Notas de autoras: Hello everyone! Antes que nada me disculpo por la (para nada extrañable) ausencia, responsabilidades nos sobran y tiempo nos falta… ahora si alguien quiere darnos un poco de sus tiempos, lo agradeceria (¿?)

Era otra mañana para nada tranquila en la vida de Kabeyama. Porque como venía ocurriendo desde hacia unos días; se levantaba con normalidad, se duchaba y desayunaba su tonelada diaria de arroz, todo lo que hacía cualquier persona normal de su apetito y tamaño, pero camino a su escuela, siempre encontraba la misma amenaza. Una chica bajita, rubia y de ojos marrones que le esperaba a unas pocas calles de su destino con un bate de baseball en sus manos. Hasta ahí, nada anormal. Pero que la chica comenzase a seguirlo demasiado cerca, hablar de qué tan lindos y fuertes serian sus hijos y sobre la excitante y extrema luna de miel que iban a tener escalando los Alpes y luchando contra osos, hacía que Kabeyama tomara cierta distancia de ella, por lo que la chica apresuraba su paso cada vez más, terminando en una absurda persecución (para todo aquel que lo viese), de un enorme y a la vista imponente muchacho huyendo como rata de una aparentemente inofensiva y linda chica que lo perseguía con un bate. ¿Quién no quiere una vida así?.

En cambio para cierto chico de rastas, fue una mañana calma en la cual entró a su salón con la puntualidad que tanto lo caracterizaba. Sin embargo, no podíamos decir lo mismo de cierto chico con singular cabello que estaba llegando tan tarde que cuando entró al aula no había nadie, siendo que todos estaban en clases de deportes. El impuntual decidió saltearse los deportes, ya que lo que menos necesitaba en ese momento, era ver a Yuuto Kidou sudado y jadeando por el cansancio, así que simplemente se sentó a fumarse un cigarro y a leer una recopilación de los verdaderos cuentos de hadas; esos que terminan con los protagonistas muertos, asados o matando a las brujas tirándolas a un horno o victimas de la somnofilia ajena.

Por otra parte, un grito desgarrador proveniente del vestidor llamo la atención de muchos, Kazemaru Ichirouta se quitó sus zapatillas como si estas ardiesen, encontrándose con que sus pies sangraban y que tenían prendidos a la epidermis unas brillantes y puntiagudas tachuelas; cuales costaron mucho trabajo a la enfermera de quitar. La dulce mujer le dio el parte, diciéndole, con una sonrisa llena de lástima, que no podría realizar las prácticas por las siguientes dos semanas. El peliazul asintió con decepción, maldiciendo a las posibles causantes de esa inmadura jugarreta, porque él, como bien sabemos no es estúpido y le bastó con esa pequeña broma para darse cuenta del motivo y conexión que tenía con el accidente del día anterior. Evidentemente, el sexo femenino de su escuela quería evitar a toda costa que se acercara a Goenji, y su "agradable" reputación no ayudaba en nada.

Y ahí estaba Yuuki Tchimukai, desde la sombra que le proporcionaba un árbol, almorzando como cualquier otro estudiante, con la diferencia que desde el día anterior no había otra cosa en su mente que el cómo lograr tener sexo homosexual con Tsunami Jousuke. Entonces, dedujo que, al igual que en el baseball, para hacer una entrada hay que ir llenando las cuatro bases y, desafortunadamente, él no había siquiera bateado la primera bola. Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando cierta persona cuyo cabello parecía una palmera se sentó sonriente a su lado con un par de jugos, ofreciéndole uno.

Olvidándose de el hecho de que estaban en medio de la escuela, por ende un lugar público dónde cualquiera podría verlos; se acercó un poco al pelirosa de manera disimulada para poner en marcha algo de su plan, aún no sabía bien qué, pero el hecho es que sabia que era algo importante.

Maravillado por la tranquilidad y belleza de ese día. Sin mencionar la falta de una mirada o mano en su culo, Yuuto Kidou ni siquiera se preguntó dónde estaba su "algo", ya que seguramente se había echo la rata, porque de haber ido a la escuela NO había manera alguna de que faltase a la clase de gimnasia, porque era donde más se aprovechaba de él para meter mano disimuladamente, cosa que es ese momento ni él ni su culo extrañaban. Pero el de rastas se molestó al ver que su suposición era totalmente errónea. El castaño sí había asistido a clases y no solo eso, ni siquiera lo había saludado. Comenzó a sentirse paranoico cuando, en la hora del almuerzo, no lo buscó para su mamada diaria, sino que lo encontró en el salón almorzando nada más que un jugo y luciendo algo pensativo, eso era raro: Fudou Akio no piensa, por lo menos, no con la cabeza. No es que lo molestase tampoco el hecho de que no le dirigiera la palabra en toda la mañana, no, porque de hecho lo que menos hacían cuando estaban juntos era hablar… Ok, ya estaba pensando en cosas raras. Se suponía que debería sentirse agradecido al no estar siendo sexualmente acosado, pero por alguna razón, se sentía necesitado y algo preocupado, como si su relación con el castaño estuviese terminando…jodida paranoia…

-¡LA PUTA MADRE!- gritó de repente olvidándose de que estaba en su salón, en medio de la clase de matemáticas, con muchos testigos presenciando momentánea y nada común incoherencia . Al caer en cuenta, casi automáticamente, se tapó la boca con ambas manos, al ver como tanto el profesor como los alumnos lo miraban con la boca abierta, sorprendidos ante tal atrocidad: el intachable Yuuto Kidou había maldecido.- Es que…- miraba hacia el techo como si este le fuera a dar una solución para arreglar aquella "atrocidad".- ¡No entendía el ejercicio!- señaló el pizarron , el profesor dejó caer la tiza shockeado, mientras el resto hablaban entre ellos, asustados, sin quitarle la vista de encima. El de rastas giró la vista disimuladamente hacia el costado, donde estaba el único personaje que no lo estaba mirando, que no era otro que Fudou Akio, fue entonces que profirió un sonoro.- ¡CARAJO!- logrando que la clase, esta vez, enmudeciera totalmente, traumatizados ante tal señal apocalíptica- Es que…¡No lo veía bien!- Dijo en el mismo tono en el que gritaba, haciendo que sus compañeros y profesor comenzasen a pensar que tantos años de usar goggles lo estaban volviendo estúpido y, por sobre todo, ciego, ya que se sentaba en la primera fila, al frente de todo.

Un mes había pasado, sin muchos cambios notables para desgracia de Yuuki Tachimukai, que quería tirarse del edificio mas cercano, o, si era posible, tirar a su pareja en todo caso, porque una cosa era ir lentamente, a paso de tortuga, pero otra muy distinta era moverse a la misma velocidad que un plankton (Y eso era decir mucho). Parecía que el de pelos rosados no entendía para nada sus intenciones, y eso le molestaba, por lo que, sin pensarlo y en medio, de un pasillo se dirigió a Tsunami, lo tomó con ambas manos del rostro y chocó sus caras como si estas fueran una replica de aquellos muñecos Ken que le había dado el profesional, sorbedor de tazas vacías de café, Afuro Terumi. Cuando se dio cuenta de lo que había echo, quiso darse a la fuga como si fuera Jim Carrey gritando "I LOVE YOU PHILLIP MORRIS!". Sí, solo quiso, ya que ante tal intento fallido de cercanía, hizo que el de piel morena lo tomase del brazo con fuerza y lo atrajese hacia sí, juntando sus labios en un propiamente dicho beso, esos que uno suele ver en las películas románticas, tan lleno de ansiedad y necesidad por ambas partes, que ninguno de los dos quería separarse, logrando que sus pulmones se pusieran en huelga, mientras varios alumnos que pasaban por allí, miraban entre asqueados y sorprendidos la escena.

Por otro lado las cosas no iban tan bien para Kazemaru, quien salio del baño asqueado por el hecho de que todas sus pertenencias (mochila, libros) estuviesen atascados en uno de los inodoros, suspiró con molestia ya que ese no había sido un buen mes para él. Desde anónimas amenazas escritas, hasta bromas pesadas, como que, al salir de las duchas luego de la clase de gimnasia, en toalla, se encontrase con la sorpresa de que su ropa, no solo no estuviese en su casillero; sino que esta decoraba el mástil de la escuela. Cualquier persona cuerda estaría al borde de los nervios, pero si Goenji estaba cerca todo lo malo importaba poco, por lo que solo reprimía su enfado y concentraba toda su atención en el de piel morena para sentirse mejor, aún si eso hacia que las bromas y amenazas se volvieran mas frecuentes y turbias.

-¿Te pasa algo?- dijo Goenji al ver como el pelilargo salía del baño con una cara llena de disgusto.

-¡No!- Hizo una pausa para pensar en algo creíble- solo que perdí mi bolso y llevo buscándolo hace más de dos horas, así que supongo que tendré que ir de compras- dijo mientras calculaba en su mente con cuanto capital contaba.

Si, había mentido, pero no podemos culpar a Kazemaru ni a su miserable vida escolar y social, no. Porque después de todo, lo que menos quería en ese momento era que el goleador de fuego generase problemas (y homicidios) porque si algo había aprendido en este tiempo, era que Goenji podía aparentar tranquilidad y serenidad, pero en realidad era todo lo contrario. Aún recuerda como un estudiante cualquiera (con uno de los que se había acostado tiempo atrás) le palmeó el trasero diciéndole muy amistosamente algo como "¡Hey, Hace tanto que no cogemos!". Grave error, ya que según cuentan los rumores, el chico, ahora en muletas, pidió la transferencia a otra escuela, una que quedaba en la otra punta de Inazuma Town; aunque él sabía un poco más que lo otros y fue testigo de cómo el goleador no solo casi lo deja paralítico a pelotazos (n/a: MALDITA LISIADAAAAAAA), sino que también lo golpeo tanto y tan fuerte, que cuando le preguntaron a la victima qué le había ocurrido, llorando respondió que se había caído por las escaleras. Por eso y por varios ejemplos más, Kazemaru hacía votos de silencio; sin contar que lo que menos quería era que el moreno mismo le dé razones para no estar con este.

-…Bueno.- Dijo entonces Goenji rompiendo el flash back del pelilargo- Entonces te acompaño.

Y pasando un brazo alrededor del ex corredor se fueron de ahí, dejando de lado a unos pobres útiles escolares que flotaban con nostalgia en las aguas de un inodoro.

Como bien se dijo treinta días habían pasado, y si había alguien que NO la había pasado bien durante ese jodido mes, era Yuuto Kidou que ahora sabia lo que era estar sexualmente frustrado. Había probado incontables tácticas para que Fudou le diera siquiera la hora, hasta un día fue la escuela sin goggles, haciendo que el otro, simplemente se levantara de su asiento y se fuera de la escuela como si eso lo hubiese ofendido. Sí, había conseguido un club de fans ese día, pero no era lo que él quería. Más allá del sexo, que extrañamente no era lo que más extrañaba; porque de hecho, lo que más quería era que el otro lo molestase o lo insultase o ,simplemente lo mirase, pero mientras mas intentaba mas lo alejaba, como si se hubiese contagiado piojos, la peste, SIDA o algo así.

Entonces, lo que el entristecido Yuuto Kidou pensaba, era por qué demonios de un día para el otro ese "algo" que tenía con Fudou se había esfumado cual niebla al mediodía; haciéndole pensar sin parar que quizá se había aburrido de él y había encontrado a alguien nuevo. Cosa que solía hacer con las tantas mujeres que habían pasado por su vida antes de que tuviesen algo. Finalmente, un día, volviendo de la escuela, se lo encontró caminando en dirección opuesta de él, y cuando estuvo a su lado, por un segundo, en el momento en que se cruzaron (sin mirarse siquiera), escuchó una pequeña e inaudible risita y un "mañana vas a ver", pero fue tan pero tan bajo que creyó habérselo imaginado, volteando a ver al otro, que se encontraba a varios metros de distancia.

Al fin. Después de exactamente treinta y un días, se levantó mas temprano de lo normal, fue corriendo hacia su baño y se hizo una paja en la ducha con toda la felicidad del mundo; extrañando ese sentimiento, una vez que terminó se cambio y se fue corriendo hacia la escuela bastante feliz, de manera muy poco digna para tratarse de su persona. Pero no podemos culparlo, no; no cuando se esta un mes sin poder fornicar, ni siquiera poder masturbarse y tener que comer cosas dignas de un bebe u anciano, para colmo su "algo" no hacía más que provocarlo, llegando al punto de querer cortársela. Sobretodo cuando un día tuvo el descaro de aparecerse sin esos malditos y malparidos goggles que tanto odiaba. Pero ya no importaba, todo ese esfuerzo valdría la pena.

Y entonces lo vio, tan pulcro como siempre a pesar sus rastas y esos espantosos goggles. Cuando estaba a punto de entrar hacia el establecimiento lo tomó del brazo y lo condujo sin dirigirle la palabra al primer callejón vacío que encontró, cuando se le quiso abalanzar encima, con toda la furia y frustración acumulada de treinta días, el otro lo detuvo y con el ceño fruncido y con actitud tele novelesca le dijo.

-¿Se puede saber qué demonios haces?- preguntó como si sus acciones no tuviesen sentido. A ver si entendía: no lo habían echo durante un mes y ¿El otro se pone a hablar como si fuera una mujer? Eso tenía aún menos sentido. Por lo que, con toda la sinceridad de la que fue capaz respondió:

-Quiero meter mi lengua en tu boca- hablo muy rápido, intentando nuevamente acercarse, pero el otro lo detuvo.

-En serio, ¿Qué crees que haces?- Fudou giro los ojos, se quedo unos segundos estático y aprisionando las manos del otro se le abalanzó, esta vez logrando su objetivo, porque ya tendría tiempo para esa actitud de mujer con período mas tarde.

Al principio el otro se resistió, pero no pudo contra Fudou ni contra sí mismo, realmente extrañaba esa molesta desfachatez; relajó sus músculos y se rindió ante el otro, abriendo la boca, permitiendo que el otro entrara, pero enseguida notó algo raro, había un cierto elemento en discordia, este era frió e hizo que se estremeciera. Fue entonces que se volvió a separar pero esta vez de la sorpresa.

Fudou solo le sonrió y como respuesta sacó la lengua, develando un brillante y largo piercing; Kidou no sabia si volver a besarlo o golpearlo, pero en vista de cómo cuadraba ese elemento en el comportamiento del otro y de lo necesitado que estaba. Simplemente lo atrajo de la camisa, para sorpresa del otro y lo besó, introduciendo su lengua y jugueteando con el extraño nuevo elemento, al principio lo sentía raro, pero por alguna razón lo hacía sentirse más excitado. Sus acciones eran prácticamente involuntarias y sentía algo desesperante el no sentir del todo la lengua del otro, cuando se separaron por la falta de aire el de rastas tomó al piercing con sus dientes, mordiéndolo. Para luego abrir la boca lentamente y dejar que el adorno volviese del todo a la lengua de su dueño.

-No tienes idea de cómo me calentó lo que acabas de hacer- Le dijo en un susurro, muy cerca del rostro- Hoy no hay escuela, para ninguno de los dos- sentenció, arrastrando al otro a su vacía casa, esperando a ver la reacción del de rastas en cuanto le mostrase la otra sorpresita que le tenía preparada, estratégicamente ubicada entre sus piernas.

Los chicos buenos que SÍ fueron a la escuela, tuvieron otro comienzo. Por un lado se encontraba Tachimukai, que durante el primer receso busco al peligris para contarle las buenas nuevas como si Japón hubiese ganado el mundial; cosa que no pasó, ni va a pasar (nunca).

-¡Geniaaaaaaaaal!- dijo el inocente asesino de osos, quien también estaba algo frustrado por el no avance en su relación con el pelirosa. Por lo tanto descargó todo su veneno con el pobre Tachimukai, que no tenía la culpa de que su pareja fuese un retrasado mental.- Ahora estamos empatados, y solo nos faltan tres bases mas.- Sonrió dulcemente, mientras la sonrisa llena de felicidad del arquero de repuesto se desdibujaba y se transformaba en una ola de depresión. Fubuki, cuando quería, podía ser realmente cruel.

Estaba atardeciendo, cuando dos chicos salían de una tienda cargados de bolsas. Mientras caminaban, el de pelo largo le agradeció al otro el haberlo acompañado, el de pelos parados solo le sonrió y se detuvo mientras buscaba algo en su pantalón, haciendo que el otro se detuviera también a esperarlo. Sacó de su bolsillo dos pequeñas bolsas y le tendió una al mas bajo, este la abrió y se encontró con un lindo llavero de una pelota de fútbol. Luego se dio cuenta de que Goenji tenía el mismo, y ambos lo colgaron en el cierre de su mochila. Kazemaru le sonrió agradecido, el otro simplemente le dio un beso en plena calle, aceptando su agradecimiento. Más tarde ese día, Goenji seguiría aceptando el agradecimiento de Kazemaru; en la cama vale aclarar.

Gritaba a sus anchas, sin ninguna clase de reserva, su eco acariciaba las paredes. La violencia del acto sacaba lo peor de él, Fudou sacaba lo peor de él.

Jadeaba como si no hubiese respirado en horas, mientras el otro salía de su interior en la misma condición. A eso sí que se le llamaba recuperar el tiempo perdido, pensó. Después de hacerlo tantas veces, desde la mañana hasta ya llegada la noche estaban bastante agotados a pesar de que ninguno de los dos pudo, y mucho menos quiso, evitarlo. Había pasado un mes, maldita sea. Y por sobre todas las cosas, después de tanto tiempo había algo nuevo; parece que el estratega Fudou Akio no solo se había echo un piercing en la lengua, sino también uno en la cabeza de su miembro y qué mejor manera de estrenarlos que en el sofá de su casa vacía, dentro del apetecible chico de rastas.

Notas finales: esta vez no hubo "monologo del mono" pero últimamente estoy tan nostalgica que me rio de la nada (¿?)

Y recuerden! Cada review dejado será donado a la causa "Vida social para Hide y Rucca"

Review=vida social