todos ellos.
Pronto, Draco estableció una nueva rutina. Apenas abandonaba sus habitaciones, acompañando a Harry casi en todo momento, demostrándole su afecto de cuantas maneras podía: con gestos, si le joven se lo permitía; cuidando de él, hablando con él y susurrándole palabras afectuosas. Se encargaba de sus asuntos en el despacho anexo a sus habitaciones y le dejaba al cuidado de su elfina por más rato solo cuando era estrictamente necesario. La elfina al principio sobresaltó a Harry, pero pronto captó su interés ya que su olfato determinó que estaba embarazada. A veces, como un niño, se tumbaba en la alfombra, rodeado de pergaminos, que cubría con extraños dibujos.
Más adelante, Draco le sorprendió ojeando libros, y comenzó a leerle historias y relatos. No pasaron más que unos pocos meses cuando se hizo evidente que Harry conservaba sus capacidades intelectuales intactas, leía ávidamente, aunque seguía sin hablar, y se mostraba tímido y receloso con cualquiera que no fuese Draco, o sus familias. Comenzaron a salir más, con Harry pegado a Draco como un cachorro silencioso. Y el nacimiento del pequeño elfo fue todo un acontecimiento. Harry se mantuvo junto a la elfina desde que sus instintos le alertaron del comienzo del parto y su cara de deleite al sostener a la diminuta criatura entre los brazos puso un nudo en la garganta de Draco. ¿Qué iba a ocurrir con sus hijos nonatos? ¿Alguna vez podría él sentir ese mismo éxtasis, y verlo reflejado en los verdes ojos de su amado? ¿Entendería Harry lo que sucedía? Las preguntas eran demasiado dolorosas, y Draco decidió no pensar más en el futuro. Ya afrontaría lo que fuese, por Harry y con Harry.
Al pasar el tiempo sin que la condición de Harry variase, los padres de Draco intentaron convencerle de que tomara un donante estable -y amante- ya que aunque el joven se alimentaba regularmente de ellos y de Hades, y suplementaba adecuadamente su dieta con sangre en copa, el muchacho no parecía comportarse plenamente de acuerdo a su edad, era mucho más infantil, y por supuesto, no había nada entre ellos.
Pero Draco se negó rotundamente y Hades apoyó su decisión. Mientras su salud no se resintiese, y Draco bebiese sangre con regularidad, nadie, ni siquiera ellos tenían derecho a interferir con su relación de pareja. Era duro asumir que tal vez nunca volvieran a tener intimidad; pero Draco sabía que existía la posibilidad de que algún día, Harry se recuperase, no había perdido la esperanza y se aferraba a ella, aceptando con alegría lo que el moreno estuviese dispuesto a darle, bañándole con su afecto y su ternura.
Poco a poco, el moreno comenzó a demostrarle más abiertamente su afecto, su cariño y el vampiro se asió a esas leves caricias y sonrisas con esperanza, castos besos y abrazos, resuelto a no desesperar. Los dibujos de Harry eran cada vez más elaborados y perfectos, y estudiándolos con mayor detenimiento, Draco descubrió que el joven estaba dibujando fragmentos inconexos de su pasado. Las alas de Draco eran uno de los motivos más reiterados, aunque Draco no había vuelto a desplegarlas para él ¿Para qué mortificarse a si mismo aun más? Otros dibujos mostraban a Lupin y Sirius en sus formas caninas. Y otros, para desolación del vampiro, eran fragmentos de su suplicio. Draco no desistió, paciente, y llevaba a Harry con él a todas partes, a pasear por los jardines, incluso a cortas cabalgadas en torno al castillo.
Esa tarde estaban sentados en su saloncito, y Harry seguía dibujando, tumbado sobre la alfombra, aparentemente indiferente a la conversación, mientras los padres de Draco insistían otra vez.
-Draco, cielo mío, no eres realista…Harry no está bien y puede que nunca…
Narcisa dejó las palabras en el aire ante la dura mirada de reproche de su hijo y guardó un tenso silencio. Había sido muy difícil para ellos ver el dolor de su hijo, escucharle gritar de rabia y dolor cuando no podía soportarlo más, al principio desahogando su furia y su culpabilidad contra los prisioneros que aun aguardaban en sus mazmorras, mas tarde volcando sus energías en fieras luchas y combates. Con una mirada de advertencia a sus padres, el vampiro llamó con suavidad al moreno mestizo:
-Harry, cariño ¿Puedes venir un momento?
Alzando la cabeza de inmediato, el muchacho se volvió y Draco le dedicó una cálida sonrisa. Recogiendo sus preciados dibujos, el moreno se acercó con pasó elástico y el vampiro le tendió la mano. Deslizando sus dedos en ella con una dulce sonrisa, el joven lobo se sentó a su lado, enroscándose en el asiento y apoyándose en su costado.
Con voz amable y suave, el vampiro le miró directamente a los ojos, obteniendo un ligero rubor y una nueva sonrisa, y Draco susurró con tono cariñoso:
-¿Me dejas tus dibujos?
Harry asintió con prontitud, entregándole el puñado de pergaminos en que estaba trabajando, sujeto entre las tapas de una carpeta dura. Apenas los tuvo entre sus manos, Draco añadió, igualmente tierno:
¿Serias tan amable de traernos las otras, las que tienes encuadernadas y ya están terminadas, por favor Harry?
Con una sonrisa, Harry se levantó y caminó sin prisa alguna hacia su dormitorio, su paso elástico apenas creando sonido, descalzo sobre las suaves alfombras y desapareció en busca de lo que Draco había pedido. Con ojos acusadores, Draco se giró a sus padres y murmuró con gesto seco:
-El que no hable, no quiere decir que no entienda todo lo que se dice a su alrededor. Así que no volváis a decir una palabra que pueda ofenderle o sugerir de nuevo que tome un donante.
Sus ojos de plata se giraron hacia las estanterías repletas de libros y añadió, señalándolos con un amplio gesto de la mano:
-¿Acaso no le habéis visto leer en otras ocasiones? A veces, incluso, cuando encuentra algo que no entiende, simplemente, me coloca el libro abierto en el regazo y me mira. Y si lo que le explico no le convence, me mira con aire incrédulo. Y usualmente regresa con más libros sobre el tema, hasta que esta satisfecho.
Con un pesado suspiro el joven rubio añadió en un murmullo, mirando a los ojos de su padre:
-Por favor, todo lo que pido es que respetéis mi decisión. Es mi vida, y Harry es mi compañero. Nada va a cambiar eso. Y es el padre de mis hijos. Yo solo quiero estar con él, y espero realmente que en algún momento del futuro, las cosas progresen de nuevo entre nosotros. Pero incluso si todo lo que puede darme es su compañía, que así sea. Viviré con eso. Pero no volváis a pedirme que le traicione.
Narcisa bajo los ojos con cierta vergüenza reflejada en ellos. Era difícil para ellos verle renunciar a casi todo por el joven moreno, pero Draco tenía razón. No podía dar la espalda a su compañero, aunque este ya no pudiese corresponderle plenamente. Draco no había podido dejar atrás a Harry como humano, y mucho menos podía hacerlo como vampiro. Con un suspiro cansado el rubio añadió:
-Harry sigue siendo mi vida. Mientras él sea feliz, yo seré feliz madre.
