Capítulo 3: Fox Mulder

Jacksonville, Washington.

20 Julio 1994

Viñedo de Martha

10:15 PM

El pequeño Fox Mulder llegaba a su casa con rostro cansado, el colegio militar al que iba le exigía más de lo que él podía dar de si mismo. Vio que su hermana estaba en la mesa haciendo supuestamente los deberes y se dirigió hacia su propia habitación, donde se dejó caer en su cama pesadamente. Siempre estaba solo, excepto por su hermana que lo quería mucho a pesar de las riñas que tenían bastante a menudo, ella tan sólo tenía ocho años. Entró en la habitación de su hermano mayor y eso le molestó, aunque le duró muy poco.

— Fox, ¿podrías ayudarme a hacer los deberes?

— Calla Samantha, tengo sueño. — Le dijo burlescamente a la pequeña la cual lo ignoró.

— ¡Venga Fox, por favor!

Cuando se iba a dar por vencido sintió que varios coches rodeaban la casa. De repente, se escuchó la puerta de entrada abrirse abruptamente; personas con uniforme parecidos a los de la milicia irrumpieron en la tranquilidad de su casa, haciendo que los dos jóvenes se sintieran aterrados.

— ¿Quiénes son ustedes? — Cuando vio que tomaban a su hermana intentó acercarse a ella pero un golpe seco en la nuca fue suficiente para que cayera desmayado no sin antes ver cómo se llevaban a su hermana en brazos, y llorando.

Nabudis, Alaska.

21 de Julio de 1994

Instalaciones militares de Arlengo

5:29 AM

La habitación se hallaba a oscuras cuando Mulder despertó dolorido. No veía nada excepto un rayo débil de luz entrar por una pequeña ventana muy arriba de su alcance. No estaba atado y llevaba la misma ropa que trajo puesta del colegio. ¿Qué estaba pasando aquí, y qué habían hecho con su hermana? ¿Lo sabrían sus padres? Se sentía asfixiado y quería salir de allí, golpeó la puerta mas nadie lo escuchó. Se dirigió a un rincón y allí se acurrucó intentando no pensar en el miedo que tenía en el cuerpo hasta que una voz la cual no reconoció pronunció su nombre.

— Fox Mulder, voy a entrar. — Un hombre vestido con traje, y con un cigarro en la boca se acercó a él con fingida sonrisa y Mulder se fue hacia el otro lado. — Venga pequeño, es hora de que nos sirvas de algo.

— ¿Por qué yo? ¿Y mi hermana? — Gritó furiosamente mientras el hombre daba una calada a su cigarro.

— Tu hermana está bien pero si no colaboras no podemos... garantizar su seguridad. ¿Sabes lo que eso significa, verdad? — El rostro de terror que mostraba el chico le dio a entender que lo comprendía bastante bien.

— ¡No le hagáis daño, colaboraré! Pero no le hagáis nada. — Casi suplicó llorando el pequeño.

El fumador le dijo algo a un guardia que había en la puerta y levantaron a Mulder por la fuerza, se lo llevaron de la misma manera y acabaron encerrándolo en una habitación con un terminal. Le dijeron que se mirara unos informes y que hiciera algún sistema operativo para ello. Sintió miedo, un temor muy grande que provocaba el congelamiento de su cuerpo, pensó en su hermana menor y pareció que todo lo que sentía, desapareció. Se enfocó en su nuevo trabajo, y mientras estaba escribiendo sintió una voz que nunca había oído, pero que le era familiar.

Boyums, Washington.

Actualidad.

— der... Mulder... ¿Puedes oírme? ¡Mulder! — Abrió los ojos y cuando pudo enfocar bien la mirada se encontró con unos ojos azules que le miraban con preocupación, en ese instante comprendió que había tenido un horrible sueño.

— ¿Dónde estamos? — Ella suspiró de alivio.

— Estamos en el parque donde querías suicidarte. Te has desmayado de repente y he tenido que cargarte hasta la copa de un árbol, ¡realmente me has asustado!

— Pero de nada sirve si nos seguimos mojando. — Ella rió y ese melódico sonido inundó los sentidos de Mulder.

Se levantó y la ayudó a ella también. Cuando la cogió de la mano, sentimientos confusos llegaron a él; nunca antes había tenido contacto tan directo con una mujer, y menos tan hermosa. Por otra parte, ella parecía no haberlo notado, ya que juntos se dirigieron hacia sus respectivas casas. Se despidieron mutuamente dispuestos a olvidar lo ocurrido hoy, porque mañana sería otro día.