Hola de nuevo! Aquí dejo otro capítulo, no es muy largo, pero es que estoy de exámenes, seguramente que el miércoles vuelva a actualizar porque ya habré acabado y será más largo.

Bueno, creo que van a tener que esperar al siguiente para saber la respuesta de Bella, per espero que os guste este.

Capítulo 9

Edward

Era una mañana de principios de primavera, los primeros botes de los arboles eran apreciables, los animales empezaban a salir de su letargo hibernal, las golondrinas, o anduriñas, que es como se les llama en Galicia, volvían de las tierras cálidas a posarse en los balcones de las casas como decía el poema de Bécquer. Todo parecía haber vuelto a la vida; pero la realidad era otra, el termino vida no era muy adecuado en tiempos de de guerra.

Des de que tenía dieciséis años mi vida había sido un ir y venir de América a España. En América había podido estudiar medicina. Tenía una casa allí y algunos negocios a parte de la medicina, de hecho me hubiera quedado a vivir allí definitivamente, pero ciertas circunstancias impidieron que lo hiciera. Mi principal razón hasta el momento había sido Elisabeth, no podía dejarla sola y desamparada frente al monstruo que se hacía llamar mi padre. Elisabeth se había visto obligada a casarse con Christopher cuando a ella tenía dieciséis y yo siete; para mí había representado una figura casi maternal a pesar de su juventud ya que yo ni siquiera tenía un recuerdo de la que había sido mi verdadera madre. Soy consciente de que se quedó en aquella casa por mí, y yo me torturaba cada vez que "mi padre" le daba aquellas bestiales palizas. Aquellos golpes que él le propiciaba a ella me dolían más que las que recibía yo, porque no podía ver sufrir a la primera persona que me había dado amor, que me había leído un cuento y cantado una canción antes de dormir. Si en aquel momento mi alma aún conservaba algo de humanidad, había sido en parte gracias a ella. Sin Elisabeth yo me hubiera vuelto un loco desquiciado en manos de aquella bestia.

Miré otra vez por la ventana ya que algo en el jardín llamo mi atención. Acababa de sentarse a leer bajo un árbol, lo único que podía proporcionarle algo de paz en tiempos de guerra a un hombre como yo: Isabella.

Bella, como prefería ser llamada, era la criatura más hermosa que yo había podido ver hasta el momento, una mezcla entre niña y mujer, llena de inocencia y ternura. Había algo que hacía que no pudiera apartar los ojos de ella; quizá fueran aquellos ojos chocolate tan expresivos, tan llenos de curiosidad y bondad, pero que ella se empeñaba en esconder cuando bajaba la cabeza al creerse inferior a los demás.

– ¿Qué es lo que tanto miras por la ventana? – Una débil y entrañable voz me saco de mis pensamientos – llevo un buen rato llamándote y ni me escuchas – Mi abuelo Eleazar se acababa de levantar de la cama y se había acercado hasta le ventana. Se suponía que no debía de hacer muchos esfuerzos. Llevaba cinco largos años enfermo del corazón, pero no había sido hasta hacía aproximadamente unos dos meses que se había agraviado notoriamente – Es Bella – dijo al darse cuenta de cuál era el objeto de mi atención – mi Bella… Es tan parecida a Renné… pero…es todavía más hermosa que mi hija ¿No te parece?

– No deberías estar levantado – dije intentando evitar la respuesta. Des de que había llegado a aquella casa me pasaba horas en la habitación de mi abuelo, dónde apenas nadie le visitaba ya, excepto Bella.

Bella solía pasarse tardes enteras conversando con él, leyéndole poesías y novelas. Creo que el pobre hombre no podía ser más feliz que en aquel momento del día, cuando tenía a su dulce nieta al lado, entonces parecía que casi volvía a ser el de siempre, lleno de vida. Incluso diría que vivió más de lo previsto porque se aferraba a aquellos momentos como un clavo ardiendo. En aquellos momentos podría haber abandonado la habitación, pero ponía la excusa de tener que estar siempre en constante vigilancia, pero la verdad, es que yo también vivía para esos encuentros, para poder escuchar la harmoniosa voz de aquella muchacha que se estaba llevando toda mi cordura. Yo no le hablé por primera vez hasta después de la muerte me mi querido abuelo porque ni siquiera sabía cómo podía acercarme a ella, ¿cómo podía un ser frío y dañado como yo codiciar a semejante ángel?

– He visto como las miras siempre – sentenció mi abuelo después que lo dejara en su cama. Era un zorro viejo que no se le escapaba ni una.

– No sé de qué me estás hablando – dije intentando evadir la realidad.

– Sí que lo sabes, hablo de Bella – dijo – se que has sufrido mucho y que te cuesta expresar lo que sientes – hizo una pausa para recuperarse – No es que me haga mucha gracia que mi niña sea pretendida por algún hombre – dijo resistiéndose a que Bella se convirtiera en una mujer – pero tú y ella sois lo único digno de esta familia, por eso sé que en tus manos estará bien. Yo confío en ti y sé que puedes hacerla feliz – Eleazar sabía perfectamente como era en verdad su familia.

– No sé qué tanta razón puedas tener – dije – Creo que se merece otra clase de persona – aquello me dolió en el fondo de mi alma – alguien a quien no le atormenten fantasmas internos, alguien que no tenga pesadillas por las noches.

– Te subestimas, hijo – me dijo – eres una persona excelente y sé que ella puede ver eso en ti –ojala fuera cierto, pensé. Eleazar se ahogaba y tuvo que hacer una breve pausa – necesito que me prometas que la cuidarás, que cuando me muera tú cuidarás de ella – dijo – He observado estos últimos meses como tratan a Bella, no me había dado cuenta y creo que le están menospreciando – a decir verdad yo también me había dado cuenta, pero es que en un principio ellos habían intentado mantener las apariencias delante de mí. Ni siquiera podía llegar a sospechas la cruda realidad – creo que lleva pasando varios años y que ella no me ha querido decir nada por miedo – continuó – se han vuelto más descarados porque ya no puedo cambiar el testamento, son unos carroñeros.

– Yo también me he dado cuenta – dije – no te preocupes, cuidaré de ella – Aunque él no me lo hubiera pedido lo habría hecho igualmente.

– Gracias – dijo – sé que no me queda mucho tiempo de vida, y saber que alguien velará por ella hace que pueda morir en paz.

Esa fue una de las largas conversaciones que tuve con mi querido y entrañable abuelo dos meses antes de morir, antes de que su enfermedad se lo llevara lejos de nosotros.

Bueno, espero que os haya gustado, Aparecerán más puntos de vista de Edward en la historia, para poder comprenderlo mejor. Más que nada serán momento perdidos como este ya que no me gusta mucho repetir diálogos, pero ya lo veréis.

Por favor por favor por favor comentad! Gracias!