¡Feliz año nuevo a todo el mundo!
Santana no habló con Rachel hasta que instalaron el campamento para ese día y se bebió tres de los ocho tintos de verano que Quinn había cogido de los refrigeradores de la gasolinera.
No habían ido con la intención de robar alcohol, pero cuando la vida te daba sustancia, te la bebes, razonó Santana. Además, le ayudó a lidiar con la incesante charla sobre no incluirla en lo que iban a hacer.
"Si no tenemos confianza, ¡No tenemos nada! Somos cuatro contra el mundo, y mientras puedo agradecer que quizá en algún nivel me estáis protegiendo de hacer algo terrible a alguien, me doy cuenta de que la verdadera razón era protegeros vosotras mismas."
Quinn cogió un tinto de verano mientras Brittany bebía felizmente de una botella de Jack Daniels.
"Además, la ignorancia que estais mostrando ahora mismo bebiendo alcohol es francamente decepcionante"
Sin mediar palabra, Quinn le alcanzó a Rachel una botella de tinto de verano sin abrir y se encogió de hombros.
La boca de Rachel se abrió. Luego se cerró.
"No creo que…" Empezó a decir, cogiendo la mirada de Santana de completo desprecio y suspirando. "Vale"
Las cosas habían mejorado tanto entre las cuatro… y ahora Santana y ella estaban otra vez en la casilla de salida.
Quizá sí que se necesitaba una bebida.
"¡Whooooo!" Chilló Brittany, encendiendo el coche y apretando el play del reproductor de CD. El ruido invadió el valle en el que estaban acampando.
La rubia ágilmente saltó al capó del coche y empezó a mover sus caderas de atrás a delante, subiendo sus brazos por encima de su cabeza y cerrando los ojos.
Quinn frunció el ceño y agarró el cuello de la botella de Jack Daniel, bebiendo de ella.
"Es que no sé por qué me odias" Rachel arrastraba las palabras, apoyándose en el hombro de Santana y haciendo puchero.
"¡Porque todo el mundo me odia!" Replicó la latina, poniéndose a llorar.
Era medio día, el sol iluminándolas mientras coches volaban a medio quilómetro de ellas en la autopista. Montaron sus tiendas preparándose para dormir, pero la emoción de la noche anterior aún estaba corriendo por sus venas y no podían dormir.
Especialmente cuando buscaron entre las bolsas y encontraron botellas de alcohol y zumo.
Quinn ni siquiera recordaba haber cogido la mitad de las cosas que tenían, incluyendo productos lácteos que lanzaron por la ventana a pesar de la contradicción de Rachel sobre lanzar la basura y la crueldad de la industria láctea. Junto con el alcohol y la comida, había gomas del pelo, condones, revistas y aceite de motor.
Brittany había hinchado la mayoría de los condones y los había atado, haciéndolos volar a base de golpes felizmente hasta que sintió la necesidad de bailar.
"¡Yo no te odio! ¡Tú a mi si!" Chilló Rachel, acurrucándose aún más en el hombre de Santana mientras que la latina lloraba con más fuerza.
"¡Es tan difícil… Ya sabes, porque no soy rubia!"
Quinn se llenó la boca de licor, tragándolo rápidamente cuando su visión empezó a flaquear.
"¡Ser rubia no facilita las cosas!" Chilló, dejando la botella fuertemente en el césped e intentando levantarse. "¡Es complicado ser rubia!"
Rachel pestañeó a Quinn tontamente, sonriendo tras unos segundos y acercándose a ella.
"Siempre quise ser rubia, así que tuve que hacer mi voz rubia, para la gente." Tenía el hipo y le costaba terminar las frases. Mientras veía como Quinn se dirigía a una de las tiendas y le daba una patada.
"¡Todo es más fácil si eres rubia! ¡Todo el mundo te quiere! ¡Todo el mundo cree que soy una zorra!" Se lamentó Santana, apuntando con su dedo a Quinn enérgicamente y abriendo su sexto tinto de verano.
Brittany hizo el puchero cuando la canción que estaba bailando terminó, pero se recuperó rápidamente cuando la batería de la siguiente empezó a sonar.
"¡Me encanta esta canción!" Rachel picó de manos y corrió hacia el coche, intentando subir al capó y bailar con Brittany.
Brittany se desabrochó su camiseta, poniéndose de cuclillas para dejarla antes de empezar a mover sus caderas lentamente y subiendo para quedarse nuevamente de pie. Rachel trepó hasta ponerse a su lado, dando una vuelta para observar las vistas y abrir sus brazos de par en par, cantando al son de la música sonando des de su coche.
"¡Eres una zorra!" Espetó Quinn, intentando poner la tienda en sitio nuevo porque no molaba dónde estaba ahora y eso siempre le pasaba cuando estaba ebria.
"¡Soy realista!" Le contestó Santana, moviéndose sin abandonar su sitio mientras más lágrimas invadían sus mejillas. "¿Soy la única que no miente y qué consigo con esto? ¡Ningún amigo!"
"¡Eres mi mejor amiga! ¡Y ni siquiera te importa!" Divagó Quinn, no muy segura de las razones que respaldarían su opinión pero sintiendo la rabia en su cuerpo.
"Si que me importa" Empezó Santana, más seria de lo que había estado antes. "Muchísimo. Quinn, ¡Maté a tu padre por ello!"
"¡No, yo le maté!"
Santana caminó con dificultad hacia donde se encontraba Quinn, que ya había abandonado arreglar la tienda, y la agarró por los hombros.
"No, Q, lo maté yo. Y debería haberlo hecho hace mucho tiempo. Qué imbécil."
Quinn suspiró, apretando los labios.
"Quizá las dos le matamos. Juntas"
La camisa de Brittany tocó el suelo, seguida rápidamente por su sujetador, y Rachel chilló riéndose. Impulsivamente agarró a la rubia y la abrazó, la parte izquierda de su cara estampándose contra los pechos desnudos de Brittany.
Brittany abrazó a la morena felizmente, sonriendo de oreja a oreja cuando vio a Quinn y Santana abrazarse cerca de las tiendas. Santana estaba llorando y Quinn fruncía el ceño, pero se abrazaban fuertemente y era la mejor cosa que había visto. Odiaba cuando sus mejores amigas no se llevaban bien.
"¡Tu teta esta en mi cara!" Rachel soltó una risotada, pestañeando rápidamente mientras Brittany seguía bailando incluso con la pequeña dejando todo su cuerpo sobre ella.
"¡Tu cara está en mi teta!" Replicó Brittany, bajando sus manos para desabrocharse sus shorts.
Ahí fue cuando Rachel se tropezó, cayó del capó y aterrizo en el suave césped.
Durante la última semana casi la violan, asesinó a gente, asaltó a un policía y cometió robo armado.
Y nunca había estado tan feliz.
Quinn se despertó completamente desorientada y con su voz sabiendo igual que los calcetines de deporte de Finn. Se fregó la cara pestañeando, con dolor de cabeza y sientiendo como si estaba cubierta de una fina capa de sudor.
Hacía calor. Muchísimo calor.
Abrió los ojos, distinguiendo muy poco a poco el techo de la tienda. Parecía que el sol estuviera amaneciendo.
Un movimiento en su costado hizo que sus cejas se levantaran y mirase hacia abajo.
Rachel Berry la estaba abrazando. Una de las piernas de la diva encima de las suyas, y uno de su brazo alrededor de su cintura.
Quinn volvió a dejar su cabeza apoyada en el suelo.
¿Qué había pasado?
Recordaba a Santana llorar, y luego chillar un montón de insultos en Italiano a Rachel cuando la chica había intentado volver a subir al coche después de caerse. Brittany casi se desnuda completamente y Santana había hecho un placaje a la diva para alejarla del coche mientras Quinn intentaba recordar que se estaban escondiendo y que no lo estaban haciendo muy bien.
La latina y la diva habían forcejeado en el césped durante un rato. Después se abrazaron ferozmente y declarando que deberían ser mejores amigas.
Bueno, Rachel lo declaró. Santana tan solo lloró desconsolada hasta que Brittany la invitó a subir al coche para bailar.
Las cosas eran confusas después de eso. Aunque si recuerda dormirse en la tienda durante la tarde en algún momento.
Y ahora se despertaba abrazada a Rachel Berry.
La más mínima parte de su mente inmediatamente levantó las manos, demandando que echara a la chica y soltar una broma sobre gays o algo parecido, pero honestamente no le molestaba. Simplemente esto le parecía algo que salía de sus planes.
La abrazó con más fuerza y suspiró. Era agradable tener a alguien a quien abrazar, alguien al que cuidar. Quería que Rachel tuviera una segunda oportunidad, de verdad. Pero estaba aliviada que la chica aún estuviera con ellas. ¿Qué había dicho Rachel? Eran cuatro contra el mundo.
Brittany y Santana, que eran como un pack y ahora, ella y Rachel.
Dejó que sus ojos se cerraran y se relajó.
De verdad, si Finn pudiera verlas ahora…
Estaban demasiado resacosas como para conducir.
A parte, otro día en el mismo lugar no les haría daño.
Estirarse en el césped y mirar a las estrellas era mucho más divertido que conducir, pensó Brittany, contando las tetas que podía ver y pensando en la princesa encadenada y el monstruo.
Santana estaba llevando gafas de sol, aunque estaban completamente en la oscuridad y la única luz que tenían era la de la luna.
La latina aseguró no recordar nada sobre lo que había pasado, evitando reconocer el lazo que ella y Rachel habían establecido.
Por otro lado, Quinn se había despertado disculpándose profundamente con Rachel por su posición tan íntima, pero ella le había restado importancia con una sonrisa. Le dijo que era agradable, y lo era de verdad.
Ahora, Brittany y Santana se murmuraban suavemente cosas la una a la otra, dejando uno de los sacos de dormir en el suelo y abrazándose encima de él. La noche era lo suficientemente cálida como para no necesitar una sábana, y el cielo encima de ellas brillaba tan claramente con las estrellas que era casi sobrecogedor.
"¿Zumo?" Ofreció Quinn, que volvía del coche después de coger cuatro botellas de zumo. La brillante luz ilumaba el camino hacia la diva, que había imitado las otras chicas y había sacado su saco de dormir de la tienda.
"Gracias" Contestó suavemente Rachel, tomando un trago mientras Quinn se sentaba a su lado.
"Así que sabes un montón sobre constelaciones, ¿No?" Quinn echó un trago de su bebida, mirando a las estrellas, saboreando la sensación que le daban: de infinidad. Como si el mundo no importase, no en comparación con todo el universo.
"un poco" Rachel se encogió de hombros, aunque Quinn no podía verla. "Sé mas historias sobre el amor y el romanticismo"
La mente de la pequeña se dirigió otra vez a Finn. Su primer amor. Había invertido mucho en el chico, queriendo desesperadamente que él fuera el único.
"Oh, por supuesto" Quinn rió suavemente "Rachel Berry: Romántica sin remedio"
"Quizá solo sin remedio" Contestó Rachel despreciándose a si misma y tomando otro trago del zumo de naranja.
"Bueno, teniendo en cuenta tus opciones en prisión o incluso en una ciudad más pequeña que Lima…" Quinn se encogió de hombros "Quizá si que tienes poco remedio"
Rachel giró su cabeza en dirección a la voz proveniente de la rubia, desacostumbrada al tono tan cálido de la chica.
"¿Quisiste a Finn?"
No era la pregunta que Quinn estaba esperando, aunque quizá debería, pero con todo lo de romper la ley y matar, ni siquiera había pensado en el chico a parte de la diversión que causaba pensar qué diría si supiera lo que les estaba pasando.
¿Pero de sentimientos?
"Creo que sí" Respondió finalmente. "Quiero decir, ¿Cómo lo sabes tú?"
Rachel suspiró, tirando de la hierba de la tierra.
"Bueno, la cultura popular nos dice que nuestros corazones laten más rápido y que nuestros pensamientos están consumidos por la otra persona. Que nuestras vidas pasan a segundo plano por el bien de la otra persona" Rachell tiró más de la hierba. De pequeña la arrancaba, pero ahora sabía que la hierba también estaba viva, así que tan sólo tiraba de ella. "Y le entiendes y te entiende. Pero la cosa más importante en el amor, la cosa que está por encima de las otras que te hace saber si estás enamorado, es que antepones su seguridad y felicidad antes que la tuya"
Quinn dejó ir un suspiro.
"Entonces no, nunca quise de verdad a Finn"
Estuvieron calladas por unos instantes mientras Rachel saboreaba las palabras de Quinn.
"Quise quererlo. Casi lo consigo" Suspiró Rachel, haciendo una mueca de dolor cuando tiró demasiado fuerte, arrancando un puñado de hierba.
"¿Pero no estabas dispuesta a escogerle a él antes que a tu futuro?"
"No. Y no creo que eso estuviera mal."
"Tampoco lo creo"
Quinn se estiró completamente en el saco de dormir con sus brazos cruzados detrás de su cabeza. Después de un momento, Rachel la imitó.
"¿Por qué me odiabas tanto?" La voz de Rachel era suave, como si tuviera miedo de preguntar.
Quinn inhaló profundamente para luego expulsar el aire de manera lenta. Esto sí que lo había esperado, y no desde que se dieron a la fuga, sino desde hacía dos años. Finn había sido la excusa perfecta para molestar a la otra chica, pero sin duda, no era del todo verdad.
Por Dios, ni siquiera existía cuando la tormenta empezó.
"Me recuerdas a alguien. Más o menos." Empezó Quinn, su corazón acelerándose. "Alguien de quien me deshice"
La boca de Rachel se abrió y cerró varias veces antes de sentarse alarmada.
"¿Habías matado antes?"
Quinn se rió, dándose cuenta de que lo que salió de su boca no reconfortaba a la otra chica.
"No, no me refería a… Dios Rachel, ¡Estaba hablando de mí misma!"
Rachel seguía confundida, pero se volvió a estirar al lado de Quinn y volvió a fijar su mirada en el cielo.
"Sigo sin pillarte"
"¿Recuerdas el año pasado, cuando me presenté para Reina del Baile, y ese… ese poster con esa chica gorda apareció por la escuela?"
Rachel asintió ausentamente. "Mitad de la escuela pensaba que eras tú, aunque yo era partidaria de que era una simple broma preparada por alguna de tus contrincantes"
"Si, bueno. Era yo."
Rachel ahogó un grito, su mente dándole un vago recuerdo del poster.
"¡No!"
"Sí. ¿Por qué sino crees que llevé la camiseta de Lucy Caboosey?"
"Porque teniendo en cuenta tu estatus como madre adolescente, asumí que se refería a tu… bueno, eh…"
Quinn soltó aire por la nariz riéndose. "¿En serio? ¿Pensabas que llevaba orgullosa una camiseta en la que me llamaba puta?"
Rachel frunció el ceño, agradecida de que Quinn no pudiese ver su cara.
"No es exactamente una cualidad…"
"Da igual, el caso es que en verdad me estaba refiriendo a un apodo que tenía en mi otra escuela. Ahí yo… Bueno, mi culo era muchísimo más grande. Y mi pelo era marron. Y mi nariz… Da igual, simplemente era diferente"
"Espera, hace un minuto has dicho que yo te recordaba a ti misma en este look que una vez tuviste. Pero debo decirte que mi trasero está perfectamente proporcionado a la mida de mi cuerpo y no es para nada, grande."
Quinn puso sus ojos en blanco. Rachel seguía siendo una persona frustrante, pero ahora era una frustración cariñosa. Lo que fuera que eso significase.
"Rachel, no tenía amigos. Ni uno. Nadie se sentaba conmigo o me hablaba, todo el mundo creía que era rara porque era demasiado vergonzosa para hablar con la gente. La gente me miraba y corrían en dirección opuesta. O sentían pena por mí. Y me deshice de ella. Tan solo… La mandé lejos, y después de un año cambiando un montón de cosas, se largó.
"Oh, Quinn"
"Y ahí estabas tú, sin amigos o sin estatus social, caminando por los pasillos como si no te importase y eso… mira, sé que estuvo mal. Pero era lo fácil, Rachel. Era más fácil fastidiarte porque…"
Rachel no estaba de acuerdo con lo que Quinn decía, pero lo entendía.
"Porque hice lo contrario a lo que tú hiciste. Tú te eliminaste y yo no sucumbía a la presión social"
"Quise que lo hicieras" Se cubrió la cara con sus manos. "Dios, soy mezquina"
Justo entonces, Brittany dejó ir un chillido cuando una estrella fugaz atravesó el cielo.
"Te perdono." Dijo sencillamente Rachel.
"¿Por qué?" Preguntó Quinn, quitando las manos y respirando hondo. Nunca había hablado tanto en su vida.
"Porque no vale la pena agarrarse a ello." Respondió la morena. "Además, estamos en algo así como una fuga, hemos cometido asesinato varias veces… ¡y has salvado mi vida! Estaba tan absorbida en… Da igual, ese cocinero… Lo que quiero decir es que ya no debes odiarme tanto, Quinn. Si lo hicieras me habrías dejado ahí morir o ser arrestada."
"No lo hago." Susurró Quinn, sintiéndose extrañamente emotiva. "Aunque haya cambiado, todavía no tengo amigos. No realmente."
"Pero tienes a Santana. Y a Brittany"
Quinn negó con la cabeza. "No realmente, por lo menos no antes del Glee Club. Éramos amigas porque estábamos en el mismo equipo pero… Dios, míralas. ¿Sabes? Han sido mejores amigas desde que nacieron casi. No fue hasta el último verano que todas nos hicimos más amigas, lo suficiente para… Son mis mejores amigas, Rachel. Pero siempre será Brittany y Santa, y luego yo."
Rachel estaba rebuscando algo que decir. Quería discutirlo, pero la voz de Quinn sonaba tan triste.
"¡Pero tenías a Mercedes y a Kurt!"
"Hasta que volví a vivir con mi madre y Kurt fue a Dalton y consiguió un novio. Mira, es estúpido. Sé que lo es. Solo digo que…"
"¡Me tienes a mí!" Rachel se giró, cogiendo la mano de Quinn.
"Sí, e hizo falta un montón de gente muerta para que nosotras nos volviésemos amigas" gimoteó Quinn, intentando mantener su tono de voz.
"No" Respondió Rachel suavemente, buscando la posición para que pudiera ver la cara de Quinn iluminada. Una vez lo consiguió forzó el contacto visual. "Fui tu amiga antes de todo esto, es solo que…" Se acercó más. "Hizo falta que muriera un montón de gente para que tú lo vieras"
A Rachel se le encogió el corazón cuando Quinn rompió a llorar, agarrando a la otra chica y abrazándola.
"¡Boyeras!" Chilló Santana. Brittany riendo tontamente y haciéndola callar.
"¡Están siendo monas! ¡No lo fastidies!"
Rachel rompió el abrazo para secar las lágrimas de Quinn pero lo único que hizo fue meterle el dedo en el ojo. Quinn empezó a reír.
"¡Au! ¡Jesús, Berry! ¡No sabía que ser tu amiga acarreaba dolor!"
Rachel se reía tontamente, volviéndose a estirar y volviendo a mirar el cielo.
"Bueno, acostúmbrate"
Quinn no había sentido su corazón tan ligero en su vida como lo estaba sintiendo ahora.
"Sigo pensando qué es lo que piensan de nosotras, en Lima. Especialmente Finn"
"Yo también. Pero no creo que… No creo que debamos pensar demasiado en eso. Tenías razón cuando dijiste que teníamos que centrarnos en mirar hacia adelante"
Quinn murmuró sin abrir los labios en consentimiento.
"¿Sabes más historias sobre constelaciones?"
Rachel paró, pensando. "Realmente no, pero conozco un poema sobre la historia que te conté. Si quieres… Es estúpido, no tienes por qué…"
"Cuéntamelo"
Rachel sonrió, sintiendo de repente que todo iba a solucionarse. De alguna manera. Increíblemente.
"La suave cara de la moneda y la gastada frase de los mitos Griegos que cautivaron mi juventud, ya no lo hacen más es mis viejos días: Dolor y belleza se afligirán por la verdad. Andromeda, en grilletes por el mar, estrella pálida con angustia hasta que Perseo llegó, nada me tormenta menos que su sufrimiento a mí, la pequeña figura encadenada a la oscura vergüenza."
Y ella seguía visualizando a Quinn encadenada en una roca en el mar, un monstruo apareciendo en el horizonte listo para devorarla porque sus padres le habían fallado. Excepto que ahora se vio a sí misma como Perseo, cabalgando en un caballo alado para liberar a la chica prisionera y llevársela lejos, muy lejos.
Si tan sólo pudiera saber dónde.
"Britts, cariño, sabes que me encanta que bailes. Es súper sexy" Empezó Santana, pasando sus dedos por la palma de la rubia. "Pero estaba pensando, ya sabes, quizá, que la próxima vez… ¿Nosotras hagamos nuestra propia música?"
Brittany asintió, sintiéndose totalmente avergonzada.
"Lo siento muchísimo, San" Murmuró, pero la otra chica la hizo callar.
"Hey, ya lo sé. No pasa nada. Tan solo tendremos que poner gasolina un poco antes, ya está. Incluso si utilizaste un montón para poner tus CD's, no pasa nada. Es solo que…" Sonrió gentilmente. "Quizá podemos buscar como una radiocasete o algo parecido, para que cuando quieras bailar no uses toda la gasolina…"
"Perdonad chicas"
Rachel se dio la vuelta en el asiento del copiloto, ofreciendo a las chicas de detrás una sonrisa de oreja a oreja.
"¡No le demos más vueltas!" dijo alegramente, aún recordando la conversación que tuvo con Quinn la noche anterior.
A su lado, la ex-HBIC de McKinley ahora asesina a la fuga, sonrió. Vale, le molestó un poco volver al cochey ver que Brittany había gastado la mitad de la gasolina pero una pequeña parte de ella estaba expectante para volver a atracar otra gasolinera. La primera vez había sido un poco sobrecogedor pero esta vez, mantendría la calma y se aseguraría en coger tan solo aquellas cosas necesarias.
Además, ¿Romper la ley sin que nadie muriese? ¡Tremendo!
Recordó el día aquel con Puck, su cuerpo encima del suyo, una foto del señor encima de él… Y qué bien sentó hacer algo que estaba mal. Vale, le había explotado en la cara después y todo el dolor que causó y bla bla bla.
Pero era emocionante. Esto era vivir. Era coger la vida por los huevos, su nariz se arrugó un poco, qué asco. Y decir que no a las consecuencias… No, declaró, que le dieran a las consecuencias. Había que disfrutar del momento.
Apretó el acelerador, descubriendo que les quedaban pocas noches de conducir antes de que las cosas se volvieran muy nefastas y tuvieran que rellenar el depósito.
Hubo una vez en que sus momentos habían estado vacíos y solitarios. Pasaba sus noches soñando con la vida que podría haber tenido y rezando para que las cosas mejoraran. Entonces cambió y empezó de nuevo y aún se encontró a sí misma rezando para que las cosas cambiaran y se pusieran a su favor.
Pero no había que pensar en el pasado. Quizá ni siquiera en lo qué les deparaba el futuro. Mientras que las chicas de detrás cantaban la música que sonaba en la radio y Rachel armonizaba por encima de ellas, no podía quitar su sonrisilla de su cara.
Fuera lo que fuera que hubiese pasado, por primera vez en su vida se olvidó de lo qué era sentirse completamente sola.
"¿San?" Susurró Brittany mientras escuchaba las risas provenientes de la otra tienda.
"¿Mmm?" Santana estaba tan cerca de volverse a dormir.
"¿Volverán las cosas a ser como antes?"
Pero ahora estaba completamente despierta.
"No."
Era todo lo que podia decir en verdad, y pensó que era bastante obvio pero los repentinos sollozos provenientes de su mejor amiga la golpearon en señal de alarma.
"¡Pues quiero que lo sean!" Dijo Brittany, pareciendo más afligida de lo que Santana había visto en años.
"Hey, hey, no pasa nada. Las cosas son mucho mejor ahora. No tenemos que ir a clase o…" Pasó las yemas de sus dedos por encima de las mejillas de la rubia, levantando su cara para que encarase la suya.
"¡Eso no!" Brittany se acomodó al tacto de Santana.
"Oh, entonces ¿Qué estabas preguntando?"
Brittany respiró profundamente, agradecida de que durmieran durante el día porque así podía ver a Santana perfectamente.
"De nosotras"
Las cejas de la latina se levantaron y ella se echó para atrás.
"¿Nosotras?"
Brittany no dejó que se echara más para atrás mirando intensamente a Santana, quien intentaba mirar a cualquier otro sitio.
"No me has besado en un año"
Bueno, ahí estaba. La incomodidad. Y justo cuando las cosas se habían vuelto divertidas otra vez.
"Vamos, Britts. Era nuestra idea de ser amigas, de tan solo ser…"
"Sí, y lo somos. Y ahora quiero que me vuelvas a besar"
Brittany se sentó, molesta porque Santana no la miraba a los ojos. Su mejor amiga estaba fuera del armario y orgullosa y era impresionante. Y se habían vuelto a hacer súper amigas otra vez. Además, no había nadie más, especialmente ahí fuera en… oh.
"¿O es que quieres besar a Quinn o a Rachel? Porque entonces nos podemos cambiar de tiendas." Murmuró Brittany tristemente. ¿Quizá podía besar a quien fuera que Santana no quisiese? Deseó que fuera Rachel, porque estaba buena y tenía el pelo negro de manera que podía fingir, durante un tiempo, que era Santana.
"Oh Dios Mío. No"
Lo que no era verdad del todo, pero Brittany estaba tan triste y por supuesto ella era su primera opción… Se sacudió la cabeza. No podía creer que su mente le estuviese haciendo una lista de las otras tres en orden para ver a quién se tiraría primero.
"¿Así que no me quieres besar? Antes te gustaba"
"Yo… Britts, no es eso. Es… Mira, te quiero. Eres mi major amiga. Desde siempre. ¿Lo sabes, no?"
Brittany asintió casi sin que se notara, haciendo un puchero tan intenso que su labio superior había desaparecido.
"Si"
"La última vez que… Mira, antes nos besábamos y teníamos… hacíamos… bueno, otras cosas, y era muy divertido y sexy y apasionante. Pero no puedo hacerlo ahora, no con mi mejor amiga"
Brittany sintió que su corazón se volvía a romper.
"Oh."
Santana negó con la cabeza, cogiendo la cara de la rubia para poderla mirar.
"No quiero decir que… Para mí no es solo besarse y sexo ahora, Britts. Para mí el sexo significa estar saliendo con alguien ¿Vale? Al menos contigo. Es super gay, lo se, pero no puedo besarte y no sentir nada. No es… ¿Entiendes lo que estoy diciendo?"
Y Brittany lo entendía completamente. Tanto, que su puchero desapareció y sonrió aliviada.
"Me encantaría salir contigo. No quiero sólo los besos. Quiero a mi San de vuelta"
Era lo más natural caer en un abrazo.
"Y yo quiero a mi Britts de vuelta" Susurró Santana en el pelo rubio. "Así que vamos a tomárnoslo despacio y… ¿Ver lo que pasa?"
"Vale" Brittany la abrazó más fuerte, manteniéndose lo más cerca posible de ella.
"¿Camp Crook?" se rió burlonamente mientras pasaban la señal de salida. "Oh, ¡necesitamos parar aquí!"
Quinn encendió el intermitente, riéndose con el resto de pasajeras cuando vieron la segunda señal.
"¡Deberíamos vivir aquí!" Se rió Brittany, bajando su ventanilla y sacando la cabeza para visualizar el pueblo al que se acercaban.
"Es pequeño" Dijo Rachel buscando una gasolinera, un supermercado o algo.
"No veo ni tías buenas ni Breadstix" Añadió Santana. "Coño, ¡No veo mucha cosa!"
"Ahí hay la gasolinera, una tienda en la que se ve que venden de todo y un taller mecánico aparentemente" Murmuró Quinn, desacelerando. "¡Todo en uno!"
"Vale, ¿Cómo vamos a hacerlo?" Quinn había detenido el coche.
"¿Cuánto dinero robaste del último sitio? ¿Podríamos comprar lo que necesitamos?" Ofreció Rachel suavemente, arrastrando los ojos en blanco de las otras chicas.
"Rach, quizá necesitamos quedarnos en un motel o… El dinero puede ser usado para otras cosas. Deberíamos… Hicimos un pacto: No se mata más. No se dispara a nadie, tan solo… cogemos las cosas"
Santana alzó el arma con una sonrisilla.
"Amén, Q"
Rachel decidió quedarse en el coche, poniendo gasolina hasta que el depósito estaba lleno y esperando en el asiento del conductor preparada para quemar rueda y salir volando de ahí.
Dios, esto estaba tan mal, pero era tan emocionante.
Hasta que un coche de policía apareció y se escucharon tiros desde dentro.
"Vale, lo hacemos como la última vez. Santana, apuntas a quien sea que esté atendiendo. Mientras, Brittany y yo cogeremos todo. Entramos, salimos. No se dispara. ¿Queda claro?"
Santana sentía una tremenda necesidad de poner su mano en medio del grupo como si fuera algún tipo de grito motivador a lo '¡Vamos Equipo!'. Dios, se estaba convirtiendo en la friki del grupo. En cambio, alzó el arma y sonrió maliciosamente.
"¡Rock n' Roll!"
Quinn se dirigió inmediatamente a las estanterías, mirando los productos mientras que Brittany la seguía.
"Sólo lo que necesitamos, ¿Vale?" Murmuró a la otra rubia mientras Santana entraba en la tienda.
"Escucha zorra, ¡Manos arriba!" Apuntó a la mujer cuarentona con el arma quien abrió los ojos como platos.
"Y una mierda. ¡Salid de mi tienda!" Replicó, levantándose del taburete en el que estaba y mirándolas ferozmente a cada una.
Santana frunció el ceño. Por dentro estaba asustadísima. Quizá tendría que exagerar las cosas.
Desbloqueó el arma.
"¡Volare tu puta cabeza si no levantas las jodidas manos!"
La mujer se detuvo antes de subir las manos lentamente.
"¡Joder, bolsas! ¡Necesitamos bolsas!" Quinn gesticuló a Brittany, haciendo una nota mental que deberían llevar bolsas la próxima vez. Con el atraco, el arma, pensar en lo que habían de robar… Bolsas era en lo último que pensaba.
Brittany saltó hacia el mostrador, sonriendo alegramente a la sorprendida mujer e inclinándose para coger bolsas de papel. Mientras cogía unas pocas, la mujer se movió rápidamente y antes de que supiera qué estaba pasando, había una escopeta apuntando a su cabeza.
"Em…" Brittany estaba completamente insegura de lo que había de hacer. Tan lentamente como pudo, se levantó del suelo y alzó sus manos. "¿San?"
Santana estaba congelada, sus ojos incapaces de abandonar el arma que ahora estaba apuntando a su mejor amiga.
"Eso es señoritas, ¡ahora soy yo quién va a volar vuestras cabezas! Entrar aquí para robarme como una panda de… ¡Joder, os he visto en las noticias! ¡Zorras malcriadas! He visto lo que les hicisteis a esos viejos… ¡Há, no lo vais a conseguir conmigo!"
La mujer desbloqueó el arma y Brittany se estremeció. Fue lo suficiente para despertar a Santana del trance.
Como si lo hubiese estado haciendo toda su vida, apuntó con el arma y disparó cuatro veces al pecho de la mujer.
Cuando la mujer tocó el suelo, Brittany chilló y se fue corriendo al lado de Quinn.
"¿Qué coño…?" Empezó Quinn, sacando la cabeza detrás de una estantería con los ojos abiertos en sorpresa al ver a Brittany escondida detrás suyo.
"¡Mierda!" Dijo Santana mirando estúpidamente al arma en sus manos.
"¡Alto!"
Se giró y sus ojos casi salen de su cara al ver a un coche de policía aparcado delante del coche de Rachel y dos polis apuntándolas con sus armas desde fuera.
Se echó para atrás cuando disparos rompieron las puertas de vidrio de la tienda.
"¡Oh, joder, joder, joder!"
Se quedaron juntas, mirando ansiosamente a través de un agujero en las estanterías mientras los policías entraban cautelosamente en la tienda.
"¡Salid con las manos en alto!"
De repente, Santana estaba extremadamente en contra de ser arrestada. No es que nunca hubiese estado a favor, pero ahora, encarada con la probable posibilidad de que todo terminara... pensó: Que le den.
Apuntó con el arma en la esquina de su escondite y disparó cuatro veces más. Los policías se resguardaron.
"Es el fin" Murmuró Quinn. "Joder, es el fin. Lo siento muchísimo"
Brittany sacudió la cabeza. "No, no pasa nada. Sé lo que hay que hacer"
"Me quedan… joder, no lo sé. ¿Cinco balas? Eso es suficiente para… para que las tres nos…" Santana no estaba completamente segura de lo que estaba hablando, tan solo sabía que no iba a ir a la cárcel.
"¿Y si ya tienen a Rachel?" Preguntó Quinn, su corazón sonando muy fuerte, tanto que casi ni escuchaba hablar a Santana.
"Chicas, ¡Sé lo que hay que hacer!" Insitió Brittany, aunque las otras la ignoraban.
Santana sintió las lágrimas alcanzar sus ojos. Era tan joven y aún tenía tanto que vivir. Respiró temblorosamente.
"¡Tirad el arma en el suelo! ¡Salid con las manos alzadas! Repito, ¡Salid con las jodidas manos alzadas!"
Que le den. No se iba a rendir como… iba a salir ahí en plan rambo y a disparar como una loca. Iba a ser…
"¡Lanzádme!"
Se volvió hacia Brittany, que estaba asintiendo determinadamente.
"¿Qué?" La voz de Quinn era casi imperceptible.
"Voy a contar hasta tres y luego vosotras" Hizó como una canasta con sus manos, alzando sus cejas. "Me" Alzó sus manos rápidamente como si estuviera enseñándoles un nuevo paso de baile "Lanzáis"
"No…" Ni de coña iba Santana a hacer esto.
"O morimos o vamos a la cárcel" Dijo Brittany simplemente.
"No, no voy a arriesgarte…" Santana quería llorar. Esto estaba tan jodido.
"Por favor" Brittany se inclinó y le dio un ligero beso en la mejilla "Confía en mí."
Era la cosa más difícil que Santana había hecho nunca. Asintió con la cabeza y estuvo de acuerdo con lanzar a su mejor amiga, a la única persona que de verdad ha querido, a dos policías que probablemente la matarían.
Pero confiaba en ella. Siempre había confiado en ella. Y estaban a punto de morir así que era el momento más importante para mantener su confianza viva.
"Te quiero" Declaró Santana a Brittany moviéndose hacia atrás. Agarró su muñeca con la otra mano, agachándose en frente de Quinn mientras que la otra chica la imitaba.
Habían hecho esto infinitas veces desde primer año. La entrenadora Sylvester había demandado que tan sólo dos personas formaban las bases de la rutina de lanzamiento. Hubieron tobillos, muñecas y narices rotas al menos una vez al año, pero les daba una ventaja en el campeonato. Una ventaja ilegal y muy peligrosa, pero al fin y al cabo, era ventaja.
Quinn encontró sus ojos, y luego asintió, agarrando la muñeca de la otra y formando una cesta.
"¡Teneis tres segundos para rendiros!"
Brittany usó la cuenta atrás para correr.
Saltó en las manos de sus mejores amigas, mientras que éstas la empujaban hacia arriba.
Y luego, estaba volando.
Podía ver a los polis apuntando con sus armas y se relajó porque no podía salir perdiendo. Era joven y estaba en forma. Podía aterrizar donde quería sin esfuerzo y sin hacerse daño. De todas maneras, la entrenadora le hizo hacer esto incontables veces como para ahora no poder dominarlo.
Después de eso fue simple. Inclinó su cabeza hacia abajo y usó el momento para caer sobre sus pies. Luego se giro graciosamente, queriendo reírse de los polis, que no se habían dado cuenta de que ella estaba detrás suyo.
Rápidamente dio un paso adelante y agarró sus cabezas por detrás para estamparlas contra las estanterías en las que estaban resguardados.
Para asegurase de que estaban completamente inconscientes, cogió una de sus porras y les dio fuertemente, pero no demasiado, en sus nucas para enviarles a un sueño muy bonito.
"¡Ya está!" dijo alzando la voz felizmente, orgullosa de que su plan había funcionado.
Pero por supuesto que había funcionado. Ella era impresionante.
Santana y Quinn corrieron detrás de ella fuera de la tienda. Aunque Quinn se detuvo y volvió dentro de la tienda para coger el arma de la mujer y un paquete medio lleno de cartuchos de balas que estaban debajo de la caja registradora.
Rachel soltó el bate de basebol en sorpresa. Justo terminaba de haber reunido todo el valor para ir a ayudar a sus amigas e intentar golpear al menos a uno de los policías de manera que pudieran escapar. Lo más seguro es que el otro le hubiese disparado, pero no podía quedarse a fuera mientras su amigas morían. Tenía que hacer algo.
Pero de repente ahí estaban. Rompió a llorar, tan aliviada que no podía ni hablar.
Quinn esprintó hacia ellas con la escopeta, saltando en el asiento del copiloto y dejando la nueva adquisición en sus pies. Rachel escaló hacia el asiento del conductor, encendiendo el motor rápidamente para luego mirar a Quinn y abrazarla tan fuerte como pudo.
"Vámonos." Dijo Quinn, aceptando el abrazo pero sintiéndose tan inquieta que no se veía capaz de quedarse un minuto más ahí.
Las otras dos ya estaban en el asiento trasero.
"Eso fue…" Empezó Brittany, pero fue cortada por el coche que salió de la gasolinera, de la tienda, del taller, de lo que fuera que era eso y dejar completamente Camp Crook detrás.
Santana no podía pensar en nada. No podía pensar en qué hacer, en lo que quería hacer. Todo lo que la invadía era alivio, intimidada y amor por la otra chica de la que nunca se podría separar.
Así que la agarró por la camiseta y tiró de ella hasta que los labios de la rubia estaban en los suyos. Se dejó la vida en aquel beso, apretando más cuando Brittany la cogió por los hombros y luego no había nada más que labios, presión y sabor.
El beso no se parecía en nada a los compartidos anteriormente. Antes, sus besos eran siempre queriéndose, o bebidas o suaves. Antes, había pasión pero Santana siempre había estado muy reacia a ello. Antes sólo eran agradables.
Pero esto era necesidad. Esto era alivio. Esto eran dos personas encontrándose la una con la otra después de mucho tiempo y dándose cuenta de que nunca podrían vivir en un mundo donde no se besaran. Nunca más.
"Pues… Estuvo cerca" Murmuró Quinn incómodamente, intentando omitir los sonidos provenientes de detrás.
"S-Sí" Tartamudeó Rachel, haciendo todo lo posible para no mirar en el espejo retrovisor.
