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Este lugar no es tan distinto; es tal cual donde habitamos. Hay cielo, nubes, el sol, las lunas, las estrellas, lindas praderas que flotan sobre el mar o enormes cascadas que se elevan de la tierra al cielo (solo en algunos lugares, donde todo es al revés), desiertos y montañas donde habitan criaturas asombrosas o bancos de peces voladores que surcan los cielos al amanecer y cuando el sol se pone... aunque, también hay lugares tenebrosos a los que nadie desearía pisar jamás, o el gran castillo de la Reina Roja... bueno, tal vez si sea un poquito diferente, pero seguramente te gustará...
La vista borrosa y esa singular sensación de dolor en todo el cuerpo, eso era lo que Aoi sintió al tratar de reincorporarse nuevamente; una ligera brisa por su cuello y un peso extra en su regazo. Poco a poco se acostumbró a las condiciones de luz, palpando su frente hinchada tras el golpe. Agudizó más la vista y se quitó de encima un pedazo de lo que alguna vez fue la cola del maldito piano. Segundos más tarde palpó sus ropas pero estas estaban rotas; sus brazos rasguñados y la mejilla izquierda le ardía; una cortada seguramente. Logró hincarse y a tentadillas trató de ponerse en pié, pero nuevamente perdió el equilibrio. Volvió a escuchar las vocecillas, como si discutieran con alguien más hasta que callaron bruscamente.
-¿Hola?... –Nadie respondió- ¿Hay alguien ahí? –pero solo percibió el ronronear de un gato (¿cómo lo supo? Fácil. Le gustan los gatos.)
Una silueta, algo borrosa que se hacía nítida cada vez más. Extendió sus brazos y palpó el suave pelaje, un par de orejas, la nariz, bigotes...
-¡Auch! ¡Esos son mis ojos! –gritó el gato.
-¡Disculpa! –Aoi quitó al instante las manos- no era mi intención lastimarte- Espera... eres un gato... ¡y hablas!
-¿Tiene algo de malo, o es que acaso no te gusto?
-¡No, no es eso!... es que yo ya no sé si estoy soñando o si estoy despierta.
El gato comenzó a flotar alrededor de Aoi.
-¿No sabes si estas despierta o soñando eh? –Mostrando una enorme sonrisa- Tal vez estás soñando despierta, es otra posibilidad... uhm... me gusta el azul –refiriéndose al color de vestido, o quizás al color de ojos o simplemente al color del sostén de la chica, nunca especificó, lo que sí consiguió fue hacerla sonrojar a más no poder intentando cubrir la parte superior de su cuerpo.
-*estornudo* ¿Donde se supone que estamos? –preguntó Aoi.
-Pues, "aquí" –respondió la felina figura.
-¿Y cómo se llama "aquí"? –Aoi comenzaba a impacientarse.
-¿casa? –una respuesta inocente.
-estás jugando, ¿cierto?
-No.
-¿Entonces podría indicarme el camino correcto para salir de aquí? –volvió a preguntar Aoi.
-Eso depende en gran parte al sitio al cual quieras llegar... –dijo el gato que se posó en la rama de un árbol cercano a la joven Aoi.
-No me importa mucho el sitio, sólo quiero volver a casa.
-Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes... –dijo el gato.
-¿Sabe señor gato? Esto no es divertido. Acabo de caer del cielo, o del suelo, ¡aaaaagh! Ya no lo sé. Cuando se supone que debería estar en mi fiesta de cumpleaños, pero NO, ahora estoy "aquí", sola, quién sabe dónde y... y... –Aoi comenzó a llorar.
El gran gato se acercó flotando nuevamente y posó su rostro en el hombro de la castaña, no sin antes notar la cortada en la mejilla. Se alejó y frente a ella se transformó. Aoi sólo se quedó quieta contemplando a la chica que emergía de la niebla con una tonalidad ligeramente azul.
Por otro lado, los soldados sobrevivientes de la tropa roja del norte a duras penas podían pedalear lo que aún quedaba de la base de la red atrapa-sirenas; en la cima, una furiosa Shiho no paraba de maldecir mentalmente a quien hace un rato le había vencido de la forma más ridícula, haciendo pucheros mientras giraba su extraño aparato una y otra vez repitiendo "maki-maki". El castillo de la Reina Roja se podía visualizar a menos de un kilometro. Así que ya no habría remedio, pues al no llevar el encargo de la reina, lo más seguro es que su castigo no sea para nada divertido.
-maki maki maki maki maki...
-Jefa… ya llegamos –uno de los soldados se acercó tímidamente, obteniendo una mirada asesina por parte de la pelirrosa quien con su "maki-maki" lo mandó a volar muy lejos.
El castillo de la Reina Roja era inmenso; grandes murallas y unas torres de vigilancia que parecían querer tocar el cielo, arcos en forma de medio corazón, en blanco y rojo, rodeado de nubes. Frente a éste, un rio con bestias desconocidas en su interior que acechaban entre la vegetación y la neblina, esperando que algún desafortunado cayera en sus aguas o simplemente esperando algún bocadillo que consistía en cuerpos o cabezas de aquellos mandados a ejecutar por ordenes de la Reina Roja. El único acceso era un puente levadizo frente a las compuertas de aquel castillo. La tropa se anunció en la entrada, los vigilantes bajaron el puente que retumbó al hacer contacto con el piso. Los vencidos comenzaron a pasar a través de este marchando; la madera crujía al contacto con esta. Uno de los soldados tiró por accidente su lanza y al agacharse provocó una pequeña carambola, donde tres soldados fueron a dar al río. El contacto con el agua, el sonido de la vegetación moviéndose frenéticamente y los gritos de horror que no duraron ni dos segundos; eso fue todo. Shiho tragó fuerte pues ese podría llegar a ser su castigo por haber fallado en su misión, todo dependía del humor de la Reina.
Al llegar a la explanada del castillo, una enviada de la Reina ya la esperaba para escoltarla posteriormente con ella. En menos de diez minutos ya estaba frente a las puertas de la gran sala donde ya era esperada.
-Su alteza –haciendo una reverencia frente a ella
-¿Has traído mi encargo? –la reina que era abanicada por dos sirvientes hizo la señal para que detuvieran su actividad, revelando el majestuoso trono (rojo con filos dorados) y por supuesto a la tan temida reina. De ojos púrpura, delineados, piel blanca, y un tono verdoso de cabello, enfundada en un traje con aires victorianos en rojo y negro y por supuesto, no podía faltar la brillante corona. Tomoe Von Marguerite III; la actual soberana que cayó del cielo, pero esa, es otra historia...
-Verá... hubo un pequeño inconveniente –Shiho comenzaba a mostrarse nerviosa.
-¿Y cuál fue "ese" inconveniente? –La reina chasqueó los dedos y una de sus sirvientas apareció con una copa de vino- Solo te pedí que me trajeras un par de sirenas para mi acuario, le di las indicaciones exactas para su exitosa captura, Almirante Huit...
-Todo iba bien su majestad, la herramienta de captura funcionó a la perfección, ya las tenía en mis manos pero... apareció ella...
-¿Quién?... –volvió a insistir la reina. –Shiho estaba casi aterrada por el nombre que estaba por pronunciar frente a la Reina.
-Ch... Chieshire, su majestad... –La Reina Roja casi escupe el contenido de su copa a la vez que su rostro adquiría un semblante violento el cual intento disimular.
La sala se quedó en silencio sepulcral, los sirvientes se alejaron de ahí no sin antes despedirse con una reverencia.
-Saboteó la captura y...
-¡Insiste en oponerse a mi reinado! –Se levantó de su trono y aventó la copa que se estrelló en uno de los pilares de la sala.
-Su majestad...
-¡Calla! –Señalándola- ¡¿Cómo es posible que hayan sido vencidos por ella, si presumes de tener a la mejor tropa del reino?
-¡¿esos? Quiero decir, claro que sí, pero ella es muy astuta, destruyó la red y liberó a las sirenas que ya tenía en mis manos.
-¡Son unos inútiles, no pudieron traerme siquiera una maldita sirena!
-Su alteza no se enoje, yo volveré con mi tropa por ellas, le prometo que las tendrá. –Shiho intentaba apaciguar la ira de la soberana pero solo consiguió enfurecerla más.
-¡Guardias! –Tomoe ordenó mientras Shiho palidecía al escuchar esa palabra.
-Su alteza por favor, le prometo que no fallaré la próxima vez, por favor deme otra oportunidad, ¡se lo suplico! –La pelirrosa se arrodilló a la vez que pedía clemencia.
La Reina Roja seguía implacable en su decisión.
-¡Le prometo además capturar a Chieshire! –gritó Shiho como último recurso desesperado para salvar su cabeza.
Tomoe hizo una señal para que los guardias que ya estaban por sujetar a la pelirrosa se detuvieran.
-Está bien, te concederé una oportunidad más... y esta vez no quiero fallas.
-¡Gracias su majestad! Le prometo que traeré las sirenas para usted –La reina la miró fríamente- Y a Chieshire también.
- Ya, largo, largo de aquí –indicándole que se retirara. Una vez más a solas pidió una nueva copa de vino la cual contempló por un buen rato. -Chieshire... mi querida Chieshire... –Tomoe sonreía perversamente.
*Volviendo al bosque*
Aoi tenía ahora frente a ella a una chica un poco más alta que ella mirándola profundamente, juzgando por los rasgos iluminados por la luz de luna, no había duda que poseía una belleza interesante.
"Es hermosa... ¡por dios, pero que estoy pensando!" –al instante se sonrojó.
Escasos centímetros las separaban; el gato que se había transformado frente a la ojiazul la atrajo hacia sí misma; la sujetó de la barbilla delicadamente. Aoi se ruborizó a más no poder, sin embargo esto no le resultaba incómodo.
-¿Cuál es tu nombre? –preguntó la más alta
-A...Aoi –respondió la ojiazul.
-Hermoso nombre... –acercándose más y más- Yo soy Chieshire.
Y entonces el espació entre ellas se cerró.
** c o n t i n u a r á **
grcias por leer y comentar, hasta el próximo capítulo :3
