Capítulo 2: El "proyecto F"

Boyums, Washington D.C.

15 de Octubre de 2005

Apartamento de Mulder

12:24 AM

La luz del ordenador iluminaba el rostro de Mulder, el cual se hallaba durmiendo plácidamente en su sofá sin prestar atención a nada, cuando el sonido del timbre se escuchó por todo el apartamento, asustándolo.

— ¿Quién es?

— Soy Scully. Te traigo algo que te ha dejado la profesora, pero si no quieres... — Quiso irse pero la puerta se abrió segundos más tarde. Le entregó los papeles y Mulder suspiró hastiado.

— Gracias por traérmelos Scully, debes de estar cansada de tu primer día y seguro que vives lejos de aquí. — Ella rió levemente.

—Vivo un piso más abajo que tú, por eso me ha... sorprendido cuando he sabido tu dirección.

El chico iba a dar la conversación por terminada cuando vio a lo lejos un hombre con gafas de sol, uniformado y mirando en todas direcciones como si buscara algo, enseguida supo quién era y cogió a su compañera, la metió en el apartamento y cerró con llave. Scully le miró sorprendida y le dijo gentilmente que se callara. Los pasos cada vez se escuchaban más cerca hasta que se detuvieron delante de su puerta.

— Escóndete en mi habitación.

— Pero Mulder...

— Dijiste que era la única persona en quien se podía confiar, entonces hazlo y escóndete.

Asintió. Una vez escondida Mulder se dispuso a abrir la puerta y ese hombre misterioso entró a toda prisa cerrando la puerta tras de si. Miró en todas direcciones cerciorándose de que no había nadie más en la habitación y comenzó a hablar en tono amenazante.

— Parece ser que te has metido en un buen lío, Mulder. Sólo vengo a decirte que tendrás muchos problemas a partir de ahora. — Y tal como vino, se fue; dejándolo en absolutos pensamientos.

Se acordó de que tenía visita y le dijo que ya podía salir, aunque ella tenía ganas de preguntar mas sabía que no era el momento, y tampoco estaba segura de si le iba a responder. Se quedaron en silencio mirándose mutuamente; parecía como si se hablaran telepáticamente y lo que descubrieron en los ojos del otro no se lo explicaban, cortaron el contacto visual y ella se fue de allí tranquilamente, como si no hubiera pasado nada no sin antes prometer que no contaría a nadie lo que había ocurrido.

Scully se sentía atraída por el aura de misterio de ese chico, le intrigaba cada vez más su personalidad y ese aspecto triste y melancólico que parecía tener, aunque no lo demostrara ante el mundo. ¿Por qué le llamaban Spooky Mulder? Tan sólo era un muchacho que seguramente era más maduro que cualquier otro y por eso le tenían envidia, y él se metía en esa coraza aparentemente inquebrantable. Le habían dicho que Fox Mulder era mala compañía y que se le pegaría lo "siniestro" de él, pero no les hizo caso. Todos le tenían miedo por alguna razón que desconocía, pero ella no. Cuando él la empujó hacia su apartamento rápidamente y le dijo que se escondiera, entonces comprendió lo que sus compañeros le habían dicho.

Cuando llegó a su propio piso, dejó la mochila en el suelo y se fue directamente a su blanda cama donde se durmió hasta la hora de la cena, pensando en el misterioso vecino que tenía en el piso de arriba. Mulder después del incidente ocurrido hacía un rato seguía trabajando en el "proyecto F", no conocía su nombre real pero con lo que había visto, era suficiente. ¿Para qué querrían un Sistema Operativo que pudiera funcionar en el espacio? Sabía que preguntar no le serviría de nada y se resignó a no obtener respuestas, sabiendo que la verdad estaba ahí fuera, fuera lo que fuese, descubriría lo que su gobierno intentaba hacer si se encontraba en un grave peligro.

Tal y como predijo él mismo, había faltado casi dos días enteros a clase y Scully siempre le traía los apuntes. Entregó el Sistema Operativo y rezó para que todo fuera correcto; todo lo que había programado funcionó a la primera y quizá se tenían que realizar algunos ajustes sin importancia pero ahora querían que hiciera uno capaz de mover un robot más grande que el del "proyecto F".

— ¡Es una locura, estoy agotado!

— Es tu penitencia por ser quien eres, además no tienes más remedio que hacerlo.

— ¿No sería más fácil matarme? — El hombre fumador rió. — ¿Qué tiene de gracia?

— No nos sirve de nada tenerlo muerto, señor Mulder, estará en este proyecto hasta nueva orden. Puede irse a descansar.

Mulder se mordió el labio para callar su frustración y salió de allí bastante enfadado. ¿Por qué era él la persona elegida? ¿Para qué? Su cabeza le iba a estallar como siguiera procesando esta información tan rápidamente. Preguntas bombeaban su cerebro cada vez que sentía las palabras "eres único en tu especie". ¿Qué significaba eso? ¿Qué especie? ¿Acaso no era un humano con un coeficiente intelectual un poco más alto que los demás? Seguía siendo un humano al fin y a cabo. Se encerró en su departamento y rezó para que nadie le molestara durante toda la tarde, y así fue.

Boyums, Washington D.C.

15 de Octubre de 2005

Apartamento de Scully

9:30 PM

Dana Scully se despertaba de su descanso antes de lo previsto, pensó que para matar el tiempo estudiaría algo de lo que habían aprendido hoy pero la verdad, es que no lo necesitaba. Sólo estaba ahí por una recomendación de su antigua universidad donde el profesor de ciencias le dijo que su lugar actual donde estudiaba se estaba quedando pequeño para ella y la verdad es que tenía razón. En la universidad de Karite, había aprendido más cosas en una hora que en un día entero, y eso le fascinaba. Le intrigaba lo que pasaba en el campus y por qué todos los profesores tenían miedo de Mulder.

Por lo que había podido entender de sus camaradas de clase... no era violento nunca, aunque siempre levantaba la voz y ponía a cada quien en su lugar. No tenía problemas con los profesores, ni con nadie, entonces... ¿por qué todos huían de él? Por lo poco que lo conocía, había visto en sus ojos un enorme sufrimiento y dolor por algo... decidió dar una vuelta para familiarizarse con la ciudad y que no se volviera a perder. Había salido del ascensor cuando vio a Mulder salir a toda prisa por la puerta que daba a la calle y sin saber por qué, lo siguió hasta llegar a un parque muy grande en el centro de la ciudad. Lo perdió de vista unos momentos, pero lo volvió a localizar cerca del lago subiéndose a las vallas de seguridad, y haciendo ademán de tirarse mas ella se lo impidió tirando de él hacia atrás con su terrible fuerza oculta, ambos cayeron al suelo estrepitosamente.

— ¡Mulder, ¿qué diablos intentabas hacer? ― Le gritó ella muy enfadada.

— ¿Por qué me has salvado, eh? ¡¿Quién te lo ha pedido? — Le gritó con rabia, pero sabía que la chica no tenía culpa de nada, mas no podía evitar sentirse... aliviado.

— Nadie Mulder, el deber de una compañera es ayudar a otro compañero. Además, ver cómo alguien que... — Fue interrumpida porque Mulder comenzó a llorar en su hombro como un niño pequeño.

No todo el mundo llora libremente en los hombros de una desconocida, pero ella tenía algo especial. Su llanto de dolor y tristeza inundó todo el lugar cuando comenzó a llover. Lo abrazó sutilmente y el chico siguió llorando bajo las abundantes gotas de agua que caían desde las nubes oscuras durante mucho rato, y lo único que dijo fue algo que ella no se esperaba.

— Debes de alejarte de mí, soy peligroso. — Pero ella no se lo creía ni de buen trozo.

— A mí me parece que necesitas una amiga de verdad.

— ¿Te ofreces voluntaria? — Le dijo en tono de broma a pesar de que deseaba que así fuera.

— Yo también sé lo que es sufrir por no ser comprendida, Mulder. Creía en la ciencia antes de descubrir que había una raza derivada de los humanos llamada Dann, ahora todo el mundo conoce qué son pero no el propósito. No sabía en qué creer hasta que comprendí que el conflicto entre ambas razas no se resolvería solo.

— Lo mismo pasa conmigo, pero estoy cansado. Tengo 22 años y me explotan por razones que desconozco, no puedo recordar mi infancia hasta los doce años. A veces digo cosas como "los Dann están protegiendo a su gente al igual que nosotros" o cosas por el estilo, por eso me llaman Spooky Mulder.

— Yo no creo que lo seas, Mulder. Al menos tus ojos dicen lo contrario. Además esta es una ciudad neutral, no me imagino a las personas conviviendo con ellos, a pesar de estar haciéndolo yo.

Debajo de esa lluvia, se miraron a los ojos y sonrieron. Scully para darle ánimos y él ocultándole la verdad -Si ella supiera lo que yo sé...- Pensó él antes de darse cuenta de que la estaba aplastando, ni siquiera ella se había dado cuenta.

— Será mejor que volvamos, Mulder, o nos resfriaremos.

— Ve tú, a mí me gusta la lluvia. — Pero ella no estaba convencida de ello.

¿Por qué su compañero quería suicidarse? Sin duda lo poco que había estado con él le había inspirado confianza y una gran lucidez. ¿Por qué era peligroso entonces? Ella no se podía creer esas palabras, los ojos de su compañero en ese momento reflejaban miedo e inseguridad, sin embargo, el chico pensaba que, diciéndole esas palabras, acabaría alejándose de él, mas no había funcionado.

Sin duda esa mujer era única, en cierta manera eso le agradaba. ¿Por qué con ella se sentía en plena confianza si ni tan sólo llevaban 24 horas juntos? Scully había roto su coraza... y no sabía cómo reaccionar ante ello.