Entonces volví a soñar con aquella playa, donde siempre escuchaba la voz extraña al dormir. Pero esta vez era más real que nunca, sentía la brisa marina, el olor del mar, las olas romper en la orilla... Todo ello me resultaba treméndamente familiar, pero no sabía de qué. Además, estaba bajo un gran cielo azul, con un sol y calor como si fuese verano. Era totalmente distinto a lo que yo había estado soñando, y aún había mas sorpresas. A lo lejos vi personas, así que corrí a ver quienes eran.

Definitivamente no me lo esperaba para nada. Lo que vi allí me dejó en shock, sin saber cómo interpretar esa escena. Estábamos yo, Adam y el que parecía ser Riku, todos con unos 5 o 6 años, jugando y construyendo castillos de arena. Ellos parecían no poder verme, así que me acerqué a ver de qué estaban hablando.

Vir: La seño nos castigará como sigamos aquí... -gritó mientras sollozaba.

Riku: ¡Venga ya! ¡Yo te protegeré de ella!

Adam: Sí, y yo. ¡Lo importante es que estemos unidos!

Riku: ¡Será nuestro pacto!

Adam: Este será nuestro castillo. Y tú serás la princesa. -dijo a la vez que colocaba una banderita de juguete en una de las torres-.

Vir: ¿Yo? ¿Me protegeréis?

Riku y Adam: ¡Si!

Vir: ¡Gracias, mis caballeros! -dijo totalmente orgullosa, mientras actuaba como una princesa de cuento y extendía su mano para que se la besasen-.

¿Se trataba de un sueño, o era más bien un recuerdo? Nunca antes había visto a Riku, pero algo me dice que le conocía. Y se nos veía tan felices de pequeños... ¿Pero qué lugar era esta playa? ¿Por qué estábamos aquí? ¿Y por qué no conseguía recordar nada cuando pensaba en mi niñez? Mientras me preguntaba todo ello, mi vista volvió a oscurecerse, dejando paso a un tremendo dolor de cabeza. Entonces desperté en el suelo, de nuevo en la entrada a la torre. Miré a todas partes, con todo mi cuerpo dolorido, pero no había ni rastro de Adam ni de Riku. Lo que sí había, era mucha sangre, cuyo rastro acababa justo en la entrada principal. Seguramente Riku le hizo algo y se lo llevó adentro. Sentí que ya me daba igual todo, y a la vez quería saber. Saber porqué sueño esas cosas, porqué tengo estos poderes, y sobre todo, si mi vida puede volver a ser como antes.

Me interné en la torre, caminando con decisión a sus entrañas, y sin saber qué iba a encontrarme allí adentro. Cuando crucé la puerta, creí seguir soñando, pues aparecí en lo alto de una montaña, observando un pequeño pueblo a sus pies, en un atardecer en el que las cigarras resonaban por todas partes. Con cuidado fuí bajando por un barranco, pero una de las rocas cedió con mi peso, y caí. Cuando sentí el golpe en mi espalda, noté que aunque había sido una larga caida, el golpe no fue tan fuerte como esperaba, apenas me había magullado. Fue cuando me di cuenta, que había caído encima de alguien.

Vir: ¡Lo siento! ¡¿Se encuentra bien? Caí encima suya sin querer. ¡En serio, lo siento!

Chico: Ayy... -se quejó de dolor mientras se levantaba-. ¿Qué hacías bajando por el barranco? Es muy peligroso...

Vir: ¡Lo siento mucho! ¡No encontraba otra forma de hacerlo!

Chico: Se nota que no eres de por aquí... ¿Como te llamas?

Vir: Virginia... Virgi... ¿Y tú? ¿Donde estoy?

Chico: Me llamo Kei. ...¿No sabes dónde te encuentras? Estámos en Hinamizawa

Vir: ¿Hinamizawa? ¿Esto no es una torre?

Kei: ¿De qué hablas? Creo que te debiste golpear la cabeza... Deberías ir al medico, yo te llevaré.

Vir: ¡N-no! ¡No es necesario! -dijo, tratando de no pensar en si de verdad estaba teniendo alucinaciones este día.

Kei: Está bien... De todas formas si te has perdido, ¿qué te parece si vienes a la fiesta del pueblo? Te invitaremos a comer yo y mis amigos.

Vir: De acuerdo...

Fuí con él ladera abajo, hasta llegar al pueblo y abandonar la montaña. No entendía qué estaba pasando, si esto era una dimensión distinta dentro de la torre, o otra cosa. El pueblo estaba completamente vivo y lleno de gente, todos festejando con petardos, puestos de comida, bailes... Todo era aparentemente normal, pero no podía evitar pensar que todo ello se trataba de una trampa. Quería preguntarles qué festejaban, o si habían visto a un chico de pelo plateado y largo. Pero si lo hiciera, quien dice que no me mentirían...

Nos reunimos con un grupo de chicas. En ese momento pensé: "joer, este tipo tiene un harem para él solo". Pero al poco tiempo fui entendiendo que se conocían desde pequeños, y que pertenecían a las familias más importantes del pueblo. Cuando me preguntaban de donde venía, solo les dije que "de muy lejos", que viajaba sin rumbo fijo, y acabé en este pueblo. Me contaron muchas cosas sobre la zona, sobre todo leyendas relativas a la fiesta de hoy. Cada vez me impacientaba más, quería saber donde estaba Adam y rescatarle. Mientras comíamos, empezaron a sonar unas campanas y tambores. Una de las chicas, llamada Xion, gritó: "¡llegaremos tarde!" y todos se levantaron y empezaron a correr calle arriba.

Les seguí, hasta un templo antiguo, en el que estaban reunidos muchas personas. Estaban todas observando el atrio, en el cual una jovencita de pelo azulado estaba realizando una extraña danza con un rastrillo. Entonces recordé lo que las chicas habían dicho un rato antes, que esta danza estaba basada en una leyenda folklórica, en la que los demonios de la oscuridad abrían a los aldeanos, y les arrancaban el corazón, para convertirlos en nuevos demonios. Cuando pensaba en ello, me venía a la mente imágenes de las sombras que nos atacaron en el mundo real, y la torre con el símbolo del corazón invertido. De alguna manera sabía que las leyendas de esta gente estaban hablando del mismo "demonio" al que debía enfrentarme.

Entonces escuchamos un grito, procedente del bosque que rodeaba el santuario. Todos fuimos corriendo a ver qué ocurría. Y entonces vimos una especie de hoguera, y en el medio de ella, un bidón de gasolina ardiendo. De él salía un brazo humano. La gente empezó a murmurar, que la maldición volvía a repetirse este año, y que los demonios habían regresado. De repente me fijé a mi derecha, en una persona agazapada entre los arbustos, que cuando me acerqué empezó a correr. Le seguí, con mucha dificultad, entre la oscuridad del bosque, donde volví a ser atacada por las sombras. Luché con ellas a cada paso que daba, procurando no perder de vista a aquella persona. Cuando finalmente le alcancé, me quedé totalmente sorprendida, ya que se trataba de Riku, el pequeño Riku de la playa.

Vir: Tú... ¿Porqué corres, pequeño?

Riku: Las sombras... ¡Me persiguen! ¡Vienen a por mí!

Vir: ¿A por tí? ¿No las controlas?

Riku: ¡Ayudame!

Riku me abrazó, llorando desconsoladamente de miedo. No sabía que hacer, pero intuí que este mundo era su pasado. De alguna forma, en la torre quedaron grabados sus recuerdos de pequeño... Quería ver a donde conducían, así que le ofrecí mi ayuda. Le cogí a mis espaldas, y empezamos a correr por el bosque, huyendo de la oscuridad, y rumbo al pueblo. Pero algo iba mal, ya no nos atacaban como antes, sino en menor medida. Cuando llegamos al pueblo, me detuve en seco, observando lo que estaba ocurriendo. Las sombras estaban, literalmente, aniquilando a la población. Metían sus brazos dentro del pecho de las personas, y de alguna forma, les mataban, volviéndose más fuertes con ello. Después, los cadáveres se transformaban en más de esas criaturas, buscando corazones que absorber. Así, resolví el misterio de qué pasó al instituto y a mi ciudad... Las criaturas que estuve matando a diestro y siniestro eran sus habitantes. Por dentro, sentí una gran culpa, y un deseo ferviente de que todo ello no fuera más que un sueño, y que pudiera despertarme de una vez para dejar de sentir ese dolor.

Sin darme cuenta, las sombras nos rodearon. Eran cientos, probablemente miles. No había forma de escapar, y entonces una sombra del tamaño de un adulto, apareció entre ellos, caminando hacia mí. Cuando llegó a un par de metros de distancia, nos habló.

Oscuridad: Ese niño... dánoslo.

Vir: ¿Porqué es tan importante?

Oscuridad: Él abrirá la puerta a nuestra victoria...

Vir: ¿La puerta? -preguntó, mientras recordaba las palabras que escuchó, antes de conseguir la llave espada.

Oscuridad: El Reino de los Corazones... el corazón de este mundo, nos pertenece. Deseamos volver a él, a nuestro hogar. Solo así podremos descansar.

Vir: ¡Ni hablar! Suponiendo que exista, haréis lo mismo que a las personas de esta aldea, ¿verdad? ¡No os lo permitiré!

Oscuridad: Pero tú también tienes que volver allí. Eres nuestra princesa.

Vir: ¡¿Que?

Oscuridad: Es tu destino...gobernarnos a todos.

Vir: ¡No! ¡Yo no he pedido nada de esto! ¡Yo solo quiero...-

Oscuridad: Él te está esperando allí. Para abrir la puerta, debes darnos al niño.

Vir: ¿Él...?

Oscuridad: ¿Prefieres sacrificar la vida de tu hermano, a la vida maldita de ese niño que llevas contigo?

En ese momento ya me derrumbe por completo. Si era cierto que el destino de ese niño, era abrir paso al Reino de los Corazones, y que allí estaba Adam, justo en la puerta... ¿Debía darles al niño? Entonces recordé que esto solo eran recuerdos, o más bien, eso deseaba que fueran. Lo que hiciera aquí no iba a cambiar el destino, pero al menos encontré a la verdadera Oscuridad, aquella que corrompió el corazón de Riku y le obligó a hacer cosas terribles. Le dije a Riku que no se moviese de mi lado, y que estuviese tranquilo. Entonces alcé la llave espada, apuntando al cielo. No entiendo como lo hice, pero de alguna manera canalicé mis sentimientos a través de ella, y una gran luz apareció, destruyendo a todos los enemigos que se encontraban allí. No tenía ni idea de si eso funcionaría para volver a mi mundo, ni tampoco si podría salvar a mi hermano. Pero... deseaba que todo esto terminase ya. No quiero ser princesa de ningún reino. Esa época de mi vida se fue hace tiempo. Solo quiero que los demás sonrían... que estén bien. Y con esos pensamientos, una vez más todo volvió a quedarse en negro.