Bueno muchachas nuevo cap. Y solo nos resta uno. Espero lo disfruten y perdón por demorarme tanto en actualizar.

Chapter 3: Éxtasis

― ¡Hey! ¿Dónde te metiste ayer por la tarde? Te estuve buscando por todas partes― susurró Harry por encima de su caldero, casi terminando la clase.

―Emmm… estuve dando vueltas por ahí, oye Harry adelántate, es que tengo que resolver una duda con el profesor además tengo tiempo libre, tu en cambio tienes que correr a clase de adivinación.

―Tienes razón Hermione, pero hablamos luego ¿vale? ― preguntó antes de salir corriendo a dejar su muestra de poción sobre el escritorio del profesor tal y como los demás estudiantes, Hermione simplemente asintió y comenzó a guardar sus cosas dentro de la mochila con una lentitud imposible, Severus solo la observaba.

―Sta. Granger creía que la campana había sonado hace como cinco minutos, ¿es que no piensa ir a clase? ―preguntó Snape con esa voz susurrante y seductora que lo caracterizaba.

―Bueno, lo que pasa es que tengo una hora libre y bueno usted sabe.

― Que casualidad, porque yo ya termine con las clases de hoy, pero no se a que se refiere con que yo se. ― replicó juguetón― ¿sabe Sta. Granger? Yo no pienso igual que usted así que tendrá que decirlo.

Ambos se iban acercando mientras hablaban y se miraban profundamente, Hermione se mordía el labio inferior, en un gesto de concentración, aun no sabia si debía hacer lo que estaba pensando.

―Pro- profesor, respecto a lo que la otra noche, ya sabe en la sala de Menesteres yo…

―Esa noche no pasó nada Hermione―siguió jugando Severus, pero al ver como el brillo en los ojos de la castaña se extinguía se arrepintió―es decir― la arrinconó contra la fría pared, ―nada que no podamos repetir, nada diferente a lo que vamos a hacer en este momento, porque sabes pequeña― dijo tomando un pequeño bucle de la muchacha― tu Hermione Jean Granger eres la única mujer que hace que nada mas importe, tu haces lo que nadie nunca logró, tu me haces querer vivir.

― Severus yo…

― Calla Hermione, sígueme. ― la invitó extendiéndole una mano, que ella tomó con gusto.

Ya dentro de las habitaciones del profesor Hermione descargó su mochila en el suelo, mientras Severus la abrazaba fuertemente contra su duro pecho, ella se sintió desfallecer, aunque de igual forma enroscó sus brazos alrededor del cuello de él y lo beso apasionadamente.

― ¿Qué es esto? ― preguntó Severus en medio del beso al sentir que algo se deslizaba de la baca de la joven a la suya.

― No es nada Sev…

― No soy tonto Hermione, se que esto es algo, de otro modo ¿por qué me lo darías?

― Tienes razón, claro que es algo, es una pastilla para la jaqueca― respondió Hermione.

―jaqueca, ¿Cuál jaq…?

―esta― dijo antes de que él terminara de hablar, para luego empezar a besarlo nuevamente, el beso fue mas apasionado esta vez, y después de unos minutos, Severus se dio por vencido, Hermione no se iba a separar de él hasta que se pasara la dichosa pastillita, y el oxigeno ya le hacia falta a su organismo así que, se la tragó, acto instantáneo Hermione lo liberó, quedándose a pocos centímetros de su cara.

―si que me lo pusiste difícil ¿no amor? ―dijo la castaña en un susurro entrecortado.

― ¿piensas eso de verdad? ― preguntó Severus tomando su cara entre ambas manos.

―claro casi me quedo sin aliento.

―si, casi lo haces― un destello de tristeza relampagueó en los ojos negros del profesor, pero segundos después ese sentimiento fue disfrazado entre uno de lujuria incontrolable.

La tomó por las caderas y ella rodeó su cintura con las piernas, esa lujuria incontrolable incluso le impidió que llegara hasta la gran cama de dosel negra, por lo que la espalda de Hermione quedo apoyada contra la pared mas próxima y sus túnicas y demás ropa desaparecieron al leve movimiento de una varita.

La fría pared chocaba una y otra vez en su desnuda espalda pero eso no importaba, no había dolor lo suficientemente grande sobre la tierra, que superara el placer que ese hombre la hacia sentir.

Sudor, sabor, aquellos elixires que sus cuerpos emanaban, se entremezclaban a la perfección en ese abrazo fundido que los envolvía.

Por fin y después de llegar al clímax, ambos quedaron tendidos sobre la suave alfombra negra del lugar, Hermione estaba recostada sobre el pecho de su amate, transando el contorno de sus blancas cicatrices.

― Si Severus, estoy completamente segura de lo mucho que te amo, ―respondió la castaña a la pregunta anteriormente realizada.