Cuando abrí los ojos, me encontré en una sala enorme, llena de oro y de todo tipo de adornos, con escaleras de caracol, que se perdían en la lejanía. Ya no tenía conmigo al pequeño Riku, así que supuse que estaba en lo cierto, y aquel momento solo se trataban de recuerdos. Volvía a encontrarme dentro de la torre, y eso era lo importante. Comencé a subir las escaleras corriendo, deseando llegar a tiempo de poder salvar a Adam. Aunque parecieran escaleras infinitas, subí totalmente decidida y sin detenerme a descansar ni un momento, mientras a mi alrededor, la decoración de las paredes iba cambiando. Abajo era totalmente dorado, y arriba se iba ennegreciendo poco a poco.
Al final de la escalera, una luz azulada se mostraba en el techo de la torre. Atravesé el umbral, y vi que me encontraba justo donde estaba el enorme corazón invertido. Me pregunté si esa cosa se trataba de la puerta, y entonces apareció detrás mía una voz familiar.
Riku: Al fin llegaste.
Vir: ¡¿Dónde está Adam? -le dijo, mientras empuñaba su arma-.
Riku: ¿Él? Allí.
Señaló a la zona superior del corazón gigantesco. Adam se encontraba atado allí arriba en el borde, y aparentemente inconsciente y herido.
Vir: ¡¿Qué le has hecho, bastardo? -se lanzó a atacarle mientras gritaba-.
Riku: Él es el sacrificio para el Reino. -respondió mientras esquivaba sus ataques-.
Vir: ¿Sacrificio? ¡¿Para que?
Riku: Cuando se abra la puerta, con alguna de nuestras llaves, su corazón será absorbido. ¿Y qué crees que pasará entonces? El sacrificio de un guardián... Me dará poder...
Vir: ¿Guardián? Tú... Vosotros dos... erais los mios...
Riku: Veo que te acordaste. Cuando me abandonasteis juré hacer de este mundo uno mejor, uno en el que todos pudiéramos estar unidos. ¡Para siempre!
Vir: ¿Y para hacerlo matas a la gente? Estás loco...
Riku: Tras morir, sus almas viajan al Reino de los Corazones. Tú también perteneces a ese lugar. ¿Por qué no lo aceptas? ¿Por qué luchas contra tu destino? Solo quiero que todo sea como antes, Vir...
Vir: No se como éramos antes... ni me importa. Solo quiero a mi hermano de vuelta, y que detengas todo esto. ¡¿Porqué tienes que seguir con ello?
Riku: Mi corazón me lo ordena. Ese es el porqué.
Combatí con todas mis fuerzas contra él, incluso rebasando los límites que creía insuperables. El poder de la llave espada me permitía hacer todo lo que mi mente imaginase. Correr por las paredes, levitar, invocar magias de cualquier elemento... Luché como nunca hice, y como nunca soñé. Riku esta vez peleaba con todas sus fuerzas, pero por algún motivo no podía hacerme frente, no era rival para mí. Cuando logré tumbarle en el suelo, quitándole su llave espada, tuve su vida en mis manos. Estaba decidida a acabar con él, a poner fin a todo esto, y volver a casa. Pero algo me hizo detenerme. Él era una victima, igual que todos los demás. Estaba siendo manipulado, no podía acabar con una vida inocente. Pero entonces, ¿qué podía hacer? Entonces mi llave espada brilló, e inconscientemente, se la clavé en el pecho. De alguna manera sabía que así se solucionaría todo. Una luz le envolvió, expulsando la oscuridad que tenía adentro, y dejándole inconsciente.
Me agaché, y le acaricié una mejilla. De alguna forma, sentí nostalgia y cariño. A pesar de que no le conocía de nada, en mi interior guardaba recuerdos que compartí con él cuando era pequeña. Yo, como él, deseaba que todo fuese como antes. Poder recordar de qué nos conocíamos, sentarnos los tres juntos... juntos. A mi derecha estaba su espada ennegrecida. Cuando fui a cogerla, tomó vida propia y empezó a levitar sobre el suelo. La oscuridad que estaba manipulando a Riku, debió seguir en su propia arma, o proceder de ella. Lanzó un rayo, rumbo al corazón gigante. Entonces todo empezó a temblar, la torre se venía abajo por algún motivo, y el corazón estaba iluminándose, con un tono de oscuridad brillante. Escalé lo más rápido que pude para coger a Adam, pero cuando estaba cerca de él unas manos, sombrías, salieron del corazón, cuya superficie se había convertido en líquido oscuro, y le succionaron adentro. Sentí como todo se venía abajo, y yo junto a la torre. Los escombros empezaban a rodearme, fuí esquivándolos y destruyéndolos como podía con mi llave espada, pero finalmente quedé sepultada por ellos.
Cuando recuperé fuerzas, fui quitándome de encima todo lo que había caído, y poco a poco pude salir a la superficie. Reinaba la oscuridad, y en medio de las ruinas, una luz oscura dominaba el lugar. Entre la polvareda y el amasijo de piedras, había un "lago" de agua. No se podía ver lo que había debajo, pero Adam fue absorbido por lo que fuera que viviese allí. Así que no tenía opción. Me tiré adentro, confiando en poder encontrarle pronto.
Debajo del agua no podía ver nada, era todo pura oscuridad y vacío infinito. Pero entonces todo se fue aclarando, hacia un tono azulado, y varios brillos aparecieron en la lejanía. Entonces noté la gravedad de nuevo, empujándome hacia abajo, como si estuviese cayéndome, hacia ninguna parte. Entonces me di cuenta, de que ya no estaba en ningún lago, sino cayéndome del cielo. Debajo de mí pude divisar al fin tierra, una playa. Utilizando los poderes de mi llave espada, pude aterrizar lentamente. Era la misma playa de siempre, y esta vez, todo coincidía con mis sueños. La luz de la luna, apoyándose sobre el mar y el lejano horizonte, las estrellas en el cielo... y ese frio que me hacía recordar que no se trataba de ningún sueño. Entonces una voz familiar, resonó por todo el lugar.
Oscuridad: Bienvenida al corazón del mundo, princesa.
Vir: Tú otra vez... ¿Qué pretendes?
Oscuridad: Que todos se reúnan aquí, en este mar de conciencias y conocimiento. Apoderarme de todo ello, cumplir mi sueño de ser el más grande.
Vir: No te lo permitiré... ¡Muéstrate, acabemos con todo esto!
Oscuridad: Me parece bien.
Entonces le ví aparecer a mis espaldas, de nuevo con túnica tapándole el rostro, y la llave espada oscura en su mano.
Vir: Alguien tan cobarde como para esconder su rostro, me das pena.
Oscuridad: Me gusta llevar túnicas, hacen que todo se vea más misterioso, como tú.
Vir: ¿Yo?
Oscuridad: Un ser creado para mantener el equilibrio entre luz y oscuridad. La llamada "princesa de corazones", destinada a convertirse en la heroína que luchará para que ese balance no se rompa. Eso eres tú.
Vir: Y tú se supone que eres aquel que debo evitar que lo rompa.
Oscuridad: Siempre hemos vivido a la sombra del ser humano, nunca mejor dicho. Queremos salir a la luz, ser aceptados tal como somos, no quedarnos relegados a un infierno frío y negro. Nosotros también merecemos una oportunidad de existir.
Vir: Mentira. Solo sois asesinos que necesitáis arrebatar el alma a las personas para poder vivir. No sois más que la muestra de la oscuridad que hay en cada corazón humano. Y como tal, debéis quedaros en él, no dominarlo.
Oscuridad: Y aun así, aquí estamos. En este lugar, aquellos elegidos del destino tienen que luchar por convertirse en el próximo rey. Y una vez te mate, usaré este lugar, este corazón, para transmitir la oscuridad al resto del mundo.
Vir: ¡Celebras la victoria antes de tiempo!
Le ataqué con todas mis fuerzas. Cada palabra que decía resonaba en mi cabeza. Le odiaba. Por llevarse a Adam, por hacerle daño a Riku, por destruir mi ciudad, por cambiar mi vida. Era pura oscuridad, verdadera maldad, y la detestaba. Quería hacerle desaparecer para siempre, y a medida que mi ira aumentaba, mi fuerza me ayudaba a conseguirlo. Pero en uno de los golpes, cuando conseguí quitarle la capucha, me quedé helada. El maldito bastardo había vuelto a hacerlo, a tomar posesión de un cuerpo que no le pertenecía.
Oscuridad: ¿Qué pasa, no quieres pelear con tu hermanito?
Vir: Como has podido...
Oscuridad: Todos tenemos oscuridad en nuestros corazones. Sin excepción. Y la suya, guardando en secreto vuestro pasado, cada día creció y creció, hasta hacerse insoportable por ser incapaz de protegerte.
Vir: Bastardo... ¡Sal de Adam!
Oscuridad: No te será tan fácil como con el otro... esta vez te destruiré antes de que tengas oportunidad de acercarte a mí.
Con su arma lanza una gran descarga eléctrica, similar a la que usó Riku para torturar a Adam. Solo que esta vez, me tocaba a mí ocupar su lugar. No podía hacer nada por salvarle. Por primera vez en mi vida, empecé a aceptar mi derrota, y mi muerte. Mientras mi conciencia se desvanecía, viejos recuerdos emanaban de mi subconsciente, como queriéndome dar a conocer mi pasado, antes de morir. De nuevo estaba en ese mismo lugar, pero todo estaba "cambiado". Yo y Adam estábamos corriendo por el bosque, escapando de algo. Cuando llegamos a la playa, vimos a Riku, pero nos quedamos agazapados en los arbustos. Estaba solo, caminando por la playa, con un aspecto terrible. Entonces, detrás suya, apareció la dichosa Oscuridad, siempre con su túnica siniestra y gastada.
Oscuridad: Pequeño... ¿estás bien?
Riku: Tú... no eres como los demás...
Oscuridad: Oh, ¿esas sombras? No. No soy como ellas. ¿Te hicieron algo?
Riku: Han destruido todo... soy el único que queda...
Oscuridad: Contigo había dos niños más, ¿cierto? ¿Me podrías decir donde se encuentran? Os ayudaré a escapar...
Riku: Ellos... se fueron... una buena familia les adoptó... me quedé solo...
Oscuridad: Ya veo, así que tu princesa te ha abandonado...
Riku: ¿Cómo sabes eso...?
Oscuridad: Te contaré un secreto, pequeño... -dijo mientras se acercaba lentamente a él-.
Riku: Oye... no...
Oscuridad: Te enseñaré a ser como yo... A saberlo todo... ¿No te gustaría?
Riku: No... vete... ¡no te acerques!
Oscuridad: Yo te mostraré lo que la oscuridad es capaz de hacer...
