NOTA: Se que llevo siglos sin actualizar, pero han pasado diversos motivos que me han impedido hacerlo, ya los contare más adelante. Escribo esta nota para decir que he reorganizado todos los capítulos y he corregido las faltas de ortografía y retocado algunas frases, pero el contenido sigue igual. Mañana intentare actualizar y poner por fin un nuevo capítulo.
Hola! Aquí dejo un nuevo capítulo, espero que lo disfrutéis, y espero que os gustara el capitulo anterior donde se ve el punto de vista de Edward. Bueno no os olvidéis de comentarme que os parece!
- Tu eres menor todavía – dijo – tu custodia está en manos de tu abuela, y por muy cruel que sean todos contigo, podrían llegar a tomar represalias en cualquier momento, y no dudes que nosotros tendríamos todas las que perder. – lo miré a los ojos temerosa, no quería quedarme allí, de hecho, me daba igual donde estar, pero no quería separarme de él – solo hay una cosa que podamos hacer para que tu custodia pase a mis manos y poder marchar libremente.
-¿Qué es? – Dije – dímelo por favor, no me dejes aquí, llévame contigo – le supliqué, el me miro a los ojos profundamente y me dedicó la más hermosa de las sonrisas antes de decirme las palabras que menos me esperaba.
- Cásate conmigo.
Capítulo 9
Me aparté bruscamente de él y me puse de pie, entonces, Edward puso cara de desconcierto, como si no entendiera mi comportamiento. No podía estar hablando en serio. Había soñado mil veces que me casaba con él, pero nunca imaginé que pudiera hacerse realidad, solo era la loca fantasía de una chica irremediablemente enamorada de alguien inalcanzable.
– No puedo – dije aturdida todavía – no puedo casarme contigo Edward.
– ¿Por qué no? – Dijo desconcertado – Es la única opción que tenemos – dijo con dureza. Pareció verme en los ojos decepción.
– Porque no puedo hacerte esto – no podía permitir que él se casara conmigo solo para ayudarme, el no podía sacrificarse por mi – no me parece justo para ti – continué – No puedes casarte conmigo para ayudarme. No puedes casarte con una pobretona como yo – eso me dolía – tú debes casarte con alguien de tu clase, no con una pobre coja.
Edward relajó su expresión como si de golpe lo hubiera entendido todo. Se levantó, se acercó a mí y cogió mi cara entre sus manos.
– No me interesa la gente de mi clase como tú dices – dijo Edward – me interesas tú. Nunca se me había pasado por la cabeza casarme, pero creo que ya ha llegado la hora. Quiero tener una familia, una madre para mis hijos que sea cálida y se preocupe por ellos, no alguien que solo se preocupe de si misma. – Me hubiera gustado que me dijera que quería casarse conmigo porque me amaba como yo a él, pero al menos era algo – y no eres una pobre coja. Eres tu quien ve tus defectos más que nadie, cojeas un poco solo, pero si quieres puedo intentar buscar solución. Por favor acepta.
– No lo sé – dije apartando la mirada de él – no sé si es una buena idea.
– Si rechazas mi oferta, quiero que sea porque no me quieres a tu lado, no por todas las razones que has dicho antes – dijo Edward. Tenerlo a mí lado era lo que más deseaba, pero no podía ser egoísta. – Además, no puedes negar que hay algo entre nosotros. Dime que no te estremeces cada vez que te toco – dijo acariciándome la mejilla y provocando que esta se volviera de color rosado – Dime que no deseas más cada vez que te beso.
Acto seguido paso su dedo pulgar por mi labio inferior para después agacharse y besar mis labios. El beso empezó suave, pero luego se fue volviendo hambriento, Demostrándome lo que había dicho antes. Yo quería más y más, pase mis manos por su pelo y tirando un poco de ellos. Eso provocó que Edward soltara un gemido de placer. Nos separamos jadeando por la falta de Aire. Edward juntó nuestras frentes.
– No puedes negarlo – dijo respirando con dificultad. Yo no negué lo evidente – No hace falta que respondas ahora – dijo – pero tampoco tenemos mucho tiempo. Mira, mañana vendré a traerte algunas cosas, y necesito que me respondas entonces.
Yo asentí con la cabeza, y él cogió mi mano y me arrastró hacia dentro de la casa de los Webber. Cuando entramos los Webber estaban cenando y Ben nos pidió por favor que compartiéramos la cena con ellos. Durante toda la cena Edward estuvo sujetándome la mano por debajo de la mesa.
– Creo que es hora de que me vaya – dijo Edward – muchas gracias por todo – Él y Ben se estrecharon la mano e intercambiaron unas cuantas palabras.
Edward se dirigió a buscar su chaqueta. Ángela me hizo un gesto con la cabeza indicándome que fuera a despedirlo a la puerta. Una vez allí fuera del alcance de todos, Edward volvió a besarme, pero este beso fue más casto que el anterior supongo que por respeto a los Webber.
Volví a la cocina para ayudar a Ángela con los platos y ella aprovechó cuando nos quedamos a solas para preguntarme como habían ido las cosas con Edward.
– Me ha pedido que me case con él –solté de golpe.
– ¿Qué te ha pedido matrimonio? – Preguntó Ángela más que sorprendida – ¿Cómo ha sido?
Le conté como había ido la cosa, lo que le había dicho y lo que él me había dicho a mí.
– ¿Qué le vas a contestar Bella? – Ya me gustaría saberlo a mí, pensé.
–No lo sé, es todo tan confuso….
–Bella, si te casas deberías hacerlo por amor. ¿Le amas? – Yo asentí con la cabeza –entonces deberías aceptar, una oportunidad así no se presenta todos los días.
– Lo sé, no todos los días le pide un hombre guapo y elegante matrimonio a alguien tan simplona como yo – contesté llena de dolor.
– No quería decir eso, tu eres preciosa – replicó Ángela – Quería decir, que no todos los días le piden matrimonio la persona de la cual estas enamorada y este amor es correspondido.
– No es correspondido –dije – Edward no siente lo mismo que yo.
– Puede que no te lo haya dicho, pero pondría la mano en el fuego a que él está igual de enamorado que tu de él – dijo Ángela – tendrías que ver cómo te mira, lo desesperado que estaba esta noche cuando vino a buscarte. Solo un hombre enamorado se metería en un compromiso tan serio como es el matrimonio sin esperar nada a cambio.
Eso me dejó mucho que pensar. No estaba tan segura como Ángela de que Edward sintiera algo por mí, pero me moría por estar siempre a su lado. Era un pensamiento egoísta, pero yo no había recibido nada bueno des de la muerte de mis padres. Al final tomé una decisión.
Al día siguiente, por la tarde, me encontraba en el jardín de la casa leyendo un libro, cuando vi que se me acercaba un precioso gatito de color gris. Me levanté para ir a cogerlo. ¡Era tan pequeño y adorable! No pude Evitar hacerle arrumacos y él se acurrucó contra mi pecho. Estaba tan distraída que me sobresalté cuando unos fuertes pero conocidos brazos me rodearon por atrás y me atrajeron hasta su pecho. Del salto que di el gatito se asustó y saltó para luego salir corriendo.
– ¿Es que para mí no hay ni un poquito de ese amor? – dijo Edward. Yo no pude contestarle porque el corazón me iba como un loco.
Edward y yo estuvimos un rato así, disfrutando de la compañía del otro sin la necesidad de llenar el silencio con palabras. Me sentí protegida entre sus brazos, me sentía como en casa, con ese pensamiento se disiparon todas las dudas y pude responderle a la proposición que me había hecho el día anterior.
– Acepto – Edward me giró para que lo mirara a la cara – Me casaré contigo.
Edward sonrió a más no poder y me besó con ansias. No me importaba nada excepto el hecho de que nada podría separarme de él si nos casábamos. Estaba feliz porque por una vez en mi vida hacía lo que me apetecía.
Este capítulo formaba parte del 8, pero que lo corté para dejaros con la intriga (soy mala lo sé), por eso es más corto.
Por cierto, he empezado otra historia y me gustaría que le echarais una ojeada.
Por último, como habéis visto las cosas entre Edward y Bella cada vez se ponen más calientes, y a medida que pase el tiempo irá en aumento, por eso me gustaría haceros una pregunta: ¿Qué preferís que hagan el amor antes o después del matrimonio? Evidentemente la historia cambiará si pasa de una manera o de otra.
Bueno comentadme por favor!
