Este es el final de esta historia. Espero que os guste.
TIEMPO
El tiempo pasó lentamente, y Harry se fue integrando cada vez más a una vida casi normal. E incluso Draco le devolvió su varita, aunque el joven hacia escaso uso de ella, recurriendo mas a la magia sin varita que había estado practicando desde su infancia.
El moreno se enroscaba como lobo en la cama de Draco cada luna llena, y el rubio vampiro atesoraba esos momentos de mayor intimidad junto a él con autentico celo. En su forma animal, Harry le lamía suavemente las mejillas y las manos, con ojos siempre llenos de una cierta tristeza. La mente de Harry no podía recuperar los recuerdos perdidos, pero sus padres le hablaban desde su retrato, contándole cosas, resumiendo a grandes rasgos su vida. El retrato de sus padres y el de los jóvenes y enamorados adolescentes fueron llenando poco a poco los huecos de su memoria, ofreciéndole sus relatos. Cada vez que le contaban algo, Harry sentía una extraña sensación, como si encontrase un tesoro perdido, enterrado bajo capas de polvo y roca. Y el cuadro que presidia su chimenea, el cuadro rescatado de la cámara de Gringotts, aquel donde un Draco adolescente y Harry Potter disfrutaban de su mutua compañía delante de Hogwarts, ese cuadro le fascinaba. Las muestras de afecto entre los dos muchachos le producían una extraña sensación de nostalgia, de vacío…
El joven mestizo sabía que Draco era su compañero, su pareja, y un vampiro. Pero nunca se alimentaba de él y algo en su interior le decía que eso no era lo que deseaba. Harry podía oler la sangre de otros corriendo por las venas de Draco y eso le hacía sentir mal, incómodo, nervioso…celoso…aunque no tenía derecho alguno. No después de lo que había pasado.
Harry acababa de regresar a su cuarto desde de la cama de Draco, tras pasar la noche como lobo en ella, y estaba frente a la chimenea, mirando el retrato de ambos adolescentes, con el brillo de las lágrimas contenidas a punto de brotar, prendiendo diamantes líquidos en las puntas de sus pestanas. Draco notó su ausencia y se extrañó, ya que esos días de luna llena el joven solía dormir con él cómo lobo hasta bien entrada la mañana, después de un largo paseo nocturno por los jardines, acompañándole en su forma de lobo. Su sensible oído captó ruido en el otro dormitorio, y se levantó del lecho, preocupado. Harry a veces gemía o sollozaba en sueños, tal vez incluso murmuraba alguna que otra palabra inconexa, y aunque las pesadillas ahora ya no eran tan frecuentes, aun le atacaban, devolviéndole al pavor y el terror de su cautiverio. Pasando por el baño, sin molestarse en encender las luces, se detuvo en el otro umbral, desde donde vio al moreno, contemplando el hermoso cuadro. Un susurro preguntó con extrema dulzura:
-¿Me quieres Draco?¿Aun me amas?
Y el corazón del vampiro se encogió cuando su propia voz, más joven, contestó desde el retrato:
-Eso, deberías preguntárselo a él, Harry, Yo solo soy su retrato…
El moreno sollozó y se derrumbó en la alfombra, gimiendo entre lágrimas y el vampiro se retiró en silencio, sin querer perturbar a su amado. Hacía casi dos años desde que oyera por última vez su voz, y aunque el joven no hubiese hablado directamente con él, sus palabras le hicieron murmurar mientras se metía de nuevo en la cama:
-Jamás he dejado de amarte, Cachorro, mi Harry…
Draco se quedó quieto entre las sábanas, fingiendo estar dormido cuando los pasos casi inaudibles de Harry se acercaron de nuevo, largo rato después. El lobo se deslizó entre las sabanas y se acomodó a su lado. Tras un rato, Draco le abrazó con cuidado, como si se moviese entre sueños, y para su sorpresa, poco después, el cuerpo entre sus brazos recobraba la forma humana. El vampiro se acopló en silencio a la nueva forma de su amado, disfrutando del inusual regalo, sabiendo que Harry también estaba despierto. Finalmente, el moreno acabó por dormirse, dejando en el aire del dormitorio un rastro salado de lágrimas, sollozando casi inaudiblemente entre los brazos del vampiro, sin que este se atreviese a hacer o decir nada, solo sujetarle suavemente contra su cuerpo. Cuando estuvo dormido, Draco le acarició suavemente el cabello, sin saber qué hacer para aliviar su dolor, y besó suavemente su nuca antes de sucumbir de nuevo al sueño, perdido en un mar de nuevas posibilidades, rememorando la suave pregunta de su cachorro.
Esa mañana, casi dos años después de su rapto, Harry amaneció en forma humana por primera vez en la cama de Draco. El vampiro le contemplaba dormir bajo los rayos de sol que se filtraban por las ventanas, como si Harry fuese el más maravilloso tesoro. Cuando los hermosos ojos verdes se Harry se abrieron, se encontraron a los de de Draco observándole atentamente, llenos de luz.
-Buenos días Cachorro mío.
El joven se sonrojó adorablemente, y sonrió dulcemente. Draco le apartó el largo cabello del rostro y añadió sin querer mencionar nada más, aunque por dentro su corazón se desbocaba:
-¿Desayunamos, Harry?
El joven asintió y se levantó del lecho, desnudo por completo y se sentó en su sitio favorito junto a la ventana. Draco le siguió y le tendió una de sus batas de seda – verle desnudo era una recompensa, pero no quería que el joven se pusiese nervioso- pero el moreno denegó con la cabeza. Dejando la bata en el respaldo, por si cambiaba de idea, Draco salió al saloncito a por la bandeja del desayuno tras deslizarse la suya por los hombros, y regresó con la humeante bandeja entre las manos. Se detuvo, los recuerdos del pasado abrumándole.
Harry estaba de pie, junto a la ventana, y el sol arrancaba destellos dorados en su cabello de azabache. Había girado el torso parcialmente al escucharlo retornar, y terminó de girarse para sonreírle con timidez. La desnudez entre ellos era habitual desde hacia tiempo, aunque no diese lugar a nada más. Harry no sentía reparos ni vergüenza ante Draco, él era de Draco, así de simple y fácil.
Con la respiración contenida, el vampiro dejó el desayuno en la mesa, se sentó y sonrió, tendiéndole la mano. Harry avanzó, el paso elástico y suave, y colocó su mano en la suya, murmurando en un susurro, dirigiéndole la palabra por primera vez:
-¿Me quieres Draco? ¿Incluso después de…lo que me pasó?
La expresión de vergüenza y dolor del joven fueron claramente visibles. El vampiro le miró atónito, boquiabierto, y se puso en pie de inmediato, cogiéndole de la otra mano también. El corazón de Draco martilleaba en sus sienes, sus ojos se volvieron más plateados y afirmó con un gesto antes de encontrar de nuevo su voz, murmurando en voz temblorosa, acercándole un poco más a él:
-Siempre, Harry…siempre…te amo, por siempre, mi adorado Cachorro…
Los ojos verdes relucieron con un relámpago interior, dorados y verdes, y el joven le besó suavemente en los labios por primera vez, haciendo gemir al vampiro, deshaciéndole ante el contacto tan largamente deseado. Draco jadeó, recobrando el aliento cuando Harry deshizo el leve y dulce beso y sus ojos relucieron, llenos de deseo y amor, contemplando a su amante. Los ojos verdes estaban llenos de fuego y el aroma del muchacho era…embriagador. Harry estaba dejando libre su propio poder y el vampiro exclamó con sorpresa, notando su incipiente erección entre ellos:
-¡Ay Merlín! ¿Estas…excitado?
Harry sonrió y sus manos se deslizaron por los omóplatos del vampiro, presionando el lugar de donde surgían sus alas. La cascada de plumas blancas les envolvió, y Draco se agitó nervioso, retrocediendo un pequeño paso. Aquello iba demasiado rápido, no podía ser bueno, no… Harry avanzó, ondeando las caderas en un suave movimiento, rozándose contra el cada vez más tenso vampiro y murmuró roncamente:
-¿No quieres lo que es tuyo, Draco?
La voz del joven moreno sonó llena de emoción, de deseo, y las últimas reticencias del vampiro se desvanecieron. Una mirada, una última mirada de interrogación y duda, y Draco se dejó ir. Devoró con ansia la boca de su compañero y amado, enfebrecido y su propia erección se encontró con la de Harry cuando el moreno se plegó a su cuerpo, enarcándose con él. El joven mestizo le empujó hacia la cama, y pronto, retorciéndose entre las sabanas de seda, la fricción creada entre sus cuerpos fue demasiado para ambos jóvenes, hambrientos y privados de alivio durante tanto tiempo. La sed de Draco se hizo acuciante, casi insoportable y el rubio vampiro rugió furioso, luchando por contenerse. Harry murmuró con igual ansiedad, girándola cabeza y ofreciéndole el cuello al vampiro:
-Hazlo amor mío, hazlo… quiero ser tuyo de nuevo…por favor…
Draco dejó que sus colmillos brotasen, y con cálidos y húmedos lengüetazos, preparó la zona para morderle. Los gemidos y jadeos de su amante le enloquecieron y mientras deslizaba su erección contra el cuerpo juvenil y deseoso de caricias, mordió con fuerza en su yugular, probando de nuevo su deliciosa sangre. El sabor de la sangre de Harry emborrachó a Draco, privado de ella por tanto tiempo, y siguió bebiendo hasta que el moreno gritó en agonía, clavándole las uñas en los hombros, liberando su semen entre sus cuerpos. La excitación del vampiro se redobló y succionó una última vez con más fuerza, empujándose contra él y corriéndose, ahogando su propio grito en el cuello de Harry. Sus alas se agitaron suavemente sobre sus cuerpos sudorosos, y el vampiro cerró las pequeñas punciones con sus lengua, ronroneando sobre su cuello, satisfecho y pleno. Los ojos de Harry estaban turbios por el deseo, pero una amplia sonrisa se dibujó en su rostro cuando Draco le miró finalmente.
No había dudas ni desconcierto en aquellos ojos de esmeralda. Solo resolución, amor y felicidad y Draco le besó una y otra vez. Harry había regresado a él, una vez más y eso era cuanto el joven necesitaba para ser feliz. El moreno rió suavemente y le hizo girarse sobre su espalda, y Draco cedió, extendiendo las alas bajo él, dejándolas relajadas sobre la cama, los ojos fijos en los de Harry, la verde mirada cargada de promesa encendidas.
Ninguno de los dos apareció ese día, ni durante todo el resto de la luna llena. Necesitaban volver a reencontrarse, saciarse el uno del otro de sexo, caricias y sangre. Harry había bloqueado los accesos a sus habitaciones, así que solo Demelza, la elfina, pudo adentrarse en su saloncito y dejarles bandejas con comida, que permanecieron ignoradas salvo por las bebidas. El moreno entró en un estado muy similar al de su estro, inducido por la necesidad de reafirmar y corroborar su vínculo con Draco, y el joven vampiro no deseaba otra cosa más que volver a reclamar como suyo el cuerpo de su amado, su corazón, su alma…contentándose con marcar con mordiscos cada cm de su cuerpo.
Harry mordió e intercambió sangre con Draco repetidamente, sin resistir sus propios instintos y para cuando acabó la luna llena, el moreno estaba pasando una nueva fase de transformación, mezclando la sangre de Draco a la suya.
Aunque inquietos, Lucius, Narcisa, Hades, Sirius y Remus habían sido informados por la elfina de que sus amos estaban muy ocupados, literalmente en palabras de Demelza "copulando como conejos" y tras la sorpresa inicial, todos se habían alegrado mucho de que las cosas se normalizasen entre ellos. Pasaron diez días antes de que la pareja de enamorados abandonase su encierro. Estaban cansados, doloridos incluso, pero radiantes y felices. La sorpresa de verles entrar de nuevo en sus habitaciones privadas no amortiguó el leve shock de Hades, que fue el primero en notar que los colmillos de Harry eran más evidentes de lo habitual.
-¡Le has transformado!
-No, Sire. Tan solo le he dejado beber de mi sangre cuanto ha querido, que no es lo mismo.
Y era cierto. Transformar deliberadamente a alguien en vampiro implicaba beber de él hasta que su corazón casi dejase de latir y después hacerle beber la sangre del vampiro hasta sustituir la propia. ¿Harry quería tomar su sangre? Suya era. Hasta la última gota, si era preciso. La contaminación o inclusive, un mayor cambio a largo plazo, ya no podía perjudicarle, y los dos se sentían muy confortables con ello.
A su llamado, Sirius y Lupin se reunieron con ellos, mientras los elfos enviaban comida para todos, especialmente el moreno, que estaba virtualmente desfallecido. Tras saludos, abrazos y muchos besos de salutación, Harry estaba comiendo carne asada con verdura, dejando a Draco la tarea de explicar lo sucedido. Así que se aplicó a comer algo más consistente, después de devorar unas tostadas con mantequilla y mermelada. Aun no estaba muy confortable con hablar con los demás, aunque había saludado tímidamente a todos al entrar. Distraídamente, comenzó a untar mantequilla de cacahuete en el pedazo de carne que había troceado. Cuando se metió en la boca la extraña mezcla, sonrió deleitado y masticó la dulce, pegajosa y densa sustancia envolviendo la jugosa carne asada, con un pequeño gemido casi obsceno de absoluto placer. Al tercer bocado de la mixtura, acompañado de más suaves gemidos, el rubio preguntó un tanto preocupado, frunciendo el ceño:
-Mhh….Harry?...¿Te encuentras bien?
Tragando el bocado, y relamiéndose los dedos para limpiarlos de la viscosa pasta formada por la crema y los jugos del asado, el moreno asintió y tomó un nuevo trozo, radiante y sonriente, sin percatarse de los leves gestos de incredulidad de Hades o la evidente arcada de asco de Lucius, disimulada detrás de su servilleta. Narcisa, más tolerante y tal vez más intuitiva, alzó una ceja y tras verle masticar con deleite, hizo una complicada floritura con su varita, y una luz dorada flotó sobre el muchacho por un momento, antes de desaparecer.
Los ojos de todos los presentes se dilataron, y ante la cara de asombro de los demás, el moreno se giró hacia Draco que le contemplaba con una extraña expresión, una sonrisa tan radiante que enseñaba toda su dentadura, los plateados ojos relucientes de gozo. Tragando un par de veces para liberar su boca aun llena de la extraña golosina, el muchacho murmuro intrigado ante la falta de explicaciones, rompiendo el tenso silencio de la estancia:
-¿Qué?
-¡Vamos a ser padres Harry!
La exclamación de Draco fue jadeante y risueña, pero el moreno alzó una ceja y murmuró exasperado:
-Eso ya lo sé.
Draco denegó y cogiéndole las manos murmuró con vehemencia, viéndole bajar los ojos al suelo:
-Quiero decir…que dentro de nueve meses vamos a ser padres, Harry.
El moreno tragó saliva y susurró con timidez, alzando los ojos verdes:
-¿Estas…enfadado?
-Soy el hombre más feliz del mundo, Harry. Y el vampiro más dichoso del universo.
No mucho tiempo después de que Harry decidiera volver a hablar de nuevo, el joven visitó la celda donde los lobos que le habían vendido, aun aguardaban su sentencia definitiva. El moreno les contempló en silencio. Dos años de reclusión habían dejado sus huellas en los dos hombres y sus rostros malicientos se alzaron hacia él. Draco estaba justo detrás de él, y unos metros mas allá, Lupin y Hades cerraban el corredor, varitas en mano.
-Harry…
Balbuceó Alvin, sin duda intentando apelar a su corazón. Pero Harry tan solo se puso rígido, apretando entre sus nudillos su varita, y apuntando con ella al hombre, que prudentemente, cerró abruptamente la boca. Denise le miró con odio mal contenido, pero era demasiado cobarde como para intentar hacer algo de nuevo contra él. Sin dejar de mirar hacia los prisioneros, Harry murmuró a media voz, en un tono calmado y neutro:
-¿Estas seguro de que…él, aun vive?
Daco respondió con simple si y el moreno puso un completo hechizo inmovilizador sobre ambos hombres. Con lentitud, cortó los tendones de sus piernas, usando un hechizo que proyectaba un chorro de plata derretida para crear la lesión. El dolor de las heridas solo era visible en los ojos, llenos de lágrimas y enrojecidos y en la tensión de los músculos del cuello, pero no podían gritar. Luego apuntó a su rostro, y más plata se vertió en sus fosas nasales y sus ojos, destruyendo para siempre su olfato y cegándoles. Liberándoles de la inmovilidad, los gritos de dolor de ambos llenaron las mazmorras, aullidos agónicos, retorciéndose en el suelo mientras se arañaban a sí mismos intentando liberarse de la plata. Acercándose a ellos un poco más, viendo correr la sangre mezclada a la plata, dejando quemaduras en su piel acartonada, Harry murmuró suavemente, apenas audible entre el coro de gemidos y gruñidos de dolor, deshaciéndose del exceso de metal con un nuevo movimiento de varita:
-¿Sabéis quien está al otro lado de ese muro? No, supongo que no…bien, espero que os llevéis bien con Angello…
Con un nuevo gesto, la pared desapareció, y un cuerpo esquelético y demacrado se hizo visible en un rincón. El vampiro estaba mordiéndose a sí mismo, completamente desquiciado, y alzó la cabeza ante el repentino olor a sangre. Era una autentica ruina humana, y estaba mas allá de cualquier raciocinio, completamente enloquecido por la lenta agonía, prolongada y dilatada con la aportación de ratas como todo alimento. Tras un momento de shock, aleteando la nariz y jadeando sonoramente, Harry le vio reptar por el suelo, resollando, hasta alcanzar la fuente de comida más próxima. Con frenesí, el vampiro mordió, encorvándose sobre su presa, defendiéndola ante los extraños, tirando del cuerpo hacia su rincón, ignorando los gritos de terror del desgraciado. Por un instante, Harry contempló el espectáculo, y después abandonó el lugar, dejando que Draco sellase detrás de él a los tres en la que sería su tumba.
Hades añadió mas barreras y protecciones al corredor, y todos abandonaron el lugar. Los licántropos, tarde o temprano, morirían envenenados lentamente por la plata. O tal vez, Angello acabaría con ellos antes. Ya no eran de importancia para él. Ninguno de los tres. Estaban en el pasado y ya no eran una amenaza para nadie.
Los años han pasado e Inferno Castle está lleno de las risas de sus más jóvenes habitantes, los mellizos de Harry y Draco que resuenan por los jardines. Harry ya no es el tímido muchacho que subió a aquel tren, ni el héroe de guerra que murió trágicamente entre los brazos de su amor adolescente. Ahora es un joven caballero, elegante, maduro, educado y muy poderoso, que se sienta junto a su amado esposo Draco en el Concilio de la Noche y al que todos acuden en busca de ayuda y consejo, ya que su carácter es compasivo y cariñoso. Y el orgulloso dueño de una granja-hotel de recreo, un establecimiento sin lujos aunque dotado de todas las comodidades, donde pasar unas vacaciones en familia, o un tiempo en pareja, disfrutando de paseos por sus cuidados campos, rodeados de bosque, y atendidos por una plantilla de serviciales elfos. Y en las nuevas y flamantes porquerizas, en un rincón alejado de la propiedad, un trío de muggles se afana diariamente en mantener limpio el lugar y a los animales, hundidos hasta los tobillos en las heces, para retirarse al final de cada jornada a su choza.
Harry tiene mucho de vampiro ahora, pero también sigue siendo un lobo y en las noches de luna llena, recorre los bosques junto a la alba figura canina de Draco, siempre a su lado, liderando la manada.
Los niños finalmente duermen, y Draco acaricia la mano de Harry, y sonríe en la semioscuridad de su cuarto mientras le besa. "La noche es joven" susurra el joven mestizo y Draco sonría de nuevo, atrayéndole a sus brazos. Tienen siglos, muchos siglos por delante, pero para ellos, cada día y cada noche, son siempre especiales, el primero de del resto de sus vidas.
FIN
Y mi más sincero y profundo agradecimiento a todos los que leen, a los que dejan RW, y también a los que no los dejan. (Espero que me dejéis algunos más en el futuro)
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