.-Alegría-.

Salta, corre, lanza grititos ahogados y no suelta la maldita carta escrita con tinta verde en un papel de pergamino.

Se mueve de un lado a otro de la sala y la familia comparte su felicidad.

-Soy una bruja... ¡Soy una bruja! –ya lo sabía, desde mucho tiempo antes, pero ahora tenía un documento que se lo confirmaba.

Mamá Evans la miraba con orgullo y papá se reía, abiertamente, con esa carcajada tan suya que obligaba a todos a reírse. La veían trepar a los sillones y bajar de un salto para volver a subir. Lily no cabía en sí de la emoción.

Iría a Londres a por sus útiles y por primera vez entraría en contacto con el lado mágico de la capital.

Mágico. Magia.

Como había soñado con ese día, con ver su nombre escrito en tinta verde en un pergamino.

Srta. Lily Evans

Cuarto azul de la derecha...

Y no leyó nada más porque rasgó el sello y devoró las palabras que estaban en el interior. Una carta escrita por una bruja para ella.

Sólo había alguien que faltaba en esa sala, que no compartía la alegría general, que se mantenía distante porque se sentía extraña entre tanta algarabía.

-Mira, Tuni. Soy una bruja, tendré una varita, iré a Hogwarts. Oh, Tunia, ¡iré a Hogwarts! –se le escapó una risa feliz y nerviosa que ya no podía contener y que irritó a su hermana.

Se puso de pie en el tercer escalón de la escalera dónde había estado sentada y la miró con algo que se parecía al desdén pero que también podía ser rencor. Comenzó a subir sin haberle dirigido ni una palabra.

-¿No estás feliz por mí, Tuni? –musitó Lily con una mano en la baranda y un pie en el primer escalón, lista para seguirla. La mano que tenía la carta caía inerte a un costado del cuerpo, y los dedos se crisparon sobre el papel.

Petunia resopló y siguió adelante, ignorando a su hermana menor… ofendida y dolida en todo su ser. Azotó la puerta de su habitación y resbaló contra ella, cayendo al suelo al mismo tiempo que comenzaba a llorar.

Lily la siguió corriendo y golpeó la puerta con fuerza, rogándole que le abriera, que le permitiera hablar, explicar pedir perdón… Pero Petunia no quería, quería tragarse su dolor y no empañar la alegría de su hermanita pero no podía… siguió llorando todo el día, y por varias semanas las hermanas Evans no se dirigieron la palabra.

El 1º de septiembre llegó y Lily se subió al tren que la llevaría a ese lugar desconocido y mágico, con el que Petunia solo podría soñar, con el que soñaría toda su vida.

Lily no apareció en ninguna ventanilla para despedirla, no encontró ningún compartimiento donde poder hacerlo, y Petunia lo tomó como personal. Esa escuincla ya se creía demasiado.

Volvió a casa en silencio, creyendo pérdida a su hermana. Estando segura de ello. Pero se equivocaba, la había perdido mucho tiempo antes, cuando no pudo festejar junto a ella

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N/a: Sáquense esa cara de WTF! Y díganme realmente lo que piensan… la cosa es rara, pero me convence… aunque tiene un gustito que ya degusté… Sólo me queda saber dónde, en fin que pasen o mejor dicho, terminen un lindo Día de los Enamorados.

MTBlack

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