No me gustaba mentirle a nadie, y menos a mi familia. Pero si no recordaba nada, prefería que pudiese confirmar con sus ojos que no estaba loca, antes que soltarle que, supuestamente, soy una heroína con una espada rara que combate la oscuridad. Ni siquiera yo misma acababa de creérmelo. Si algo pasó a los alumnos, tal vez encontrásemos alguna pista si seguíamos el rastro del autobús.
Al caminar por las calles nos percatamos de que había algo "distinto" a antes de entrar al instituto. No había ningún alma. Ni siquiera animales. Fuimos siguiendo el recorrido que, normalmente, hace el autobús para recojer a los alumnos y traerlos al instituto, el cual llegaba hasta las afueras de la ciudad. Tenía que estar en algún lugar entre nuestra casa y el insti, así que no tendría que estar muy lejos. Las calles se encontraban desérticas, incluso en el centro de la ciudad. Entonces encontramos el autobús, volcado en medio de la calle.
No había nadie dentro, como supusimos. Literalmente toda la ciudad había desaparecido, excepto nosotros dos. De repente a mi hermano empezó a dolerle mucho la cabeza, tanto que cayó al suelo del dolor. Entonces a nuestro alrededor, empezaron a surgir sombras, como aquella que yo había combatido hace rato. Si ellas eran las culpables de que Adam estuviese así, le protegería y las destruiría a todas. Con solo pensarlo, apareció en mis manos la llave espada, y comencé el ataque. Esta vez no parecían ser tan fuertes, ya que de pocos golpes desaparecían. Además tenía la suerte de que me atacasen solamente a mí. ¿Tal vez iban a por la llave espada? No había forma de racionalizar con ellos, así que simplemente me limité a destruirles. Cuando acabé, Adam me estaba observando, menos dolorido que antes, pero con una expresión mezcla de sorpresa y horror.
Adam: ¡¿Q-que era eso? ¡¿Como has hecho todo eso...?
Vir: No... no quería decírtelo... Pero esto fue lo que pasó, cuando te quedaste inconsciente.
Adam: ¿Esto es un sueño, no?
Vir: Por desgracia no...
Me acerqué a él, pero se apartó de mí, aún atemorizado por lo que había pasado. Aparté la mirada, esta vez para observar a la espada. ¿Era este el destino que me esperaba? En cuanto me di cuenta, sentí a Adam abrazándome.
Adam: No se lo que ocurre... pero... Quiero darte todo mi apoyo... Se supone que es el hermano mayor quien debería cuidar de su hermanita...
Vir: No... No es necesario Adam... He aprendido de tí a ser fuerte.
Adam: Este arma... Esas sombras... Tenemos que averiguar qué está sucediendo. Siento que somos los únicos que podemos. Iré contigo, a donde sea.
Vir: No tienes porqué. Además, te duele cuando están cerca los enemigos...
Adam: Y tengo derecho a saber el porqué, ¿verdad?
Vir: Si... Pero no quiero que te pase nada.
Adam: Se te ha subido el poder a la cabeza, hermanita. No olvides quién sigue siendo la niña de mamá... -dijo con tono burlón.
Vir: Je... Idiota...
Entonces escuchamos un ruido inmenso, procedente del centro de la ciudad. Algo estaba haciendo temblar el suelo, y fue entonces cuando vimos aparecer en aquel lugar una inmensa torre oscura. En su punto más elevado, había una especia de símbolo, un corazón boca abajo, igualmente oscuro. El cielo empezó a oscurecer, como si de la nada aparecieran nubes oscuras, bloqueando todo paso del sol. La sombra de la torre era tan alargada que nos tapó por completo a Adam y a mí. Entonces supimos, de alguna manera, que las respuestas que deseábamos se encontraban allí.
Volvimos sobre nuestros pasos, recorriendo las calles llenas de polvo y escombros por culpa del terremoto. Con la llegada de la oscuridad, los seres de las sombras empezaban a hacer acto de presencia, y nos atacaban a cada paso que dábamos. Pero logramos avanzar. Adam, aunque no tenía ningún arma especial, me ayudaba bloqueando los ataques con cualquier cosa que pillase por la calle. Y así seguimos, hasta que al final, llegamos a la base de la inmensa torre. Cuando miramos hacia arriba, el cielo cada vez estaba más oscuro, como si la noche se hubiese adelantado. El clima estaba empeorando, el viento empezaba a amenazar con huracanes en poco tiempo, y la temperatura descendió súbitamente. Delante de nosotros estaba la entrada a la torre, y cuando procedimos hacia ella, apareció alguien cayendo "desde el cielo". Aterrizó en el suelo lentamente, como si fuese capaz de levitar en el aire, y entonces le pude ver mejor. Era el mismo hombre que nos encontramos en el instituto.
Adam: Me acuerdo de ti... ¡Estabas delante nuestra antes de quedarme inconsciente!
Desconocido: Veo que al fin despertaste, princesa.
Vir: ¡¿Qué sabes de mí?
Desc.: Aunque seas nuestra enemiga, sigues siendo útil para nosotros. -dijo el hombre, mientras le señalaba con su mano.
Vir: ¿Útil?
Adam: Aparta Vir, yo me encargaré de el.
Vir: No, no lo hagas. Él no es como esas sombras.
Adam: Pero...
Vir: Soy la elegida, ¿no? Es mi deber... -contestó sin dejarle terminar, con un tono algo melancólico, mientras caminaba hacia el hombre blandiendo la llave espada.
Desc.: Interesante. Al menos posees la valentía de tus predecesores. Pero... tanto tú como yo sabemos que no posées ni la décima parte de su poder.
En ese momento, un aura oscura surgió de su mano, en la cual apareció para mi sorpresa otra llave espada. Pero esta vez, era negra, completamente oscura. No entendí qué significaba eso, pero tampoco quería más respuestas. Algo dentro de mí decía que si no le vencía, nos mataría. Así que me lancé a por él. Tal como dijo, no podía poder, pero sí determinación. Y aunque esquivase todos mis ataques al inicio, al poco tiempo empecé a golpear su propia espada, que usaba para cubrirse de mis ataques. Creí poder vencerle, si no fuera porque era extraña su forma de pelear. Más que intentar matarme, parecía observar y evaluar mis propios movimientos. Adam no podía hacer nada más que mirarnos, impotente. Comprendí como se sentía en ese momento, queriéndome ayudar pero sin saber como hacerlo. Entonces fue cuando perdí la concentración y un golpe del desconocido me tiró al suelo. Empezó a reirse, mientras se quitaba la capa que le cubría la cara. Dejó al descubierto su rostro, con unos ojos color turquesa preciosos, y un cabello platino, que incluso en ese lugar oscuro, era muy llamativo, y a la vez familiar...
Desconocido: Eres muy fuerte Vir. Pero no importa cuanto peleemos, yo siempre te venceré. ¿Recuerdas?
Vir: ¿Te conozco de algo...?
Desc: No puedo creer que no recuerdes los momentos que pasamos juntos, años atrás. Te eché de menos.
Adam: ¡VIR! ¡Alejate de él! -gritó mientras corría a por esa persona, intentando atacarle.
Desc: En cambio tú si me recuerdas, ¿verdad Adamska?
El enemigo blandió su espada y atacó a mi hermano. Un fuerte destello salió de ese golpe, que me cegó por un instante. Cuando recuperé la vista, vi que Adam estaba sosteniendo en sus manos otra llave espada, y resistiendo con dificultad contra aquella persona.
Adam: No te permitiré que le toques un pelo, nunca más...
Desc: Te dejaré intentarlo. Siempre has sido un estúpido observador. ¡No te metas en medio, justamente ahora!
Adam: Moriré antes que permitirte destruir el mundo. ¡¿Entiendes, Riku? ¡Este no era nuestro destino!
Riku: ¿Morir? Que así sea pues...
Entonces, la persona a la que mi hermano llamó Riku alzó su mano, y de su palma salieron rayos de oscuridad que le aturdieron, y empezaban a electrocutarle. Me levanté como pude e intenté acercarme para liberarle, pero fue imposible. Como predije, ese hombre ocultaba su verdadera fuerza. Con su otra mano, Riku utilizó sus poderes para quitarme y alejar la llave espada de mí, me levantó en el aire, sin que pudiese moverme lo más mínimo, y me obligó a ver como Adam sufría y estaba a punto de morir. Lancé un grito al aire, el más fuerte que hice en toda mi vida, suplicándole que se detuviese mientras mis lágrimas comenzaban a recorrer mi rostro. Entonces, como si hubiese escuchado mis plegarias, mi llave espada regresó a mi mano, y con ella pude lanzarle una descarga de luz a Riku. Sentí como una explosión, y después de eso, mi vista volvió a oscurecerse.
