Hola de nuevo. Sé que llevaba mucho tiempo sin actualizar, pero es que sucedió algo que me impidió hacerlo y no tenia ánimos tampoco. Pero ahora ya he vuelto para quedarme. Os dejo un nuevo capitulo, espero que lo disfrutéis.

Capítulo 10

Los días que siguieron a aquella tarde en la que acepté la proposición de Edward fueron un completo torbellino de emociones por mi parte. Estaba eufórica y radiante, de hecho, me miraba en el espejo y me veía casi guapa, mis ojos y mi piel brillaban más que nunca. La vida me sonreía, pensaba, por fin podría ser feliz, iba a casarme con Edward y nos iríamos a América a vivir, lejos de mi arrogante familia y de este país azotado por la guerra. Aunque una parte de mi se entristecía por no tener a mis padres y a mi abuelo conmigo el día de mi boda.

Edward, como me había prometido, venía a verme todos los días a casa de los Webber. Esos eran mis momentos preferidos del día, cuando estaba con el hombre al que amaba con todo mí ser. Edward era el perfecto caballero, me encantaba cuando me cogía de la mano y me llevaba a dar una vuelta, o los besos que compartíamos a escondidas del mundo. Estábamos prometidos, lo sé, pero en aquella época, las demostraciones de afecto sin estar casados no eran bien vistas por la gente. Estaba completamente feliz.

Aquella tarde de principios de julio, Pablo, el hijo de Ángela y Ben, me arrastró hacia la pequeña cuadra que pertenecía a la modesta casa. Pablo cada vez estaba mejor de sus heridas, el brazo que tenía mal lo llevaba sujeto, pero andaba perfectamente y las magulladuras cada vez estaban más cicatrizadas. Así que como quería construirle una pequeña cama a su gatito y él solito no podía con un solo brazo me pidió ayuda. La verdad es que era un niño muy dulce y muy inteligente para solo tener 6 años recién cumplidos. Tenía una cara preciosa, pelo negro con unos impactantes ojos azules que contrastaban con su piel blanca y sus largas y oscuras pestañas, aunque de estatura se podía decir que era bastante pequeño, e incluso a veces podía llegar a pasar por un niño de 4 años. Ángela más de una vez había manifestado la preocupación por la altura de su hijo y una vez se lo comentó a Edward. Mi prometido le había asegurado que era normal, que unos niños crecían antes y otros después, pero que no se preocupara, que cuando fuera mayor sería muy alto y muy fuerte. Durante el tiempo que estuve en aquella casa llena de paz pasé mucho tiempo con el pequeño, de hecho me pasaba la mayor parte del día con él, exceptuando cuando Edward venía a verme. A Pablo parecía encantarle pasar tiempo conmigo, y la verdad es que nos divertíamos mucho.

– Ya veras, Bella – me dijo pablo mientras me hacia entrar dentro de la cuadra cogiéndome de la mano – Vamos a construirle a Bigotes una camita muy bonita.

– Estoy segura que si, cielo – cuando dije eso Pablo me miró con sus hermosos ojos azules y me sonrió - ¿Pero ya sabes lo que necesitamos para hacerlo? – El niño asintió con la cabeza y nos pusimos manos a la obra. Pero la verdad es que no hicimos nada de provecho. No sabíamos exactamente cómo hacerlo, ni que materiales necesitábamos, pero eso sí, nos reímos mucho.

- Vaya, vaya – escuché la voz del hombre que me quitaba el sueño. Levanté la cabeza y me encontré con unas preciosas esmeraldas mirándome – ¿Así es cómo os divertís? – pude notar cierto tono de humor en su voz. La verdad era que Edward seguía siendo un misterio, pero había momentos como ese, en los que sus ojos dejaban aquel velo de tristeza y de dureza, e incluso sonreía. En esos momentos no se parecía en nada al Edward que todo el mundo creía conocer, no se parecía en nada al Edward de aquellos primeros meses en casa de nuestra familia, cuando no me hablaba.

– Estamos construyéndole una cama para Bigotes – contestó Pablo, algo tímido.

– ¿Bigotes? – pregunto Edward curioso y esbozando una sonrisa de medio lado.

– Es su gato – le aclaré. Edward asintió.

– Bueno – dijo mi prometido – por lo que veo no habéis hecho mucho – señalando nuestro desastre – si queréis os puedo ayudar.

– ¿De verdad? – dijo el niño entusiasmado y Edward asintió y sonrió.

– Por supuesto – contesto Edward – pero tienes que ir a buscar las herramientas de tu padre para poder hacerlo.

Pablo salió corriendo por la puerta de la cuadra mientras Edward y yo lo observábamos con una sonrisa en nuestros rostros. Luego Edward se giró hacia mí y acarició mi mejilla, mi corazón comenzó a bombear como un loco sabiendo lo que venía ahora. Edward acercó sus labios a los míos y me besó con dulzura primero. El sabor de su boca era intoxicante y adictivo, él quiso profundizar el beso e introdujo su lengua en mi boca. Edward apretó mi cuerpo contra el suyo y yo tiré de su pelo. A parte de las mariposas de mi estomago, una sensación nueva y extraña se situó en la parte baja de mi vientre. Edward me recostó sobre un bulto de paja y acarició mi costado, y cuando hizo un leve contacto con mis pechos no pude evitar soltar un leve suspiro de placer. Edward levanto su cabeza, me miro a los ojos y separo un poco nuestros cuerpos. Vi en sus ojos algo nuevo y profundo, pero no supe descifrar que era, lo que sí que sé es que me gustó mucho.

– Va a venir Pablo en cualquier momento – dijo cuando se separó de mi a modo de explicación para que no me sintiera ofendida o rechazada. Así que lo comprendí y lo acepté.

Y tal y como Edward dijo, Pablo apareció con un martillo y algunos clavos. Estuvimos casi toda la tarde construyéndola. Bueno, más bien Edward la construía y yo y Pablo mirábamos. Los dos parecían llevarse de maravilla.

– Bueno, ya está construida – dijo Edward cuando acabó – ahora solo falta pintarla y barnizarla, pero eso lo haremos mañana.

– Vale – dijo Pablo – Muchísimas gracias Doctor Cullen.

– Llámame Edward, Pablo – dijo Edward esbozando una sonrisa.

– Como quieras, Edward – dijo el niño – ¿mañana vendrás para ayudarme? – Edward asintió – ¡qué bien! – dijo dando saltos – oye, ¿cuándo me quitarás lo del brazo?

– Por lo menos tendrás que llevarlo tres semanas más – sentenció Edward – quieres que se cure bien ¿no? – Pablo asintió con una sonrisa mientras Edward le revolvía el pelo.

Estando esa misma noche en la soledad de mi cama rememoré todo lo vivido aquella tarde. Me gustaba mucho como se llevaba Edward con Pablo. ¿Se llevaría tan bien con todos los niños? Si nos casábamos era probable que tuviéramos hijos. Ese pensamiento hizo que me pusiera roja como un tomate y que mi corazón bombeara como un loco. Pero no pude evitar imaginarme como seria nuestro supuesto hijo, seguramente heredaría la belleza de su padre. Eso hizo que me acordara de la noche de bodas. Todos mis temores salieron a flote, pero decidí que era hora de dormir y quise apartar esos pensamientos de mi cabeza. Mañana mismo, sin falta, le consultaría mis dudas a Ángela.

Al día siguiente estuve toda la mañana intentando preguntarle a Ángela mis dudas sobre la noche de bodas, pero cuando abría la boca para hablar sobre el tema, mis mejillas se teñían de rojo y la voz se me escapaba. Ángela me comento que mi comportamiento de aquel día era un tanto extraño, así que desistí y decidí aplazar la conversación a cuando surgiera el tema de la boda y al momento más apropiado.

Por la tarde, cuando volvía de dar un corto paseo con Pablo, me encontré el coche de Edward estacionado a las afueras de la casa, y luego vi, que él había salido a recibirme. Me beso en la frente con ternura, como cada vez que hacía cuando había gente delante, y aunque no era como los besos que me daba en la boca, yo seguía notando las mismas descargas eléctricas. Luego, antes de entrar dentro de la casa de los Webber, me dijo que me esperaba una sorpresa. ¡Y vaya sorpresa! Allí sentada, en el viejo sofá del salón, estaba lo más parecido a una madre para mí.

– ¡Elisabeth! – dije lanzándome a sus brazos. Ella no dudó ni un instante en apretarme contra su pecho y corresponder a mi abrazo – te he echado muchísimo de menos – dije después de levantar la cabeza para mirarla a los ojos – ¿Cómo estás? ¿Cómo está el bebé? – dije acariciando su aún poco abultado vientre.

– El bebé esta genial – me respondió acariciando mi mejilla – y yo también lo estoy, Christopher se ha ido – dijo aclarándome todo – pronto nos iremos y podremos ser felices.

La volví a abrazar y una lagrima traicionera se me escapó del ojo derecho, la cual Elisabeth limpió con su dedo igual a como lo hacía mi madre cuando era pequeña. Después de ese emotivo momento, ella decidió que Edward nos tenía que dejar a Ángela, a ella y a mí, con Ben para acabar de hacer el vestido y el resto de preparativos.

– Edward – dijo Elisabeth – Siento mucho echarte a la calle, pero tienes que largarte de aquí, da mala suerte ver el vestido de la novia antes de la boda – dijo muy resuelta. No creo que mucha gente que no conociera bien a Edward se atrevería a hablarle así, pero él no se lo tomo nada mal, al contrario, esbozo una sonrisa divertida y asintió.

– Está bien – dijo Edward. Luego se giró hacia dónde estaba Pablo, al cual habíamos dejado en un segundo plano – De todas maneras, este campeón y yo ya teníamos planes para hoy ¿No? – el niño asintió enérgicamente – Tenemos que acabar de pintar la cama para Bigotes.

Pablo le dio la mano a Edward y los dos salieron rumbo a la cuadra donde se encontraba la nueva cama del felino. Mientras nosotras nos quedamos en el salón esperando a que viniera Ben. Cuando llegó se puso a probarme el cuerpo del vestido, a tomar medidas y a hacer arreglos. Elisabeth y Ángela no paraban de hablar de flores y vestidos, sabían que era una boda intima pero ellas parecían muy emocionadas y entusiasmadas. Al cuerpo del vestido tan solo le faltaban unos pocos retoques, lo que faltaba eran los bordados y lo demás, que era mucho más laborioso. Yo ya sabía cómo iba a quedar mi vestido, porque al día siguiente de aceptar la proposición, Ben me mostró un esbozo. En uno de esos momentos, Ángela y Elisabeth se fueron a la cocina a preparar un poco de té, así que aproveché ese momento para preguntarle a Ben una cosa que me había estado rondando por la cabeza des de hacía pocos días.

– Ben – le llamé, el acabó de colocar una aguja en el vestido y me miró.

– Dime, Bella – me contestó.

– Sé que nos conocemos de hace poco… – empecé dudosa. Ben me hizo un gesto animándome a continuar – Yo no tengo padres, ni nadie que pueda acompañarme hacía el altar – continué –así que me gustaría que fueras tu el que lo hiciera, si a ti no te importa, claro.

– Lo haré encantado, Bella – me dijo con una sonrisa – ya veras, vas a ser la novia más radiante que haya pasado por este pueblo en mucho tiempo, a excepción de Ángela, claro está – esto último lo dijo bromeando – en serio, las telas que ha comprado Edward para tu vestido son carísimas, se nota que le importas.

Luego aparecieron por la puerta Elisabeth y Ángela, y Ben decidió que por hoy ya había suficiente, que continuaríamos con lo del vestido al día siguiente. Así que nos quedamos las tres chicas solas. Ellas dos parecían llevarse muy bien, y no paraban de hablar del decorado para la boda.

– ¡Hay Bella! – Exclamó Elisabeth – Te vas a casar, ¡y con Edward! – Dijo muy emocionada –ojalá yo también hubiera tenido una boda como la tuya, con un hombre como él – suspiró – vais a ser tan felices…

– Precisamente de la boda quería hablar con vosotras – decidí que justo en ese momento podía sacar mis dudas a flote – tengo ciertas dudas.

– ¿Dudas? – Preguntó Ángela – yo pensaba que te querías casar…

– Y quiero, no es lo que piensas – continué – es sobre la noche de bodas de lo que tengo dudas – me puse colorada como un tomate – sé que es lo que va suceder, no soy tonta, pero…

– Es normal – dijo Elisabeth – dinos cuáles son tus dudas.

– Bueno, es que no sé cómo comportarme o que hacer. ¿Qué pasa si a Edward no le gusta mi cuerpo?

– Cariño – dijo Elisabeth – no te preocupes por eso, ya surgirá. Edward es un caballero, el sabrá guiarte, no te preocupes. Y tu cuerpo le va a encantar, está completamente enamorado de ti – yo tenía ciertas dudas sobre eso, sabía que Edward me apreciaba, pero estaba segura que no me amaba – nunca le había visto tan ilusionado con algo, créeme.

Aquella conversación de mujeres sirvió para resolverme algunas dudas, Elisabeth tenía razón, Edward sabría guiarme, pero no podía evitar tener inseguridades con mi cuerpo, Estaba convencida que Edward estaba acostumbrado a mujeres más altas, más guapas, mas despampanantes y más elegante.

Al anochecer Pablo y Edward volvieron de su faena. El niño saltaba y contaba entusiasmado como había quedado la nueva cama para su gato. Luego todos fueron a la cocina para empezar a hacer la cena, ya que aquel día, Edward y Elisabeth se quedarían a cenar. Hubo un momento, en el que Edward y yo nos quedamos a solas. Él me pasó un brazo por la espalda y me acercó a él.

– Hoy no me has dado ningún beso – me susurró en el oído.

Me giré para mirar esos ojos que me volvían completamente loca. Por primera vez fui yo la que tomó la iniciativa y envolví su cara con mis manos y lo acerque a mí. Tomé posesión de sus labios. Me sentía en casa, había estado todo el día deseando esto. Separamos nuestros labios cuando nos faltó el air, pero nuestras frentes seguían unidas.

– Bella, hay algo que quiero decirte – me asusté pensando que era algo malo y Edward pareció notarlo – tranquila, no es nada malo – Dijo – he estado hablando con un viejo profesor de medicina mío, que actualmente reside en Portugal. Le he comentado tu caso y me ha dicho que ha aprendido una nueva técnica, y que a lo mejor podría ayudarte con lo de tu pierna.

– ¿De verdad? – dije. Podría por fin dejar de ser una coja.

– De verdad, solo es una leve cojera, no es algo muy exagerado, pero como veía que estabas preocupada he decidido buscar una solución – comentó – lo que pasa es que tendríamos que marchar de aquí en dos días, el viaje seria de aproximadamente cinco días.

Edward se preocupaba por mí, le preocupaban mis inseguridades. Pero lo más importante de todo, es que nos íbamos a ir de viaje. ¿Qué es lo que sucedería entre nosotros allí?

Bueno, espero que os haya gustado este capítulo. Sé que sale mucho pablo, pero es que es importante para la historia, de verdad.

Tengo que deciros que el destino de Bella y Edward está sentenciado ya. Tengo los capítulos más o menos estructurados y ya tengo decidido todo lo que pasará.

También tengo que decir que tengo el siguiente capítulo ya escrito, y será bastante largo, más del doble que este, ya que esta todo el viaje que van a hacer nuestra pareja. Así que contra más reviews me escribáis antes lo pondré

Un beso, comentadme por favor!