Muchas gracias por los reviews, aquí dejo otro capitulo
Corre el año 1937 durante Guerra Civil española. Bella quedó huérfana de pequeña y ahora vive con toda su familia de alta sociedad en una casa de campo para refugiarse de la guerra. Allí es tratada de la peor manera posible, pero un día llega a la mansión Edward, un prestigioso médico atormentado y con fantasmas internos. ¿Podrá la dulzura de Bella derretir su duro corazón? ¿Podrá él salvarla del infierno?
Capítulo 3
Mi madre estaba acariciando dulcemente mi cara y yo volvía a tener seis años. Ella nuca se había ido dejándome sola en este cruel mundo. Volvía a arroparme contra su cuerpo, me contaba miles de historias y hacía desaparecer mi miedo a la oscuridad. Yo entonces imaginaba que era la protagonista de esos relatos, y que era capaz de hacer cualquier cosa, que era invencible.
– Mamá… – llamé en un susurro, pero al abrir los ojos pude dame cuenta que todo era un sueño y que la imagen de mi madre se había desvanecido. Mis ojos se volvieron vidriosos, pero aguanté las ganas de llorar, ella me había enseñado a ser fuerte. En su lugar vi a Elizabeth que pasaba dulcemente la mano por mi rostro, y al verme despertar levantó mi cuerpo que estaba tumbado en la cama y me abrazó con fuerza a su pecho. Quizá no fuera el olor ni el calor de mi madre, pero era igual de maternal y reconfortante.
– ¡Oh Bella!, no vuelvas a hacerme eso, estaba muy preocupada por ti – dijo apretando más su agarre. Por encima de su hombro pude ver que me encontraba en mi habitación. No me acordaba que había pasado, lo único que sabía es que me dolía terriblemente la cabeza.
– ¿Qué ha pasado? – Mi voz salió muy ronca. Ella soltó sus brazos de alrededor de mí y me ayudó a sentarme cómodamente en la cama. Cuando lo hice pude ver que llevaba puesto mi camisón de dormir. Estaba desorientada pero empezaba recordar algo: el paseo, Tanya e Irina, cuando caía al rio, la lluvia, los establos… ¿qué había ocurrido luego?
– Edward volvió antes de lo previsto – empezó a contarme al ver mi cara de confusión – Dijo que te encontró tirada dentro de los establos y que estabas empapada – así que no había soñado lo de Edward, el me había encontrado y se había molestado en ayudarme – has estado inconsciente y delirando con mucha fiebre des de hace dos días.
No podía creerme que hubiera pasado tanto tiempo inconsciente. No sabía cómo había reaccionado la familia al estar tanto tiempo sin trabajar y sin hacer nada, pero estaba convencida de que nadie de ellos se había molestado en visitarme para ver cuál era mi estado.
– Debiste hacerme caso, no era buena idea salir – me dijo con desaprobación – ¿Porqué tardaste más de la cuenta? – No quería decirle la verdad porque podría meterla en problemas con su marido - ¿Hay algo que quieras decirme? – era bastante más intuitiva de lo que creía y empecé a removerme incomoda – ¿Fueron aquellas dos verdad?
Abrí la boca para contestar que se equivocaba, pero nos vimos interrumpidas por la figura de alguien que abría la puerta con ímpetu y entraba en la habitación. Ambas giramos nuestras cabezas y pudimos ver que allí plantado frente a la puerta se encontraba Edward Cullen con una expresión que yo no pude llegar a descifrar. Sus ojos se posaron primero en mis ojos y luego descendieron por mi cuerpo. Mis mejillas se tronaron de un leve color rosado, pues me encontraba en ropa de dormir y él seguramente pensaría que estaba horrible.
– Veo que ya te has despertado – dijo con calma, despertándome de mis pensamientos. Apartando sus ojos de mí se giró hacia una mesa que yo a veces utilizaba como escritorio. Vi que allí se encontraba lo que yo supuse que era su maletín de médico. Lo cogió y se acerco hasta sentarse a un costado de mi cama, muy cerca de mí. Volví a sentir su olor, y lo peor era que cada vez me gustaba más y más – Abre la boca – ordeno y mi respuesta fue automática. Él solo introdujo una especie de paleta que supuse era para revisar mi garganta.
– Todavía la tienes bastante irritada – sentenció. Acto seguido puso su mano en mi frente y mi cara volvió a ponerse roja, su tacto era electrizante – Veo que te ha bajado la fiebre. ¿Te duele la cabeza? – Solo asentí con la cabeza – me lo imaginaba – dijo mirándome a los ojos.
– ¿Se pondrá bien pronto? – pregunto Elizabeth. Estaba tan ensimismada con tanta belleza que casi me había olvidado que estaba allí.
– Seguramente, pero es probable que le vuelva a subir la fiebre esta noche – dijo respondiendo a su pregunta – será mejor que la dejemos descansar – se levantó de mi cama y se dirigió a Elizabeth – Vámonos, mi padre te estaba buscando – al decir eso a ella le cambió la cara, y a él también. No entendí muy bien el porqué, estaba claro que era algo privado de los dos.
– Volveré más tarde para ver como sigues – dijo él mientras se encaminaban hacia fuera. Entonces me vi sola en la habitación. A pesar de tener fiebre me libraba de servir y de tener que aguantar a los que se suponía eran mi familia. Mire por la ventana y vi que el tiempo no había amainado en esos dos días y que seguía lloviendo. Me hubiera puesto a leer pero me dolía tanto cabeza que me recosté y me quedé profundamente dormida.
Pasé una noche muy mala, Edward tenía razón cuando dijo que la fiebre me subiría durante la noche. Pero alguien estuvo poniendo paños de agua fría sobre mi cabeza para hacerla bajar. No pude reconocer quien era, pero supuse que sería Elizabeth. Pero la sorpresa me la lleve yo cuando al despertar me encontré a Edward dormido en un viejo sillón que no era muy cómodo. Había sido él quien me había cuidado durante toda la noche. Supuse que era pronto y no quise despertarle así que volví a cerrar los ojos para dormir.
Al volver a despertar él ya no se encontraba en la habitación, pero en su lugar estaba Elizabeth. Con su ayuda pude bañarme, cosa que estaba deseando ya que con la fiebre había sudado mucho. Al terminar fui a ponerme uno de mis horrendos pijamas pero ninguno estaba disponible, así que ella me dejo uno de los suyos. Me sentía algo desnuda porque apenas cubría nada y era de tirantes finos.
Después del reconfortante baño me volví a recostar en la cama. Elizabeth se tuvo que ir y yo para distraerme me puse a leer el libro. Al cabo de un rato Edward volvió a entrar por la puerta. Se había cambiado la ropa. Yo lo único que pude hacer fue intentar cubrirme con la manta. No me apetecía que viera mi delgado y desgarbado cuerpo llevando tan elegante camisón.
– Vengo a ver como sigues, pero veo que ya estas mejor, seguramente mañana podrás volver a la normalidad – yo solo asentí con la cabeza. Me daba demasiada vergüenza y me ponía muy nerviosa cuando él estaba cerca – ¿No hablas mucho verdad? – No supe que responder. Vi en su cara que me miraba con ternura, algo que nunca imaginé – No te preocupes, ya somos dos.
Volvió a hacer lo mismo que él día anterior. Revisó mi garganta y luego puso su mano en mi frente para ver si tenía fiebre, pero esta vez no la apartó después de comprobarlo. Lo que hizo fue bajarla hasta posarse en mi mejilla, las cuales inmediatamente se pusieron de un intenso color rojo. No entendía porque hacía eso pero mi pobre corazón empezó a golpear mi pecho como un loco. Siguió descendiendo por mi cuello acariciándolo con dulzura. En ese momento no supe si aquello entraba o no dentro de lo medicamente profesional, pero no me importaba en lo más mínimo. Era la primera vez que un hombre me tocaba de esa manera, y no era cualquier hombre, se trataba del perfecto Edward Cullen.
Una parte de mi quería que se alejara porque al tener su mano en mi cuello seguramente notaba mi alocado pulso pero por otro lado no quería que él la apartara. No lo hizo, todo lo contrario, su mano siguió bajando por mi clavícula, acariciándola. Algo se formó en la boca de mi estomago, pero no sabía lo que era. Cerré mis ojos disfrutando del contacto, porque a lo mejor esa era la única vez que tendría un contacto tan íntimo con un hombre, como dijo Tanya en el rio. Mientras su mano continuaba descendiendo su otra mano fue a mi pelo suelto, donde agarro un mecho y se lo llevó a la nariz para olerlo.
No sabía qué era lo que llevaba a Edward a hacer eso. Mi piel estaba erizada, porque eso era lo que él provocaba en mí. La mano que hasta el momento se había mantenido en mi clavícula descendió hasta el borde del camisón, hasta el principio de mis pechos, donde mis pezones estaban endurecidos y me preguntaba si se notarían con la fila tela. Sabía que no era propio de una señorita dejarse tocar de esa manera por un hombre, pero yo en aquella casa solo era una vulgar sirvienta. Quería que continuara bajando por mi pechos, por mis de mis diminutos pechos de niña. Edward habría estado con millones de mujeres, mujeres de verdad, y no un intento de ellas. Así que presa del pánico de que pudiera ver aún más mis defectos abrí mis ojos de golpe. Al hacerlo él se levantó y se separó de mí bruscamente.
Yo lo único que hice fue cubrirme con las mantas hasta el cuello. Quería decir algo, juro que quería pero no pude. El volvió a su expresión seria e impenetrable de siempre, dejando atrás todo rastro de ternura y sensualidad. De repente Elizabeth apareció por la puerta con cara alarmada.
– Vas a recibir visitas no muy agradables – no hacía falta que dijera nada más para saber de quién se trataba y acto seguido mi "familia" hizo acto de presencia por la puerta. La primera que entro fue mi abuela, junto con Mirta, Emily y las dos brujas.
– No haces más que dar faena Isabella, nos has tenido preocupados a todos – dijo mi abuela, era una hipócrita, y todo porque quería hacerse la santurrona delante de Edward para casar a Tanya con él. Pero si fuera cierto, me habría venido a ver mucho antes – supongo que mañana estarás lista para volver a trabajar ¿no?
– Isabella va tener que estar tres días más en reposo – ¿Edward me estaba ayudando? Porque antes dijo que mañana podría volver a la normalidad y ahora le decía a ellas que no. No sé porque lo hacía pero estaba infinitamente agradecida por ello. Mi abuela y las otras arpías no supieron decirle que no.
Después de aquella tarde estaba disfrutando de mis días libres sin tener que trabajar, pero hubiera preferido poder salir a pasear ahora que el tiempo había mejorado. Nadie aparte de Elizabeth volvió a visitarme, ni Edward, aunque fuera para hacerme una revisión médica. Seguro que se arrepentía de haberme tocado de aquella manera. En una de las visitas de Elizabeth, me contó un poco sobre su vida, y salió a relucir el nombre de Edward.
– Es un poco raro, nunca habla con nadie a pesar de tener a todo el mundo a sus pies – solo lo dije para intentar averiguar un poco más de él, era tan misterioso…
– No deberías de hacer caso a las apariencias, tú lo deberías saber mejor que nadie – parecía su verdadera madre por como lo defendía – Cuando me casaron con Christopher, yo tenía dieciséis años como tú ahora, odiaba lo que me habían hecho y tuve la oportunidad de huir a América con un amigo, pero mis deseos de libertad pasaron a un segundo plano cuando conocí a un niño de siete años con una mirada muy triste. En ese instante supe que no podía dejarlo con el animal de su padre – me sorprendió que me contara esa historia – créeme Bella, su seriedad solo es una máscara para protegerse a si mismo y las personas que quiere.
Cuando se marchó quedé pensando en lo que había dicho. ¿Qué es lo que le habría pasado? Me prometí a mi misma que cuando pudiera salir de la habitación intentaría averiguarlo. Estaba sosteniendo las fotos de mis padres, se les veía tan enamorados que no pude evitar sentir una punzada de envidia y desear encontrar a alguien a quien querer de ese modo. En mi mente acudió la imagen de Edward, pero inmediatamente decidí dejar de ser tan ilusa. Tan ensimismada estaba que no me fije en que una intrusa se había colado en mi cuarto.
– Eres como la mala hierba, nunca muere – Tanya estaba allí plantada delante de mi cama – no sabes el asco que me das – no quise responder porque la última vez que lo hice acabe así. Le tenía miedo a ella y a toda la familia. Continuamente era humillada pero yo no tenía el derecho de protestar.
– Tanya, no tienes nada mejor que hacer que estar molestando a Isabella – dijo Edward entrando por la puerta – porque no empleas tu tiempo en hacer algo productivo para variar un poco.
– ¡Edward! – Dijo ella acercándose a él mientras le colocaba las manos en el pecho - ¿Por qué no dejamos a este estorbo y vamos a dar un paseo?
– No me interesa, ahora si no te importa – quitó sus manos de encima suyo – sal de la habitación por favor - Tanya salió notablemente cabreada, no estaba acostumbrada a que ningún hombre la rechazara.
– Te pareces mucha a ella – dijo cuando se acerco a mí, estaba desconcertada hasta que vi que miraba la vieja fotografía que tenia de mis padres. Mi abuelo solía decírmelo, pero yo no encontraba tal semejanza.
– Yo no soy tan guapa como ella, tengo mucho de Charlie en mí – dije con un deje de nostalgia en la voz.
– Creo que no deberías de hacer caso a lo que Tanya diga – Y acto seguido se giro y se marcho por la puerta. Yo me preparé para volver a la rutina al día siguiente.
Espero que les haya gustado! Dejadme algún review que me anime a seguir
Gracias
