Bella POV:
No se en que demonios estaba pensando cuando le propuse semejante cosa a Edward. Más bien no estaba pensando, ¡quien piensa cuando Edward esta cerca!.
Nadie, y odio admitirlo pero cuando estoy junto a él, mi cerebro se apaga, las piernas me tiemblan, el corazón me late con fuerza, ¡y ni hablar de las hormonas! Yo no las controlo, ellas me controlan a mi.
-"!Estúpidas, estúpidas hormonas!- Dije en voz alta en la regadera, mientras reclinaba mi cabeza contra el vitropiso y dejaba el chorro de agua caliente recorriera mis músculos tensos y agarrotados.
-¡Estúpido Edward!.- volví a maldecir en voz alta, sabia que mi actitud era infantil e inútil, quejándome no iba a solucionar nada, no podía echarme para atrás y Edward estaría en menos de una hora en mi recamara.
Desesperada salí de la regadera, me envolví en una toalla y fui directo a mi cuarto el cual estaba aun en la penumbra.
Camine a tientas tratando de no tropezarme con ningún objeto, tocándolo todo a mi alrededor hasta que encontré el interruptor y lo encendí, la habitación se ilumino con un tenue amarillo ocre, y eso me tranquilizo, di un largo suspiro y me voltee rápidamente para ponerme algo de ropa.
Cuando me gire, lo primero que vi fue a un hombre, resguardado por la oscuridad, sentado en mi mecedora.
-Buenas noches Bella.- Dijo con seductora voz, en ese momento mi cerebro se apago de nuevo ¡demonios odiaba que hiciera eso¡ dejarme sin aliento.
-¿Qué haces aquí?.- Respondí sin aliento.
-Tu me citaste aquí.- Dijo con parsimonia.
-Si pero a una hora y… aun no me cambio.- Dije un poco mas molesta, ¿Por qué había llegado a mi recamara antes?.
-Son las 10 Bella,… y así como te vez, te vez perfecta.- Volvió a susurrar seductoramente, dejándome desconcertada, confundida de nuevo, su voz me hipnotizaba, me seducía, me embrujaba.
Cuando el hablaba de esa manera, yo podría hacer lo que el quisiera, podría ser lo que el quisiera, y eso no me atraía y me asustaba al mismo tiempo.
Era una sensación indescriptible a la que comenzaba a hacerme adicta, por eso invite a Edward a mi recamara no por mi lívido, no por él, no por mis estúpidas hormonas, era esa sensación de adrenalina… de emoción, de excitación, de libertad, lo que me motivaba a hacer cosas estúpidas.
-Y… de verdad responsabilizas de todo esto, a tus hormonas? ¿de verdad ellas tienen toda la culpa? … ¿y que hay de mí?... ¿también tengo la culpa de tu insistente lívido Bella?.- Dijo con picardía. ¡lo había escuchado… maldición¡.
-Idiota.- El rio musicalmente
-Sabes… yo pensaba oír otro tipo de sonidos en la regadera… tal vez los escuche ahora.- Pronuncio aquellas palabras con voz aterciopelada, el sabia cuando usar sus encantos conmigo.
Yo sabía que era vulnerable, él era quien tenía el control absoluto, sobre mi mente, sobre mi cuerpo, ¡sobre mis hormonas¡, el que el fuera el dominante y yo su subordinada, lo detestaba pero no tenia otra opción, en el fondo deseaba someterme a sus ordenes.
Entonces se paro de la mecedora, dejando las sombras tras él, y un la haz de luz le ilumino perfectamente, llevaba una camiseta blanca desabotonada, y unos jeans ajustados al cuerpo, ¡Dios, su belleza dolía¡.
Llego hasta mi en pocos segundos, instintiva y estúpidamente apreté aun mas la toalla contra mi, el me tomo por la cintura.
-Mi padre aun no se duerme.- Murmure alarmada.
-Ya se fue a la cama, y hace 10 minutos que ronca.- Retiro los cabellos empapados de mi cuello y me beso muy lentamente.
-Ahh y… trata de no hacer mucho ruido ¿quieres?.- Entonces el se rio sardónicamente.
-¡Trata de no gritar tu Bella¡.- Odiaba su sarcasmo en momentos como este, le mire furica, el ignoro mi enojo y abrazo mi cuerpo con el suyo, caminamos lentamente hacia atrás hasta chocar con la pared, de mis labios salió un pequeño gemido, debido a la presión que su cuerpo había ejercido sobre el mío, el me miro seductoramente a escasos centímetros de mi boca.
-Shhh… ¿tan rápido vas a comenzar? ¿no querrás despertar a Charlie verdad? No sería…. Oportuno.- Quería darle una buena bofetada al muy bastardo, pero su hipnótica voz y su aliento me lo impidieron, en lugar de eso, me aferre a su cuello y lo bese.
Un beso…. Húmedo, extraño pero extremadamente embriagante y excitante, el pareció leerme la mente.
-Fue una suerte que te bañaras justo antes de que llegara.- Me presiono aun mas contra la pared, me arquee y un ligero gemido salió de mis labios.
Esta vez fue el quien tomo mi cuello y beso mis labios impetuosamente, una de sus manos recorrió mi cuerpo, hasta mi trasero, abrí mis piernas instintivamente, entonces el me miro con ojos encendidos por la pasión y susurro:
-No necesitas eso….- Entonces de un jalón tiro de mi toalla y la dejo caer al piso, yo estaba aún contra la pared, con las manos pegadas a esta, una a cada lado de mis caderas.
El me miro de arriba abajo, sin ninguna restricción o pudor, yo le regrese la misma mirada febril, dio un paso hacia mí, acortando de nuevo la distancia.
Edward toco ligeramente mi cintura, y yo me arquee más hacia él, subió sus manos hasta mi abdomen y de mi abdomen a mis pechos, acorte la distancia de los dos rozando nuestros labios, me tomo por el cuello y estampo sus labios en los míos, pero con más urgencias, con más violencia, abrí ligeramente mis labios para tener mas acceso a ese embriagador aliento.
El tomo mis caderas entre sus manos y yo enrede mis piernas a sus caderas, aquello pareció sorprenderle y gustarle pues torció su sonrisa.
Pero él seguía vestido, me sentía en desventaja así que desenrede mis piernas de él, Edward me miro confundido.
Entonces ávidamente desabroche su cinturón y después desabotone los botones de su camiseta, baje uno de mis dedos por toda la extensión de su amplio pecho hasta llegar a la cremallera de su pantalón, baje del cierre lentamente y este cayó al suelo, yo le saque la camiseta mientras él se sacaba el pantalón y el resto de la ropa.
Y de repente tuve al mismo adonis, frente a mi, diferentes haces de luces, de diferentes direcciones parecían arrancar destellos de su piel desnuda.
Ahora sin perder tiempo puse mis manos sobre su cuello y mis piernas sobre sus caderas, el me sonrió de lado seductoramente, no supe muy bien porque y tampoco tuve tiempo, ni ganas de preguntárselo, pues el simple hecho de tenerlo encima mío, hacía que olvidase mi propio nombre.
Con sus manos en mis caderas, su boca en mi cuello, y su piel en la mía, ni siquiera pensé en articular palabra, no podía ni quería.
En lugar de eso mis respiraciones y latidos comenzaron a hacerse más y mas rápidos, y pronto las respiraciones agitadas se convirtieron en ligeros y sutiles gemidos y estos tomaron mas y mas volumen al grado que en mi inconciencia temí despertar a Charlie, aunque en lo ultimo en quien quería pensar era Charlie.
Edward se dio cuenta de mi pequeño problema de concentración y puso delicadamente su mano en mis labios para silenciarme.
-Trata de no hacer tanto ruido Bella.- Susurro con voz entrecortada.
Entonces, sin previo aviso, Edward me cargo en brazos hasta mi cama, mi cuerpo temblaba involuntariamente no se si a causa del frio o del frenesí del momento, mi cabello estaba empapad, respiraba con dificultad y sentía mis mejillas arder.
Edward me quito algunos cadejos de cabello de la cara y me miro con ojos amables, ¡hay no¡ conocía esa mirada., odiaba su exagerada condescendencia y amabilidad-
-¿Te sientes bien? Tus mejillas están hirviendo y tu cuerpo…- bajo la mirada a este, el cual temblaba compulsivamente. Pero lo único que necesitaba realmente era a él, volvió a posar su mirada en mí, la cual tenía de nuevo un matiz de seducción, había dejado de preocuparse por mí, y era su libido ahora, el que hablaba por el-...¿quieres secarte?.-
No podía pensar en eso y yo sabía que el tampoco, estaba haciendo amable, lo sé, pero… ¡al diablo su amabilidad¡ lo que quería, lo que necesitaba era su cuerpo.
Yo no era ninguna señorita y él no era un caballero, así que no teníamos porque tener esa clase de formalismos estúpidos. Negué con la cabeza enérgicamente a su pregunta formulada.
-Cállate Edward, me distraes.- Me queje, y mientras lo hacía me incorpore ligeramente, pegue aún mas mis caderas y me pecho a el.
El gimió levemente, y tomo mi cintura con sus manos ciñéndome aún más hacia el, una de sus manos viajo a mi rodilla, y la bajo lentamente hacia mi entrepierna, apreté mis labios con fuerza, el me tomo por las caderas y me recostó sobre la cama.
Quise incorporarme pero el sujeto con fuerza mis caderas, y se acostó sobre mi a modo de muralla, no me dejaba hacer ningún movimiento, su cuerpo me cubría por completo, no era justo, el tenia todo el control.
-Me aplastas Edward.- Me queje.. Quiero moverme.-
-Shhh me distraes, No voy a hacerte daño.- eso ya lo sabía .-quédate quieta no te muevas, no me obligues a inmovilizarte, no seas testaruda, obedéceme.- Hice lo que me pidió y me sentí sometida, pude haberme revelado, pero no lo hice, en el fondo me excitaba que me dominara, someterme a sus reglas y ordenes después de todo yo no sabía nada.
-Esta bien.- murmure.- Pro no va a ser así siempre ¡¿verdad?.- El rio musicalmente sobre mi oído.
-No… solo quiero que te entregues completamente a mi, que confíes en mi, déjate llevar, solo siéntelo.- El pego sus labios en mi cuello y dejo que su aliento acariciara mi piel, bajo sus manos hasta mis rodillas y las separo con delicadeza, sabía lo que venía, levante mis caderas, y el no protesto, las tomo entre sus manos y se introdujo lentamente en mi.
La segunda vez, que Edward entro en mi, fue menos dolorosa e incómoda que la primera, Fue extraño y mi cuerpo aun no se acostumbraba del todo a su cuerpo.
Aun así disfrute de la sensación. Esta vez sin gritos ni gemidos entrecortados de dolor.
El espero hasta que me acostumbrara a la sensación a que me acostumbrara a el, esta vez el no pregunto como me sentía, y se lo agradecí internamente.
Pasaron unos cuantos segundos antes de que el comenzara a mover sus caderas dentro mi, abrí mis piernas y subí un poco mas mis caderas, se me escapo un pequeño gemido de placer y a el también.
Primero movió sus caderas muy lentamente, podría decir que tenía miedo de ser demasiado agresivo o demandante conmigo así que se abstuvo de ir rápido al principio aunque casi estaba segura que se moría por hacerlo, aun asi se controló.
Cuando nuestras respiraciones y el movimiento de nuestras caderas se hizo casi frenético, ambos decidirnos taparnos mutuamente los labios , no queríamos accidentes, no queríamos despertar a Charlie.
Me mordí la lengua fuertemente, mientras nuestras caderas se movían frenéticamente, Solo se oían gemidos amortiguados y no lo suficientemente fuertes como para despertar a alguien.
Aunque sentí mucho más placer que en mi primera vez, no llegue a un orgasmo y eso me desilusiono un poco, en cambio Edward rápidamente se vació.
Se recostó a mi lado exhausto, mientras nuestras respiraciones y corazones se tranquilizaban, yo permanecí muy callada y pensativa mientras el parloteaba de lo genial que había sido.
-¿Qué pasa Bella?.- Pregunto después de un rato, cuando vio que yo no respondía a sus adulaciones. Di un suspiro muy largo y lo mire fijamente.
-¿Por qué todavía no tengo un orgasmo? ¿hay algo mal en mi? Sabía que la primera vez no era una maravilla pero pensé que la segunda…. Ya sabes, que habría un orgasmo, sentí más placer, si y lo disfrute… pero por que no siento el mismo orgasmo que cuando tu me tocaste la primera vez?. ¿Hasta cuándo tendré un orgasmo?-El me sonrió de lado, como cuando un maestro se ríe de la ignorancia de tu discípulo.
-Bella…- Dijo despejando unos cadejos de cabello plegados a mi frente.- solo es tu segunda vez, no sentirás un orgasmo como hasta la 4ta o 5ta… si bien te va, quizá los resultados sean mejores la próxima vez si cambiamos de posición. Y si quieres sentir mas placer solo auto explórate tú misma, para saber te excita más. Ahora me voy pues es muy tarde.-
Entonces Edward se levantó tranquilamente, paso frente a la ventana y los rayos tenues de la luna dieron de frente en su desnudo y escultural cuerpo y pensé que había sido muy afortunada en poseerlo, aunque sabía que eso era mentira, él me había poseído a mí.
Di otro gran suspiro, Edward vino a mí y para mi sorpresa ya estaba vestido al parecer me había abducido en mis pensamientos.
-Ya me voy.- susurro en mi oído mientras se reclinaba a mi, entonces tomo mi cuello y beso apasionadamente por última vez. Odiaba y amaba al mismo tiempo que hiciera eso. -Y no hay nada malo en ti, solo necesitamos más tiempo-
-Oye…- Le llame y este se volteó.- Haz… sido así con otras?.- El me miro confundido.
-¿Así como?.-
-Vas… ibas, muy lento al principio, como si temieras lastimarme y se porque y no creas que es un reclamo. Pero tengo curiosidad ¿vas lento en contra de tu voluntad cierto?.-
-No Bella… no he ido tan lento en toda mi vida y si… no es que me agrade mucho. ¿Quieres que vaya rápido?. Porque puedo ir mucho mas rápido.- Inquirió con picardía. Yo rodee los ojos.
-Adiós Edward.-
-Adiós Bella.-
Entonces se escabullo por la ventana, la luna arranco haces de luces sobre su piel antes de internarse en la espesura de la noche e integrarse al mundo de las sombras, antes de dejarme y de desaparecer como si fuese un vampiro.
Aquella noche dormí tranquilamente, sin pesares ni temores, dormí profundamente sin sueños ni pesadillas.
Al día siguiente amanecí confundida y algo resfriada pues había dormido desnuda y completamente empapada, me dolía la cabeza y estaba desvelada.
Haberlo hecho entre semana, no había sido una buena idea, tenía que hablar con Edward.
¡Edward¡ el recuerdo me golpeo de frente, y la cabeza me dolió aún mas, al recordar la razón de todos mis malestares.
Era la última y la primera vez que invitaba hasta tan altas horas de la noche a Edward a mi recamara.
Con languidez, me metí en la regadera y deje que el agua caliente relajara mis músculos tensos y agarrotados. Sentía el cuerpo cortado y la garganta me escocia.
¡Mala idea Bella¡ ¡mala idea¡ me reprendí a mi misma mentalmente.
Me vestí con pesadez, sin siquiera darme cuenta de lo que llevaba puesto y no me importo, me sentía muy mal, y no podía culpar a Edward el me lo advirtió, aquí la única culpable era yo, ni siquiera podía culpar a mis hormonas.
Aun así en el fondo, no me arrepentí de lo que había hecho, pero no lo acepte en el acto. Cuando baje al comedor Charlie ya se había ido, y lo agradecí profundamente, no me hubiese gustado verle a los ojos después de lo que hice… en su casa, sin que él lo supiera, seguramente mis mejillas me hubiesen delatado y además no tenía una buena mentira para el resfriado, ni para mis ojeras tendría que pensar en eso.
Últimamente me había visto forzada a decir muchas mentiras, y yo era pésima en eso, tenía que ensayar la mentira más de una vez hasta creérmela y evitar todos esos tics nerviosos que me delatarían, y todo por un poco de sexo, ¡patético¡.
Tome una aspirina, y un platón de cereal antes de salir de casa. Afuera el buen clima aun imperaba, ¡que suerte, 16 grados centígrados¡ en Phoenix esta temperatura solo se vería en invierno.
Conduje sin ninguna prisa y ya comenzaba a sentirme mejor al llegar a la escuela no se si por el buen clima o por las aspirinas ingeridas.
Aparque el coche en un espacio libre, y salí del coche. Iba a empezar a andar pero una voz me detuvo.
-Te ves fatal, te dije que te secaras.- Me reprendió una familiar voz detrás de mi.
-¡Gracias¡ ahora me siento mucho mejor. Lección aprendida. Nunca dejes entrar a ningún hombre después de las 10.- Le guiñe un ojo cuando este se situó frente mío.
-No fue mi culpa.- Me miro serio.
-Lo se, nadie te ha culpado. Y por esa razón, es mejor que no te vuelva a invitar a mi recamara. Será mejor que nadie nos vea juntos Edward, adiós.- Entonces me gire, y seguí caminando.
-¡Bien¡ pero te tendré que molestar algún día de la semana¡.- El grito detrás mío, entonces me volteé.
-¿Para que?.-
-Pues…- Él se acercó seductoramente a mi.- aun tenemos ciertas cosas…- me miro con lasciva.- pendientes.- dijo al fin con voz seductora.
-Mmm… pues si no queda de otra, ni modo, pero se discreto.- Entonces retrocedí un par de pasos, su cercanía me ponía nerviosa. El rio melódicamente y sonrió de lado, dejándome por un momento noqueada.
-Esta bien Bella… no cabe duda de que tienes tu genio ¿verdad?.-
-Piérdete...- le dije antes de girarme y de caminar a pasos apresurados, detrás de mi oí de nuevo de la risa de Edward.
-Eso no fue lo que me dijiste ayer Bella…- Susurro antes de perderlo de vista.
La semana paso entre miradas furtivas, silencios incomodos, evasiones por parte mía, y uno que otro roce incomodo e innecesario, siempre por parte de Edward, acariciaba mi mano "accidentalmente" o rozaba mi pierna con su rodilla detrás de la butaca.
Pero al final de la semana tal y como me había advertido, Edward me abordo.
Yo estaba distraída con un libro de calculo sobre mi regazo, y conmigo estaban
Ángela, Jacob, Jessica y Mike, Edward vino directo hacia mí y me abordo directamente, se me helo la sangre al verlo venir, el jamás había hecho algo así, ¡pero qué demonios le pasaba quería acaso que todo el mundo se enterara¡. Todas las miradas cayeron sobre nosotros, no podía sentirme peor, Edward era un estúpido, al exponerme así de esta manera.
-¿Bella, puedo hablar contigo? Es sobre la práctica de biología.- Mintió magníficamente, yo estaba petrificada, solo pude asentir con la cabeza. Cuando nos retiramos del resto por fin pude hablar.
-¿Qué, demonios te pasa, Edward, eres un idiota, quieres que sospechen o qué?- Dije alterada.
-Tranquila, es que realmente deseo hablar contigo.-
-¿Qué quieres?.- Dije aun molesta.
-Tenemos que ponernos de acuerdo para el lugar y la hora.-
-¿De que me hablas?.-
-Del trabajo, Bella del trabajo ¿de qué más?.- En ese momento paso Jessica muy cerca de nosotros mirándonos sospechosamente. Paso sus ojos de Edward y de Edward a mi.
-Claro… que te parece en tu casa a las 6.- Le seguí la corriente.
-No lo creo, no creo poder a esa hora.-
-¿Mas tarde?.-
-A ninguna hora.- Susurro él. El problema era el lugar.
-Entonces… ¿Dónde podemos hacer el trabajo?.- Seguí con los eufemismos.
-Yo paso por ti.-
-No, no, no lo se, ¿en dónde es?.- Inquirí nerviosa al imaginarme un sucio hostal.
-Confía en mí, no es un sitio despreciable, paso por ti a las 6 en punto, ¿de acuerdo?.- Yo solo asentí con la cabeza.
Cuando fui a al comedor, a la hora del receso, Jessica me abordo repentinamente.
-¿Tienes un trabajo con Edward, Bella?.-
-Amm… si de biología, nada importante.-
-¿Te llevas muy bien con el?.- Inquirió con demasiada curiosidad.
-No… ni bien ni mal.-
-¿Te gusta?.- ¡pero que, imprudente¡ en aquel momento todos dirigieron sus ojos hacia mi. Me sonroje violentamente.
-¿Te gusta, ese… Bella?.- Dijo Jacob molesto.
-¡Claro que no¡ pero que idiotez.- Dije enojada.
-Es un gran idiota.- Murmuro Jacob.
-Lo se.- El me miro y se tranquilizó.- No me gusta, ¡pero que idiotez¡, solo tenemos un trabajo en común.- Dije bastante alterada.
-Esta bien, esta bien no te enojes Bella.- Murmuro Jacob. Él era un gran chico y mi mejor amigo y era por eso que no había acudido a él para solicitar "sus servicios" lo veía más como un hermano, había sido imposible hacerlo con él.
