NOTA: El domingo que viene no podré actualizar porque tengo unos exámenes muy importantes, así que el próximo capítulo lo colgaré el día 12 de este mes. Como compensación abajo les dejo un AVANCE del próximo capítulo.

Por favor, dejarme algún comentario, porque veo que mucha gente agrega esta historia como favorita, pero me gustaría saber lo que pensáis. También tengo que agradecer a todas las que me leéis.

Corre el año 1937 durante Guerra Civil española. Bella quedó huérfana de pequeña y ahora vive con toda su familia de alta sociedad en una casa de campo para refugiarse de la guerra. Allí es tratada de la peor manera posible, pero un día llega a la mansión Edward, un prestigioso médico atormentado y con fantasmas internos. ¿Podrá la dulzura de Bella derretir su duro corazón? ¿Podrá él salvarla del infierno?

Capítulo 6

A la mañana siguiente, desperté a causa de la luz procedente de los rayos del sol típico de una hermosa mañana de verano. Al principio estaba algo aturdida por los acontecimientos del día anterior, quizás había sido todo un sueño, pero toda duda desapareció cuando al mirar hacia abajo me encontré con que todavía llevaba puesta la ropa de la otra vez. Todo había sido real, Christopher era un monstruo y había querido abusar de mi, Edward se había enfrentado a su padre por mí, me había defendido y consolado, me había sostenido entre sus brazos y me llevó hasta mi cama besándome la frente.

Edward… era tan caballeroso y bueno… estaba incondicional e irrevocablemente enamorada de él. De solo pensar en Edward se me ponían los pelos de punta. Sentía que el mundo podría ser un lugar mejor en el que vivir, aunque no me quisiera. El sentimiento recientemente descubierto me oprimía fuertemente el pecho, y eso me hacía sentir llena de vida, así que aprovechando que la casa estaba vacía porque habían ido a hacer lo que ellos llamaban una "visita de cortesía" y no podían recriminarme nada, baje las escaleras danzando y saltando. Era una actitud totalmente descabellada, pero es que ¡estaba enamorada!

Esa misma alegría fue la misma que me impulsó a salir a dar un paseo, pues la mañana estaba preciosa. Quizás podía ir a visitar a Ángela y ver como seguía el pequeño Pablo. Caminé hacia al pueblo a paso ligero y casi saltando, pero el relincho de un caballo me hizo volver la cabeza hacia un lado. Y allí estaba el objeto de mis alteradas emociones, tan hermoso y elegante como siempre, encima del lomo del blanco animal. Se acercó con maestría hacia mí.

– Isabella – dijo poniéndose a mi lado y haciendo que tuviera que levantar la cabeza para verle mejor – ¿Dónde vas? – su pregunta no era de reclamo como lo hubiera hecho mi familia, era más bien curiosidad, incluso pude percibir algo de preocupación, pero a lo mejor solo era fruto de mi imaginación porque eso era lo que yo estaba esperando.

– Voy al pueblo, a ver a Ángela – dije con algo de timidez. Observé como el asentía y como de una manera muy elegante y decidida se bajaba del caballo para ponerse a mi altura.

– Te llevaré – su tono no dejaba lugar a replicas – Seria buen idea que revisara las heridas de Pablo y a caballo iremos mucho más deprisa que a pie – asentí pero me ruboricé un poco porque yo no sabía montar a caballo – Ven.

Acto seguido me cogió de la mano con una delicadeza que debería estar prohibida para darme un soporte a la hora de subir al gran animal. Su tacto me ponía extremadamente nerviosa, seguramente pensaría que era una patosa que no sabía hacer nada. Por lo que intenté subir a prisa al caballo sin pensar siquiera cual era la pierna que tenía que dejar como soporte y cuál era la pierna que tenía que pasar por encima del animal. Edward pareció querer decirme algo, pero fue inútil, porque antes de tiempo me encontré montada encima del animal pero del revés, dándole la espalda a la cabeza. Quería morirme de la vergüenza, al querer no parecer tan torpe había quedado peor. Pero pasó algo que me dejo impactada y que compensaba todas las vergüenzas del mundo, una sonora carcajada procedente de Edward hizo que mi humilde corazón palpitara más fuerte. Hoy incluso, después de tantos años, no he encontrado nada en el mundo más hermoso que su risa.

– No te preocupes, pasa a menudo la primera vez que uno monta a caballo – logró decirme cuando pudo sofocar su risa. Acto seguido, Edward me ayudó a ponerme en la posición correcta. Por suerte, a pesar de la posición en la que me encontraba, el vestido no se me había subido mucho, y era poco el trozo de pierna que quedaba al aire.

Edward no tardó en subirse también al caballo de manera que se sentó detrás de mí. Su pecho quedó pegado a mi espalda y sus brazos alrededor de mi cuerpo cuando cogió las riendas del caballo. Podía oler su glorioso aroma muy cerca de mí, su aliento chocaba con la parte de arriba de mi cabeza debido a que él era mucho más alto que yo. Me puse nerviosa y colorada, él era tan cálido. Él debió notar mi nerviosismo por lo que me dijo.

– Tranquila no voy a dejar que te caigas – a mí se me ocurrió que eso era lo que siempre hacía conmigo, porque si no fuera así no se que habría sido de mí.

Edward puso en marcha al caballo. Mientras el caballo iba al trote mi cuerpo golpeaba suavemente el suyo. No sé si era por mi acompañante o por la sensación de libertad que producía, pero me encantó montar a caballo. Enseguida llegamos a la humilde cara de los Webber.

– ¡Bella!Qué alegría verte – dijo Ángela abrazándome fuertemente – Buenos días Doctor Cullen – dijo cuando me soltó, Edward hizo un gesto con la cabeza.

Pasamos adentro, y Pablo se puso muy contento cuando me vio, de manera que Edward no tuvo mucha faena a la hora de revisarle las heridas. Después de eso, Edward se fue con Ben, el marido de Ángela, supongo que para dejarnos intimidad y que pudiéramos hablar tranquilas. Pablo no me dejo ir hasta que no le conté un cuento, luego su madre y yo fuimos a la cocina a tomar un té.

-Mi hijo está encantado contigo – dijo riendo – estoy segura que cuando te toque el turno serás una buena madre – ni siquiera me lo había planteado porque era demasiado joven, pero la idea no me desagrado para nada – cuéntame, ¿cómo van las cosas por casa?

Ángela sabía cuál era mi situación en la familia. No me atreví a contarle lo que sucedió con Christopher, pero hablando y hablando acabé contándole que Edward me había besado al volver de su casa. Ángela abrió los ojos enormemente y luego sonrió abiertamente.

– ¿Te besó? – Dijo entusiasmada – te lo dije, sabía que había algo entre tú y él – aseguró – y eso que a veces parece tan frio.

– No es frio – le defendí – es muy cálido cuando quiere, pero ha tenido que sufrir mucho – supuse por la clase de padre que tenia y por la sombra de tristeza que a veces veía en sus ojos.

– Estas totalmente enamorada ¿verdad? – me sonrojé furiosamente – sino no lo defenderías de esa manera – concluyó – pero quiero que sepas que vas a tener que ser fuerte, vas a tener que enfrentarte a muchas personas, es un pez gordo – quise decirle que por muy enamorada que estuviera de Edward yo sabía que no tenía nada que hacer, porque seguramente él se acabaría yendo con alguna de aquellas mujeres elegantes y con dinero.

Seguimos hablando durante al menos una hora hasta que Ben y Edward aparecieron por la puerta. Después de prometerle a Ángela que la visitaría pronto, volvimos a subir al caballo y nos pusimos en marcha, pero cuando pasamos cerca del río el animal paró y se removió inquieto.

– Debe estar muerto de sed – sentenció Edward – mientras se bajaba del caballo. Luego me ayudó a bajar a mí cogiéndome de la cintura y mandándome miles de descargas eléctricas por todo mi cuerpo.

Acercó al blanco animal hacia la orilla del rio en el que la última vez Tanya me había tirado dentro. Luego se fue a sentar en la hierba debajo de un árbol y palmeó a su lado para que me sentara con él, y así lo hice. Nos sumimos en uno de aquellos silencios tan cómodos y agradables que eran tan comunes entre nosotros dos.

– Isabella – dijo Edward rompiendo el silencio – Voy a tener que marcharme hoy, no quisiera hacerlo, pero no tengo otra opción – sentí una profunda decepción, no quería que se fuera, ¿se iba para siempre? – Volveré mañana por la noche – sentí un profundo alivio dentro de mi – solo quiero pedirte que te cuides. Por favor no salgas de tu habitación más de lo necesario – me avisó, la preocupación de veía en sus orbes esmeralda – Ayer por suerte pude llegar a tiempo, pero no puedes ni siquiera imaginar de lo que son capaces.

– Lo haré – hubiese hecho cualquier cosa que me pidiera – No sé por qué te preocupas tanto por mi – mi curiosidad y las dudas que tenia salieron a flote en ese preciso momento.

– Creo que eres una víctima de su envidia – dijo muy seguro – también creo que estas pagando por las acciones de tu madre. Ella no tuvo la culpa de enamorarse de alguien desagradable para ellos.

– Eres el único que cree eso – dije – no soporto cuando me insultan a mí, pero todavía soporto menos cuando critican a mis padres.

– Son unos carroñeros, no les hagas caso – dijo – tus padres eran unas personas ejemplares. A mí me hubiera gustado tener unos como los tuyos.

Eso último lo dijo más para él que para mí. Agachó la cabeza y se puso a mirar la hierba. Me pregunté cuánto debería de haber sufrido él. A mi mis padres me quisieron, y aunque estuve poco tiempo con ellos me colmaron de cariño; pero él, por lo poco que sabía, no había recibido mucho cariño del bruto de su padre, y su madre había muerto cuando él solo tenía dos años.

– Isabella – dijo clavando su mirada en mí – por favor, ten cuidado, no soportaría que algo malo te sucediera.

– Tranquilo, no me pasara nada – dije – tu conciencia puede estar limpia – dije decepcionada pensando que solo lo hacía porque se preocupaba por todo el mundo, y no porque yo fuera especial para él.

– No lo hago por tener la conciencia tranquila – dijo casi con ferocidad – lo hago porque me importas – lo último lo dijo con solemnidad.

Lentamente fue acercándose a mí, y mi corazón empezó a palpitar como un loco. Lo miré con expectación, iba a besarme otra vez. Sus orbes esmeraldas nunca abandonaron mis ojos hasta que estuve a pocos centímetros de mí rostro. Sentí su dulce aliento rozar mis labios y luego sentí sus labios posarse suavemente sobre los míos. El beso era muy dulce, mucho mejor que lo que mi mente rememoraba una y otra vez.

Fue recostándome poco a poco sobre la hierba y él se colocó encima de mí. El beso cada vez fue haciéndose más intenso y yo llevé mis manos a su pelo cobrizo tironeando un poco de él. Él emitió un leve gruñido y luego continuó besándome con más fuerza. Las mariposas de mi estomago hacían que casi pudiera volar. Cuando nos faltó el aliento él abandonó mis labios, pero llevó los suyos a mi cuello, donde lo besó con ternura, yo solo pude abrazarlo con más fuerza.

De golpe el rodo su cuerpo y él me abrazó de manera que mi cabeza descansó sobre su hombro. Estaba en completa paz con el mundo entero, él era para mí en este preciso momento, yo no podía pedir nada más.

– Deberíamos regresar, si quiero volver lo antes posible, debería partir antes de comer – yo asentí con la cabeza y los dos nos levantamos del suelo.

Emprendimos el viaje de regreso a casa en completo silencio, él de vez en cuando apartaba mi pelo hacia un lado y le daba pequeños besos a mi cuello provocándome que la piel se pusiera de gallina. Al llegar me cogió de la cintura y me bajo dejándome muy cerca de él, me hubiera gustado otro beso como el de antes, pero había gente en los establos, así que solo pudo besarme dulcemente la frente.

Por la noche, después de cenar, hice caso a Edward y me encerré en mi cuarto, pero unos golpes en la puerta me sorprendieron. Seguramente era Elisabeth pensé, pero al abrir la puerta me encontré con una muy cabreada Tanya, que me empujo hacia dentro y cerró la puerta tras ella.

– Te he visto hoy en los establos, como Edward te llevaba con él en el caballo – dijo con amargura – eres una odiosa mocosa – me agarró el pelo y me tiro fuertemente de él – Edward es mío y no voy a dejar que una coja como tú me lo quite.

Me soltó el pelo y volvió a empujarme, luego se dirigió hacia la mesilla de noche y cogió las fotos que tenia de mis padres. Puso una sonrisa de maldad y acto seguido hizo algo que nunca pensé que se atrevería a hacer. Las rompió por la mitad.

– ¡No! – grité. Eran los únicos recuerdos que tenia de ellos.

Mi furia cada vez se hizo mayor, ni siquiera pensé en lo que hacía cuando me tiré encima de ella. Rodamos por el suelo peleándonos, ella gritaba mucho, como si quisiera que la escucharan. La puerta de mi habitación no tardo en abrirse y aparecer toda mi familia por ella. Comprendí que todo había sido preparado antes por Tanya.

Elisabeth

Cuando aparecí por el umbral de la puerta del cuarto de Bella, no pude creer lo que estaba viendo. El marido de Emily la tenia cogida por el brazo y ella no podía parar de llorar. Se me rompió el corazón. Di un paso hacia delante para apartarla de su agarre, le estaba haciendo daño, pero Christopher, me agarró fuertemente del brazo y me dio una mirada de advertencia. Yo pasé las manos por mi vientre, quería proteger a Bella, pero también al pequeño que tenía en mi vientre. ¿Por qué tenía que suceder eso cuando Edward no estaba?

– Esto ya ha sido demasiado – dijo la vieja bruja – te hemos mantenido a pesar de que eres una carga, pero no pienso permitir que agredas a mi familia, así que te vas a ir – no podía creer que su abuela fuera capaz de decirle aquello.

– No por favor – suplicó Bella llorando – no tengo a donde ir – pero nadie dio la cara por ella y sin siquiera dejarla recoger nada la llevaron a bajo y la empujaron fuera de la casa.

Esa misma noche no pude dormir por la preocupación que sentía por Bella, así que subí a su cuarto, y vi en el suelo las fotos que Bella siempre miraba, estaban rotas, y de golpe comprendí todo.

Al día siguiente, después de cenar, espere a que llegara Edward sentada en la escalera, si sentía por ella lo que sospechaba que sentía, él era el único que podía hacer algo. No tardó en llegar ya fui corriendo hacia él.

– Edward, mira – le tendí las fotos rotas que había guardado para Bella, sabía que eran su mayor tesoro.

– ¿Dónde está?- dijo con preocupación cuando las cogió con sus manos.

Empecé a explicarle lo que supuse que había ocurrido, que Tanya le había provocado porque la quería echar de aquella casa, le conté la manera en que la habían hachado. El rostro de Edward se desencajó por completo.

– Guárdalas bien – dijo, y después de dármelas, empezó a bajar las escaleras y se dirigió hacia la puerta. Parecía lleno de furia y desesperación.

– ¿Dónde vas? – le pregunté.

– A buscarla dijo decidido – no quiero ni imaginarme en qué condiciones estará – cerró la puerta tras de sí, y yo solo pude rezar para que estuviera bien.

AVANCE CAPÍTULO 8

-¡Edward! – No podía creer que estuviera allí, había venido a buscarme. No lo pensé dos veces y me lance a sus brazos, me sentía en casa de verdad. Edward me sujeto la cabeza por detrás con una mano, y con la otra envolvió mi cintura. Me apretaba con fuerza contra su cuerpo, como si quisiera que no me escapara, como si quisiera fundir nuestros cuerpos. Yo quería gritarle que lo amaba, que lo amaba con todas las fuerzas de mi alma.

-¿Estas enfadado? – No soportaría una cosa así, pero sabía que mi comportamiento no había sido el mejor.(…)

- Isabella – la manera en la que casi susurró mi nombre hizo que me estremeciera, nunca mi nombre completo había sonado tan hermoso y sensual en otros labios – yo jamás podría enfadarme contigo – lo último lo dijo colocándome un rebelde mechón detrás de la oreja con una ternura infinita. Había oído muchas veces que era una persona fría y sin sentimientos, que era incapaz de amar a nadie, que en sus ojos solo había amargura. Pero a mí en no me lo parecía en aquel momento, ni me lo había parecido nunca en el pesado; quizás nunca me amara a mí, pero era la mejor persona que había conocido nunca a parte de mis padres. En sus ojos no había amargura, sino anhelo, podía ver a una persona que esperaba ser liberada.

Cásate conmigo.

Espero que os guste lo que viene a continuación!

Espero que os haya gustado! Comentad!