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Risas y un gran alboroto en medio de un lago cristalino iluminado por el cálido y rojizo atardecer. Varias chicas nadaban y jugaban lanzándose agua entre ellas mientras otras más se acercaban a la orilla de una pequeña porción de tierra con un par de rocas en medio del agua. Todas tenían el torso desnudo, adornado únicamente por grandes collares multicolor.
-¡Ya casi se oculta el sol, vamos a llamarla! –gritaba entusiasta una de ellas.
-¡Sí, sí, que quiero enseñarle mi nuevo collar! –exigía otra.
Sobre las rocas se formó una especie de neblina que poco a poco se hacía más densa.
-¡Miren! –gritaron algunas.
De ésta emergió un hermoso gato con largo pelaje gris oscuro y negro, de elegante figura y tan grande como un lobo. Sus enigmáticos ojos color chocolate le daban un toque entre tierno y seductor. Con gran gracia descendió por las rocas hasta quedar frente a las chicas quienes alegremente se acercaron, dejando ver la totalidad de sus cuerpos. Mitad mujer, mitad pez. Las sirenas atentas le dieron una cariñosa bienvenida al felino, acariciando su cabeza, dándole mimos al por mayor. El ronroneo era cada vez más intenso.
-¡Vamos déjate ver cariño! –gritó una de ellas.
-Oh... pero si se sentía taaan bien... –El enorme gato habló en un tono resignado.
-¡Ven a jugar con nosotras!
-*suspiro*... –El felino comenzó a desvanecerse nuevamente en una espesa niebla, dando paso a una chica esbelta de cabello oscuro y algo desordenado, alta y de piel blanca. Sus ojos delineados y un par de orejas gris oscuro que asomaban en su cabeza al igual que una cola larga y espesa; ataviada con un traje que consistía en pantalones y botas negras, acompañadas de una especie de chaleco y blusa sin mangas color blanco ceñidos a su figura, lo cual le daba un toque elegante, atractivo y a la vez tan ambiguo. –Aquí me tienen señoritas... soy toda suya.
Las sirenas volvieron al agua mientras la chica felina se quitaba las botas, se deshacía del chaleco y desabrochaba su pantalón; se acercó a la orilla, y con uno de sus pies tocaba y medía la temperatura del agua.
-Uhhh... frio frio friooo –susurraba.
Como la temperatura no era la ideal, decidió que lo mejor era flotar sin tocar el agua. Así que caminó sobre esta, recostándose y recibiendo nuevas atenciones. Así pasó el tiempo hasta que por fin la noche cayó y la luna emergió; las estrellas tapizaban el cielo y las sirenas reunidas nuevamente en el pedazo de tierra que poco a poco era cubierto con agua debido a una extraña marea. La mayoría comenzó a emitir hermosos cánticos mientras un par de ellas se dejaban seducir por la hermosa mujer que invocaron horas atrás.
-Mmm... Se supone que tú deberías caer rendida ante nosotras, no al revés... –una rubia susurraba mientras envolvía sus brazos alrededor de la enigmática felina quien a su vez recorría con suaves besos el cuello de una sirena pelirroja. Las tres con el agua cubriéndolas hasta la cintura.
-Soy la excepción...–esto último lo dijo con total confianza mientras acomodaba unos mechones de cabello oscuro-
-Qué modesta, por eso nos encantas.
-Lo sé. Pero, es hora de marcharme... –Dicho esto, se levantó y comenzó a abrochar sus ropas.
-¡Wow, miren allá! –Todas señalaban el cielo que se cubría con luces de bengala rojas que formaban pequeños corazones rojos que poco a poco caían en el lago... Eso sólo podía significar una cosa.
-Problemas... –La chica felina se puso en alerta, agudizando al máximo sus sentidos; los corazones rojos eran sin duda una mala señal- Váyanse ahora –volvió a gritar pero no hicieron caso-
-¿Qué?
-¡Huyan! –exclamó, pero nadie entendía por qué, hasta que, en la orilla apareció un ejército ataviado con brillantes armaduras en rojo y negro con antorchas en mano que lograban iluminar con gran fuerza a su alrededor, detrás de esta primera fila, otro bloque de soldados arribaban al lugar pedaleando para arrastrar una gran base de madera que sostenía una enorme red para pescar.
Frente al ejército, una chica de cabello rosa con extraño peinado que simulaba los tentáculos de un pulpo; con un decreto real en mano comenzó a leer:
-De acuerdo al decreto dictado por nuestra deidad máxima, La Reina Roja; queda asentada la orden para la captura de futuros integrantes del acuario real –tosiendo- Bueno, bueno... basta de tanto protocolo y vayamos al grano... ¡Yo, la gran Shiho, jefa de la tropa roja del norte, los llevaré lindos pescaditos, por qué la Reina los quiere en su pecera, así que no se resistan! –dicho esto comenzó a reír histéricamente- ¡Rápido atrápenlas con la red real!
Las sirenas gritaban presas del pánico, metiéndose al agua de inmediato pero no contaban con que Shiho utilizara un extraño artefacto del tamaño de su mano que hacía que las cosas giraran y giraran a su voluntad; el agua no fue la excepción. Formando un enorme remolino que arrastró y elevó a la mayoría de las sirenas; la tropa soltó la red gigante y así quedaron atrapadas. Los gritos de auxilio hacia la chica-gato no se hicieron esperar.
-¡Déjalas ir!
-Miren nada más a quien tenemos aquí... a la cobarde más grande del reino, la graaaan –La chica la interrumpió.
-No te atrevas a pronunciar mi nombre... haces que suene tan corriente como tú.
-¡Cómo te atreves! –gritó cabreada la pelirrosa.
La chica se convirtió en niebla una vez más y apareció detrás de los que controlaban la enorme red, golpeándolos casco contra casco, haciendo que perdieran el control de la red, que chocó contra la copa de un árbol, rompiéndose y liberando a las sirenas que grácilmente caían al agua desde una gran altura.
-¡Estúpidos! Hagan algo...
Shiho gritaba pero nadie supo hacer algo ya que unos tomaban sus lanzas y al lanzarlas fallaban o en el peor de los casos terminaban enterrándolas en algún compañero de tropa, otros con las antorchas y el desorden acabaron por quemarse a sí mismos y de paso accidentalmente a la red gigante por lo que fueron vencidos fácilmente.
-¡Nooo! –Jalando desesperadamente de sus rosados cabellos-
-Será mejor que vuelvas con tu jefa, tal vez puedas disfrazarte de pulpo y ser su nueva mascota.
-¡Me las pagarás maldita sea! –Con estas palabras la tropa vencida se retiró y las sirenas quedaron libres.
-Como sea...-La felina restó importancia a las palabras, dirigiéndose nuevamente al lago para ver que todas estuvieran bien.
-¡Gracias! Nos has salvado.
-Es lo menos que podía hacer por ustedes hermosas damas. Pero ahora tengo que irme. No me extrañen –haciendo un gesto de despedida, antes de transformarse en gato y emprender el regreso a un lugar de algún lugar.
Volviendo con nuestra joven protagonista en desgracia y sus extraños acontecimientos...
-Ay... no... –El piano desafinado se acercaba a gran velocidad pero Aoi estaba totalmente aterrada; no se podía mover. Unas vocecitas chillonas comenzaron a escucharse primero algo lejos, después poco a poco más y más cerca-
-¡Anda, hazte a un lado niña! –gritaba una de las vocecillas.
-¡No hace caso, no hace caso! –repetía otra de ellas
Aoi miró a todos lados para ubicar a quienes le hablaban, pero no encontró a nadie, hasta que sintió cosquillas en su pecho, lo que hizo que se retorciera un poco por las sensación. Al mirar a dicho lugar de su anatomía, se percató de un par de ratones blancos, ambos con enormes gafas (de "fondo de botella") que salían de entre sus ropas.
-Ah que lindos... –La castaña acarició a uno de ellos-
-¡Llevamos un buen rato gritando para que te hagas a un lado sino esa cosa enorme de allá –señalando el piano- nos va a aplastar! –gritó el otro. Nuestra joven protagonista tardó un par de segundos en reaccionar...
-Ah... están hablando... ustedes me están hablando... a mí...
-¡Pues claro, a quien más sino a ti! –Volvió a responder enérgicamente el pequeño roedor mientras su compañero asentía a su lado-
-Pero... los ratones no hablan...
-¡suficiente! –Aquel ratón sacó detrás de sí un alfiler con cabeza redonda y pinchó en un brazo a la joven Aoi que gritó al sentir el piquete- ¡Despierta!
-¡Auch, dueleee! ¿Por qué hiciste eso? –Con lágrimas en los ojos-
-Rápido, tienes que hacerte a un lado o nos va a aplastar –volvió a repetir el ratón histérico.
-¡¿Pero cómo, si el agujero es tan chico? –Aoi comenzaba a ponerse más y más nerviosa.
-Rápido, sólo tienes que volar hacia el fondo del agujero –respondió el otro ratón de manera más amable.
-¡¿Pero cómo voy a volar si no tengo alas?
-Así –ambos ratones comenzaron a agitar sus patas delanteras rápidamente simulando volar, elevándose ligeramente.
-Es broma ¿cierto?...-poniendo cara de incrédula; el ratón histérico volvió a mostrarle el alfiler a la castaña- ¡Ok, ya entendí, ya entendí! –comenzando a mover ambos brazos- ¡Hey, está funcionando!
Aoi comenzó a "volar" dentro del agujero, primero con algo de dificultad, pero solo fue cuestión de segundos para que se acostumbrara. Con algo de torpeza logró esquivar el gran piano que continuó cayendo hasta perderse de vista.
-¡Lo logré! Ahora... quizás pueda salir de este lugar y volver a la fiesta. Pero no se preocupen, pueden venir conmigo y quedarse en el jardín, yo misma mandaré a construirles una pequeña casa en agrad...
*GOLPE*
Aoi fue golpeada por un florero que cayó de la nada. Con unas margaritas; las preferidas por su nana.
Todo es tan oscuro... tengo miedo...
Aoi quedó totalmente inconsciente mientras seguía cayendo más y más profundo dentro de aquella extraña madriguera. Poco a poco un remolino de imágenes fugaces de la fiesta, personas varias, escenarios extraños y ruidos sin sentido, todo al mismo tiempo, terminaron por absorber el cuerpo inerte de la joven.
El gran gato deambulaba por el bosque tranquilamente; nadie más por el camino, de no ser los típicos murciélagos que salen a esas horas, o los grillos que comienzan a tocar monótonas melodías. Tenía hambre y se arrepintió de haber dejado atrás a las sirenas quienes gustosas le hubieran ofrecido un gran manjar... entre otras cosas, pero esta era una de esas ocasiones donde prefirió disfrutar de los aires de heroísmo.
-Si voy al oeste, o si mejor voy al sur... tal vez a casa pero mi casa es cualquier lugar –un gruñido de su estomago hambriento le hizo detenerse. Soltó un sonoro bostezo y trepó en uno de los árboles- De todas formas una siesta siempre ayuda...
*ESTRUENDO*
El gran piano cayó sobre las copas de los árboles rompiéndose en mil pedazos, posteriormente el cuerpo inerte de Aoi, tierra y varias ramas y demás que rasgaron casi por completo su vestido. Una cortina de humo que poco a poco se dispersaba y la luz de luna que brindaba un buen nivel de iluminación hicieron que la felina figura se acercara a curiosear, utilizando su olfato y vista nocturna no halló peligro alguno por lo que se acercó más. Después de un rato el polvo se dispersó, revelando el cuerpo de una hermosa chica...
-Vaya, vaya... pero qué tenemos aquí. –En su rostro se dibujó una gran sonrisa.
**continuará**
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